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Él es Alexander Blackstone

Él es Alexander Blackstone

Autor: : Sell
Género: Romance
Sophie Watson ha trabajado para el magnate Alexander Blackstone durante un año, la frialdad impasible que demuestra la asusta, pero su arrogancia lo hace detestarlo y por azares del destino ambos se ven unidos en un descabellado contrato de por vida. En un abrir y cerrar de ojos dejan de ser jefe y asistente para convertirse en marido y mujer. Historia +18

Capítulo 1 Sinopsis.

S I N O P S I S.

"Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras no la ame." -Oscar Wilde.

Esa es la filosofía del gran Alexander Blackstone.

Nunca darle más lugar a una mujer porque no lo merece, solamente debe darles un momento para perderse en el placer, no más. No necesita a una mujer a su lado, no necesita a una farsante.

Teniendo los gustos más exquisitos ha decidido no volver a acostarse con la misma mujer en más de dos ocasiones para evitar cualquier pensamiento romántico. Alexander Blackstone no cree en el romanticismo.

Su pasado lo persigue creando nuevos enemigos, tratando de destruir el imperio que ha creado después de arduo trabajo; gracias a su tenacidad, imperioso control, pulcritud y esa increíble facilidad de palabra. Aunado a su sumamente meticulosa forma actuar, lo hacer ser es quien es. El gran magnate neoyorquino: Alexander Blackstone. Un hombre sin escrúpulos y de moral relajada, la ferocidad encarnada y dispuesto a todo por ser el mejor, siempre dispuesto a tener el éxito porque la suerte es para los mediocres.

Y Alexander Blackstone, siempre. Malditamente siempre gana.

Y está dispuesto a ir por ella, cueste lo que cueste. Sophie Watson le pertenecería más temprano que tarde.

Capítulo 2 PRÓLOGO

P A R T E 1:

EL PODER DE UN BLACKSTONE.

PRÓLOGO.

New York, 1997.

Todo está en absoluto silencio en casa mientras coloco el chupete e la pequeña boca de Aurora, una bebé hermosa de ojos enormes y brillantes, sostuve la mano del pequeño Iker mientras nos escondíamos en la alacena.

Los pesados pasos sonaban en el piso de madera, estaban cerca. No escucho la voz de Florencia, así que aprieto la manita de Iker para que me mire a los ojos, no puedo distinguir muy bien la oscuridad, pero sé que está asustado y no comprende lo que sucede a nuestro alrededor y eso es ahora lo mejor.

Llevo mi dedo índice a mis labios, indicándole que guarde silencio. Él asiente y repite mi acción, es un gran niño.

Entonces mi corazón se paraliza cuando escucho la risa macabra y desquiciada de una mujer. Me hiela la piel y la eriza, Iker tiembla a mi lado y el pequeño bulto que está en un

a canasta se remueve, ruego al cielo con una imperiosa plegaria que Aurora no llore ahora. Y parece que Dios me escucha y ella deja de mover su pequeño cuerpo.

-¡YO, MATE A LA ZORRA! -grita a todo pulmón, eufórica- ¡ESTA MALDITAMENTE ¡MUERTA! ¡MUERTA!

El corazón me late desmedido, mientras mi mente asume todo lo que sale de la boca de esa loca mujer. Ha matado a mi hermana.

-Se lo merecía por zorra y robarme a mi marido, mi dinero, a mi hijo. -Sisea con rabia-. ¿Encontraron a mi hijo y a la bastarda?

-No, señora. Seguramente están con algún familiar de la mujer.

-Seguramente esa perra los deja con alguien, vámonos. Tenemos a una bastarda que buscar y matar.

Mis ojos se van a los de la pequeña bebé que mira con todo con inocencia, me fundo en sus ojos azules pálidos. Debo protegerla.

~ﻬ~

Londres, 1995.

-Mamá no llores, mami -suplico, tomando su rostro con mis manos-. Yo voy a cuidarte.

Sonríe con tristeza mientras sorbe por su nariz sonrojada, mami está triste porque papá está en el cielo.

-Yo lo sé, bebé -llora con fuerza-. Eres lo que tu padre y yo más amamos en el mundo, Alex, no lo olvides nunca.

Besa mi frente y me abraza con fuerza. El cementerio no me gusta y no quiero ver como papá se duerme en esa caja de madera, no me gusta. Papá prometió que estaría conmigo y mamá para mi cumpleaños seis.

-Mami, ¿cuándo va a salir mi papá de ahí?

Su pequeña sonrisa se borra y creo que he dicho algo muy malo, porque sus ojos se vuelven a llenar de lágrimas mientras llora con fuerza, no quiero que mi mami llore.

-Vendrá del cielo pronto, ¿verdad?

Ella niega y mis ojos comienzan a picar, quiero ver a mi papá. Debíamos ir a trabajar juntos, él lo prometió.

Mamá deja la rosa blanca en mi mano y se pone sobre sus rodillas a mi lado, toma mi rostro con suavidad mientras me acaricia las mejillas, lloro con fuerza mientras besa mi frente.

-Papá está en el cielo, Alex, desde ahí va a cuidarnos y vernos siempre -niego con fuerza, mientras lloro-. No va o volver, amor, tu papi está en el cielo. Murió y cuando los hombres buenos mueren, se van al cielo para ser ángeles y cuidar su familia, como tu papi lo hace ahora con nosotros.

-¡No! -lloriqueo.

Siento como mi pecho duele, no es como cuando me enfermo por mojarme cuando llueve, no es como cuando mucho chocolate. Duele de verdad, como cuando como sopa muy caliente.

-Ahora, tú eres el hombre de la casa, Alex. Será tan bueno como tu padre, mi amor

Capítulo 3 Obsequio

Capítulo 1.

Retuerzo mis dedos entre sí, ansiosa y con el corazón latiéndome desbocado dentro de mi caja torácica. Estoy a punto de sufrir un colapso nervioso, puedo sentirlo.

Mi jefe, Alexander Blackstone me mira furioso, conozco esa mirada y sé que estoy en graves problemas. Su primo se ha metido a la fuerza en su despacho y eso él lo odia, pero no he podido impedírselo.

-¿Para carajos crees que te contrate? -espeta, colgando su saco en el perchero cromado.

Aprieto mis labios, impidiendo que algo malo pueda salir de ellos y me meta en problemas por eso. Necesito el trabajo y debo de mantener la boca cerrada. Sólo debo de pensar en cuanto dinero marca mi cuenta bancaria al final de la semana.

-Lo lamento, señor Blackstone, pero su primo...

Con un simple ademan de su mano hace que me calle. Reprimo el impulso de poner los ojos en blanco, eso me puede costar mi trabajo. Y lo necesito.

Aguanta un poco más, Sophie.

-Sí, lo que digas -gruñe entre dientes, caminando hasta mí, me niego a dar un paso atrás-. Vete y regresa con un café y las cuentas del mes, ahora.

Me giro sobre mis tacones con suma rapidez y camino sobre el piso encerado hasta las enormes puertas de cristal oscuro y las cierro detrás de mi espalda.

Suspiro, irritada.

Es insufrible, ni siquiera sé cómo es que no me ha echado en uno de sus malos ratos. Que francamente son muy seguidos, a penas y logro mantener mi boca cerrada cuando prácticamente me insulta con "clase".

Hago su café como de costumbre, el agua casi hirviendo, dos sobres medidos de café intenso, sin azúcar, ni ningún tipo de endulzante, menos lácteo ni ninguno de sus derivados.

Llego a mi escritorio sin derramar ni una sola gota y tomo las carpetas negras con el logo de la empresa y camino hasta las puertas dobles, toco dos veces, como siempre y luego entro, empujándola puerta con el hueso de mi cadera.

El señor Blackstone me mira con una ceja levantada, su expresión es impasible, aparta la mirada gélida de mí.

-Que sea la última vez que permites que suceda algo como lo de hoy, Sophie -dice fríamente.

Asiento, aunque no me está viendo. Dejo la taza de café sobre su escritorio, donde pueda tomarlo con facilidad y después acomodo la pila de cinco carpetas y por último coloco la de las cuentas del mes.

-Retírate.

Asiento de nuevo y camino a la salida, pero entonces su chasquido de dedos me hace detenerme, aprieto los labios y pongo los ojos en blanco, odio que me chasqueo los dedos como si fuera un animal.

-¿Qué estabas haciendo cuando llego, Albert?

Me giro y o miro con parsimonia y digo.

-Estaba corrigiendo el contrato que me envió está mañana, me hizo anotaciones sobre mis errores -sus ojos azules increíblemente fríos me atraviesan y casi hace que me tiemblen las piernas.

-¿Lo terminaste?

-Sí, señor Blackstone.

-Tráelo ahora.

Me giro de nuevo y camino hasta la puerta, haciendo muecas.

-Sophie, pídele a Prescott que suba.

-Por supuesto.

Salgo a toda prisa de su oficina y tomo el auricular y llamo al número privado del jefe de seguridad del señor "me vale mierda todo el mundo"

Prescott aparece a los pocos minutos con su rostro impasible, que sólo cambia cuando una pequeña sonrisa se desliza en dirección a mí, le correspondo del mismo modo y sin más entra en la oficina, tomo lo que necesito y entro minutos después, luego de tocar, para evitar enterarme de algo que no me concierne.

Mis pasos se detienen cuando el señor Blackstone cierra la puerta en mi rostro. Parpadeo sin saber que demonios acaba de ocurrir, lo más seguro es que el señor Blackstone tenga alguno de sus comunes y desagradables ataques de ira.

Siempre logra asustarme de verdad cuando eso pasa, es escalofriante y terrorífico. Pobre la mujer que tenga que vivir con él y soportar sus cambios drásticos de humor y lo violento que es.

Me estremezco y vuelvo a mi asiento, no tengo nada de trabajo pendiente que hacer, no ha mandado a mi correo ni ha enviado a una nota, ni un texto, ni menos ha llamado. Tomo de mi bolso y saco mi libreta, comienzo a hacer la tarea de la universidad, como siempre en mis ratos libres, que no suelen ser demasiados.

Leo un par de veces más, tratando de comprender lo que dice las palabras en alemán, entiendo muy poco lo que dice el texto. Leo y busco sus significados, escribiéndolas debajo de cada palabra y ahora todo comienza a tomar sentido.

Me sobre salto cuando aparece la señora Blackstone, la madre de mi jefe. Luce impecable y sumamente hermosa con un vestido azul cielo. Sus de color azul brillan con sinceridad y carisma mientras me observa, es una mujer muy dulce y amable, nada que ver con su hijo.

-Buenos días, señora Blackstone -saludo cordialmente poniéndome de pie.

Ella sonríe.

-Buen día, Sophie -deja una pequeña caja roja sobre mi escritorio-feliz cumpleaños.

Sonrío sin poder evitarlo, ni siquiera recordaba que hoy es mi cumpleaños.

-Hoy es veinticinco de octubre -dice acercándose a abrazarme, le devuelvo el abrazo con suavidad y una calidez se desata en mi interior.

-Gracias, señora Blackstone -terminamos el abrazo-. No tenía que hacer esto.

Susurro refiriéndome al regalo. Ella hace una ademan con la mano, restándole importancia.

-No digas tonterías, ha sido un placer. Además, no todos los días se cumplen veinte años.

Sonrío de nuevo, más cómoda.

-Y ya te dije que me digas Coral -se acerca de nuevo y esta vez tiene una pequeña caja azul en sus manos, adornada con un lazo plateado.

Lo miro con extrañeza, mientras ella la deja en mis manos, abro los ojos sorprendida, no puedo aceptarlo. Es de Tiffany. La joyería que en mi vida podré comprar algo.

-No, no se te ocurra rechazarlo. -Refuta, seriamente, al notar mi estupefacción-. Es un regalo de Alexander.

El corazón definitivamente deja de latirme.

¡No lo puedo creer, el maniaco me ha regalado algo! ¡Y, por cierto, carísimo!

¡Oh, Dios!

No puedo aceptarlo, además él de seguro ni siquiera lo ha elegido, soy yo la que siempre busca los regalos para la señora Coral, no él. Además, esto es carísimo, no puedo aceptarlo. Si fuera una pluma, un libro, lo aceptaría sin problema, pero es una joya. Una joya de verdad.

-Sophie -dice en tono cansino y convencedor-. Lo ha elegido él, tengo la impresión de que te quiere deslumbrar.

Abro la boca, repentinamente seca y me siento acalorada.

¿Deslumbrarme? A mí, debe de ser una broma de muy mal gusto.

-Creo que va a gustarte.

Silencio.

Tomo un par de respiraciones para poder soportar todo lo que sigue, es decir, esto es de locos. El señor Blackstone me ha comprado un obsequio y no sé cómo sentirme, sólo sé que me siento increíblemente incomoda con todo esto.

Alexander Blackstone nunca regala nada y yo quiero deberle nada.

-Gracias, pero es demasiado. No puedo aceptarlo -susurro con timidez.

Ella inclina el rostro hacia un lado y me observa con atención.

-Eres una buena chica -dice, trémulamente-. Pero eso tendrás que decírselo tú misma.

El aire se me escapa de los pulmones y lo miro a un lado mío, me sobresalto y pongo un poco de distancia entre ambos.

-Bueno, yo tengo que irme -besa la mejilla de su hijo y luego la mía-. Hoy deja que vaya temprano a casa, hijo.

Ni siquiera espera algún comentario por nuestra parte porque sale de inmediato rumbo a los ascensores, Prescott tampoco está y me siento nerviosa.

Una atmosfera extraña carga el ambiente y no sé dónde meterme para escapar.

Y entonces como un revuelo en el ambiente siento el brazo del señor Blackstone rodeando mi cintura, me paralizo. Me quedo sin aire en los pulmones y mi pulso se acelera a niveles exorbitantes.

Su tacto me pone nerviosa, me remuevo con incomodidad, alejándome de su brazo. No entiendo que le sucede.

Tengo un año trabajando con él y en la vida me ha dirigido una palabra que no sea de trabajo y menos me ha tocado, a menos que sea por un descuido al arrebatarme algo con brusquedad.

Mi trasero choca contra el vidrio de mi mesa de trabajo. Me quedo estática y miro a Alexander, sus ojos brillan peligrosamente, una mirada casi feroz.

¿He hecho algo malo?

-¿No aceptaras mi regalo? -inquiere solemne, metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón negro.

Su semblante tiene cierta oscuridad en su rostro, el mentón apretado con fuerza y los ojos con brillo peligrosamente febril, su rostro enmarca facciones duras, para ser tan apuesto, es muy ermitaño.

Niego tácitamente.

-No puedo aceptarlo, señor Blackstone -balbuceo, mirando su apuesto rostro-. Muchas gracias, pero no puedo aceptarlo es demasiado.

Levanta una ceja y aguza la mirada, estudiándome con ella.

-Claro que puedes aceparlo y lo harás, Sophie -estira su mano y aparta un mechón suelto de mi cabello y lo deja delicadamente detrás de mi oreja, estoy inmóvil, contengo la respiración y el pulso se me acelera aún más.

Tengo la boca seca y mis fosas nasales captan su aroma sumamente masculino y atrapante. Huele a menta con una mezcla de cuero, y por supuesto, a whisky escoses.

Me obligo a mantener la cabeza levantada, para poder observarlo, no logro comprender que es lo que le sucede. Él no es amable con nadie. Siempre es arisco, hosco y sumamente frío en su trato.

Su cercanía me descoloca, ahora su rostro muestra cierta suspicacia, entrecierro los ojos, buscando alguna respuesta en los suyos, mas no la encuentro, Alexander Blackstone es un misterio, todo un paradigma.

Abro la boca, decida a decir algo. Cualquier cosa, pero que me ayude a salir de este momento tan perturbable para mí.

-Sophie, ven a mi oficina -pide, luego de unos segundos en lo que sólo me mira.

Asiento con evidente incomodidad.

Sigo sus pasos en total silencio, preguntándome que carajos sucede con él. Todo esto es tan extraño y poco razonable viniendo de él, no sé que puedo esperar.

Parpadeo un par de veces, mientras me detengo a un lado de las grandes puertas, mirando los edificios que son tan altos como el mismo Blackstonefire.

El señor Alexander Blackstone está de espaldas a mí, sirviendo algún tipo de licor, puedo escucharlo.

-Nos iremos a Europa -comienza con voz profunda-. Tengo varios negocios que necesito concluir antes de la primera quincena de noviembre. -Se gira y me mira-. Por supuesto, tú irás conmigo, viajaremos a Londres, Italia, Alemania y Dinamarca.

Asiento en comprensión a todo lo que me dice, no es primer viaje de negocios al que voy con él. Sé cómo funciona todo este asunto, estar auxiliándolo, justo como lo hago aquí, en New York.

Bebe de su copa y luego dice:

-Nos iremos mañana mismo -su mirada es vacía-. Puedes irte a casa, Sophie.

Oh.

-Gracias, señor Blackstone -digo tímidamente.

Deja la copa vacía sobre su escritorio y me mira sin decir una palabra, cuando estoy a punto de voltearme para salir, su voz profunda me detiene en el acto.

-Lleva lo que te regale a casa -aprieto los labios-. Feliz cumpleaños, Sophie.

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