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¿Cómo conocí al idiota de mi ex?

¿Cómo conocí al idiota de mi ex?

Autor: : Maya Briceño
Género: Romance
¡Hey!, ¡Tú!, si tú, lindura, soy Max Rivas, mucho gusto, mi vida era de lo mas... relajante, si se le puede decir, obviamente, soy una chica normal pero también con un lindo carácter. Mi vida da un giro todo loco un lunes por la mañana - lunes malditos para mi- cuando llegaba tarde al instituto... esa mañana creí morir, ¡Por un pedazo de espermatozoide en motocicleta!

Capítulo 1 Prologo

Miércoles, 25, Abril, 2018.

Caminaba sin rumbo por los pasillos de la Universidad, solo observaba el piso de cerámica blanca, suspiro pensando que llegare tarde a mi clase de informática como siempre pero debía darme prisa si no quería recibir un sermón bello de eso que te dan y te hacen sentir mal. ¡¡Chicos!! La universidad no es fácil, esto no es el instituto no es nada parecido a la educación en Venezuela, nada comparado.

Estoy a nada de rendirme, a dejarlo todo y regresar a casa con mi madre y mis hermanos, tal vez no me siento preparada para enfrentarme a una vida de adulto independiente, esto no es nada parecido a las películas que solía mirar con Liliana cuando estábamos aburridas sin hacer nada.

Estaba por cruzar el pasillo a mi clase cuando siento un brazo rodear mi cuello haciendo que le diera un codazo en el estómago por el susto que me provoco el chico, obvio que era un chico, uno que conozco hace poco tiempo.

-Vuelves a asustarme así y el golpe te lo daré en otra parte, niño rico - el chico se quejaba y reía a la vez mientras tocando su estómago.

Llevaba un año en España y unos 7 meses estudiando en esta universidad la carrera que combinaba bien con mi talento en el dibujo, aquel chico al cual termine apodando "niño rico", era un amigo que conocí dos semanas después de ingresar.

-Maxi, golpeas como niño, ¿cómo fue posible que tuvieras novio? - me mira aun quejándose por el dolor, siempre exagerando las cosas.

- Lo mismo decía mi mejor amigo - reí con nostalgia.

- Sigo curioso, Maxi, ¿Podrías contarme un poco de tu pasado? - pregunta curioso; este chico se había vuelto un gran amigo desde que lo defendí de la típica chica de novelas, desde entonces es una garrapata pegado a mí, tenemos un amigo en común, como si fuera poco nos llamaban "los tres mosqueteros" en toda la universidad. -Entonces, ¿Es un sí?

- ¿Quieres saber? - asiente ante mi pregunta. - ¿Cómo conocí al idiota de mi ex? - pregunte de nuevo, pensé un poco mis palabras y empecé a recordar cómo fue que lo conocí - Mi vida antes de conocerlo a él... era diferente, pero mi vida después de conocerlo tomo líneas diagonales, para ser más clara, él casi me atropella con su moto...

Capítulo 2 ¿Cómo te llamas

Lunes, 6, octubre, 2014.

El ruido de una moto se hace escuchar, la ansiedad y el miedo se entierran en mi pecho, un chico acostado en el pavimento frió, los fuegos artificiales decoran el cielo nocturno mientras mi boca se seca, mis manos llenas de sangre fresca y mis lágrimas mojando mi rostro.

Me encuentro sentada en mi cama mirando un punto fijo perdiéndome en mis pensamientos, había tenido una pesadilla, parecía que quería advertirme de algo me pasara, no sé si ahora o dentro de meses pero aquello hizo que me despertara y no me dejara pegar ojo en toda la santa noche, mientras que mi perro no deja de ladrar, él no se mueve pero de igual manera no deja de ladrar.

- ¿Qué pasa, Puppy? - le pregunto a mi peludo amigo, resignada miro la hora. - Santísima virgen de la papaya.

¡Llegare tarde!

Corro por toda la habitación hasta ponerla patas arribas. Bajo las escaleras hasta llegar a la salida, pero un ladrido me detiene.

-Está bien, está bien - corro a la cocina, abro un gabinete y saco la bolsa de comida para perro y le sirvo en su taza para luego irme.

Miro mi reloj que marcaban las 6 y 48 a.m. Yo jamás he llegado temprano al instituto, jamás en mis 15 años de vida, jamás lo que es jamás y nunca.

<< Todo eso es mentira, siempre llegas temprano>>

Calla conciencia - Me vengare de mi hermana por no despertarme.

Como siempre.

Me detuve en la esquina de esa calle, mire el camino de al frente, el cual siempre tomo cada mañana, son 10 cuadras y con el tiempo que llevo no creo que llegue, a no ser... Giro a la derecha, me acomodo la falda del uniforme, el bolso en la espalda y empiezo a correr, es un atajo que tomo en momentos de desesperación, solo tengo que pasar un mini puente, dos canchas y tres cuadras, solo en caso de emergencia empiezo a correr, porque yo no soy para nada atlética ni muy fanática del deporte.

Ya pasando por el puente, sin darme cuenta que pasaba una motocicleta roja, caí sentada por alto reflejo, el motorizado frena de una quedando frente de mí y se quita el casco que tapaba por completo su rostro.

- ¡Mira por donde conduces, espermatozoide! - le grite, si lo sé, es un insulto poco común. Entonces lo vi, un chamo guapo, rubio de ojos azules como el cielo, al menos no es un tipo de barrio todo feo, aunque hay chicos de barrio que no son tan feo.

-Pero que tenemos aquí... lindas piernas, soy Raúl, ¿Cómo te llamas?

Guapo pero...

-Pervertido - susurre, ¿Por qué todos los chicos que conozco son así? - Pero que ni...

No termine la frase cuando me doy cuenta de la hora en el reloj de mi muñeca, me levanto del suelo agitada.

- ¡Llegare tarde!

Y si ¿corro? capaz y ni llego, ni me dejan entrar. Vale, ya, cálmate.

Miro que el chamo va avanzando, pero que hombre más caballeroso.

Que se note el sarcasmo.

- ¡Oye, Raúl!

Él voltea y se detiene, no puedo creer lo que voy a decir.

- Llego tarde... - vamos se ve buena gente, es que en Venezuela cualquiera puede secuestrarte - ¿Me puedes llevar al Instituto miranda?

Saca otro casco y me lo lanza - Bienvenida a bordo, desconocida... eres la primera chica que se sube, eh -dice y me monto.

Espero que no sea un secuestrador, asesino, violador o lo que sea.

- Deja de temblar, no soy nada de eso.

¿Lo dije en voz alta?

¿En qué momento empecé a temblar?

Después de 3 minutos de muerte que para su información yo jamás en mis 15 años he subido en una moto y no es para exagerar, me bajo y camino a la entrada cuando estoy a punto de llegar.

- ¡Oye, guapa! - Volteo y él llega hasta a mí - El casco - dice y me lo quita, en este momento de seguro estoy como un tomate, ahora que me acuerdo no le he dicho mi nombre.

- Soy Max... - le doy la mano - Gracias... por traerme - termino agradeciéndole.

- Fue un verdadero gusto, Max - estrecha su mano con la mía, camina y se monta en su moto para después arrancar.

Tocan el timbre de entrada y entro corriendo a mi nuevo salón de clases.

Hace dos semanas comencé el nuevo año escolar, nuevos alumnos, nuevos profesores, nuevas materias como por ejemplo pre-militar...

Pero... No dejo de pensar en el supuesto secuestrador, aunque él dijo que no lo es...

Una voz me despierta de mis pensamientos... ¿En qué momento llegue al salón?

- Rivas, llegando tarde como siempre, y apenas es comienzo de año - ese, es el profesor Noah, el que da inglés.

- Buenos días, mm, ¿Puedo pasar? - me mira y asiente mientras sigue hablando sobre el plan programático del primer lapso.

Entro y me siento en mi puesto de siempre, pero me encuentro con un chico nuevo que no he visto en el primer día de clases.

De regreso a casa, termino por tomar otro camino para ir al trabajo de mi padre, cruzo la avenida y entro por un callejón paso por dos puertas y a la tercera entro la cual me dirige a una cocina de un restaurante de 5 estrellas - no es para exagerar - el jefe o dueño que es la misma cosa en mi opinión, es mi padre.

Saludo a los empleados y me encaminó a la oficina de mi papá, pasó por la cocina y luego entro al pasillo al final hay una puerta y la abro.

- ¡Hola pa!... Bendición - digo entrando y cerrando la puerta. - Hola Maxi, Dios la bendiga.

Murmuro un amén.

Mi padre no despega la vista de la pantalla del computador. - ¿Cómo te fue en el instituto? -me pregunta.

Bueno casi me atropella un motorizado que al parecer es un secuestrador, pero no tiene cara de ser uno ya que me llevo al instituto por qué llegaba tarde como siempre y todo gracias a tu hija menor Liliana que no tuvo la idea de levantarme como es debido.

Pero claro que no le voy a decir eso.

- Como todos mis lunes - se ríe, me senté en la silla del frente a su escritorio, cuando de repente la puerta se abre para mostrar a la nueva cocinera. - Zorra... - susurré entre diente.

¡Esa tipa me cae mal!

Gritó para mis adentros.

- Max, ¿Dijiste algo?

- Nop - le muestro mi cara de inocencia pura. - Señor, lo necesitan en la cocina.

Dice la tipa que me cae mal desde el momento que entró a este restaurante, ya dije ¿Que la odio?

La tipa sale.

- Bueno, me voy - papá asiente y salgo encontrándome con la tipa esa en el pasillo.

- Se puede saber ¿Qué haces? - le pregunté de mala gana.

- Nada - responde y se va, volteo y vuelvo a entrar a la oficina.

- ¿Qué pasa?, Maxi - me pregunta mirándome entrar.

-Si alguna vez, no sé, unos de tus empleados me cae mal, pero mal de los males, ¿La despediría? - muevo un poco mi cabeza.

- Si, si te hace algo... ¿Por qué? - pregunta.

- Pues hay una personita que me cae mal y se ha metido conmigo en muchas ocasiones.

Él se levanta y salimos de la oficina.

- Me dices si se vuelve a meter contigo y estará fuera de este lugar antes que cante el gallo - me abraza. - Vale...

Camino a la salida pero por error salgo por el enfrente debe de por atrás del restaurante.

Saludo a los meseros y uno se me acerca, se llama Marcel, es moreno y tiene unos ojazos café verdosos.

Lástima que está por los 20 y pico, sería algo ilegal tener algo con él.

- Maxi, ¿Vino almorzar? - me pregunta y niego. - Hoy no, pero gracias - muevo la mano y camino a la salida cuando siento que alguien me mira, volteo y me encuentro con unos ojos conocidos...

¿Qué hace el desconocido aquí?

Trago saliva y lo veo sonreír.

Salgo como alma que se la lleva el diablo del restaurante, el cual se llama "La Casita De Maxi, Mili y Ana".

Camino y me quedo mirando la motocicleta roja del supuesto secuestrador, me agachó y la admiro, un hermoso Harley Davidson.

¿Cómo que sé qué marca es?

Pues, eso es gracias al taller de mecánica que tengo a lado de mi casa. Llegó a mi casa cansada de caminar y un calor gracias a la pepa de sol que hace y con una sed horrible. Me quedo parada en frente de la puerta de mi casa, de la nada empiezo a tocar mis bolsillos, me empiezo a alarmar y busco en el bolso y nada de nada.

¡¿He dejado las llaves adentro?!

Dios, llévame contigo.

Me pegó repentinamente la cabeza con la puerta, me senté en el escalón, pensando a qué hora llegará mi hermana y de seguro llega a la 5 de la tarde y yo tengo hambre encima es medio día.

¡Quiero llorar!

Miro para un lado y me da una grandísima idea.

¡La puerta trasera!, ¿Por qué no lo pensé?

Le doy la vuelta a la casa, abrí la puerta del patio, entro, cierro al llegar empiezo a mover la Manilla de la puerta como maniática y nada - ¡PUPPY!

Grito y me vuelvo a sentar en el escalón de la puerta.

- ¿La maldición de los lunes? - pregunta una voz masculina, volteo mi cara a la izquierda y miro a Sam, mi vecino, un chamo de 18 años, ojos como el café con leche y cabello negro y liso, hermosa sonrisa y...

- Mi mejor amigo... - susurro levantándome del lugar.

- No me digas que dejaste otra vez tus llaves - afirma y bajo mi cabeza.

- Si~ - respondo al borde de morir.

-Ven, mi vieja se alegrará de verte. - dice y corro para pasar la reja que divide nuestros patios. -Vieja, adivina, ¿quién llegó? - entramos a la cocina.

- No estoy para tus mamaderas de gallos, Samuel Antonio - Exclama toda amargada. - Ahora, ¿qué le hicieron?, doña.

- ¡Ay! - me mira alegre - Mi pequeña Power Ranger - dice bien alegre, lo sé, soy su preferida.

Sam se pega con la mano la cabeza.

- ¿Enserio?, ¿Te alegras con Maxi? - pregunta y me señala con ambas manos. - Prefiero mil veces que Maxi sea tu novia a que lo sea esa tal Veronia -lo señala con el cucharón de madera.

- Es Verónica, vieja - se defiende.

- Otra vez dejaste las llaves, muchachita - afirma mientras ignora a su único hijo.

- Como todos los lunes, doña - pero esta vez fue diferente, Sam se había sentado en la silla de la isla que tiene el mesón. - Muy típico, vayan arriba, después los llamo para almorzar, Maxi - nos corre de su cocina.

- Eres todo un amor, Doña Guerrero - río mientras subo las escaleras.

- Ya ha pasado 10 años, y aun así la sigues llamando así - habla Sam subiendo las escaleras delante mío para ir a su cuarto y debo admitir que tiene un buen trasero, el condenado ese.

Nada del otro mundo, muchachos.

- Bienvenida a mi cueva como todos los lunes - señala su cuarto con sus brazos en el aire y se sienta en la silla giratoria de su escritorio que tiene una computadora y un sonido, me siento en su cama como de costumbre.

- Así que... - me mira- Ya le presentaste a Veronia -frunce las cejas molesto - Bien... Verónica. -suspira.

- Ella quería que le presentará a mis viejos y pues como ya viste - hace un además con la mano. - Al parecer a la doña no le agrado - hago una mueca y miro para otro lado.

- Ni a mí... -susurro.

- Correcto... Y te escuché - me río - Ahora dime, que con esa cara tú no me engañas, me huele a que este lunes fue muy fuera de tu rutina - entre cierro mis ojos y lo veo, me acomodo aún más y cruzo mis piernas como un indio.

- ¡Me viste!

Le señalo.

-Iba de camino al mercado, tenía que ayudar al viejo y...

Me señala.

- ¡Oye!, No me cambies de tema, Maxi - suspiro vencida.

Todos me dicen "Maxi" por cariño, es que no entiendo por qué a mi propia madre se le ocurre ponerme Maximiliana Stefania Rivas Moreno.

Estúpida novela donde el personaje se llama "Maximiliano".

- Bueno - lo miro, no me ha quitado la mirada del cima, volteó los ojos - Tuve algo así como accidente con un motorizado, era todo bello... pero resultó mongólico como todos los chicos que conozco - Sam asiente para que continuará - Estaba corta de tiempo y pues... le dije que... Que me llevará al Instituto.

Sam abre los ojos exageradamente y me tira una almohada en la cara.

- ¡¿Te volviste loca?! ¡¿Es que no sabes en qué país vivimos o qué?! - gritando se para y vuelve a agarrar la almohada para volver a pegarme - ¡¿Y si te robaba?! ¡¿Y si te violaba?! - grita.

- ¡Basta, estúpido! -lo detengo - Se ve buen chamo - me vuelve a pegar.

- ¡No me digas que lo ves, ¿Eres pendeja o qué?, Maximiliana! - vuelve a gritarle y pegarme con la almohada, me protejo con mis brazos utilizándolo como un escudo.

- ¡Claro que no!, hace rato lo vi en el restaurante- me mira y se sienta en la cama con una pierna doblada y la otra arriba de esta.

- Maxi... - asiento para que siga - Este chico... -suspenso- Es un acosador -termina y me vuelve a pegar con la almohada.

- ¡¿Pero cuál es tu obsesión con pegarme, animal?! - le quito la almohada.

- Si te llega a pasar algo, te juro que lo busco por tierra y mar y lo mato - mueve su mano izquierda señalando.

- Como si lo fuera a ver otra vez... - niega.

- Que inocencia - sigue negando y me pega con otra almohada.

- ¡Oye!

- ¡¿Creías que no tenía otra?! - me grita.

Mañana de seguro amanecemos con la voz ronca.

- Oye - me mira - Tú crees que... ¿un chamo como él, se fijará en mí?

Él se acerca, yo no me muevo, pone sus manos a los costados de mis rodillas.

- Ahora resulta que dudas de tu belleza - sonrió nerviosa - Tú crees que ningún hombre quisiera cogerte, ¿Verdad?

Abro mis ojos y dejó de sonreír - Por Dios, no ves que tienes un cuerpo de 20 - se aleja dando palmada en la frente.

- No si - me mira - ¿Qué?, ¿t-tú quieres coger conmigo?

Él mueve sus cejas - ¡Ah!, ¡Marrano cochino! - grito y le pego en la cabeza con la almohada poniéndome de rodilla en la cama.

- Ya, tonta - paro.

- ¿Qué?, cochino - pregunto.

- Por favor, soy tu mejor amigo, jamás cogería contigo - entre cierro mis ojos, dejó la almohada de lado, pongo mis manos para sostenerme en la cama y me le acerco. - ¿Q-qué? - Balbuceo y le lamo el cachete izquierdo - ¡Ah!, ¡Puerca!

Me grita y se para, alejándose de mí, me vuelvo a sentar y lo miro.

- El paquete se va a explotar, animal - expreso señalando su miembro.

Se sonroja más no se avergüenza.

Que sinvergüenza mi amigo.

- Sigo sin entender que no tengas amigas - habla y me cruzo de brazo - ¿Por qué será?, ah sí, ¡Porque eres una maniática! - me grita otra vez.

- ¡Deja de gritarme! - le grito.

- ¡El almuerzo está listo! - grita la doña.

- ¡Ya vamos! - gritamos al segundo...

¿Quién diría que el destino nos uniría en aquel puente?

Capítulo 3 Hoy por ti, mañana por mí

- Plaza Bolívar -

04:50 p.m.

Los tres chicos me miran.

Qué para joder el momento son guapos.

Esta tipa sabe conseguir buenos partidos pero ¿Por qué no se quedó con uno?

<> - opino mi conciencia sucia.

Apenas los conozco y ya tengo sus números de teléfono, para cuando tenga teléfono poder agregarlos, al fin amigos guapos, claro Sam no se queda atrás y sobre todo es mi mejor amigo.

En eso llega él y la tipa, el forzando su mejor sonrisa y ella falsa.

- ¡Sam, por aquí! - sonríe al verme.

Obvio que todos se alegran al verme, menos ella, menos mal que los chicos están de espalda o sino escapa.

- Oh, Veronia - finjo sorpresa. - Oh, Maximiliana - saluda falsa como siempre.

- Querida, te quiero presentar a unos nuevos amigos - ellos voltean y se sorprenden, Sam se puso a mi lado. - Sam, ellos son... Leonel o mejor conocido como Leo, el que la invita a salir.

Lo señale como si fuera un producto, él es moreno, alto, pestañas largas, ojazos verdosos, cabello negro y tiene lo suyo, un cuerpo cultural, y no olviden su trasero bien redondo.

¿Quién dijo que nosotras no vemos traseros?

- Él, es Logan, el de los besos.

Catire, ojazos café claros, buen cuerpo, con pecas y unos hoyuelos de infarto también con un trasero envidiable.

¿Pa´ Cuando yo?

<> - exclama mi conciencia que nunca se calla.

- Y este bombón, Emilio con quién tiene relaciones íntimas.

Cabellera negro, ojazos azules cielos, sonrisa colgante y bueno ya veo por qué con él tiene relaciones.

Veronia me mira con rabia que se le nota por toda la cara de lo roja que esta.

- Chicos, él es Sam, el banco - no voy a describir a mi mejoro por qué ya sabemos que está hermoso. Todos se miran y Veronia aún enojada conmigo. - Ah se me olvidó, y ella es Veronia, digo, Verónica, ya todos se conocen.

Sonrió feliz, mi venganza es sencilla y simple pero...

- Ahora nadie saldrá contigo, ya que sin querer difundí tu foto por las redes sociales revelando lo que eres, perdón por eso - no sé por qué tengo tantos seguidores en mis redes sociales si solo ayudo en el hospital y a los más necesitados en una fundación.

- Me las pagarás, niña estúpida, no sé qué le vi a este pendejo - dice frustrada y furiosa. - Pendejo y todo, pero así lo quiero, así que no te metas con él o si no te las veras con mi puño - dije a punto de golpearla si no fuera porque Sam me tiene agarrada de la cintura para no matarla, ella solo se va.

- Gracias por avisarnos que nos engañaba - agradece Leo.

Sam me suelta para después poner su brazo en mis hombros, se le ve tranquilo.

- Y yo pensando presentarla a mis padres - habla Logan, tanto Leo como Emilio asienten dando la razón. - Pero resulto ser esa típica chica interesada - suspira Emilio.

- Pero gracias a Max, supimos cómo era en realidad, ¿Verdad? - pregunta Sam, todos asiente. - Gracias, pequeña Max - dijeron al unísono.

- No tienen por qué... - me abrazan de la nada apretando mi pequeño cuerpo - ¡Odio los abrazos! -grite mientras ellos seguían abrazándome y riéndose.

6:45 p.m.

El cielo se estaba oscureciendo al paso de las horas y de mi caminata por las calles del centro todo desierto como era típicamente a estas horas de la tarde.

Todos regresaron a sus casas, Sam se fue al mercado a ayudar a su padre y yo de camino a mi casa.

De repente veo a un sujeto sospechoso caminar a mi dirección y un mal presentimiento inundó mi pecho y mente, doy la vuelta para regresarme cuando otro tipo también sospechoso camina en mi dirección, miro al otro lado de la calle y veo a otro sujeto.

El miedo ya lo tenía instalado en mi corazón que latía sin parar.

Aquí fue.

Aquí me morí.

Sin pensar dos veces la situación en la que estaba mire hacia atrás y corrí al callejón, cuando llegue al final de este, resultó ser un callejón sin salida, una reja de alambre me impedía el paso.

El callejón estaba oscuro solo un faro que cada cinco segundos se apagaba y encima de que no alumbraba un pepino.

Aquellos tipos llegaron hasta estar en frente de mí.

- Que linda niña tenemos aquí... - dice uno de ellos con la voz ronca que me dio hasta escalofríos. - ¿Quieres jugar un rato con nosotros?, linda - pregunto otro más bajo, trague saliva, me pegue más a la reja queriendo desaparecer y estar en mi casa con mi familia.

Cuando veo que se acercan más a donde me encuentro, veo mi fin.

Pero como si Dios escuchará mis súplicas, llega una moto por encima de nosotros como si todo esto se tratara de una película de acción, que cliché.

La luz de la moto no me deja ver a mi salvador.

- El único que jugará con ustedes seré yo, imbéciles - escupe con enojo el motorizado, su voz era gruesa y algo familiar...

Con lo oscuro que se veía el callejón y con el intento de faro, no podía ver con detalle al hombre que me salva de la situación que me metí.

-Muchachos, encargado del tipo, yo me encargó de la niña-hablo el sujeto de voz grave, empecé a temblar de los nervios, que injusticia.

Los dos sujetos se acercaron al motorizado, la luz de la moto se apaga y el hombre se acerca a mí, mi fin, aquí fue.

-Tranquila, princesa, pasara rápido - mis nervios se apagaron al escuchar el princesa. - ¿Acabas de llamarme princesa? - Pregunté molesta, los tres que estaban peleando miran la escena - Mira hombre, yo no cargo absolutamente nada para que me estés robando y si eso no es lo que quiere búsquese una puta que lo complace en lo que sea.

Debía callarme por que daba paso rápido hacia mí, me tomo de los hombros haciendo que los nervios se activaran de nuevo, cerré los ojos con ganas de que todo se terminara pero solo se escuchó un cuerpo caer.

Abrí los ojos, y los tres sujetos estaban tirados en el suelo jadeando, mire al desconocido Salvador con un tubo de metal en mano, se quitó el casco y me lo tiró, lo tomé aun forzando la vista.

- Vamos, te llevo a casa - lo escuche más claro y cerca. - ¿Raúl? - asiente, me acerco rápido a la moto y veo que aprieta una parte de su brazo derecho.

- ¿Te hizo algo? ¿Te lastimaron? - me pregunta y niego. - Y tú... - lo veo sonreír con la poca luz.

- Tranquila no es nada grave... - él está a punto de montarse a la moto pero me subo primero, veo que los sujetos siguen en el suelo, al parecer inconsciente. -Siguen vivos... por desgracia... ¿Ahora manejas?

Vuelve a preguntarme, me pongo el casco y lo miro.

-Estas herido... - muevo un poco mi cabeza - y... gracias... por salvarme.

Termine de decir en un susurró.

- Hoy por ti, mañana por mí...

Dice y lo miro sonreír.

¿Quién diría que él salvaría mi vida en ese mismo instante?

- Raúl Owen´s -

Me encontraba saliendo del taller de un tío padrino, ya que mi moto se me había accidentado y por pura coincidencia de la vida delante del Instituto de la castaña de ojos azules, y ayer justamente ayer la había visto por primera vez.

Y por cosa de la vida la volví a ver en un restaurante que acostumbro ir con mi hermano Richard, 4 años menor que yo.

Y hoy fue en el Instituto, vi cómo se sorprendió y a la vez se ponía nerviosa, ya estará pensando que soy un secuestrador y me da algo de gracia.

Me río por sólo pensar en eso.

Aunque aún estoy molesto por otra cosa, mi madre, ella quiere que tenga una novia, que ya estoy lo suficiente mayor, que a esta edad ya debería estar casado y todo eso.

Contare un poco de mi vida.

Tengo 22 años, hace un año me gradué de medicina y ahora me encuentro trabajando en un hospital para poder pagar mi otra carrera, la cual comencé hace 4 meses que es ingeniería industrial dejando de lado la medicina.

Vivo sólo y mi familia está conformada por mi madre, hermana mayor, mi hermano menor y mi abuela materna.

Creo que con eso es suficiente información.

Detengo la moto al escuchar que algo le falla, miro la calle desierta del centro, siempre a estas horas está así.

Me acomodo para volver a prender la moto que se había apagado pero me detengo al escuchar algo moverse con desesperación. Volteó a mirar a una chica que está siendo acorralada por tres tipos.

- Malditos ladrones - susurro.

No lo pienso dos veces y miro como una rampa, prendo el motor que por arte de magia prendió y conduzco rápido hasta llegar al callejón sobre pasando la reja dando un giro al tocar suelo, algo que me recuerda a mis tiempos de motocross.

Todo paso rápido en cuestión de segundos.

Los tres tipos quedaron en el suelo inconscientes, por desgracia.

Me di cuenta de que la chica a quien salve era Max.

Eso es imposible de qué fuera una coincidencia.

- El destino te tiene preparado muchas cosas al toparse con una joven adolescente de ojos castaños claros, querido nieto - me acordé de aquella frase que me dijo mi abuela una semana antes.

Llegamos a una casa naranja de dos pisos, jamás había venido por estos lugares.

Tuve que ayudarla a conducir por suerte no matamos a un pobre perro, apaga el motor y la miro confundido.

- Nadie está en casa a estas horas. Así que ven... para curarte, obviamente - dice bajándose de la moto con la llave de esta.

Estaciono bien la moto bajando el soporte principal.

Me bajo y la sigo a la puerta.

- Soy médico, puedo curarme sólo - me mira sorprendida.

- Max Rivas -

¡El supuesto secuestrador es médico!

No puedo creerlo.

- Me estás haciendo una broma, ¿Verdad?, que sólo vas a entrar a mi casa a robarme y todo, ¿No? -él sólo se ríe.

Abro la puerta y lo dejó pasar.

- No estoy jugando, Max - aclara - En serio, ¿te llamas así?

Tan bien que andaba la conversación.

- No... - me mira esperando que prosiga, cierro y la puerta y suspiro. - Mi nombre es Maximiliana - lo veo parpadear con un intento de no reírse - Nombre poco común, lo sé, es culpa de mi madre y sus chicos de telenovela.

- Entiendo... - se muerde el labio inferior. - Bueno, ya regresó, "Doctor" -digo sarcásticamente. - Ve tranquila - entre cierro los ojos y subo las escaleras al llegar al segundo piso lo escucho estallar a carcajada limpia.

- Genial...

Entró a mi cuarto y me cambio por mi pijama, una camisa de los leones de Caracas y un mono de algodón largo hasta el piso que tengo que amarrarlo para no usarlo de coleto, me hago un moño todo rápido. Busco el botiquín de primeros auxilios, no pregunté por qué tengo uno.

Salgo y bajo las escaleras, entro a la cocina y tomo un limón y un cuchillo.

- No - grito de los nervios y me volteó rápido asustada. - ¡¿Me quieres matar del susto?! - le grite. - Perdón... - se ríe, cuanta piedad de mí.

- Siéntate - Mira el limón. -Limón no, no te vuelvas loca - dice. - ¿En serio? - asiente - Cobarde.

Dejó el limón y cuchillo de lado. Me pongo a su lado revisando el botiquín y lo miro quitarse la chaqueta dejando ver la camisa de esta mañana.

Tiene unos brazos bien trabajados de esos que no puedes dejar de ver.

Todo chico tiene lo suyo.

- ¿Vas a comenzar o qué? - ¿en qué momento me le quede viendo cómo una fan mira a su ídolo?

Me acerco y veo la herida.

-Horrible, horroroso, espantoso...

- Con ofender no se cura, Max... y deja de hablarle a la herida - le miro a la cara y se encuentra muy cerca, me alejo. Sacó el alcohol y el algodón - Oh no...

- Oh si, deja de quejarte, pareces un niño de 4 - le limpió la herida y se empieza a quejar como si de verdad fuera un niño.

Agarró la garza y se la pongo, después tomó el rollo y le vendo el brazo. Esto es lo bueno de aprender primeros auxilios.

- Eres buena para ser novata - me felicita o eso creo. - De nada, doctor, ahora identificación - bromeó y el saca su cartera mostrándome su carnet de hospital y sus dos cédulas, la venezolana y la extranjera. - ¿Eres extranjero?, en serio, ¿También medico?

- Emm, sí y si, dato curioso, soy español - lo miro sorprendida.

Ese momento donde no sabes cómo reaccionar ante tanta información.

- Ahora que ya sabes de mí y al parecer estamos entrando en "confianza" - me mira analizando, meto todo las cosas en la caja algo nerviosa - ¿Quién eres?

Lo miré analizando la pregunta - Soy una chica normal y corriente, estudiante promedio y soy buena niña.

- ¿Buena niña? - levanta la ceja, asiento cerrando la caja - Entonces... me podrás explicar que hacías en un callejón sin salida a punto de ser "violada" por tres tipos, ¿No?

En cuanto dijo aquello se abre de golpe la puerta de la cocina que da al patio trasero.

- ¡¿Cómo que estabas por ser violada?! - por el Dios de la mala suerte. - ¿Tu novio? - preguntan ambos señalándose.

¿Es en serio? Por qué no entendí.

- No y no. ¿Y cómo entraste?

- Eso no se pregunta, o sea, me ofendes, por el amor a Dios, soy tu mejor amigo, conozco a toda tu familia y me vienes a decir que ¿Cómo carajo entre?

Le doy la razón.

- Volviendo al tema, ¿Quién eres tú?, ¿Y quién es él? - vuelve a preguntar, mientras cierra la puerta y camina hacia donde nos encontramos Raúl y yo...

20 minutos después.

Le conté lo sucedido pero con Raúl en la cocina y nosotros en la sala.

Este pendejo que tengo por amigo agarra un cojín del sofá y me pega.

- Eres pendeja, ¿Cómo se te ocurre irte a pie por el centro todo desierto después de la 6?, estúpida - susurra volviendo a pegarme, agarró un cojín y le regresó el golpe. - Y me decías que él podría ser un secuestrador, pero resulta y acontece que es médico - susurró pegándole más con el cojín.

Me gusta la decoración que tiene el cojín.

- Por lo menos va por buen camino, ¿No crees? - susurra preguntando y regresando el golpe el doble haciendo que termináramos en una pelea. - ¿Ya terminaron de susurrar sobre mí? - escuchamos y paramos viendo a Raúl recostado al marco de la puerta a la cocina.

- ¿Desde hace cuánto estás ahí? - pregunto acomodado mi cabello. - Desde que empezaron a susurrar y pegarse como niños - responde serio.

Sam se aclara la garganta y camina hacía Raúl.

- No nos hemos presentado, soy Sam y te agradezco por salvarle el trasero dos veces a mi pendeja amiga - se estrechan la mano.

- Soy Raúl y no hay de que, fueron pura casualidad de la vida - me cruzo de brazos viendo como establecen una conversación de hombres, y yo viendo la diferencia de estatura y edad, todo normal. - De ahora en adelante, Raúl se ocupara de llevarte y traerte al Instituto - habla de repente. - ¿Qué?

- No suena mal, puede que te pase algo otra vez, quien sabe, no hay que arriesgarse - miro a Raúl.

¿Este está de acuerdo con esto?

Sam apena lo conoce y ya le tiene confianza, tengo que pensar con la cabeza fría.

- O sea, ¿Mi transporte personal? - ambos asiente. - Sam, ven acá.

Se acerca y le pego con el cojín y le pateo el trasero.

Tuve un tiempo en karate.

- ¡Auch!

- ¡Auch de mí! - le grito - Eres pendejo, ¿Verdad?, menso - le pego unas cinco veces más.

- Es... por... Tu... bien... - decía en cada golpe. - Bueno... gracias, nos vemos mañana - se despide Raúl tomando su chaqueta y sus llaves.

- Chao... - decimos a la vez. - Se ve que es un buen muchacho - dice mirando la puerta y se cruza de brazos.

- ¿Hasta ahora lo vienes a decir?

No puedo creer que sea mi mejor amigo de hace 10 años, que amistad me gasto yo.

3 semanas después.

Miércoles, 29, Octubre, 2014

Se escuchan golpes fuertes en mi puerta, y la única que toca así es mi hermana.

- Max, un chico catire te vino a buscar - me cambio de posición y sigue tocando mi puerta - ¡Max!, ¡El chamo se llama Raúl! ¡Dime! ¡¿Es tu novio?!

Me grita aún más fuerte, me muevo rápido despertando de mi "supuesto sueño" para salir de mi cama pero choque con la pared.

¿Desde cuándo mi cama está pegada a la pared?

Me volteo a la izquierda y salgo de cama con unos cuantos mechones de cabello tapando mi vista.

Camino, abro y cierro la puerta de mi cuarto encontrando a mi hermana.

- Oye, ¿No me vas a responder?

Lili viene atrás de mí, bajamos las escaleras y ahí estaba él, jugando extrañamente con Puppy.

- Lindas piernas - halaga, me arreglo los mechones arrepintiéndome de haberme puesto shores cortos.

Y pensar que cuando lo conocí por primera vez, era un pervertido sólo en ese momento, pero no, aún lo es.

- ¿Ya estas lista?

- ¿No ves que me acabo de despertar?

- ¿Y qué esperas?, ¿Que te llueva dinero?

Por un momento quiero que pasara eso.

- Max, apúrate que no tenemos todo el día.

Ruedo los ojos subiendo de una la escalera hasta llegar a mi cuarto.

- No pienso responder tus preguntas, Liliana.

Entró dejando a mi hermana boquiabierta, cierro la puerta y hago lo que tengo que hacer en un dos por tres.

Salgo del cuarto ya vestida con el uniforme de camisa beige, falda azul oscuro con tiras cruzadas con el logo del Instituto pegado en la parte izquierda, mi zapatos negros y las medias blancas largas. Bajo las escaleras y me encuentro a mi hermana en pijama todavía.

- ¿No vas a clases? - pregunte, Lili solo niega volviendo su vista al teléfono.

- No tengo clases... así que bye bye.

Camino tomando mi bolso y Raúl me mira.

- Por lo menos péinate el cabello - sugiere.

- ¿Y?, ¿Quién me va a estar mirando?, por Dios, vámonos. - Camino hacia la puerta poniendo la llave para abrir pero Raúl pone una mano en esta. - ¿Ahora qué?

- Será mejor que dejes ese humor y te arregles el cabello, Maximiliana - amenaza, suspiro molesta, busco con la mirada algo para amarrarme el cabello y diviso una liga una liga en la mesa de la entrada, la tomo y me hago una trenza de lado.

- ¿Feliz?

- Mucho mejor - abre la puerta y salimos de la casa. Suspiro al ver su moto estacionada cerca de la acera, otro día más pa ver si me muero.

No es fobia, sino que es un miedo pasajero, no me acostumbro todavía, Raúl se monta y yo le sigo.

- ¿Lista?

- ¿Para morir?, Oh sí, claro, más que lista. Solo déjame ponerme el cinturón - Raúl se ríe, lo sé, la moto no tiene un cinturón, nos ponemos los cascos, acomodo mi bolso, me acomodo abrazando su cintura con los puños cerrados - Lista para morir.

Se vuelve a reír a carcajada limpia.

- Eres una exagerada, Max - arranca.

En menos de 15 minutos sin darme cuenta llegamos al instituto, siento una caricia en mi mano y abro los ojos.

- Max... ya llegamos - me mira por el espejo, me bajo rápido algo nerviosa por lo sucedido y le doy el casco. - Bueno... hoy salgo temprano así que no es necesario venir a buscarme y no tengo clases en la tarde - acomode mi falda.

- Vale - Raúl se va y yo entro al instituto.

- Oye, Max - volteo para ver quién me llamaba y veo a Vito correr hacia mí, me da un beso en la mejilla como saludo. - Últimamente llegas temprano - me sonríe.

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