Levanta la vista del computador. Mierda, esa sensación otra vez, piensa mientras se hunde en un trabajo sin sentido, sin imaginación, leer contratos de proveedores no parece ser la tarea más interesante del día.
Había elegido su destino, o quizá su destino la había elegido a ella. Trabajaba en una gran empresa privada del sector real. Puntualmente y para ser claros, trabajaba en una compañía dedicada a la fabricación de jabones.
Cuando estudió para ser abogada se había imaginado como una gran jurista, pero una vez en la universidad se dio cuenta que el derecho administrativo tenía más futuro económico, sobre todo cuando provienes de una familia poco o nada acomodada, no tienes un apellido suntuoso y no conoces a las personas indicadas.
Así, que ahora pasaba sus días inmersa en contratos insulsos que no cambiarían el mundo, y que ni siquiera podrían ocasionar un colapso a la empresa si se encontrara un error.
La sensación que la abruma es la de estar congelada en la vida, no saber a dónde ir ni que hacer. Los planes que tiene y que posiblemente la lleven a prosperar están en "stand by" hasta que logre encontrar un equilibrio económico y piensa que realmente ese equilibrio no llega porque siempre hay algo extra.
Vuelve a mirar la pantalla, y se da cuenta que han pasado 15 minutos y no ha escrito nada, no ha leído nada. Es la desidia frente a la vida la que se va llevando el tiempo. Decide levantarse, sacudirse un poco tomando agua.
El camino hacia la mini-cocina del piso transcurre sin variaciones, todos parecen seguir el recorrido natural de la vida, de su cotidianidad, mientras la quietud se va transformando en desesperación. Tengo que hacer algo, nadie calmará esta ansiedad por mí, vuelve a pensar, intentando que la sacudida no sea solo física, sino interna.
Toma su teléfono y busca en el listado de familiares y amigos a quien llamar. Está tan aburrida que sabe que no todos sus amigos aguantarán su estado de ánimo. Se decide por su mejor amigo, nunca la ha defraudado y a pesar de estar más triste que ella, siempre logra calmar cualquier estado de ánimo con un coctel.
- Hola bebe – responde Miguel con acento paisa a ritmo de reguetón. Primera sonrisa que le saca y solo es con contestar el teléfono, su estado de ánimo comienza a alivianarse.
- ¿Qué más pues? – responde ella completando la oración.
- Jajajaja, ¡la reconociste! – se ríe Miguel, alivianando del todo el ambiente.
- ¿Vamos a comer hoy?, es martes de Visa.
Desde hace más de un año todos los martes este es el plan, la razón es simple, tanto ella como Miguel sufrieron decepciones amorosas, que lograron ahogar en el alcohol, hecho que además les da un conocimiento de los planes de la ciudad de martes a domingo.
La conversación continúa luego de cuadrar el punto de encuentro y hablar un poco sobre el tiempo que han pasado separados. Él se encontró con viejos amigos el sábado, mientras que ella pasó el rato en la casa de su mejor amiga.
Después de la llamada, todo parece tener un mejor tono, una luz más clara, por lo menos el contrato que tiene al frente ha cambiado de perspectiva y parece más interesante.
El día pasa sin contratiempos y sólo cuando va a salir de la oficina por la tarde descubre otro contrato refundido entre sus papeles. Nooo, tendré que dejarlo listo antes de salir, piensa mirando el reloj. Tendrá que cancelar la comida con Miguel, ya está sobre el tiempo.
Dos horas después y desanimada termina el trabajo, se siente rendida, derrotada. Sube al ascensor en el piso 22 sin ganas de ver a nadie y segura de que fue un martes desperdiciado. No obstante, el ascensor para en el 12 piso y deja entrar a uno de los vicepresidentes de la empresa. Nunca han tenido contacto más allá de mirarlo de lejos y ella podría jurar que nunca ha existido a los ojos de ese hombre.
Dentro del ascensor se saludan con el habitual "buenas noches". Ella es analista en el área jurídica, él es vicepresidente del área de distribución. Siempre le ha parecido muy atractivo, con ojos oscuros y cejas gruesas, joven para ser vicepresidente. Disimuladamente mira la mano izquierda y comprueba con un suspiro que no trae anillo de matrimonio.
El ambiente en el ascensor se llena de energía, mira sus manos nerviosa y siente que el tiempo se detuvo. Son tantos los nervios que no puede evitar que un grito salga de su garganta cuando el ascensor se detiene bruscamente y se apagan las luces.
Están entre el piso 9 y 10. Pronto se encienden las luces de emergencia y por primera vez ella nota que el vicepresidente la está mirando directamente a los ojos. En un movimiento instintivo de vanidad, intenta peinarse infructuosamente con las manos, mientras que se ruboriza ante la penetrante mirada de él.
- Mmmm creo que es la primera vez que nos vemos – dice él con voz insegura, reflejando un poco de miedo al encierro dentro del ascensor. No obstante, haciendo acopio de valor y de su posición de hombre-exitoso-líder en la empresa dice – no te preocupes, seguro se fue la luz y el ascensor no se demorará en arrancar otra vez. Voy a timbrar para pedir ayuda.
- Ok – dice ella casi sin voz. Su gran miedo no es estar colgando en un ascensor que tiene más años de construido que ella, sino estar en un espacio cerrado con ese hombre con el que ha ensoñando en el pasado.
- Soy Juan Camilo Mendoza, vicepresidente de distribuciones y envíos – extiende la mano presentándose.
- Mucho gusto, soy María Carolina Guzmán – responde reaccionando sin querer ante el toque de su mano, mientras le sostiene la mirada.
- ¿ESTÁN BIEN? – se oye a través del intercomunicador del ascensor. Es uno de esos aparatos con auricular de teléfono de los años 80´s - Ya estamos arreglando el problema – asegura una voz antes de recibir respuesta.
Juan Camilo toma el intercomunicador e informa quiénes están en el ascensor y que están atrapados entre el décimo y noveno piso. Después de cinco minutos de aparente calma y miradas silenciosas, él saca su celular y realiza una llamada, intenta hablar bajo al lado de la puerta, el único lugar en dónde la recepción es aceptable.
- Estoy encerrado en el ascensor... no creo que me demore mucho, mmm pero mejor no me esperes... dejemos la comida para mañana, no quiero que te trasnoches... o espera si salgo rápido te vuelvo a llamar... Yo también - dice con voz tímida, suave y que deja entrever algún tipo de relación y obviamente que tiene una conversación con una mujer.
Mientras tanto ella mira su celular, con un poco de depresión, sin mensajes, ni siquiera un foward de chiste. Decide publicar un twitt sobre la situación, así por lo menos siente que alguien puede sentirse identificado.
"Encerrada en un ascensor con un churro. Hay que agradecer el bajón de energía"
Cuando sube la mirada del celular, nota que él la está mirando de nuevo.
- Y ¿qué haces en la compañía? – Pregunta Juan Camilo intentando mantener un tono cordial y distensionado.
- Soy analista del área jurídica, vengo en el ascensor desde el piso 22 – dice insegura de dar tanta información innecesaria.
- Es decir que soy yo el de la mala suerte, porque ya habías bajado 10 pisos sin problema – sonríe burlón.
María Carolina se pone roja y dice entre risas – noooooo, como crees, creo que el ascensor es mucho más viejo que yo y que tú.
- Mmmm, ¿cuántos años tienes? – pregunta él.
- 28, aún puedo contestar esa pregunta sin sentir que es un irrespeto – sonríe ella mostrando una sonrisa perfecta.
- Jajajajja – se ríe él terminando de distensionar totalmente el ambiente – yo tengo 36.
En la cabeza de María Carolina vuelan todos los datos que tiene sobre él, estudió en el exterior y maneja un BMW, el carro más bonito del parqueadero, es el vicepresidente más joven y el que más reconocimientos ha recibido desde hace un año que ella está en la compañía. Claramente ya conocía su edad.
El ascensor hace un amague de moverse, lo que los obliga a agarrarse de las barandas de los lados, por un momento los dos se palidecen. Luego viene una risa nerviosa, lo que los hace parecer estúpidos.
La risa solo dura un segundo, Juan Camilo frunce el ceño y agarra el auricular y casi con un grito pregunta – ¿Qué fue eso? - . La respuesta vuelve a inundar la cabina – Ehhh doctor, perdone, estamos haciendo lo que podemos. Ya llamamos a los técnicos de los ascensores, pero como se demoran, con Ruiz estamos mirando si logramos arreglarlo nosotros -. La cara vuelve a ponerse pálida, y con voz de mando ordena – No mueva nada, aquí la señorita Guzmán y yo no tenemos ningún afán, preferimos esperar a los técnicos – y tapando la bocina la mira a ella con ojos cómplices y en medio de una sonrisa agrega – no queremos una caída libre de 10 pisos -.
El ascensor queda en silencio un minuto y él vuelve a tomar la palabra.
- Creo que vamos a estar un rato largo, ¿te gustaría sentarte? -.
Los dos miran hacía el suelo y lentamente se sientan, ella tiene una falda de media pierna pegada a la cadera que no le permite cruzar las piernas, por lo que las estira y quedan de frente a frente cada uno apoyado en una pared diferente del ascensor. La luz sigue siendo tenue y la temperatura comienza a subir para él, que se quita la chaqueta, y a bajar para ella, que se abraza con sus propios brazos.
- Y entonces Carolina... mmm, ¿te molesta que te diga así?
- No para nada, en realidad me gusta más mi segundo nombre... - Espera con ansiedad la siguiente pregunta, pero ante su mirada intensa que la ruboriza, decide continuar hablando, como si no supiera nada de él – y ¿cuánto llevas de vicepresidente?
- Unos cuatro años, después de que me fui a estudiar a Estados Unidos, volví con el firme propósito de conseguir un cargo directivo – y mientras explica sonríe de forma un poco pedante, pero que demuestra lo seguro que es de sí mismo.
Vuelve a mirarla y se da cuenta que algo no va bien, ella está sentada abrazándose, así que él se levanta, le pasa su chaqueta por encima, se sienta a su lado y pregunta suavemente – ¿Tienes frio?- y ella asiente suavemente poniendo los brazos debajo de la chaqueta, su proximidad y el olor de la colonia impregnado en la chaqueta la inundan y cierra los ojos por un momento.
El silencio es interrumpido nuevamente por él.
- No se por qué nunca te había visto, pero si logramos salir de aquí, quizá podrías pasarte un día por el piso 12 y te muestro la vicepresidencia.
Carolina se ríe sinceramente, la verdad es que nunca le han interesado los procesos de embalaje ni de distribución de productos, así que para aligerar el tema le responde:
- Claro, pero preferiría conocer tu carro – demasiado tarde cae en cuenta que su respuesta suena a propuesta indecente, él en seguida se voltea y la mira con incredulidad, así que ella en medio de los nervios y de forma atropellada le dice – sí, es que supe que tienes un carro deportivo, mi papá siempre ha sido un fanático de los carros y a mí también me gustan, por eso me gustaría conocer tu carro, ya sabes ehh..., mirarlo ehhh... - el frio pasa y ha sido remplazado por una oleada de calor causada por la vergüenza.
- ¿En serio te gustan los carros? – pregunta él divertido.
- Ehhh, pues sí. No se todo lo que me gustaría, pero definitivamente si tuviera plata suficiente tendría un mejor carro que el que tengo – mierda, estoy hablando de más... piensa mientras saca las manos debajo de la chaqueta y procura doblarla bien encima de sus piernas.
- La verdad es que todos siempre queremos ganar más – dice, mientras que ella es la que parece sorprendida ahora.
- ¿Cómo más?, has estudiado en el exterior y tienes tremendo carro... - va bajando la voz mientras cae en cuenta que sigue hablando con un VICEPRESIDENTE de la empresa donde trabaja, mierda otra vez hablando sin pensar, hablando de más... ¬-.
- Jajjajjajaja sí, es algo muy normal, sería triste conformarse con tan poco. La verdad, nunca he pensado seriamente en ponerme un límite -.
La luz del ascensor vuelve a refulgir y los dos miran al techo esperanzados, no obstante ella baja primero los ojos y lo mira de lado. Está sentado tan cerca que alcanza a sentir el calor que emana su pecho, se nota que hace ejercicio y por un momento se permite soñar con su piel debajo de la camisa, no lo había notado pero tiene la corbata un poco suelta y el botón del cuello abierto, por allí sube y baja la manzana de Adán casi llamándola a tocarlo, mira su boca y mientras sus ojos escrudiñan su cara se da cuenta demasiado tarde que él está mirándola.
Aguanta la respiración por un segundo poniéndose la mano sobre la cara, no ha sido capaz de sostenerle la mirada, lentamente vuelve a subir los ojos y él no ha dejado de mirarla, esta vez se miran de frente y se crea una tensión palpable entre ellos. Pronto ella se da cuenta que ha dejado de respirar de nuevo, así que en un acto de valentía respira tan duro que pareciera ser un suspiro, vuelve a avergonzarse y baja la mirada nuevamente, mientras él no evita sonreír mostrando todos los dientes.
Ahora soy un chiste para este hombre casi perfecto, seguro todas las mujeres sucumben a él, y yo que no me arreglé antes de salir, ¿será que tengo mal aliento?, hay una oleada de pensamientos sin sentido mientras procura normalizar la respiración y sacarse de la cabeza que él sintió las mismas ganas de besarla.
Con cuidado y disimuladamente coge su bolso y comienza a escarbarlo, buscando sin sentido, nada, solo para pasar el tiempo. Revisa su celular y aún no hay mensajes, no hay nada, ahora que no tiene señal.
Él la mira y pregunta – ¿Quieres llamar a alguien?, ¿usar mi celular? – ella lo mira nuevamente a los ojos y un rubor vuelve a subir a sus mejillas, agradece al cielo que luz no sea la más fuerte, porque tiene el presentimiento de que ha pasado de tener un color rosa normal a rojo intenso.
- Bueno – y sin pensarlo marca a su casa, para darse cuenta un segundo después de que contestó su mamá de que está quedando como una niña mimada de 18 años, no de 28. – ¿Mamá? Hola, ehhh... si estoy bien, solo quería decirte que me demoro un rato.... No, no voy a comer hoy con Miguel.... Eehhhh, pues nada, luego te cuento...- cuelga aún arrepentida de haber llamado.
Sin rodeos Juan Camilo le pregunta - ¿estás bien?, veo que te quitaste la chaqueta, ya estás caliente – y sin querer ella suelta una risa ahogada ante la pregunta que puede ser mal interpretada, se siente como una niña mal pensada, ¿cuándo calmará su imaginación, sus ideas fuera de lugar y sobretodo su risa de niña pendeja?, pero logra disimular con una sonrisa, devolviéndole la chaqueta y dándole las gracias.
Él la mira con curiosidad y le dice – No me la tienes que devolver todavía... siento que ha pasado mucho tiempo ¿no? ¿Tenías planes hoy? – pregunta sin reflejar ninguna mala intensión en su voz, solo proponiendo tema de conversación.
- La verdad tuve planes de salir a comer, ya sabes es martes de Visa en restaurantes, pero me atrasé en el trabajo y tuve que cancelar... quizá fue lo mejor, no me imagino sacando como excusa que me quedé encerrada en un ascensor ajjajajjajja – y él responde a su risa de forma natural y sin tapujos – ¿Crees que somos los únicos encerrados? -.
- Mmmm, por la hora creería que sí, pocas personas se quedan hasta tan tarde, ya sabes algunos tienen vida personal – ella sonríe ante el comentario, y se vuelven a mirar, esta vez ella detalla su boca, tiene los dientes perfectos, su barba naciente hace que parezca un modelo de revista y pronto vuelve a encontrarse con sus ojos, esta vez los mira sin pena, son confiados y hay una mueca de risa en ellos, parece divertido con la situación y los nervios del encierro se han disipado.
Ella busca volver a tener un tema de conversación, saca su ipod y le dice – Podríamos oír música – a lo que él responde con una mueca:
- La verdad me gusta más hablar contigo, ha sido un día pesado y quisiera relajarme hablando de cualquier cosa –.
- Solo falta un trago – y no puede creer que haya dicho eso en voz alta, va a pensar que soy una alcohólica¸ piensa sobresaltada.
- Sí, tienes razón una cerveza o un vino serían ideal para seguir nuestra conversación. Mmm ¿quieres ir a comer? El encierro me ha dado hambre, quizá después de todo podríamos aprovechar el martes de descuento -.
Lo mira casi con la boca abierta de sorpresa, no puede responder. Su neurona inteligente se ha vuelto a esconder ante la emoción de ir a cenar con este hombre que hasta solo hace 20 minutos no tenía ni idea de su existencia.
- Ehh... mmmm – logra balbucear, para luego decir – yyyy ¿tú no tenías planes?
- Así como tú tenía un plan para ir a comer, pero ya he avisado que no podré asistir, y ahora estoy solo con hambre y ganas de un buen vino -.
Sin permitirse pensar ni perder el impulso, comienza a hablar de posibilidades, él sonríe divertido.
- Podríamos ir a un restaurante italiano en Usaquén, o si prefieres a uno peruano.... Quizá debamos buscar por internet – Mira su celular nuevamente y recuerda que no tiene señal.
- No hay lio, la verdad es que podemos decidirlo cuando salgamos. ¿Tienes carro? -.
Vuelve a ruborizarse al admitir que tiene restricción y anda en bus, cómo he podido soñar con esa boca si yo ando en bus y él es VICEPRESIDENTE... su ensoñación termina con esa respuesta, y se niega a seguir sintiendo mariposas en el estómago.
- Mejor, así podemos ir en mi carro y luego podré llevarte a tu casa – responde él acostumbrado a mantener las situaciones bajo control.
- Está bien, a mí también me está comenzando a dar hambre, ¿faltará mucho para que nos abran? -, estira las piernas buscando despertar a su nalga dormida bajo el piso frio.
- Estoy igual – dice él al parecer leyéndole los pensamientos y con agilidad se para y busca de nuevo el auricular -. ¿Ruiz?, ¿cómo va lo del arreglo?
- Doctor ya llegaron los técnicos, mmm calculan que en unos 10 minutos estarán afuera del ascensor... todavía tienen tiempo -, remata el vigilante con tono de maldad escondido.
- Gracias -. Dice Juan Camilo a secas, casi poniendo mala cara.
- Quizá deberíamos estirar un poco las piernas -, dice ella, mientras lucha para pararse sin que la falda se suba más de lo necesario, no cae en cuenta y tumba su bolso y el saco de Juan Camilo al piso.
Se agachan los dos rápidamente, ella a recoger su saco y él a recoger el contenido de su cartera y sin querer se golpean en la cabeza.
- Perdona - dice él tocándose la frente.
- No, fue mi culpa, lo siento - dice ella mientras piensa en el chichón que tendrá mañana.
Sin pensarlo dos veces ella vuelve a agacharse para recoger la chaqueta, mientras él instintivamente la coge por los brazos y la levanta, están parados frente a frente y parece que el dolor por el golpe ha desaparecido, sin embargo él mira la ceja de ella con atención, hay un pequeño chichón. Acerca la mano y ella gime ante el contacto.
- Mierda – dice él y en seguida se disculpa – perdona no sabía que el golpe había sido tan fuerte.
En ese momento se prenden las luces del ascensor y los dos cierran los ojos ante el resplandor. Al abrirlos lentamente y se dan cuenta que ya han bajado más de cuatro pisos, una vez más cruzan una mirada, pero él le huye a sus ojos y se concentra en la marca roja encima de la ceja. Al tocarla a ella se le revuelve el estómago de emoción y sin querer se eriza. Espera que él no note la reacción de su cuerpo.
- Creo que antes del restaurante deberíamos pasar por mi casa para curar ese ojo – dice Juan Camilo.
Carolina baja la mirada de incredulidad y un poco de miedo, mientras responde – ehh, no es necesario, no es nada -.
Ya se encuentran en el tercer piso, así que ella le entrega su chaqueta y se agacha para recoger el contenido de su bolso, hay un chocolate, un libro, su diario, la bolsa de maquillaje y otra cartuchera abierta con el cargador de celular, el ipod, los audífonos y su tarro del almuerzo. Él intenta agacharse para ayudarla, pero se da cuenta que cualquier movimiento será mal entendido por los cuerpos, así que aprovecha para mirar un poco más a Carolina, ya que desde su perspectiva puede admirar su cola y espalda. Suena el ascensor anunciando la llegada al sótano, justo cuando ella se levanta triunfante con su cartera recogida. Se abre la puerta y como una señal del destino suena el celular de Juan Camilo. Sin ver la pantalla contesta.
- ¿Alo?... Ah hola, acaba de abrirse el ascensor... mmm tendremos que dejar nuestra comida para otro día, sí, prefiero eso... listo así quedamos, chaooo - cuelga casi sin dejar que la otra persona tenga el chance de seguir la conversación y se voltea hacía ella – ¿vamos?
Carolina agradece que el ascensor haya bajado hasta el sótano y así poder huir de la mirada curiosa de los vigilantes. El carro es realmente increíble, es un BMW negro, pero pasa desapercibido por ser un automóvil sobrio.
Carolina se monta ruborizada y Juan Camilo comienza a explicarle sobre el sistema de frenos y el motor del carro, datos que ella complementa con sus pocos conocimientos. Como es tarde logran encontrar un espacio en la autopista para acelerar el carro, Juan Camilo con una sonrisa de niño acelera esperando poner más nerviosa a Carolina, ella se queda sin palabras y solo asiente ante cualquier comentario de él.
Pronto llegan a un semáforo y ella con el estómago en la boca le pregunta si puede poner música, hasta el momento la radio estaba en una emisora con un programa de opinión. Él asiente de acuerdo y le pasa su celular para escuchar spotify. Ella sonríe y le dice:
- Yo tengo mi música y ya que no la quisiste oír en el ascensor te propongo ponerla ahora -.
Juan Camilo frunce el ceño, no está acostumbrado a dejar que otros tomen decisiones en su carro, pero intenta relajarse, quizá me sorprenda, hace tiempo no me sorprendo¸ piensa. Carolina toma un mechón de su pelo y lo envuelve en su dedo mientras con la otra mano busca algo "apropiado" para el momento, pero no puede evitar hacer una broma musical, así que soltando el pelo y sonriendo como una niña haciendo una maldad, pone play y comienza a sonar una carrilera.
Juan Camilo se atora con sus propias babas, y por un momento deja de ver la vía y le da una mirada matadora, ella responde con una carcajada y sacándole la lengua.
- Mala, pensé que era en serio – sonríe él, para rematar después – aunque esa canción me la sé, no me diste tiempo de cantártela – y comienza a tararearla. Ella se ríe a la vez divertida y sorprendida por que nunca pensó que ese serio hombre de negocios conociera canciones que ella conoció en la Radiola TV.
Vuelve a cambiar la música y esta vez coloca una canción de Arcade Fire, llamada Ready to start una canción que le sube mucho el ánimo y siempre saca lo mejor de ella, pero sorprendentemente él sonríe y le pide abrir su listado de música para descubrir que esta canción está entre sus favoritas. Está fascinada, este hombre con el que ha tenido fantasías en medio de aburridas reuniones tiene más sorpresas de las que ella esperaba y vuelve a derretirse mirando su rostro.
- ¿Qué pasó? – pregunta él al sentirse observado.
- Nada – voltea ella la cara un poco ruborizada y le pregunta – ¿Ya sabes a dónde vamos?
- Mmm mientras estabas eligiendo la música se me ocurrió algo... es sorpresa – termina la frase y sonríe.
- Está bien, pero antes de llegar tengo una pregunta, mmm, en realidad son dos – Carolina se aclara la garganta y antes de hablar hace una media sonrisa – mmm la primera es ¿voy a quedar con hambre? – la dice y suelta la risa, es un chiste muy bobo, pero él se ríe igual – mentiras estoy molestando – asegura entre risas, como si no fuera obvio – quería saber de dónde conoces la canción anterior, mmm lo digo porque yo la conocí en un canal de tv bien raro, y creo que la única otra forma en la que se puede conocer es jugando tejo o yendo a una cantina...-
- Ya ves, tienes la respuesta – le dice con una sonrisa – mi familia tiene una finca en Tenjo y solemos ir a jugar tejo... mmm no es por nada, pero tengo talento – y se ríe.
Mmmm talento no lo dudo, me encantaría verlo, me encanta su sonrisa¸ piensa Carolina dejándose llevar nuevamente por ese rostro perfecto. - Quizá algún día podría retarte – responde ella sin medir el significado de sus palabras.
- Claro ¿juegas? – pregunta él divertido
- No tanto, pero tengo este talento para los juegos que involucran trago, creo que es el inhibidor perfecto para cualquier deporte... por eso no soy deportista – y se ríen juntos ante la idea y el comentario.
- Tú música es buena – dice él dejando el tema del deporte atrás, ya han sonado más de tres canciones en el ipod de Carolina, pero ella no lo ha notado y ahora se encuentran en un pequeño trancón, que ella también había ignorado por completo.
- Gracias, creo que no me tenías mucha fe – sonríe ella – ¿vamos muy lejos?
- No, ya estamos por llegar... mira lo paciente que fuiste en el ascensor.
- Jajaja eso fue porque era un ambiente cerrado y sin escapatoria.
- En ese caso debí pensar en otro restaurante, al que vamos también es un ambiente cerrado y sin escapatoria jajaja.
- ¿En serio? – pregunta entre inocente y divertida.
- No, claro que no, si no deseas cenar conmigo solo lo tienes que decir, mmm aunque me ha gustado mucho tu compañía.
Carolina se pone nuevamente roja y mira hacia afuera de la ventana.
- Mira un carro malo – y señala la placa de adelante que dice BAD 346 – Él no puede evitar sonreír y le sigue el juego.
- Si ese es malo, ese debe ser santo – dice mientras señala una placa con las letras GOD 679.
Se ríen ante semejante juego. Él pone la mano encima del freno de mano sin activarlo, pero ella no puede evitar sentir su aproximación y vuelve a haber electricidad en el ambiente. El silencio se llena de significado, pero él retira su mano y la usa para señalar una vía hacia la montaña.
- El restaurante al que vamos es subiendo la calle, tiene una gran vista a pesar de no estar tan arriba de la montaña.
- Entonces sí es cierto que huir de allí no es fácil – le reclama en juego Carolina.
- Mmmm prefieres que vayamos a otro lado – dice Juan Camilo con un poco de consternación y arrepentimiento.
- NOOO, era broma, perdón.
- Yo también estaba molestando – y sonríe.
Al mirar la fachada del restaurante Carolina recuerda que su cuenta está en ceros, hace cálculos en sus tarjetas de crédito y respira tranquila, aún tiene cupo para una comida en un restaurante. Juan Camilo parquea y sale del carro con gracia, mientras Carolina abre la puerta y recoge su cartera del piso, se sorprende cuando voltea a mirar a la puerta y ve la mano de Juan estirada esperando para ayudarla a bajar. Vuelve a ponerse roja, pero toma la mano sin miedo.
- Señorita Guzmán.
- Doctor Mendoza
Luego de bajar del carro Juan no suelta la mano de Carolina, y así entran al restaurante, no cruzan sus dedos, pero la tensión que hay entre las dos manos hace que se corte la respiración. Los recibe un mesero quien pregunta - ¿mesa para dos? – sin hablar Juan asiente, con dulzura acerca a Carolina a la silla que el mesero ha corrido para ella, aún sin decir nada Juan suelta su mano y se sienta en la silla de enfrente. La distancia parece enorme desde que se soltaron la mano, pero no dejan de mirarse.
El mesero rompe la conexión y el silencio, preguntando que desean tomar.
- Mmm habías dicho vino, ¿cierto Caro? – el corazón de Carolina late con fuerza ante la voz de él diciendo su apodo.
- Sí – responde sin pensar, pero luego agrega – ¿y la manejada?
- No te preocupes, como es para acompañar la comida no pasa nada.
- En ese caso me gustaría un vino tinto, si es posible Merlot, pero elígelo tú.
- Jajaja... ¿qué lo elija yo? ¡Si tú ya escogiste! Mmmm pero bueno este chileno estará bien – y señala su elección en la carta – veo que sabes de licores...
- Pues intento mantenerme al tanto – y se muerde los labios, esperando que no sea un problema, que él no la juzgue por ese pequeño detalle. Él ve su consternación y acerca su mano a la de ella que está encima de la mesa.
- No te preocupes, ¿crees que te voy a juzgar por conocer de vinos? – como si leyera su mente la calma mientras consiente su mano. Ella lo mira a los ojos y decide confiar en él. Decide por esta noche olvidar que es uno de sus jefes, que no la conocía hasta hace unas horas y que definitivamente se siente poca mujer para estar a su lado. Decide dejar sus ideas negativas de lado y disfrutar de la compañía de ese hombre que solo con mirar dan ganas de besar, que huele delicioso, que es un caballero en todo el sentido de la palabra y que sin notarlo hace despertar los instintos más bajos de Carolina.
El mesero vuelve a la mesa con la botella de vino y para preguntar si ya saben que pedir. Juan Camilo mira a Carolina y sonríe, permite que el mesero sirva el vino lo cata y dice – ¡Qué buena elección Caro! – ella no evita darle una gran sonrisa, aunque han vuelto a perder el contacto de la mano -. Aún no hemos elegido que comer, lo llamaremos en un rato –. El mesero se retira luego de servir las dos copas. Carolina aprovecha el momento para ir al baño.
Al frente del espejo y a pesar de sentirse anormalmente despelucada y con la ceja un poco inflamada, ve en el reflejo a una mujer hermosa, cree que esta imagen se debe a la mirada de Juan Camilo, si alguien te ve hermosa, te sientes hermosa, es mágico y cierto, piensa. Luego de entrar al baño se lava las manos y sonríe frente al espejo. Estoy bonita, se dice nuevamente. Muerde un poco sus labios y sale del baño un poco más segura de sí misma.
Al acercarse a la mesa siente la mirada de Juan Camilo, quien ha dejado su celular al lado para concentrarse en verla caminar. Menos mal me puse esta falda hoy, favorece mis curvas¸ piensa mientras se acerca en un intento de ser extra sexy.
- ¿Qué quieres comer? – pregunta él con cortesía.
- ¿Tienes alguna recomendación?
- Mmm pues a mí me encanta la carne de acá, pero por la hora y el vino podría ser un plato más ligero... quizá un carpacho de carne y uno de salmón y lo compartimos.
- Me parece perfecto. Aunque te admito que no puedo ir a un restaurante sin pedir un postre al final y ese no lo comparto – se ríe Carolina mientras mira la cara de Juan Camilo divertido con la confesión.
- Primero la comida, hasta de pronto yo quedo con hambre... luego el postre.
Carolina se sonroja al pensar que el postre puede ser ella, aunque mentalmente se regaña por haber tenido tantos malos pensamientos con Juan Camilo durante toda la noche. La vergüenza no le dura mucha, así que luego vuelve a relajarse y se dice a sí misma es solo una noche. Mientras tanto Juan Camilo ha vuelto a llamar al mesero y ha hecho el pedido.
La mira a los ojos y prosigue:
- Entonces señorita Guzmán ¿debo suponer que usted estuvo detrás del daño del ascensor?
- Sí claro – y sacando una tarjeta de presentación con una sonrisa remata – aquí está mi tarjeta, daño ascensores, produzco apagones y de vez en cuando puedo varar carros.
- Interesante, quizá necesite sus servicios, ya que se que maneja altos estándares de calidad...
- Jajaja, claro, para ser asesina a sueldo solo me falta poco – Carolina se ríe con ganas.
Juan Camilo reacciona de la misma manera, el ambiente se ha distensionado completamente y ya se acercan a la tercera copa de vino. En ese momento y mirándola a los ojos Juan Camilo vuelve a buscar la mano de Carolina sobre la mesa, pero esta parece ser un poco más amplía, ya que el calor del vino, las sonrisas y el aire parecen indicar que lo correcto es estar más cerca y no solo tomar la mano sino acercarla a la boca, olerla un poco y quizá rozar los labios.
Llega la comida y el silencio que une la distancia de las bocas y cuerpos vuelve a desaparecer. Juan Camilo sonríe y le pide al mesero volver a servir vino. Carolina siente sus mejillas calientes, pero no se niega a la siguiente copa, ya voy a comer y me sentiré un poco menos achispada, piensa esperanzada. Antes de comenzar Juan Camilo levanta la copa y hace un brindis:
- Por los encuentros de ascensor, por los daños de ascensor, por las niñas malas que dañan los ascensores – dice mientras sonríe y no deja de ver a Carolina a los ojos, quien le sigue el juego y brinda con entusiasmo.
Comienzan a comer con gusto, hablando de música y películas. Carolina admite uno que otro placer culposo, como ver películas hindú en las noches, y Juan Camilo le cuenta que tiene un tejo marcado con su nombre. Pronto los platos están vacíos y ellos se sienten llenos, aunque en sus ojos se refleja el deseo.
- Ahora mi postre – hace pucheros Carolina.
- Mmm debes probar el volcán de chocolate de aquí.
- Está bien, pero con un tinto – sonríe – aunque sea tarde no creo que me quite el sueño después de tanta comida y vino.
- Estoy completamente de acuerdo, pero con una condición, vas a tener que compartir el postre.
- Grr – gruñe por lo bajo Carolina, casi imitando el ronroneo de un gato juguetón – está bien - afirma.
Carolina disfruta cada bocado de chocolate chupando la cuchara, mientras Juan Camilo se divierte mirándola.
- Me arrepiento de haberte pedido la prueba, creo que solo con mirarte hubiera podido sentir el chocolate en mi boca, se nota que lo estas disfrutando.
- Aja – dice Carolina con la boca llena de chocolate que pasa con tinto para bajar el dulce, limpia sus dientes con la legua y vuelve a sonreír – estaba delicioso, casi como para una tusa.
- Nunca lo hubiera pensado así – Juan toma una cucharada más, la saborea y remata diciendo – mmm quizá tienes razón, a veces los hombres deberíamos adoptar algunas actitudes femeninas con efecto instantáneo a nuestro estado de ánimo.
- ¿Qué? – pregunta Carolina desconcertada.
- Sí, me refiero a disfrutar una cucharada de chocolate con tanta pasión como tú lo has hecho. De verdad me ha dado un antojo de... - y frena la frase de forma sexy, dejando la tensión en el aire...
- ¿Pedimos la cuenta? – pregunta Carolina nerviosa.
Juan Camilo paga la cuenta ignorando cualquier amague de Carolina por sacar su billetera. Llegan al parqueadero nuevamente tomados de la mano y la corriente fluye entre ellos. Están parados al frente de la puerta del copiloto y Juan parece indeciso por primera vez en la noche, toma la cara de Carolina, la palma de su mano es amplia y caliente, suavemente sube el mentón de ella mientras sus dedos se enredan en su pelo, ella pone su mano encima y la corre un poco, antes de que él pueda bajar su cara para besarla, ella rechaza la palma de la mano y la retira suavemente de su cara.
Él se queda mirándola a los ojos, irradiando deseo, pero suavemente se suelta de su mano y le abre la puerta. Carolina se monta al carro con la respiración agitada ¿Qué acabo de hacer? ¿por qué no dejé que me besará? BRUTA, ¡es perfecto!, piensa y se regaña mientras Juan Camilo le da la vuelta al carro.
Él se monta en silencio, y arranca el carro. Esta vez ella toma el celular de Juan Camilo y elije una canción al azar. Comienza a sonar un vallenato que raya con el ambiente, él toma el celular de sus manos y elije una lista de música llamada "suave".
- Déjame y te ayudo – dice Carolina un poco herida.
- Deja esa lista – dice como una orden, pero luego de una pausa agrega – porfa.
- No hay problema, estoy de acuerdo en que el vallenato no cuadra con la hora, el día ni el momento.
- Mmm, ¿para dónde vamos? – pregunta Juan Camilo y sus palabras casi esconden una promesa prohibida.
- Yo vivo al frente del Supermercado de Mediterraneo
- Perfecto, me guías cualquier cosa.
- Gracias – ella respira y continúa la frase – Juan, gracias por todo, por mantener la calma en el ascensor, por prestarme tu chaqueta, por llevarme a comer y reírte conmigo.
- No tienes que agradecer nada y sobretodo la experiencia del ascensor, esa fue la menos planeada.
Carolina se queda callada atormentada, este hombre en realidad le gusta, pero no sabe cómo abordarlo, puede aprovechar la noche y dejarse besar y quizá un poco más, tocarlo y que la toquen, sentir su erección y mojarse un poco, quizá jugar con las manos y las bocas, pero mañana no tendrá más que un recuerdo y el anhelo de recuperar ese momento se abrirá en su estómago con un vacío.
Se asoma a la ventana y se da cuenta que acaban de pasar por la cuadra de su casa, ¡mierda! piensa mientras con una inhalación toma fuerza para enfrentarse a Juan Camilo y pedirle que de la vuelta y confesarle que se pasaron.
- Ehh Juan, por favor cruza por la próxima a la derecha y luego a la derecha, debemos volver a la principal, nos pasamos.
- ¿Qué? ¿Cómo nos pasamos?
- Estaba distraída – dice Carolina mientras se muerde los labios con arrepentimiento.
- Está bien, no te preocupes – murmura un poco frustrado.
Llegan a la portería de Carolina y ella se remueve en la silla, quiere decir algo, pero no encuentra las palabras, se desabrocha el cinturón y espera a que él la mire. Está serio, parece preocupado, la tranquilidad de la cena ha desaparecido. Ella se acerca para despedirse suavemente, su intensión es darle un beso en la mejilla y quizá tener la oportunidad de tocar su barba. Él la mira y ella al acercarse cambia de opinión y simplemente lo besa en la boca, quiere darle un pico inocente, pero antes de que pueda alejarse él tiene su cara entre las manos y mete suavemente su lengua por sus labios. El beso que comenzó sin intensión pronto involucra las dos lenguas llenas de deseo. Carolina agradece porque Juan Camilo no se ha soltado el cinturón, lo que le da un poco de ventaja, no cree aguantar la tentación de estar con este hombre, no cree controlar el deseo que emana de su cuerpo, no cree poder dejar de ceder a su calor y tocarlo todo.
Se aleja suavemente terminándolo de besar y mordiendo un poco su labio inferior, aún tiene la respiración un poco agitada, pero ha logrado controlarse. Abre la puerta del carro y en voz baja dice – Adiós doctor Mendoza.
No logra dormirse, revive los hechos de la noche una y otra vez en su cabeza. Recuerda con especial énfasis el beso y no logra evitar la reacción de su cuerpo, cada vez que lo hace. Se ríe como una tonta en su cama, para en seguida gritar sobe la almohada y recriminarse ¿QUÉ HICE? Decide dejar de pensar y pronto se queda dormida.
Amanece y la fantasía se ha esfumado del todo. Va tarde para la oficina, otra vez. Desde anoche durante la cena no revisa su celular, al hacerlo encuentra un mensaje de Miguel: "Cómo te terminó de ir?" dice con una carita de diablito al lado. Al parecer llamó a la casa de Carolina y la mamá le contó que estaba cenando.
Qué imaginación tan acertada la de Miguel, y piensa en el sin número de posibilidades de cómo pudo terminar la noche... encima de su pecho, besando esa boca voluptuosa hasta acabarla... se sacude un poco ante su propio deseo. La noche terminó, tengo que volver a la realidad se dice así misma sin mucho entusiasmo.
Al llegar a la oficina, prende el computador con pereza, mientras se sirve un café espera que descargue toda la información y se carguen los correos electrónicos del día. Revisa aburrida su bandeja de entrada, cuando encuentra un mensaje de Juan Camilo escrito a las 2:00 de la mañana desde su celular. Las políticas de seguridad definitivamente no aplican para los ejecutivos, así que él tiene acceso al correo de la oficina en cualquier momento.
Ascensor
Juan Camilo Mendoza (jcmendz)
Enviado el: miércoles 22/11/2012 2:11 a.m.
Para: María Carolina Guzmán J.
Señorita Guzmán,
En medio de un insomnio irracional pienso en un miedo latente de montarme de nuevo en el ascensor... sabe cuál podría ser la causa?
Juan Camilo Mendoza
Vicepresidente de Distribución y Almacén
Jabones de Colombia
Un correo críptico, pero muy acorde si se tiene en cuenta que es el mail de la empresa y que él es un vicepresidente saliendo con una analista, después de estar encerrados en un ascensor por cerca de una hora, piensa Carolina sin dejar de sonreír.
RE: Ascensor
María Carolina Guzmán J. (mcguzj)
Enviado el: miércoles 22/11/2012 9:11 a.m.
Para: Juan Camilo Mendoza (jcmendz)
Doctor Guzmán,
Sinceramente no me explico cuál podría ser el problema con el ascensor. Sobre su insomnio puedo tener varias teorías...
Cordialmente,
María Carolina Guzmán
Analista Vicepresidencia Jurídica
Jabones de Colombia
Antes de enviar el correo Carolina se muerde los labios, ¿estaré pasando algún tipo de límite?, ¿mi correo podría traerle problemas?¸ no obstante sus pensamientos, presiona enviar y se queda mirando la pantalla. Se sobresalta al ver que el que se ilumina es su celular con un mensaje.
"Mi insomnio tiene labios"
Dice el mensaje proveniente de un teléfono desconocido. Carolina guarda el número enseguida con las iniciales JC. La emoción en su estómago no tiene control. ¡A él también le gustó!¸ piensa entre sorprendida y emocionada. Sabe que él tiene su teléfono gracias a la tarjeta que le entregó la noche anterior.
Decide esperar a enviar la respuesta, ya que ha dejado su trabajo de lado y no tiene ni idea de que contestar. Al medio día mira su celular nuevamente y encuentra un mensaje menos, y al mismo tiempo, mucho más diciente:
"Tengo hambre"
No es una invitación, no es una proposición, pero la frase guarda tantos significados que ella no puede evitar responder de la forma más inocente que conoce, con una promesa oculta a su vez.
"Esta vez no comparto el postre "
No puede evitar sonreír mientras se imagina a Juan Camilo riendo en su oficina. Pero se sorprende, cuando lo ve pasar frente a su escritorio, sin voltearla a mirar. Se dirige a la oficina de la vicepresidente Jurídica. Mierda, solo atina a pensar, al mismo tiempo que una gran emoción se anida en su estómago. Lo ve sentarse en la oficina de su jefe de forma despreocupada, toma su celular y sonríe, mientras vuelve a subir la mirada y continúa hablando. Después de 20 minutos sale de la oficina y al pasar al frente del puesto de Carolina deja caer un pequeño barco de papel, casi imperceptible para todos los analistas que están concentrados en su trabajo.
Sin embargo, Claudia, una de las más coquetas del lugar se voltea para hablar con Carolina, ella desfallece pensando que Claudia notó el papel, pero no, solo quiere discutir lo lindo que está el vicepresidente del piso 12.
- Es lindo – dice Claudia con la boca llena de babas.
- Más que lindo – asegura Carolina, mientras toma el barquito y disimuladamente lo esconde en su bolsillo.
- Sí, está buenísimo. Ojalá subiera más seguido, con esa vista se trabaja más que a gusto.
- Jajaja – ríe Carolina disimulando, pero con ganas de explotar en confesiones sobre la boca de Juan Camilo, su olor, su pelo, su piel, su pecho, su sentido del humor, y como ha encendido su deseo en las últimas horas.
Claudia vuelve a su puesto, con la esperanza de verlo una vez más antes de que se monte al ascensor, mientras que Carolina solo puede pensar en salir corriendo al baño, para encerrarse a abrir su barquito sin ninguna interrupción. Así lo hace, tan solo para descubrir que el barco está vacío, es solo un papel en blanco, vuelve a armarlo con paciencia y sale del baño un poco decepcionada. Al llegar a su puesto encuentra otro mensaje en su celular:
"No decepcionas, espero que el chocolate no sea suficiente para ti. Estas hermosa"
Con el corazón en la boca y ganas de bailar, gritar y saltar de la emoción, Carolina abraza disimuladamente su teléfono y coloca el barquito al lado de su computador. No quiere adelantarse, pero tampoco puede evitar tener un sinnúmero de fantasías románticas alrededor de Juan Camilo.
Mira de nuevo el mensaje y no se decide a contestarlo, ¿qué puede decir?, ¿concretarlo en una salida?, no sabe cómo avanzar, una vocecita en su cabeza insiste en que es el VICEPRESIDENTE, otra dice que no puede ser tan regalada y otra más que la pueden tildar de intensa. Por un momento, despierta de su ensoñación cuando Claudia le pregunta si van a almorzar.
- Claro - responde ella aún pensando en que le encantaría que él fuera su compañía para comer.
- Vamos a Creppes, hace tiempo no nos damos un gusto – dice Claudia con una sonrisa.
- Está bien – asiente Carolina.
Entran a Creppes sin necesidad de hacer fila, aún es temprano y no tienen problema en conseguir una mesa para dos. Claudia le está contando a Carolina sobre su fin de semana, ya que el martes, después del festivo, ella estuvo un poco apartada con los audífonos puestos.
- Sí, creo que me enamoré otra vez – sonríe coqueta Claudia, mientras da detalles de su nuevo amor – ahora solo falta que llame, aunque no se... mmm, ya sabes, pasó de todo un poco y ahora no se si vuelva a aparecer -. Carolina le pone los ojos en blanco mientras sonríe.
- Clau, tienes que dejar de acostarte con todos. Yo sé que no le ves ningún problema a eso, pero ya ves como son los hombres – en ese momento Claudia se ha quedado callada y mira fijamente al frente.
- A que no sabes quien acaba de entrar – dice casi aguantando la respiración.
Carolina voltea sin disimulo y en seguida se arrepiente, ya que se estrella con los ojos de Juan Camilo de frente. Otra vez sigue sus instintos y se voltea rápidamente ruborizada.
- Jajaja, creo que se dio cuenta que lo estábamos mirando, porque después de que volteaste se totió de la risa - le narra Claudia a Carolina.
- No jodas – dice Carolina en un tono casi imperceptible.
- Mmm espera - dice Claudia casi asustada – parece que va a sentarse en la mesa detrás de nosotras.
- ¡¿Qué?! – dice con un poco más que pánico.
Pero Juan Camilo pasa rozando el brazo de Carolina con disimulo, como si no hubiera más espacio. Ella se endereza en un acto reflejo y se queda mirando su espalda. Efectivamente, él continúa hablando con uno de sus gerentes de área y se sientan en una mesa atrás de ellas, pero por un segundo cruza la mirada con Carolina.
Ella no puede evitar sonrojarse nuevamente y Claudia es la que la mira ahora con incredulidad.
- Te gusta de verdad ese vice, ¿cierto?
- Mmm, ¿qué?, ¿por qué lo dices?
- Caro te pusiste roja con solo mirarlo.
- Noooo Clau, me puse roja porque él se dio cuenta.... ¡Qué pena!
- Jajaja, bueno en eso tienes razón, fue muy obvio que lo estábamos viendo.
A Claudia es fácil distraerla, piensa Carolina mientras procura echar una mirada por encima del hombro para ver nuevamente a Juan Camilo. Él parece completamente absorto en su conversación.
- ¿Pedimos? – pregunta Claudia, haciendo que Carolina se concentre nuevamente en la mesa.
- Ok – dice Carolina un poco ensimismada.
- ¿Qué pasa Caro? - vuelve a preguntar Claudia, con un tono un poco más de preocupación.
- Nada, ¿por qué?
- Es que desde ayer has estado medio rara...
- Ahhh, nooo, ya sabes comienzo de semana. Además a veces el trabajo puede ser muy aburrido...
- Tienes toda la razón, el otro día me pasaron un caso de un supermercado.... – continúa Claudia con su cuento volviendo a ignorar a Carolina.
Hablar de trabajo, puede ser un tema tan aburrido, piensa Carolina, mientras asiente de vez en cuando o complementa las frases con un "aja". Ha logrado olvidar un poco que Juan Camilo está al frente y se ha concentrado en comer.
- Está delicioso – dice Carolina mientras moja el pan en un poco de salsa – deberíamos hacer esto más seguido.
- De acuerdo, aunque no hay bolsillo que aguante – asegura Claudia, aún sin tragar completamente.
Y antes de darse cuenta Juan Camilo está de píe nuevamente. Su compañero se ha adelantado un poco por lo que mira a Carolina de frente sin tapujos, Claudia que está de espaldas a él no se da cuenta de nada. Ella pierde color en un primer instante y se le detiene la respiración. Claudia continúa concentrada en acabar su plato, por lo que no nota el silencio de su amiga. La mirada termina en una sonrisa prometedora, quizá una palabra deletreada sin sentido, un segundo con significados infinitos. Juan Camilo vuelve a pasar a su lado y la roza nuevamente sin querer, esta vez, pasa lo suficientemente cerca como para tumbar el cuchillo de la mesa. Ante el ruido Claudia sube la mirada y se queda muda, mientras Juan Camilo mira a los ojos a Carolina, le da una disculpa y se agacha a recogerlo.
Carolina se toca el pelo nerviosa y le dice – No te preocupes – con voz apenas audible, solo para él. Juan deja el cubierto en la mesa, pero antes roza imperceptiblemente su pierna, para luego continuar caminando, hacia donde el gerente que lo espera de forma inocente.
Carolina suelta el aire con alivio, aunque aún siente un pequeño cosquilleo en el lugar donde estuvieron apenas perceptibles los dedos de Juan Camilo. Claudia, quien parece estar mucho más sorprendida que Carolina, comienza a hablar de nuevo sobre los encantos de Juan Camilo. Carolina solo sonríe y se relaja. Vuelven a la oficina, para continuar con la rutina y Carolina nuevamente revisa su celular.
"Caro vamos a 2x1 en alitas de pollo picantes?", encuentra un mensaje de Miguel. Sigue revisando, esperando encontrar algún indicio de Juan, de su contacto, de sus palabras e ideas. La pelota está en la cancha de ella, después de un barco y el último mensaje.
Responde a Miguel un "sí" rápido y contundente, mientras piensa en las palabras correctas para Juan.
"Tú tampoco decepcionas. Gracias por alcanzarme el cuchillo"... que mensaje tan ñoño, lo borra en un solo movimiento y vuelve a escribir: "Tú tampoco decepcionas. Gracias por el barco, quizá lo saque a navegar", en medio de la duda presiona enviar.
Se concentra un rato largo en el trabajo, le parece una tarde lenta, pero de un momento a otro ya es la hora de salida. Mierda, no he cuadrado donde encontrarme con Miguel, ni he vuelto a revisar mi celular, piensa, mientras un nuevo nudo surge en su estómago. Tiene tres mensajes de Miguel y uno de su ¿amado? Juan Camilo.
"Caro, nos vemos a las 6:30 en Andino?"
"Caro, voy a tomar tu silencio como un sí"
"CAROOO!!!!!, salgo ya! No te atrevas a dejarme plantado"
Son las 6 de la tarde, así que deja que la emoción por el mensaje de Juan (si es que es de él, piensa) dure un poco más, toma sus cosas y sale corriendo.
Ya montada en el ascensor saca su celular y las llaves del carro. No aguanta un minuto más sin saber que dice el mensaje, así que se ubica en una esquina, lejos de las miradas curiosas de otros que salen a esa hora y lee atentamente.
"Mmm sólo quizá? Yo esperaba la confirmación de una navegada"
Carolina no evita soltar una risita, que provoca, desde su perspectiva, que unas dos personas volteen curiosas. Agacha la cabeza avergonzada, mientras piensa en la respuesta correcta. Se sube al carro y antes arrancar escribe.
"Navegará siempre y cuando la invitación incluya chocolate o vino"
Se siente atrevida autoinvitándose a un plan imaginario en un barco de papel, pero decide no pensarlo más y pone enviar.
Llega al restaurante justo a tiempo, Miguel ya ha elegido mesa, por lo que no tuvieron que hacer fila. Mira su celular y tiene una llamada perdida de un número bloqueado. No le pone mucha atención (de todas formas no puede devolverla), así que se sienta dejando nuevamente el teléfono en la cartera.
- ¿Quién se ha robado mi amor? – pregunta Miguel como saludo.
- Nadie, Miguel no molestes, además tu siempre has sido "amor mio, corazón de otro"
- Jajajaja, tú siempre con tus dichos. Pero en serio, ¿con quién comiste o cenaste? – y dice esta última palabra con malicia para enfocar el doble sentido de la frase -.
- Mmm pues la historia es un poco larga. Menos mal cancelamos ayer, por que me quedé encerrada como una hora en un ascensor de la empresa.
- En serio que mamera – dice Miguel riendo.
- Sí, aunque te cuento que no fue un encierro tan malo. Un vicepresidente se montó en el mismo ascensor así que no estaba sola.
- Aja – responde Miguel, enderezándose un poco y previendo que la historia se está poniendo interesante.
- Y pues nada, después de una hora de hablar me invitó a comer.
- Aja – repite Miguel sin dejar de ver a Carolina a los ojos, buscando algo más que una cena en ellos.
- Y pues nada, luego me llevó a mi casa.
- Ay no Caro, yo nací de noche, pero no anoche, así que cuéntame detalles. No creo en tu inocencia – se ríe.
- Ay Migue, pues.... Mmmm nada nos besamos al final y ya.
- ¿Y ya? – remata Miguel incrédulo.
- Sí, ¡y ya! – remata ella con énfasis y un poco de risa – aunque... mmm.... Bueno está bien, hoy nos hemos estado escribiendo mensajes durante el día.
- ¿Algo pervertido? – pregunta Miguel en medio de la risa.
- Ay Migue, ¡no te burles de mis amores! Jajaja
- No Caro, tú sabes que soy puro amor inocente contigo.
En ese momento entra un amigo de Miguel al restaurante y se sienta con ellos.
- Hola Migue, hola Caro, gracias por guardarme el puesto.
La conversación cambia. Se toman unas cervezas mientras comen.
- Caro me voy contigo – dice Miguel cuando terminan de comer y pasar el rato.
- Sí Migue de una.
Caminan hacia el parqueadero, mientras Carolina saca nuevamente su celular. Mierda, dos llamadas perdidas del mismo número bloqueado y tres mensajes nuevos, uno de voz y dos escritos. Mira primero los mensajes escritos:
"Vamos a navegar?"
El segundo mensaje escrito es una llamada perdida de su mamá, un poco decepcionante para Carolina, así que marca directamente a su buzón de mensajes, pero descubre que el mensaje de voz está en silencio.
Antes de montarse al carro Carolina se ha quedado sin aliento, el mensaje fue puesto a las siete de la noche y salió de comer pasadas las once. No pensó que se demoraría tanto y la verdad por su vida de soltera no se siente obligada a mirar cada segundo su teléfono, son pocos los que la llaman o escriben y hasta el momento no había nadie para preocuparse, excepto Miguel y él curiosamente estaba con ella.
- Pasó algo Caro – pregunta Miguel un poco impaciente porque Carolina no ha abierto el carro.
- Nada, un mensaje del vice... – se disculpa como si Miguel la fuera a regañar por no haberle contestado.
- Uy pero va en serio... - la molesta Miguel.
- Pero, pues no se, ¿será que le escribo?
- Escríbele, no le pongas mucha tiza al asunto – le aconseja Miguel.
- Sí, ahora que llegue a mi casa.
Deja a Miguel en su casa y luego de arreglarse para dormir toma el celular. Es pasada la media noche, pero no cree que a Juan le importe mucho.
"Perdona, acabo de ver tu mensaje – y sin razón aparente, escribe explicaciones no pedidas – salí a comer con mi mejor amigo y olvidé el celular en la cartera." en este momento la golpea la consciencia y borra lo escrito sin dudarlo. Lo piensa un poco y solo escribe:
"¿Cabemos en el mismo barco?"
Lo envía dudando si se estará pasando de cursi, pero casi al minuto recibe un mensaje de respuesta:
"Nunca dudes de la capacidad del barco. Que tal si comenzamos por otra cena?"
Carolina no lo puede creer, aunque no es tan inocente para pensar que Juan Camilo quiere algo más que sexo con ella, sin embargo, sigue con el juego.
"Podemos cuadrarla en el ascensor, quizá mañana se detenga nuevamente entre los pisos 9 y 10"
Juan Camilo responde casi al instante:
"Si mañana se daña el ascensor y no estás cerca estaré muy decepcionado, quizá lo mejor sea usar las escaleras, me acompañas?"
Ella tiene ganas de contestar "Dime la hora y el piso. Nos vemos en las escaleras", pero piensa que está siendo muy regalada y ganosa, que quizá debería negarse un poco, además la atraviesan pensamientos sobre la oficina, un romance con el jefe, o qué pasaría si todo el mundo se enterará. No obstante, vuelve a encontrar el recuerdo de su boca, de sus labios y manda todos los pensamientos a la mierda.
"Dime la hora y el piso. Nos vemos en las escaleras"
Espera la respuesta por un largo minuto que se multiplica de forma miserable. Después de media hora no ha recibido ningún otro mensaje. Es la una de la mañana y debe madrugar, simplemente se cae del sueño, así que sucumbe a él.
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Se despierta sobresaltada, la alarma aún no suena, pero ella cree que se le hace tarde. Revisa el celular y no tiene mensajes nuevos. Está un poco triste y decepcionada, pero decide que es demasiado pronto para creer que Juan Camilo llegó y salió de su vida en dos días, este pensamiento le recuerda a Claudia, quien cada fin de semana tiene un nuevo "amor de la vida".
Se arregla y sale para la oficina sin ninguna novedad. Otro día en el que se repite la cotidianidad. Mientras prende el computador piensa que hasta las salidas con Miguel se están volviendo parte del paisaje, quizá por eso le gustó tanto conocer a Juan Camilo, rompió un día en dos, una semana en dos y ella cree que aún puede seguir haciéndolo, aunque también sabe que parte de la vida es volver todo cotidiano, se deja llevar en pensamientos de parejas que conoce, matrimonios perfectos que discuten sobre el desorden del otro o que logran encontrar un equilibrio abriendo espacios para estar solos. ¿Quiero esto en mi vida?, se pregunta hundiéndose cada vez más en miles de preguntas sobre un futuro de pareja que no tienen sentido.
El día se desarrolla sin novedad, mira el celular cada media hora, desde su antigua relación no se sentía tan ansiosa por recibir noticias de alguien.
De pronto una idea llega a su cabeza, tiene novia, puede que no sea casado, pero con ese perfil imposible que sea soltero, piensa mientras en un acto reflejo vuelve a revisar su celular y recuerda la conversación que tuvo por teléfono en el ascensor. Decide relajarse y al final deja de pensar tanta cosa. Viví lo que viví y ya, un beso no es nada.
Revisa el último mensaje que ella envío y lo encuentra con una crucecita roja, nunca salió de su celular, comienza a reírse casi de forma histérica del absurdo de tener todos estos pensamientos y es ella la que lo ha estado ignorando (aunque no de forma consciente) a él.
Revisa el saldo de su celular y señal y decide retomar las conversaciones con Juan Camilo, abre su chat en línea y escribe.
MCG: Hola
JCM: Hola, estoy es reunión, te hablo ahora.
Carolina mira el reloj, son las tres de la tarde, sigue trabajando y de vez en cuando mira su celular. A las cinco entra un mensaje al chat.
JCM: Hola Caro
MCG: Hola, cómo te fue en la reunión? – escribe mientras piensa que ya está cayendo en la típica pregunta de pareja –
JCM: Bien... un poco larga. Tú como estas?
MCG: Bien, ayer respondí tu mensaje, pero nunca salió del celular.
JCM: Mmm en serio? Yo que pensé que te había espantado.
MCG: Ajjajajajaj mmm de mí no te deshaces tan fácilmente ajjajajajja
JCM: Es bueno saberlo ;) ... Aún podemos trabar el ascensor.
MCG: ajjajajajaj el encuentro en las escaleras... dime piso y hora ;)
JCM: Uyyy la niña tiene ganas... ajjajajaj
MCG: claro, es que me acabo de dar cuenta que me quedé con algo tuyo y te lo quiero devolver... pero ya sabes hay que disimular, luego las malas lenguas, se entera tu novia...
JCM: Te quedaste con algo mio??!!! Ahora sí me dio curiosidad...
Juan Camilo mira el reloj, su agenda y se pregunta si actuará bien encontrándose a escondidas con Carolina, sabe que las reglas de la empresa son claras, no están prohibidas las relaciones entre los empleados a menos que sea el jefe directo. Está claro que puede, si quiere, tener algo con Carolina, pero no está seguro de querer hacerlo. El encuentro en el ascensor fue emocionante y realmente es una mujer muy hermosa, se divirtió en la comida, pero ¿seguir adelante?
JCM: Baja ya al piso 17
Sin esperar respuesta Juan Camilo sale de la oficina y sube por las escaleras de emergencia los cinco pisos de diferencia que hay con la oficina de Carolina. Espera poder tener la oportunidad de tocar su cuerpo, no quedarse solo en besos y sufre una pequeña erección solo al recordarla agachada en el ascensor y luego el beso que se dieron en el carro. Se pregunta si Carolina es consciente de lo sexi que se ve comiendo chocolate o la forma en la que mueve la lengua.
El encuentro ocurre en medio de los escalones, se ven y sin palabras comienzan a besarse, él la arrima contra la pared y entierra su ahora completa erección contra su cadera. Carolina tiene puesta una falda corta, no es tan pegada como la que tenía puesta en el ascensor, por lo que permite ser subida con más facilidad. Olvidando el lugar en el que se encuentran y con la respiración agitada, Juan Camilo comienza a subir la falda, mientras que con la boca no le da un respiro a Carolina. Ella le toca la cabeza respondiendo ante el deseo de su cuerpo, se siente húmeda y con ganas de montar las piernas en la cadera de él.
En el momento en el que él llega al comienzo de las medias veladas y se dispone a bajarlas oyen una puerta abrirse. Mierda, piensan al unísono. Juan Camilo se aleja lo suficiente para acomodar su erección en los pantaloncillos, mientras Carolina se arregla la ropa. Se miran acalorados, se detallan y por fin hablan.
- Hola – dice Juan Camilo sin dejar de mirarla a los ojos.
- Hola – responde Carolina con una gran sonrisa, para luego lamerse y morderse los labios. Juan Camilo también sonríe. El ruido en la escalera se detiene con el sonido de otra puerta cerrándose.
- Señorita Guzmán, creo que deberíamos terminar esta conversación en otro lugar -.
- Mmm ¿conversación? - pregunta Carolina divertida – solo creo que el terminar sería literal – y se ríe.
- Jajaja ¿será un reto? – pregunta Juan Camilo con un tono demasiado seguro es su voz, lo que le quita credibilidad.
- ¡Ja! Ya me di cuenta que crees que no - dice Carolina sin perder la sonrisa.
- Y ¿entonces?
- Y ¿entonces? – responde Carolina a la espera de una proposición, pero como es impaciente remata diciendo – Ya sabes, el hombre propone y la mujer dispone.
- Mmm en ese caso, espera.
- ¿Qué?
- Sí, espera... no seas impaciente.
Vuelve a sonar una puerta lejos. Se miran nuevamente. Pronto los pisos estarán llenos de personas saliendo del trabajo.
- Te llamo esta noche – dice Juan Camilo.
- Bueno – dice Carolina con un tono de cansancio.
Se vuelven a mirar, ninguno de los dos se mueve, pero la puerta vuelve a sonar. Carolina suspira y comienza a subir los escalones, pero Juan Camilo le coge la mano y la pone nuevamente entre sus brazos robándole un beso.
- Hasta después – se despide.