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24 deseos de navidad

24 deseos de navidad

Autor: : PH. MUÑOZ
Género: Romance
Algo se siente en el ambiente, ese aroma a pino, canela y otras especias inunda los hogares de nuestras familias favoritas. Pero ¿qué pasa cuando lo que deseas con todo tu corazón es casi imposible de que suceda? O peor aún, cuando sucede no era lo que esperabas. Les invito a disfrutar, reír, llorar y recordar lo que verdaderamente significa el espíritu navideño. En 24 días correremos, soñaremos y disfrutaremos con nuestros personajes para saber si podrán vivir o mejor dicho sobrevivir a la navidad.

Capítulo 1 El árbol de Navidad

Por Tomás Scott y Sara Lester

- Tomy, necesitamos convelcel a nuestros papis de que el albol de navidad sea pirante, ¡Pirante! -glito emocionada pol que se viene navidad.

- Ay Sarita, se dice gigante no pirante, ya no estamos para hablar como bebés.

- Ush, edes un incoldio, Tomás Scott - estoy doja como una manzana, me da velguenza, pedo es que aún me cuesta hablal.

- No te enojes conmigo, mira que a mí también me costaba hablar, pero ya ves, ahora me sale de corrido, así que sé que tú lo podrás lograr, Sarita.

- ¿Me puedes enseñal? - suplico con mi cala de coldelito.

- Claro, seré tu maestro y tu mi aprendiz, mi pequeña Padawan.

- ¿Pada qué? - Tomy mueve la cabeza negando y me da una de esas sondisas que sólo son pada mí, es tan lindo y lo amo, algún día me casalé con él, pedo no se lo he dicho, eso jamás.

Aún somos muy chicos pada pensal en matlimonioo en el amol.

- ¿Qué hacen mis niños hermosos?

- ¡Mami!

Dani entra a la sala, junto a Jexi, el pequeño hermanito de Sarita, se ve tan linda con él en brazos, que el corazón de la pequeña se llena de amor al verlos.

- Hola mi cielo bello, Tommy.

- Hola, Dani hermosa.

-¿ Pol qué tuteas a mi mami? Ella es tu tía - me dice Sarita enfurruñándose con esa carita que a a mì me da pavor.

- Tranquila, fiera. Dani es mi tía, como todos los demás, pero yo le digo Dani, como a Alma, Ethan o a cualquiera, eso pasa porque soy mas grande que tú.

- No es justo, siemple tienes una despuesta pala todo.

- Tranquila, pequeña. Algún día podrás hacer, pero aún no me responden qué están haciendo.

- Estamos conversando de cómo debe ser el árbol de navidad.

- Ya sabes, ese que se coloca en la sala y donde todo el mundo deja regalos y esas cosas.

- ¿Qué no te gusta la navidad, Tommy?

- No, bueno sí, pero no tanto. Además este año mis ninos y Macarena no podrán venir y me pone un tanto triste.

- Ni vini Micidini- bufa la pequeña, un tanto celosilla, algo que tanto a Dani y Tomás les produce ternura.

- No seas celosa, Sarita. Maca es mi mejor amiga del mundo mundial y...

- ¿Y yo qué?- una lágrima cae de la mejilla de la pequeña que sale corriendo de la sala, con el corazón roto en mil pedacitos.

- ¡Sarita!

- Déjala, Tommy, ya se le quitará, conoces lo dramática que es Sarita con esto de las relaciones con la gente, pero te aseguro que a mi niña en menos que canta un gallo volverá para no perderse la ida a comprar el árbol.

- Dani...

- Dime, cariño.

- ¿Por qué las mujeres son tan complicadas?

La risa de tres varones que vienen entrando a la sala no queda desapercibida para esos dos amigos y el ceño fruncido que tenía Tomás, ahora se suma a la cara de Grinch de Dani. Jex, al notarla, se decide a hablar, no le gusta que su hermosa esposa se moleste por nada del mundo y menos por algo que sabe que lo dejará durmiendo en el sofá de su departamento.

- Ay, Tommy. A las mujeres no hay que entenderlas, debes amarlas tal y como son.

Los otros dos amigos, que estaban junto a él, lo miran con cara de " estás muerto y bien enterrado amigo" y Jex abre los ojos como platos, al ver como su muñequita de porcelana se levanta de su asiento, se para frente a él y le entrega a su bebé.

- Pues como no tienes que comprenderme y solo quererme, ahí te toca. Deberás de cuidar a los niños y llevarlos a comprar el árbol de navidad-Los amigos se lanzan a reír del pobre Jex como si lo que dijera Dani fuera el mejor chiste del mundo, hasta que ella vuelve a hablar -. Ah, y eso va también para ustedes dos, le diré a Dana que traiga a los trillizos y a aprovecharé de llamar a Ro para que tengamos una tarde de chicas.

Dani, sale de la sala y deja a los cuatro varones con cara molesta y al pequeño Jex con un puchero y sus ojitos llorosos.

- ¿Cuándo dejarás de cagarla con lo que dices, Lester? - le reclama Christian que aún no soluciona sus malos entendidos con esa española que lo dejó en medio de la carretera y Thomas asiente en señal de estar de acuerdo con lo que dice su amigo.

- Pero si yo no dije nada que no fuera cierto.

- Tío, de verdad que no conoces a las mujeres, uff.

- Bien dicho, hijo-Thomas choca los cinco con su pequeño diablillo.

Los cuatro varones se sientan a pensar en qué van a hacer para no quedarse con la tropa de pequeños demonios, porque quedarse con Tommy y Sarita no era problema, pero con los trillizos y Jex Junior era otra cosa. Cada uno planteaba una idea y...

- ¿Si les compramos un ramo de flores y chocolates?

- Nope, no sirve, lo digo por experiencia propia.

- Un viaje, eso les gusta mucho.

- A Dani no, por ella se queda en casa todo el día, salvo cuando le toca dar exámenes.

- Yo creo que sería mejor que Jex le ofreciera disculpas a Dani y listo, total, el idiota de mi cuñado es el culpable de todo- y de la nada suena el timbre de la casa - ¡Yo voy! - Ese fue nuevamente Chris, era el rey del cotilleo, además aprovechaba de escapar de esos que lo miraban con cierta molestia. Además, lo más probable es que fuera Dana con los trillizos, pero.

- Hola, bell...- sus palabras quedaron en sus labios al ver a la castaña enfundada en un hermoso traje de tres piezas.

« ¿Cómo se puede ver tan bien la condenada esta, después de todo lo que me hizo?»

Rocío, entra como si nada y pasa por el lado de Chris, sin siquiera saludarlo.

- ¡Ro, que bueno que llegaste! Necesitamos de tu ayu...

- Silencio mocosos, salvo tu mi amor - dice estirando los brazos para que Tommy se lance a ellos.

- Pero mi mami y Dani...

- Tranquilo, ya verás que todo sale bien. Ahora, les recomiendo que se preparen porque Dana está por llegar.

Y no solamente fue Dana, Alma y sus tres preciosuras entraron por la puerta, con un Enzo que echaba chispas y buscaba al culpable.

Las amigas, se abrazaron, rieron y se adentraron a hacia la habitación de Dani y Jex. Luego de unos minutos, salieron y dejaron los bolsos preparados para que los padres del año, ah y el tío metiche pudieran realizar lo encomendado por Dani, se despedieron de sus tesoros y enfilaron sus pasos a la salida. Aunque Sarita reclamó al igual que las gemelas, a nadie le cupo duda de quién mandaba en esas familias.

Resignados, Tommy y Sarita se sentaron mirando el espectáculo, pero el niño debía solucionar su discusión con aquella perfecta mini muñequita de porcelana.

- Yo solo quedia un albol gigante, Tommy y al final todos están enojados con todos.

- Por eso es mejor que nos quedemos como niños y discúlpame, Sarita, pero no me dejaste terminar lo que te quería decir antes.

- Soble Macadena.

- Ajá, pero también sobre ti.

- Ah... ¿y qué me ibas a decil?

-Que tú no eres mi mejor amiga- a Sarita se le fueron los colores de su carita, pero Tommy toma sus manos y comienza a hacerles cariño- . No llores antes de que termine la frase, princesa. Tú eres mi amada muñequita y con la que me voy a casar cuando sea grande, eso es una promesa.

- ¿En serio?

- Muy en serio, como que me llamo Tomás Scott Rogers.

Los niños sonrieron por esa hermosa confesión y sin más se levantaron de sus puestos, tomaron las manos de sus padres y ayudaron a todos con sus primos y hermanitos.

- ¡Hoy buscaremos el más pirante y magnífico árbol de navidad para Sarita!

- Tommy, no es pirante es ¡GIGANTE!

Las risas no dejaron de cesar y ese grupo de padres se dirigió al Tree Riders de Nueva York a comprar el más pirante, gigante o lo que sea, pero hermoso árbol de navidad.

Ya veremos que les pasará cuando lleguen a casa, pero de que encuentran un árbol, lo encuetran y, quizas, la forma de arreglar las cosas con esas loquillas que tienen por esposas.

Upsi, me salió verso sin mayor esfuerzo.

Mañana nos vemos con otra historia de Navidad, abran sus apuestas de quién creen que puede ser.

Besitos...

Capítulo 2 Una navidad en familia

Por Agustín Soré

-Es hora de levantarse, viejo mañoso-la voz de esa vieja incordio que me susurra al oído me saca una sonrisa de oreja a oreja.

-Déjame descansar unos minutos más, vieja molesta- digo tomando la mano que acaricia mi mejilla y la sonrisita de mi vieja enojona.

-Debes tomarte tus pastillas y yo tengo que preparar las galletas para las casas de jengibre que harán mis niños.

-Ah- suelto un suspiro melancólico - aún recuerdo cómo mis princesas y Enzo celebraron su primera navidad en Italia, después que Alma lo obligara a quedarse con nosotros, fueron nuestras últimas vacaciones como familia, después mi hijo se transformó en un energúmeno y a los pocos años se separaron.

-Lo recuerdo como si fuera ayer, cuando Blue nos dijo que se vendría acá con mi Almita y a los pocos meses después las acompañó Val.

-Hay algo que siempre me he preguntado y aún no hay respuesta en mi cabeza ¿Qué tanto mal hice para que mis hijos fueran unos desgraciados?- digo, mientras dejo que mi viejita me limpie las lágrimas que caen por mis mejillas.

-Tú no hiciste nada, Agustín. Tus hijos forjaron su propio destino, tú les diste todo. No solamente lo material, sino que también todo tu amor desde que tu esposa falleció.

Pero si lo ves de otra forma, mi Blue no fue así y sin ser tu hija biológica ella y su esposo te han dado tanto amor.

-Y nuevos hijos, nietos, bisnietos y sobrinos, tienes razón. Yo debo estar agradecido de todo aquello que la vida me ha ofrecido, ya no puedo llorar sobre la leche derramada.

-Así me gusta, mi viejo mañoso. Te amo, con todo mi corazón.

Gloria, besó mis labios con esa dulzura que jamás sentí en una mujer, ni siquiera en mi esposa. Ella llegó a trabajar cuando Blue quedó huérfana, ya para esa época era un viudo trabajólico y con dos hijos que necesitaba ayuda. Aunque, muchas veces la trataron como poca cosa, pero esa mujer se ganó mi confianza y aprecio cuando mi hijo me dejó, literalmente, en la calle. Todavía recuerdo lo que me dijo el día que nos desalojaron de mi casa.

"Te vienes conmigo y no acepto un no como respuesta, ya hablé con Val y ella me dijo que su padre haría todo por llevarnos a Estados Unidos, así que te aguantas, Soré. Ahora soy yo la que manda porque nos vamos a mi casa"

A las pocas semanas y en un día de san Valentín, me reencontré con mis princesas y tuve el honor de conocer a mi yerno y sus hijos.

Todos los que nos recibieron ese día nos trataron muy bien y después de las palabras de Adam no me quedó de otra que asentarme en este país y dejar a mi querida España. Aunque nada ya tenía en ese lugar, solo recuerdos.

Después de bañarme y dejar que mi vieja mañosa me vistiera y arreglara, me senté en mi silla de ruedas y salimos de nuestra habitación en la casa de mi hija.

Ya son las siete treinta de la mañana y el bullicio en la casa no se hace esperar. Mis hermosos mellizos discuten por algo de sus trabajos en su último año de escuela, mi pequeño Elliot está armando uno de sus nuevos experimentos y las gemelitas corren de un lado a otro para que Alma no las peine.

-Te atrapé - dice mi viejita mañosa a la pequeña Catalina. Ella y yo somos los únicos que las sabemos diferenciar al dedillo. Cata es un poco más calmada que Alondra y aunque juegan a cambiarse entre sí, a nosotros no nos hacen tontos.

Tomamos el desayuno en familia y, como siempre, esos niños nos hicieron la mañana. Cuando terminamos, Blue y Adam salieron a trabajar sin problema y los chicos se fueron a la escuela.

A eso del medio día , Alma recibe una llamada de su amiga Dana y comienza a preparar las cosas para salir. Enzo sale tras ella y después escuchamos unos cuantos gritos, Alma sale toda enfurruñada y Enzo no entiende ni mierda, ambos se despiden de nosotros y se llevan a los niños.

Con menos gritos y con cara de circunstancia nos quedamos mirando, para luego seguir con nuestro día a día. Ya volverían y nos explicarían lo que sucedió.

Glorita se dispuso con las niñas de la cocina a preparar galletas para las casitas de jengibre y yo me fui al estudio a leer un rato.

Hoy estaba metido en otra de las novelas de Valery Archaga, el tal Máximo era un mafioso de tomo y lomo y la pobre Esmeralda sufría por su amor por él.

Me recordó a la amiga de mis nietos y tía de David, esa pobre chica si que estuvo mal, por suerte pudo ser operada y ahora vive una vida normal.

-Hasta en la vida real pasan cosas así - digo para mi mismo y sonrío sirviéndome una copa de whisky.

-Te faltó pasa en TNT y me habría reído de ti.

-¡Me asustaste, mujer! Deberías ser consiente de que ya estoy viejo y ya no estoy para estos trotes.

-Tú siempre estarás para esos trotes, viejo mañoso.

Mi hermosa Glorita se acerca a mí y se sienta en mi regazo, la abrazo por la cintura y coloco mi cara en el hueco de su cuello. Su aroma dulce me impregna las fosas nasales y siento esa paz que tanto me gusta.

-¿Qué lees?

-Estoy por terminar Maximo y espero que pronto llegue el libro de todo ocurrió un día de otoño, el año pasado me leí el de Navidad y fue hermoso.

-Eres tan sentimental que me encanta verte cuando lees y te apasionas por un libro.

-Yo extraño un poco cuchichear con Thomas, pero espero que pronto tenga tiempo y volvamos a leer juntos.

-Difícil con tanto trabajo y los bebés, pero sé que él ya se hará su tiempo.

-Lo sé, cariño, lo sé.

-¿Quieres unas galletas con café?

-Y muchos besos tuyos, eso me haría muy feliz.

-¡Estás loco!

-Y muy feliz que me hayas aceptado y que en mis últimos años de vida pueda verdaderamente conocer lo que es el amor.

-Gracias a ti por ser tan maravilloso y por fijarte en una simple empleada como yo.

-Jamás has sido una simple empleada, eres mi familia y mi hogar, Gloria. Desde el día que pude decirte lo que en realidad sentía por ti fue como si la verdad se abriera ante mis ojos.

-¿Te acuerdas cómo me lo propusiste?

-Está en mi memoria como si fuese ayer.

Flashback

Fue por estas mismas fechas, que un día Glorita comenzó a sentirse mal y el pánico nos invadió a todos.

Val y Ethan se la llevaron al hospital para hacerle una serie de exámenes y nosotros nos quedamos en casa esperando que nada malo le pasara.

-¿Estás preocupado, viejito?

-Claro que sí, Glorita es una persona muy importante para todos.

-Y la amas ¿o me equivoco?

-¡Blue! ¿qué dices? Esa vieja mañosa no me gusta para nada.

-Y después dicen que uno es la ciega.

-¿Ahora eres tú, Alma? No puedo creerlo, es que ustedes se han confabulado en contra de mí.

-No es eso abuelito, es que te vemos, tus ojitos brillan como los de papá cuando ve a mamá, incluso como los de Enzo cuando me mira.

-Creo que el amor te zafó un tornillo.

- Hechos abuelito, solo son los hechos de la causa.

-No sé para qué estudiaste teatro, como abogada re iría muy bien.

-Papá, esto va más allá de eso, lo que dice Alma es cierto y de verdad que a mí me gusta Gloria como madrastra.

-Ya paren ustedes dos.

Ambas soltaron una risita cómplice y negaron con sus cabezas.

Unas horas después, Val llamó a mi hija y le informó que Glorita se quedaría la noche para que le hicieran unos estudios, mis alarmas se encendieron y cuando Blue nos dijo que iría a dejarle algunas cosas, no medié nada y me dirigí a mi cuarto, tomé algo que llevaba guardado hace mucho tiempo y salí de ahí para acompañar a mi hija.

Cuando llegamos al hospital, la amorosa de Claudia nos llevó hasta la habitación de Glorita, ella estaba medio dormida y nos miró con su celo fruncido cuando entramos.

-¿Qué hacen aquí? No debieron molestarse.

-Tú nunca serás una molestia, mujer. Además, este viejito estab preocupado por ti.

-Habla por ti, hija. Yo vengo a cerciorarme que esta señora no esté haciéndole pasar malos ratos a mis nietos.

-Uy sí, como si me interesara estar encerrada entre estas cuatro paredes.

-¡Ya basta ustedes dos!- nos reclama Blue- . Dejaré estas cosas aquí e iré a hablar con los chicos, pórtense bien y no se asesinen antes de que vuelva.

-Dilo por él, hija querida. Yo me portaré como una reina.

-Como si pudieras-Blue me miró con esos ojos que me recordaban a su abuela cuando se molestaba y elevé mis manos en son de rendición- . Está bien, lo prometo.

Después de que mi hija saliera de la habitación, nos quedamos ambos en silencio, uno muy incómodo debo decir, así que me decidí a hablar.

-Disculpa si te incomodó mi visita, no era mi intención.

-Está bien, lo disculpo ¿Se tomó su medicamento?

-Alma me lo dio antes de salir.

-Eso está bien, mire que si algo me pasa no me gustaría que usted.

-Nada te va a pasar, mujer. Esto es solo de rutina, ya verás que mañana estarás en casa molestando a medio mundo.

-Gracias- me dice limpiando una lágrima loca que, como pude me acerqué lo que más pude y tomé su mano.

-No te preocupes, todo saldrá bien.

Besé su mano y sin mediar nada me aproximé a ella. Tomé su rostro y sonreí al ver las líneas de expresión en su rostro, esas que le hacían ver más hermosa de lo que ya era y sin más la besé.

Sentí como más lágrimas caían por su rostro y me atreví a mirarla, estaba sonrojada y con sus ojos atribulados.

-Agustín, yo...

-Lo sé, yo también, disculpa que me haya demorado tanto tiempo para darme cuenta de lo importante que eres para mí. Te amo.

Coloqué el pequeño anillo en su dedo y le pedí que fuera mi esposa.

Fin del flashback.

Así fue que, dos días después, en víspera de navidad, unimos nuestras vidas en matrimonio.

Estaba toda la familia y como nunca lo pensé, me sentí absolutamente pleno y feliz.

Mis nietos fueron de gran ayuda ese día, hicieron maravillas con el salón de la casa, pues estaba nevando afuera.

Mi pequeña Sophia y mi angelito de Elliot fueron los que nos entregaron nuestras argollas y cuando ambos firmamos los papeles que acreditaban nuestra unión la fiesta de besos y abrazos nos dejó el corazón llenito.

Y, desde aquél día que le declaré mis sentimientos estamos juntos y, aunque a veces le hago la vida de cuadritos, soy su esclavo y sigo cada día más enamorado de esa mujer que sin quererlo, se ha transformado en el amor de mi vida y como cada año, celebramos el amor y la vida en navidad en familia, con nuestra familia.

Capítulo 3 El Grinch en mi interior

Por Melanie Scott

-¡Odio la navidad!- bufo como todos los años cuando empieza diciembre, que mes tan molesto, debieran quitarlo del calendario. Para lo único que sirve es para volverse loco comprando y buscando enamorar a alguien.

-Deja de reclamar, Scott y ven a jugar.

Esta era la única cosa buena del invierno, el hockey sobre hielo era mi segunda pasión, después de las leyes y este año por fin estábamos a un paso de las finales nacionales con el equipo femenino del colegio.

-Ya voy, entrenador- me coloco mi casco y enfilo mis navajillas al centro de la pista, estos nuevos patines eran colosales, amé cuando Elliot me los entregó en mi cumpleaños. Mi hermanito tan bello me dijo que los había diseñado especialmente para mí, cosa que ratificó mi adorado mellizo que fue el que los confeccionó.

Trabajo de hermanos, fue lo que me dijeron y debo agradecérselo, pues son livianos y se ajustan al frío hielo como si estuviera caminando descalza.

-Chicas, hoy practicaremos ofensiva y para eso le pedí al entrenador Rogers que nos apoyara con sus chicos.

-¡¿Qué?!- a no, no señor ¡Este viejo está loco! ¿cómo se le ocurre que nos va a poner a jugar con esas moles de dos kilómetros de estatura y como dos mil kilos encima. Esto definitivamente sería una tortura-Entrenador, esto debe ser una broma ¿no?

-Ninguna broma, reina del hielo- ¡Por dios! ¿podrían seguir pasándome más cosas malas este día?

-Y tenía que aparecer el idiota de Powell.

-Ya sé que me extrañabas, mi linda pelirroja, pero ya me ves. El deber me llama y aquí me tienes con los muchachos.

-¡Ya paren ustedes dos! Y colóquense en sus posiciones- nos dice el entrenador, mientras con Adrien nos retamos con la mirada.

-Te haré morder el hielo, preciosa.

-Te dejaré mirando mi lindo trasero, idiota. No te darás ni cuenta.

El disco fue puesto en el centro de la pista y con el pitazo del árbitro comenzó la acción.

Mi risa fue descomunal al ver la cara de idiota de Adrien cuando tomé el disco con mi stick y salí disparada por su diestra.

Los gritos de los chicos que estaban en las gradas me hicieron seguir mi camino, estaba destinada a meter ese disco en el arco de los chicos, pero sentí por mi costado que un tren venía acercándose, si ofensiva querían, ofensiva les daría. Cuando tuve a dos moles frente a mí, miré hacia ambos costados, dos de las chicas cubiertas y la otras dos venían más atrás, peleando con los compañeros de Adrien.

En un acto de inmolación, moví mi cuerpo de tal forma de quedar frente a frente con Powell y detrás con esos dos monigotes. En el momento en que el impacto era seguro, moví el stick y lancé el disco directamente hacia una de mis compañeras que había quedado libre y después de todo se fue a negro.

-¡Mel!- fue el grito que escuché y estoy segura que había sido Adrien.

Despierto en una habitación del hospital y veo a mi hermano como está agarrando del cuello al entrenador.

-E...Ethan...

-Despertaste, mi Mérida ¿Cómo te sientes, cariño?- su rostro me deja ver que lo que me ha pasado no fue muy bueno que digamos, así que mejor le respondo rápido.

-Salvo porque creo que me pasaron tres camiones con acoplado por encima todo bien, Ethan.

¡Ves! Ni siquiera tuve una conmoción cerebral, me acuerdo de ti y que hoy es uno de diciembre y que odio la navidad. ¿ya me puedo ir a casa?- intento levantarme y es ahí que me doy cuenta que tengo mi pierna levantada y una enorme bota que cubre hasta mi rodilla-¡A la verga, Ethan, voy a matar a ese imbécil de Powell!

-Tranquila, cariño. Adrien está peor que tú, en realidad fue él quien recibió más daño que tú.

-¿Qué? Esto debe ser una broma de mal gusto ¿no? ¿cómo que él quedó peor que yo?

-Yo... Yo lo siento mucho, Melanie. Nunca pensé que el forzarlas tanto provocaría que las dos grandes estrellas de nuestros equipos estuvieran en el hospital. ¡Todo esto es mi culpa!

-Y claro que lo es, entrenador. Se lo dije de un principio, pero su sed por ganar lo cegó, ahora aténganse a las consecuencias. Usted sabe que estamos en las finales y estarían los reclutadores, Powell sería visto por los coach de las mejores universidades y aunque me caiga de la patada, el se merece esa beca.

Lo que era cierto, puedo ser un verdadero Grinch con él, pero el tipo se merece esa oportunidad y ahora, por la desidia del entrenador y por quererle llevar la contra como siempre estábamos los dos en una cama de hospital hasta quién sabe cuándo.

Esa noche no dormí ni mierda, me sentía culpable de lo que había hecho y más aun sabiendo que podría haberlo esquivado y listo. La mañana comenzó con la visita de todos y cuando digo todos, es todos, hasta Lamas estuvo un ratito conmigo temprano y me llevó un rico chocolate caliente.

Mamá no decía nada, solo me acariciaba mi larga cabellera y refunfuñaba cada vez que alguien hablaba del tema. El más molesto era Timothy y terminamos discutiendo, ese era otro que me culpaba porque su amigo aún no despertaba. Papá se molestó con él y le pidió amablemente que saliera de mi habitación. Todo era una porquería.

Estábamos a una semana de vísperas de navidad y en mi caso ya mi pierna estaba mejor, aunque andaría con bota por un mes. La amorosa de Ágnes me contaba de la evolución de Adrien, o por lo menos que su cuerpo estaba bien, sólo que su cabeza había sufrido mucho y aún no despertaba.

Y es ahí que recuerdo porque odió estas fechas, siempre había algo malo que pasaba ya sea en navidad o cerca de ella.

Años anteriores mi hermano Thomas casi muere cuando Alma y mamá fueron secuestradas por su tío, en esa época yo era muy pequeña y no entendía mucho, pero todo lo que sufrimos por culpa de ese loco nos dejó mal.

Alma al tiempo después se fue y casi no la vimos por cuatro largos años. En estas fechas, mi mamá lloraba en silencio cada 24 de diciembre por no tener a toda la familia junta y muchas veces le pedí a santa que trajera a mi hermana de vuelta para navidad, cosa que no sucedió.

Y ahí dejé de creer...

El día de hoy, necesitaba moverme de esta cama. Cuando la última enfermera hizo su ronda y salió de mi habitación me mantuve quieta por un rato y al no escuchar nada por los pasillos me decidí a salir. Tomé mis muletas y abrí la puerta con cuidado, miré para ambos lados y no había moros en la costa. Caminé por cuidado por el pasillo y entré a la primera habitación.

-Upsi, lo siento- dije al ver a Lamas sentado al lado de la hermana de Vannah leyéndole un libro.

-¿Qué haces aquí, princesa?

-La misma pregunta te haría yo, pero me imagino que lo tuyo es por una buena causa. A propósito ¿Sabes dónde está Powell?

-En la 404, es la tercera después de esta y Mel...

-Gracias, lo sé. Guardaré tu secreto.

Salí de la habitación de la hermana de Vannah y le hice caso a Lamas, llegué a la habitación 404, tomé el pomo de la puerta, di un fuerte y largo suspiro y entré.

Ahí estaba mi compañero y amigo, porque a pesar de todo él siempre había estado ahí para mí y para Cameron, con sus bromas y risas sarcásticas, con esa cara de idiota que siempre me daba cuando no entendía la tarea de literatura o cuando nos pusimos los primeros patines y fuimos a la pista de nieve.

Ese era el idiota que ahora estaba con su cabeza vendada, sus ojos cerrados y su cuerpo conectado a una máquina que monitoreaba sus signos vitales.

Como pude me acerqué a su cama y me senté a su lado.

-Idiota ¿Qué fue lo que hiciste? No sabes lo preocupada que he estado por ti, debiste haberte movido no bloqueado a tus compañeros.

Unas cuantas lágrimas, salen de mis y la ansiedad me comienza a dominar.

Suelto un sollozo fuerte y el corazón me duele de verlo en esta cama sin poder moverse. Dejo mis muletas al lado de su cama y me siento en la silla al lado de su cama, tomo su brazo y comienzo a hablar.

-¡No sabes cuánto te odio! Por ti todos me culpan, eres un ingrato que le gusta ser el centro de atención, ¿Por qué? ¿por qué lo hiciste?

Desearía tanto que por una maldita navidad pudiera disfrutar de una bella noche con la familia, los amigos y contigo diciéndome todas esas estupideces que te encanta decirme.

Si santa existiera, le pediría que me obsequiara ver una vez más esos ojos verdes que te encanta revirar cada vez que tengo razón en algo y poder decirte que esta Grinch tenía razón y tú eres un idiota insoportable.

Lo siento, de verdad que lo siento, Adrien. No era mi intención que te pasara esto, yo te quiero mucho y...

Una leve risita salió en esos momentos y una mano grande tocó mi cabeza.

-No sabía que dármelas de héroe haría que la gran Melanie Scott me dijera que me quería- levanté mi cabeza y lo vi, estaba con una tremenda sonrisa en esa cara boba y sus ojos me miraban con alegría.

-Idiota ¿estabas despierto?

-Hace como dos horas.

Mi Grinch interior salió en toda su plenitud y comencé a golpear su pecho, estaba tan enojada con él, le había dicho ¡Dios! Le dije que le quería...

-Eres un maldito hijo de la gran verga, Adrien Powell. Me las vas a pagar.

Intenté levantarme de la silla y el idiota ese me tomó por la cintura y me sentó a su lado en la cama, me tenía fuertemente abrazada que a penas y podía moverme y ya tenía ganas de asesinarlo con una de mis muletas, pero éstas habían volado en el proceso.

-Deja de pelear, mi dulce Grinch. Tu deseo de navidad se ha cumplido.

-No me hables y suéltame, idiota. Me quiero ir de aquí.

-Pues no te irás, ahora es momento de cumplir mí deseo de navidad.

De la nada, saca una ramita de muérdago y la levanta sobre nuestras cabezas, vuelve a sonreír como idiota y de la nada me besa.

Esto no podía ser cierto, el muy desgraciado me había robado mi primer beso como deseo de navidad...

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