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Acerca de

"Eres el padre de mi compañero. Eres mi suegro. Y eres el mejor amigo de mi padre. ¿Cómo puedes decir esas palabras tan fácilmente?". "¿Si te refieres a que estoy completamente obsesionado contigo, que te voy a coger tan fuerte que no sentirás nada con otros hombres? ¿O hablas de arruinar tu matrimonio con mi hijo? ¿O... de que nunca te librarás de mí?". "¡Vince, por favor...!". Mis gritos de placer fueron silenciados por su gran mano que cubría mi boca. Él se adentró más profundamente, haciéndome llorar y gritar. Le rogaba que se detuviera, porque podrían descubrirnos. * Él era el padre de mi compañero y tuve una aventura de una noche con él. No debería haberlo hecho, pero me sentía tan enfadada porque mi compañero me traicionaba con mi hermanastra. Esa noche marcó el comienzo de su obsesión. Y entonces me di cuenta de que no era el suegro tranquilo y calmado que siempre pensé que era. Detrás de esa máscara había un hombre obsesivo, manipulador y controlador que había jurado no dejarme ir nunca. Haría cualquier cosa para mantenerme a su lado, incluso arruinando mi vida. Ahora estoy atrapada en esta relación secreta y apasionada que tenemos. Y cada día me encuentro más adicta a él. ¿Qué hago para liberarme de este vínculo erótico pero tóxico que compartimos?

Capítulo 1 En un club nocturno

Punto de vista de Elena Peters

"¿Ahora me crees?".

El mensaje escrito bajo esas escandalosas fotos hizo que se me rompiera el corazón.

Me tomé otro trago de whisky y, mientras sentía el ardor en la garganta, los ojos se me llenaron de lágrimas. ¿Era el whisky o mi corazón roto?

"Lléname el vaso", indiqué arrastrando las palabras, empujando el recipiente vacío.

"Sí, señora", respondió el mesero, haciendo una reverencia.

Volví a mirar las fotos. Eran imágenes de mi compañero con mi hermanastra. Ambos estaban en ropa interior y en pleno idilio en uno de los hoteles de cinco estrellas de nuestra manada.

Meses atrás, recibí un mensaje anónimo que decía que mi pareja me estaba engañando. En ese momento, me sonó como la estupidez más grande de la vida, y enseguida descarté el asunto como una mentira absurda.

¿Por qué iba a dudar de Trent? Él me amaba hasta el infinito y más allá. Había sido mi compañero durante tres años, y siempre había sido el caballero más romántico y perfecto.

¿Por qué me iba a engañar? Y si lo estuviera haciendo, yo lo sabría, ¿verdad? Por el vínculo de pareja. Sin embargo, no sentí nada.

Me enojé tanto que arremetí contra el remitente anónimo: le dije que no volviera a ponerse en contacto conmigo.

Lo peor de todo era que hoy... celebraba mi tercer aniversario con Trent. Se suponía que iba a ser el día más feliz de mi vida.

Acabábamos de cenar con mi familia y la suya, y luego cerraríamos la noche con sexo apasionado. Pero entonces me dijo que tenía un asunto urgente que atender. Y, por la Diosa, confiaba tanto en él que no dudé de que ese asunto debía de ser extremadamente importante como para abandonarme en nuestra noche de aniversario.

Entonces, recibí otro mensaje del señor Anónimo. Y venía con fotos, una brutal y desgarradora evidencia de la cruel infidelidad de mi pareja. ¡Y mi hermanastra estaba involucrada!

De todas las chicas de la manada, ¿por qué tenía que ser con Tracy, la única hermana que tenía? La persona a la que más quería, justo después de Trent.

¿Por qué ella y por qué él? ¿Por qué tenían que traicionarme tan cruelmente las personas que más amaba? ¿Qué había hecho para merecer esto?

Volví a leer el mensaje, con los ojos anegados por las lágrimas. Cada palabra me destrozaba el corazón.

"¿Ahora me crees?".

Odiaba lo engreído que sonaba ese mensaje, pero... ahora sí le creía. No tenía otra opción. ¡Aunque eso no me quitaba las ganas de "agradecerle" por destrozarme el corazón de esa manera!

"Elena", me llamó una voz, profunda y ronca, a mis espaldas.

Al instante siguiente, unas manos surcadas de venas me quitaron el vaso de whisky. Lo siguiente que supe fue que un aroma dulce y embriagador invadió mis sentidos y mi corazón se aceleró.

Me atreví a mirar a la persona que me había interrumpido y quedé completamente cautivada. Pero, ¿quién podía culparme, si se veía mejor que nunca? Y eso que tenía cuarenta años. ¿Era normal ser tan condenadamente sexy a los cuarenta?

Me costaba admitirlo, pero no había podido quitarle los ojos de encima durante la cena. Un esmoquin negro nunca le había dado a nadie tanto atractivo como a él. Además, su pelo negro ondulado, acomodado hacia atrás, realzaba su rostro de rasgos duros y su mandíbula afilada. Sus cejas pobladas eran un rasgo distintivo, y sus labios nunca me habían parecido tan apetecibles.

Eso sin olvidar la confianza atrevida que lo envolvía. Ese hombre se mostraba relajado, pero poseía un aura intimidante que contrastaba con su personalidad. Una combinación que agitaba millones de corazones y hacía que acaparara todas las miradas de cualquier estancia en la que entrara.

Y aunque eso me hacía sonar como una descarada... llevaba un tiempo fijándome en él. Siempre estaba mirándolo, incluso cuando estaba con Trent y su madre. Me odiaba a mí misma por andar viendo a mi suegro, un hombre casado.

Pero eso no contaba como infidelidad, ¿verdad? Nunca me le había insinuado, o algo así, así que no había engañado a mi pareja. De hecho, el único infiel aquí era Trent, ¡quien resultó ser un cabrón de sangre fría!

"¿Qué demonios haces sola en un club nocturno, Elena? ¿No podías beber en casa?".

"Dame eso", balbuceé, intentando alcanzar mi vaso, pero él lo lanzó por la barra con tanta fuerza que se deslizó todo el camino y terminó en el suelo.

Me quedé sin aliento ante el escándalo, pero él ni siquiera se inmutó. Además, podía ver la furia gélida en sus ojos. Realmente mi suegro era muy relajado; rara vez se alteraba por algo.

"Trent me llamó. Dijo que se la ha pasado intentando localizarte, pero no le contestas", prosiguió, clavando sus ojos verde esmeralda en mí.

Su mirada me cortó la respiración. Aparté la vista bruscamente, tratando de recuperar el aliento.

"Sí, claro. Mi compañero, perfecto y dedicado, debe de estar preocupado, ¿verdad? Por eso envió al autoritario de su padre a buscarme", solté.

Noté que mi suegro tensó la mandíbula de inmediato. Parecía que mi comentario impertinente no le había sentado bien. Honestamente, yo no pretendía ser tan grosera, pero en ese momento mi mente estaba nublada por el whisky, y mi corazón absolutamente roto.

Él era la última persona que necesitaba a mi lado en mi estado vulnerable. Podría cometer una locura...

"Levántate. Te vas a casa".

"No, no voy a...", comencé a protestar, pero él ya me había levantado del brazo. "Suéltame".

"No voy a soltarte, Elena. Estás borracha. ¿A qué estás jugando? ¿Intentas meterte en problemas? Mira a tu alrededor. Aquí hay muchos libertinos. Cualquiera de ellos podría propasarse contigo".

"El único libertino que me asusta es el que me está sujetando", me quejé, pues realmente me estaba agarrando del brazo con fuerza.

Mi suegro volvió a apretar la mandíbula. ¿Esa era la primera vez que se comportaba así, o era que nunca me había fijado en ese lado sutilmente amenazador?

Sin embargo, debía reconocer que mi suegro siempre había sido muy protector conmigo: me regañaba cuando hacía algo mal, y se preocupaba por mi seguridad. De hecho... me prestaba un nivel de atención que me hacía tener pensamientos descabellados.

Siempre me decía que hiciera esto o aquello, mientras que Trent solo me dejaba hacer lo que quisiera. Y aunque algunas chicas preferirían tener su libertad, a mí siempre me había gustado que un hombre me dominara, en el buen sentido. ¡Y odiaba que no fuera mi hombre quien lo hiciera, sino el semental de su padre!

¡Realmente odiaba eso! ¡Y en ese momento, más que nunca! Porque mientras él se preocupaba y me trataba como lo haría cualquier buen suegro, en mi mente tenía puros pensamientos eróticos sobre él, ¡lo que era malditamente unilateral e injusto!

"Bueno, te llevaré a casa. Vamos", dijo, intentando arrastrarme, pero yo me resistí para quedarme en mi lugar.

"Estamos en público, Luna. Intenta no armar una escena", siseó él, acercando peligrosamente su rostro al mío.

Sí, tenía que recordarme mi título.

Yo era la Luna de la manada. Era una Luna con el corazón roto.

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