Aún recuerdo aquella vez que te miré por primera vez, no sabía nada de ti, y aún así, no sentí miedo de estar a solas contigo en aquel lugar. Nunca imaginé que, ese sería el comienzo de mi destrucción: y fue el comienzo de un amor que quebró cada pedazo dentro de mí, y me hizo romper cada ilusión.
-Nunca me ha gustado estar lejos de ti, siento un vacío en mí. -Sus palabras hacen que mi corazón quiera salirse de mi pecho, a pesar de saber que cada palabra es una mentira: como lo es él-. Por eso nunca que peleamos te dejo ir, porque siento un vacío que solo lo puedes y sabes llenar tú.
-Mentir es tu talento, Gales -me burlo, actuando como si esto no me afectara-. Me humillaste cada vez que te rascó el puto culo, sabiendo el dolor que yo sentía, y cómo lloraba diciéndote que me estabas haciendo daño. Te pedí que cambiarás por mí, y te valió un centavo destruirme. Ahora soy yo la que no quiere verte, me produces asco.
-No me digas eso, me duele.
-¡Más me dolió a mí soportarte las humillaciones que te aguanté por ingenua! Más me dolió a mí escuchar cómo le decías a ella que era el amor de tu vida, mientras me hacías a un lado.
-Cassie, yo te amo, te amo más que a nada en este mundo.
-Pero no soy el amor de tu vida -Susurro, al sentir mis labios temblar-. Si me amas conserva ese amor en tus recuerdos, porque a mí me has perdido, y para siempre.
-¿Te volveré a ver?
-Tal vez.
-¿Y si no te vuelvo a ver?
-Escucha los latidos de mi corazón.
¿Y si no te vuelvo a ver?
Capítulo 1.
-Gales Jurek-
-¿Te has fijado en la nueva vecina? -Llevo horas estudiando para un examen y mi hermano estaba demorando en hablar sobre la nueva vecina que, a decir verdad, no la he visto-. Es muy simpática.
-No me digas, ¿cuerpo esculpido, kilos de maquillaje, senos grandes, alta y la típica chica que los vuelve locos a todos?
-Enana, muy delgada, sin maquillaje y no vuelve loco a nadie más que a su mamá -giro mi silla para poder verle la cara, cómo es que sabe todo eso si apenas están llegando-. La miré discutir con su mamá -me aclara, al mirar mi cara.
-Eres el vivo ejemplo que los hombres también somos chismosos.
-Iré con mamá a darles la bienvenida, ¿vienes? -Niego con el lápiz que llevo en medio de mis labios-. Si te dijera que la chica es hermosa, ahí sí vendrías.
Bufo, con una sonrisa. -Solo no me interesa conocer a los nuevos vecinos, eso es aburrido. Cierra la puerta cuando salgas.
-Qué raro puedes llegar a ser -me tira uno de mis libros y lo alcanzo.
-Raros nuestros nombres y apellidos, y míranos, aquí estamos mejor que nunca.
A veces creo que mamá estaba enojada con medio mundo cuando escogió nuestros nombres, porque sí son muy extraños, y a eso hay que sumarle nuestros apellidos. ¡Nos castigaste, Dios!
Vuelvo a la laptop para seguir estudiando, y ya no puedo concentrarme. Quiero ir a mirar cómo son mis nuevas vecinas, pero tampoco es algo que haga cuando llegan personas nuevas. Me levanto de la silla y me coloco una camisa, saldré a caminar al bosque que está a unos minutos de aquí. La mayoría de tiempo hay mucha gente, pero parece que nadie estuviera allí, por el silencio.
Mamá no sabe que vengo aquí. En realidad, ella es muy tranquila, pero piensa que en estos lugares puedo encontrar cosas desagradables: todavía piensa que soy un niño. Me adentro al bosque y, nunca he sido de pasar los límites permitidos, pero hoy quiero hacerlo.
Me quedo quieto cuando me doy cuenta de que en uno de los troncos que hay en el suelo, está una chica sentada. Bajo la mirada y a su lado tiene unas bolsitas pequeñas con algún polvo blanco; Cocaína. Sin querer piso una rama logrando que se quiebre, y la chica se levanta de golpe. Me mira como si estuviera enojada y su cara luce muy pálida, tiene unas ojeras terribles, y sus labios parecen pálidos.
-No deberías consumir eso -le señalo la bolsita en su mano y la guarda en el bolsillo de su sudadera deportiva-. Cada vez que consumes alguna droga vas matando tus neuronas.
No la veo cambiar su expresión de enojo, y me pasa por el lado sin decir una sola palabra. Parece cansada. Me voy detrás de ella, sin saber quién es o de dónde salió. Puede que me haga daño, después de todo, debe ser una adicta, pero quiero saber por qué hace tal cosa si esas sustancias solamente nos dañan.
-¿Por qué consumes? -Sigo su paso rápido, intento tomarla del brazo y me empuja-. Oye, no te quiero hacer daño.
-No me vuelvas a tocar, y ya deja de seguirme.
-¿Te doy miedo?
-No.
-¿Entonces?
-Solo no me sigas, me estresas.
«Pensará que soy algún psicópata».
Me quedo inmóvil y ella sigue su camino, no entiendo adónde va, si se sigue adentrando al bosque. La chica no creo que sea del pueblo, a pesar de su ropa húmeda y su cabello vuelto un lío, parece de alguna ciudad que no es por aquí cerca.
-¡¿Cómo es tu nombre?!
Me percato que no lo ha dicho.
-¡Seré tu peor pesadilla si no dejas de acosarme!
Se pierde de mi vista, y por más que quiera ir detrás de ella, no lo hago, y no por miedo, simplemente no tengo idea quién es. Me gustaría saber por qué se droga si es tan joven. Decido regresar a casa, al parecer, mi caminata ha fallado, y no es para menos, después de mirar cómo una chica tan joven puede estar matándose poco a poco.
Vuelvo a casa y cuando entro está mamá sentada en la sala de estar, con mi hermano. Me regala una mirada de acusación, y yo le sonrío, porque sé que me dirá que soy un maleducado por no ir con ellos donde los nuevos vecinos.
-Viejita -la saludo-. Qué hermosa luces hoy.
-Esos elogios te sirven con las chicas de la calle, conmigo no. ¿Por qué eres tan maleducado, Gales Jurek?
-Dile, por qué eres tan maleducado, Gales.
-No ayudes tanto, Ellen Jurek. Solo no quise ir a saber quiénes eran, mamá, y era eso o tener una cara de culo que seguro te iba a molestar.
Sé que mi hermano únicamente lo hace por reírse de mí, y es que nos llevamos muy bien, pero a veces me saca los demonios.
-Buen punto -me siento a su lado-. Igual nada más estaba la señora Irving, su hija había salido.
-Creí por mucho tiempo que éramos los únicos con nombres y apellidos raros, pero no, mira que tener ese apellido. Ya eso es cosa del diablo.
Nos reímos por lo que dice mi hermano.
-¿Ese es su nombre? -Pregunto, tratando de mostrar interés.
-No, solo es su apellido -me aclara mamá-. Después de todo, ¿dónde estabas a esta hora?
Mamá, por qué debías preguntar eso.
-Con alguna chica, ya sabes que has criado un tigre -me salva mi hermano-. Seguro la tenía gritando su...
-Ellen -le regaña mamá-. No quiero detalles, ¿vale?
-Suficiente tuvo con lo que hacía de joven -la molesto y me gusta ver cómo la cara de mamá se pone roja-. Por Dios, mamá, te imaginas eso y te pones roja. Qué sucia.
-Tampoco te pases, Gales -se levanta-. Se lavan las manos y vienen a comer, ustedes me van a volver loca.
-¿Más loca? Ya eso es avaricia, mamá.
Mamá solo sonríe y se aleja de nosotros. Desde que papá murió ha estado para mi hermano y para mí, por eso tratamos de no darle muchos problemas. Bueno, Ellen siempre está en líos de falda con cualquier chica y luego anda huyendo.
-¿Fuiste al bosque?
-Sí, gracias por no decir nada.
-¿Y por qué tu cara cuando llegaste?
-¿Qué cara?
-Esa que tienes, parece que hubieras mirado algo desagradable.
-Nada, ideas tuyas.
Toco su hombro y me voy a lavar las manos. Si me quedo hablando me va a sacar la verdad y no quiero decirle que miré cómo una chica consumía. Y no porque eso le moleste, simplemente, ya tuvo demasiado viendo cómo papá consumía y luego nos agarraba a golpes.
Ya son casi las nueve de la noche, y todavía sigo hablando con mis amigos. Puedo ver lo que hacen a través de la laptop, y ellos ven lo que hago.
-¿Ya saben que el lunes tendremos una compañera nueva? -Mia le da una mordida a lo que sea que esté comiendo, y vuelve hablar- Dicen que es colombiana, y según las latinas son muy ardientes.
-¿Y por qué va a nuestra escuela? Sabemos que allí la mayoría somos un desastre. Estamos porque nos corrieron de otra escuela, o porque no servimos para el estudio -Ernesto juega con los bordes de su pañoleta-. Nada bueno debe ser esa chica si va a nuestra escuela. ¿Creen que sea ardiente?
-Solo piensas en llevarte a las chicas a la cama -cierro mi libro y no hago el mayor esfuerzo por quitar la cara de culo que cargo-. No esperen mucho de una chica que posiblemente sea peor que nosotros juntos.
-¿Será guapa? -Insiste Mia.
-Tal vez.
-Posiblemente, sea una loca -acabo con el tema-. Chicos, ya iré a dormir, si me quedo aquí ustedes no me dejarán dormir.
-¡Espera! -Me dice Mia antes que corte la videollamada-. ¿Qué tal tus nuevos vecinos?
-¿Ya miraste si los vecinos tienen una hija guapa? -Sigue Ernesto.
-Les recuerdo que también son vecinos de ustedes. Y no, no he visto a nadie de la casa nueva. No me interesa.
[...]
Venir a clases un sábado por la mañana es la cosa más desagradable del mundo. El profesor de química nos hizo venir por unos simples apuntes, y es que solo a él se le ocurre hacernos cruzar medio mundo por unos estúpidos apuntes. «Ok, exageré, mi casa queda cerca de la escuela». Debo agradecer que este sea mi último año como estudiante de esta escuela. Si sigo aquí es porque perdí un año de preparatoria y gracias a eso sigo en este calvario con diecinueve años.
-¿Se quedan? Iré al museo -le digo a mis amigos, esto está realmente aburridor.
-Un día de estos se darán cuenta de que te metes sin permiso.
Gracias, Ernesto, eres el mejor.
-Yo sí voy, amigo -Mia me sonríe, y es que siempre me apoya en mis tonterías.
Antes que se dé cuenta el profesor que vamos a salir, nos vamos corriendo. Me gusta ir al museo, me gusta adorar cada obra que allí se encuentra. Logramos salirnos de la escuela sin problema alguno y tomamos un taxi que nos lleve a nuestro destino.
Mis amigos nunca dicen que no a una de mis locuras. Llegamos al museo y nos volamos la paredilla para entrar por una de las puertas traseras.
-Les dije que no había problema si veníamos aquí -las palabras no salen del todo de mi boca, cuando una resplandeciente luz nos hace cubrirnos los ojos con nuestros antebrazos. Creo que no es nuestra mejor noche-. ¡A correr!
Mis amigos me siguen cuando salgo corriendo, y cuando vemos que los guardias vienen detrás de nosotros, cruzamos por distintos pasillos. Alcanzo a mirar que a Ernesto lo toman por los brazos y a Mia la siguen persiguiendo. No puedo dejarlos solos, fui yo el de la idea. Me detengo y me doy la vuelta con rapidez al escuchar el grito de mi amiga. -¡Mierda, Mia!-. Por sus gritos puedo saber dónde está, y de aquí puedo ver que uno de los guardias se está propasando con ella, le doy un golpe en su cara. No alcanzamos a correr cuando dos guardias más nos toman de los brazos.
-Se irán a la delegación, invadieron propiedad privada -el tipo que quería pasarse con mi amiga se nos acerca-. Me pagarás este golpe -toca su mejilla- con una noche en los separos. Y tú -señala a Mia- pasarás con él por no querer estar conmigo. ¡Llévenselos!
Ahora sí me metí en líos con mamá.
[...]
-¡Suéltenme, viejos decrépitos! -Escuchamos unos gritos. Me miro la cara con mis amigos y solo vemos cómo unos guardias cargan a una chica, mientras ella trata de zafarse. La empujan haciendo que caiga al suelo y se levanta manoteándolos-. ¡Sáquenme de aquí, yo no tengo nada que ver con los disturbios! ¡Les quemaré el culo cuando me saquen de esta pocilga!
Estoy casi seguro que sus gritos se pueden escuchar en toda la ciudad. Se gira hacia nosotros, y si no estoy mal, mis amigos también han notado lo mismo que yo: está drogada o lo estuvo. No logro distinguir el color de sus ojos por sus notables ojeras, su cabello rubio se mira maltratado, y su piel blanca luce tan pálida que fácilmente podría compararla con un muerto. «La chica del bosque».
-¿Se les perdió una igual o muy parecida? -Se da cuenta de que nos hemos quedado mirándola-. Que yo sepa, no les debo un peso a ninguno.
Su tono de voz es fuerte. Me doy cuenta de que por su manera de hablar no es de aquí. Esta chica mide menos de medio metro, -literalmente-, y no creo que nos vaya a intimidar, a leguas se le nota que es tan problemática. Nada bueno debe ser: viciosa y patética. Qué combinación. Puede que no pensara eso cuando la miré en el bosque, y le pregunté su nombre, solo que ahora se mira tan diferente.
-Relájate y bájale a tu tono de voz. Aquí nadie te está haciendo nada -Ernesto la mira de pies a cabeza-. Tampoco estás tan buena para que nos ofrezcas tus servicios, a menos que seas especie de una prostituta con ganas locas de ganar dinero para ir a meter coca.
La veo acercarse, y conociendo sus intenciones la tomo de las manos para que no golpeé a mi amigo. La chica al parecer ha estado en varias peleas porque se gira y me da un golpe en el abdomen. Intento levantarme y sostiene mi brazo, causando dolor.
-Si le iba a pegar a ese baboso es porque se lo merece, y tú no tienes que meterte en nada, ¿entendido? -Me aprieta el brazo en una llave, y antes que siga en su ataque, me doy la vuelta y la dejo pegada a los barrotes de la celda. La capucha que cubre la mitad de su cabeza se le cae. Puedo mirar el odio que desprende su mirada-. Te doy un minuto para que me sueltes, y ya te queda medio minuto.
-Gales, déjala, es una chica -Mia se me acerca y acaricia uno de mis brazos-. Por favor, le puedes hacer daño.
-Hazle caso a tu novia -se pasa la lengua por sus labios y puedo notar el piercing que lleva. Eso no me parece tan de mal gusto. Miro a Mia y ella me sonríe para que me tranquilice. Por un solo descuido la chica me hace a un lado y aprovecha para darme un golpe directo en mis huevos-. ¡Por pendejo! -Me hace a un lado.
-¡Maldita viciosa! -Le grito en un impulso y cuando veo que se detiene y me mira, me arrepiento de lo que he dicho. Se ha tensado por lo que dije y Ernesto y Mia me están mirando la cara. Creo que las cagué-. Lo siento, no quise ser un...
-Ya cállate.
Esperaba una reacción grosera de su parte, y no fue así. Ella únicamente se sentó en una de las banquetas que aquí hay y cubrió su cara con sus manos. No debí gritarle nada de eso, pero esta chica está loca. Llega aquí gritando como una demente, y pretende que nos dejemos de ella. Me pego a los barrotes y prefiero no decir nada, para no hacer las horas más tensas. Cuando la miré en el bosque no parecía tan agresiva, aunque puede que esté de esa forma por lo que ha consumido.
-Te pasaste, amigo -Ernesto palmea mi hombro-. La heriste.
-Los dos se pasaron, es una chica así como yo, por más ruda que parezca sigue siendo una chica -Mia nos mira. Ella sabe cómo hablar para que solo nosotros sepamos qué dice-. ¿Sí notaron que no es de aquí del pueblo? La chica debe ser nueva aquí y ustedes ya le han dado la peor bienvenida. Tal vez, sí consume, pero ninguno sabe el por qué lo hace, y aquí los dos saben que yo un tiempo consumía para olvidar la vida tan puerca que llevaba. Y sé perfectamente qué poder tienen esas palabras que le dijeron a esa chica.
-¿Metimos las patas? -Decimos en unísono.
-Hasta el fondo, chicos.
-No pediré disculpas, ella comenzó. -Me cruzo de brazos-. Que me pida disculpas ella.
-Yo tampoco pediré una disculpa, esa chica casi me pega.
-Cobardes.
Mia trata de acercarse y antes de hacerlo recibe un grito por parte de la chica. No tengo idea de dónde salió y menos quién es, pero lo que sé es que es tan basura como lo soy yo. No debí gritarle, pero ella no debió pasarse con nosotros. Ojalá nunca la vuelva a ver, porque ahí sí se me olvida que es una chica y puedo perder el control. Ella se mira menor que yo, pero si me la topo de nuevo, le haré la vida imposible. Ya no me interesa saber su nombre, pero tengo algo de curiosidad. «De dónde habrá salido esta imitación barata de Billie Eilish».
¿Y si no te vuelvo a ver?
Capítulo 2.
-Gales Jurek-
-¡Gales, ya es tarde! ¡Muévelo! -Jalo mi bolso y salgo corriendo de mi habitación. Ya es muy tarde y no puedo tener otra falta en la escuela, porque ahora sí llaman a mi mamá-. ¡Gales!
«No puedo creer que mi hermano se haya ido sin mí, traicionero».
-Ya deja de gritar, viejita -beso su frente. Nunca me ha dado pena mostrarle el cariño que siento, con mamá puedo ser como quiera y ella es mi adoración-. Ya me voy, y no te llamarán de la escuela.
-Ya me han llamado cinco veces -me empuja hasta la puerta-. Ándale.
-¡Te quiero!
-¡Te amo!
La escuela no está muy lejos de aquí, y por eso puedo ir caminando. Lo malo de vivir cerca es que los profesores pueden venir a decirle a mi mamá lo mal alumno que puedo ser a veces. Miro a mis amigos en la entrada y es extraño que no estén en el salón, los saludo y entramos. Los dos están muy raros.
-¿Qué me quieren decir? Los dos están muy extraños, y ya me los conozco -llegamos al salón y coloco mi bolso en mi puesto. Hay una silla detrás de la mía y eso es lo más extraño-. Hablen.
-Nada, estás mal -se ríe Mia, negando con su cabeza-. El clima te está afectando.
-¿Estás seguro de que la chica de la celda no te dio una bolsita con algún polvo blanco? -Ernesto revisa los bolsillos de mis jeans y lo hago a un lado.
-Déjate de burradas -me rio porque es mejor eso que enojarme-. Gracias al universo fue la primera y última vez que vimos a esa chica que, de hecho, me cayó tan mal. «Tampoco les pienso decir que ya la había visto antes»
No termino de hablar muy bien cuando se escuchan unas voces detrás de nosotros. No me giro porque sé perfectamente que es el cabrón de Emilio. Va en otro salón, pero es una pesadilla para todos en la escuela, a excepción de las chicas, -a ellas se les baja las bragas por sí solas cuando lo ven-. Escucho a mis amigos dejar salir un pequeño jadeo y no puede ser que se pongan así por alguien tan insignificante como lo es Emilio.
-Lamento decirte que no era la primera y la última vez que veías a la chica de la celda -musita Mia, sin apartar la mirada de algún punto específico-. Necesitas ver esto.
Antes que ella diga algo más, me giro para ver a qué se refiere. Juro que me han echado una maldición cuando veo a la chica de la celda: sí, la misma que grité el sábado que nos detuvieron, y a la que miré en el bosque. No solo logró que me cayera mal en unos minutos, sino que aparece con el chico que peor me ha caído desde primaria. Al parecer, son novios, porque él la tiene abrazada, aunque ella lo empuja.
Está vestida con ropa de color, y su cabello trenzado. No se ve tan mal, pero tiene leves ojeras y para nada sonríe. No puede ser que de tantas personas en el mundo sea ella nuestra nueva compañera de curso.
Lo empiezan a saludar y la chica solo está ahí. No luce tan contenta.
-¡Hey, Gales! -Ya sabía yo que no iba a perder la oportunidad de joderme la vida. Emilio es una calilla-. ¿No me vas a saludar? Dos semanas sin venir a clases porque estaba lesionado, y no me piensas saludar. Qué maleducado eres.
Me rio, sarcástico.
-Te extrañé tanto que te preparé una bebida con formol -se ríe por lo que he dicho-. Pero no te fue tan mal, regresaste con una novia nueva.
-¿A poco no está guapa? -Dice, refiriéndose a ella.
-Y por exceso de belleza estuvo detenida una noche entera -mis compañeros sueltan una carcajada-. O, más bien, por ser una delincuente.
-Pero quién habla -la chica de piel pálida que no sé su nombre se acerca-. El chico que por meterse a un museo pasó una noche de perros, y como si fuera poco, te dejaste golpear de mí.
-¡Oh, sí! ¡Eso dolió! -Grita Nazlie, una de las amigas de Emilio.
No podemos decir nada más porque entra la profesora. No sé qué le dice a la chica nueva que ella le hace un gesto de desinterés y se sienta detrás de mí. No tenía la menor idea que Emilio tenía novia, hace unos días le rompió el corazón a mi prima, y ahora viene como si nada con una aparecida. No sé cómo pudo lastimar a mi prima que es tan guapa, y todo para meterse con una chica que se le nota que fuma. «Qué desperdicio».
Me concentro en la clase, y trato de olvidar este mal momento, precisamente hoy no vino Hairéth: una chica con la que ando cuando quiero desestresarme. Escucho risas en todo el salón y no entiendo de qué se ríen, hasta que por inercia miro detrás de mí y veo sonreír a la nueva, -no es una sonrisa para nada inocente-. Comprendo todo cuando me doy cuenta de que me ha pegado un chicle en el cabello.
-Mañana tendrás un nuevo corte de pelo -se ríe escandalosamente y mastica de manera exagerada un chicle-. Lucirás peor que hoy.
-Date por muerta -aprieto mis dientes-. Me las pagarás.
[...]
-¿Vieron lo que me hizo esa chica? ¡Me pegó un chicle! -Me muevo de un lado a otro con el coraje que siento en este momento. Cómo diablos hace tal bajeza-. Está loca, me hizo quedar como un tonto. Novia de Emilio tenía que ser la chica esa para ser tan odiosa.
-Se llama Cassie Irving, origen latino, dieciocho años, y ojos azules, aunque yo insisto que se le miran de otro color. Y no hay que ser novia de Emilio para ser tan odiosa -me le quedo mirando a Mia, cómo es que ya se sabe su nombre si apenas la conoce. Y el sábado esa misma chica la gritó.
-¿FBI?
-Hasta buena sería trabajando ahí, pero no. Me robé su expediente y por esa razón sé todo lo que dije, no había mucha información de la chica. Busqué por qué la transfirieron a esta escuela, y no hay nada.
-No sé por qué hablan tanto de esa chica, ni amigos seremos -Ernesto nos hace callar-. Es una niña que consume, y no tenemos que acercarnos a ella. Menos tú. -Señala a Mia-. Te costó lágrimas dejar esa basura como para que recaigas de nuevo por influencia de la latina.
-No tienes que recordarme cada dos segundos que fui una maldita consumidora.
Mia toma su mochila, y se aleja de nosotros. Le doy un apretón de hombro a mi amigo y me alejo de él. Su problema es que no sabe callarse lo que piensa, y eso le trae problemas. Pienso ir al salón, hasta que veo a Cassie caminar hacia las gradas de la cancha de voleibol. Me voy detrás de ella, la veo sentarse y sacar de su mochila lo que parece un cigarrillo de marihuana.
Es la oportunidad perfecta para que me pague haberme pegado un chicle. Camino de prisa hasta la dirección, y pido hablar con algún profesor, la única que está es la nueva profesora. Parece buena persona.
-¿Si? -Estira sus labios con una sonrisa-. ¿Necesitas algo, Gales?
-En las gradas de la cancha de voleibol hay una chica fumando.
-¿Quién es?
-Cassie -digo sin pensarlo-. Cassie Irving.
-¿Qué? -Pregunta sin poder creerlo-. Vete a tu salón, yo me encargo de tu compañera. Ni una palabra de esto a nadie.
«Ahora sí me las vas a pagar, Cassie».
Ni mal que estuviera para perderme la cara de esa chica cuando vea a la maestra. Voy directo hacia la cancha y cuando me asomo ellas parecen discutir. Me acerco más para poder escuchar.
-¡Ya deja de meter tu puto culo en todo! -Cassie se levanta tirando sus cosas-. Yo nunca te he pedido que me detengas cuando quiero meterme lo que tú llamas "basura".
-Sabes que no puedes meterte esas basuras, no te hacen bien. Sobre todo porque...
-Cállate. Todo es tu culpa -se ríe un poco, tiene su mirada perdida, y debe ser por lo que ha fumado. Se mete el cigarro a la boca, le da una calada y el humo se lo sopla en la cara a la maestra-. Vete a seguir con tus alumnos, ellos te necesitan más que yo.
Le quita el cigarro y lo pisotea en el suelo.
-No seguiré con esta conversación, nunca cambiarás por más que te lo pida.
-Tú eres la culpable que yo exista en este mundo loco, ¿no? -Desvía su mirada, y alcanza a verme, le sonrío y ella solo me mira.
Agito mi mano en el aire haciéndole saber que se irá. No creo que le dejen pasar que estuvo fumando dentro de la escuela. Qué pena por ella que apenas llegó y ya se debe regresar a su mundo. Nunca debí acercármele en el bosque, esa es una chica que no tiene futuro, y pudo dañar el mío. Ya tuve suficiente mirando a papá cuando se metía esas porquerías, como para estar pendiente de una chica sin sentido.
[...]
Escucho los ladridos de un perro, y me asomo por mi ventana. Ya es media noche, no sé cómo se pudo escapar mi perro: Kity está conmigo desde que era un cachorro. Salgo a buscarlo, y luce muy alterado, por más que trato de calmarlo sigue ladrando.
Miro a donde ladra y veo una silueta en una de las gradas que hay en la calle. Me acerco a ver si necesitan ayuda, y veo que es Cassie. Me doy cuenta de que está drogada, porque sus párpados lucen caídos, sus labios pálidos, y ella solo está tirada en la grada.
-No es más que la vecina pasada de tono -le digo a mi perro. Lo tomo de su collar para irnos, y se suelta-. Ya te dije que no es nada, Kity -le digo, cuando sigue ladrando-. ¿Quieres ver que no le pasa nada?
Su ladrido me indica que sí, tomo agua de una de las cubetas que tiene una de las vecinas para regar sus matas. Sonrío contando hasta tres y le tiro el agua a Cassie, logrando que salte de la grada.
-¡¿Qué hiciste, estúpido de mierda?!
Me grita, secando su ropa, y sacando su celular del bolsillo de su buzo.
-Mi perro quería saber si estabas viva y quise que viera que sí lo estabas.
-Lárgate y déjame sola -seca su celular en su ropa-. He dicho que te vayas, y llévate a ese saco de pulgas.
Veo cómo sus ojos se cierran y se abren, increíble que siendo tan joven consuma todo lo que le puede dañar la vida en segundos. Detesto a las personas que se refugian en las drogas, esa no es la única salida, y lo ponen como excusa.
-Claro que nos vamos, apestas a Marihuana.
Tomo a mi perro y me doy la vuelta para irme.
-Gracias por ir de sapo a decir que estaba fumando, estuviste genial -la escucho decir-. Qué lástima que no me hayan expulsado, y seguiré viéndote.
-¿No te corrieron?
-Lastimosamente, no.
-¿Por qué no? Lo merecías.
Me da la espalda y camina hasta su casa. Esta chica es muy extraña. Ni siquiera sé por qué le estoy hablando, si solo sentir su olor a drogas me hace querer vomitar. No tengo nada en contra de ella, pero sí me molesta su olor entre perfume y sustancias de las que consume.
-¡Oye! -La llamo antes que entre a su casa, no se molesta en mirarme, pero sí se detiene-. Tienes un lindo culo.
-Qué pena no decir lo mismo de tu culo.
Hay algo en su mirada que me hace tener curiosidad, pero no quiero estar cerca de ella. Debajo de esa chica pálida se nota que hay alguien muy guapa, pero me recuerda al tipo que me tocó como padre, y que miré morir por una sobredosis de cocaína.
Papá era bueno con mi hermano y conmigo, nos llevaba a jugar fútbol, y salíamos de paseo con mamá. Luego de un tiempo los negocios de papá quebraron y empezó a tomar alcohol como loco, tanto así, que consumía todo lo que lo hiciera estar lejos de su realidad. Todo cambió y cada vez era más violento con nosotros, y gracias a que perdió todo nos tocó pasarnos a una casa menos grande y acomodarnos a lo poco que teníamos.
Mamá tuvo que trabajar para sacarnos adelante, y yo solo la ayudaba los fines de semana. Después de la muerte de papá, todos recibimos terapias, y sí nos ayudó mucho, pero todo lo que me lo recuerda lo he tenido lejos de mí. Por miedo, tal vez. Y creo que esa es la razón por la que ver a Cassie me impacienta, y su manera de ser no me agrada.
Claro que es simpática, pero no es el tipo de chica con la que andaría, y no porque me crea más que ella, simplemente, no tiene un futuro que no sea terminar muerta por meterse esas basuras, o terminar robando para poder comprar drogas. En pocas palabras, estoy mejor lejos de mi nueva vecina.
Veo mi celular encenderse, es un mensaje de Hairéth. Abro la imagen que me ha mandado y es una foto de ella en ropa interior. Tiene un buen cuerpo, y es muy hermosa.
-¿Intentas provocarme? Porque si eso querías, felicidades, acabas de ponerme duro.
Mando el mensaje y guardo mi celular. Siempre hemos tenido una buena relación, y de no ser porque tiene novio ya estaría con ella. La chica me parece guapa, y me gusta estar con ella, pero su único defecto es su novio, y tampoco es que pretenda bajársela.
Escucho música muy suave, y me asomo nuevamente por la ventana. Es Cassie en el segundo piso de su casa, está pegada a los barrotes de la terraza. Lleva entre sus labios un cigarro y luce tan fuera de sí misma. No porque se vea mal, sino porque parece lejana al mundo, como si quisiera olvidar algo doloroso. ¿Por qué consumirá? ¿Qué la habrá llevado a ese punto? ¿Por qué se está acabando la vida de la peor manera?