En ese momento tan bochornoso todo lo que podía hacer era poner su mejor sonrisa falsa en el rostro.
¿Desde cuándo decía o hacía cosas sin pensarlo primero dos veces?
Cierto, estaba borracha, o al menos lo suficientemente bebida como para que su lengua se hiciera más liviana y suelta, tanto que cometió el peor error de su vida: dejarse llevar por la rabia y terminar prometiendo cosas que no podía cumplir.
Ahora todas las miradas se centraban en ella, Julia solo quería encogerse hasta desaparecer sin dejar rastro. Pero su deseo no sería cumplido no importa cuántas veces rogara y ahora debía enfrentarse a las consecuencias de lo que había dicho.
- No hace falta que te enojes tanto, Julia. - Trata de excusar su hermana a la persona que había hecho el mal comentario sobre su estado civil, para acabarla de colmar tenía la sensación de que la estaban tratando como a una loca. - La prima Daphne solo estaba bromeando, la verdad es que todas aquí respetamos la decisión que tomaste de permanecer soltera.
Julia miró a su hermana menor, Olivia, con sus rizos dorados perfectamente peinados y su buen carácter intentando calmarla, porque era mucho más impulsiva que ella.
Ante los ojos de todos Olivia era la ''Señorita perfecta'' a la que querían mucho, no haciendo más que colmarla de regalos y adulaciones desde el mismo momento en que nació.
Sus padres y hermano menor también se veían incluidos ahí.
«Y aun con esa cara inocente se quedó con mi prometido, pero solo saben hablar para señalar que yo estoy soltera.» Llegó a pensar, reincorporándose en el asiento de mala gana.
Aquella lujosa fiesta, con motivo de celebrar por el compromiso oficial de 'Los tórtolos' -Que hicieron los cimientos de su 'hermosa'' relación pisoteándole la vida- y su próxima boda en un par de meses, todavía le dejaba un horrible sabor amargo en la boca pese a que hacia mucho tiempo atrás decidió dejar los rencores en el pasado y aceptar lo innegable: su prometido la había cambiado por ella.
Por supuesto, eso no era fácil para nadie, pero la presión por parte de su madre para que aceptara cerrarle las puertas al pasado y poner una piedra sobre el asunto pudo más que su propio intento por sanar heridas emocionales.
Por esa razón estaba allí luego de tantos años de noviazgo, celebrando un compromiso que debería ser suyo con el hombre al que alguna vez creyó amar y que le había asegurado en su momento no tener intenciones de casarse.
Pero en su lugar estaba Olivia.
«Tal vez sea lo mejor para todos...» Volvió a pensar, terminándose el contenido que había en su copa de vino.
- Se ha quedado callada de repente, seguramente no era verdad que tiene un prometido. - Escucha que dicen a su costado por el silencio que estaba guardando repentinamente.
Julia inhala hondo, no quiere meterse en problemas innecesarios, pero no se lo estaban haciendo nada fácil.
Y llegó a un punto en el que sencillamente explotó
- Dije que iba a presentar a mi prometido y eso haré. - Afirmó.
Pero la persona que menos se esperaba apareció de repente y la situación se tornó completamente tensa.
Julia no podía creer el descaro que tenía Henry al acercarse mientras ella estaba ahí, como si nada pasara y luego abrazar por la cintura a Livvy, dándole un tierno pero prolongado beso en los labios, justo frente a sus narices.
- Me ha parecido escuchar que te has prometido, Julia-
- No me llames por ese apodo, solo mi familia y amigos puede decirme Julia. - Lo interrumpió, pero, tuvo que suavizar sus palabras al ver la expresión de impacto que estaban haciendo los demás, entonces se dibujó una sonrisa en la cara que pretendía ser amigable. - Todavía no somos familia, cuñado, tendrás que convencerme muy bien si quieres que te encargue a mi preciosa hermanita menor.
Al parecer hizo una buena elección de palabras, porque el ambiente se suavizó de inmediato y la primera en suspirar de alivio fue su hermana.
- No seas mala con él, Henry me quiere mucho. Siempre me lo dice, sé que cuidará bien de mí. - Olivia sonrió mientras lo abrazaba. - ¿Cómo ves la noticia, amor? Mi hermana va a casarse, ¿No es maravilloso?
Julia evadió la mirada de Henry.
- Es la mejor noticia que podría escuchar. - Aquellas palabras calaron en ella como flechas, pero ya no le hacían el mismo efecto de antes. - ¿Cómo es que nos estamos enterando hasta ahora?
«No te importa.» Quiso responderle, pero se abstuvo de hacerlo.
- Antes no había querido presentarlo porque no éramos nada formal, pero ha pedido mi mano en matrimonio hace poco tiempo, no quería decirlo hoy para no opacar su velada especial. - Termina contestando. - Al final ha sido algo inevitable que la noticia saliera a la luz, tenemos planeado casarnos en dos meses.
Aun después de haber dicho tal tontería se mantuvo firme, porque no era una persona que se retractara de sus decisiones, sin importar lo absurdas que fueran.
Ni siquiera lo haría por estar bajo el efecto del alcohol en su sistema.
Aunque si se maldecirá cientos y miles de veces cuando regrese a estar sobria.
- Espero que pronto podamos recibir una invitación como padrinos. - Ante los ojos de Julia las palabras de Henry fueron realmente cínicas y groseras, tanto que parecía hacerlo a propósito. - Nos aseguraremos de llevarte uno de los mejores regalos de bodas. ¿Verdad, Livvy?
«Cálmate, Julia, no puedes romperle la nariz, hazlo por tu hermana, Olivia está muy feliz y no puedes arruinarle el día, es su fiesta de compromiso.» Pensó, no solo una o dos veces, sino miles.
Su hermana asintió, derretida en los brazos de su prometido. - El mejor de los regalos.
- No tienen que hacerlo, en serio. - No quería en su casa nada que tuviera que ver con Henry, aun cuando las intenciones de Olivia no eran malas. - Con su... Presencia me sentiré más que gratificada.
El momento pareció tierno, aunque ni la cuarta parte de las cosas que dijo fue verdad.
- Me alegro muchísimo por tí, no sabes cuánto. - Olivia caminó hacia ella para tomarla de las manos, Julia respondió con una sonrisa, internamente se sentía incómoda. - Nuestra madre también se alegrará mucho cuando se entere de tan maravillosa noticia, ha estado esperándolo por tanto tiempo, seguramente no va a creerte.
«Madre...» Del tiro se le bajó la borrachera, ¿Cómo había podido olvidarse de que su madre también iba a enterarse de aquello? ¿Qué era lo que iba a decirle?
- Pero realmente vas a presentarlo en a boda de tu hermana ¿Verdad? - Cuestiona una de sus primas, como si estuviera retándola porque sabía que no estaba diciendo la verdad. - Todos tenemos curiosidad, esperamos que aquel día no llegues con las manos vacías.
- ¡Basta! Mi hermana Julia no tiene por qué mentir. - Livvy salió en su defensa rápidamente. - Yo le creo, Julia es realmente hermosa pero muy reservada y un poco lenta, seguro fue difícil para ella también.
Julia ríe por compromiso, no sabe si tomar eso como un halago o una ofensa.
De cualquier manera pasa saliva en seco al recibir el abrazo de su hermana, luego abre la boca para cavar más profundo su propia tumba y tratar de silenciar los murmullos. - Si no presento a mi prometido el día de tu boda con Henry yo pagaré la luna de miel a un lugar como Hawái de ambos, ¿De acuerdo?
Sus palabras parecieron atraer particularmente la atención de Livvy, que con tantos gastos de la boda no había tenido el tiempo suficiente de programar correctamente una luna de miel, por lo que tal proposición le caía como anillo al dedo.
- No hace falta que hagas algo como eso. - Dice, como si estuviera dándole la oportunidad de retractarse. - Aun si no tuvieras pareja el estar soltera no tiene nada de malo, no tiene por qué avergonzarte tampoco.
Olivia solo estaba hundiéndola más con sus 'Dulces y bienintencionadas palabras de aliento'.
Julia echa una mirada a sus primas, ya todas estaban como testigos de lo que había dicho, si se le ocurría la terrible idea de retractarse recibiría la peor humillación de toda su vida.
- Lo haré. - Accede una vez más.
¿Qué tan difícil podía ser conseguir un esposo en dos meses... O menos?
«Solo por si acaso... Debería ir preparando la billetera.»
- ¿Qué tal si brindamos a la salud de todos por esta buena noticia? - Propone Olivia, de momento todos alzan sus copas y chocan entre sí.
Pero Julia no fue capaz de pasar siquiera el primer trago.
(***)
Su conteo regresivo empezó en ese momento:
60 días y contando.
60 días para encontrar esposo o 60 días para empobrecer.
También era una opción los 60 días para aventarse de un precipicio o mudarse al extranjero y empezar una nueva vida con una nueva identidad.
- Más torpe no pudiste ser, Julia. Conseguir un esposo no es tan fácil como tú crees, y menos con tu mal carácter, tu pésimo genio, tu falta de modales y tu vocabulario de barrio. Yo te la veo difícil, mejor prepárate esas pastillas mágicas que te mandan a dormir para siempre y así te ahorras pagar deudas.
- ¡No me estás ayudando con nada, Allen! - Chilla, aventándole el primer lápiz que encuentra por encima del escritorio antes de aventarse de nuevo a él. - ¿Qué se supone que voy a hacer ahora? ¿Cómo puedo casarme en dos meses? Es completamente imposible
El giró su silla, volteándose hacia ella.
- No pretendo ayudarte, realmente no tienes escapatoria, solamente te estoy dando asesoramiento para que te adelantes un poco al lugar a donde todos terminaremos en algún momento de nuestras vidas: La muerte. - Se encoge de hombros y le resta importancia. - Tendrías más oportunidades si no fueras tan exigente y te atrevieras a darle a alguna de tus citas una segunda salida, pero los bateas a todos.
Julia se sintió un poco mal, Allen tenía razón, no se había dado la oportunidad de conocer a nadie realmente y solo aceptaba citas para probarse a sí misma que las cosas estaban bien.
Nunca se había interesado genuinamente por ninguna de las personas con las que salió, y al final simplemente dejó de hacerlo cuando se metió de lleno en el trabajo, prefiriéndolo por encima de su propia vida social como mecanismo de defensa.
- Solo estoy asustada porque no quiero que me pase lo mismo dos veces. - Murmura de mala gana, no es capaz de enfocarse correctamente en la pantalla de su computadora. - Es terrible para mí tener que verlos juntos, pero mi madre es realmente necia, si no lo hago murmurará a voces que todavía sigo queriendo a Henry.
Allen alzó una ceja.
- ¿Y no es así?
Julia no puede creer su pregunta. - ¡Por supuesto que no! - Exclama. - ¿Cómo podría querer a la persona que me puso el cuerno con mi hermana? ¿Por qué tenía que ser Olivia de todas las personas que existen en el mundo? ¿Es que acaso no hay más mujeres en el planeta?
A veces pensaba que lo hacía a propósito, Henry sabía perfectamente sus miedos, conocía lo acomplejada que se sentía desde el nacimiento de su pequeña y perfecta hermana menor que parecía ser intachable y a la que todos querían.
Había llorado con ella cuando no podía soportar más que las siguieran comparando.
Le había escupido mentiras que se tragó, mentiras bonitas y muy sucias que le decía al oído todos los días.
Por eso su traición le había dolido el doble.
- Independientemente de lo que haya sucedido realmente te precipitaste. - No podía negar que Allen tuviera razón, y eso solo la hizo sentir peor. - ¿Qué piensas hacer ahora?
- Sinceramente no lo sé. - Contesta. - Aun no termino el informe que necesitas para el fin de semana, luego Olivia quiere que la asesore con todo lo relacionado a la boda, mi madre también espera que haga eso.
- ¿No es lo mismo que pedirte organizar la boda? ¿Por qué no te negaste?
- Dijo que solo quería mi opinión y que solo sería eso, pero luego las cosas se torcieron de esta manera.
¿Había acaso una persona más lamentable que ella, quien tenía el deber involuntario de organizar la boda de su hermana y su ex prometido?
- Wow, eso es realmente cruel.
- Gracias por notarlo.
Julia no sabe cómo debería proceder a partir de ese momento, tenía tantas ocupaciones que ni siquiera le dejaba tiempo para empezar a idear planes de cazar a algún hombre que estuviera tan desesperado por casarse que aceptara hacerlo con ella.
Probablemente debía pensar seriamente en eso de ligar a horas de trabajo.
- Que no se te ocurra, es más, que la idea ni siquiera se te cruce por la cabeza. - Se sintió como si él hubiese leído su mente mientras daba la vuelta a los documentos que estaba revisando por encima del escritorio - Está prohibido ligar en horas de trabajo y lo sabes perfectamente.
Porque sí, aquel idiota que aparentaba no tener oficio ni beneficio era en realidad su superior en el trabajo.
Julia solo bufó - ¿Ni siquiera un poco? Solo para salvar mi bolsillo y mi reputación
- ¿Cuál reputación? - Cuestiona. - Además, sabes bien que casi todos aquí son hombres casados.
- Buen punto. - Volvió a tirarse sobre la silla. - ¿Qué debería hacer ahora? ¿Cómo se supone que conozca a alguien?
Allen suspiró.
- A veces me preocupa lo tonta que puedes llegar a ser, ¿Es el trabajo el único lugar que se te ocurre para relacionarte? ¿Tan poca perspectiva tienes de la vida?
Por años había estado evitando salir, por supuesto que su perspectiva era bastante limitada.
- Será mejor que vuelvas al trabajo y dejes de pensar en tonterías, te descontaré medio día de salario si sigues holgazaneando.
- Mira quién lo dice, el que lleva toda la mañana doblando hojas para hacer avioncitos de papel. - Con gusto le sacó el dedo corazón, a lo que Allen le respondió de la misma forma sin siquiera darse la vuelta mientras se marchaba.
(***)
A veces, muy de vez en cuando, debía acompañar a Allen a diversos sitios por asuntos de trabajo.
En aquel momento él tenía una reunión con el dueño de una famosa cadena de restaurantes de comida rápida con temáticas familiares que se enfocaban en el público infantil, todo el restaurante era vibrante y colorido, además estaba lleno de hombres bien parecidos que se juntaban en grupos a comer.
El problema con ellos era, por supuesto, que eran demasiado jóvenes para ella, probablemente sus edades oscilaban entre los dieciocho y los veintiún años de edad.
A muchos no le importaría, pero ella simplemente no podía salir con alguien casi diez años menor.
Tampoco sería beneficioso para presentarlo.
- Ah, la juventud es como el dinero; Una vez que se va no regresa nunca más. - Masculla de mala manera, no teniendo más remedio que recargarse de la pared y esperar. - ¿Tal vez nací en la época equivocada o solo es mi desespero?
El primer día no parecía estar yendo demasiado bien.
Sobretodo porque había cometido el terrible error de decirlo en voz alta.
- Anciana solterona. - Escuchó que dijo uno de los jóvenes, mirándola desdeñoso. - Mejor movámonos a otra mesa.
Julia se muerde la lengua de rabia. «Ni quien quiera salir con ese mocoso maleducado.» Piensa por un momento si agredir a alguien tantos años más joven implicaría una sentencia demasiado grande o si tal vez podría con ella.
Pero antes de que pudiera ir a gritarle al mocoso sus verdades llegó Allen para detenerla.
- No puedo descuidarte ni siquiera cinco segundos, ¿Qué pretendes al pelear con un joven tu edad? - Hizo especial énfasis en la edad. - Comienzas a sudar la desesperación por los poros.
Julia no vio más opción que calmarse.
Entonces tuvieron que continuar con el trabajo que estaban haciendo.
Cuando ve a Allen un par de metros frente a ella, caminando hacia el estacionamiento donde los esperaba la camioneta ejecutiva se le ocurrió preguntar:
- Oye, Allen ¿Qué te parece si nos-?
- No me casaré, y menos si es contigo, aun así no quiero que lo tomes como algo personal, no es porque tengas mal temperamento, simplemente no deseo casarme por ahora. - Le interrumpió de golpe mientras se subía al asiento del piloto y ella en el del copiloto. - Pero gracias por pensar en mí.
Julia lo observa, perpleja, Allen se había hecho un mundo entero en cuestión de segundos.
- Yo iba a decir que si nos tomábamos algo en el bar de la esquina después del trabajo. - Rectifica todas y cada una de sus palabras, añadiéndole un poco más en el proceso. - ¿Casarme contigo? Ni de broma. Estoy desesperada pero prefiero aguantarme a lidiar con tu ego para toda la eternidad.
Pese a que alguna vez fue su sueño.
No tenía caso seguir recordando el pasado.
- Es que serás imbécil, ¿Nunca has pensado en que te puedes casar para aparentar y luego de un tiempo te divorcias y sigues con tu triste vida de ver caricaturas y acariciar gatos?
- ¡Con el señor pantalones no te metas! - No negó que su idea fuera buena, pero tenía muchos errores en el proceso. - Si voy a casarme mínimamente tiene que ser con alguien a quien quiera ¿No te parece? No quiero a alguien con quien me separe después de un par de meses.
Si iba a seguir adelante con aquella tontería debía hacerlo bien al menos.
- En ese caso la situación es más difícil y no parece inclinarse demasiado a tu favor. - Fue realista, pero no esperanzador en lo más mínimo. - Sobretodo con eso de que los espantas a todos antes de la segunda cita no quiero imaginar el tipo de persona que tendría que ser para que estés bien con ello.
Julia giró la cabeza, dejando de mirar el paisaje a través de la ventana para mirar feo a Allen conduciendo justo a su lado, no lo golpeaba porque podría ocasionar un accidente de tránsito -Y también podría ocasionar su despido-
- Cállate si no me vas a ayudar en absolutamente nada. - Se cruzó de brazos. - Ya te acompañé, ahora debes cumplir con tu palabra y darme el resto del día libre, así que llévame a casa porque tengo muchas cosas que hacer.
- ¿Te está esperando tu gato?
Julia rodó los ojos, ni siquiera tenía mascotas.
- Sí.
Aquel día en particular Julia comprendió que a veces las personas deberían simplemente rendirse y asumir la responsabilidad de sus palabras cuando todo parecía estar conspirando en su contra.
No hacerlo podría traer graves consecuencias, como terminar retenida en una celda por un caso de 'Agresión y robo a mayores'
Justo como ella.
Desde su fría celda escucha los pasos de alguien que se aproxima, la banca metálica era realmente rígida al igual que los barrotes manteniéndola encerrada en el espacio reducido, completamente incómoda gracias a la presencia de una segunda persona reclusa ahí que no paraba de balancearse abrazada a sus piernas en un rincón viendo hacia la pared, ya estaba comenzando a aterrorizarla.
De repente la celda se abre, Julia por el susto despierta de su pequeña siesta y, sobresaltada, cae al piso, había ocupado la banca completa para acostarse debido a que su 'Amiga' de celda no parecía estar en condiciones de hacerlo.
- ¿Cómo fue que terminaste aquí en menos de medio día? ¿Sabes lo raro que fue recibir repentinamente un mensaje tuyo diciendo que tomara dinero de tu casa para pagar la fianza y te sacara de prisión? Tuve que usar la llave de repuesto de las que mi mamá tiene.
Su salvador de momento se personificó en Daniel, el hijo de la administradora del edificio en el que vive y un buen amigo suyo, era muy apuesto con su cabello ondulado y esa tierna carita que podría doblegar incluso a la persona más ruda del mundo solo con su sonrisa jovial.
Porque sí, casi como si tuviera la maldición de tener gente joven a su alrededor mientras ella estaba en la crisis de los treinta, él era menor por al menos cinco o seis años.
Aunque la diferencia de edad entre ambos no era algo excesivamente grande la verdad era que no podía ni siquiera considerarlo como un candidato en la lista de matrimonio.
Aunque Daniel en repetidas ocasiones mostraba abiertamente el interés noble que sentía hacia ella, todavía era joven, no podía hacerle eso ni a él ni a su madre que tanto deseaba verlo con una jovencita de su edad.
Pero ese no sería el punto.
- Es... Una muy larga historia. - Rodó los ojos hacia un lado mientras se levanta del piso, siente la mirada acusadora de Daniel como si fueran flechas clavándosele. - Ni siquiera sé por dónde debería empezar.
Él la siguió mirando, en silencio, Julia estaba andrajosa, tenía tierra en el cuerpo, lodo en la ropa, pasto en el cabello y un moretón en el ojo bastante marcado, por no mencionar su labio partido y que llevaba la ropa hecha jirones, a los ojos de Daniel parecía haberse peleado contra una horda de perros rabiosos por un filete de carne.
- Adelante, ríete. - Masculla Julia, avergonzada y humillada. - Sé que me veo graciosa, prometo contártelo todo pero primero quiero regresar a casa ¿De acuerdo?
Tuvo un mal presagio cuando lo vio tomar una banca que el policía le había traído y ubicarla justo frente a ella, las celdas en ese momento se cerraron para no dejarle escapatoria.
- Resulta que tenemos bastante tiempo para que la cuentes justo ahora, justo en este preciso momento puedes hacerlo, sobretodo yo tengo tiempo de sobra porque gracias a ''Alguien'' tuve que cerrar temprano. - Contesta, sin dejar de mirarla.
Fue en ese momento específicamente cuando supo que si quería salir de ahí lo mejor sería que empezara a narrar la historia de lo que ocurrió, específicamente contando con lujo de detalles cómo fue a parar ahí.
Julia se reincorpora en el asiento, de muy mala gana, siente escalofríos porque la extraña mujer del rincón de repente se había sentado en el suelo, junto a Daniel, como si también estuviese esperando escuchar la razón.
- Bueno, todo empezó esta mañana, cuando inocentemente decidí salir a tomar aire fresco, sin ningún otro tipo de intenciones, por supuesto...
(Ese mismo día, durante la mañana)
- No puedo creer que vayas a tomarte el día libre para algo tan estúpido y me hayas arrastrado a esto. - Se queja Allen una vez más, como todas las veces que anteriores durante el camino. - Como jefe que soy debería despedirte debido a tu incompetencia, ¿Por qué debería siquiera cubrirte las espaldas?
Julia sonríe.
- Porque no quieres que nadie se entere que te besaste con la esposa del CEO durante la última reunión social que hubo en la empresa.
Allen gruñó, ella lo había dejado entre la espada y la pared. -La única forma que tenía de convencerlo para que hiciese lo que ella quería.
- Será mejor que hagas bien tu trabajo y te mantengas con la boca cerrada o todos van a enterarse que en lugar de trabajar metes a tu oficina a la secretaria de uno de los jefes de área. - Palmeó suavemente la mejilla de su chofer designado. - Gracias por traerme, bicho raro.
- Bájate rápido del auto, tonta. - Demandó, Julia lo hizo así antes de que Daniel se retractara. - ¿Qué es lo que vas a hacer en un parque tan temprano?
La mirada de Julia se lo dijo todo, ¿Cómo podía preguntar algo que era obvio?
- Voy a ligar, a esta hora siempre hay apuestos hombres sacando a pasear a sus mascotas o haciendo ejercicio, debería haber alguien decente para mí. - En ese momento él se arrepintió de haberle preguntado. - Luego te llamaré para que pases a recogerme ¿De acuerdo?
- ¿Qué se supone que diré si preguntan por ti?
Julia se giró a él. - Sé inteligente, Allen, piensa en una excusa barata y diles que mañana no faltaré, no lo sé, ¿Tengo que decirte exactamente lo que tienes que hacer? Ingéniatelas.
Allen aprieta el volante entre manos, la dejaría ahí varada de no ser por la información privilegiada que maneja, tampoco puede decirle que es una testaruda y no tiene verguenza, sabía que si intentaba detenerla solo sería insultado y la impulsaría a llevar las cosas aun más lejos, porque así era Julia cuando alguien la retaba o trataba de ponerle límites.
Solo la dejó ser.
¿Qué podía decir?
Sería divertido para él verla fracasar en grande y poder reírse en sus narices por la cantidad de veces que sería rechazada.
Luego de que se las había ingeniado para hacer que el gruñón Allen la llevara decidió poner en marcha su plan.
Afortunadamente hacía un buen clima, lo cual le era conveniente, no había signos de nubes oscuras o cielo gris como dijo el hombre que pronosticaba el clima luego de decir que caería una fuerte lluvia, el bochorno se había extendido por todos lados en lo que esperaba fuera un día brillante y con suerte.
Bajo el calor terminó sentándose -Muy contrariamente a sus planes activos- en una banca de madera bajo la sombra de un árbol luego de tener la sensación de que sus pies se derritirían con apenas dar un par de pasos sobre la acera caliente.
- Ah, con este calor lo único que se antoja es una cerveza helada para calmar el mal de nervios en la piel. - Comenta mientras se ahoga a sí misma en protector solar. - Tal vez conseguiría más rápido una cita en un bar que aquí.
Pensándolo más claramente y analizando el panorama detalla que la mayoría de personas estaban haciendo ejercicio por aquí y por allá, ¿Realmente quería un novio deportista siendo alguien que no prefiere los músculos ni ejercitarse?
También veía algunas familias compartiendo juntas, de momento recuerda su pasado cuando era pequeña y su familia no se había convertido en un auténtico infierno porque su padre en vida siempre trataba de mantenerlos unidos, ella junto a sus dos hermanos solían buscar sirenas en los estanques animadamente hasta que se aburrían, sin importar cuántas veces vieran el mismo lago, siempre buscaban sirenas allí.
Si antes no había perdido la esperanza de encontrar algo probablemente inexistente en el mismo sitio durante años tampoco lo haría con la búsqueda de su esposo perfecto.
Porque encontrarse un esposo era más fácil que encontrar una sirena.
¿Verdad?
De repente su aguda mirada se fijó en un hombre que se le sentó al lado mientras ella pensaba en quién sabe qué tonterías, él tenía cabello castaño peinado como libro abierto y algunas pecas parecían asomarse en sus mejillas, además usaba anteojos.
Lucía completamente como un bibliotecario, de hecho estaba leyendo exhaustivamente, sin siquiera ser consciente de su entorno, mucho menos de ella que estaba a su lado mirándolo sin ningún tipo de discreción, tal vez muy poca.
Aparentemente, solo de vista, parecía pasar los treinta años de edad.
«Los bibliotecarios no son exactamente mi tipo...» Medita desde su extremo de la banca. «Puede tener conversaciones interesantes sobre temas interesantes.»
O tal vez monólogos de horas y horas sobre métodos de fabricación y procesos de elaboración de los primeros motores para los primeros vehículos que existieron.
¿Qué más daba si era así? Si el destino había decidido juntarlos, ¿Por qué no simplemente acercarse?
- ¿Necesitas algo? Llevas mirándome fijo durante quince minutos y es un poco incómodo. - Él se vio obligado a frenar su lectura al percatarse de la mirada intensa que Julia le estaba haciendo.
Julia se sobresaltó. - Lo siento, no sabía que me había quedado mirándote fijo.
Se sintió avergonzada de haber sido descubierta.
Pero él, lejos de hacer obvia su incomodidad, no parecía realmente enojado, Julia también nota otro detalle: más de cerca se notaban facciones maduras que normalmente los más jóvenes carecían. Sus ojos eran rasgados pero no parecía algún asiático en absoluto, más bien era algo más tierno.
Como no supo qué decir después de eso el silencio reinó y la conversación murió realmente rápido, él regresó a enfrascarse en su lectura y ella se puso tan nerviosa que le sudaron las manos.
¿Cómo hacía el gigoló de Allen para coquetear con desconocidas tan fácilmente?
¿Debería simplemente invitarlo a salir o pedirle matrimonio de una vez?
- Lo siento- lo siento... - Tuvo que volver a disculparse cuando él la pilló mirándolo otra vez.
Dirigió la mirada hacia otro lado, pero no duró más que un par de segundos que fueron bastante tortuosos para ella, ni siquiera podía concentrarse en relajarse como tenía previsto en primer lugar por no querer perderse ''Tal oportunidad''.
- ¿Cómo te llamas? - Termina preguntando, de la nada, sintiéndose un poco tonta y al mismo tiempo valiente por haber tenido el coraje de preguntarlo en voz alta, también sonrió.
Su momento de victoria llegó cuando él, en lugar de marcharse, se gira hacia ella y sonríe con amabilidad, cerrando el libro y colocándoselo encima del regazo para estrechar su mano con la de ella.
- Mi nombre es Lucas, es un placer conocerte. - Contesta a su saludo. - ¿Cuál es tu nombre?
«¡Bingo! Ahora que siente curiosidad por mí está prácticamente atrapado, a pesar de que me porté como una obsesiva me devolvió el saludo, es amable, gentil y buen lector, ¿Qué más puedo pedir? Mi madre se infartará en cuanto lo conozca y Olivia de pura envidia va a desmayarse, por fin cerraré las bocas de todas esas-»
- Julia. - Responde, muy diferente a lo que estaba diciendo en sus pensamientos. - Pero puedes llamarme Julia.
- Entonces.... Julia - Mencionó su apodo, a lo que ella asintió, le gustaba escucharlo de él. - ¿Buscabas algo? Realmente estabas mirándome con mucha intensidad, ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte tal vez?
En ese momento Julia se bloqueó, ¿Qué podría justificar mirar a alguien fijamente como si fuera una acosadora?
- No- ¡Bueno sí! - Se apresura a corregir. - E-eh... Yo solo... Bueno- ¡El libro! Quería tratar de averiguar qué libro estabas leyendo porque se veía muy interesante, yo realmente amo leer ese tipo de historias, pero ese libro no lo tengo, porque... me gusta leer- y no lo... Encontré en- ¿La tienda de libros?
Decir lo primero que se le cruzó por la cabeza realmente fue una de las peores ideas que pudo haber tenido en ese momento.
- ¿Te refieres a la librer-
- ¡Librería! - Ella misma completó la oración. - Sí, a eso me refiero- El libro que tienes en las manos no lo había visto antes y por eso quería preguntar dónde lo conseguiste.
Lucas se quedó en silencio, uno que Julia no entendió hasta que le vio la cara.
Sus mejillas se habían enrojecido, como si hablar del tema le diera verguenza, solo así pudo saber de qué trataba la novela realmente:
- ¿Realmente te gustan las... Novelas eróticas? - Preguntó bajando el volumen de su voz para que solo ella pudiera escuchar.
Y quiso que la tierra se abriera para tragársela viva, pero ya era muy tarde para arrepentimientos.
- Sí... Son muy..., impresionantes las cosas que se narran... Ahí. El sexo y..., pues eso. - Optó por reír de manera mecánica, muy forzada, al mismo tiempo siente que las mejillas le arden.
«No es un bibliotecario con conocimiento de motores de vehículos viejos, es un fan de novelas románticas.» Concluyó, pero no perdió el interés en él, más bien le atrajo el repentino aire de sensibilidad muy difícil de ver abiertamente en los hombres.
Lucas pareció sentirse aliviado.
- Por un momento creí que me mirabas fijo para decirme cosas malas, no sabes lo aliviado que me siento de que no me mires mal por leer este tipo de tramas, es que la narración es tan sensual y atrapante que de alguna manera me veo envuelto y no lo pude soltar.
- Lo sé, lo comprendo bien... A veces aburro a mis amigos de tanto hablar sobre... Libros, que me gustan mucho.
- ¿Cuál es tu favorito?
Julia se quedó en seco. - ¿Perdón?
- Tu libro favorito, ¿Cuál es? ¿Tienes uno? ¿Cuál me recomendarías leer luego? - Repite sus preguntas Lucas, demasiado entusiasmado para dejarla pensar claramente la próxima mentira que le diría.
- Bueno- He leído tantos que no me acuerdo pero... Mi libro favorito es el de... Que viene con un- y los personas son de... - Balbuceó, nerviosa. - Es un poco difícil de explicar, sería mejor si pudiera enseñártelo por mi cuenta, ¿Por qué no nos reunimos para compartir nuestros gustos? Tal vez podríamos beber un café.
Mientras tanto vería cómo leerse un libro entero en media hora.
Los ojos de Lucas se iluminaron, realmente lo hicieron, su mirada destelló igual como destellaría la mirada de un niño recibiendo juguetes nuevos en navidad.
«Lo tengo.» Llega a pensar, sonriendo también en su interior.
- ¡Por supuesto que me encantaría! De hecho había estado pensando en abrir un club de lectura donde podríamos compartir nuestros intereses ¿No sería maravilloso? - Accede Lucas inmediatamente. - Incluso puede servir para demostrarle a mi esposa que no perderé ''Mi hombría'' leyendo novelas románticas desde el punto de vista femenino como ella cree que sucederá.
- Sí, pfff. Por supuesto que no sucederá lo que tu esposa- Espera... - Se detuvo de momento. - ¿Esposa? ¿Eres un hombre casado, Lucas?
Para enseñarle el anillo de bodas en su dedo Lucas le extendió la mano.
- Llevamos cuatro años de casados, y ella es la esposa más maravillosa del mundo, la amo mucho.
Julia quiso morirse al ver los repentinos ojos de amor que estaba haciendo al ver su anillo.
«Seré tonta, ¿Por qué no le vi las manos antes de hablarle? Este hombre es casado.»
- Por cierto, se está acercando... Wow, me pregunto si habrá pasado algo... Está caminando realmente rápido hacia nuestra dirección. - Señala Lucas un punto detrás de ella, por miedo no se atreve a voltear. - ¿Qué te parece si te la presento? Seguramente se van a llevar bien.
- En otra ocasión será, yo te llamo ¿De acuerdo? - Julia se puso de pie sin siquiera pedirle el número de teléfono, tenía que huir rápido de allí. -Me dio mucho gusto conocerte, pero yo ya me voy, hasta luego.
«O hasta nunca.»
Hizo su huida demasiado tarde.
O tal vez demasiado temprano.
Pese a que intentó correr lejos, tan rápido como sus piernas se lo permitían le fue imposible escapar, había terminado chocando contra un pecho firme y perdió el equilibrio por un momento.
Se había chocado contra una mujer musculosa, mucho más alta que ella que usaba ropa deportiva.
''Santa madre de los...'' Balbucea apenas la ve: la esposa de Lucas que no se veía nada feliz y se había percatado de todo el tiempo que pasó tratando de coquetearle a su inocente esposo.
- ¿H-hola? - Saluda, retrocediendo pasos que ella ganaba al avanzarlos.
- ¿Qué haces tú ligando con mi esposo, eh solterona? - En primer lugar aquel apodo tan molesto se lo quitaría en treinta días -Para añadirse el de pobretona sin novio o ricachona suertuda- y en segundo lugar tenía que subir la mirada para encarar a aquella mujer, lo que le causaba aún más temor.
- N-no es lo que estás creyendo que es.
- ¡Hola amor, ella es mi amiga Dani y dijo que iba a hacer un club de lectura para nosotros dos! - Grita Lucas desde su lugar a metros de distancia.
«¡Maldito idiota!»
- No sé de qué habla, ni siquiera me llamo Dani, mi nombre es Julia, ni siquiera me gusta leer, es decir, solo he leído textos en la universidad... Para la clase de literatura y la reprobé- ¿Cómo podría?
La esposa de Lucas gruñó ante su torpe explicación.
-¿Con que queriendo hacer un grupo particular para estar a solas con mi esposo? ¿Me estás buscando pelea? ¿Acaso quieres que te dé una lección?
- N-no gracias... Yo ya terminé la universidad.
- Con que dándotelas de graciosa ¿No? Veremos si esto te da risa-
(En el preciso momento que da el golpe Daniel interrumpe la narración)
- Entonces es por eso que tienes un ojo morado. - Dice, parece que lo había entendido bastante bien.
Julia asiente.
- Touché.
- Pero nada de eso explica cómo terminaste en prisión.
- ¿Quieres dejarme continuar con la historia? Estoy a punto de llegar a esa parte.
Daniel suspira, pero la deja seguir hablando.
(En el recuerdo, luego de la golpiza que recibió de la esposa de Lucas.)
A las malas había aprendido una lección importante: Siempre asegurarse de que su objetivo no sea un hombre casado, comprometido ni esté en ningún tipo de relación amorosa.
No aguantaría que otra maniática la tomara como saco de boxeo personalizado hasta hacerla tragarse el pasto..
- Estoy segura de que Allen va a burlarse mí por esto. - Se queja en cuanto ve el moretón en su ojo, el ojo izquierdo.
Aquel día había sido un completo fracaso y cada vez quedaba menos tiempo para presentar a su prometido en la boda de su hermana.
Sin saber qué la haría sentir mejor decide mejor sentarse junto a una viejecita que alimentaba palomas pacíficamente aunque era molesto que de repente le cayeran plumas encima y esperar a Allen para regresar a casa mientras se ponía la bebida fría que había ido a comprar en el ojo para reducir la inflamación y evitar que el moretón se marque tanto, para ello tenía que marcarle a su celular, el cual tomó de su bolso.
O al menos eso intentó, porque no lo encontraba ahí dentro, lo que la asustó.
- ¿Dónde está mi teléfono?
¿Se habría caído mientras era golpeada?
Pronto, mientras busca desesperadamente, una mano en el otro extremo del bolso tira de él, impidiéndole revisarlo.
Era la anciana de las palomas.
- ¿Qué rayos le pasa?
- ¡Suelta mi bolso o vas a ver, ladrona! - A causa de la ausencia de dientes en su cavidad bucal no comprendía correctamente lo que trataba de decir. - ¡Ladrona!
Eso sí lo entendió.
- ¿Ladrona? - Que alguien la acusara de robar era lo único que le faltaba. - ¡Suelte mi bolso, señora!
Pero no importaba qué, la vieja no cedió.
Julia solo pudo quitarle el bolso al espolvorearle de sus propias migajas de pan en la cara con la otra mano, mientras la anciana trata de limpiarse agarra su bolso que es suyo y sale corriendo siendo perseguida después..
- Locos, todos están locos. ¡Aléjese de mí! - Grita.
Todo esto fue visto por oficiales de policía que no tardaron en detenerlas antes de que sigan perturbando la paz de la plaza.
- Buenas tardes, señora. ¿Qué es lo que está ocurriendo?
¿Señora? ¿Ahora le dirían señora?
- ¡Esa anciana quiere robarme el bolso y me está persiguiendo por todos lados!
Al tiempo llegó la recién aludida.
- ¡Oficial esa niña me robó mi bolso y me arrojó algo en la cara para obstaculizarme, tiene que detenerla!
- ¡No es su bolso, es mío! ¡A la única que hay que detener es a esa viejita ladrona!
- ¡Es mi bolso!
- ¡Es el mío!
El oficial de policía se vio obligado a callarlas al mismo tiempo. - Para saber de quién es el bolso solo es necesario abrirlo y ver lo que contiene, me llevaré detenida por hurto a la que esté mintiendo.
Ambas lo vieron bien, por eso Julia -Que sabía perfectamente todo lo que siempre llevaba en el bolso- se lo entregó con confianza al policía, que lo revisó de inmediato.
- Muy bien... Veamos... - Empezó a sacar objetos y conforme los nombraba los regresaba al bolso. - Mentas... agujas para coser insertadas en una esponja... un monedero de cuero... ungüento para los pies y dentadura postiza.
- Exactamente, ungüento para los pies y- ¿ungüento para los pies? ¿Dentadura postiza?- Vio la medicina en la mano del policía.
Luego se tocó el bolsillo, al notar que su teléfono estaba ahí entró en pánico.
En primer lugar porque el bolso no era de ella.
Y en segundo porque recordó que ella ni siquiera había llevado un bolso.
- Parece que tendrá que darme explicaciones sobre por qué estaba hurtando y tomó el bolso de la señora.
Julia sonrió.
- ¿Y si dijera que la dentadura es mía?
Por supuesto, no le creyeron.
(De vuelta con Daniel, luego de haber terminado de narrar)
- Y así fue como terminé aquí, llamándote a ti para evitarme tener que decírselo a mi madre, ¿No es maravilloso? - Sonrió, era el mismo tipo de sonrisa dulce que siempre hacía cuando quería que Daniel la salvara de un aprieto.
- Si solo fue la confusión del robo ¿Por qué estás aquí encerrada cuando se esclareció el tema y por qué te acusaron de haber agredido a una persona mayor?
Todo se resumía en una simple oración, muy descuidada:
- El policía vio cuando le metí el pie a la molesta señora para que se tropezara cuando se cayó, pero si pudo corretearme por todo el parque para quitarme su bolso dudo que haya pasado algo malo.
Daniel se frota las sienes.
- Como sea, ya pagué la fianza.
- ¿En serio? ¿Y cuándo podré salir? Esa mujer realmente me da miedo. - Indicó, haciendo alusión a la otra reclusa.
Daniel se levantó, sonrió tomando su chaqueta.
- Para que aprendas la lección hablé con los oficiales para que pases la noche aquí.
- ¡¿Que hiciste qué?!
Él hizo un ademán de despedida con la mano.
- Que pases buenas noches, prisionera.
- ¡Daniel!
Los oficiales evitaron que ella saliera tras de él y la regresaron a la jaula.
Realmente no había sido una broma, así que sus gritos no sirvieron de nada al final, allí pasó la noche.
La fría, rígida, dura e incómoda noche que pasó en la celda gracias a la maldad de Daniel fue un completo infierno, cada vez que abría los ojos veía a su acompañante de pie frente a ella, mirándola fijo como una psicótica y luego por miedo ya no pudo volver a dormir.
Y aun así debió estar presente en el trabajo a primera hora de la mañana porque así se lo había prometido a Allen, apenas teniendo tiempo suficiente para tomar un baño logró llegar con las justas, siempre bostezando y tropezando en el camino.
Porque realmente estaba agotada y no podía ni con su propia alma.
- Por la cara que traes adivino que resultaron mal las cosas. - Dice Allen como gesto de bienvenida, o más bien, de burla. - No me llamaste cinco segundos después para que fuera por ti porque ya te habías aburrido de estar ahí así que supuse que te fue bien, ¿Pasaste la noche afuera acaso?
Julia sonrió.
- Sí, pasé la noche afuera... En prisión.
La repentina confesión hizo que Allen se moviera tras ella hacia el interior del edificio, puesto que la había interceptado en la entrada.
- ¿En prisión? No me digas que alguien te denunció por acoso.
- ¿Realmente me veo como ese tipo de persona? - Pregunta, pero se retracta de haberlo preguntado cuando ve que Allen abría la boca para contestarle con toda la sinceridad del mundo. - No, mejor no me respondas.
De cierta manera resultaba gracioso, cómo las se habían arreglado de tal manera para joderle completamente el momento y hacerla vivir el peor momento de bochorno y desesperación que jamás haya vivido en toda su triste y solitaria vida. Lejos de parecer una damisela que buscaba al amor de su vida seguramente tuvo semejanza con alguna desquiciada urgida por casarse a sus casi treinta años de edad.
Y lo peor era que no había mucha diferencia entre ella y su yo actual.
Pero, justo cuando está por contarle a Allen lo ocurrido con lujo de detalles una presencia desagradable aparece de repente para estorbarle el día y empeorar su humor rabioso:
Melanie, la guapa y joven secretaria del vicepresidente que se paseaba por todos los departamentos buscando siempre la forma de joderla debido a sus celos por Allen.
- Y cuéntanos, pequeña mariposa... - Julia trata de no reaccionar al apodo, ¿Acaso nadie conocía su nombre que tenía que nombrarla de mil formas diferentes? - ¿Cómo te fue con tu CDC? Mira que a tu edad hacer eso es un poco... Wow, sí que tienes agallas, respeto tu valentía, parece que es lo único respetable que tienes en ti.
«Otra vez esta loca...» Julia tuvo que inhalar hondo, no podía meter la pata o ella iría directamente a llorarle al vicepresidente, a quien traía como a su mascota haciendo todo lo que decía.
- ¿CDC? ¿Es el nuevo código que usan las personas estúpidas y oportunistas? - Pregunta, viendo sus ojos afilados chispear de rabia. - Entonces explica lo que es, por supuesto que no conocería algo como eso, no soy tonta.
Melanie era como dinamita con la mecha encendida y a punto de gastarse: siempre explotaba rápido.
Sorpresivamente no fue así esa vez.
Más sorpresivamente, la vio sonreír y eso le dio escalofríos.
- No te preocupes, es entendible que alguien de su edad no conozca el significado de esas siglas, a veces olvido hablarle correctamente a las mujeres mayores. - Lejos de parecer respetuosa, aquello fue una completa falta de respeto. - Es obvio que me estoy refiriendo a tu cacería de citas, supongo que ya no te quedó de otra porque las mujeres como tú no salen ni como premio de sorteo.
''Cacería de citas...''
¿Cómo siquiera sabía ella sobre eso?
- No sé de qué estás hablando, al parecer oliste demasiado lo que usaste para oxigenarte el cabello que te afectó también el cerebro. - Responde, de manera disimulada pellizca a Allen, el único que sabía sobre el asunto y al que Melanie busca todos los días.
''Te juro que yo no fui, yo no le dije nada.'' Le murmura de regreso, pero Julia no le cree.
''El único que sabía sobre mi objetivo fuiste tú, ¿Cómo se enteró ella?''
''¿Cómo voy a saberlo, Julia?''
Ella lo pellizca aun más fuerte.
''La mujer se la pasa pegada a ti como una jodida garrapata ¿Y pretendes que crea que no fuiste tú? ¿Y si te leyó los mensajes que te dejé cuando te descuidaste?''
- Ya basta de murmullos, y deja de hacerte la inocente, Julia, porque te descubrieron. Lizbeth te vio tratando de ligar con su vecino, un hombre que es casado, en un parque. ¿Es que acaso has llegado a tu peor forma? - Dice con burla, viendo la mueca de Julia como a un premio de victoria.
- ¿Acaso no tiene nada más que hacer que vigilar los movimientos de otras personas a distancia sin que siquiera se den cuenta? Podrían denunciarla por acoso ¿Sabes? Deberías decirle que mejor ande con cuidado, podría esparcir rumores equivocados de nuevo. - La mejor manera para salir de la situación era seguir mintiendo descaradamente. - Para su información solo estábamos hablando de libros y hacer un club de lectura público.
Era obvio que Melanie no le creería.
- ¿Entonces por qué su esposa te golpeó? Incluso tomó fotos para dármelas como evidencia. - De inmediato sacó su celular, Allen fue el primero en arrebatárselo para mirarlas, entonces vio a Julia con intenciones de que se lo explique, pero ella le quitó el teléfono y se lo regresó a su dueña. - ¿O vas a negarlas también y pondrás excusas?
- Todo fue un malentendido muy molesto, las fotografías claramente están sacadas fuera de contexto. - Se apresura a explicar, estaba realmente nerviosa, pero no quería demostrarlo. - Al parecer la señora reventó de celos innecesarios y creyó cosas que no son.
Técnicamente la única ligando era ella, su esposo ni siquiera cuenta se había dado de ello así que no era más que una plática sobre libros eróticos.
- No te preocupes, porque soy una buena persona no se las voy a enseñar a nadie, siempre y cuando el lindo Allen me lleve a casa porque mi jefe me ha dado el día libre.
«Otra vez la mula al trigo.»
Ser la favorita del vicepresidente tenía sus ventajas, apenas siendo jueves ya le habían dado tres días libres consecutivos sin descuento de sueldo.
Allen hizo una mueca, pero Julia le ganó las palabras.
- Por supuesto que va a llevarte, él es tan servicial.
- ¡¿Qué?! ¡El vicepresidente va a matarme!
Ella tuvo que darle un codazo para que se callara.
- Va a llevarte a casa, quien sabe, tal vez también logres acercarte a él.
«Y dejarme en paz.» Le faltó decir.
Pero con lo que Allen la odiaba tendría suerte si no acababa en una gasolinera abandonada al otro lado de la ciudad, aunque el mundo daba mil vueltas, por lo cual no podía apostar que ocurriría así.
Melanie se mostró satisfecha, en seguida se colgó del brazo de Allen para llevarlo a rastras. - Por supuesto que lo hará, Allen no me desperdiciaría por una vieja treintona como tú así que no te creas tanto.
Julia finge su sonrisa, despidiéndose con un ademán.
«Veremos si piensas igual cuando tengas mi edad.»
- Si, si, como sea, espero que lo disfrutes y se la pasen bien... - Despidió, viendo a su amigo al que terminaba de vender a la mujer marcharse de mala gana también.
Y cuando la perra dio la espalda le sacó el dedo medio.
(***)
Para desahogar su frustración tuvo que ir al baño a lavarse la cara para terminar de despertarse o iba a cometer una locura.
Ya no aguantaba a Melanie, ni su mal genio ni tampoco no poder golpearla porque no quería terminar siendo echada de aquel trabajo infernal -Del cual ganas no le faltaban para renunciar-
Siempre era el mismo problema, no solamente con ella sino con todo el mundo.
El día en que repartió invitaciones en la oficina para su boda dijeron: ''Va a casarse porque está embarazada seguramente.''
Su madre fue la primera en decirlo el día en que presentó a Henry, al punto en que tuvo que someterse a diferentes tipos de pruebas de embarazo que salieran negativas para no tener que terminar siendo desheredada.
¿Servía de algo eso ahora que se había salido del negocio familiar y de todas maneras renunció a algo que era suyo por nacimiento?
También recuerda claramente a todos los que estuvieron allí para echarle en cara que su prometido la cambió por ''Algo mejor porque ella se había descuidado demasiado'' donde la desacreditaron para darle la razón él, y la gota que derramó el vaso era que ahora era conocida en toda la oficina -Si no que en toda la empresa- como la mujer que no logró quitarse la etiqueta de ''Soltera''
¿Y si todos se habían enterado de lo ocurrido a dónde podía escapar? ¿En qué tierra podría enterrar la cara para esconderse? No tenía escapatoria alguna.
Cuando regresa a su asiento tiene mala cara.
- Llevas pensando demasiado tiempo y ya empiezas a preocuparme, ¿Estás bien?
Julia tiene que girarse hacia Allen, quien parecía tener demasiado tiempo libre los últimos días.
- ¿No estabas llevando a la secretaria del vicepresidente a su casa? ¿Por qué estás aquí, Allen? - Arrugó el ceño de fastidio en cuanto su cabeza se asomó. - Creí que iba a ''Usar sus encantos joviales femeninos'' para que te acostaras con ella.
Allen rodó los ojos.
- ¿Echarme al alacrán del vicepresidente encima por una mujer? Aprecio mi vida más que eso, sabes. Además Melanie no es para nada de mi tipo, ni ella ni su voz de pato. ¿Dirá 'cuack' en lugar de gemir?
Julia se ahogó con su propia risa, debía admitir que escuchar a Allen diciendo aquello fue realmente gracioso.
- ¿No tienes trabajo que hacer? Estoy segura de que te asignaron mucho que hacer, hace nada estabas quejándote de eso en mi casa.
- Ya terminé los pendientes. - Responde, pero ella no se sintió sorprendida, pese a su carácter juguetón Allen era un trabajador diligente y eficaz. - Mi única misión es asegurarme que todos estén haciendo sus respectivos trabajos y que todo se encuentre en orden para la visita del supervisor.
- ¿El supervisor vendrá? ¿Ya es hora de que ese viejo cascarrabias venga?
Allen asintió.
- Parece que ha venido su hijo, se dice que ha tomado el mando hace poco porque había estado indispuesto antes, pero me suena más a que lo obligaron a aceptar.
- Es probable, así funcionan los negocios familiares a veces... - Ella mejor que nadie lo sabía. - ¿Pero por qué estás vigilándome solamente a mí cuando te pidieron vigilar todo el personal?
- Porque es más divertido presenciar la mala suerte que tienes, ellos estarán bien. - Dice como si no fuera nada, o como si ella fuera el espectáculo más gracioso del mundo. - ¿Por qué me miras así? Yo no fui la persona descuidada que se dejó fotografiar siendo golpeada por la esposa de alguien.
- ¿Y cómo iba a saberlo?
Allen rueda los ojos. - ¿No pudiste pensarlo al ver que se trataba de un sitio público? Por lógica. - Por supuesto que no lo había pensado. - Venga seguramente tampoco es para tanto, tampoco necesitas seguir haciendo esa cara constipada.
Julia no opinaba de la misma manera.
- ¿No fue para tanto? ¡He quedado como la imbécil más grande de todos los tiempos! ¡Una mujer me golpeó y fui a prisión por culpa de una anciana! ¡Soy una tonta!
- Bueno aquí no se desmiente a nadie.
- Gracias, eres realmeeente bueno consolando. - Responde sarcásticamente. - Realmente te odio, Allen.
Él se rió.
- ¿Es broma? Tú me quieres.
- Bajo tierra, sí.
- Auch. - Él se llevó la mano al pecho para fingirse muy ofendido, le hizo bastante gracia y terminó riéndose. - De todas formas todavía tienes mucho tiempo para encontrar a alguien, solo necesitas que sea tenga la habilidad de aguantar tus exigencias.
- Cállate, idiota.
Rodó los ojos, y Allen se rió.
- Deberías tratarme mejor, tuve que rechazar a una preciosa cita por cumplir tu capricho de ir a llevarte a ligar, ¿Sabes?
Allen le despeinó el cabello, como siempre, la trataba igual que a una niña. Pero sus palabras le habían generado cierta confusión que bordeaba a inquietud.
- ¿Cómo así? ¿Ya tenías planes ese día? - Cuestiona. - ¿Por qué no me dijiste nada? Pude haberme ido caminando al parque, Allen.
Él se encoge de hombros.
- No tiene importancia, ha sido cosa mía, no te lo dije.
Julia no pensaba quedarse con esa respuesta floja.
- ¿Por qué no?
Aprovechando el silencio -O más bien viendo que ella no se callaría- se acercó a ella y le levantó el rostro con los dedos en la barbilla para hacer que lo mirase a los ojos.
- Ibas a enojarte conmigo. - Fue su respuesta y antes de que Julia pudiera refutarlo siguió hablando. - Te hubieras enojado tanto que me borrarías de todas tus redes sociales y no me hablarías hasta que se te pasara el enojo, porque así eres tú, sueles ser bastante rencorosa. Habrías aparecido en mi casa con un par de tijeras para amenazarme con 'dejarme sin herederos'
No podía negarlo: Allen la conocía bien.
- ¿Entonces lo hiciste porque me tienes miedo?
Él lo pensó un poco antes de contestar, no era exactamente así.
- Lo hice porque no quería que me odiaras por no apoyarte, creo que me remordería en la conciencia luego. - Dice de repente, para nada la respuesta que Julia se estaba esperando de él. - Ahora deja de holgazanear y regresa al trabajo, niña tonta.
Julia reaccionó con el pequeño golpecito en la frente que recibió, aquel comentario de Allen había sido realmente peligroso para su corazón.
- ¡Tú eres el único que holgazanea aquí, idiota!
Él solo se rió y la dejó regresar al trabajo.