─ No sabía que se había presentado una emergencia, ─ le dije ingresando al ascensor.
─ En este piso no, pero sí en el piso uno, en el área de urgencias. Habrá un nuevo ingreso por servicio social, más tarde lo subirán al piso, ─ informó.
El ingreso por servicio social solo significaba que la familia no tenía recursos para costear los gastos de una enfermedad, suspiré saliendo del ascensor y caminando el largo pasillo hasta llegar a uno de los cafetines del hospital.
─ No puedes permitir que un paciente te afecte tanto, no podemos bloquearnos, Ashley. ─ Protestó Noah, sabía que esta invitación era para reprocharme mi comportamiento.
─ ¿Cómo puedo convertirme en un ser que no soy? ─ Me sinceré con él.
─ Pero, no puedes dejar que te afecten de tal manera o morirás de un ataque cardiaco o de una depresión. Tienes que ver los niños que presentan algún tipo de cáncer no como personas moribundas, sino como personas que necesitan más atención y cuidados especiales. No puedes bloquearte a la hora de tomar decisiones. Puedes ser pediatra, pero piensa bien si deseas ser oncóloga infantil. ─ expresó y mis lágrimas brotaron, sus palabras eran duras y lo entendía dándole la razón.
Noah, es un hombre que le teme a la muerte del ser que ama y yo entendía que hubiese endurecido tanto su corazón. Quizás por eso es tan bueno en su profesión, pero como arrancarse uno un sentimiento cuando ya ha nacido.
─ ¿Crees que sea demasiado tarde para Jonás? ─ Pregunté sin importarme aflorar más mis sentimientos.
─ Doctora, Ashley. Sabe bien que no podemos especular sino tenemos los resultados, ─ mencionó observándome fijamente.
─ Noah, por favor. Necesito más al profesional que sospecha de un diagnóstico y lo consulta con sus colegas, que al profesor gruñón, ─ musité y lo observé fijamente sin importar las lágrimas que seguían brotando.
─ Necesito a mi novio, ─ susurré.
─ Soy más que tú novio ─ susurró limpiando mi rostro de lágrimas y me sacó del cafetín al que habíamos ingresado y ni siquiera buscamos una mesa, solo estábamos allí en el umbral de la puerta.
Regresamos por el pasillo, volvimos al ascensor y llegamos al área de lencería hospitalaria, respiré profundo.
Ese lugar se había vuelto como nuestro refugio, a esta hora nunca hay nadie en esta área, pasamos por los estantes de lencería y seguimos de largo para llegar a la habitación de descanso que tenían las camareras y que siempre utilizaba Noah, en el horario nocturno. Se acomodó en el sofá guiando mi cuerpo hacia su regazo, sentándome en sus piernas y rodeando mi cintura.
─ ¿Qué haré contigo pequeña? ─ Musitó abrazándome con su fuerza.
─ No me gusta verte así, Ashley. ─ mencionó besando mis labios y luego mi rostro y mi frente, sabía que me estaba dando la fortaleza que necesitaba y yo solo acuné mi rostro en su cuello, ni él mismo sabía cuánto lo necesitaba en este momento.
─ ¿Crees que si se le amputan la pierna...
─ No lo sé, hay que esperar los estudios y la opinión del cirujano ortopédico que se especializa en tratar el cáncer de hueso. Recuerdo que a sus padres se les sugirió la vez pasada la amputación de la pierna, pero ellos se confiaron pensando en que la extirpación del tumor era suficiente, ─ mencionó interrumpiéndome, respiré profundo.
─ ¿De qué trató la emergencia? ─ Le pregunté tratando de tranquilizar mis pensamientos sobre Jonás, él suspiró.
─ Te conozco bien y sé que este caso también te afectará, ─ tomó mi cara levantándola hasta su altura, ─ es un niño de la calle, que no solo se va a enfrentar con su patología, sino con su dependencia a sustancias psicotrópicas y estupefacientes, ─ pronunció y me paralicé con su información, si solo la patología de cáncer era difícil de superar, una dependencia tan fuerte como esa elevaría los índices de dificultad y en un pequeño que estaba solo en el mundo, esto sería un momento muy difícil para ese pequeño.
─ Te vas a enfrentar a una prueba muy fuerte en tus pasantías, así que solo necesito que te vayas fortaleciendo si deseas ingresar a este mundo de la oncología, ─ mencionó observándome muy fuerte y con una seriedad que nunca había visto en su rostro, yo solo asentí entendiendo a que se refería, ya no era una estudiante a quien se le podía quedar una materia y lo solucionaba volviéndola a presentar, ahora sería un médico más, que tenía que decidir para la continuidad de la vida de otros y esos eran mis pacientes.
─ Vamos por ese café, que lo necesitaremos esta noche ─ pronunció besando mis labios ligeramente, limpié mi rostro de lágrimas y me levanté de sus piernas.
Recuerdo que desde niña cuando mi tía Ivanna, me llevó por primera vez al área de oncología infantil deseo ser oncóloga y mis sentimientos no me harán papilla mis sueños de salvar la vida de los niños o luchar con ellos hasta donde Dios lo permita. Es la enseñanza de mi tía y estoy segura que también hubiese sido la de mi madre.
─ Vamos mejor por un termo de café para todo el cuerpo médico y de enfermería, ─ le dije extendiendo mi mano para que se levantara del sofá, él sonrió levantándose y abrazándome.
─ Vamos, que deseo que todos se den cuenta que eres mi novia, mi mujer, que eres mía, sobre todo el enfermero que te tenía abrazada, ─ murmuró rodeando mi cintura y guiándome nuevamente hacia el cafetín.
─ ¿Celoso Doctor? ─ Pregunté tratando de animarme con la reacción posesiva de mi novio, los celos significan interés y eso parecía agradarme.
─ Solo cuido lo que tengo, protestó acercándome a su cuerpo.
─ No tienes por qué preocuparte, sabes bien que te amo, ─ le recordé besándolo ligeramente antes de ingresar al ascensor que no estaba tan lleno como hacía unos momentos.
Llegamos nuevamente al piso donde estaba uno de los cafetines, este perduraba abierto toda la noche, recorrimos el pasillo e ingresamos al cafetín. Noah, buscó una mesa aunque habían varias vacías, retiró la silla para que me sentara, depositó un beso en mi frente y se retiró al mostrador, hizo el pedido y llegó nuevamente a la mesa.
─ Solicité mantuvieran un termo de café y uno de chocolate para la guardia del piso siete, ─ mencionó tomando mis manos y llevando el dorso hasta sus labios depositando suaves besos. Es difícil o contradictorio observar una personalidad gruñona y otra cariñosa en el mismo hombre y a veces su comportamiento es tan seco y otras veces es hasta casi romántico, es como si fuesen dos hombres en un mismo cuerpo.
─ ¿Ya le comunicaste a Jaime que te irás de viaje? ─ Pregunté ya que lo veía muy poco con el niño.
─ Sí, ya hablé con él y con mi padre, ─ mencionó llevando nuevamente el dorso de mi mano a sus labios.
─ Mañana en la tarde saldré con Jaime, un rato ─ mencionó levantando su visión para observarme.
─ Me preguntaba si nos acompañarías, ─ pronunció mirándome fijamente.
─ ¿No será una tarde de papá e hijo? ─ Pregunté levantando una de mis cejas, entrelazando mis dedos con los suyos.
─ Deseo que te integres más con él, ─ pronunció acariciando mi mejilla, solté una risilla llamando su atención.
─ Creo que yo me integro más con él que tú, ─ musité levantando una de mis cejas.
─ Me refiero a vernos como pareja, ya yo le adelanté un poco, pero debe acostumbrarse a verte con otros ojos y no como la hermana de la chica que le gusta ─ mencionó y yo fruncí el entrecejo.
¿ERES MI TENTACION PROHIBIDA?
En el texto se narra una historia de drama, amor y romance erótico.
Ashley Freetman una chica joven, universitaria, sencilla y enamorada desde que tiene uso de razón de Noah Hanks, él fue su amor de adolescencia y ahora su juventud. Cuando a ella se le presenta la oportunidad de estar con él, no lo piensa dos veces para darle su virginidad.
Noah Hanks, es un hombre quince años mayor que Ashley, el cual pensó que el amor y la felicidad no estaban hechos para su vida, hasta que descubrió que sus sentimientos por la pequeña Ashley, no eran los mismos que tenía desde que la vio nacer y crecer. La pequeña no sólo era una de sus alumnas en la universidad de Harvard y el hospital donde se desempeñaba. La pequeña Ashley, ahora era su tentación prohibida la cual no podía tocar, pero la joven estaba despertando nuevamente al hombre posesivo, dominante y temeroso de perder la felicidad que siente que se le escapaba nuevamente de las manos.
Lo que más teme Noah, es enfrentar a la pequeña Ashley, con su pasado y el motivo que lo llevó a ahogarse en el licor; Pero de lo que no se había dado cuenta Noah, era que ya es tarde para pensarlo, lo que no deseaba comprometer ya lo había dado y era su corazón y su alma, que pendían de un hilo con las decisiones de Ashley.
Dos almas muy diferentes, que se atraen mutuamente. La de él llena de tormentos y la de ella llena de nobleza y un amor que logra derrumbar todos los tormentos de Noah.
Mayores de 21 años, Alto Contenido Erótico y descriptivo;
Formato digital e impreso.
Prohibida su copia o adaptación
Reservados todos los derechos a su autora.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
ISBN: en proceso
Sin Editar
Autora: Helen Vivas
Ashley Freetman.
Tomé mis cuadernos, guardándolos apresurada en mi bolso.
─ ¿A qué se debe tanta prisa? ─ Preguntó mi amiga Mariluz.
─ Es que seguramente va adelantar la fecha de su cumpleaños ─ se burló mi amigo Alexander y hermano de Mariluz.
─ No querido, para esa fecha faltan todavía algunos meses y primero vienen las fiestas decembrinas y eso es sinónimos de eventos para nosotros ─ le recuerdo a mis dos amigos.
─ ¡Por Dios! no sé porque todo el mundo se antoja a celebrar su boda en Diciembre o sus celebraciones en ese mes ─ murmura Mariluz, recogiendo también sus cuadernos apresurada.
─ Pensé que hoy iríamos de reventón para celebrar que ya culminamos por el momento con la universidad ─ manifestó Alexander, rodeando la espalda de Mariluz y la mía, para salir los tres hacia el estacionamiento de la universidad.
─ No puedo, me comprometí con las tias Valerie y Abigail, para ayudarlas en la agencia a organizar los eventos que están pendiente y mañana a primera hora presto colaboración en el hospital ─ le informo a los chicos y los dos hacen un gesto de aburrimiento.
─ Ustedes ya deberían estar solicitando prestar colaboración en el hospital, el próximo año nos graduaremos y luego será más difícil ─ alego observando a ambos.
─ Aquí la cerebrito y aplicadita eres tú ─ se burla Mariluz.
─ Conmigo no cuenten todavía quiero disfrutar este año que me queda de libertad ─ se ríe Alexander, cuando ya hemos llegado al estacionamiento de la universidad.
─ ¿Y es que te piensas casar? ─ Se burla Mariluz y yo, suelto una risilla.
─ Solo si Ashley, me acepta otra práctica mucho más emocionante que la anterior ─ menciona con burla y yo tuerzo los ojos buscando mis llaves para abrir mi auto. El muy lanzado se refiere a la práctica que hicimos para enseñarme a besar.
─ No estaría mal, así deja de ser la cientifica del salón de clases ─ se burla Mariluz y se que se refiere a la investigación sobre los fluidos del cuerpo. Alexander suelta la carcajada y yo lo miro mal.
─ Eso es porque no quisistes practicar conmigo ─ bromea Alexander, se rien y yo solo lanzo mi bolso a la parte trasera del automóvil y me acomodo detrás del volante.
─ Nos vemos chicos ─ les digo despidiéndome de mis amigos. Mariluz y su hermano, caminan unos pasos más buscando el auto de Alexander.
El trayecto hasta la agencia de la tía Valerie, se hizo un poco engorroso, el tráfico automovilístico estaba a horror.
Sonrío cuando llego y tía Abigail está comiéndose un emparedado.
─ Este bebé si que se alimenta ─ menciono acariciando su barriga.
─ Ni César, ni Leonardo, ni Jeancarlos; me despertaron esta hambre. ─ menciona la tía Abigail, levantando un vaso de jugo.
─ ¿Qué tal las evaluaciones? Pregunta la tía Valerie, entregándome la carpeta de los contratos que tenemos para los nuevos eventos, el mes decembrino se aproxima y la locura también.
Leo los lugares donde solicitan los eventos y los tipos de decoraciones que desea cada cliente, también los aperitivos solicitados y banquetes que exigen algunos eventos.
─ Son muchos ─ murmuro
─ Sí, creo que no cabe en nuestra agenda un evento más. Hasta hay seis y siete programados por días ─ menciona la tía Abigail. Arrugo mi nariz con esa información.
─ ¿Faltó anotar algún evento? ─ Pregunta la tía Valerie, observando el gesto de mi rostro.
─ Los niños del Hospital ─ indico y ella sonríe.
─ Para ellos he personalizado un pequeño evento pero muy especial ya que no podemos sacarlos del hospital. ─ Informa la tía Valerie y yo me emociono.
─ Las tres pasamos largas horas planificando y cada una seleccionamos los eventos que supervisaríamos, excepto la tía Abigail, que solo planificaría y ayudaría con los pedidos y encargos, más ella no se estaría trasladando a supervisar por motivo a cuidar su embarazo.
El tío Jordan, llegó como a las nueve de la noche a la agencia a buscar a la tía Abigail. Nos consintió a las tres unos veinte minutos y de allí todas partimos a nuestros hogares a descansar un poco.
Al llegar una hora después consigo a papá en la casa y no está en su mejor momento, pues la tía Ivanna, esta noche tiene guardia en el hospital. Sonrío abrazándolo y mi hermano Andrew, suspira aliviado.
─ Por lo menos te molestará a tí ─ susurra mi hermano Andrew, cuando se apresura a pasar por mi lado.
─ Estoy cansado de decirle a Ivanna, que debe cuadrar sus guardias con las mías ─ escucho el quejido de mi padre molesto. Jaime, el hijo del profesor Noah, se despide apresurado, me río de la situación.
─ Yo dormiré contigo, papi ─ menciona Samantha, aliviando mi noche escuchando a mi padre caminar por todos los pasillos, sin dejar de gruñir y lamentarse hasta que uno de nosotros se va a dormir con él, para calmarlo.
─ Te haré un rico té, para que te calmes ─ susurro abrazándolo. Me dirijo a la cocina a preparar el té. Mi teléfono timbra, lo observo y es una imagen WhatsApp con Mariluz y Alexander, en una discoteca, ambos con un trago en la mano brindando con otras personas. Ruedo los ojos cuando leo la "hermosa" dedicatoria.
─ POR mí amiga la aburrida.
─ ¡Dios! estos chicos no tienen remedio ─ pienso sacando la taza para el té y vertiendo el contenido caliente en ella, lo acomodo en un platico y me voy para la habitación de mi padre a consentirlo un rato.
─ Lo conseguí con el teléfono en la mano y Samantha, en la cama con el control del televisor y él hablando con la tía Ivanna, por su celular.
Coloqué la taza de té en la mesita de noche y me subí a la cama para abrazarlo desde su espalda y besar su cabeza.
─ Iré a ducharme ─ mencioné, mi padre bajó el celular de su oreja.
─ Descansa que mañana tienes colaboración ─ murmuró besando mi frente.
─ Yo me quedo aquí ─ aseguró mi hermana y yo casi suelto una risilla, pues ella se quedará pronto dormida como un tronco y papi pasará la noche hablando por teléfono con la tía Ivanna y mañana suspenderá sus consultas, eso sino tiene programado partos o se le presente una emergencia.
─ Descansa papi, que mañana debes trabajar. ─ mencioné besando su mejilla, él asintió volviendo a llevar su celular a su oído.
Ingreso a mi habitación y abro la ventana como todas las noches, me acerco y respiro el aire puro. Luego me desvisto y enciendo mi teléfono con la canción de Shakira.
Bailando al ritmo de la música me dirijo al baño. Mi ducha fue larga y relajante, envuelvo mi cabello en una toalla y seco mi cuerpo. Busco en el closet un pijama, me lo coloco apresurada y me lanzo a la cama. Apenas acomodo mi cabeza en la almohada, mi mundo se desaparece.
─ Tenía días sin prestar colaboración ─ menciona el Doctor Noah, fijando su mirada sobre la mía.
─ Lo siento, Doctor. Estuve colapsada con las evaluaciones ─ le informé.
─ Por favor, ayude a la enfermera de mi consultorio para que tenga listo a los pacientes que veré hoy en consulta. ─ Ordena y yo asiento sonriendo, me gusta acompañarlo en sus consultas, aprendo mucho de cada una de ellas.
El Doctor, Noah. Camina pero luego gira en sus talones.
─ Pero primero recibimos la guardia ─ ordena y yo vuelvo asentir observando como su rostro se suaviza. Ya no sé cuándo anda disgustado o ese es su carácter normal, bueno creo que ese es su carácter normal.
─ Vamos ─ me invita observándome. ¡Que pena! me he quedado clavada en el piso observándolo como una idiota, lo único que faltó es que limpie mi baba.
─ El recorrido por cada ala de esta área de Oncología infantil duró un poco más de media mañana.
De allí bajé al consultorio del Doctor Noah, y con la enfermera de guardia coordiné las consultas, pesamos y medimos la estatura de los niños antes de irlos ingresando para su revisión médica.
El doctor, Noah. Llegó una hora después. Los niños junto a uno de sus familiares fueron ingresando a las consultas. Respiro profundo con los diagnósticos. Observo la pequeña mesa que está al lado del escritorio del Doctor, eso lo he surtido con pequeños detalles para los niños que vienen a consulta y así ayudarlos a perder el miedo.
El Doctor me observa cuando levanto el pequeño presente y se lo entrego al niño. Su rostro está serio como siempre ha estado.
─ No es un gesto de afecto ─ le sonrío al Doctor, batiendo mis pestañas. Él, rueda los ojos, le disgusta el gesto, pero no me ha hecho ningún reclamo por esa pequeñísima acción de la cual me he tomado la atribución sin consultarsela.
La enfermera ingresa y nos observa
─ Doctor, tenemos una hora para almorzar ─ menciona pidiendo el permiso para retirarse.
─ Nosotros haremos lo mismo ─ menciona el doctor en plural
─ ¿Nosotros? ─ me pregunto internamente así cómo llevo un par de meses haciéndolo.
─ Estaré en el cafetín, Doctor. ─ Musito.
─ ¿No te agrada comer conmigo? ─ Pregunta observándome. La enfermera sale del consultorio dejándonos solos.
─ No es eso, Doctor. ─ Menciono
─ ¿Entonces? ─ Pregunta elevando sus dedos y acariciando mi barbilla para luego levantar mi mentón.
─ Solo que no quiero causarle molestias ─ musito.
─ No me las causas ─ susurra observando mis labios y en momentos como estos me pregunto si de verdad a olvidado todo lo que sucedió esa noche.
─ Vamos ─ menciona cortando el raro ambiente que se ha formado.
Salimos y no precisamente a un restaurante, ni al comedor del hospital, ni al cafetín, ingresámos a un área que estaba completamente sola. Definitivamente el doctor, se conocía cada lugar solitario de este hospital. Un chico que trabaja en el cafetín trajo los dos almuerzos.
─ ¿Le gusta mucho la soledad? ─ Le pregunto al doctor, una vez que el chico se ha retirado.
─ A veces ─ responde observándome.
─ Supongo que a tí no te gusta. ─ murmura y yo sonrío
─ No mucho, estoy muy acostumbrada a la compañía de mi familia ─ musito y él asiente. Ambos almorzamos en silencio, cuando culminamos tomo los envases desechables y los depósito en una bolsa, busco el baño del área y lavo mis manos.
El doctor Noah, tiene su cabeza apoyada en el espaldar del mueble, al notar que salgo del baño él se levanta y se dirige también al baño. Mi teléfono repica, observó la hora y todavía falta media hora del almuerzo, me acomodo en el único sofá que tiene la habitación y son las imágenes con las sugerencias decorativas que envía tía Abigail.
El Doctor, Noah. Sale del baño me observa y se acomoda en el mueble sentándose a mi lado. Voy pasando las imágenes detallándolas.
─ ¿Estás ayudando nuevamente a tu tía Válerie? ─ Pregunta y elevo la mirada a la suya, pero él está observando mi teléfono.
─ Sí, ─ respondo volviendo mi mirada hacia las imágenes que refleja la pantalla de mi teléfono.
─ ¿Hasta que hora es tú colaboración de hoy? ─ Pregunta.
─ Hasta las seis, pero si me necesita me puedo quedar ─ me ofrezco.
─ Quédate y yo cuadro la próxima colaboración ─ propone y sé que él estará de guardia hasta mañana a las ocho. Tengo mucho trabajo también en la agencia de festejos de mis tías, pero de solo pensar en estar a su lado mi corazón se remueve con fuerza en mi pecho. Asiento a su propuesta y ambos nos perdemos en la mirada del uno al otro.
─ ¿En realidad no recuerda lo que sucedió esa noche? ─ Es mi constante pregunta.
─ Sino se presentan emergencias esta noche podemos descansar un rato en el área de lencería ─ Propone y mi pecho da un vuelco con la rotación de mi corazón y solo asiento como la verdadera boba a la cual hay que limpiarle la baba.
Ashley Freetman.
─ Doctora, Ashley. ─ susurra uno de los niños sentándose en la camilla para abrazarme. Acción que se detiene cuando observa a los pocos pasos la cadena de médicos. Igual lo abrazo aunque sé que me ganaré la reprimenda del siglo.
─ A lo que todos se retiren del pasillo yo vuelvo a dejarte tú sorpresita ─ le aseguró al niño y así será, hoy les he traído las ricas gelatinas que sé cuánto le gustan y que mi amigo Mésele, con toda seguridad las tiene escondidas.
─ ¿Cuándo culmine la guardia te marcharás? ─ Pregunta el niño mirándome entristecido.
─ No, la doctora Ashley, tiene guardia toda la noche hasta mañana ─ mencionó el doctor Noah, acercándose, el niño sonrió y yo moví su cabello sonriendo.
─ Este Guerrero presenta un Neuroblastoma en glándula suprarrenal, está iniciando en el tejido nervioso ─ explica el doctor Noah, a los médicos que están recorriendo el área para recibir la guardia que inicia desde las ocho de la noche hasta las ocho de la mañana, los colaboradores las tenemos de seis a seis, pero casi siempre nos quedamos para hacer los recorridos de las entregas de guardia, en este pequeño momento, se aprende mucho de cada diagnóstico.
El recorrido finaliza y voy a buscar las gelatinas para entregárselas a los niños que las pueden consumir a esta hora, me tardo más de lo debido ya que ellos siempre me entretienen.
Llego al estar médico y busco las chupetas que nunca me faltan, le entregó a mis colegas una para cada uno y me voy hacia una de las sillas, en los pequeños momentos de descanzo todos agradecemos porque no hay emergencias y respiramos profundo.
Observo al doctor Noah, firmando papele. Con toda seguridad está hundido en su responsabilidad administrativa en el área de Oncología infantil.
Busco mi teléfono y mis audífonos y comienzo a coordinar la planificación de los eventos que tenemos pendientes, ingreso en las tiendas virtuales de festejos buscando lo que necesito.
Hay varios eventos infantiles y todo lo que tenga que ver con infantes y hacerlos felices es mi mundo, ingreso a un chat de decoración infantil y observo las artes en decoración con globos, hay payasos y animales hechos de globos, también árboles navideños y regalos; todo hecho con globos. Me encantan y ya tengo una idea para uno de los eventos, sonrío feliz y comienzo hacer los pedidos desde mi teléfono, así cuando salga mañana del hospital paso a recoger todo lo que he encargado.
Ingreso a otras tiendas virtuales y sigo haciendo los pedidos, consulto con mis tías enviándonos imágenes e ideas las cuales compartimos, en una hora e avanzado un poco y...
La alarma se enciende y se que es una emergencia. El doctor Noah, hace a un lado su bolígrafo levantándose, observa su indicador y...
─ Ala cuatro ─ señala y enseguida nos dirigimos al ala que a mencionado. El enfermero Mésele, nos hace seña cuando prácticamente estamos corriendo por el pasillo.
─ Doctor, comenzó a presentar convulsiones, ─ expresa el enfermero corriendo junto a los dos médicos y yo.
Llegamos a la camilla donde está el pequeño con una fuerte convulsión, escuchamos nuevamente la alarma y sabemos que es otra emergencia, observó los dos médicos y se que esa emergencia la cubrirá otro médico de los que está de guardia con sus colaboradores.
─ Tiene mucha fiebre ─ menciono cuando toco el cuerpecito del pequeño, enseguida la enfermera le coloca la cinta del termómetro mientras tratamos de estabilizarlo.
─ Doctor la saturación bajó de ochenta a setenta ─ informo observando el indicador y notando como sigue descendiendo. La dificultad respiratoria está aumentando y se que estamos perdiendo al pequeño. El Doctor Noah, se mueve apresurado inyectando al pequeño sin dar la orden al núcleo de enfermeros.
El enfermero Mésele, se apresura a medir la presión barométrica.
─ La hipoxemia es severa ─ informo observando el indicador, la respiración se hace más dificultosa y a aumentado también la frecuencia cardiaca.
─ Administración de oxígeno ─ ordena el doctor y ya yo vengo apresurada para suministrarlo al notar el aumento de la dificultad respiratoria, pidiéndole a Dios que con solo eso sea suficiente y no tengamos que introducirlo a quirófano para intervenirlo.
─ El paciente ingresa para fisioterapias respiratorias ─ indica el doctor Noah, diez minutos después. Respiro aliviada al notar que la respiración del pequeño va nivelando y la saturación está ascendiendo.
─ No puede descender de noventa ─ indica el doctor al núcleo de enfermería. El jefe de enfermeros es Mésele, y él asiente dando órdenes a sus colegas. Noah, receta los antibióticos que deben suministrar, el niño tiene un síntoma viral y en su cuadro de salud una simple gripe en pacientes con cáncer puede causar mucho daño y hasta la muerte.
Saliendo de ese pasillo la alarma vuelve a sonar, el doctor y yo nos observamos. Yo, desde hace tres meses he sido nombrada su colaborador y nadie con su experiencia y su entrega para aprender de él. Ambos nos dirigimos al otra ala que es donde está señalada la emergencia, ingresamos observando al niño que tiene una hemorragia nasal. La alarma vuelve a sonar y se que esta será una de esas largas noches en el piso de Oncología pediátrica.
Son la una de la madrugada, desde las nueve de la noche no habíamos tenido descanso hasta este momento. Llego al Star de médicos y ayudo a la asistente de guardia con el trabajo administrativo.
─ Estoy solicitando insumos médicos ─ señala la joven el ordenador.
─ Te ayudo ─ le indico, ya en varias oportunidades lo he hecho para surtir las necesidades del piso de Oncología pediátrica.
El doctor levanta su rostro y mueve su cabeza desestresándose un poco. Se nota cansado y creo que igual me veré yo. Montar guardias o colaboraciones de veinticuatro horas es difícil y a esta hora de la madrugada los efectos se notan.
─ Mejor descansemos un rato ─ dice el doctor Noah, llegando hasta mi lado y observándome.
─ Pero es el primer turno ─ musito elevando la mirada hacia él y frunciendo el entrecejo ya que al doctor Noah, le gustaba descansar en el segundo turno de guardía.
─ Lo sé, pero estamos aquí desde esta mañana y a estado muy movido el día, los que ingresaron de guardia en la noche pueden descansar el segundo turno ─ expresa y es cierto, si hay algo que destaca al doctor es que no le gusta dejarse vencer por el cansancio, según él para estar en condiciones si se presenta una emergencia.
Me levanto de la silla para dirigirme a la habitación de descanso, la verdad es que necesito un par de horas. Le sonrío a mis cuasi colegas, estiro mi cuerpo y salgo del área del Star médico, siento los pasos del doctor Noah, detrás de los míos y...
Toma mi brazo deteniendo mi andar al área de descanso.
─ Utiliza el área de lencería ─ propone y yo lo observo, su rostro serio no refleja nada.
─ Allí nadie nos molestará y lograremos descansar un poco ─ musita y es cierto. Asiento y él camina unos pasos y ahora soy yo quien sigue su andar.
Llegamos al área de lencería y el lugar me trae a los recuerdos de hace unos meses atrás, exactamente diez meses antes. Cruzamos los estantes donde todo está acomodado, observo las sábanas y las colchas para vestir las camas hospitalarias y seguimos hacia esa pequeña habitación donde todo sucedió.
Me acomodo en el sofá dejándole a él la cama individual. En mi pecho se siente el golpeteo de mi corazón y siento como la adrenalina va haciendo su función en mi cuerpo y solo desvío la mirada de la cama, tomo mi teléfono para llenar mi mente de otras imágenes y calmar los golpes de sangre que bombean mi pecho con los recuerdos.
Pero nada es fácil cuando el doctor Noah, se acomoda a mi lado. El corazón se me quiere salir del pecho, estamos solos, pero también agotados y esta vez él no está dopado con el alcohol.
Trató de calmar mi respiración, controlar mi cuerpo y cerrar la boca para que mi baba no se salga. Trato de no salivar, pero es imposible cuando tengo mi amor platónico tan cerca de mi cuerpo.
─ Le dejé la camilla doctor ─ susurro con nerviosismo.
─ Nunca permitiría eso, descansa tú en la cama ─ propuso levantando la mirada de la pantalla de mi teléfono y buscando mi mirada.
─ ¡Rayos! ─ menciona bajando nuevamente la mirada al teléfono, yo hago lo mismo y frunzo mi entrecejo observando las imágenes de decoraciones infantiles.
─ ¿Sucede algo? ─ Pregunto con curiosidad.
─ Creo que no, solo que Jaime, me ha encargado unos adornos para decorar su salón estudiantil ─ musitó un poco contrariado, sonreí entendiendo lo complicado que es para el doctor integrarse al arte decorativo y a las fechas decembrinas que inician en dos días.
─ Diciembre está muy cerca y el ambiente de este mes también ─ menciono sonriendo comprensivamente. Él respira profundo y entiendo que no le agrada mucho el ambiente decembrino.
─ No se preocupe, yo puedo ayudarlo mañana cuando salga del hospital debo pasar por unas tiendas retirando los encargos que tengo pendiente para los eventos, si desea puedo comprar algo para Jaime. ─ Ofrezco sonriendo y él me observa y luego baja su mirada a mis labios, volviéndola a subir a mis ojos.
─ Te puedo acompañar y así me dices todo lo que debo comprar ─ propone y yo asiento. Me levanto del sofá y me voy a la camita individual para que él pueda descansar, ambos nos observamos y disimulo tomando mi teléfono y tapando mi rostro, coloco la alarma y no puedo negar que estaba cansada porque a los minutos caí en un sueño profundo.
El ruido de mi teléfono me despierta, giro mi cuerpo ya que no se en que momento me he girado boca abajo en la camita, que no sé ni cómo da para hacer ese giro. Observo la hora en la pantalla de mi teléfono y son las tres y media de la madrugada.
Me acerco hasta el doctor Noah, y notó que está sudando y se mueve incómodo, lo llamo pero parece estar profundamente dormido. Vuelvo a llamarlo, pero no escucha y noto otro movimiento de incomodidad, quizás tiene un mal sueño murmuro observando su frente perlada por el sudor.
Observo su cadera y su alarma de emergencia está normal, así que lo dejo descansar un rato más. Salgo de la pequeña habitación y luego del área de lencería. Tomo mis pertenencias y me dirijo al baño, lavo mis dientes y mi rostro. Recojo mi cabello y me coloco el gorro y el tapabocas completando el traje de seguridad, paso por el área de desinfección y el rociado me cubre, paso por el área caliente de secado instantáneo y luego ingreso al ala para ir pasando de pasillo a pasillo a corroborar cómo siguen los niños, las alarmas de emergencia no han repicado desde hace una hora y eso es buena señal.
Una hora después culmino el recorrido y me consigo al doctor Noah, en el Star médico haciendo el trabajo que yo había dejado pendiente antes de irme a descansar un poco. Me acerco para ayudarlo y el olor a jabón y su cabello mojado me indican que se ha duchado.
Monto la cafetera eléctrica y a los minutos el olor a café nos anima un poco más.
─ Lo ayudo y así usted, va firmando los pedidos a la Dirección General ─ indico entregándole un vaso desechable con café y tomando otro para mí.
Él lo toma elevando su mirada buscando la mía y llevando su vaso de café a sus labios.
─ ¡Por favor! cuando despiertes antes que yo me llamas ─ mencionó sin desviar su mirada de la mía. Su pedido fue utilizando el por favor, pero su tonalidad fue con una orden. Asentí y en silencio me acomodé en la silla que él estaba utilizando antes.
─ ¿Dónde estabas? ─ Preguntó y nuevamente cruzamos miradas.
─ Haciendo un recorrido para ver cómo estaban los niños ─ mencioné y noté su mandíbula relajarse.
Pasé una hora ayudando al doctor con la solicitud en la deficiencia de insumos médicos hospitalarios. La alarma de emergencia repicó y el doctor se levantó de la silla donde estaba detrás del escritorio.
─ Sigue allí yo la cubriré con el núcleo de enfermeros ─ mencionó y su orden sonó firme, pero no podía dejarlo solo, sin embargo, la necesidad de insumos médicos hospitalarios también era importante. Respiré profundo observando su andar cuando salió apresurado del Star médico.
─ ¡Dios! este es el día a día del piso de Oncología infantil. ─ musité llenando el pedido de insumos médicos para cubrir las necesidades del piso.