Callie entornó los ojos fastidiada ante el ruido de la música.
La estaba desconcentrando, necesitaba terminar de escribir el capítulo de su novela y justo cuando tenía centenares de ideas tenía que asistir a esa jodida fiesta.
Maldito Keith.
Aunque su hermana también se merecía un poco de mierda.
¿Cómo había sido tan tonta?
Por su novio se metió en un serio problema del cual no podía salir con facilidad lo que la tenía de nervios, su hermana era la persona más importante para ella y por eso odiaba a Keith Piters.
De todas formas no hubiese estado allí de no ser porque le debía un favor a Valentina, le molestaba el tumulto y el ruido. Alzó la vista de su móvil sintiendo una pesada mirada encima y frunció el ceño al no ver a nadie a su alrededor.
Se había apartado lo suficiente de dónde se estaba celebrando la boda sin embargo la música la perseguía.
Volvió a fijar su vista en el teléfono tecleando con rapidez sus ideas hasta que una voz detrás de ella la puso en alerta.
- ¡Valentina...!
Suspiró con cansancio antes de guardar el teléfono y darse la vuelta.
Si bien cuando había llegado había visto a un puñado de hombres cambiaformas ese que estaba junto a su padre le robó el aliento como ningún otro.
¿Acaso podría haber un hombre más perfecto sobre la faz de la tierra?
Su cara seria pero hermosa como la de un ángel, sus labios fruncidos sin embargo apetecibles para cualquier mujer con pulso, un par de musculosos brazos cruzados que la hacían humedecer de solo imaginar tocarlos y sus ojos grises oscuros que la taladraban a distancia la hicieron volverse muda por unos instantes, cosa difícil para ella que la mayoría del tiempo era parlanchina.
Si los ángeles son tan bellos como él no tengo miedo a pecar.
-Valentina, él es...
-135 -Lo cortó él.
OH JO-DER.
Callista casi pudo asegurar que las bragas se le habían humedecido por completo.
Esa voz era tan excitante, él era como un sueño erótico del cual hace mucho tiempo se había olvidado.
Para cuando estuvo a un paso de 135, ella pudo ver lo alto y fuerte que era, entonces deseó estar entre sus brazos imaginando como se sentiría su olor impregnado en el de ella.
¡Qué hombre!
-Yo soy Valentina Kafieri -Sonrió con picardía y le tendió la mano.
Necesitaba su toque más que nada sin embargo él estaba ahí mirando vacilante su mano antes de arquear una ceja pero en unos segundos ya estaban estrechándolas.
Callista miró su mano grande y pensó en todo lo que podía hacer esa mano con ella.
De repente comenzaba a hacer calor, ella lo deseaba, la noche comenzaba a parecer interesante nada de lo que se hubiera imaginado antes.
-Así que ¿Eres un gato o un perro? -Preguntó con voz seductora.
Él soltó su mano y Callista se sintió decepcionada y vacía lejos de él, tanto que no pudo ver cuando su padre la fulminó con la mirada.
Quizás estaba haciendo muy bien el trabajo de suplantar a su hermana porque eso había sonado demasiado a Valentina.
-Felino -gruñó molesto recalcando la palabra.
No era ni un gato ni un perro, su gen implantado había sido el de un tigre de bengala y tanto a él como al resto de los suyos odiaba que le llamaran gato.
Pero a ella no prestó atención a su enfurruñado ceño, simplemente le había encantado su voz que aunque masculina y dura tenía matices suaves y dulces.
-Así que un gatito...
Sin el menor pudor deslizó el dorso de su mano por uno de sus bíceps hasta llegar a su hombro.
Se moría por tocarlo.
Lamentablemente su padre apartó su mano de un tirón y sonrojada alzó la vista al hombre quien la miraba con la mandíbula tensa.
Vale me he pasado un poco... o tal vez mucho.
- ¡No seas tan desvergonzada Valentina! Y vámonos ya, debo hablar contigo.
-Venga papá, pero si has sido tú quien me ha invitado a venir, ¿Por qué no nos quedamos a conocer a los invitados?
Le guiñó el ojo al hombre, fue allí cuando su cara seria se convirtió en una máscara de incredulidad que casi la hizo reír.
Él parecía no estar acostumbrado a que una mujer le coqueteara.
¿Pero es que las mujeres a su alrededor estaban ciegas? Yo nunca en mi vida he visto a un ser más hermoso.
Su padre apretó la mandíbula y tomó su brazo haciéndola caminar para apartarla del misterioso hombre de pocas palabras.
-Te veré luego 135.
Él no habló.
Pero si siguió con la vista a la mujer atrevida, de lo que ella se dio cuenta al voltear una vez más a verlo.
Callista soltó una carcajada y se despidió moviendo su mano como haría una niña, le daba igual lo que pensara de ella, total, nunca lo vería otra vez y se había divertido incomodándolo.
135 por su parte estaba intrigado por ella, era extraña y sobretodo muy, muy hermosa además de que tenía un olor tan dulce y atractivo, sus insinuaciones lo hicieron endurecer sumándole su toque desprevenido y sensual, seriamente tuvo que controlarse para no saltar sobre ella y besar su dulce boca o tan siquiera rozar su tersa piel que lo llamaba con premura.
Cálmate 135, vas a volver a verla.
Y con este pensamiento relajó los músculos antes de dejar escapar un suspiro y comenzar a andar.
*
- ¡¿Qué crees que haces tú y tu hermana?! ¡¿Creías que no te reconocería Callista?!
-Pero un poco tarde ¿A qué sí? -Preguntó con diversión ella.
Su padre estaba furioso pero poco le importaba, no podía sacarse de la mente a ese lindo gatito que había dejado atrás.
A pesar de que su hermana y su padre le hubieran hablado sobre los cambiaformas ella nunca había imaginado que todos fueran tan endemoniadamente guapos.
Como me hubiese gustado que me...
- ¡¿Estás escuchando lo que te digo?! No volverás a L'enfer, vine aquí con Valentina, ¡Entonces llego aquí y me doy cuenta que eres tú!
-Culpable -rió al ver la cara de su padre histérica.
Theo calmó sus ganas de estrangular a su hija menor y continuó hablando.
-Ese hombre va a hacer el esposo de tu hermana así que...
Pero ella no pudo escuchar más.
¡Jodida mustia con suerte!
Apenas hace rabiar al viejo por escapar con su novio ladrón por una noche y su "castigo" es casarse con un jodido Dios griego, ¡Yo llevo toda mi vida tocándole las pelotas y mi castigo era ser desheredada!
¿Pero quién necesita una mierda de Theo Kafieri?
Callista se giró para largarse de una vez de ese lugar hecha una furia, si Tina iba a tener a ese hombre como marido pues que le aprovechara, ella al menos se había librado de toda esa mierda del matrimonio ¡Gracias a Zeus! Porque ella exactamente no se veía como una mujer casada.
Ante aquel pensamiento casi tuvo ganas de reír.
¿Ella? Callista Helena Kafieri Gautier nunca iba a casarse, eso era algo de lo que estaba segura.
- ¿Dónde vas?
-A mi casa, como ya sabes quién soy podrías ir a por tu hija favorita para que se case cuanto antes.
Sin dejarlo hablar salió a toda prisa de L'enfer.
Estiró sus brazos sobre su cabeza antes de sacar unos lentes de sol y colocárselos sobre sus ojos.
Ya ella había hecho lo que debía, ahora que Tina se encargara del resto.
Ella no tenía la culpa de que su padre la descubriera.
Callista sonrió de lado al imaginar la cara que pondría su hermana gemela al enterarse que debía dejar a Keith definitivamente y casarse con un hombre del cual no estaba enamorada pero que era absolutamente perfecto.
Yo no me quejaría en lo absoluto.
Sus pensamientos de desviaron proyectando la hermosa cara de 135, su cuerpo, su pelo, sus ojos.
Inevitablemente suspiró dándose un golpe mental.
¿Qué mierda te pasa Callista? ¿No qué odias el matrimonio? Compórtate ante tu patosa afirmación.
Sin embargo no podía, había algo en él que la atraía como una abeja a la miel.
Inevitable, sublime y embriagador.
Y como lo había pensado pasó.
Valentina la había llamado por la mañana histérica diciendo una sarta de cosas que realmente fueron ignoradas por Callista quien había dejado el teléfono en altavoz mientras se duchaba, solo había alcanzado a escuchar que iría a su casa.
Al llegar su hermana Callista se había sentado en el mueble mirándola caminar de un lado al otro casi absorta a su presencia.
- ¡¿Me comprometiste con un cambiaformas?!
Callista contuvo una risa burlona mordiendo el interior de su mejilla.
- ¡¿Yo?! Por el contrario hermanita, yo trate de que no aceptara esa locura de Theo pero conoces mi personalidad encantadora y lamento decirte que lo atraje aún más.
Valentina la fulminó con la mirada queriendo echarle las manos al cuello y ahorcarla.
- ¡Voy a matarte!
La menor entornó los ojos, fastidiada.
-Hablando enserio, Theo no me contó nada hasta que se dio cuenta que era yo y no tu. Y respecto al cambiaformas, no hablé mucho con él pero debo decir que es caliente como el infierno así que tienes suerte.
Valentina la miró horrorizada como nunca antes la había visto, sus ojos parecían perdidos en turbios pensamientos hasta que finamente soltó:
- ¡Suerte! -Exclamó como si su hermana hubiese perdido la cabeza-, ¡Yo amo a Keith!
-Entonces ten los pantalones de decírselo a Theo y por una vez en tu vida, haz lo que te dé la gana y no lo que él decida...Es tu vida Tina.
Ella negó frenética y sollozó.
-No puedo hacerlo.
- ¡Qué si puedes!
- ¡Deja de meterle cosas en la cabeza a Valentina Callie! -Amenazó su padre llegando junto a Valentina.
Callista bufó y se levantó del sofá sin siquiera mirarlo.
-No te dejes intimidar Tina, hablaremos luego.
- ¡Callista! -Llamó su padre-, ¡Callista!
Pero ella no volvió a mirarlo.
Aunque estuvieran en su casa fue ella la que salió de ahí.
Es que si no fuese porque somos gemelas dudaría que él fuese mi padre.
*
-Al fin te encuentro 135, y no creas que esta vez lograras escapar de mí.
Pese a que Rosie trató de que su tono de voz fuese amenazante, no lo logró en absoluto, solo habría que verla para derretirse en dulzura sin embargo ese hombre era el único que no sucumbía a sus encantos y siempre trataba de escapar de ella.
-No escapaba.
Rosie frunció el ceño y le pellizcó el bíceps izquierdo pero él ni se inmutó.
- ¡Quiero hablar contigo! No puedes pasar toda tu vida huyendo de mí, me dijeron que estabas en el bosque y fui a por ti, dos días pasé buscándote para que después me dijeran que habías venido a L'enfer entonces aquí estoy, tengo dos meses tratando de llamar tu atención pero tu fácilmente ignoras mi presencia...
-Yo...
- ¡Tu nada y déjame hablar que estoy a punto de explotar!
Él cerró la boca de golpe mirándola con incredulidad, en menos de 78 horas dos hembras lo habían dejado sin habla.
Ni él mismo se lo creía.
-No entiendo que es lo que te pasa -dijo con voz triste-, somos hermanos las pruebas lo determinaron pero tú no haces más que rechazarme...
Su voz dolida lo dejó clavado en el suelo claramente avergonzado por causarle daño cuando era todo lo contrario que quería.
-No te rechazo -Dijo con el ceño fruncido antes de suspirar-, solo no se cómo actuar cuando estoy cerca de ti, nunca he tenido una familia y justo cuando creo que puedo tener a alguien a quien amar lo pierdo, no quiero que eso te pase a ti ni a los niños.
Los ojos de Rosie se llenaron de lágrimas al oírlo entonces no pudo evitar lanzarse a sus brazos y él la recibió con el ceño fruncido, no estaba acostumbrado en lo absoluto a aquellas muestras de cariño, pero ¿Qué podía hacer? Después de todo ella era su hermana.
-Hey, me siento celosa ¿Debo amenazarte para que dejes de tocar a mi hombre?
Rosie soltó a su hermano y 135 se giró hacia esa voz tan conocida.
Y lo que vio lo dejó perplejo, nunca antes había visto tanta belleza junta.
Frente a ellos estaban dos mujeres sumamente preciosas, sus ojos eran de un bello verde azulado, en los de una se mostraba vida y alegría mientras que en los de la otra carecía aquello, en ellos se determinaba una aflicción profunda que le recordaba a la mujer que más había adorado en su vida, a su Tabbee.
El recuerdo lo golpeó con fuerza y fue inevitable no apartar la mirada.
Aquello seguía doliendo.
- ¿Estoy viendo doble? -preguntó Rosie divertida haciendo que saliera de sus desvaríos.
-Adivina quien habló -dijo una de ellas guiñándole un ojo.
- ¿Tú?
Una de las chicas entornó los ojos mientras que la otra sonrió con sorna.
Sin embargo ninguna de las dos volvió a hablar ya que su padre se había adelantado.
-135, debo disculparme por la vez anterior, Callista -señaló a una de las gemelas con una sonrisa coqueta en sus labios-, me ha engañado para traerla aquí, con quien deberás casarte será con Valentina -135 enseguida miró ahora a la chica que lucía tensa mirándolo.
Rosie frunció el ceño mirando a ambas chicas para después desviar la mirada a su hermano.
-No entiendo nada 135, ¿Qué es esto?
-Te lo explicaré luego, ahora necesito hablar a solas con Kafieri.
La pequeña cambiante de loba asintió y se despidió de él dejando un beso en su mejilla, para 135 no pasó desapercibido el olor a celos que ese gesto causó pero no pudo adivinar de cuál de las dos gemelas provenía.
Theo dio un paso adelante para luego murmurar un:
- Hablemos.
*
- ¿Lo ves? no está nada mal tu prometido.
Nada más decir eso Valentina la fulminó con la mirada.
- ¿Sí, entonces porque no te casas tu con él? -Gruñó Valentina al borde de la histeria.
-Yo no he sido la elegida -dijo con dramatismo su hermana-, has sido tú.
Valentina entornó los ojos y se cruzó de brazos mirando a su alrededor.
-Además hermana, yo nunca me casaría y mucho menos si es a petición de mi padre.
- ¿Y si es por petición mía? suplántame, solo tienes que actuar como yo frente a mi padre, ese hombre no nos conoce no notará las diferencias, por favor Callie -la súplica se notaba en su vos.
Sus manos temblaban frías tomando las de ella, no le gustaba ver a su hermana de ese modo pero ella tenía que tomar sus propias decisiones.
- ¿Estás loca? ya lo hice una vez y no pienso hacerlo de nuevo, imagíname a mí viviendo en el bosque, sabes que me gusta la libertad y viajar, aquí nunca lo haré -hizo una mueca mirando su alrededor-, no me gusta lo rústico, no me puedes pedir esto Tina.
Ella la soltó asintiendo con una mirada de aflicción que le rompió el corazón.
-Tienes razón, yo debo solucionar esto.
*
- ¡¿A qué estás jugando Theo?! ¡No me gustan las bromas! -gruñó golpeando la cabeza del hombre contra la pared detrás de él.
Su mano apretaba su cuello de forma intimidante mientras trataba de contener las ganas de golpearlo.
- ¡No juego, lo juro Callista me engañó!
135 lo soltó y Theo buscó el aire que el cambiaformas le había quitado llevándose una mano al cuello.
135 no quiso decir que él mismo se había dado cuenta de la diferencia de ambas con tan solo verlas pese a que apenas y las conocías, a parte de su olor ambas eran distintas, él sabía quién era Callista porque su carácter alegre y despreocupado la delataba mientras que la otra parecía llevar algo realmente duro en sus espaldas.
-Dijiste que...
-El trato era que te casaras con Valentina así yo encontraría tu pasado y el de tu hermana.
-Dijiste que ella estaba de acuerdo con casarse y puedo oler su renuencia a kilómetros.
La cara de Theo se puso blanca como un papel...
-Ella solo está nerviosa pero te aseguro que si hablas con ella...
-No voy a obligarla a nada -amenazó furioso.
-No lo harás ya verás, voy a buscarla.
135 lo vio marcharse a buscarla, no le gustaban nada los cambios pero no habría de otra si quería saber quien realmente era.
A pesar que 135 llevaba un largo tiempo hablando con Valentina y que ella más de una vez aseguró que estaba de acuerdo con la decisión de su padre, él no le creía. Estaba casi seguro que para la chica sería una bendición que él se negara a desposarla sin embargo eso no cabía dentro de sus posibilidades, si quería la información que había pedido a Theo Kafieri tenía que pagar por ello, pero eso no disminuía su culpabilidad. ¿Estaría Valentina Kafieri amenazada por su padre? 135 no lo sabía pero seguro que lo descubriría pronto.
Durante el tiempo de su charla pudo conocer claramente las diferencias entre las hermanas, Valentina se notó evidentemente nerviosa ante su presencia cosa que no lo sorprendía, siempre había sido de esa forma desde que era un pequeño, incluso sus captores rehuían de su mirada cuando sus felinos ojos se posaban en ellos. Y es que 135 emanaba un salvajismo, poder y peligro tan fuerte que todos le temían no obstante el miedo se intensificó cuando comenzaron a llevarlo a los duelos que en todos y cada uno resultó victorioso, cada vez se hacía más animal debido a la forma tan cruel que era tratado, nadie hablaba nunca con él ocasionando que apenas y pudiera hablar de la forma más básica.
Pero un día las cosas cambiaron cuando vio por primera vez a la hija del bastardo mayor, su nombre como toda ella era precioso, Tabbitha. Ella era dulce, protectora y una absoluta guerrera, todos los días iba a enseñarle a leer por supuesto a escondidas de su padre, cuando el bastardo se enteró de sus frecuentes visitas la alejó de él rompiéndole el corazón a 135 quien se volvió aún más feroz de lo que ya era obviamente complaciéndolo con esto. Aunque ella no lo abandonó del todo, los siguientes días Tabbitha dejaba entre su celda un libro diferente cuando él dormía, para 135 aquel era el acto de amor por el cual siempre había rogado. Cuando leía cada uno de los libros de Tabbitha imaginaba que ella estaba allí y cuando sus dedos grandes rozaban las sedosas páginas él soñaba con tocar de la misma manera su cremosa piel dorada, ¿Y cómo no amarla si era la única que le había mostrado humanidad?
Más tarde entendió que no había sido amor sino agradecimiento, él había querido aferrarse a alguien para no sentirse solo ¿Y qué mejor que una mujer que lo quería?
Él la deseaba y ella a él, no había nada más que discutir.
Pero ahora para su sorpresa se encontró admirando a la hermana de su prometida a lo lejos sintiendo algo que nunca había sentido por Tabbitha ni por ninguna otra mujer antes, cuando Valentina se descuidaba sus ojos como si tuvieran vida propia la buscaban, a ella, a Callista y no a su hermana.
- ¿A dónde vas? -escuchó decir a Valentina al verlo levantarse.
Su mirada de volvió a ella y pudo verla removerse en su lugar, 135 tuvo que relajar los puños y suspirar rogando porque su necia mirada no se dirigiera una vez más hasta donde se encontraba Callista y Fierce. Había sido algo instintivo como si le faltara el aire, cuando vio que él le tocaba el cabello y ella sonreía la furia lo nubló por unos segundos, estaba seguro que si Valentina no hubiese hablado él habría golpeado al bastardo por tocarla.
El instinto posesivo se había apoderado de él y entonces le pareció absurdo porque ella no había tenido más que una simple conversación él.
-No voy a ningún lado -aseguró con voz solemne.
Aunque la mirada de la menor de las hermanas le dictaba que no le creía en lo absoluto.
-Te gusta Callista ¿No es así?
135 gruñó en respuesta, no era de hablar mucho, a demás nunca revelaría sus sentimientos.
-Todo sería mejor si te casaras con ella en lugar de conmigo ¿no lo crees? -él iba a hablar pero ella sencillamente no lo dejó-, a Callista le gusta la libertad, viajar pero aunque no lo diga muy a menudo hay algo que le gustaría mucho más y eso es conseguir la aprobación de papá, se hace la fuerte pero sé que le encantaría estar en mi lugar.
135 la miró con el ceño fruncido encontrando arrogancia en sus palabras, cosa que no había mostrado una hora antes.
-Además sé que le gustas, ella me lo ha dicho -continuó camuflajeando la arrogancia volviendo a disfrazarse de cordero-, no puedo casarme con el hombre a el cual mi hermana le gusta, tu puedes hacer que mi padre cambie de opinión, solo tú.
135 se quedó callado sin saber qué hacer, sabía que Valentina lo estaba usando para deshacerse de su matrimonio sin embargo no descubrió mentira alguna al decirle que le gustaba a Callista.
-Entonces ¿Qué decides?
-Aún no lo sé.
Valentina asintió con una sonrisa satisfecha hasta que sintió a su padre y hermana llegar a su lado.
-Parece que has disfrutado la charla con tu prometido Tina.
Los ojos verdes de Callista lo quemaron con su intensidad, ella era preciosa ni siquiera Valentina lograba igualar su belleza pero no era algo meramente físico había algo más en ella que la hacía parecer hermosa.
-No tienes idea de cuánto, hermanita -dijo sonriendo ladina.
*
-Has venido -dijo Rosie mirándolo sorprendida al abrir la puerta.
-Te dije hablaríamos después, y aquí estoy.
-Entonces conocerás por fin a mis hijos -dijo alegre-, entra por favor.
Pero él no lo hizo, Rosie volvió su mirada a su hermano. 135 seguía en la misma posición con las manos dentro de los bolsillos pero esta vez estaba más tenso, Rosie frunció el ceño casi adivinando el porqué se mantenía tan renuente.
- ¿No quieres conocer a mis hijos?
Él guardó silencio y aquello la hizo enfurecer.
- ¡135!
- ¡Voy a entrar!
Rosie se encogió un poco por lo dura que sonó su voz no obstante se hizo a un lado dejándolo entrar.
-Si no quieres conocer a mis hijos, no hay problema -Habló ella una vez que él se sentó en el mueble.
-Si quiero Rosie, pero dame un poco de tiempo, apenas he asimilado que tengo una hermana...
Katryna le había comentado a Rosie que cuando había dado a luz él se había alejado por completo pero no creyó que aquel miedo absurdo o lo que fuera lo atormentara tanto como para negarse a conocer a sus propios sobrinos.
Había algo que todos desconocían de su hermano, algo profundo y obscuro pero sabía que no podía indagar.
-Entiendo 135, ahora dime ¿Cuándo es que decidiste casarte? ¿Quién es ella?
135 tomó aire antes de responder a su pregunta.
-No quería casarme, pero es necesario.
Rosie frunció el ceño arqueando una ceja.
- ¿Cómo qué...?
- ¿Nunca has sentido que no eres parte de nada Rosalie? No sé quién soy ni a dónde pertenezco, no sé quiénes son nuestros padres y si... siquiera tengo a alguien que se preocupe por mí.
Rosie se sentó a su lado abrazándolo, al principio él se tensó sin embargo después se dejó abrazar sin apartarla.
-Yo me preocupo por ti, lo juro hermano, pero ¿Qué tiene que ver eso con casarte con una de las gemelas?
-Mucho, su padre es Theo Kafieri, el mejor investigador de América, él no me pidió dinero por ayudarme en su lugar me pidió que me casara con su hija menor.
Rosie se quedó muda en su lugar como si no pudiera creer todo ese disparate antes de gritar otra vez.
- ¡Está usándote!
- ¿Crees que no lo sé? Él sabe que lo mataré si me engaña, además de que estaría aterrado por su hija, yo nunca le haría daño pero él no lo sabe.
Rosie sonrió y sacudió su cabello como si se tratara de un niño, acto que lo hizo encogerse en su lugar.
-Eres muy bueno 135.
Él hizo una mueca antes de hablar.
-No es lo que piensa la gente.
- ¡Y una mierda lo que diga la gente, que se vayan al diablo! Si yo digo que mi hermano es bueno, es porque lo es.
Entonces le guiñó el ojo antes de levantarse.
*
-Es una decisión tomada entonces -Azuzó Theo con una sonrisa en sus labios.
135 no estaba tan seguro de eso pero no había hablado más con Valentina y no había sabido cómo responder a la insistencia del griego, así que no le quedó otra opción más que aceptar su matrimonio con la segunda Kafieri.
No quería casarse, pero debía hacerlo, de otra manera no obtendría lo que tanto anhelaba, su identidad.
-Si Valentina me acepta.
- ¡Lo hará, que no te quepa la menor duda! -Exclamó con rapidez haciendo dudar una vez más al cambiaformas-, tenemos que preparar el compromiso.
- ¿Compromiso? -preguntó frunciendo el ceño, el matrimonio entre los cambiaformas se hacía cuando el macho enterraba sus colmillos en el cuello de la hembra reclamándola como suya y ya no habría vuelta atrás, ni el hombre ni la mujer implicados podía tolerar el toque de otro que no fuera su pareja, aunque muchos de los suyos también se casaban de la forma humana no habían compromisos, solo casamientos-. Aquí no hacemos eso.
-Debes entender que nosotros tenemos nuestras costumbres, mi hija se sentirán más a gusto en su compromiso, Valentina lleva años pensando la boda de sus sueños, no quieres decepcionarla.
Él tuvo que morderse la lengua para no decirle a ese hombre que le importaba muy poco lo que Valentina quisiera, entonces lo pensó mejor ¿Qué importaba una fiesta de compromiso? Le parecía ridículo, pero le daba igual, el resultado sería el mismo, iba a casarse con Valentina Kafieri y solo entonces descubriría su pasado.
-Muy bien, arréglalo -accedió restándole importancia al asunto-. Ahora dime ¿Tienes algo?
Theo sonrió nuevamente antes de asentir.
*
- ¡¿Aceptaste casarte con él?!
Valentina tuvo que refrenar una sonrisa burlona ante el chillido incrédulo de su hermana.
-Ni siquiera lo pienses Callista, yo...
- ¿Qué piensas hacer Tina? Si no quieres casarte con él...
-Pareces muy preocupada Callie.
La aludida hizo una mueca ante la afirmación de Valentina a la cual no sabía cómo responder.
-Eres mi hermana -respondió con rapidez-, es obvio que me preocupes.
Valentina esta vez no ocultó su desdeñosa sonrisa.
-Ya, claro que es por mí.
-Si que es por ti ¿Por quién más sería si no?
Valentina entornó los ojos con fastidio.
- ¿Quieres que lo mencione?
- ¿Qué piensas hacer entonces? -cambió el tema drásticamente.
Ella cruzó las piernas arqueando una de sus finas cejas en su dirección.
- ¿Qué sugieres que haga?
Callista se encogió en hombros.
-Es tu decisión.
Pero aquello no era del todo cierto, Valentina sabía que la última palabra la tendría 135 por eso precisaba deshacerse de ese malhumorado cambiaformas.
-Esta hecho Valentina -dijo Theo entrando en la sala interrumpiendo cualquier cosa que estuviera a punto de hacer-, el viernes será oficialmente tu compromiso.
Callista palideció visiblemente ante la noticia y Valentina simplemente asintió como siempre que su padre abría la boca.
La mayor estaba irritada, enojada y aunque lo evitaba no podía negar lo obvio, estaba celosa, le gustaba ese cambiaformas que le estaban imponiendo a su hermana y a pesar de que no quería casarse nunca ya que era una decisión tomada en el pasado gustosa iría a la guillotina que era el matrimonio solo por él.
En silencio suplicó que Valentina no aceptara casarse sin embargo eso no pasó.
-Vas a acompañarme a mi compromiso, ¿Verdad hermanita?
Callista asintió sin ninguna expresión en su cara mientras que por los momentos Valentina fingía estar feliz.
*-Theo tiene algo Rosie -soltó el cambiaformas nada más al llegar al lado de su hermana-, averiguó sobre el día que tu llegaste a ese laboratorio, si bien era cierto que su labor ya no era solo crear bestias se habían propuesto como ya sabes a hacernos máquinas de matar, entonces que mejor que crear a su propia incubadora, una hembra extremadamente fuerte como uno de nosotros que pudiera darnos crías, para eso no requerían a una humana, necesitaban una igual sin embargo ellos sabían de por sí que las hembras cambiaformas se les dificultaba concebir.
Fue allí cuando a uno de ellos se le ocurrió experimentar con el feto desde el vientre de su madre...
Rosie lo miraba perpleja en su sitio, 135 no hablaba demasiado pero esta vez parecía tan absorto a su relato que apenas podía creer que se trataba del mismo macho al que estaba acostumbrada.
-Nuestra madre estaba embarazada Rosie, de ti y... Theo asume que la secuestraron para experimentar contigo.
Él la escuchó balbucear antes de soltar la primera palabra.
- ¿Cómo es que sabe esto Theo Kafieri? ¿Le crees?
-Decía la verdad, podía sentirlo, además me dijo que había descubierto muchas cosas cuando había ayudado a Adriano.
-135, no me gusta esto ¿Por qué no hablas con Wraith? Estoy segura que si se lo pides el buscará otro investigador incluso mejor que ese griego -Y ese precisamente era el problema, 135 nunca pedía absolutamente nada y no empezaría ahora-, no tienes que casarte solo por conocer un pasado del cual no tenemos ni idea, puedes tomar el nombre que quieras, si te preocupas por lo que me dijiste la otra noche sabes que siempre voy a estar contigo, tienes una familia y esa soy yo... y también tus sobrinos.
135 la miró con una emoción que caló por completo el alma dulce de Rosie y sin nada que decir la abrazó con calidez causando que a su hermana se le llenaran los ojos de lágrimas. Rosie le correspondió con dulzura sintiéndose querida en los brazos de alguien que no fueran sus hijos.
-No puedo Rosie, no me harás cambiar de opinión.
Ella suspiró rendida, así era 135, terco.
-Pues entonces que así sea, te apoyaré en la decisión que tomes.
135 respondió con una sonrisa ladeada.
-Es bueno escucharlo porque, necesito que ayudes a mi compañera en eso del compromiso he escuchado que las mujeres cercanas de ambas familia deben participar.
Realmente apenas y había escuchado decir eso a Katryna, en cuanto le había comentado que iba a casarse la rubia se emocionó tanto que había llorado lo que casi causa un enorme lío entre Rich y él, Afortunadamente April había intervenido alegando que quien había causado las lágrimas de Katryna no había sido 135 sino que se debía a su depresión postparto.
-No la llames tu compañera, sabes muy bien que no lo es aunque te cases con ella -alegó Rosie con el ceño fruncido-, puede que le ayude, pero ten claro que lo hago por ti.
Él asintió y entonces una vocecita se escuchó en el pasillo antes de que la perteneciente de aquella dulce voz hiciera su acto de presencia 135 se levantó del sofá de un salto. Próximo a eso Sarah entró a la sala con una enorme sonrisa en los labios que se congeló en el instante que sus ojos azul agua se posaran en la gran contextura de 135.
De pronto él macho supo que desde ese preciso momento sería esclavo de esos ojos, nunca había visto nada más hermoso que su sobrina, desde ese momento prometió cuidarla.