Estaba emocionada, finalmente faltaba poco para mis muy esperadas vacaciones, podríamos descansar de toda la locura del año y los muchos dolores de cabeza que pasamos ¿Quién diría que el último año de secundaria costaría tanto?
Nos habían dicho que sería el año en el que más disfrutaremos, que las únicas preocupaciones que tendríamos sería organizarnos para asistir a todas las fiestas, aunque la realidad había sido totalmente diferente, pero no fue porque no tuvimos la oportunidad sino porque no descuidaremos nuestras vidas escolares por algo tan absurdo como irnos de juerga.
Mis amigas y yo teníamos planes para el futuro y eran sueños que no echaríamos a perder por disfrutar de un último año cuando bien lo podríamos hacer al finalizar las clases. La universidad nos esperaba y por lo menos yo, necesitaba de las buenas notas para obtener la beca completa.
Pero a pesar de no haber disfrutado el año, con las chicas decidimos organizar algo digno para nuestro verano. Unas vacaciones en la playa donde pasaremos el mayor tiempo posible, incluso si teníamos suerte podríamos vivir alguna aventura de verano.
– ¡Chicas repasemos! – Cony nos gritaba con su pequeño cuaderno rojo en mano.
Constanza Meyer es una de mis mejores amigas y también la más insufrible de ellas. La chica tenía un trastorno compulsivo obsesivo con las listas y tenerlo todo organizado y chequeado en su bendito cuaderno, era algo vital para ella. En nuestro grupo de amigas ella cumplía el rol de madre ya que era la que nos cuidaba y nos recordaba las cosas importantes de las cuales no debíamos olvidar.
– Amiga ya lo repasamos ayer... – digo algo cansada, necesitaba dormir la siesta para poder dirigirnos luego a nuestro viaje.
La noche anterior nos habíamos desvelado organizando todas las cosas que necesitaríamos en la playa, por supuesto la única que había tenido todas las cosas preparadas y listas desde hacía un par de días fue Cony, pero junto con Anabelle somos expertas en dejar todo para último momento.
– Pero ayer no llamé para confirmar la cabaña, hoy sí.
– Bueno, pero era lo único que faltaba puedes tacharlo de tu lista y ya está. Ahora quiero que te calles porque me dormiré y más vale que lo haga si no quieres terminar debajo de un camión durante el viaje.
Sí, sabía estaba siendo un tanto ruda con mi amiga, pero tenía sueño y cuando me encuentro cansada tengo un muy mal humor. Debía dormir porque yo soy la conductora designada y nadie más manejaría por mí. Debía de entenderlo si pretendía llegar sana y entera a destino, además era la única con permiso de conducir, como no tenía opción debía de respetar mi decisión.
La conocía lo suficiente igual a Any sabía que apenas nos pusiéramos en marcha e hiciera un par de kilómetros caerían rendidas y me dejarían sola y aburrida todo el camino. Siempre hacían lo mismo, soy la conductora asignada desde que obtuve mi permiso y siempre nos transportaba a todas partes, por lo que conocía mejor que nadie sus hábitos. Aunque esta sería nuestro primer viaje por ruta donde nos alejamos bastante de la ciudad, debía de estar muy descansada y despierta en serio, porque no solo me encontraba exhausta también estaba nerviosa por el viaje.
– Cony – dice Any con su voz suave tratando de calmar la situación – Arami tiene razón, debemos dejar que descanse, podremos dormir en el auto.
"Ya lo sabía" pienso frustrada.
Cony asiente, muy poco convencida, pero con su ceño desapareciendo rápidamente, me mira, me sonríe y sigue anotando cosas en su cuaderno. Era increíble el poder de manipulación que Any tenía sobre nosotras, ella siempre lograba conciliarnos cuando algo ocurría. Siempre creíamos que sería una asombrosa abogada ya que siempre encontraba la forma de solucionar cualquier problema que surgía ya sea en el círculo de la amistad como fuera de esta.
– Ok, vayamos a la sala entonces.
Luego de mi merecida siesta decidimos ponernos en marcha e irnos finalmente. Agradecí que las chicas cargaran todas las cosas en el auto mientras dormía por lo que no debía preocuparme por ese detalle, fue incluso mucho más fácil y rápido iniciar el viaje cuando llegó el momento.
La idea era poder llegar al atardecer o empezando la noche así podríamos llegar a instalarnos y dormir. El viaje llevaría un par de horas y no tenía en mente ir a gran velocidad, total los lugares que habíamos planeado visitar solo las podríamos hacer en el día.
Una vez en marcha las cosas fueron tranquilas, cuando ya estuvimos bastante alejadas de la ciudad ya me encontraba sola, tal y como lo predije. Mis amigas dormían como unas morsas, no tuve más remedio que poner algo de música para que pudiera acompañarme en el resto del viaje y fuera mi compañera de ruta.
Tras hacer unos kilómetros en paz disfrutando de la soledad en la ruta agradeciendo el haber decidido viajar en este horario porque no se encontraba nadie y nos evitamos inconvenientes, iba escuchando Maroon 5 y cantando todas las canciones hasta que en un minuto una camioneta se nos adelantó.
¿El problema?
El imbécil se colocó justo enfrente mío no permitiendo que pudiera acelerar, tras mantenerse de esta manera unos minutos aceleró, pero luego cuando iba a sobrepasarlo se colocó a mi lado. Por un momento tuve miedo, mil cosas se me aparecieron en la mente. Por impulso aceleré, cuando creí haberlo dejado atrás resulta que no fue así. Lo tenía pegado en la parte de atrás.
Ya el miedo había abandonado mi cuerpo, no. Lo que sentía era una rabia infinita.
Durante toda esta absurda persecución me fue imposible verle el rostro al conductor, tenía los vidrios tintados. Entonces pensé, aunque no yo no pueda verlo él a mí sí. Mis vidrios no estaban tintados e iba con la ventana baja. Así que haría algo para quizás molestarlo también.
Me coloqué a la par suyo y bajé aún más los vidrios ya que quería que pudiera verlo bien, saqué la mano y les hice un gesto obsceno con mi dedo medio. Aproveché el momento justo en el que vi que bajaban la velocidad para acelerar con todo y finalmente dejarlos atrás. Lo cual pareció ser que funcionó ya que iba mirando y mirando en el espejo esperando verlos y no fue así.
Disfrutaba de mi triunfo en silencio ya que durante todo esto mis amigas, por supuesto, estuvieron ausentes porque aún se encontraban en el país de los sueños. Ellas jamás se habían enterado de absolutamente nada de lo que ocurría, aunque en varias oportunidades había maldecido en voz alta.
Aunque el karma había planeado cobrarme todos los insultos y mis gestos ya que, a pesar de haber recorrido un par de kilómetros, pero aun faltando un poco más trayecto. Sentí una explosión debajo del auto e inmediatamente comencé a perder el control de este.
Una rueda había pinchado. Cuando pude recuperar el control lo logré estacionar en un costado de la ruta y bajé a ver los daños. Para mi sorpresa no solo había pinchado una sino dos ruedas. Sí, en definitiva, el karma se las estaba cobrando todas.
Fui a despertar a mis amigas, que con explosión y todo seguían en el quinto sueño ¡Malditas! ¿Cómo es que logran tener el sueño tan pesado?
Ya había comenzado a imaginar lo que haríamos, era tarde y teníamos solo una rueda de respaldo. Podríamos cambiar una, pero ¿Cómo haríamos con la otra? Para esto necesitaba que bajaran del auto entre el peso de ellas más los bolsos ni el gato resistiría, además debían de pensar ellas también en buscar alguna solución a este problema.
– ¡Chicas! Arriba. Vamos, tenemos un pequeño gran problema.
– Problemas, hermosa – Un susurro prácticamente en mi oído, casi muero infartada.
Nuevamente, todo un panorama de posibilidades se me cruzó por la mente, no puede ser. Nos iban a robar. En cuestión de segundos y sin pensarlo dos veces me doy vuelta tan rápidamente que tomé por completo desprevenido al sujeto y le práctico una llave manteniéndolo inmovilizado en el suelo.
Cuando miro bien al atacante que en realidad se trataba de un chico que aullaba de dolor mientras arrodillado como estaba en el suelo buscaba como zafar su brazo de mi agarre, pero empeorando aún más el dolor. ¡Que estúpido! Si se bruscamente podría hasta sacárselo de lugar.
Entonces me di cuenta que quizás no se estaría tratando de un posible ladrón. Vestía ropa cara y de diseñador, de lejos se podía ver la buena calidad de esas telas. Escuché unas risas que provenían de un lugar no muy lejos de donde nos encontrábamos, cuando giró para ver. Detrás de mi auto se encontraba la misma camioneta de hace un rato, estacionada en un costado. De él habían salido otros tres chicos los cuales se tomaban del estómago del ataque de risa que estaban teniendo.
– ¡Suéltame! ¿Es que estás loca o qué?
– Cómo... ¿Qué fue lo que dijiste? – digo subiendo un par de octavas el tono de mi voz. Lo solté, pero seguía lista para darle un buen golpe si es que era necesario y al parecer el idiota lo quería.
– Tú estás loca ¿Por qué me lastimaste así? – me dice mientras giraba su brazo y se ponía de píe.
Otra vez mi rabia ebullía, resurgió tras no poder creer. Él me había dicho loca dos veces y no olvido que primero me asustó tanto que nos vi tirada en una zanja sin nada de nuestras cosas porque creí que nos robaría. ¿Qué clase de estúpido era este?
Claramente no tenía idea frente a quien estaba, mi mal humor había estado presente desde hacía rato cuando esa camioneta del demonio había aparecido, teniendo en cuenta el mal momento que me hizo pasar, el susto y ahora que me estuviera diciendo loca. No ayudaba a que mi humor cambiara, todo lo contrario, lo único que podía imaginarme era verlo tirado en el suelo gritando de dolor.
Pero lo pensé mejor y decidí que haría algo con esa estúpida boca que no paraba de decir cosas que quizás no las había pensado muy bien antes. Con un rápido y certero movimiento le dio un golpe en la boca del estómago, allí no se lesionaría fuertemente, pero sufriría una sensación desesperante de falta de aire. Eso ayudará a que pienses bien las cosas antes de decirlas.
– Fíjate bien la próxima a quien le dices loca, idiota. Como verás no estoy precisamente con el humor suficiente como para lidiar con tipos como tú.
– ¿Qué le hiciste? – gritaban sus amigos mientras venían en busca de su amigo, ahora no se estaban riendo.
– Yo si fuera ustedes chicos no me acercaría, créanme no tienen oportunidad alguna en su contra – Era la voz de Constanza, la miré y vi que se encontraba muy despierta observando todo el espectáculo, había bajado del auto y se encontraba recostado contra la puerta del copiloto – ¿Te estás divirtiendo amiga y no nos avisas?
– Este idiota me colmó la paciencia, creí nos asaltaría y luego me dijo loca. Dos veces. No podía dejarlo simplemente así.
– Seguro que no – dice mientras ríe.
– Espera, yo no iba a asaltarte, quería ayudarte – escucho que el chico me dice, su voz un tanto agitada por el golpe.
– ¿Ayudarme? – pregunto completamente confundida.
– Sí. Vi que tenías problemas y tras la broma de hoy, vi que era la oportunidad de disculparme por el mal momento. Aunque ahora creo que ya estamos a mano.
No puede ser.
Me encontraba fastidiosa y avergonzada en iguales proporciones y lo estaba demostrando sin importar que todos estuvieran mirándome. Es que había comenzado mis vacaciones de la peor manera posible. Lo que debía de ser unos días tranquilos y pacíficos había sido todo lo contrario desde el principio ¿Qué me deparaba los otros días? No lo quería ni imaginar.
Al final, tras disculparnos mutuamente por las bromas y los golpes, tuve que tragarme el orgullo y permitir que el insolente chico me ayudara con mi problema. Otra opción no tenía, mis amigas se fijaron en el mapa y el próximo lugar donde podrían reparar las gomas pinchadas estaba a más de 2 kilómetros de distancia y ya estaba oscureciendo.
Lo único bueno que pude rescatar de todo esto es que el chico encontró otra manera de disculparse ofreciéndose a cambiar él mismo las ruedas. Aunque yo era muy capaz de hacerlo, por supuesto dije que sí.
Por suerte la rueda que tenían ellos de repuesto coincidía perfectamente con mi auto lo que nos ayudaría a llegar a la gomería más cercana para reparar las dos pinchadas. Lo que entre conversaciones descubrimos fue sorprendente.
Resulta ser que estos amigos tenían el mismo destino que nosotras, vacacionaríamos en el mismo lugar. Increíble lo gracioso que podía ser la vida, si no hubiera sido por la insistencia de mis amigas quizás no hubiera aceptado la ayuda de estos chicos y hubiera esperado a que amaneciera para poder solucionar mi problema yo misma. Pero ambas insistieron en ello y aquí nos encontrábamos conversando como si nada y enterándonos de lo hábil que podía ser el destino cuando lo quería.
Por supuesto mis dos amigas estaban encandiladas con ellos, no paraban de insistir en que eran muy lindos, yo lo único que podía darme cuenta era que, todos ellos eran hijo de papi. Chicos mimados que estaban acostumbrados a obtener lo que deseaban. De todas formas, ya no había chances con ellas, ya estaban babeando por ellos.
Cuando las ruedas fueron reemplazadas y conocer nuestros destinos, decidimos que no pararíamos con el gomero ya que quizás al ser muy tarde o ya estaría cerrando o nos diría que volviéramos al día siguiente. Entonces nos dirigimos directamente a la pequeña ciudad costera, ya no faltaba muchos kilómetros, pero esta vez los chicos nos irían controlando de cerca.
Nosotras íbamos enfrente y los chicos detrás, en caso de que surja algo nuevamente. Al cruzar el cartel que indicaba que ya estábamos en San Clemente del Tuyú, nos detuvimos para charlar. Pero ¡Vaya sorpresa! Quizás en serio estábamos destinados a encontrarnos de alguna y otra manera, ya que ambos grupos de amigos nos dirigimos hacía el mismo complejo de cabañas.
Mi frustración en ese momento fue en aumento, es que no lo podía creer. No había forma de sacarme de encima a estos idiotas, primero en la ruta y su broma absurda, luego el susto de mi vida y el que haya tenido que escuchar me dijera bruja dos veces y lo peor, que me haya tenido que disculpar por el golpe que lo tenía más que merecido. Sin embargo, mis amigas que estaban más que emocionadas porque ya habíamos conocidos chicos guapos tuvieron que amenazarme para que supiera controlar mi temperamento y no hiciera nada estúpido y aceptara de una vez que mis vacaciones se llevaría a cabo con estos idiotas ricos.
Incluso barajaron la idea más absurda que escuché, emparejarme con el idiota de Alejo, el estúpido hijo de papá. Ya que tuvimos un comienzo bastante intenso quizás fuera una señal de que debíamos de estar juntos. ¡Ya lo dije, absurdo! Eran unas tontas, si ellas querían vivir una aventura amorosa de verano, bien. Pero yo vine a pasarla bien con mis amigas y disfrutar de mis últimos días antes de la universidad. El año entrante sería muy complicado para mí.
– ¡Wow! Finalmente llegamos, ya no siento el trasero lo tengo cuadrado.
– Que exagerada, tú por lo menos dormiste yo fui la que venía manejando con el culo contraído por temor a que vuelva a reventar otra rueda. Tengo atrofiado todo el cuerpo.
– Tienes razón – concuerda Constanza.
Aún nos encontrábamos recostadas en el asiento descansando luego del muy tedioso y cansador viaje, estábamos respirando tras todo el embrollo, pero cuando la camioneta se estacionó a un costado nuestro la burbuja de paz explotó ya que Anabelle salió disparada para encontrarse con los chicos.
– ¡Vamos chicas! Veamos donde está nuestra cabaña y en qué lugar les tocó a los chicos – la miro a Any y no puedo creer su euforia – ¿Qué? No me veas así.
"Dementes" Fue lo único que se me ocurrió mientras tomaba mi cartera y salía del auto.
– Bien, porque soy una buena amiga les concedo que vayan y hagan lo que quieran. Disfruten. Yo me ocuparé de todo, iré por las llaves y llevaré las cosas a la cabaña. Ustedes chicas están descansadas, yo estoy muerta.
– Eres la mejor amiga del mundo – me dice Any que estaba con una gran sonrisa en su rostro. Se acercó a mí y me plantó un beso en la mejilla para luego salir corriendo a alcanzar a los chicos.
– Cualquier cosa estaremos en el teléfono, descansa que lo tienes merecido. Mañana nos divertiremos las tres.
– Por supuesto Cony.
Y así mis amigas se marcharon con sus nuevos amigos, sin aguardar a ver para qué lado irían o quiénes. Rápidamente me dirigí hacia la recepción en busca de las benditas llaves. Estaba muy cansada, exhausta física y mentalmente, necesitaba un baño y un momento para relajar todos mis nervios.
Tan concentrada como estaba planeando mis siguientes horas de relajación, que jamás me percaté de que alguien más caminaba a mi lado y cuando lo hice ya era tarde. Alejo estaba a mi derecha con su rostro bonito y su sonrisa socarrona pensando en lo que diría mientras seguía observando muy detenidamente, sin importarle el hecho de que estuviera al tanto de que me estudiaba con esos ojos devoradores. Sin duda el chico tenía la suficiente autoestima para no inmutarse fácilmente.
– Así que... tus amigas te dejaron sola también.
– Eso parece, ¿Por qué dices también? Acaso te olvidaron, creí que irías a divertirte con el resto.
– La única idea de diversión para mí en este preciso momento, es un baño caliente y relajante para luego recostarme. Vine conduciendo todo el viaje, eso sin mencionar que de camino aquí me encontré con una chica muy bella, pero muy... ágil – dice esto último con una sonrisa pícara, había creído por un momento que me diría loca otra vez – Por lo que ahora me encuentro desecho como si me hubieran tirado al suelo varias veces.
No puedo evitar reír con su comentario irónico, pero es verdad era más que seguro que necesitaba de esa ducha para distensionar todos sus músculos.
– Vaya, ya veo.
– Además, tendré la cabaña solo para mí. Nada mejor que eso. Uno de mis amigos apenas puso los pies en el suelo fue tras una mujer que dijo, podría ser la madre de sus hijos. Mientras que los otros dos salieron con tus amigas. Así que, libertad por una noche para descansar.
Río aún más fuerte ¿Quién lo diría? Era todo un señor anciano y ermitaño. Pero mi risa desaparece al notar su mirada fija y dilatada en mí.
– ¿Qué sucede?
– Cuando sonríes eres aún más hermosa.
– ¿Qué... ¿Qué quieres decir? – tartamudeo sorprendida por su confesión.
– Que prefiero tu lado sonriente y no ese lado rezongón – enarqué las cejas ante sus palabras y su excesiva confianza, aunque agradezco que esta vez no me haya tratado como una loca – Pero más aún porque me gusta cómo se iluminan tus ojos verdes.
Que contestar a eso. Lo miré una última vez y retomé mi camino ya que verdaderamente me había dejado sin palabras. Aunque me había dicho que era una rezongona, lo cual era verdad, aquello último no lo había esperado y me tomó por sorpresa y desprevenida.
– Ok, déjame hablando solo. – dice retomando sus pasos colocándose a mi lado otra vez – Vayamos por esas llaves.
Era dulce, pero a la vez un idiota. Aunque algo que había dicho seguía rondando mi mente, Si él venía conduciendo todo el camino, entonces fue él quien me venía molestando en la ruta y me hizo rabiar como nunca. Y, aunque yo no lo podía ver porque tenía los vidrios tintados, él a mí sí. Mis vidrios estaban sin polarizar, entonces ¿Por qué me molestaba? Ni me conocía, a no ser que lo haya hecho para llamar mi atención.
"Basta Arami" me reproché mentalmente. Aunque bien podría ser una posibilidad no debía de ilusionarme tan rápido, podría estar errada. Debía de mantener mi espacio y ver todo el panorama, no iba negar que era atractivo, pero no me dejaría engatusar tan fácilmente. Siempre me había gustado hacerme rogar.
Mientras caminaba frente a mí me permití observarlo un poco y ¡Madre Santa! Es condenadamente guapo. Es dueño de un cuerpo tonificado, cero grasas y 100% músculo que, por lo menos hasta ahora, no me había percatado. ¡Dios! Y yo derribé a semejante hombre. Estaba contenta conmigo misma.
Estaba tan concentrada viendo como su camisa se adhería a cada centímetro de sus brazos fuertes y esa espalda tan ancha, sus piernas bien definidas adornadas por ese short de jean, que su vez marcaban un muy terso trasero. ¡Wow! Es un monumento de hombre digno de admirar. Por supuesto, estas cosas solo las admitiría para mí misma, jamás frente a alguien más.
Aunque debo decir que tenía una sonrisa dulce y encantadora del tipo, yo consigo siempre lo que quiero, pero lo que más llamaba mi atención eran esos bellos ojos marrones casi negros que contrastaba con su piel blanca y su increíble pelo rubio.
– ¡Hola! ¡Arami! – Cuando escuché su voz volví a la realidad y sentí como mi rostro se tiñó de un tono rojo.
– Si perdón me perdí en mis pensamientos. – No sabía que decir, probablemente me molestará porque me pescó observándolo.
– Te preguntaba a nombre de quien estaba hecha la reservación.
– Ah sí... Anabelle Canepa. – Agradecí internamente que no dijera nada al respecto, porque se había dado cuenta que lo estaba examinando de pies a cabeza. Aunque también supo darse cuenta de lo avergonzada que me encontraba al ser atrapada, ya que mi rubor que rozaba el rojo tomate, me delataba.
Alejo se dispuso a pedir nuestras llaves en la recepción y mientras lo escuchaba hablar veía como la chica del otro lado babeaba por él. Lo miraba con cierta devoción y con unas ganas de comerlo con los ojos, podía darme cuenta que evitaba abalanzarse sobre él y aparentar ser lo más profesional posible ¡Dios! No comprendía cómo las mujeres podían estar tan desesperadas. Cuando las obtuvo nos retiramos un poco y entonces me dio las llaves de mi cabaña.
– Ten – me dice, me entregó tres llaves con unos llaveros graciosos de frutas – Arreglé que nos den cabañas una al costado de la otra porque lo más seguro es que nuestros amigos quieran estar juntos el mayor tiempo posible.
Largué una carcajada porque ya imaginaba el rostro de las chicas cuando se enterasen que nuestras cabañas estarían juntas. Sabía que estarían emocionadas y eufóricas por la noticia.
– Me gusta eso – dice apuntando a mi rostro. Lo miro levantando mis cejas, sorprendida, ¿Qué tendría en mi rostro? – Cuando ríes – me dice contestando a mi pregunta no formulada – Lamento enserio lo de hoy, la broma en la ruta y por el susto y... ya sabes.
– ¿El que me hayas dicho loca? – le digo sonriendo una vez más ¿Qué ocurría conmigo? ¿Por qué sonreía tanto?
– Bueno... en su momento lo merecías. – nuevamente mi ceño fruncido entro en acción y veo que lleva ambas manos hacia arriba – Tranquila no quiero otro golpe. A lo que voy es que hace unas horas estabas estresada y ahora puedo verte más relajada y eso me gusta.
– Gracias supongo – contesto bajito.
Realmente me había sorprendido nuevamente, me había pedido disculpas e incluso había mencionado varias veces que le gustaba mi sonrisa ¿Eso es bueno? Mi escasa experiencia con chicos hacía que no supiera identificar estas cosas y me hacía sentir confundida, además de algo molesta conmigo misma.
¿Por qué estaba pensando en eso ahora? Jamás me había importado el amor y tener experiencias para saber reaccionar frente a estas situaciones, siempre fui de pasar tiempo con mi familia, amigos y dedicarme a mis hobbies y con más razón dedicarme a mis estudios. Jamás había pensado en el amor o tan siquiera en que me gustara alguien o la posibilidad de gustarle yo a otra persona.
No entendía porque ahora eso era distinto con Alejo. Tampoco es que sea un bicho raro en la sociedad, no es que tenga un ego por los cielos ni tampoco por el piso, sabía que mis mejores atributos eran mis ojos verdes, pero Alejo era... no sé no entendía como podía tan siquiera fijarse en algo tan insignificante como mi sonrisa. No era la cosa más especial y rara del mundo. Quizás todo esto era solo producto de mi imaginación y el cansancio, el hombre solo estaba siendo amable conmigo después de nuestra tarde tan interesante.
Cada quien condujo su auto hasta las cabañas, cuando llegamos quedé sorprendida. Al parecer gracias a su cara bonita obtuvimos cabañas geniales con una vista envidiable.
– Gracias a tu cara de bebé obtuvimos las mejores cabañas con vistas increíbles. Admito que debo agradecerte.
Teníamos el mar enfrente a unos pocos metros, se podía sentir el olor a ella que era más que increíble. Me imaginaba que cuando me acostara en las noches dormiría con el sonido de las olas, sentía la paz fluir en cada rincón de este lugar y sentía que todas las emociones en mi se renovaban. Necesitaba esto, lo necesitaba urgente. Por fin me encontraba aquí sabía que terminaba una etapa importante en mi vida y que ahora vendría otra mucho más dura que definiría mi futuro, por lo que encontrarme aquí en el limbo de todo lo que fue y lo que vendrá hacía que mi mente descansara un poco de toda la locura que me rodeaba habitualmente.
– Me alegra saber que lo disfrutarás.
– Amo la playa, amo el verano y más en este momento. Necesitaba alejar toda mi vida de mi mente un rato. – Contesto y cuando me giro para verlo veo que sus ojos estaban clavados en mí. – Además permite que pueda inspirarme. Cosa que con el bullicio de la ciudad es muy difícil.
– ¿Inspirarte? – pregunta, confundido. Sus ojos curiosos buscando una respuesta.
– Podría decir que soy artista, me gusta dibujar, aunque también escribo, pero es más como un hobby que otra cosa. Lo mío realmente son los dibujos y pintar.
– Creí que eras una boxeadora o algo.
– Eso se lo debo a mi padre que siempre quiso que supiera defenderme, ya que dice siempre que en la sociedad que estamos las cosas se han puesto más difíciles para las mujeres. Aunque mi verdadera pasión es pintar.
– Me sorprendes cielo. - ¿Cielo? ¿De dónde venía ese apodo? Consternada por su tierna forma de referirse a mí, me sorprende aún más cuando da unos pasos más cerca de mí - Qué dices si descansas un poco y luego aceptas a dar un paseo por la playa mañana temprano. Puedo invitarte a desayunar ¿Aceptas?
Cuando lo vi a los ojos me pude dar cuenta que no podía negarme, me miraban con una fuerza abrumadora que me consumía en ese mismo lugar y supe que tenía que decir que sí.
– Por supuesto, acepto solo si te comportas y no me dices loca.
– No lo diré cielo, lo prometo. Además, tengo la sospecha de que él loco voy a ser yo.
No sé por qué lo hice, porque accedí, pero cuando me lo preguntó me encontraba tan sorprendida que no sabía exactamente qué responder y claramente cuando lo tenía que hacer no pude decir que no. Al principio creí que se trataría de un tipo de broma, pero cuando lo miré a los ojos, vi sinceridad, determinación y me di cuenta que no mentía. Me quedé anonadada porque no me lo esperaba ¿Una cita? Pero me impactó más sus últimas palabras tras mi condición y más aún el que se haya acercado lo suficiente como para darme un beso en la frente. Uno fugaz pero que quemaba mi piel.
Tanto así fue mi sorpresa que no supe cómo reaccionar inmediatamente por lo que sonriente se marchó con un simple "Que descanses" Ya era muy tarde así que algo confundida aún, me metí a la cabaña, aunque descansar era lo último que quería hacer, toda la emoción del camino y toda la adrenalina que Alejo causó en mí hizo que todo el cansancio que podría haber tenido desapareciera. Moría de los nervios por la cita.
No sabía que más hacer mis amigas habían salido y estaba sola y aburrida. Entonces comencé dejando los bolsos en los dormitorios y me tomé la molestia de dejar un cartel con los nombres de a quienes pertenecería cada habitación. Las chicas aún no llegaban por lo que supongo que llegarán o muy tarde o recién al día siguiente; estaban lo suficientemente descansadas como para disfrutar de la noche y el comienzo de estas maravillosas vacaciones.
De todas formas, agradecería de que no se encontrarán o estarían molestando intensamente con la ilusión de mi "cita" con nuestro nuevo vecino. Después de que estaba enfurruñada todo el camino estarán extasiadas cuando sepan que acepté salir con él. En definitiva, estaba contenta por encontrarme sola tendría tiempo para pensar en algunas cosas, cosas que jamás antes me las había planteado y cómo estas cosas podrían afectarme.
Eso me daba miedo, pero dejaré que las cosas fluyan.
Mientras debía ocupar mi mente y que mejor que limpiando y poniendo patas arriba todo este lugar. Esta era una forma muy útil de aclarar ideas y calmar mis nervios.
Ahora luego de haber acomodado mis cosas en la habitación y lavado todos los utensilios de cocina para poder usarlos libremente ya no tenía más para hacer. Decidí que darme una ducha sería lo ideal y ver si luego me regresaban las ganas de dormir. O en todo caso podría prepararme un poco de café, aunque aún era muy de madrugada.
Cuando me encontraba en la ducha me permití que todos los pensamientos que se encontraban acumulados en mi cabeza salieran y me abrumaron por completo. Había tomado la decisión de que las vacaciones serían para disfrutar y divertirme como nunca, antes no había tenido la oportunidad de hacerlo y trataría de pasarlo genial. Sabía que debía vivir esta oportunidad todo lo que pudiera ya que comenzaría otra etapa en mi vida.
Había culminado una recientemente, una en la que por años traté de sacar lo mejor de mí y ahora comenzaría otra en la que definiría lo que haría toda mi vida. Trataría de cumplir mis sueños de adulta, sueños por los que he luchado siempre y no dejaría que nada se interpusiera en mi camino, no permito distracciones, pero ahora, estaba en las vacaciones más merecidas en mi vida. Me encontraba en la etapa intermedia entre el fin y el principio de algo más por lo que permitirme este leve receso en mi vida y vivir sin importarme nada, era lo que haría.
Pero había algo que probablemente no podía controlar y eran mis sentimientos debo admitir que temía pasar por los conocidos "enamoramientos de verano" aunque no debía de sorprenderme ya que eran cosas que pasaban y más aún con personas de mi edad, la verdad es que era algo que nunca me había ocurrido, el solo hecho de enamorarme era algo nuevo. Me aterraba que luego podría salir lastimada.
Jamás había tenido la oportunidad ni el tiempo de sentir algo por alguien, realmente no había encontrado a nadie interesante en mi vida, alguien que me atrajera de tal manera que revolucionara todo mi ser. Pero ahora temía que eso justamente estuviera pasando, este chico no solo no se espantó de mí luego de haberlo tratado tan mal, sino que siguió coqueteando conmigo.
De todas formas, lo que me resultaba gracioso de todo esto era que en todos mis años en la secundaria jamás logré enamorarme de nadie, y es quizás estadísticamente lo más probable, que tan solo imaginar que vendría a enamorarme en la playa me resultaba un poco patético.
Entonces comprendí que no solo era yo el problema en toda esta ecuación, la x aquí era Alejo. El chico era diferente a pesar de toda esa actitud que decía a gritos que era un chico rico y superficial pude ver un atisbo de algo más y lo que antes me exasperó hace que ahora llame mi atención y me pregunté qué más podré ver. Siempre dicen que del odio al amor existe una fina línea y probablemente sea verdad y sea quizás el caso, aunque no creo que sea del todo amor, quizás solo un leve interés.
Lo que sí me llegué a preguntar es como logré interesarle, así como tuve mi primera impresión de él, él también tuvo la suya de mi lo cual no creo que tampoco haya sido del todo bueno, la situación en la que nos conocimos no fue del todo práctico, pero debo admitir que en parte también fue mi culpa. Siempre fui un tanto impulsiva y explosiva lo que hacía que no a mucha gente le agradara, pero si me había pedido salir entonces quizás no lo haya espantado del todo.
Había algo que no llegaba a comprender del todo, y esa era mi propia reacción. No entendía porque estaba analizándolo todo si nos hemos conocido hace tan solo unas horas, quizás solo busque una "amiguita" con quien aventurarse en las vacaciones y con quien pasar el rato. Ya que sus amigos estaban con mis amigas quizás me haya visto como una oportunidad fácil.
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Terminé mi ducha, mi momento para pensar había acabado, me vestí tranquila mientras a través de mi ventana veía los muy leves atisbos de luz naciente del sol. Cuando miré el reloj eran las 4.30 a.m. había estado una hora en la ducha. Increíble. Como me percaté que no estaba para nada cansada me dispuse a buscar algo de ropa con la que me quedaría todo el día, por supuesto algo cómodo con lo que andar y con el que podría vestir un traje de baño.
Elegí un muy ligero vestido blanco que llegaba cuatro dedos arriba de las rodillas acompañadas de unas sandalias igual de ligeras para la playa. Traté de secar un poco mi pelo para poder trenzarlo y evitar que se hagan nudos. Me observé en el espejo y estaba contenta con el resultado, no llevaba maquillaje por lo que me veía al natural sin ningún producto de belleza más que una crema con filtro solar.
Estaba lista para mi cita, pero aún era muy temprano entonces la idea del café era muy buena. Agradecí por completo que tengamos una cafetera y que en las alacenas estuvieran las cosas de canasta básica como café de filtro. Preparé la jarra y mientras esperaba que estuviera lista vi a través de la ventana la hermosa vista de la playa y el comienzo del amanecer. Decidí que la mejor forma en la que podría descansar mi mente y mi cuerpo era si dibujaba lo que veía.
Venir aquí había sido una muy buena idea, la imagen que estaba frente a mis ojos era maravillosa, una increíble obra de arte de la naturaleza. Hacía tanto que no dibujaba con tanta emoción en mi interior, necesitaba ese cambio de aires y ciudad. Podía capturar incluso nuevos colores que en la ciudad no había visto, aunque de todas formas lo que dibujaba estaba en blanco y negro, pero ver estos colores me motivaba a usar colores en los próximos dibujos.