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Enredada con su arrogante jefe

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Volver a casa y encontrar a su prometido con su prima debería haberla destrozado, pero Blair se niega a desmoronarse. Es fuerte, capaz y está decidida a salir adelante. Lo que no planeaba era ahogar sus penas en alcohol con demasiado whisky de su jefe... o despertarse envuelta en el torbellino que es su despiadado y encantadoramente peligroso jefe, Román. Una noche. Eso es todo lo que se suponía. Pero en la cruda realidad, alejarse no es tan fácil. Román no es un hombre que se rinde, especialmente cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por un momento. La quiere por completo. Y no tiene ninguna intención de dejarla ir.

Capítulo 1 El principio y el final

Blair estaba muy agradecida de estar de vuelta en casa. Simplemente no entendía qué demonios le había pasado a su jefe durante su reciente viaje de negocios, pues les había exigido demasiado a todos. Llegaron a casa un día antes de lo previsto, pero ella se sentía aliviada de estar lejos de él.

Había creído que tendría que acompañarlo a la oficina; sin embargo, para su sorpresa, le dio el resto de la tarde libre. Tal vez había decidido que ambos necesitaban un descanso, y a ella le parecía perfecto.

Últimamente, su jefe había sido un auténtico imbécil. Se la pasaba de mal humor y era muy exigente. Cuando la dejó frente a la puerta de su casa, Blair casi le hizo una seña obscena, pero se detuvo, insegura de si él captaría el gesto por el espejo retrovisor.

Román tenía esa inquietante habilidad de percibir todo lo que pasaba a su alrededor. Era como si tuviera ojos en la nuca. Cualquiera pensaría que ser guapo lo haría un poco más fácil de tratar, pero no. De hecho, lo hacía más idiota. Estaba buenísimo, y lo sabía. Casi todo el mundo caía rendido a sus pies intentando complacerlo.

Blair no sabía qué estaba pasando, pues Román parecía más irritable en los últimos meses, y la había estado sacando de quicio. De los dos años que había trabajado para él, esos últimos dos meses habían sido los peores. Si no le pagara tan bien, o si no necesitara tanto el trabajo, quizá ya le habría dicho que podía irse al carajo.

Ella negó con la cabeza. Eso no era cierto. A pesar de su actitud de mierda a veces, Román sí cuidaba de su personal. Los beneficios en Kingston eran excelentes, y la gente soportaba más cuando las prestaciones lo valían.

La empresa ofrecía una cobertura médica y dental maravillosa. También había guardería dentro del edificio, y la compañía estaba reduciendo las bajas de maternidad tomadas. Era una situación beneficiosa para todos en Kingston.

Blair tomó su maletín y se dirigió a la puerta principal de la casa adosada que compartía con su prometido, Dan, y su prima Laura.

Al llegar a la entrada revisó su reloj. Dan no estaría en casa durante un par de horas, y planeaba sorprenderlo con una cena romántica.

Por otra parte, Laura rara vez estaba en casa por la noche; siempre andaba de fiesta. Su prima era modelo... no una supermodelo, pero seguía siendo hermosa, y sabía cómo sacarle el máximo provecho a su belleza. A Blair, en cambio, no le interesaban la ropa ni el maquillaje. A ella le gustaban más los libros.

Ambas se habían mudado a la ciudad por razones distintas. Laura para seguir su carrera de modelaje, y Blair para trabajar en una gran empresa como Industrias Kingston, trabajando normalmente bajo el mando del gran jefe, Román Kingston. La compañía estaba metida en tantos asuntos que Blair nunca se aburría. Incluso cuando Román estaba en su faceta más exigente, ella amaba su trabajo.

Buscando las llaves, hizo malabares con el maletín, el bolso y el equipaje. Una vez que la llave estuvo en la cerradura, giró con facilidad, y Blair empujó la puerta. Al entrar, dejó el bolso y la maleta al pie de las escaleras, antes de dirigirse a la sala donde tenía un escritorio y dejar allí el maletín.

Luego se giró para ir hacia la cocina, pensando qué preparar para la cena. Cuando pasó junto al pie de las escaleras, un ruido repentino desde arriba la hizo detenerse en seco.

¿Acaso había alguien más en la casa? ¿Había vuelto a casa para encontrarse con un intruso? Llena de pánico, dio un paso hacia la puerta principal, lista para huir.

Sin embargo, en ese momento se dio cuenta de algo. Seguramente era Laura. A diferencia de ella y Dan, la modelo no seguía un horario laboral habitual. A menudo dormía hasta tarde y se quedaba fuera hasta las primeras horas de la mañana. No era la primera vez que Blair la encontraba tirada en los escalones de la entrada cuando salía a trabajar por la mañana. Aun así, no estaba segura de si debía llamarla en ese momento. ¿Y si no era su prima?

Sus ojos recorrieron la habitación en busca de algo con lo que defenderse... por si acaso. Su mirada se posó en el bate de béisbol de su difunto padre, que siempre mantenía cerca de la puerta principal cuando estaba sola en casa por la noche. Eso la hacía sentirse más segura.

Lo agarró, sosteniéndolo en la mano por un momento. Antes de poner un pie en las escaleras, se detuvo, preguntándose si crujirían. No lo recordaba. Respirando hondo para calmar su corazón acelerado, Blair subió las escaleras lentamente, paso a paso.

Cuando llegó al descanso, se detuvo, esforzándose por escuchar.

"Por favor, que sea Laura. Por favor, que sea ella y no algún hombre enmascarado esperando para saltar sobre mí", susurró.

El pasillo se extendía frente a ella, con cuatro puertas. Tres daban a los dormitorios, y una al baño compartido. La única puerta entreabierta era la de su dormitorio con Dan. Las demás estaban cerradas. Pero para llegar a su habitación, tendría que pasar por las otras puertas.

Fue entonces cuando lo oyó, el sonido inconfundible de una risita de Laura, seguida de un gemido grave y masculino. Enseguida el alivio le inundó el pecho. No era un ladrón. Su prima había llevado a alguien a casa.

Justo cuando estaba a punto de darse la vuelta e irse, oyó la voz del hombre que estaba con Laura.

"Dios, sí", gimió él.

Blair se quedó paralizada, con el corazón desbocado. No, no podía ser.

"Laura, eres tan...", continuó la voz de su prometido.

Los ojos de la joven se abrieron de par en par. Dan. En su cama. Con Laura. El estómago se le revolvió.

Esto no podía estar pasando. Avanzó en silencio por el pasillo hasta quedar frente a la puerta de su dormitorio, rezando para que todo fuera un terrible malentendido.

Con la mano temblorosa, empujó la puerta y la abrió.

La escena que encontró fue como un puñetazo en el estómago. Dio un traspié hacia atrás, incapaz de procesar lo que veía.

Ellos estaban enredados en su cama, inconfundiblemente íntimos, desnudos y sin intención de detenerse.

Blair se llevó una mano a la boca para no gritar. No, no, no, no.

Todo parecía ir en cámara lenta: Laura cabalgándolo con las manos de Dan aferrándola, sus voces bajas y entrecortadas, y sus cuerpos moviéndose con una familiaridad que le retorcía el estómago.

Nunca había visto a Laura desnuda antes, aunque eso no importaba cuando en ese momento estaba encima de su prometido.

¿Cómo pudo hacerle esto? Ambas habían visto al padre de Laura, Peter, engañar repetidamente a la madre de ella, creando un hogar tóxico. Blair había vivido con ellos después de perder a sus padres en un accidente aéreo diez años atrás. Había pensado que si alguien entendería la devastación de la traición, sería su prima.

Esto tenía que ser una pesadilla. Blair se pellizcó con fuerza, y el dolor fue inmediato. No era un sueño.

Dan siempre había odiado a Laura. La había llamado puta, se burlaba de su forma de vestir y decía que era superficial, incapaz de mantener una conversación real.

¿Todo había sido una mentira? ¿Había estado celoso de los hombres en la vida de su prima? ¿Esa era la razón?

Una cosa era segura: la madre de Dan, Paula, jamás aceptaría a Laura como una esposa adecuada para su hijo.

Pero nada de eso importaba ahora. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Cómo se afrontaba algo así? Era como una escena de una película de mala calidad.

Por supuesto, no podía fingir que no lo había visto. Ya no quería a Dan... ni ahora, ni nunca. Volver con él sería repugnante.

¿Desde cuándo estaba pasando esto?

Llevaban cinco meses viviendo juntos. Dan se había mudado con ella y Laura para ahorrar dinero antes de la boda. ¿Había estado engañándola con su prima todo ese tiempo?

La modelo dejó escapar otro gemido entrecortado y jadeante, y Dan le susurró algo al oído en respuesta.

El corazón de Blair se detuvo. ¿Sabía su prima que ella estaba allí? ¿Lo había hecho a propósito?

Se mordió la mano para no hacer ningún sonido. Le había entregado su virginidad a Dan. Él sabía lo que eso significaba para ella, y aun así, había hecho esto.

Ni siquiera había planeado estar en casa ese día. Quería sorprenderlo, pero al final, la sorprendida había sido ella.

Sintió náuseas y un sudor frío le recorrió la piel.

Alzó su otra mano, aferrándose al marco de la puerta para mantenerse en pie. Entonces, algo sólido presionó contra su palma. El bate.

Por un segundo fugaz, pensó en usarlo. Destrozar la cama, la mesa de noche, a ambos. Pero ella no era ese tipo de persona. Apoyó el bate contra el marco de la puerta por si cambiaba de opinión y decidía usarlo contra ellos.

Así que, en su lugar, enderezó la espalda. Dejó que la ira la endureciera para que cuando por fin hablara, su voz sonara tranquila. Helada y carente de emoción.

"Mientras ustedes dos terminan, ¿voy preparando la cena?".

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