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+18 Achocolatada- FALSO PLACER

+18 Achocolatada- FALSO PLACER

Autor: : Abd
Género: Romance
Emira cambió. Obtuvo lo que quería para su familia y ahora iba en busca de sus propios y oscuros deseos: Vengarse de el hombre que la humilló y a quien ama perdidamente. Sin darse cuenta de que es su propia vida la que está a punto de perderse. La oscuridad crea una bruma que sólo Emira y Jordan serán capaces de esquivar... Todo mientras un Falso Placer se desarrolla en dos almas que a pesar de odiarse, se aman. ¿Será ese amor su salvación? CONTINUACIÓN DE AMARGO PLACER. LECTURA PARA MAYORES DE EDAD, ESCENAS INTENSAS Y TEMÁTICA BDSM.

Capítulo 1 1

-¿Cómo te trataron?- Jordan barría con los ojos las piernas de su esposa. Emira sabía que llamaba su atención con aquel atuendo escogido especialmente por él. Su pecho estaba a reventar y los ojos inquietos de él no dejaban de verlos.

-Fue... Interesante- no pasó por alto la diminuta sonrisa en los labios de ella. Eso le hizo fruncir el ceño con preocupación- ¿Qué tal a ti?

Bufó.

-Bien, como siempre- ella entrecerró los ojos pero le sonrió.

-Pues me alegro- se acercó a él y Jordan sintió sorprendido la mano de Emira sobre su corazón- Y me alegro de haber vuelto.

-Estás distinta- admitió y su mano viajo al muslo de ella- Me niego a creer que te lavaron el cerebro en menos de un mes. ¿Qué te hicieron?¿Una lobotomía?- se burló y ella sabía lo que aquel zorro astuto hacía: provocarla para alterarla. Kalifa le había enseñado que era una de las cosas que los Amos hacían para que sus sumisos o sumisas pecaran y ser castigados. Era un juego que ambos lados sabía y manejaban a su antojo.

-Quizás me hayan hecho una- mordió su labio inferior mirando los ojos de su esposo con malicia- Con tantas cosas que me hicieron... ¿Cómo saber?

Jordan puso su mano sobre el cuello de ella de inmediato sorprendiendola.

-¿Con cuántos hombres cogiste, Emira?- ella le sonrió en lugar de molestarte y eso fue para Jordan lo equivalente a una bofetada.

-Perdí la cuenta, mi Señor- acercó sus labios a los de ella recordando su estúpida regla de no besar a ninguna puta por más parecida que fuera.

-¿Cuántas bocas besaste?- sus dientes estaban muy apretados y sus ojos no se apartaban de aquellos gruesos labios que soñó dormido y despierto y que pintados de rojo se veían demasiado apetitosos- Quiero una respuesta, Emira- insistió luego de su silencio.

-No sé cuántas, Jordan, y sabías que esto pasaría así que no entiendo por qué te tomas el tiempo de molestarte- Parpadeó shockeado. Él era el neurótico en aquel momento mientras que aquella fiera salvaje se comportaba extrañamente tranquila como si nada malo ocurriera. Emira tramaba algo, él se daba cuenta, lo de no saber de qué se trataba, ese era el real problema- Jordan, no quiero pelear. Supuse que cuando volviera cumpliríamos con nuestro trato, ¿No era ese el plan?

Él suspiró y la soltó, Emira sintió por fin su cuello liberado porque aunque él realmente no la estaba ahorcando el sentir su pesada mano encima era incómodo.

-Lo es- afirmó con simpleza- Pero quiero que sepas que todo lo que viviste en el internado se--

-Se queda allá- completó ella mirandolo a los ojos con seguridad- Lo tengo claro, Jordan.

Frunció el ceño mirando sus ojos.

-Eres tú, sé que eres tú- murmuró con preocupación- Pero eres otra a la vez, y eso me aterra porque no sé quién carajos eres y de qué debo cuidarme.

Emira acercó su cuerpo a él y susurró sobre su oreja.

-Cuidate hasta de tu sombra siempre, Jordan- murmuró con tranquilidad- Porque incluso ella llega a abandonarte cuando el sol deja de brillar.

Él no entendió su frase y pasaron un par de minutos en silencio mientras el chófer se detenía. Jordan miró hacia fuera y habían llegado a su destino.

Le parecía curioso que Emira no hubiese preguntado a donde iban, porque ella era así de curiosa. Pero al parecer le enseñaron los modales. Demasiados, al parecer.

Bajó y estiró la mano para ayudarla a bajar. Ella la aceptó y él se fijó del anillo en su dedo anular. Con intriga, tomó su mano y se dio cuenta de que Emira se dejaba llevar. No parecía necesitar saber a dónde iban o quizás ya lo había supuesto.

La verdad era que no, ella se moría de la curiosidad pero mordía su lengua para no preguntarle nada a Jordan. Entraron a un elegante edificio de puertas cuadradas de vidrio oscurecidos.

En la ostentosa recepción tomaron un pasillo a la izquierda. Jordan empujó una puerta de madera y Emira entró sorprendida por lo que había preparado para ella.

Un salón de fiestas con paredes blancas y pisos de mármol pulido, la mayoría del sitio estaba cubierto por globos negros, una mesa de comer para dos de hierro negro los esperaba con un arreglo de rosas con espinas que a Emira le robó el aliento.

Luces de cascada corrían desde el cielo, alrededor y debajo de la mesa habían pétalos de rosas y el olor era exquisito.

-¿Preparaste todo esto- se giró a mirarlo, justo a sus espaldas- Para mí? Jordan, no puedo creerlo- llevó ambas manos a su boca. Aunque quisiera mentir la verdad era que su asombro no podía ser más honesto.

-Era lo menos que podía hacer por tu regreso- se acercó a ella y humedeció sus labios- ¿Te...Gusta? Nunca había hecho algo así- no pudo evitar reír nervioso y ella lo miró sin reconocerlo. ¿Acaso estaba intentando conquistarla o sólo era su inocente idea?

-Es hermoso, Jordan- ella tomó su mano y besó sus nudillos- Gracias.

-No hagas eso- la reprendió alzando su barbilla- Quiero que beses mi boca, no mi mano.

-Sí, señor- murmuró mientras él bajaba el rostro en su dirección. Sus labios se encontraron y Jordan disfrutó de aquella versión suya. Se dijo a sí mismo que todos podían cambiar, incluso él y ella, así que estaba bien por su parte siempre y cuando las reglas se cumplieran.

Ya podría encargarse de sacarle la absurda idea de la cabeza a Eduard quien aseguraba que la última parte del plan era matar a Emira.

-Quiero alimentarte- murmuró sobre su boca y tragando grueso Emira asintió. Los orbes de plomo se veían más apasiguados que nunca y Jordan se regocijaba en ser el hombre más feliz al tener a la mujer más hermosa del Amazonas en sus manos.

Caminaron juntos a la mesa donde él acomodó su silla y Emira se sintió como una princesa. Idea que se esfumó por completo al recordar quién era y de lo que se trataba todo su papel en el juego.

Jordan apartó las charolas y la humeante comida quedó dispuesta para ellos.

-Casi lo olvido- tomó un diminuto control junto a la vasija del hielo y música suave empezó a salir de parlantes internos.- Emira, ¿Haz pensado en qué quieres hacer en tu futuro cercano?

Ella alzó la vista del plato, camarones en salsa junto a puré y un aderezo que olía fenomenal.

-Sí, de hecho. Quiero hacer una sucursal de Achocolatada aquí- él de inmediato frunció el ceño, no se esperaba aquella respuesta. Quizás que decidiera tomar una carrera o un curso introductorio de alguna especialidad. ¿Pero una chocolatera en Boston?

-¿Estás segura de eso?- asintió con confianza.

-Es un campo que deja dinero, sé cómo manejarlo a la perfección, sería prolongar un legado- ella enumeró las ventajas y Jordan disimuló una sonrisa al verla tan desenvuelta- Y podría trasladar la materia prima desde Maloani.

-Suena interesante, ¿Llevas rato pensandolo?- Él se lo preguntó porque parecía haber estudiado el asunto.

-De hecho, intenté hacerlo en el internado- vio sus mejillas oscurecerse hasta un tono melocotón- Pero no tuve mucho tiempo- Jordan carraspeó y destapó la botella de vino blanco al primer intento asustandola debido al corcho- Yo esperaría tu apoyo al proyecto, por supuesto- la miró mientras servía ambas copas. La quería ebria y deshinibida para explorar sus capaz cual cebolla- Pero me gustaría ocuparme de todo con el sueldo que tú prometiste pagarme al mes- él le tendió la copa- Gracias- estaba anonadado con sus modales.

-De ningún modo aceptaría eso- se negó él y ella lo miró perpleja- Come, por favor- obedeció- No podría verte gastar tu dinero en eso. Intentaré estudiarlo, hablarlo con mi gente, ¿Bien? Sabes que el fondo de inversión está a tu disposición y no tendría ningún problema con que saques el financiamiento de Achocolata desde ahí, de igual forma sería una sucursal de la original, ¿No?

-No... De hecho no- eso le llamó la atención.

-¿A qué te refieres?

-Esta sería mí Achocolatada- se encogió de hombros- Es otro país, dudo que tenga problema con tener el mismo nombre siempre y cuando me cuide bien legalmente.

-Pero...

-Jordan, si acepto que sea una franquicia sé que tendría que darle dinero a mis padres y a tu padre- ella no era para nada una chica tonta- Este es mi proyecto, mi empresa, mi propia chocolatera- alzó la barbilla y él jamás había visto aquel brillo en sus ojos- Nadie tendrá derecho sobre ella, nadie podrá amenazarme con quitarmela.

-Estoy de acuerdo

-¿Lo estás?- eso la tomó por sorpresa. Parecía ignorar que, estando casados, él siempre se beneficiaría del cincuenta por ciento suyo.

-Siempre y cuando mi equipo de campo me diga que es una buena inversión- añadió él y ella suspiró asintiendo.

-Está bien. Te lo agradezco, Jordan.

-Ven aquí y ya deja de agradecerme- ella se levantó y sabía que lo estaba enloqueciendo con sus buenos tratos. Emira se sentó sobre su regazo y él se apoderó de su trasero- Tu olor hace que quiera comerte aquí mismo, Emira- murmuró con el rostro entre sus pechos. Ella acariciaba su cuello con las uñas y Jordan con un simple movimiento liberó las tetas de Emira de aquel escote provocador.- Chicas... Las extrañaba- Él metió su rostro en ellas y lamió mientras jugueteaba con sus dedos sobre los pezones de su esposa, entretenido con las muecas de sus labios rojos.

Emira intentaba obviar que era él. El mismo hombre al que había deseado la mayoría de veces en la que otro la poseía, el mismo al que imaginaba al dormir justo a su lado, ahora tenía a Jordan ansioso de deseo por ella y estaba paralizada. Paralizada de placer, nervios y gusto. Antojada de más de él y de venganza a la vez.

-¿Jordan?

-¿Sí?- él suspiró y la miró directamente a los ojos.

-¿Me extrañaste?- miró cómo humedecía su boca sacando un poco la lengua, él recordó todo lo que la había pensado y lo eterno que se le hizo el mes. Supuso que, si se lo decía, dejaría en claro muchísimas cosas con un sólo "Sí". Pero ¿Qué más da?

-Sí, Emira. Te extrañé mucho.

Ella buscó sus labios y se apoderó de ellos. Lo tenía confundido con ese juego de tira y afloja que dominaba. ¿Quién era ella, realmente?¿Por qué se dejaba dominar así de una mujer? La apartó de sus labios y la puso de pie.

-Quítate el vestido- pidió agitado acabando su copa de un trago. Emira obedeció y alzó sus brazos para quitarse la prenda exhibiendo la lencería de color vino que a juego Jordan había comprado para ella-Eres exquisita, Emira- admitió y ella sonrió un poco, le gustaba sentirse admirada por el hombre que juraba odiar.

-Y tuya, Jordan.

Él se levantó y Emira se sintió acechada por una fiera sonriente.

-Maldita sea si eres mía.

Capítulo 2 2

Emira miraba el parque mientras estiraba. Personas relajadas caminaban sonriendo y charlando, otros muy ocupados en sus propios asuntos ni siquiera levantaban la vista cuando iban de paso. Ella le echó un vistazo al guardia que la seguía. Jordan había insistido en que no podía estar sola y al menos era un avance el que pudiera tomar aire y entrenar fuera. Habían insistido en el internado que se mantuviera de ese modo: Tranquila, serena, liberada.

Sólo así podía ser completamente sumisa y aunque le valía un cuerno debía fingir no sólo serlo, sino ser la mejor en ello mientras su esposo no confiara en su completa entrega al maldito matrimonio. Emira fantaseaba con reírse en la cara de Jordan mientras era él quien suplicaba compasión. Ella lo despreciaba y a la vez se despreciaba a sí misma por ser tan ingenua como para enamorarse de él. Porque aunque Emira se lo negara hasta al mismísimo Dios ella estaba muy segura de que los sentimientos que había desarrollado por Jordan Fox en algún punto debían desaparecer. Sólo era lujuria y deseo, no era nada más y pronto su cuerpo comprendería lo confundido que había estado por un subidón hormonal.

Había aprendido a liberarse por su cuenta. No necesitaba de nadie para satisfacerse sexualmente y era una epifanía para ella quien siempre pensó lo contrario aún encontrando placer en tocarse a sí misma.

Volvió al edificio siendo seguida por la típica camioneta negra en la que los hombres de los Fox se trasladaban. Ella entró sin que nadie le pidiera identificación alguna y subió al piso en el que su esposo y ella vivían.

Carmela limpiaba la sala e hizo un gesto de bienvenida a ella. Emira intentaba no interactuar mucho con ella, aunque sabía que no hacía nada malo porque estaba claro de que Jordan no follaba con ella sino que la castigaba haciendo de esto su propio placer, ella también veía la adoración con la que observaba a su Amo cuando lo tenía cerca.

Caminó hacía su habitación, todo perfectamente limpio mientras dejaba un camino desordenado de la ropa que se quitaba y se introducía en la ducha lista para refrescarse.

Jordan salió de una reunión, un nuevo cargamento de dinero entraría por los ductos de la ciudad. Sus hombres se encontraban en sus lugares vigilando que no se tratara de una jugarreta de los federales. Tenían sus ojos sobre sus pasos al parecer.

Eduard había tomado una buena jugada y era la de mostrarse como un caritativo padre soltero. La prensa había adorado la historia en la que una joven con la cabeza en fiestas y disparates le había dejado a su hija de meses y él se había hecho cargo de la pequeña Zairy.

Su media hermana aún era una sorpresa que no le había presentado a Emira, la pequeña aún no terminaba de desarrollarse y tenía terminantemente prohibido recibir más visitas de las de su padre y su hermano.

Ahora había una nueva fachada perfecta para cubrir el dinero que entraba y era la fundación para niños abandonados Gift of Life. Según Eduard, Zairy era su regalo de vida y es por eso que deseaba ayudar a niños que no corrieron con su misma buena suerte.

Jordan tomó su trago de whisky completo mientras miraba con hambre a su asistente Bella, una joven de dieciocho años que se veía nerviosa ante su presencia mientras leía los correos de su jefe.

-¿Me tienes miedo?- le preguntó interrumpiéndola durante la redacción de un memo. La chica delgada lo miró nerviosa y cruzó sus piernas por los tobillos, Jordan siguió el gesto con la mirada, usaba una falda tubular hasta debajo de la rodilla- Ven aquí- pidió y ella se levantó, su camisa blanca abierta hasta donde le habían recomendado sus compañeras de trabajo. No era tonta y sabía lo que hacía el señor Fox con las empleadas a quien consideraba más agraciadas. Más que una falta de respeto, era un honor para ella. Su coleta larga se mecía a sus espaldas mientras caminaba en los altos tacones hasta él. Jordan acarició su labio con la mano, era delgado y no llevaba maquillaje en ellos, la mano viajó a la camisa y con experiencia abrió todos los botones exponiendo sus pechos como manzanas envueltos en un brasier blanco de encaje.

Jordan la miró con ansías, no porque la deseara a ella, sino por la ilusión que le creaba ver esa cabellera hundida entre sus piernas.

Abrió sus pantalones y Bella entendió de inmediato, se arrodilló y llevó el falo de su jefe a su boca despertandolo y haciéndole disfrutar de una experiencia de la que pocos habían sido beneficiados.

Emira se acostó desnuda envolviéndose en la cobija luego de peinar su cabello, deseó dormir una siesta y también sabía que cuando su esposo llegara y la encontrara así crearía en él más deseo y eso era lo que buscaba.

Se durmió sin darse cuenta, nadie la despertó para comer porque así lo pidió y cuando el señor llegó pasadas las siete treinta de la noche encontró la habitación a oscuras, buscando el apagador vio un bulto sobre la cama. Frunció el ceño mientras se quitaba el saco y la corbata. ¿Era Emira?

Encendió la lámpara de la mesa de noche, vio su cabello y su espalda desnuda. Apartó la cobija y saboreó en su boca lo apetitosa que su piel lechosa se veía. Estaba completamente desnuda.

Jordan se desnudó y dio una rápida ducha secándose en el baño y saliendo desnudo. Ella aún dormía y él no dudó en hundir el rostro en su coño bajo la oscuridad de la habitación.

Él jugó con su clítoris y poco a poco fue sintiendo cómo despertaba. Ella gimió con ganas y su pene se disparó. Las uñas se encajaban en su cuero cabelludo y Emira alzaba las caderas encantada con el trabajo oral que Jordan desempeñaba.

Jordan unió sus dedos al juego y ella no tardó en sentir un sudor frío recorrerla mientras su respiración se agitaba. Jordan la penetraba con la lengua mientras sus dedos jugueteaban con su nudo de nervios. Ella gemía sin reparo y cuando empezó a temblar, él se acomodó en su entrada hundiéndose de lleno en ella.

Emira vio la figura de Jordan sobre ella, no podía controlar los espasmos de su cuerpo y todo se intensificó cuando su boca se apoderó de los pechos de manera alternada. Emira pedía a gritos más y él enloquecido de placer se lo daba. Ella cerró los ojos y se dejó llevar olvidando como siempre que estaba en sus manos el dolor y el odio que sentía hacia él y cambiándolos por completo por deseo, placer y amor.

Jordan se corrió en su interior, acarició su rostro mientras recuperaba el control, Emira sintió la descarga en su interior y el semen de él corriendo sobre el colchón.

-Lamento haberte despertado- dijo él risueño, su boca se apoderaba del cuello de Emira y ella ronroneó como un gato.

-Qué bueno que llegaste- él la miró confundido- Deseé que lo hicieras hace rato.

-¿Ah sí?¿Querías que llegara antes?- apartó su peso de ella y acostado de medio lado la observó con atención- ¿Por qué sería eso?

-¿Acaso no puedo extrañar a mi esposo?- preguntó Emira deslizando la uña sobre la mandíbula de él y Jordan no dijo nada- Estoy estudiando la posibilidad de trasladar la materia prima desde Maloani hasta aquí reduciendo gastos- Eso lo tomó completamente por sorpresa. Aún no se lo había comentado a su padre pero parecía que Emira se había tomado su respuesta como un hecho.

-¿Ah sí?¿De qué manera?

-Por barco, si vieras la ruta que---

-Ahora no, Emira- se puso de pie y ella molesta guardó silencio- Tengo demasiada hambre, mejor vístete mientras le pido a Carmela que prepare algo, ¿De acuerdo?

-Sí, señor- murmuró ella con los dientes apretados maldiciéndolo por dentro.

Capítulo 3 3

-¿De verás crees apropiado que lo haga?- le pregunté a mi padre y asintió meneando su whisky

-¡Pero claro, Jordan! Es tu mujer, está comportándose correctamente. ¿Por qué no premiarla?- sonrió - Algunas piden joyas y autos costosos, Emira te está pidiendo un negocio. Se mantendrá ocupada y ganaremos más si---

-Ese es el asunto, padre- lo interrumpió- Emira no quiere una sucursal de Achocolatada. Quiere su propia empresa. Ajena a tu cartera- Eduard reventó en risas.

-¿Y qué?¡Es lo mismo, hijo!- afirmó- Está casada contigo. Todo lo que haga tarde o temprano te pertenecerá.

Jordan suspiró recordando la idea de su padre de asesinarla.

-Está bien, entonces aceptaré. Le diré que tendrá su empresa.

-Claro que sí, hombre- aceptó Eduard de buenas a primeras- Aprovecha todos los recursos: Abogados, contadores... Que haga lo que deseé y cómo se le antoje a mi querida nuera.

Jordan tomó su trago a pecho sopesando la idea.

Emira estaba en el apartamento sentada en la planta bajo junto al jardín zen que había encontrado construido a su regreso. Era de noche y acostada sobre las piedras incómodas miraba las estrellas. El mismo cielo que acostada en la maleza de su Maloani ella observaba. Extrañaba a esa Emira, orgullosa y contestona, esa a la que nadie frenaba. Ahora se había vuelto una versión suya que no era real, no era nada más que un personaje que había creado para satisfacer a Jordan. Suspiró pensando en él.

Siempre creyó que era malo, todo apuntaba a que realmente lo era, pero se había dado cuenta de cosas que la llevaban a pensar lo contrario, y luego él volvía a ser el mismo patán de siempre con ella. ¿Qué cambiaba?¿Qué le hacía creer que en algún punto podría amarlo?

Se rió con amargura en aquella soledad. Era imposible amar a ese diablo. Era un demonio al que debían exorcizar, pero Emira se cobraría las que le hizo a ella y a quien sea que se haya cruzado con el joven Fox sin salir bien librado.

-¿Qué haces ahí?- se alarmó al escuchar su voz. Todo calmado y nada más allá de las cigarras adornaban la noche en aquel pedazo de paraíso. Jordan tenía unos cuantos minutos de haber llegado y luego de darse cuenta de que ella no subía, bajó a buscarla.

Emira se sentó.

-Sólo estaba disfrutando de la vista- él se rió.

-¿Qué vista, Emira? Si estás en el suelo.

Ella tendió su mano a él, Jordan creyó que era para levantarla pero se trataba de todo lo contrario: él se sentó a su lado.

-Recuestate, no pasa nada- murmuró ella y él lo hizo, las incómodas piedras en su columna mientras él imitaba su posición previa. Emira también volvió a acostarse.

Ahí, Jordan vio el cielo lleno de estrellas, plantas entraban a su campo de visión haciendo de aquella una vista completa.

-Vaya- admitió él y ella sonrió sin mirarlo.

-Así es.

Ambos se quedaron en silencio por varios minutos. Jordan miraba al cielo sin recordar la última vez que se detuvo a ver las estrellas de aquella forma tan infantil. Sabía que Emira tenía un lado de sí misma que parecía ansiosa por mostrarle y aunque se mostraba renuente la verdad era que dudaba más de sí mismo que de su honestidad. ¿Cómo pediría verdad cuando él era una caja de secretos, de duda y de desconfianza?

-Emira... Tendrás tu Achocolatada en suelo americano- dijo de pronto y ella giró el rostro para mirarlo sorprendido.

-¿Qué?¿Me estás hablando en serio?- Jordan giró la cara y miró a sus ojos grises totalmente sorprendidos.

-Muy en serio. Comenzaremos lo antes posible con el proyecto- ella no se resistió y se sentó sobre él tomándolo por sorpresa, Jordan sintió las piedras en su espalda pero poco importaba cuando tenía aquella vista de ella que en pijama de seda de color rosa vieja y una bata abierta del mismo material lo miraba sonriendo.

-No sabes cuánto te lo agradezco, Jordan.

Él acarició sus piernas y ella bajó el rostro tomando su cara con ambas manos. Jordan aún se sorprendía demasiado cuando ella buscaba sus labios. En parte no estaba acostumbrado a ese trato tan personal y también se trataba de ella siendo la que lo controlaba lo que lo ponía mal.

Sus manos masajearon su trasero bajo la suave tela, ella no llevaba ropa interior y su pene se hizo presente al saberlo. Emira hundía su lengua en la boca de su esposo jugueteando con la suya mientras sus ojos cerrados magnificaban el inmenso placer que le causaba.

Jordan besó sus hombros bajando las telas que los cubrían y en ese momento ella fue consciente de dónde estaban.

-No, Jordan- dijo agitada y él se detuvo alertado- Podrían vernos- sonrió con malicia.

-Entonces que disfruten del show- se sentó y siguió su labor de apoderarse de sus senos, él le quitó la blusa del pijama uniéndola a la bata y sobre la tela tendida en el césped recostó la espalda de Emira.

Su boca se apoderó de los botones que tenía por pezones, ella abrió la boca pero intentó no emitir sonidos sintiendo el placer recorrer su cuerpo mientras las manos de Jordan tocaban cada centímetro de su piel. Él besaba su abdomen con gentileza mientras su dos pulgares acomodados retiraban la elástica de los shorts rosados.

-Me gustas tanto, Emira. Tocarte, sentirte- murmuró él con desespero mientras mordisqueaba la entrepierna de Emira causándole suaves gemidos de placer y dolor a la vez- Me excita saber que eres mía y que nadie jamás volverá a poner un sólo dedo en ti, dentro o fuera- su lengua se apoderó de la vagina de Emira quien no hizo más que abrir las piernas para él y sostener su cabeza, hundir las uñas en su cabello mientras se dejaba llevar confiando de que ningún expectador vería aquel erótico show aún cuando no tenía muy en claro si el edificio era o no habitado por alguien más que los empleados y ellos mismos.

-Mmm, Dios- gimió con fuerza y Jordan se rió contra su piel haciendo que el roce del vello facial cosquilleara en su ser.

-Ni Dios puede salvarte de mí- sonaba profético y quizás tenía razón.

Jordan hizo que se corriera sin compasión, un chorro de jugos salió de ella y él lo saboreó enloquecido de placer. Acomodó sus piernas y viendo sus ojos blanquecinos debido al orgasmo que la hacía temblar cual convulsión se hundió en su interior haciéndola volver. Emira se sostuvo de sus antebrazos y Jordan entraba y salía de ella sin parar debido a lo empapada que ella estaba se resbalaba en su interior. Su mano se apoderó del cuello de Emira quien lo miraba cegada de gusto y sin nada de temor. Había aprendido a confíar en su pareja sexual y a entender que habían límites que ninguno cruzaría para lastimar al otro. Al menos el sadomasoquismo tenía sus reglas claras pero, ¿Y ellos?¿También las tenían o todo quedó en palabras?

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