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A Plena Luz

A Plena Luz

Autor: : sxtzambrana
Género: Romance
Alma Serrano es una mujer que lo tiene todo: es la CEO de Seré, una de las casas de moda más influyentes de Latinoamérica. Visionaria, elegante y ferozmente independiente, ha construido su imperio desde cero. En el mundo de los negocios, nadie se atreve a subestimarla. En casa, comparte su vida con Tomás, su esposo, un hombre cálido, discreto y encantador que ha renunciado a su carrera para ser su apoyo incondicional, manejando el hogar con ternura y devoción. Pero lo que Alma no sabe es que Tomás es en realidad Leonel Duarte, CEO en las sombras de Theia Corp, una marca de moda emergente y agresiva que, bajo su liderazgo secreto, ha comenzado a arrebatar mercado a grandes firmas... incluida Seré. Lo que comenzó como una estrategia corporativa –acercarse a Alma para espiarla desde dentro– se complicó cuando se enamoró de verdad. Ahora, atrapado entre su amor genuino por Alma y los secretos que podrían destruirla, Tomás/Leonel se ve forzado a jugar un juego peligroso. Su doble vida se tambalea cuando Alma comienza a investigar la identidad del misterioso CEO de Theia Corp, sin saber que duerme a su lado cada noche. ¿Cuánto puede ocultarse la verdad antes de volverse insoportable? ¿Puede el amor sobrevivir a una traición construida con silencios?

Capítulo 1 Él no era nadie

La mañana había comenzado como tantas otras en el ático de Alma Serrano. Rayos dorados se colaban por las cortinas de lino blanco, acariciando las sábanas aún desordenadas de su cama king size. El aroma a café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con el suave perfume floral que solía usar en la ropa de cama.

Alma se desperezó con lentitud. Tenía una reunión clave en menos de dos horas, pero su cuerpo exigía unos minutos más de quietud. La noche anterior había sido larga: otra presentación, otro desfile, otra colección que debía definir la siguiente tendencia. Y como siempre, lo había logrado. La prensa la amaba. Su equipo la respetaba. Sus rivales la temían.

Pero en casa... en casa solo era Alma.

Y Tomás la hacía sentir así: humana. No como la CEO poderosa que dirigía una marca valorada en cientos de millones. Con él, podía reír sin medir palabras, llorar sin ocultarse, y dormir sin miedo a que le clavaran un puñal en la espalda.

Se incorporó y caminó hasta la cocina abierta, donde lo encontró, como siempre, preparando el desayuno.

Vestía una camiseta gris y pantalones de pijama. Descalzo, con el cabello revuelto, Tomás sonrió al verla.

-Buenos días, mi sol -dijo, ofreciéndole una taza.

Ella sonrió, algo raro en su rostro cuando estaba fuera de casa.

-¿Qué preparaste hoy?

-Huevos revueltos con trufa -dijo con fingida pomposidad-. Y tostadas con aguacate, porque la reina tiene que estar fuerte para pelear guerras de pasarela.

Ella soltó una carcajada suave. Le besó la mejilla.

-No sé qué haría sin ti.

Tomás bajó la mirada, ocultando un leve temblor en sus dedos.

"Mentiría menos", pensó.

Horas más tarde

La torre de cristal de Seré reflejaba el cielo con arrogancia. Desde el piso 33, Alma revisaba diseños con la precisión de un cirujano. Cada tela, cada costura, cada ángulo debía contar una historia. Nada se dejaba al azar.

-¿Quién aprueba esto? -preguntó con frialdad, alzando un vestido color mostaza-. Esto no es Seré. Esto es una burla.

El equipo enmudeció. Nadie osaba contradecirla.

Cuando la reunión terminó, su asistente personal la alcanzó con una carpeta.

-Señora Serrano... este informe es confidencial. Se trata de Theia Corp. Han lanzado una campaña agresiva esta mañana. Están atrayendo a varias de nuestras influencers clave.

Alma frunció el ceño.

-¿Otra startup con delirios de grandeza?

-Esta es diferente. Nadie sabe quién la dirige. Los registros están protegidos por múltiples capas legales. Pero su enfoque... es muy similar al de usted. Es como si supieran cómo piensa.

Un silencio tenso se instaló.

-Investígalo todo. Quiero saber quién está detrás de Theia Corp antes del fin de semana.

Esa noche

Tomás estaba sentado en la terraza, leyendo en su tablet cuando Alma llegó. Ella lo observó unos segundos sin que él notara su presencia. Había algo en la forma en que fruncía el ceño al leer, en cómo parecía completamente abstraído.

"Qué suerte tengo", pensó.

-¿Qué lees tan concentrado?

Él sonrió y bloqueó la pantalla con rapidez.

-Solo noticias. El mundo se cae a pedazos y yo aquí, con la vista más hermosa del universo.

Ella lo besó con suavidad.

-Gracias por estar aquí. No te lo digo lo suficiente.

Tomás la abrazó fuerte, como si necesitara ese contacto para no desmoronarse. Porque en lo más profundo de su mente, sabía que ese momento tenía fecha de caducidad.

En la pantalla de su tablet, aún abierto en segundo plano, quedaba un documento titulado:

Informe de avances – Theia Corp: Infiltración completada. Fase 3 iniciada.

Capítulo 2 Rastros de humo

Los tacones de Alma resonaban con fuerza en el mármol del vestíbulo. A esas horas, la sede de Seré parecía un gigante dormido: oficinas vacías, luces tenues, y un eco que multiplicaba cada paso. Pero ella no necesitaba público para trabajar. Era su imperio, y no dormía nunca.

Con el abrigo aún puesto, cruzó directamente al área de seguridad.

-Quiero acceso a los perfiles de las cuentas que compraron nuestros dominios espejo esta semana -ordenó sin rodeos al jefe de TI-. Alguien está tratando de desviar nuestro tráfico web, y no fue un aficionado.

El hombre tragó saliva.

-Estamos rastreando IPs, pero están rebotando en servidores de Hong Kong y Suiza. La estructura... es compleja. Esto es trabajo de alguien con recursos. Alguien que conoce sus movimientos, señora Serrano.

Alma sintió un escalofrío.

-Sigan. Quiero respuestas, no excusas.

Mientras salía del edificio, su mente ya no estaba en los clones web. Estaba en esa nueva empresa, Theia Corp. Había algo en la forma en que irrumpían en el mercado. Demasiado estratégica, demasiado elegante, como si cada movimiento estuviera pensado... como los de ella.

Y entonces, sin quererlo, una idea absurda la atravesó.

¿Y si alguien cercano la estuviera traicionando?

Sacudió la cabeza. Paranoia. Otra vez ese maldito instinto de control.

Pero no pudo evitar pensar en Tomás.

Al día siguiente

Tomás estaba sentado en su oficina secreta, un apartamento minimalista en el piso 10 de un edificio anodino en el centro financiero. Nadie lo conocía ahí como Tomás Serrano. Ahí, era Leonel Duarte, fundador de Theia Corp, CEO silencioso, cerebro tras el ataque quirúrgico a las grandes marcas.

La pantalla frente a él mostraba un mapa de conexiones: diseñadores que antes trabajaban para Seré, ahora colaboraban como consultores externos para él. Influencers que abandonaban contratos con Alma por campañas más "auténticas" diseñadas por su equipo. Todo avanzaba como lo planeó.

Todo... menos su conciencia.

Había jurado no mezclar emociones con negocios. Pero Alma no era un negocio. No más.

Y aún así, cada clic que daba para ganar terreno era un paso hacia su ruina emocional.

Su asistente entró con una carpeta.

-La señora Serrano solicitó informes legales sobre nosotros. Ya activamos el protocolo de defensa. También... ha comenzado a rastrear los movimientos en bolsa. Si conecta las piezas, sabrá que la inversión principal viene de tu holding en Brasil.

Tomás apretó los dientes.

-Ocúltalo. Y aumenta la presión. Quiero que sus nuevos diseños fracasen antes de salir al mercado.

-¿Estás seguro, jefe?

Él no respondió. Solo miró la pantalla... donde una foto de Alma, tomada durante su último desfile en París, decoraba un encabezado de prensa.

"La reina de la moda sigue reinando."

Esa noche

La cena fue tensa.

Alma removía la pasta en su plato sin probarla. Tomás hablaba de trivialidades: una tienda nueva en el barrio, una receta que quería probar, una serie recomendada. Pero ella apenas respondía.

-¿Pasa algo? -preguntó finalmente.

Ella lo miró fijamente.

-¿Sabes algo sobre una empresa llamada Theia Corp?

Silencio. Un parpadeo demasiado largo de parte de él. Luego, la voz suave y calmada de siempre:

-¿Theia? ¿Una marca de ropa? Escuché algo... ¿Por qué?

-Están copiando nuestros patrones. Nuestros lanzamientos. Es como si supieran cada paso que doy antes de darlo.

Tomás alzó las cejas con gesto de sorpresa perfectamente ensayado.

-Tal vez tienes una espía interna. ¿Lo has considerado?

-Lo he considerado todo.

-¿Crees que alguien cercano a ti podría hacerte eso?

Ella lo miró.

Fijamente.

Demasiado tiempo.

-No lo sé. Pero si lo descubro... no voy a tener piedad.

Más tarde esa noche

Alma no podía dormir. Bajó a su estudio, donde conservaba bocetos, revistas, ideas a medio formar. En una de las repisas encontró un cuaderno viejo que usaba al inicio de su carrera. Lo abrió, nostálgica... y se detuvo.

Allí, en una página, estaba el dibujo de un logo que diseñó diez años atrás. Un símbolo de luz, con un trazo curvo como una "T" invertida... algo que nunca usó públicamente.

Y sin embargo, ese mismo símbolo era el que había visto hace horas en una de las fotos promocionales de Theia Corp. En la esquina, casi escondido.

El corazón le dio un vuelco.

Nadie conocía ese diseño.

Nadie... excepto Tomás.

Capítulo 3 El reflejo detrás del cristal

La mañana amaneció plomiza, con una lluvia fina cayendo como un susurro constante sobre la ciudad. Desde la ventana de su oficina, Alma contemplaba el cielo gris con los brazos cruzados. Su mente estaba lejos de la tormenta exterior.

Estaba dentro.

Revisando cada conversación, cada gesto, cada detalle de los últimos años con Tomás.

Y lo más inquietante no era encontrar algo que no encajara... sino lo perfecto que todo encajaba.

-¿Te pasa algo? -preguntó su asistente, al entrar sin que ella lo notara.

Alma volvió a la realidad, escondiendo el cuaderno viejo que había dejado abierto sobre el escritorio.

-Necesito un informe completo de todas las personas que han tenido acceso a mis archivos creativos desde hace cinco años. También quiero una auditoría interna silenciosa: movimientos inusuales de correos, archivos descargados fuera de horario... todo.

-¿Incluye a tu equipo de confianza?

-Incluye a todos. Quiero saber quién respira cuando yo no estoy mirando.

La joven asintió, aunque con evidente incomodidad.

Alma sabía que eso podía parecer una cacería de brujas. Pero no era paranoia. No esta vez.

Era algo más profundo, más visceral.

Era traición.

Mientras tanto

Tomás recibía un paquete en su oficina oculta.

Un sobre sellado con documentos confidenciales.

En la portada, un mensaje de su jefe de ciberseguridad:

"Ella está revisando el pasado. Necesitamos activar la contingencia."

Él lo leyó en silencio, el ceño apenas fruncido.

Luego, desactivó la alarma de su caja fuerte y extrajo un teléfono que no usaba desde hacía años.

Marcó. Esperó. Una voz metálica respondió.

-Dime.

-Podría descubrirme -dijo Tomás con voz baja-. No sé si seguir ocultándolo... o si es momento de decirle la verdad.

-¿Y arriesgar todo? ¿Destruir lo que has construido? Lo sabías desde el principio: este juego se gana en las sombras. Si sale a la luz, se acaba.

Tomás apretó el puño.

-Lo que se acaba... es mi alma, cada día que le miento.

Silencio.

-Entonces decide, Leonel. ¿Quién eres? ¿El hombre que le preparaba el desayuno... o el que está por arrebatarle su imperio?

Esa noche

Alma llegó a casa con un plan en mente.

Lo encontró cocinando, como siempre. Tomás llevaba un delantal oscuro y tarareaba bajito, cortando tomates con ritmo relajado.

Demasiado tranquilo. Demasiado perfecto.

-¿Qué harías si descubriera que alguien muy cercano me está robando? -preguntó ella de pronto, sin preámbulo.

Tomás levantó la vista.

-Depende. ¿Quién es? ¿Y por qué lo hace?

-Digamos... que lo hace por poder. Por construir algo propio. A mis espaldas.

Él dejó el cuchillo sobre la tabla.

-Yo diría que deberías aplastarlo sin piedad -respondió, mirándola a los ojos-. O... averiguar si todo fue por venganza. A veces los que amamos tienen razones que nunca imaginamos.

Alma lo observó un largo instante.

No dijo nada.

Solo se acercó y lo abrazó.

Fuerte.

Tomás sintió un escalofrío. Porque en ese abrazo...

no había ternura.

Solo una advertencia silenciosa.

Horas después

Alma no dormía. Caminaba por la casa en silencio, descalza, como un fantasma. Entró al estudio de Tomás, que él solía mantener cerrado con llave, pero esa noche había olvidado asegurar.

Curiosa, tanteó los cajones. Documentos normales, facturas, papeles domésticos... hasta que algo sobresalió.

Un recibo.

Una transferencia internacional.

A nombre de una empresa pantalla en Zúrich.

No decía "Theia Corp" en ninguna parte. Pero el nombre del destinatario... Leonel Duarte.

Su corazón se detuvo.

Ese nombre lo había escuchado antes, vagamente, en una reunión de inversionistas. Una figura misteriosa, dueño de varias startups agresivas.

Pero ¿qué hacía ese nombre en los papeles de su esposo?

Entonces lo entendió.

No todo, pero sí lo suficiente.

Leonel Duarte no era un extraño. Era el reflejo detrás del cristal.

Y ese reflejo tenía su rostro.

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