Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > ¿Cómo domar a un boxer salvaje?
¿Cómo domar a un boxer salvaje?

¿Cómo domar a un boxer salvaje?

Autor: Sable Thorn
Género: Moderno
Al regresar a su ciudad natal para una cita a ciegas, Verena esperaba encontrar estabilidad, pero no a Asher, un rudo entrenador de boxeo que parecía tener demasiada confianza en sí mismo. Cuando le preguntó por qué alguien como él había optado por una cita a ciegas, respondió que simplemente era exigente con las mujeres. ¿Su opinión? Demasiado superficial. Desde luego, no era alguien en quien pudiera confiar. Convencida de que no era de fiar, ella mantuvo las distancias. Sin embargo, el hombre aparecía por todas partes, llenando sus días de comentarios burlones y encuentros sospechosamente oportunos. Verena supuso que se trataba de un simple coqueteo, sin darse cuenta de que él llevaba años esperándola en silencio. Hasta que un día, las cosas dieron un giro. Cuando ella lo acorraló y lo desafió, el hombre, por lo general descarado, se puso rojo. "Soy un tipo decente", insistió, mientras ella luchaba por no reírse de su inesperada inocencia.
Leer ahora

Capítulo 1 El entrenador frívolo

Con una voz profunda y cautivadora, el entrenador dijo: "Mi nombre es Asher Lloyd, tengo treinta y un años y trabajo como entrenador de boxeo".

Verena Stewart jamás imaginó que a sus veintiocho años regresaría a su pueblo natal solo para ir a una cita a ciegas.

La casamentera le había asegurado que el hombre con el que se iba a encontrar era un gran partido. No era de la zona y sus padres ya habían fallecido, pero su abuela aún gozaba de buena salud y vivía con él.

Tenía una casa de tres pisos en la ciudad, un apartamento ya pagado en el centro y un buen auto.

También dirigía un gimnasio de boxeo en la zona céntrica y tenía un ingreso bastante bueno.

En el pueblo, todos lo conocían como el entrenador Lloyd.

En ese instante, el supuesto hombre ideal estaba sentado frente a ella, imponente por su alta estatura.

Iba vestido completamente de negro, lo que le daba un encanto rudo y de chico malo. Tenía facciones bien marcadas y un corte rapado impecable, el tipo de apariencia que a las generaciones mayores les parecía sumamente atractiva.

Sin embargo, su rostro no reflejaba emoción alguna y emanaba un aura tan fría que lo hacía parecer distante e inaccesible.

Aunque era un hombre innegablemente atractivo, su semblante cortante dejaba en claro que no era fácil entablar conversación con él.

Verena le dirigió una sonrisa de cortesía: "Soy Verena Stewart. Tengo veintiocho años y trabajo como traductora".

Asher la observó en silencio. La joven tenía una piel impecable y un aire elegante y etéreo; aunque sonreía con cortesía, su mirada transmitía cierta distancia.

Mientras la contemplaba, notó el pequeño lunar cerca del rabillo de su ojo. Por un instante, su expresión fría se suavizó.

Tras las breves presentaciones, un silencio incómodo se instaló entre ellos.

Era la primera cita a ciegas de Verena, y nunca había sido buena para romper el hielo en situaciones raras. Además, el comportamiento gélido de Asher hacía que tuviera aún menos interés en iniciar una conversación casual.

Así que tomó su vaso y le dio un sorbo de agua para disimular la tensión.

Al bajar el vaso, se dio cuenta de que él seguía ahí sentado, mirándola en silencio con la misma expresión indescifrable.

Un leve escalofrío recorrió el cuerpo de Verena, pero ella mantuvo la compostura y preguntó: "Escuché que eres todo un partidazo. ¿Por qué alguien como tú necesita citas a ciegas?".

"Soy exigente", respondió él simplemente.

Verena intentó bromear: "Pensé que tu familia te había obligado a venir".

"Así fue", confirmó él con su voz profunda y firme. "Mi abuela me dijo que se pondría muy triste si me perdía la cita de hoy".

Justo cuando Verena pensaba en lo directo que era ese hombre, Asher añadió con despreocupación: "Tampoco hay por qué tomarse esto tan en serio. Si sale algo, bien. Si no, considéralo solo una experiencia agradable. En el peor de los casos, ganarás experiencia".

¡Qué tontería!

Verena forzó una sonrisa y dijo: "Parece que tienes mucha experiencia con las citas a ciegas".

"Así es", confirmó él, encogiéndose de hombros con despreocupación. "Fácil he tenido como cien".

En ese instante, la joven se dio cuenta de que estaba ante un tipo irresponsable y poco confiable.

"No creo que seamos compatibles". Midió sus palabras con prudencia, consciente de que compartían pueblo y que acabarían topándose tarde o temprano. "Prefiero a los hombres maduros y fiables. Para ser sincera, hace poco perdí mi trabajo, me estafaron mis ahorros y ahora estoy endeudada. Por eso volví al pueblo y ahora vivo de mi familia. No estoy a tu nivel. Espero sinceramente que encuentre pronto a alguien adecuado".

Asher entrecerró los ojos; era imposible descifrar qué pasaba por su mente.

Tras un breve silencio, se limitó a responder: "De acuerdo".

Verena lo vio agarrar su abrigo y alejarse a paso firme. Al mirar su figura en retirada, no pudo evitar sentirse un poco sorprendida.

Era un hombre alto y fornido, de espalda ancha y cintura firme; todo en su anatomía proyectaba fuerza e imponencia.

Con su aspecto y su físico, destacaría incluso en una gran ciudad, y mucho más en un pueblo pequeño como este.

Qué lástima que tuviera un carácter tan desagradable.

Al final, Verena le dijo a la casamentera que no le gustaban los hombres frívolos. Así terminó su fallida cita a ciegas.

El viento de diciembre era gélido. Luces de colores adornaban los árboles a lo largo de las calles, llenando el pueblo de un aire festivo.

Sin embargo, la escena le resultaba a Verena tan familiar como ajena.

Si lo pensaba bien, no había vuelto en ocho años, desde que se marchó a la universidad y empezó su carrera.

Su último año había sido una pesadilla.

A principios de año, alguien con contactos ocupó el puesto de subdirectora general que prácticamente le habían prometido. Más adelante, un compañero de trabajo la culpó por un error ajeno y terminó despedida.

Para colmo, poco antes de cerrar el año cayó en una estafa por una llamada telefónica y le robaron hasta el último centavo de sus ahorros.

Tras años de luchar en la ciudad, se quedó sin nada.

Por esa razón no le quedó de otra que regresar a casa.

Por un lado, ya ni siquiera podía pagar la renta; por el otro, el hombre del que llevaba años enamorada había anunciado su compromiso apenas la semana anterior.

Al día siguiente de su regreso, su tía Lisette Barnes le organizó a toda prisa esa cita a ciegas, derivando en el incómodo momento que acababa de pasar.

Nada más entrar en casa, oyó a su tía Lisette y a su tío Gerardo Barnes, discutiendo en el pasillo.

No levantaban mucho la voz, pero, como el edificio era viejo y tenía paredes delgadas, cada palabra se filtraba nítidamente.

"¿Le organizaste una cita a ciegas a Vera en cuanto volvió? Claro, las condiciones de Asher son buenas, ¡pero un hombre de treinta y tantos que sigue soltero debe tener algún problema!".

"¿Y qué querías que hiciera? Renunció a su empleo de la noche a la mañana y regresó. ¿Y ahora dice que no se irá pronto? ¿Espera quedarse aquí y vivir de nosotros gratis? ¡No pienso mantener a ninguna parásita!".

"¡Vera no nos ha pedido ni un centavo desde que entró a la universidad! Incluso nos trajo ropa y regalos cuando volvió a casa esta vez. ¿No puedes mostrar un poco de amabilidad?".

"Gerardo, ¿no fui ya bastante generosa al recibirla cuando la sacamos del orfanato hace años? Vive bajo nuestro techo desde que era un bebé. ¡Nos lo debe todo! Además, tiene casi treinta años, no está casada y ni siquiera tiene trabajo. ¿Cómo se atreve a volver? ¿Qué van a decir los vecinos? ¡Qué vergüenza salir a la calle! Encima solo tenemos dos cuartos. Rosanna viene pronto de visita con su esposo. O Verena encuentra un lugar propio, o se casa y se muda con su marido. ¡Aquí ya no cabe!".

Del otro lado de la puerta, a Verena se le doblaron las piernas.

Tras tantos años fuera, seguía siendo una desconocida que no pertenecía a ese lugar.

Cuando por fin logró juntar fuerzas y entró, su tía mantenía la cara larga. Apenas la vio, empezó a sermonearla de nuevo: "La casamentera me dijo que rechazaste a Asher. Mírate al espejo, ¿de dónde sacas tanta exigencia? Cuando una mujer llega a los veintiocho años, ya ha pasado sus mejores años. ¡A esa edad ya nadie te voltea a ver! ¿Piensas que por haber trabajado un par de años en la ciudad eres superior? Ahora sigues pareciendo joven, así que date prisa y cásate. Lo hago por tu propio bien. Le pediré a la casamentera que te consiga unos cuantos hombres más, ¡y mañana tendrás otra cita a ciegas!".

"¡Lisette, ya basta! Vera es una chica buena y se merece...".

"Tío Gerardo". Sin ganas de verlos pelear por su culpa, la joven lo interrumpió con una sonrisa forzada. "No me importa ir a citas a ciegas. Si conozco a alguien con quien conecte, sería estupendo".

Ya en su cuarto, cerró la puerta y dejó de sonreír. De hecho, contrajo el rostro en una mueca de dolor.

Sintió una fuerte punzada en el pecho mientras gotas de sudor frío le cubrían la frente.

Se arrastró hasta la cama, metió la mano bajo la almohada y sacó el frasco de medicina que guardaba ahí. Tras tragarse las pastillas, se dejó caer sobre el colchón, exhausta.

Al cabo de un rato, su respiración se estabilizó. Tomó el celular y abrió WhatsApp, solo para encontrarse con una solicitud de amistad.

La foto de perfil del usuario mostraba una espiral de humo negro que transmitía un aura inquietante y extraña.

Verena aceptó la solicitud y le escribió: "¿Quién eres?".

A los pocos segundos, llegó la respuesta: "El entrenador frívolo".

Capítulo 2 Deja de mirarme

Verena se quedó inmóvil al darse cuenta de que era Asher.

Sin más preámbulos, la joven preguntó: "¿Qué quieres?".

Asher contestó al instante: "Ayer en la cita salimos a tomar algo y la cuenta fue de veinte dólares. Como no hubo química, lo justo es que dividamos el gasto".

¿Dividir veinte dólares? Ella nunca había tratado con alguien tan tacaño.

El tipo no solo parecía poco serio, sino que resultó ser un tacaño de lo peor.

De inmediato, le pidió sus datos bancarios para poder transferirle el dinero, ya que no quería volver a saber nada de él.

Inesperadamente, Asher ignoró la pregunta y envió otro mensaje: "Quiero el dinero en efectivo. Mañana en la mañana, en el mismo lugar donde nos vimos hoy. Te espero ahí".

A Verena le pareció ridículo; pensó que el tipo de verdad estaba loco.

Llena de furia, escribió una larga respuesta, solo para borrarlo momentos después. Tras calmarse, envió un mensaje mucho más corto: "En la mañana voy a estar ocupada, pero en la tarde sí puedo".

Pasó bastante tiempo antes de que recibiera una única respuesta fría en su pantalla: "De acuerdo".

A la mañana siguiente, la casamentera llevó a Verena a una maratón de citas a ciegas.

Antes del mediodía, ya se había reunido con tres hombres diferentes: un profesor de matemáticas, un obstetra y ginecólogo, y un comerciante divorciado con un hijo.

Unos eran hombres de mediana edad, descuidados y pasados de peso; otros eran tipos del montón que desbordaban una confianza totalmente desubicada.

Y cada uno resultaba ser más decepcionante que el anterior.

Cuando Verena creyó que la tortura había terminado, la casamentera la arrastró al último lugar.

Su última cita a ciegas del día era un hombre de veinticinco años llamado Liam, quien no paraba de hablar y de chulearla.

Verena encontró una razón para rechazarlo con cortesía, pues su vida ya era un desastre y no tenía ni la energía ni el interés para empezar una relación.

Dieron por terminada la plática rápido. Liam asimiló el rechazo de maravilla y, con una sonrisa, le dijo: "Aunque no se nos dé nada, podemos quedar como amigos".

"Claro", asintió Verena, devolviéndole la sonrisa.

"Ah, por cierto. Un amigo y yo vamos al centro a hacer unos mandados. De todos modos, pasaremos por tu barrio. ¿Por qué no te llevamos?".

"Sería estupendo. Gracias", aceptó Verena encantada, pues el clima estaba muy frío.

Acompañó a Liam al exterior y vio una camioneta negra estacionada a la orilla de la calle.

Vestido todo de negro, un hombre alto estaba de pie junto al auto, con la cabeza gacha y un cigarrillo entre los dedos. Emanaba una presencia imponente.

El humo enrarecido le suavizaba las facciones y le restaba dureza, sino que también hacía que su ya llamativo rostro fuera aún más cautivador.

Al oír los pasos que se acercaban, el hombre levantó la vista lentamente y, a través del fino velo de humo, su intensa mirada se posó en Verena.

En cuanto hicieron contacto visual, la joven se quedó helada.

Era Asher, el hombre increíblemente tacaño...

"Asher, te presento a Verena Stewart, mi cita de hoy", dijo Liam, rodeando el hombro de su amigo con confianza. "Ya que vamos para el mismo rumbo, llevemos a esta preciosa dama a casa".

Asher guardó silencio, y recorrió perezosamente con la mirada a la joven de pies a cabeza.

Verena tampoco se había maquillado hoy, pero su piel lucía impecable y radiante.

Llevaba una gabardina beige, con la mitad del pelo recogido y algunos mechones sueltos enmarcando su frente, lo que la hacía ver elegante y refinada.

Pero sus hermosos ojos seguían siendo fríos y distantes, tal y como los había grabado en su memoria.

"Pero mira nada más...". Asher exhaló despacio un anillo de humo, levantando ligeramente una ceja. "Qué casualidad encontrarte aquí".

"Qué coincidencia", replicó ella con sequedad.

"Me dijiste que ibas a estar ocupada en la mañana". Asher hizo una pausa deliberada antes de añadir: "Así que esto es a lo que te referías. ¿Otra cita a ciegas?".

Verena ya lo detestaba, así que su tono se volvió aún más frío. "¿Y qué quieres que haga? Ya no estoy para perder el tiempo y mi familia no deja de presionar".

Asher mantenía el cigarrillo entre los labios mientras la observaba con una sonrisa burlona.

"Espera, ¿ustedes dos se conocen?". A Liam se le iluminaron los ojos al oler el chisme.

"Sí". Asher tiró la colilla al suelo, se metió las manos en las bolsas del pantalón y soltó sin pena: "Ayer fue mi cita a ciegas".

"¿Por qué no me lo dijiste antes?". En medio de la emoción, Liam dio una palmada con entusiasmo. "¿O sea que me acabo de ir a cita con tu novia?".

Definitivamente eran tal para cual; los dos igual de ridículos.

A la joven se le quitaron las ganas de aceptar el aventón. Mirando fijamente a Asher, sentenció: "No subiré a tu auto. Tengo cosas que hacer".

Enseguida metió la mano al bolsillo, sacó un billete arrugado de diez dólares y lo aventó sobre el capó de la camioneta. "Aquí tienes el dinero que querías".

Verena dio media vuelta para irse, pero se detuvo en seco. Se volvió, sacó otro billete de diez dólares y lo puso junto al primero. Con una sonrisa helada, le dijo al hombre: "La cuenta va por mi cuenta".

Asher miró los veinte dólares sobre el capó y luego la figura que se alejaba.

Esbozó una leve sonrisa, casi imperceptible.

"¡Aquí hay gato encerrado!", exclamó Liam, dándole un codazo, muerto de la risa. "Con tu personalidad, no hay forma de que vayas voluntariamente a una cita a ciegas. A ver, suelta la sopa, ¿quién es ella?".

"No lo entenderías", respondió Asher, recogiendo los billetes y examinándolos despacio, pero sus ojos oscuros no revelaron nada.

Por supuesto, Liam estaba completamente confundido. "En serio, Asher, normalmente eres generoso con el dinero. ¿Por qué molestas a una mujer por veinte dólares? ¿En qué estás pensando?".

Asher levantó la vista y volvió a mirar en la dirección en la que Verena había desaparecido antes de soltar: "La estoy conquistando".

...

Soportar una cita fallida significaba aguantarse los rabietas de Lisette. Al final, Verena decidió que lo mejor era mudarse.

"Vera, si te mudas...", comenzó Lisette, su expresión agria iluminándose de inmediato, "...¡más te vale buscarte algo en el centro! La gente de este barrio es muy chismosa; si te quedas cerca, nos van a traer en boca de todos a tu tío y a mí".

Verena estaba demasiado agotada para discutir, así que simplemente aceptó.

Al día siguiente, bien abrigada con una chamarra larga, la joven salió hacia el centro a buscar departamento. Sin embargo, por ser fin de semana, la terminal de autobuses estaba abarrotada.

El caos superaba incluso la hora punta en el metro de la ciudad.

La gente llevaba cestas llenas de productos frescos atadas a la espalda y enormes bolsas colgando de las manos. Parada a la mitad de todos ellos con las manos vacías, Verena se sentía fuera de lugar.

En cuanto llegó el autobús, la ordenada cola se volvió caótica. Apenas se abrieron las puertas, todo el mundo se abalanzó hacia delante, y ella siguió instintivamente a la multitud.

Justo cuando ponía un pie en el escalón del autobús, una mujer que estaba detrás de ella la agarró por la espalda del abrigo y la jaló con fuerza. Perdió el equilibrio y se desplomó hacia atrás.

Antes de que pudiera gritar, un brazo firme le rodeó la cintura, sosteniéndola a tiempo.

Su espalda chocó contra un pecho ancho y sólido, mientras un aliento tibio le rozó la oreja y una voz grave le susurraba: "Ten cuidado, señorita Stewart".

Sobresaltada, Verena recuperó enseguida el equilibrio y se dio la vuelta rápidamente, encontrándose con la profunda mirada de Asher.

Volvía a ir vestido de negro, con el mismo atuendo del día anterior.

Inmediatamente, se apartó un paso de él. "Gracias", dijo.

"No hay de qué", respondió él con calma.

Ignorándolo por completo, Verena volteó a ver cómo se alejaba el camión.

Asher, en cambio, desvió la mirada hacia la punta del dedo de ella, que sangraba.

Se apoyó despreocupadamente en su auto con la cabeza gacha y sacó un cigarrillo. Al encender el mechero, la llama iluminó brevemente su rostro. "¿Vas al centro?", preguntó.

"Sí", contestó ella sin voltear a verlo.

"Sube", dijo Asher, mirándola con pereza a través del humo a la deriva. "Me queda de paso".

"No, gracias. Esperaré al siguiente autobús".

El hombre ni se inmutó. Le tiró la ceniza al cigarro y lanzó: "Entonces supongo que tendré que ser un poco grosero".

Antes de que Verena entendiera a qué se refería, Asher se le acercó y la levantó en brazos como si no pesara nada.

Un ligero aroma a jabón fresco le inundó la nariz mientras el hombre la sujetaba firme contra su pecho.

"Bájame", forcejeó Verena, mirando su afilada mandíbula.

Sin hacerle el menor caso, Asher abrió la puerta del copiloto y la acomodó en el asiento.

El interior de la camioneta estaba impecable. Un simpático muñeco de dibujos animados descansaba sobre el salpicadero, creando un extraño contraste con el intimidante aspecto de Asher.

"Oye", espetó ella, con evidente irritación. "¿Qué intentas hacer exactamente?".

Tras cerrar las puertas, Asher se volvió hacia ella y la miró a los ojos. Con total desparpajo, soltó: "Ya que no se nos dio como pareja, ¿por qué no empezamos siendo amigos?".

"Abre la puerta. Me voy", insistió ella.

Asher actuó como si no hubiera oído nada.

"Te está sangrando el dedo", dijo, extendiendo la mano para agarrarla por la muñeca y tirar ligeramente de ella.

Hasta ese momento Verena notó la cortada en el índice derecho.

Seguramente se había raspado con algo mientras se abría paso entre la multitud.

"No te muevas, déjame curarte", le ordenó él, sujetándole la mano con firmeza cuando ella intentó zafarse.

Al final, Verena dejó de resistirse. Observó resignada cómo Asher sacaba un botiquín de la guantera, destapaba el antiséptico, un algodón y una curita.

Con mucho cuidado, comenzó a atenderle la herida. Aunque sus movimientos eran un poco torpes, cada uno fue muy suave.

Mientras le sujetaba la mano, el calor de sus palmas se mezcló poco a poco. En el espacio cerrado del auto, el ambiente se volvió extrañamente íntimo e incómodo al mismo tiempo.

Sin darse cuenta, Verena se sorprendió a sí misma mirando su notablemente apuesto rostro.

'Este tipo tiene una cara demasiado engañosa... Cuando se pone serio, la verdad es que no se ve nada mal', pensó.

"Deja de mirarme". Asher levantó la vista de repente, captando su mirada. Sus ojos se encontraron. "Soy rencoroso. Si me sigues viendo así, no te voy a quitar la mirada de encima".

Capítulo 3 No soy una pervertida

Verena se estremeció y apartó la mirada de inmediato.

Desde su punto de vista, Asher era un seductor nato; le resultaba imposible lidiar con alguien así.

En cuanto el hombre terminó de curarle el dedo, volvió a poner la camioneta en marcha.

"¿Vas al centro a hacer algo?", preguntó Asher, sin dejar de conducir.

"Sí", respondió ella.

Él insistió: "¿A qué?".

"A buscar un apartamento".

Una breve expresión de sorpresa cruzó el rostro de Asher, y preguntó: "¿Piensas quedarte a vivir en el pueblo?".

"Algo así". La respuesta de Verena fue evasiva.

Le faltaba dinero y su salud no estaba precisamente en su mejor momento. Volver a su ciudad natal era su única opción realista.

Pensaba buscar trabajo en el centro, ahorrar algo de dinero y luego decidir qué hacer cuando llegara la primavera.

Cruzaron un par de palabras más y luego se sumergieron en el silencio.

Verena se sentía agotada, así que se recostó y cerró los ojos.

Cuando despertó, ya habían llegado. Una chaqueta negra cubría sus hombros.

A pesar de ser tan mezquino, Asher era sorprendentemente atento.

El asiento del conductor estaba vacío. A través del parabrisas, vio a Asher de pie junto al auto, hablando por celular.

Su alta figura se mantenía erguida, pero relajada. El suéter negro que llevaba marcaba su complexión atlética, dándole un aire rudo bastante atractivo.

Como si percibiera su mirada, se giró de repente, y sus ojos se cruzaron.

La frialdad de su rostro se derritió al instante, y fue reemplazada por una sonrisa traviesa.

Levantó una ceja y le hizo un gesto con los labios que decía: "¿Estás bien?".

Verena lo entendió al instante, incluso a través del cristal.

Abrió la puerta, se bajó del auto y le devolvió la chaqueta, diciendo: "Gracias".

"Entre amigos...", contestó Asher, echándose la prenda al hombro con despreocupación, "...no hay por qué ser tan formal".

Verena se masajeó las sienes y cambió de tema: "¿Cuánto tiempo me quedé dormida?".

El tratamiento que tomaba últimamente le provocaba un cansancio tremendo.

"Poco más de cuarenta minutos".

"Te debo el favor de hoy". La joven hizo una pausa y luego recordó algo. "Ah, cierto. ¿Debería pagar parte de la gasolina? No quiero que hayas dado la vuelta de gratis".

"El dinero no me interesa. Quiero... tu amistad". Asher se acercó un paso y se inclinó un poco para que sus ojos estuvieran al mismo nivel, y una sonrisa pícara apareció en su rostro. "Además, no me importa perder un poco de vez en cuando. A veces la recompensa vale la pena".

A tan corta distancia, Verena sintió la fuerza de su presencia. Había algo peligrosamente cautivador en su mirada.

Tenía que admitir que era un seductor increíblemente hábil, y estaba convencida de que nadie podía coquetear así sin tener mucha experiencia con las mujeres.

Verena le dedicó una sonrisa helada, dio media vuelta y se fue a buscar apartamento.

Se pasó toda la mañana recorriendo inmuebles, pero ninguna se ajustaba a su presupuesto. Todos los apartamentos estaban muy por encima de lo que podía permitirse.

El mercado de alquiler del centro era mucho más caro de lo que esperaba. La mayoría de los caseros pedían varios meses por adelantado más el depósito, una suma estratosférica.

En ese momento, solo contaba con su tarjeta de crédito para sobrevivir.

Lo único que quería era un lugar barato con pagos mensuales. Por desgracia, el agente le dijo que eso era imposible. Hasta los apartamentos más pequeños estaban fuera de su alcance.

Ya por la tarde, Verena estaba a punto de rendirse y regresar cuando sonó su celular.

Era el agente.

Le contó que se acababa de desocupar un departamento de un cuarto, amueblado, cerca de la Plaza del Siglo. El propietario partía de la ciudad al día siguiente para un largo viaje y quería alquilarlo de inmediato. No solo el alquiler era sorprendentemente bajo, sino que también aceptaba pagos mensuales.

Como encajaba perfecto con su presupuesto, le pareció un milagro.

Temerosa de que alguien más se lo arrebatara antes que ella, se apresuró a ir al lugar y firmó el contrato de arrendamiento de inmediato.

Apenas terminaba de acomodarse en el departamento cuando volvió a sonar su celular. Esta vez, la llamada era de una empresa de traducción. Querían concertar una entrevista.

Verena solo había enviado su currículum a un sitio web de empleo la noche anterior, así que no esperaba una respuesta tan rápida. Para su sorpresa, el lugar de la entrevista estaba cerca de la Plaza del Siglo.

La entrevista salió mucho mejor de lo esperado. La propietaria de la empresa era una amable mujer local con el pelo rizado y los labios pintados de rojo brillante. Se comportaba con la confianza y el encanto de una profesional madura, pero sin perder su calidez y accesibilidad.

En cuanto se enteró de que Verena se había graduado en la Universidad Zepvine y había trabajado antes para una importante empresa, tomó su decisión. Verena fue contratada en el acto. Incluso le dijo que podía incorporarse pasando las fiestas.

El único detalle era el sueldo. En comparación con lo que ganaba en Zepvine, el sueldo en esa empresa era menos de la mitad.

Tras la entrevista, estaba a punto de bajar a la planta baja. Cuando las puertas se abrieron, una voz emocionada la llamó desde atrás. "¡Verena!".

La joven se giró por instinto y preguntó: "¿Liam?". El muchacho se le acercó a toda prisa con su eterna sonrisa despreocupada. "¡Qué onda! ¿Qué haces por acá? Viniste a ver a Asher, ¿verdad?".

'De verdad no piensa antes de hablar', se dijo Verena, poniendo los ojos en blanco.

"¿A qué vendría a ver a Asher?", replicó ella. "No hay nada entre nosotros".

"Sí, claro, lo que tú digas", asintió Liam con exageración. "Ya que estás aquí, ¡vamos a tomar un café!".

Fue hasta ese momento cuando Verena notó que a un lado de la agencia de traducción había un gimnasio de boxeo.

Un cartel grande y llamativo colgaba sobre la entrada: Club de Boxeo Blast.

Así que este era el gimnasio de Asher.

'Qué casualidad tan ridícula', pensó.

Antes de que pudiera procesarlo, Liam ya la había agarrado del brazo para arrastrarla al interior.

La primera planta estaba llena de niños en clases de boxeo, con varios padres sentados cerca, esperando a sus hijos.

Mientras Liam arrastraba a Verena por la sala, muchas miradas curiosas los siguieron. Estaban llenas de interés, especulación y curiosidad.

"Todo el mundo nos está viendo", susurró Liam. "¿Vas a caminar sola o sigo arrastrándote yo?".

Aunque parecía irritada, Verena acabó siguiéndolo escaleras arriba hasta el segundo piso.

Pensándolo bien, le pareció una buena oportunidad.

Cuando viera a Asher, pensaba decirle que controlara a Liam y dejara de decir que ella era su novia.

La zona de entrenamiento para adultos estaba en la segunda planta. Verena recorrió el amplio salón con la mirada, pero no vio al hombre por ningún lado.

Liam miró y dijo: "Asher no da clases regulares en grupo. Solo hace entrenamientos privados".

"No me importa", respondió ella con indiferencia.

Liam no se dio cuenta, o simplemente prefirió ignorar su actitud, y continuó entusiasmado: "¡No tienes ni idea de lo increíble que es Asher! Es impresionante en el boxeo y en todo tipo de deportes de combate. Y antes de eso, sirvió en las fuerzas especiales. Sus habilidades son maravillas. Si te casas con él, ¡nadie en este pueblo se va a meter contigo!".

Verena no esperaba que Asher tuviera experiencia en las fuerzas especiales. Por lo visto, ni haber sido soldado le quitaba lo coqueto y descarado.

Sin ganas de seguir discutiéndolo, ignoró el comentario de Liam y lo siguió hasta una habitación al final del pasillo de la segunda planta.

Sin molestarse en llamar, Liam agarró el picaporte y empujó la puerta.

"¡Asher! ¡Verena vino a verte!". En cuanto gritó eso, empujó a la joven hacia adentro y, antes de que ella pudiera reaccionar, cerró la puerta de golpe tras ella.

El silencio que siguió fue aterrador.

Verena abrió los ojos de par en par y se quedó clavada en el sitio.

Dentro de la habitación, Asher acababa de terminar de entrenar. Su cuerpo emanaba calor mientras se secaba el sudor con una toalla blanca.

Solo llevaba un par de pantalones cortos negros de boxeo. El sudor trazaba un camino desde su afilada mandíbula, deslizándose por su garganta y a través de los definidos contornos de su pecho, hasta llegar a la cintura.

La visión tomó a Verena por sorpresa y el corazón le dio un vuelco.

Un destello de sorpresa cruzó el rostro de Asher cuando la vio. Luego ladeó un poco la cabeza y la miró con diversión. "Solo llevamos un rato separados. ¿Ya me echabas de menos?".

Verena apartó enseguida la mirada de su pecho y preguntó: "¿Sufres de narcisismo o qué te pasa?".

"¿Entonces a qué viniste?", preguntó Asher, enarcando una ceja.

"Puedes agradecérselo a Liam", respondió ella.

"¿Ah, sí?". Asher tiró la toalla a un lado y dio unos lentos pasos hacia ella. Su mirada se volvió más densa y juguetona. "No me digas que empezaste a acosarme".

Antes de que Verena se diera cuenta, él había acortado la distancia entre ellos. Paso a paso, la empujó hacia la puerta.

Su aroma limpio y masculino la rodeó, haciéndole sentir lo cerca que estaba. Desde esa distancia, podía ver con claridad cada detalle de su rostro y la diversión desenfrenada que bailaba en sus ojos.

El ambiente se volvió denso, y la respiración de Verena se volvió inconscientemente más superficial. Por instinto, levantó una mano y la apoyó en su pecho, diciendo: "Aléjate".

En cuanto la palma tocó la piel, se dio cuenta de que había tocado su pecho desnudo.

La sensación cálida y firme de su piel la hizo sentir incómoda y avergonzada.

Asher bajó la mirada hacia su mano. Luego se inclinó un poco más. Con gesto sugerente pero con tono firme, soltó: "Te estás poniendo un poco atrevida, ¿no?".

'Este hombre ha perdido la cabeza', pensó Verena.

Se quedó helada, sin atreverse a moverse. A esa distancia, sentía que si levantaba la cabeza aunque fuera un milímetro, rozaría con él. "Estás enfermo. No soy una pervertida", dijo.

Al segundo siguiente, Asher rodeó su mano con la suya y, antes de que pudiera apartarse, presionó con firmeza su palma contra su pecho, diciendo: "¿Y si lo fueras? Adelante, no hay por qué ser tímida".

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022