Prólogo 24/7 Libro 1
Somos quienes somos
Cuando eres solitario puedes apreciar los matices multicolores en tu entorno y apreciar la belleza.
Un solitario aprende de sus recuerdos y pensamientos propios, llamándolos conciencia.
Una persona normal tiene tiempo para preocuparse por problemas banales, cotidianos, llenos de tabúes, normas y reglas que los dominan. Ellos están condicionados a una vida llena de mentiras.
Yo no. Ahora. Estoy atada a la ira. solo ciento absoluta ira. Y se que hacer con ella. Me alienta. Me impulsa. Me guía a la muerte. Yo no tengo que preocuparme por nada que perturbe mi paz. Nada salvo que me importe.
Mis manos sueltan los papeles que caen a mis pies, como hojas de otoño y se mecen hasta tocar el frío suelo. Fotos, (archivos, documentos) con datos míos que yo desconocía, yo de niña, mis amigos y aliados, personas que me importa he hice la promesa de mantener con vida y la ira se abre paso en mis entrañas, borrándolo todo.
Escucho su voz antes desenfundar mi arma, apuntar a su cabeza y disparar.
Ella desde pequeña conoció el dolor, bebió del rencor, de la ira, y cuando la volvieron a lastimar, todo aquello que había vívido dentro de ella, por fin a escapado, la está consumiendo y si no hace algo, acabará con ella. Y prefiere estar muerta que hundida en la miseria.
Capítulo 1
Estoy descansando, o lo que creen los médicos, no gracias a la cantidad de calmantes que intentaron poner en mi sistema lo cual no sirve para una mierda.
Tampoco no me cura del dolor interno. Ciento odio, ira, rabia y unas ganas de llorar que reprimo con todas mis fuerzas.
Me ciento humillada y expuesta cada vez que me tocan, ¡no quiero que me toquen!, detesto al medico y las enfermeras que entran revisando mi cuerpo como si yo fuera un puto experimento. Odio sus expresiones de lástima al ver mi cuerpo destrozado como si fuera una niña pequeña.
Estoy atada de tobillos y muñecas con unas correas impidiendo que luche, pero es inútil que no intente pelear.
( fragmento )
Despierto de una pesadilla que quiero bloquear, estoy sudorosa y atada... La figura de mi abuelo se inclina hacia a mí " ¿pero él está muerto?" ( me recuerda mi subconsciente ) y limpia mi frente.
( Fragmento... )
Mi habitación huele antiséptico, me provoca náusea e inclino mi cabeza a un lado y vomitó. una enfermera entra y me limpia, se que es ella por su apestoso perfume a channel.
Estoy demasiado cansada para gritar y apartarle las manos.
¡Que no me toquen !
( Fragmento...... )
¿He dormido? No. No parece real. Todo me da vueltas. Tengo náuseas. y vómito ladeando la cabeza.
Una figura borrosa me limpia la cara, reprimo el impulso de retirarme al sentir sus manos callosas bajo mi barbilla y que pasa por mi cuello una compresa húmeda , cambian mi almohada por otra nueva.
Después de unos minutos escucho su voz ronca distorsionada por fragmentos.
– Cuando descubrió su camino –la voz se vuelve lejana, se pierde en mi inconsciencia.
– Las estrellas se pusieron sobre su cabeza...
"¡joder! ya no sé dónde estoy. Gimo. Intento hablar"
– los dioses ya no estaban... –
"¡por favor que se calle!... ¡Que se vaya!"
– en la inmortalidad...
Esa voz me empieza a resultar familiar. Quiero hablarle. ¿Qué hace aquí? ¿Que no estaba muerto? ¿Estoy muerta?
....Duermevela...
Tengo la boca seca y el mareo de siempre me hace mecer mi cabeza de un lado a otro. Gimo intentando ubicarme.
Se que está aquí, lleva aquí desde hace días o quizá más de una semana... siento más vivas mis heridas, , nada quita el dolor, pero el medicamento me entumece el cuerpo aliviandolo un poco.
Me están devolviendo al mundo real, detestando las correas que me sujetan.
Las primeras veces que desperté grite furiosa y luche provocando que me sedaran pero solo me atontaron. Tuve que fingir inconsciencia. Después de unas cuantas veces aprendí que si me comportaba como una psicópata volverían a atarme, de nada sirvió y decidí tragarme mi hafefobia. Dejando que me limpiasen y bañasen, aguantando las ganas de matarlos.
– Toma – la voz que creía de mi abuelo me sorprende y me aparto por acto reflejo, pero las correas no me permiten moverme mucho. Lo miro fijamente mientras que un anciano de unos 55 años me sostiene un vaso con pajita sin tocarme. Está sentado junto a mi cama con un libro sin título en su regazo. Distingo unos ojos negros amables. Con una mirada inteligente, no se de que aún, arrugas alrededor de sus ojos, cabello café. Con la mano temblorosa me sostiene el vaso. Sin soltar sus ojos me inclino a la pajita y sorbo el agua. Dando tragos pequeños.
– Suficiente – dice retirándose. Recargo mi cabeza hacia atrás. Se que debería darle las gracias y que me veré muy grosera. Pero me abstengo de hablar, porque ni siquiera he hablado con los médicos antes sus preguntas estúpidas. "¿Cómo te sientes hoy?" he reprimido el impulso de contestarles "Como te sentirías tu con cuchilladas, laceración en todo tu abdomen, muslo y heridas de electro shocks. Idiota. "
"¿Necesitas más analgésicos?" no les contestaba. Los miraba con tanto odio como si fueran los malditos terroristas que me hicieron esto. El anciano se endereza en la silla, parece incómodo pero se remueve hasta quedar conforme. Levanta su libro y lo abre apartando el separador. Agradezco en silencio que me ignore.
Una semana después...
Viene todos los días, solo sale de la habitación cuando tengo necesidades, que es para lo único a lo que me dirijo a las enfermeras y me liberan con temor, me han suspendido los analgésicos y agradezco ya no sentirme mareada. Miró al anciano que lee una revista de construcción ignorándome.
–Agua por favor –mi voz suena ronca por la falta de uso, deja su libro y con la ayuda de un bastón se acerca a la mesilla para llenar un vaso de agua, me lo pone en la mano desatando mi muñeca.
– Ya no necesitarás de esto. – camina alrededor de mi cama desatando las correas, en cuanto me siento libre doy sorbos al agua fresca.
– Gracias.
– Bienvenida teniente – no se si lo hace apropósito, pero evita mirarme, se enseguida porque, así que no intentara la típica terapia psicológica de mierda que todos aquí han querido aplicar, logrando que mi irritación crezca. Me cae bien enseguida.
Hay algo en él, que me dice que no hará las mismas preguntas estúpidas que el doctor y las enfermeras, ni el desfile de practicantes que pasan durante el almuerzo, la comida y la cena.
– Es usted psiquiatra – no lo parece, aun así no pude evitar preguntar. Por la carcajada que libera yace la respuesta.
–No. Soy de asistencia al veterano-post -guerra.
– Haaa – no supe qué decir al respecto.
Masajeo las muñecas, apenas puedo moverme. Ciento cada herida palpitar viva.
– ¿Qué hace aquí ? – pregunte segundos después irritada. No le quiero cercas. No pedí ayuda a nadie.
– Me equivoque de habitación – se encoge de hombros. Lo miro con el ceño fruncido. Esperando una explicación.
– Quería escapar de unos paparazzis y mi escolta me dejó aquí. La enfermera, Nora, se alegró tanto que por fin permitieras a alguien visitarte que no pude negarlo.
Por algún motivo le creo, podría detectar una mentira a kilómetros.
– ¿Que me has estado leyendo?
– De hecho... Leía en voz alta... – se pone tan rojo que me hace gracia y no puedo evitar reírme. Cierro los ojos para frenarme ya que me duelen las heridas.
– Vale – inhalo y exhalo.
– ¿Tienes hambre ?... Puedo encargarte algo. – escucho como se pone de pie y camina un poco.
– Pizza – murmure.
– No creo que te dejen – gruñi.
– Caldo entonces... Del que sea.
– Veré Que puedo hacer – abro los ojos y le miró parado a los pies de mi cama
.
– Soy Natalia kal Castelld
.
– Encantado Natalia – se dispone a marcharse – Soy el capitán Robert Rogde Dowson. Gracias por recibirme.
– Gracias por estar aquí capitán.
24/7 Capítulo 2
– ¡Ay! – si pudiera reírme lo haría, suelto un lamento tan falso cada vez que me rosa las heridas cerradas y lo hago a propósito, porque pone una cara de pena al ver mi cuerpo mientras me ayuda a cambiarme... Y ahí viene la lluvia de disculpas de mi hermana Brisa.
– Lo siento. Lo siento. Lo siento – quiero reírme, pero he de contenerme, porqué aún tengo las costillas magulladas y me han quitado los puntos. Tengo un brazo con escayola, cuatro costillas sujetas, heridas por mi abdomen, espalda, mis muslos , y cardenales por todo el cuerpo. Hoy me han dado de alta.
– Ay – intento rascarme y me da un manotazo.
– No hagas eso. – me reprende.
– Pica.
– Lose... Si te rascas te infectaras, mamá tiene algo que te ayudará.
¿Quién soy?
Mi nombre es Natalia kal Castelld, hoy cumplo 27 años, me siento como una señora que le ha tocado vivir demasiado. Pero si pudiera resumir toda mi vida sería lo que soy ahora.
Mi hermana Brisa y yo, crecimos juntas en el refugio para W. T. S. (refugio de derechos de la trata de blancas) técnicamente no compartimos ningún lazo sanguíneo , ni parentesco, su piel es chocolatada, su cabello oscuro, ojos profundos, de un cuerpo exuberante que persiguen todos los hombres.
En fin. ( suspiro ) nos rescataron a los 6 años de una cueva, a los 11 años no encontraron a nuestras familias, decidimos unirnos al grupo para rescatar a otras chicas o chicos sirviendo "Como señuelos" nuestra abogada y trabajadora social, que hizo bien su trabajo, nos peleó papeles y una residencia en New York.
Ya que no poseemos ni queremos recordar nada de nuestro cautiverio. Nuestra primaria, y secundaria la terminamos con esas ayudas gratuitas del gobierno, y el instituto tuvimos que trabajar para adquirir nuestro material, yo como mesera en un cibercafé, donde trabajo mi mejor amigo Nick y mi hermana de Niñera en las casas lujosas donde vivía mi mejor amigo.
Se sorprenderán que hablemos de madre y abuelo cuando he mencionado que no tenemos parientes cercanos, pues el hecho es que durante nuestra estancia en el refugio conocí a Mickey john ress tercero, hijo del director de los refugios y banquero, fue un momento de conexión instantánea y cada vez que iba nos mirábamos hasta que un dia nos hablamos y desde entonces somos inseparables, los días de visita íbamos a su casa a jugar, brisa y el no se llevan bien, pero la madre de Nick y ella se entendieron mucho y su familia se convirtió en la nuestra desde entonces. A pesar que ella insistía que podríamos vivir en su casa mi hermana si acepto, pero yo fui más orgullosa me negué, trabaje para hacerme de un departamento y vivir independiente. Aun así seguí frecuentando a la familia. Adore al abuelo Edmund hasta que falleció, me agrada la madre de Nick, una mujer que se ha encargado de embellecer el apellido de su esposo y el señor ress que es un genio con los números.
Obviamente superamos todo ese lado oscuro teniéndonos la una ala otra. hasta el día que decidí unirme al ejército de los Estados Unidos. Cosa que a mamá al principio no aprobó. Brisa siguió con sus estudios en la universidad WUS de legislación. Yo hice carrera en 6 años en el ejército hasta éste día y jamás en mi corta carrera, a mis 27 años imagine terminar con heridas graves de secuestro terrorista, Pero sobreviviré. No pienso dejar que me destruyan.
Gracias a mi hermana y a mi, que nos esforzamos y sacrificamos para superarnos, no volví a ver a mi proxeneta, y con la ayuda de Mickey sabemos que no me encontrara si me buscara.
Mickey John es alto, rubio, ojos azules como el cielo y una sonrisa metálica, porque usaba brackets, me encanta su inteligencia, tiene un cerebro para las computadoras, aprende cualquier texto con solo verlo una vez, tiene memoria fotográfica, pero me encantaba que me dejara entrar al despacho de su padre y hackeaba las redes a kilómetros a nuestra redonda, investigando la vida de otras personas y por muy sorprendente que parezca, a su padre le ayudaba a investigar a quienes querían adoptar a uno de nuestros hermanos. En fin. Gracias a él se todo de computación y soy una hacker, no a la altura de Nick, apodo que se ganó porque ama todas las caricaturas de él programa Nickelodeon.
– ¡Imbécil! – grita Brisa a Nick cuando termina de ayudarme a vestirme.
– José ha preguntado por ti – José es un amigo de instituto que está enamorado de Brisa y por supuesto ella también. Viven juntos desde hace un año y estudia leyes.
– ¿Y qué quiere? – pregunte en tono borde mientras me ayuda con mis sandalias. Ella frunce sus cejas.
– Quiere saber si cuando te recuperes piensas trabajar.
– ¡Dios! apenas estoy saliendo del hospital – si, El tono es un crudo sarcasmo – Dile que " SI " pienso conseguirme un trabajo," Y SI ", en cuanto arregle mi baja con el ejército. Pero por ahora la pensión que voy a recibir me ayudará a sobrevivir varios años.
– Es muy guay que la nueva ley los proteja.
– Solo para los heridos de guerra Brisa... - al escuchar mi tono, veo como una sombra de tristeza se refleja en sus ojos, aparta la mirada y me abre la puerta. – Es una puta broma verdad.
– Hola Naty – Nick sostiene una silla de ruedas con una sonrisa de oreja a oreja que lo empeora todo - Tengo que advertirte. Eres noticia.
– ¿Qué quieres decir ? – digo sentándome de mala gana porque justo ahora no puedo defenderme y huir de ellos.
– Bueno.. ¿Es que acaso no has visto las noticias?
– No idiota. Estuve en inconsciente la mayor parte.. ¿Qué quieres decir con eso?
– Es que tu video... Ya sabes... Fue transmitido en vivo... También tu rescate – por la cara de horror de Brisa y seguramente la expresión asesina que seguramente debo tener, Nick retrocede, y Brisa comienza arrastrar la silla hasta bajar un ascensor. Por lo que parece una eternidad las puertas se abren y Escuchó el escándalo mucho antes de entrar a la sala de espera.
A pesar de ser un hospital para militares es abierto al público. Ya que son considerados los mejores de lo mejor y la atención cliente-paciente, es calidad.
– No has podido bloquearlos... Dios Nick – masajeo mi sien, que otra cosa puedo hacer, no quiero hablar de mi cautiverio, no quiero que me pregunten nada. En la sala hay como mínimo 10 cámaras, 30 personas de diferentes compañías de servicio de telecomunicación, con micrófonos y grabadoras.
– No quiero verlos.
– Lose nena, el problema es que tenemos que pasar por ahí para llegar a mi jeep o al sav de Brisa.
– Pues no te detengas y apártalos de mi camino – me levanto de la silla y con un gemido comienzo a caminar, en cuanto se abren las puertas que me separaban de los reporteros estos se abalanzan para tener la exclusiva, a sacar fotografías y empiezan a bombardearme con preguntas, Nick intenta apartarlos pero estos se apretujan y no puedo romperles la mandíbula, ni empujarlos. Me están poniendo de los nervios al acorralarme... El sudor me escurre por la frente goteando por mi barbilla, el oxígeno se reduce en mis pulmones, me pitan los oídos y me pierdo en el recuerdo.
– ¡Dame los números zorra!
Golpe.
Golpe.
Golpe.
No. No. No. Malditos fragmentos. Aun veo entre nublado la luz roja de una cámara burlándose de mí. Estoy apunto de perder la cabeza cuando entran cuatro escoltas trajeados de negro apartando a los camarógrafos, se acercan flaqueándonos, y así podemos avanzar hasta una camioneta blindada, un chofer de traje gris me abre la puerta, volteo a ver a brisa y Nick.
– Síganme en sus coches – y me deslizo. La puerta se cierra. Me encuentro aun lado del capitán Rogde, me sonríe y le indica a su chofer avanzar.
– ¿Qué hace aquí? – lose, lose, debería ser más amable.
– También me alegro de verte y de nada.
– No hay de que – digo encogiéndome de hombros mientras el coche avanza el silencio no es gratificante. – ¿A dónde vamos?
– A mi escala.
– ¿Por qué?
– Deduzco que con todo esto, saben donde vives, de tu amiga también. Así que si no quieres enfrentarte a los medios de comunicación...mi escala es tu mejor opción.
– No me explique. ¿Por qué quiere ayudarme?
– Tú me ayudaste. Te devuelvo el favor.
– Yo... ¿Qué hice?
– Dejarme ser tu amigo.
– Eso es ridículo.
– No cuando estás solo la mayor parte del tiempo.
– Vale lo pillo, prefiero quedarme en un hotel.
– Y crees que los del hotel no te venderán.
– No si los soborno. – y no precisamente con dinero.
– Déjame recompensarte... Puedo...
– No.
– Ni si quieras sabes...
– No necesito tu dinero... Llévame a Star Greys tengo un amigo cerca – me reclino contra el asiento y cierro los ojos. Estoy cansada, me duele la cabeza y todo el cuerpo. El cap. No dice nada. Después de media hora llegamos al hotel donde suelo hospedarme cuando quiero estar lejos de mis amigos, aquí se hospedan la mayoría de marines, es un hotel cuatro estrellas. El portero abre la puerta y salgo con el cap.
– Este es mi numero. por si me necesitas – Tomó su tarjeta sin tocarle la mano y me dirijo a la entrada. Nick y Brisa llegan segundos después.
– ¿Quién es ese? - pregunta un Nick celoso, pongo los ojos en blanco con fastidio.
Nick tiende a ser muy cariñoso , desde que decidimos perder nuestra virginidad juntos, solo por experimentar nuestra sexualidad y porque me parecía un tío sexi y ardiente con sus chalecos de cuadros. No es feo, al ser alto le da un aire serio. Aunque decidimos dejarlo para salvar nuestra amistad , me agradaba su calidez y sus caricias, pero Nick se convirtió en alguien constante en mi vida, después de eso nunca pude negarle que me abrazara y de vez en cuando me robara un beso.
Hasta ahora. Cuando poso su mano en mi espalda todo mi cuerpo se tenso como un mecanismo de defensa, mi respiración se agito, se me nublo la vista y mi corazón latió palpitando hasta explotar contra mi pecho.
– Suéltame – no se si fue él o grite, porque me escucho, por la mirada confundida mire su mano y yo la sujetaba con fuerza retorciéndosela, lo mire de nuevo y horrorizada solté su mano dando un paso atrás.
– Lo lamento... Yo..
– No pasa nada... Te veo luego – se sobo la muñeca e hizo un intento de acercarse pero retrocedió.
– Neandertal – dijo a Brisa mientras él se despidió con la mano.
– ¿Qué fue eso? – me pregunto Brisa.
– Nada. Te veo luego o te llamo.
Una vez registrada el botones se acercó con la tarjeta de mi habitación y llevo mis dos maletas en un carrillo hasta el ascensor. Lo seguí en silencio. Las puertas se cerraron.
Estoy bien. Tengo que superar esto.
A cada piso que subíamos. Me sudaban las manos, el botones nota la tensión y eso logra ponerme de malas, masajeo mi cuello intentando aliviar la bola de nudos intentando encontrar alivio, vuelvo a mirar de reojo al botones y se removió nervioso, intenta por todo lo sano no mirarme, se lo que ve, una chica con la cara amoratada, cortes con ese tono rojizo. La imagen por sí sola dice problemas. El hombre está intimidado.
Pero no me moví. El ambiente está cargado de una atmósfera peligrosa. Mi respiración agitada, empecé a contar los pisos hasta el 23 y durante la espera cerré los ojos apretándolos con fuerza. También formé mis manos en puños , torcí mi cabeza para estirar los tendones, sentía el sudor frío recorrer mi columna.
¿Por qué estaba tan nerviosa? Me dolía todo el cuerpo pero era algo tolerable. El timbre sonó, escuche un quejido sordo del botones cuando se abrieron las puertas. Salí con él detrás de mí. Lo miré de lado y estaba empapado en sudor, se pasaba por la frente una y otra vez un pañuelo. Desconfíe de él, pero reprimí el impulso de asustarlo más y zarandearlo.
– Su.. Su.. Lla.. Ve – tartamudeo entregándome la con mano temblorosa. Se la arrebate y la deslice por el escáner. Entro y dejo las maletas en la entrada y sin mediar palabra salió precipitado por la puerta.
Cuando cerré la puerta fui consciente de la oscuridad que me rodeaba y me acerque al balcón arrestando una silla y Me quedé mirando la nada, no tengo sueño, ya había dormido mucho en el hospital. Me quite la escayola del brazo he ignorando el dolor y estire los dedos. No estaba tan mal. Me sentía agradecía poder moverme. Estar viva. Así podría vengarme hasta cazar a los malditos que me hicieron esto. Primero necesitaba de hacerme de un arma, la seguridad es primero.
Me quedé mirando la nada, las luces, las sirenas de New York me recordaban a ese día. Cerré los ojos e intenté calmar mis nervios. ¿Porque era eso, solo estrés? Acababa de salir del combate, alguna secuela debía de quedar, podía con ello. Ya sobreviví una vez. Lo haría de nuevo.