¿Cómo se supone que debe ser la vida después de una tragedia? ¿Adonde debemos acudir cuando el mundo se nos cae a pedazos?
Cuando subí a este autobús, los demás pasajeros solo me observaban fijamente. No sé si eran mis muñecas vendadas, la sangre seca de mi ropa o los moretones de mis brazos, pero me había vuelto el foco de atención de muchas miradas. Literalmente fui la sorpresa de todos los pasajeros, me convertí en el llanto de un autobús sin destino fijo. El chófer parecía no creer lo que veía, su mirada era un reflejo de incertidumbre.
Me senté junto a un señor mayor que llevaba puesta una camisa blanca junto con un chaleco de rombos y parecía no asimilar lo que estaba pasando. Me había vuelto su compañera de viaje y eso parecía incomodarle de cierto modo. ¡Mi apariencia era algo que incomodaba a todo el me rodeaba!
-¿Te encuentras bien? -el tono de su voz irradiaba preocupación.
No me sorprende que el conductor pareciera asustado mientras yo abordaba. De vez en cuando volteaba a mirarme por su espejo retrovisor, mi presencia le causaba inseguridad. La sangre ya se había secado en mi blusa y mi pantalón se había marcado de violencia.
-Sí, estoy mejor que nunca -respondí y el viejito hizo un gesto curioso. Su cabeza llena de canas brillaba con la luz que atravesaba por la ventanilla.
-¿Segura? Estás sangrando por todos lados, parece como si... -añadió él.
Y la verdad es que me sentía bien. Aunque mi cuerpo irradiaba dolor, mi corazón tenia latidos de esperanza. No tenia pensado volver, no quería hacerlo. El abordar este vehículo fue para mí una oportunidad de seguir viviendo, de respirar más en esta vida que casi se me acaba. ¡Ya no esperaba nada de nadie! Ni siquiera esperaba algo de mí. ¿Y a donde se supone que me dirigía? ¿A donde terminarían los restos de esta chica?
-¡Busco pegamento para pegar cada parte de mí! ¿Sabe? -Hice una pausa-. Tengo el alma rota.
-¿Como que estas rota?
-¡Pues si! La verdad es que me rompieron en mil pedazos y bueno...
-¿Tu familia sabe...? -Preguntó con curiosidad.
-Supongo que sí. A estas alturas, ellos ya saben de mi ausencia -admití sin miedo.
¿De que va todo esto? Hasta este punto pareciera que soy una chica completamente rota y con una cruda realidad. ¿De verdad soy...? Las burbujas de la cerveza saben bien. Cada esfera de alcohol puede refrescar con tanta fugacidad el deseo de personas como nosotros. ¿Cual era mi deseo?
-¿Quiere saber mi historia? -mi pregunta causó sorpresa en él.
-¿Tu historia? -preguntó incrédulo.
El alcohol sirve para sincerar a las personas.
Había una vez una chica que vivía cerca de la tristeza y lejos de la realidad. Le encantaba caminar por los campos y escuchar música independiente a todo volumen mientras lograba conciliar el sueño por las madrugadas. ¿Que te parece?
Su nombre era sinónimo de soledad y la compañía de todos sus amigos era el antónimo de la tristeza que le ahogaba desde hace muchos años. ¿Tristeza?
-¡Pienso quitarme la vida! -Exclamé con tanta fugacidad que hasta las estrellas parecían apagarse por completo.
-¿Piensas que? -Preguntó mi amigo.
Tu cuerpo siempre está latiendo vida a cada instante y el corazón bombea esperanza; es verdad que la pesada oscuridad que brilla dentro de uno, comienza a quemar todos los motivos que tenemos para ser felices y eso nos convierte en almas desdichadas. La oscuridad que apagaba mi vida era un relato que contaban los libros y leyendas de la vida cotidiana. Pasas tu lengua, muy cerca de la humedad que burbujea risas y locuras a cuerpos frágiles que no sirven para nada. Terminas vulnerable en habitaciones vacías. La lejanía de los sentimientos humanos hincha de dolor mí pensar cada vez que me acuerdo de todo, de todo lo bello que parecía querer aparentar ser alguien que no era.
-¿Que se siente sonreír cuando no tienes ganas de sonreír? -Le pregunte a mi profesor de secundaria.
La piel de cristal es tan suave que hasta excita e incita a querer tomar la inocencia de una persona con tanta violencia. Los tragos de alcohol dan fuerza cuando las lágrimas te han secado por completo, cuando te sientes sin nada y a la deriva.
-¿Cuando has hecho el amor? -La curiosidad se asomaba por los ojos de mis compañeros.
El amor no se hace, solo se demuestra y los labios son cómplices cuando quieres sentir el infinito. Todos somos de alguien, pero solo pertenecemos a quien logró sonrojarnos cuando solo le buscábamos con el pensamiento. ¡Así es esto! Los ojos nos transmiten cosas sin decir palabras y las sonrisas esconden lo saudade de una persona.
Las manos te tocan. El tacto humano puede inspirarte muchas cosas.
Sus dedos parecían ser tan hábiles y silenciosos mientras se escurrían con detenimiento sobre mi piel. Abrí los ojos. Apreté los labios y la piel de vidrio se partió en miles de fragmentos delgados que causaban mucho daño. Cuando abrazas a alguien con mucho afecto llegas a sentir chido en el fondo de tu alma. Cuando nadie tiene afecto hacia a ti, usas el vidrio de tu cuerpo para hacerte daño y logras hacerte mucho daño. Las caricias de la noche son las más frescas y cálidas que alguien como yo pudo recibir. Era tan dulce, fresco y natural lo que parecía ser no poder dormir. Mis ojos miraban y remiraban cada parte del cielo de una forma única. Era como llorar sin llorar. Pensar que el mundo era normal y simple sin cosas y personas tóxicas, sin nada que pudiera causar daño a nuestros pensamientos.
-¿Has visto el color rojo que expulsa mi cuerpo cada vez que te miro?
La respiración que tienes cuando estás cerca de mi parece ser el humo que inunda lo más profundo de mis pulmones. El tacto es tan pesado y me lástima. El mar viene y va. Los escalofríos son parte del panorama. La lluvia es cosa de una unión simple de la violencia y el engaño.
Cada vez que apagaba las luces o cuando me miraba al espejo, el rencor y la angustia no desaparecían. Mientras todos parecían dormir, mis estrellas brillaban para hacerme compañía. Cada vez que la unión se hacía presente a mí, el asco y la depresión me abrazaban. Recordar que mi inocencia había huido cuando en mi vida infantil las manos de alguien logró irrumpir en mi cuerpo. La boca se le hincho de placer y mi vida quedó marcada con recuerdos salados.
-¿Cómo es el amor? -Pregunte a Emilio.
-¡El amor es un sentimiento incomprendido! Nunca sabes en qué acabará o cómo empezará. Es simple y canijo -su respuesta me pareció ser una muestra de resentimiento.
Cuando las estrellas brillan la oscuridad parece ser menos tenebrosa. Es cálida. Fresca. Humana. Cada explosión de sentimientos es única cuando ves alguna constelación brillar para la humanidad. Las constelaciones también se encuentran en la piel y brillan perfectamente cuando se unen al afecto de alguien. ¿En donde esta mi constelación? Al parecer tanto llanto y soledad me han hecho creer que mis estrellas mueren todo el tiempo.
-Mi historia comienza así, debe escuchar bien -el viaje apenas comenzaba.
Primera parte
¡TU PETICIÓN!
Debes saber que hasta este punto de mi vida, todo parece ser un simple viaje que está arrasando no solo conmigo. ¿Un tornado? ¡La neta no! Pero bueno, esto de lo que te hablo también arrasa con las personas que me rodean y temo que algún día todos mis seres queridos acaben sufriendo las consecuencias de mis frívolas acciones. ¿Que acciones? Es verdad que un corazón joven está lleno de insensatez, locura e inestabilidad. Podría decir que en mi caso la adolescencia es una etapa algo complicada, pero aun así juzgo que irremediablemente la realidad de nuestras vidas, nuestros corazones nos hacen creer que todo lo podemos y que nada nos debe importar; salvo nuestros propios deseos egoístas. ¡Ahí está el error de toda esta juventud que somos! Nos gusta que nos hablen bonito, que nos digan lo que queremos escuchar. ¿Y luego? Terminamos entregando nuestra inocencia a un vacío y frio baúl de recuerdos tristes. Acabamos bien desdichados. ¿Por que yo seria una desdichada?
Todo comenzó en la escuela preparatoria. ¡Fue en ese lugar donde el vaso se lleno de agua y la gota no tardo en derramarlo! Realmente a mí me daba igual el asistir a la escuela o el no asistir. Mis padres eran los de la idea de que era sumamente importante ir a la escuela, para que algún día yo pudiera superarme en esta vida. ¡Falso! No todo lo que tus padres planeen para ti resultara ser lo más sensato. ¡Nadie puede comprar el futuro para garantizar la felicidad! No todos los planes se realizan tal como se planean y las expectativas al final tienen que morir con los pensamientos distantes a esta realidad.
Así que mis padres terminaron inscribiéndome en la preparatoria más lejana posible de mi casa. Todos los días tenía que viajar alrededor de una hora, al final del viaje terminaba encerrada la mitad de mis días en un mundo que solo los estudiantes entienden. ¿Tú me entiendes? Tareas. Presión. Maestros. Compañeros. Cuadernos y un montón de cargas innecesarias.
-¿Qué harás este fin de semana? -Me pregunto Emilio.
-¡No lo sé!-Dije mientras caminábamos hacia su auto-. Dormir, ver una serie en Netflix o simplemente subir nuevo contenido a mi catálogo de imágenes.
Arqueó sus cejas. Emilio era consciente de mi constante aislamiento.
-¿Quieres ir a la fiesta de Jules? -Preguntó con curiosidad.
Abrí la puerta del copiloto, acomode mi mochila cerca de mis pies y me puse el cinturón de seguridad.
-No, tú sabes que no me gustan las fiestas.
Abordamos el vehículo con una conversación un poco trivial. ¿Ir a una fiesta? Emilio me demostró su enojo con esos ojos serios.
-A veces eres una patética chica antisocial. ¡Me das asco!
Pusimos nuestras mochilas en la parte trasera. Era obvio que lo estaba diciendo de broma.
-¿Crees que me importa tu opinión? -Respondí, su cara se llenó de risa.
Encendió el auto.
-Sé que no te importa lo que yo piense sobre ti, pero a mí si me importa tu problema de no querer socializar con nadie. ¡Debes dejar de hacerte la mártir! -Emilio era atento y cercano a mis problemas. Conocía a la perfección mi situación.
-¿Te importa? -Le pregunté-. Me parece que sabes la razón por la cual no me gusta socializar, no esperes que cambie de opinión. Si te doy asco entonces no me ruegues, no quiero que termines vomitando por mi culpa.
Le regale una sonrisa amplia, comenzó a conducir. Salimos del estacionamiento de la prepa.
-No te preocupes por nada. Todo saldrá bien en la fiesta. Hay que divertirnos de vez en cuando -dijo-. ¡Ademas! Yo estaré contigo, no te va a pasar nada.
Deje escapar un suspiro.
Es curioso que Emilio sea amigo mío. Está en sexto semestre, juega en el equipo de futbol y es popular. ¡El guapísimo Emilio! Digo que es curioso que sea amigo mío porque mi círculo de amistades solo se limita a mi querido chofer; así que no tengo un circulo, solo tengo un punto. ¡Emilio es el punto de mis amistades! Él resulto ser mi comienzo a la confianza y mi sostén para todos los momentos malos. Le conozco de hace tiempo. Yo tenía cinco años cuando se mudó a mi vecindario. De hecho vive frente a nuestra casa y es quien me trae todos los días a la escuela.
Para ser sincera, Emilio es quien pone fin a mi soledad.
-Me parece que estas subestimando la situación de la fiesta -dije con cierto aire negativo-. Sabes que en las fiestas pasan un montón de cosas de las que te puedes arrepentir.
-¿Qué cosas harás en la fiesta de Jules, de las cuales te tengas que arrepentir?
-¡No lo sé! Beber cerveza y vomitar en público, ¿tal vez de eso me arrepentiría? O por andar tragando mucha botana me duela el estomago y me de una diarrea explosiva. ¡Ya sabes! La diarrea no es algo agradable.
-Estas siendo demasiado dramática, ¿no crees? Eso de predisponerte a lo que aun no sucede es de gente cobarde.
Escuche el sonido de su risita tonta y preferí asentir. ¡Mi amigo tenia razón!Y bueno, el drama era parte de este corazón tonto que me cargo.
***
Los días que siguieron fueron bastante normales. La escuela. Mis deberes. Mi hogar. Mi blog. Mis fotografiás. Mis postales. Y...bueno todo parecía ser normal, o eso es lo que pensaba yo.
El domingo había decidido ponerme a ver alguna serie en Netflix. Estaba recostada en mi cama sin vergüenza alguna, mis padres no se encontraban en casa, Lupita había dejado algo de comida del día anterior en el refrigerador, asi que no me preocupaba eso de tener que comer.
Con las piernas cruzadas, un bote de Nutela en las manos y los audífonos conectados a todo volumen; así solía pasar mis maratones de Netflix. ¡Me sentía despreocupada! Hasta que la puerta de mi habitación se abrió de repente. Era Emilio con una cara llena de seguridad. ¡Se veía guapo y olía a perfume elegante!
-¿Y esa cara? -Le pregunte después de poner pausa a la serie de Anne With and E.
-Son las tres de la tarde y tú sigues en pijama.
Miré mi pijama de BMO y sonreí. ¡Yo me sentía bastante genial!
-¿Tienes algún problema?
Hizo rodar sus ojos.
-Vine por ti, iremos a dar un paseo -se rascó la mejilla izquierda.
-No tengo ganas -hice un puchero-, estoy viendo mi serie.
Emilio se acercó a mí, se sentó en la orilla de mi cama y vio el Mac encendido.
-¡Acompáñame porfa! -Dijo mirándome fijamente. Sus labios sonrieron.
-¿A dónde quieres que te acompañe? -Le pregunté.
Se quedó mirando en dirección a la ventana.
-A comprar unas casquerías.
-¿Solo eso?
-Bueno, luego iremos a casa de Jules.
Mi habitación estaba fresca.
-¿Sigues con lo de la fiesta?
-Si. Te dije que iríamos.
Emilio se me quedó mirando, arqueó su ceja y sus ojos color café claro no dejaban de insistir. Regularmente todos los fines de semana siempre me la pasaba en casa, todo lo contrario a lo que hacia mi amigo, que siempre salía a divertirse con sus cuates del equipo o con su familia. Me detuve a pensar por algunos segundos. ¡Tal vez era momento de empezar a socializar con adolescentes locos! ¿O tal vez no?
-Está bien, iremos -le dije y él sonrió-, pero antes hay que comer algo. No quiero ir con el estomago vació a esa fiesta.
Emilio pareció sorprenderse por mi respuesta porque se levantó de golpe.
Lupita había preparado una pasta junto con unos filetes de carne asados. ¡Eso fue lo que comimos! Mi amigo termino encendiendo su auto a eso de las cuatro de la tarde, pasamos a comprar unas botanas porque Jules se las había encargado. Y bueno, ustedes imaginaran todo lo que pasa en una fiesta de jóvenes en plena calentura de emociones. Toda la casa de Jules estaba repleta de gente que solo se movía para beber o se retorcía para intentar bailar en medio de la sala de la casa. Emilio había bebido al menos dos latas de cerveza y yo por mi parte, había dado solo un trago que sirvió para dar consuelo a mi soledad. La música era súper fuerte, todos gritaban y reían como locos. Algunos estaban conscientes de lo que pasaba y otros simplemente eran arrastrados por el alcohol que habían decidido ingerir. Afuera había una alberca iluminada por faros, podías notar el vapor que desprendía el agua caliente. Seguro que tanto vapor ilusionaba como droga a todos esos enamorados que se besuqueaban dentro del agua.
-¿Quieres una cerveza? -La pregunta me sorprendió.
Me gire a mirar al chico.
-Gracias, pero no acostumbro beber cerveza -dije con un tono serio.
El chico llevaba un paliacate rojo amarrado alrededor de su frente y unas gafas polarizadas que impedían ver sus ojos. ¿De donde había salido este tipo?
-¿Qué acostumbras beber?
-Agua y refresco -respondí.
Él se acercó un poco. Parecía divertirse con mi respuesta, se llevó a los labios aquella botella oscura que burbujeaba el dulce sabor del alcohol.
-¿Cuál es tu nombre? -Pregunto después de dar un trago.
Mientras todos parecían estar absortos en alguna parte de esta fiesta, yo parecía estar negando querer descubrir cosas nuevas. ¿De verdad valdría la pena emborracharme? Nunca había estado en una fiesta con los compañeros de la escuela, así que todo esto era súper nuevo para mi. Emilio estaba sentado alrededor de una mesa junto con otros chicos y jugaban cartas muy divertidos.
-¿Para qué quieres saber mi nombre? Dije mirando fijamente aquellas gafas polarizadas. El chico parecía sonreír, su boca se tornó en una curva muy lentamente hasta que al fin, decidió quitarse las gafas.
-Porque quiero conocerte -pauso y me lanzó una mirada coqueta-. ¡Estás muy bonita! Quiero conocerte.
No pude evitar reírme en mi interior. ¡Este chico estaba bien perdido!
Yo me le quede mirando unos segundos hasta que no pude aguantarme la risa. Reí sin pena alguna y él simplemente me observaba con detenimiento. ¡Jamás lo había visto en la escuela!
-¡Eso ya lo sé! Dime algo que no sepa.
Los ojos del chico tenían cierto brillo gracias a la iluminación suave de la casa de Jules. Su cabello alborotado y su boca bien dibujada eran sin duda algo atractivo de alguien como él. ¡Este era el típico popular del que todas se enamoran en la prepa!
-¡Aldo! -Dijo con una sonrisa-. No sabes mi nombre, me llamo Aldo.
La música seguía sonando. La respuesta del chico me impresiono y de pronto me dio la impresión de ser mas que solo el chico el popular. Vi a Emilio gritar en el momento de ganar en el juego de las cartas. ¡Este man sí que sabía responder a mis preguntas!
-¡Un gusto Aldo! Soy Miranda.
Asintió también. Sus ojos se posaron muy cerca de la curiosidad y la cercanía. Sentí su pierna rozarme la rodilla al ritmo del movimiento de la cerveza de su botella. ¿Que estaba pasando entre nosotros?
-¡Lo sé! Yo ya sabia tu nombre.
-¿Enserio? -Pregunté un poco sacada de onda.
Se saco una sonrisa alcohólica.
-Te he visto en el colegio. En la cafetería, en la biblioteca, cerca del campo de futbol y me llama la atención que la mayor parte de las veces te la pasas sola, sin la compañía de amigas o compañeros de clase. ¿Por qué será que ahora estas en una fiesta llena de chicos y continuas sola?
Acomodé un mechón de cabello detrás de mí oreja y le lancé una mirada curiosa. Sabia cual era la respuesta.
-A decir verdad, no estoy sola. ¿Ves a aquel chico sentado? -Dije señalando a Emilio-. El chico de la playera azul.
-¿Emilio Vázquez? -Preguntó un poco incrédulo.
-Si. La mayor parte del tiempo estoy con él. De hecho, fue Emilio quien me insistió para que viniera a la fiesta. ¡Y aquí estoy!
Su rostro formo un gesto curioso.
-¿Es tu novio? -Dio otro trago a su cerveza.
-No -negué con la cabeza-, es mi amigo. Y si tú dices que me has estado observando dé tiempo, creo que no me observaste bien. ¡Casi siempre estoy junto a Emilio! Así que no estoy sola.
Su lengua relamió el sabor a alcohol que quedaba en sus labios.
-Me parece que tú, Miranda, eres una chica que esconde muchas cosas.
-¿Te parece? -Le pregunté.
Soltó una risita boba y se acomodó el cabello. Y era como si en este momento mi intento por socializar funcionara al mil, aunque mi intención no era socializar.
-Miranda, ¿quieres venir a jugar? -El grito de Emilio irradiaba euforia.
Dirigí mi atención a él. Asentí. Repentino y casual fue el movimiento de mis piernas cuando me aproximaba a caminar.
-Un gusto conocerte Aldo, te veo luego -dije y me dispuse a ir a la mesa de juegos.
De repente, su mano sujetaba mi muñeca y la sorpresa invadió mi alma.
-¡Toma! -Me dijo y coloco en mi mano una botella oscura. Estaba fría y los nervios repentinos aparecieron sin querer-. Esto te ayudara a disfrutar un poco las cosas.
Sus ojos estaban clavados en mis ojos.
-Gracias -respondí.
Entonces camine hasta Emilio y él comenzó a repartir las cartas. Todos parecían estar tan divertidos hasta este punto. Aquí había alcohol, mi amigo parecía estar tan eufórico que hasta las cartas se le caían de la mesa. Yo tenía una botella en la mano y el aroma era sin duda delicioso. Me detuve a mirar a todos lados, pensé un poco en todo y terminé queriendo olvidarme de las tristezas de mi vida. ¿Sabia beber? Había bebido alcohol -específicamente vino- en las fiestas de alcurnia a las que papá nos llevaba de vez en cuando. ¡Así que el alcohol no era algo nuevo para mí! Sin dudar acerque la botella a mi boca y el sabor amargo dulzón se introdujo en mi interior. Rápidamente parecía refrescar el interior de toda mi alma. ¿Estuvo bien ingerir cerveza?
La sensación fugaz de tener poder apareció por encima de mis ojos y en ese momento, nada de lo que pasaba o me había pasado parecía importarme.
¿Cuál era mi pasado?
Dicen que la noche es joven, que los viejos somos nosotros, porque siempre terminamos todos apachurrados entre dolores y sabores que el tiempo se encargara de echarnos en cara. ¡Y es cierto! La noche dura lo que una eternidad duraría para un simple corazón excitado. Tantas cosas trágicas que pueden ocurrir en una noche fría y tantas cosas increíbles que también pueden acontecer en una noche cálida. Somos el resultado de las decisiones que tomamos y tomamos las decisiones de forma impulsiva.
Regresamos a casa a las tres de la mañana. Emilio insistió en quedarse a dormir en mi habitación por temor a que su madre se infartara por verlo llegar a tan alta hora de la noche y en un estado sumamente moderado de ebriedad. ¡Mi amigo sabia controlarse con el alcohol en la sangre!
-¿Qué te pareció todo? -Me pregunto con curiosidad.
-Estuvo padre -respondí-, me gusto estar en un ambiente que nunca había experimentado. ¡Gracias por llevarme! ¡Estuvo suave!
Las luces que escurrían por las paredes de mi habitación eran las únicas que tenían derecho a brillar como estrellas adentro de mi mundo. Cepillé mis dientes, me puse la ropa para dormir, le prepare su colchoneta a Emilio mientras el orinaba. No era la primera vez que él dormía aquí y supongo que tampoco sería la última.
***
Al día siguiente todo parecía ir normal en la escuela. Como era costumbre, las clases iban súper aburridas, el receso fue bastante normal y parecía que hoy así sería mi estancia en la escuela, salvo que, ocurrió algo inesperado. ¿Inesperado? El amor también puede ser inesperado y entonces tu cara se llenaría de rubor. ¿Has sentido ese sentimiento del que te hablo?
¡Ya se! Pues esa mañana inicio algo en lo que podría decir, se vio envuelto mi corazón. Dentro de mi casillero, encontré un sobre de papel con el borde remarcado en colores azul y rojo. Al abrirlo descubrí que no había carta o mensaje alguno que yo pudiera leer. <
-Encontré esto en mi casillero -le dije a Emilio mientras él manejaba de regreso a casa.
Emilio iba silbando al ritmo de la canción de Mumford & Sons que sonaba desde su estéreo. Arqueó una ceja al ver el sobre.
-¿Una carta de amor? -Preguntó con asombro.
-Más bien, un sobre de carta vacío.
-¿Enserio?
-Si. Solo dice "Escríbeme antes de que sea tarde".
Él seguía silbando la canción.
-¿Tienes alguna idea de quien pudo dejarlo en tu correspondencia? -Su pregunta parecía ser muy necesaria a la situación.
Me puse a pensar por algunos segundos. Realmente, no había dedicado tiempo a pensar en ello.
-La verdad es que no tengo ni la menor idea de quien pudo dejar esto en mi casillero. Tal vez se equivocaron -me encogí de hombros.
-Puede ser sí. O tal vez no.
-¿Tu crees?
-Pues pudiera ser que tal vez si es para ti.
Su suposición hizo estremecer a mi corazón.
-¡Quien sabe!
Hubo un silencio breve al ritmo del silbido de mi amigo.
-¿Qué harás con el sobre?
-Nada. Solo lo guardare y ya.
Asintió.
Al llegar a casa y encerrarme en mi habitación, subí el volumen a la música desde mi ordenador. Revisé mi blog en Tumblr y descubrí que tenía nuevos seguidores. Actualice mi catálogo de fotografías y termine vendiendo un par de imágenes sobre atardeceres. Mientras tecleaba un mensaje para Emilio un hilo rojo se escurrió por mi nariz. Tome un poco de papel higiénico y trate de disminuir la hemorragia, pero no pude. Abrí la llave del lavabo y no dude en mojarme la cara por completo. El agua estaba fría y la sangre comenzaba a escurrirse por la porcelana blanca. Cuando salí del baño el sopló del aire me golpeo en la cara. Mi ventana estaba abierta y junto a mi escritorio, encontré una fotografía impresa de mi catálogo -una de las fotos que recién había vendido-, con unas letras escritas en marcador azul.
Decía:
"Los atardeceres son la prueba de que el romanticismo aún existe"
Mi curiosidad aumento más en ese instante. Emilio no tardó en llegar para que le ayudara con su tarea de química.
Aquella tarde se me paso volando y admito que, mi cabeza junto a mi pensar no dejaban de sacar conclusiones sobre quien pudo haber dejado el sobre de carta y la fotografía. Es curioso que la imaginación nos pueda llevar a pensar en muchas suposiciones de las cuales ninguna tal vez sea la correcta.
Esa tarde también, mi madre regreso de su viaje que hizo para arreglar algunos asuntos de la compañía. Papá, bueno él seguramente estaba en un hotel de la Ciudad de México, cenando un buen platillo de camarones con un buen trago de cerveza de cebada. ¿Y yo? ¿Donde quedaba yo? Por mi parte, mi corazón ya estaba acostumbrado a la ausencia de mis padres. La mayor parte del tiempo mi casa estaba solitaria y fría. Mi soledad era la cereza de mi pastel y Emilio era quien siempre prefería comerse la cereza de mi pastel.
Al día siguiente, al terminar la clase del señor Roberto camine hasta la cafetería a comprar un sándwich de queso de puerco y un jugo de manzana. Termine yendo como de costumbre cerca del campo de futbol a sentarme en las gradas, era una costumbre miá el poder mirar a Emilio entrenar. El clima era normal, yo tenía un libro abierto entre mis rodillas. Me gustaba poder escapar un instante de la realidad con la imaginación y el almuerzo me resultaba más delicioso cada vez que yo alimentaba a mi estomago.
-¿Cómo has estado? -Preguntó alguien desde la primer grada.
Al alzar la vista encontré a Aldo caminando hacia mí. ¿De verdad estaba frente a mí? Se detuvo justo enfrente y llevaba el uniforme del equipo.
-¡Muy bien! -Respondí.
-¿Qué libro estás leyendo? -Sus ojos miraron con curiosidad el libro que sostenían mis rodillas.
-La guarida de las lechuzas -Dije y le mostré el ejemplar que me pertenencia.
Después de mirar el impreso por unos segundos alzó su vista hacia mí. Sus ojos parecían muy curiosos y su boca, la lengua remojaba sus labios.
-¿Qué harás después de clases?
Había gotas de sudor escurriendo por su rostro y sus mejillas estaban de color rojizo a causa de la insolación.
-Iré con Emilio de regreso a casa.
-¿Y en la tarde? -Sus labios eran atractivos.
-Estaré en casa -dije sonriendo.
Emilio no tardó en llegar junto con una bolsa de Sabritas, también tenía puesto el uniforme del equipo del Carolino y su aspecto era casi idéntico al de Aldo.
-¡Qué onda Aldo! -Saludo él.
-Ya sabes, todo en orden -le respondió Aldo.
Emilio se sentó junto a mí. Me ofreció papitas.
-¿Qué hacen? ¿Planean hacer algo sin mí? -Emilio siempre tan casual con sus preguntas, ayudándome a parecer menos antisocial.
-No. Nada de eso -dije.
-¡Si! Planeábamos algo -respondió Aldo al mismo instante que yo.
Me gire a mirarle. Aldo sonreía. Emilio alzó una ceja curiosa.
-¿Y que estaban planeando? -Ahora el curioso era Emilio.
-Planeábamos ir al McCarthy's después de las clases -dijo Aldo y eso me sorprendió por completo-. ¿Quieres ir con nosotros?
Hice un gesto curioso. Aún tenía el libro abierto, mi sándwich a medio comer y muchos pensamientos que desbordaban en mi interior. Me quedé callada.
-Claro que voy, es una buena idea -dijo mi amigo.
Los dos chocaron las manos. Aldo se marchó a los vestidores.
-¿Por qué no me habías dicho? -Me preguntó Emilio.
-¿Decirte que?
-Pues esto de ir a McCarthy´s.
Su mirada era serena, el sol le daba en la cara y sus pestañas rizadas hacían relucir más el color de sus ojos. ¡Se veía tan chulo desde este angulo!
-La verdad es que no estábamos haciendo planes. Él solo llegó a saludarme y...
-Y terminaste aceptando ir al McCarthy's -la sonrisita boba de Emilio apareció en su rostro.
Le di un golpe en el hombro.
-¡Que no! -Exclamé-. Tú sabes que eso no va conmigo.
Acercó su rostro a mí, sentí su cabello contra mi frente y entonces cerré el libro.
-¿Aldo es de tu estilo?
Su pregunta me hizo arquear las cejas. Di una mordida al emparedado.
-Para nada, chamaco tonto. No tengo tiempo para andar viendo quien es de mi estilo y quien no.
-Ya te veré en los días futuros, a ver si es cierto que no andas de enamorada.
-¡Mejor callate!
-Solo bromeaba, aunque no estaría de más la posibilidad de que tú...
-¡Estas bien loco!
-Siempre.
-Como sea.
-¿Y entonces...?
-Entonces ¿que?
-¡Iremos a McCarthy's!
Emilio simplemente reía, recostó su cabeza en mi hombro y parecía que aquella idea de ir a McCarthy's le resultaba excelente. Por mi parte, sentía mi cuerpo como si estuviera excitado, emocionado, distraído. El resto de las clases mi mente simplemente no dejaba de pensar en cómo sería ir a McCarthy's, el lugar con fama donde todos los universitarios y jóvenes iban a beber cerveza. He de admitir que, hasta ese momento, nunca había ido a un McCarthy's porque aún no era mayor de edad, pero esta vez era distinto. ¡Una parte de mi quería loquear!
Mi amigo me dijo que al parecer, Aldo era camarada del gerente del McCarthy's al que íbamos a ir, así que no tendríamos problemas con entrar.
-¿Cuánto tiempo estaremos ahí? -pregunte cómo boba.
-El tiempo que sea necesario -respondió Emilio.
Mi canijo condujo hasta el McCarthy's que estaba como a quince minutos de donde nosotros vivíamos. Descubrí que Aldo vivía cerca (como a veinte minutos de mi casa) y que conducía un Audi gris. Al llegar a McCarthy's el asombro y la curiosidad se abrazaban adentro de mí, para intentar no desvanecerse ante la idea de experimentar algo nuevo. ¡Mi estúpida calentura de adolescente! ¿Alguna vez estuviste en la misma situación que yo?
Había muchas paredes en color verde. Cuadros, fotografías, playeras, estatuas pequeñas y colecciones de muchas cosas por todo el lugar. La iluminación era muy ligera, había mesas y un escenario con varios instrumentos musicales que parecían alocar a la gente. En la cantina, el mueble estaba repleto de muchas botellas de diferentes colores y sabores, los meseros llevaban faldas como los típicos escoceses de Escocia. ¡O sea, esto era McCarthy's!
Nos sentamos en una mesa cercana al lado de un pasillo. Aldo había traído a un par de amigos suyos con sus respectivas novias. El mesero no tardó en llegar y ellos pidieron por mí.
-Queremos siete drifts de cerveza grandes por favor -pidió Aldo.
Él se había quitado la corbata. Su camisa tenía los primeros dos botones abiertos y el color de su piel se veía bien. Cada par de parejas estaban manoseándose.
Terminaron apartándose de nosotros. El mesero no tardo en regresar con una charola circular con los tarros de cerveza. El vidrio de la jarra estaba frio, la espuma se asomaba por encima de la cerveza y las diminutas burbujas de color amarillento oscuro parecían transportar a un universo distinto al real.
-Este es para ti -dijo Emilio pasándome un drift de cerveza.
Nuestras manos se tocaron. El drift era un tarro de cristal lleno de cerveza, con espuma flotando sobre todo el alcohol y con cierto brillo que embriagaba a querer beber de golpe.
-¿Toda esta cerveza es para mí? -Pregunté asombrada.
-Si -dijo Aldo-, si no te la acabas, nosotros te ayudamos.
Dentro de mí la excitación crecía cada vez más. Nunca había bebido tanto en un lugar tan público. Siempre solía beber alcohol en mi casa o en la de Emilio. Y la mayor de las veces, solo puedo beber máximo cuatros tragos de cerveza. ¡Esto sería una inundación de alcohol! ¿De verdad valdría la pena esta experiencia?
-¡Yo estoy aquí, tú tranquila! -Dijo Emilio.
Y el asombro desapareció cuando todo el líquido refrescante inundo mi ser de una manera tan poderosa, hasta los ojos me dieron muchas vueltas de repente. Todo esto era súper nuevo para mí. La música de Kaiser Chiefs parecía sonar al ritmo de los latidos de mi corazón y la vida parecía ser tan fugaz en ese momento. ¡Me sentí desorientada con Ruby de fondo!
-¿Quieres pedir otra? -Me preguntó Emilio.
Me basto con asentir para terminar bebiendo otro litro de cerveza. ¡Que locura! La sensación humana de sentir que te tambaleas mientras caminas hacia el sanitario, eso es algo que me dio euforia en ese instante. ¡Me sentía chida! La cabeza te da vueltas y sientes que todo es una simple revolución que te termina arrojando en un mar infinito de querer más. ¿Y dónde rayos había quedado la chica antisocial? En la escuela todos me conocían, era popular por el nombre de mi familia, decían en los pasillos que estaba bonita, pero la neta es que me daba flojera hablar con los demás. Soy inteligente (bueno, en este momento no), cumplida y algo nerd. ¡En ese instante solo era una Miranda ebria!
-¿Cómo te sientes? -Preguntó Aldo.
-¡Quiero bailar! -Le respondí.
Me reí un poco. Mi cerebro no estaba del todo perdido. Vi la mano de Emilio sobre la mesa.
- ¡Sácame a bailar Emilio! -Le pedí.
Un mesero regreso a dejar más cerveza. El chico con apariencia de escocés me miraba con atención y deseo. ¡Que maldito! Sus ojos estaban bien enfocados en mis movimientos y en como es que ms labios se movían suavemente.
-¿Segura que quieres bailar? -Preguntó él con un semblante de esos que pones cuando sientes que te van a avergonzar-. Porque neta que no te veo muy estable.
Sonrió suavemente y yo no me conforme con ver la curva de sus labios. Tomé su mano y arrastre a Emilio hasta un pasillo amplio. Puse mis manos sobre sus hombros. Él me tomo de la cintura aunque el rock no se bailaba así.
-¿Te estás divirtiendo? -Su boca se movía de una forma bonita.
-¿Tú qué crees? -Moví mis cejas mirándolo fijamente-. Nunca había bebido tanto como esta tarde y eso te consta. ¡No se que rayos estoy haciendo aquí! No fue una buena idea.
-Lo sé -y soltó una risita-, y es tu primera borrachera. ¿No te gusta?
¿Gustarme? Le golpeé en el pecho. Esto se sentía como la euforia junto con mil tractores arrollando tu cuerpo. ¡Dolía la sensación de no poder controlarme!
-¡Hey! No estoy borracha, solo me siento un poco mareada. ¡No digas tonterías!
¡La tonta era yo! Tú y yo sabemos que estar mareada y borracha es lo mismo. Beber de más está mal cuando el control se pierde. ¡A la larga se ven los resultados! Es una lastima que en el momento nos falten fuerzas de voluntad para poder controlarnos.
-Como tú digas entonces. Pero para mi que tú estas...
-¡Shssss! No digas eso. Arruinas el momento
La música seguía sonando chido, estar bailando cerca de Emilio hizo que me percatara del vello que estaba creciendo en su bigote. ¡Se estaba terminando de convertir en un adulto! La boca de Emilio era perfecta, sus labios estaban perfectamente curvados y sus ojos siempre brillaban chulo. ¡Esta guapo mi amigo!
-¿Por qué es qué aún no quieres volver a tener novia? -Le pregunté-. Ya paso mucho tiempo desde...
-Por qué no quiero -me interrumpió.
-Oh bueno. Yo solo decía. La neta es que estás bien chulo Emilio, búscate a una chica que te haga compañía de forma cursi. Ya es tiempo de que comiences algo con alguien. ¿No te gustaría?
Emilio me estaba mirando. Mi amigo había tenido una mala experiencia hace años.
-¡Sí que estás bien borracha! -Me dijo y dio un zape en mi frente.
La canción termino, la cercanía entre nosotros era increíble y nuestros alientos se mezclaban de la forma mas alcohólica posible. ¡A mi olfato le gustaba el olor de su boca en ese momento!
- ¡Ya vámonos a casa! -Le pedí.
Esa tarde me había bebido dos litros y medio de cerveza. Emilio no se molestó en llevarme con cuidado a mi casa. Cuando entré a mi habitación, todas las cosas giraban y revoloteaban porque todo parecía trasladarse a un mundo distinto al real. Termine sintiendo muchas cosas, viendo y admirando alucinaciones que solo experimentas cuando duermes. ¿Alucinaciones?
Mi mundo se tambaleo esa tarde y exactamente hubo muchos sentimientos que en mi estado de perdición no fui capaz de comprender. Como si me doliera el alma pero también, justo al mismo tiempo todo fuese maravillosamente chido en mi corazón. ¡Sentimientos encontrados! Sentimientos que hasta el día de hoy no he sido capaz de recordar del todo, porque resulta ser que cuando te embriagas al punto más bajo, los recuerdos no siempre estarán en tu memoria.
***
-¿Cómo te sientes? -La voz de Aldo hace que me despierte.
Me sentía agotada, algo mareada y mi mirada estaba demasiado nublada como para poder aclararse al instante.
-Me siento bien. ¿Dónde estamos? -Pregunte sobando mi cabeza.
Las luces de mi habitación estaban encendidas y eso fue lo primero que reconocí cuando me incorpore de forma completa.
-Estamos en tu habitación.
Abrí los ojos de golpe. No recordaba nada.
-¡Enserio! -Estaba inquieta-. ¿Dónde está Emilio?
-Sí. Estamos en tu habitación, llegamos hace como cuatro horas -Respondió Aldo-. ¡Tranquila! Emilio tuvo que ir a su casa, su papá lo buscaba, parece que tienen un asunto familiar.
Aldo se había sentado junto a mí. Aún llevaba puesto el uniforme, estaba un poco desalineado pero aun así se veía guapo.
-¿Qué hora es? -Pregunté mientras trataba de sentarme en la cama.
-Son las once de la noche.
Mis ojos se quebraron como platos.
-¡Tan rápido! -Exclamé sorprendida-. Entonces, ¿bebí demasiado?
Aldo río un poco. Su cabello estaba alborotado como en aquella ocasión cuando lo conocí. Sus ojos también brillaban, tenía una bonita mirada y me causo curiosidad que estuviera haciéndome compañía.
-Solo bebiste un poco. Terminaste mareada y te dormiste luego que te subiste al auto.
Me acomode mi ropa. También tenía el uniforme puesto. Mi boca sabía a alcohol añejo y en mi interior tenia la sensación de haber hecho algo malo.
-¿No hice feo? -Me inquietaba saber.
El chico comenzó a reír de repente y eso me asusto por un instante.
-No. No te asustes, no hiciste nada de lo que tengas que preocuparte. Tú estuviste normal.
Sentí un alivio. Acomode unos mechones de mi cabello y de pronto no sabia que más debía decir.
-¡Bueno! ¿Y....?
Emilio entro a mi habitación con una cara llena de muchas emociones. Nuestras miradas se encontraron y me sentí muy agradecida por tener a mi amigo aquí.
-¿Todo esta bien? -Le pregunte al ver su rostro lleno de emociones confusas.
-Iré a Guadalajara una semana a visitar a la familia de mi padre -dijo mirándome.
Entonces me inquiete por saber que tendría que estar varios días con la ausencia de él. ¡Mi Emilio se iba una semana! ¿Y que pasaría conmigo? ¿Seria capaz de soportarlo?