Ada.
Golpeo, mis nudillos duelen, pero golpeo más fuerte. Aunque no creo que sea necesario que siga, de todos modos, lo hago.
Escucho muchos gritos, la verdad no sé qué dicen, tal vez me ovacionan o me abuchean. Supongo que debe ser un espectáculo digno de ver. Una niñata de uno sesenta, dándole una paliza a un tocador de culos con cara de malo. Si graban un vídeo, ¡quiero verlo!
Me toman por las axilas tirando hacia atrás. ¡Carajo! Dejen que se haga justicia.
─ Ada, no me gusta que vengas seguido a la enfermería. Mucho menos por pelear. ─Ya me lo repitió un par de veces este mes.
─ No te preocupes que trataré de hacerlo menos, pero ¿a poco no me quieres? –le digo.
Ella suspira como una madre preocupada, obvio le cansa mí estúpida actitud, pero me quiere más de lo que puede admitir. Teresa es la enfermera del instituto y me ha curado cientos de veces, tiene alrededor de cincuenta años, aunque nunca se lo he preguntado, solo es instinto. Su cabello es de un rubio grisáceo y le llega a media espalda, es delgada y me saca aproximadamente media cabeza. ¿Algo que la destaca? Su inmensa paciencia, desborda paciencia en especial conmigo, la jodo cada día de la semana.
Y bueno yo... no soy un gran modelo a seguir, es más, si tuvieran que ponerme como ejemplo de algo seguro sería la viva imagen de una criatura flaca y escurridiza que se enoja por todo, algo que hay que exterminar a toda costa del fas de la tierra.
─ Claro que te quiero mi niña. Solo no me gusta que vengas para que te vende los nudillos, o te cure el labio partido.
─ Sabes que no me puedo quedar quieta, él me tocó el culo. No solo me lo cacheteó, sino que lo apretó. Me apretó la nalga y yo le metí unas buenas piñas al tarado.
─ ¿Jimmy no era tú amigo?
─ Sí. Pero ya no. Se pasó de la raya.
─ Sé que te debe una disculpa, pero no es tan malo. ─ ¿Qué no es tan malo? Ella no lo vio hacer cosas que yo sí, es un hijo de puta con todas las letras─ Ya está mi reina. El director quiere hablar contigo.
─ Muchas gracias, mi hada madrina. ─ Le doy un gran abrazo─ Me voy a ver al señor mandamás.
Voy sin apuros. Aquí los pasillos de todos los edificios son una viva imitación del laberinto del fauno, poseen una capa de pintura color verde musgo, un aura de melancolía y un aroma a hierbas silvestres. También parece una cárcel sin salida, aunque los estudiantes de los últimos dos cursos tienen permitido salir a cada rato, es un asco asistir a un internado. Supongo que es una forma sutil de decir que no aguantas a tu hija, eso deja en claro que no soy la favorita, por algo estoy en esta escuela desde los catorce años. Bajo lentamente las escaleras, a la izquierda las puertas de vidrio me separan de los próximos retos que tendré. Golpeo la puerta una vez a la derecha, dos a la izquierda, algo así como una contraseña que acabo de inventar. "Pase" escucho y abro la puerta rogando que no me expulsen.
─ Señorita Cooper, tome asiento. ─No es un hombre malo.
─ Lamento mucho lo que pasó, señor.
─ Tranquila. Él aceptó la culpa. Dijo que te provocó. ─Gracias a Dios.
─ Sí, Jimmy me tocó el culo. ─ Aclara la garganta por lo que digo─ Perdón.
─ Ada, te lo pondré así. Eres muy inteligente para andar peleando por todo. ─Lo miro, ya sé eso─ Me habías pedido que te adelante un año, pero si sigues así con este comportamiento no voy a poder.
─ ¿Qué puedo hacer? Quiero adelantarme. Me aburro muchísimo en las clases, además sería mi último año y me graduaría ant...
─ Sí, pero no vas a clases tampoco. –me interrumpe.
─ ¿Usted iría a un lugar donde se aburre y no le respetan? Porque yo no.
─ Mira, si dejas de faltar a las clases y asistes a todas, no solo a algunas. Y dejas de pelear y meterte en líos. Tal vez te pueda adelantar de año, lo que significa que a fin de año te graduarías.
─ Sí señor lo haré y...
─ Pero. Si no haces lo que te digo te tendré que bajar de año, y hasta podría expulsarte. No lo hago ya que eres una niña muy inteligente, y creo que en el fondo puedes ser la chica que yo veo.
Me dirijo al comedor, cruzo el patio pasando por alto todo lo que me dicen y lo mucho que me miran, me puse feliz y a la mierda los demás. Empujo la puerta enorme que se mantiene cerrada para mantener el aire acondicionado durante el verano, sentada en una mesa solitaria logro ver a Sofía. Me siento frente a ella haciendo una broma sexualizada, lo que hace que se ría al instante, deja su celular para mirarme con sus redondos ojos azules.
─ Te estaba esperando para almorzar.
─ Genial ¿Qué hay hoy?
─ Hoy van a cocinar tacos ¿Lo olvidaste?
Me encojo de hombros, mientras nos dirigimos hacia una especie de mostrador en donde recogemos la comida. Tomamos una bandeja de plástico azul y la deslizamos por la mesada. Ponemos un par de tortillas para taco, a medida que vamos llenando las tortillas me va agarrando hambre, lo cual es extraño porque no como demasiado, pero la comida mexicana es algo a lo que no me puedo resistir. Sofía pone un gran poco de guacamole como si fuera la frutilla del postre ¡guak! No sé cómo puede comer tanto de eso, yo odio la palta.
Volvemos a la mesa solitaria. Hacemos todo tipo de bromas pesadas mientras devoramos cada trozo de estos manjares mexicanos. Hace tiempo atrás, Sofía no se hubiera partido de la risa frente a tantas tonterías blasfemas, pero eso cambió el día en que me conoció. Luego de un año en esta prisión, ya había tenido siete compañeras de cuarto y todas terminaban demandándome con el director, decían que yo era molesta y desagradable, además que vivía borracha, pero después de dos semanas en el cuarto sola llegó Sofía, una niña un año mayor que yo, toda tierna en un vestido color rosa crema, su cabello rubio ondulado y sin maquillaje. Por entonces, creía que sería una pesada, resultó que estaba equivocada, ella me comprendía, sabe lo que es estar jodida, destrozada y débil. Sofía se convirtió en mi mejor amiga, me enseñó mucho, aunque no logró curarme de mi desdicha pudo enseñarme muchas cosas, me mostró que no todo está perdido y que las cosas pueden mejorar.
─ ¿Qué opinas?
─ ¿Ah? Perdón, no te escuche.
─ ¿Vendrás conmigo a la fiesta de mañana?
─ Ni en pedo. ─ al oír mis palabras Sofía tuerce el gesto enojada ─No me mires así. Esos pendejos son muy agrandados, piensan que porque tienen plata pueden hacer lo que quieran.
─ Vamos, no seas mala amiga. Nos vamos a divertir, además quiero presentarte a Willy.
─ ¿Quién?
─ Willy, el chico que conocí el verano pasado, está en primer año de medicina y...
─ Bueno. Voy, pero solo por el alcohol gratis.
─ ¡Perfecto! Ya tengo tu vestido. ─Aplaude con emoción─ Es un color precioso y tengo zapatos a juego. Pero yo no me decido. Me vas a ayudar.
Subimos abrazadas las escaleras que conectan con los cuartos. Siempre nos miran cuando vamos juntas y juro que los comprendo, debe ser muy extraño ver a dos chicas opuestas físicamente, una rubia grandota curvilínea llena de colores fresas y pasteles junto a una flacucha pálida y bajita escondida en su pelo anochecido y su ropa oscura. Nos tumbamos en las camas para dormir un poco antes de ir a la clase de deportes. Me fastidia ir a correr bajo el ardiente sol, pero le prometí al tarado de director que me portaría bien. Sofía me sacude como loca para levantarme, abro lentamente los ojos para luego darme la vuelta y taparme la cabeza con la sábana, pero la hija de puta vuelve a insistir. Me pongo un pantalón holgado muy cómodo, una camiseta cualquiera, la primera que saque del cajón, recojo mi cabello en un lazo y me coloco un par de tenis sucios. Bajamos rumbo a la cancha, la verdad no tengo ganas, nunca tengo ganas.
─ Bueno, niñas formen una fila. ─ El entusiasmo de la entrenadora es envidiable al igual que su gran trasero─ Voy a tomar asistencia.
Va nombrando con rapidez los nombres de todas las chicas de la clase. Y llega a mi nombre...
─ Señorita Cooper, me alegra verla─ sarcástica la vieja.
Luego de la clase de Educación Física apesto a un perro muerto. Tengo sudor hasta en las nalgas. Me gusta el ejercicio, solo que en esta escuela es un asco. ¡Quiero un baño, urgente! Estoy cansada para correr y Sofía me gana el baño de la habitación.
Tengo que hacer tiempo, se me ocurrió algo. Saco algo de dinero que de manera mensual me da mi padre para libros que ya leí y él no sabe, y me dirijo a la "guarida del lobo", es una habitación de un chico llamado Charles quien vende prácticamente de todo. Su dispensario va desde comida chatarra, hasta bebidas alcohólicas y condones saborisados. De vez en cuando lo descubren y tratan de suspenderlo, pero su madrina es la supervisora por lo que se hace la ciega, ciertos beneficios de tener influencias. Lo feo es que tengo que caminar dos pisos hasta su dormitorio. Golpeo dos veces y luego de unos segundos dos veces más, la puerta se abre dejando escapar un olor a marihuana y alcohol. No demoré demasiado en ese lugar, solo quería un six pack de cervezas y unas papas fritas. Pago y me voy corriendo, si me pillan con cerveza por el pasillo me expulsan.
Ahora además de sudada, tengo una capa de olor a chivo fumado. No golpeo ni nada, abro la puerta y al cerrarla me apoyo contra ella. Me saco la camiseta quedando en corpiño y pantalón, abro una lata. Sofía pega un grito leve al verme así tirada en la cama con un par de cervezas. Le invito una, pero niega.
─ Cuando salga de la ducha tendrás que tomarte una o no te hablaré ni iré a la fiestita.
Se limita a sonreír mientras seca su cabello dorado con la toalla. Me meto a la ducha aun bebiendo lo poco que queda de mi lata. La lluvia proveniente de la ducha relaja mi cuerpo, un vapor tibio inunda el pequeño baño.
─ ¡¿Te falta mucho Reina del Drama?! ─Sofía me despertó de mi ensueño.
─ ¡No me digas así!
Tomamos las cervezas, bueno a decir verdad Sofía tomó solo una y yo las restantes. Tomo mi vieja edición del Principito, al leerlo me siento a salvo, este es el libro que mamá me leía de pequeña cuando aún yo no sabía leer, antes de poder ver caer mierda del cielo y arruinase mi pequeño planeta. Me quedo dormida luego de dos capítulos.
[...]
Me levanto con la poca energía que suelo manipular, mi compañera al igual que todas las mañanas se levanta sonriendo y con entusiasmo, no sé de qué, pero bueno. Abre las cortinas de par en par dejando el sol desnudo ante mis ojos, luego de abrir la ventana. Le tiro el almohadón más grande que encuentro. Miro el reloj, son apenas las siete y es sábado.
─ ¡Qué ganas de joder, Sofía! ─protesto, aún tirada en la cama.
─ El que madruga Dios lo ayuda.
─ ¡Ándate a la mierda, esto no es madrugar!
─ Me voy a desayunar ¿Vienes? ─pregunta deslizando su blusa color melocotón.
─ No... Tengo sueño.
Me vuelvo a dormir. Coman aca.
Tengo pegados los ojos. Las doce en el reloj. Seguro Sofía está comiendo en el comedor, come demasiado para mi gusto. Me pongo una remera por encima de la básica que ya poseo para luego dirigirme al grasiento comedor escolar.
El bullicio inunda mis oídos, el sonido de los alumnos hablando entre ellos, el ruido de los cubiertos chocando contra la comida y los dientes de las personas, la cantidad misma de personas que hay en la cafetería hacen que me entren ganas de correr y encerrarme en mi cuarto a tomar cerveza y leer todo el día. Justo cuando estaba por dar media vuelta de regreso a la habitación, logro divisar a mi amiga. Aún no tiene el almuerzo en su mesa así que cuando me dirijo a la mesada tomo dos hamburguesas envueltas en aluminio, obvio que justifico que llevo para dos personas el almuerzo. Me acerco a mi chica fresa sacándola de su ensueño, le paso una ración de comida.
─ ¿Qué haces? ─pregunto mordiendo exageradamente mi hamburguesa.
─ Tomo notas para el parcial del lunes.
─ Eres la persona más inteligente que conozco. Después de mí, claro. ─ Los trozos de comida salen disparados de mi boca.
─Tú también deberías estudiar. Me enteré que tu curso también tiene examen.
─ No, gracias. No voy a presentarme, me aburren las clases del lunes.
─ ¿No faltas mucho a clases? Tus inasistencias sumado a las peleas en las que participas─ ella niega con la cabeza─ Ada, vas a hacer que te expulsen.
─ No me van a expulsar. Dentro de unos meses voy a realizar el examen especial y nos graduamos juntas. Todo irá bien.
─ Ada, debes dejar las estupideces de lado.
─ Si me vas a regañar me voy a dormir─ hago ademán de levantarme.
─ Bueno─ dice sobrándome─ Mejor hablemos de tu vestido.
Así me explica con detalles como es el vestido con el qué irá a la fiesta, pero no le entiendo mucho, comprendo poco y nada sobre telas finas y apliques. No abro la boca, pues ya sabía que sería doloroso. No es que piense que es horrible usar prendas fuera de los tonos oscuros, en realidad me encanta ver como vais vestidas todas coloridas con combinaciones espectaculares. Lo que pasa es que me siento la otra yo, la que esperaba mucho de gente, la que era destruida de a poco sin saberlo, la que murió hace años. Ya no soy esa y no quiero que regrese.
Por la tarde, me reúno con Ahítan y conversamos un rato, me cuenta de una fiesta esta noche y le comento a donde voy a ir, como es de esperar se rio a carcajadas. Él es un chico alto que odia el sol, de ojos cafés y cabello castaño, es uno de mis amigos más antiguos, el tipo de chico que no te pregunta si estás bien, sino que te abraza. Muchos pensarían por su aspecto que es el típico chico malo, pero en realidad no mata ni a una mosca.
─ Teresa me contó que ayer fuiste a curarte la mano. ¿Con quién peleaste pulga?
Cuando no, Teresa yendo de chismosa.
─ No fue nada especial── digo quitándole importancia.
─ El vídeo que me pasaron dice lo contrario. Parece que le rompiste los huevos a Jimmy.
─ Él me tocó el culo, le pegué unas piñas y ya, fue todo─ respondo.
─ No puedo creer que él allá sido nuestro amigo. Es un idiota── dice Ahítan dando una calada al cigarrillo.
Dejo atrás a mi mejor amigo para dirigirme a mi cuarto.
Respiro hondo y entro a la habitación. Ahí está mi chica con un vestido rosa y uno amarillo, ruego a Dios que no sean para mí.
─ Ada ¿Cuál me queda mejor? ¿Este, o este?
─ El rosa sin dudas, realza tus curvas. Te hace sexy.
─ Basta-─ dice entre risas─ Me lo voy a poner. En la cama está el tuyo.
Por suerte es celeste pastel.
Veo sin empatía el rostro de Sofía irradiando emoción. Me obliga a sentarme en un taburete frente al espejo y me amarra el cabello en un lazo alto. Ni un solo cabello en mi rostro. Siento como si me hubiese realizado un estiramiento de piel. Me maquillo para impresionar, aplico una capa delgada de base líquida seguido de una línea de gato con delineador, me coloco mucha máscara de pestañas, por último, unos labios aterciopelados un poco oscuro, pero sin exagerar. Al mirar a Sofí me doy cuenta que se va quitando el delineado tres veces.
─ ¿Necesitas ayuda pastelito? ─le digo mientras me río.
─ ¡No te rías! Pero sí. Arréglame este desastre.
Luego de quitarle todo el maquillaje desastre que se había aplicado, empiezo con mi obra de arte a medida que ella me cuenta lo bonito que es Willy y su hermoso cabello rubio. Ella es muy bonita, no creo que necesite pintura en su rostro sin embargo ella está decidida a colocar color en su cara. No le pongo base, sería una lástima cubrir sus pecas, un poco de sombra clara, un finito delineado y brillo labial. ¡Fantástica!
Bajamos las escaleras para dirigirnos a la entrada del edificio. No hablamos en el camino, solo nos tomamos del brazo y aplicamos nuestra mejor sonrisa fresca, aunque falsa. Pasaron cinco minutos, la verdad no sé qué estamos esperando, así que le pregunto a Sofía, nerviosa me responde que nos van a venir a buscar, para mi sorpresa viene Willy, el chico que a ella le gusta. La sobro un par de veces, pero lo corto cuando veo un bello auto deportivo blanco aparcar frente a nosotras. Sofí me hace seña con la cabeza para que suba al vehículo. No puedo quitar mi asombro, sabía que eran nenes mimados de papis, pero no sabía que tuvieran tantos billetes guardados. Subo en el asiento trasero mientras que mi amiga va en el lado del copiloto. Me inclino un poco al notar que no es el chico que mi amiga me describió hace rato.
¿Quién carajo es este tipo? ¡Ni mamada voy! Decidido.
Sin embargo, como ya estamos dentro del auto, no me queda más remedio que decir, con el ceño fruncido y con cierto aire de asco.
─ Tú no eres Willy.
Capítulo 2:
Ada.
─ Tú no eres Willy─ suelto.
─ No, me llamo Codi ─dice mientras cruza su mirada con la mía por el espejo. ¡Mierda! Es lindo.
─ Sofí ¿No venía tu amigo a buscarnos?
─ Sí, Ada. Lo que pasa es que él está ocupado por lo que mandó a este muchacho─ Siempre sonríe como ingenua, pero la quiero.
─ Soy su amigo. No creo que sea necesario ninguna explicación. Deberías callarte y disfrutar el viaje. Una buena niña se mantiene en margen─ Me guiña un ojo. ¿Pero quién se cree que es?
─ Primero, no soy una niña tierna y callada como las que te huelen el culo. Y segundo, nadie me dice que hacer. ¡Además, si merezco una explicación ya que son unos putos desconocidos y quién sabe lo que quieran hacernos!
─ Es linda tu amiga, Sofí. ¿Siempre quiere morder? ─ suelta bromeando a "nuestra" amiga.
─ ¿Así que sois amigos y nadie me lo dijo? ─ ¡Pero joder!
─ Algo así. No te enojes, Ada. Tu eres mi mejor amiga, y él es buen amigo de Willy. Por eso estaba tranquila cuando lo vi en su auto.
─ Ok. Está bien─ Revoleo los ojos acurrucándome en el asiento.
El estúpido me mira un par de veces por el espejo retrovisor. Me lanza un par de sonrisas torcidas pero sexys que me hacen enojar. Lo odio, si cree que con lanzarme miradas sensuales va a cambiar la impresión que me dio, está muy equivocado.
Luego de unos minutos llegamos a una casa club universitaria. No parece la típica fiesta de universitarios. No hay vasos tirados por el patio, no hay gente borracha en la entrada ni chicas desnudas bailando alocadamente, tampoco veo el típico banderín mal colgado en el porche. Parece una gran casa con gente entrando y saliendo de vez en cuando. Gente bien vestida.
Me abren la puerta quitándome de mi ensueño.
─ ¿Qué pasa Princesa? ¿Esperabas algo alocado? ─ es muy irritante.
─ Codi ¿verdad? Creo que deberías meterte esa hermosa boquita dentro de tu ano─ lo digo con tanta calma que me sorprende y le doy una sonrisa sarcástica.
─ ¿Con esa boquita le hablas a tu madre?
Tocó un punto débil. Me voy a portar bien esta noche, así que lo ignoro. Camino hacia la casa, pero escucho que grita.
─ Wow, lamento lo que dije. ¡Ese es un tatuaje inapropiado para una Princesa!
¿Inadecuado? Pero por favor. Es hermoso y creía que no se notaba, que el vestido lo cubría. Un tatuaje es arte en el cuerpo. Un colibrí no es abominable. Pero al fin y al cabo su opinión es basura, ni él ni lo que salga de su boca importan.
Camino con la cabeza en alto. Supongo que acabo de cruzarme con el ser más molesto del planeta tierra. Llego al porche y mi amiga me toma del brazo para ingresar a la gran casa. Es muy elegante, todo debe ser muy caro. No hay ni un chico que no tenga traje y todas las mujeres visten con vestidos de colores pasteles, la mayoría de estas son altas, rubias, delgadas y con al menos una cirugía ya sea de nariz o de senos. Manga de pringados ricos. Delante nuestro, aparece un muchacho de cabellos rubios como si estuviesen planchados, luce un impecable traje azul y sus ojos carmesí, sí, seguro usa lentes de contacto, parece un asesino en serie con los ojos rojos, un asesino bien trajeado.
─ Qué bueno verte─ se inclina y besa la mano de Sofía. Wow esto da miedo.
─ Contaba los segundos por verte de nuevo─ suspira ella. Esto es realmente escalofriante, sin embargo, me cuesta ahogar una risa.
─ Esto es para vos, pensé que sería un bonito detalle─ le da una patética flor, es una margarita. Yo soy alérgica a las margaritas.
─ ¡Achu! ─ estornudo a pesar de estar como a medio metro de distancia de la escena pegajosa.
─ Oh. Ella es mi mejor amiga, Ada. Ada, él es Willy─ suspira al decir su nombre.
─ Eh sí. Hola─ me alejo.
Tengo náuseas. ¿Ya se enamoró? Imposible. ¿Tal vez lo ve hace mucho tiempo? ¿Quizás pensó que yo me reiría de ella? La cosa es que no me contó que está enamorada... Duele un poco, soy su mejor amiga y no me dijo nada. Supongo que cree que voy a odiarla por enamorarse, pero no, en verdad estoy feliz por ella, es más la envidio, ella cicatrizo y puede amar. Yo cada vez que cicatrizo, reabro la herida con algo realmente estúpido. Me duele que sepa que soy insufrible...
Visibilizo una barra. Por fin algo normal. Pido una birra, pero no saben que es. Explico que es una cerveza, pero no tienen. Pido vodka al estilo Dr. Lemon, pero tampoco tienen, ni Mojito, ni Caispiroka, ni nada con vodka. Pregunto por un Red Bull, pero me dice que no tienen porquerías. Enojada, le digo que me de cualquier mierda que esté preparando, siempre y cuando tenga alcohol, a lo que me da un trago color rosa con una cereza encima. Lo pruebo, no está nada mal, creía que era un "Pantera Rosa", pero es mucho más sabroso. Me siento en un taburete de la barra y como si estuviera en un bar de los 80' me pongo a beber porquería rosa. Carajo que está rico. Le pido otra, bebo tranquila ya que sé que en las fiestas las bebidas son gratis, pero esta es una fiesta de chetos ¿y si me cobran una pierna por un traguito rosado?
─ Son gratis, ¿verdad? ─ le pregunto al braman, mostrando cara de idiota.
─ Sí. Quieres probar otra cosa o te gusta eso...─ no fue pregunta, fue una cosa rara.
─ Esta cosa me gusta.
Creo que es mi octavo tubito rosa, pero no siento que tenga alcohol. La verdad es que no tengo la menor idea de cuánto tiempo transcurrió entre la llegada y los ocho tragos rosados. Alguien se arrima a la barra y conversa con el braman. Sigo concentrada en mi asquerosidad rosa, el tipo se arrima y me toca la mejilla, lo aparto advirtiéndole lo que le espera si trata de besarme. No me hace caso, el imbécil está bien en pedo. Se arrima y trata de besarme, esta pesado por lo que me cuesta zafarme. Entonces, cuando trato de empujarlo, alguien lo agarra por la camisa apartando al idiota de mí, lo pone en frente y lo golpea. Asombrada, me pongo de pie de un salto abandonando aquel taburete retro y vintage. ¡Mierda! Todo da vueltas, no fue buena idea beber mucho. El alcohol está bajando por mi cuerpo, lo siento. El chico súper héroe se me acerca, aunque lo veo borroso, me pregunta algo y no logro comprender ni una sola palabra. Intento caminar hacia él y todo se nubla...
<< Estoy en un bosque. ¿Por qué mierda estoy en un bosque? Está húmedo el suelo, parece que llovió hace poco rato. Mis pies tienen frío ya que por alguna idiota razón estoy descalza. Camino lento, las ramitas pequeñas me hacen doler mientras crujen bajo mis desnudos pies. Abrazo todo mi torso con mis brazos en un intento inútil de obtener calor. ¡Un momento, hay un espejo! Sí, un espejo con detalles en cobre, grande, al parecer nuevo. ¿Qué hace un espejo como este en medio del bosque? No tengo la puta idea. Me acerco con cuidado y suspiro al ver el reflejo.
Tengo un vestido blanco muy bonito, en el cabello una diana rosa y en los pies zapatos mocasines a juego. Miro mis pies y están desnudos, pero en el reflejo tengo calzado. Fuera del espejo mi vestido está roto y sucio, pero parezco princesa si me miro en aquel objeto. Lo que solía ser el comedor de la que era mi casa cuando era pequeña empieza a verse en el espejo justo por detrás de mí. Pero al voltear no hay nada. Mis papás me abrazan mientras detrás de mí el bosque comienza a arder. Las llamas me invaden, pero no quiero dejar de ver en el espejo...>>
─ Mierda─ me agarro la cabeza mientras me siento─ ¿Dónde estoy?
─ Estás en mi cuarto princesa.
─ ¿Se puede saber por qué motivo estoy aquí? ¿Quién eres?
─ Vamos. Estás borracha, no drogada─ giña un ojo y me ofrece un vaso con agua.
─ Codi.
─ En persona. ¿No me vas a dar las gracias por mi acto heroico?
─ Gracias y adiós.
─ No, no, no, primero vamos a charlar un poco─ se endereza de forma chistosa, me doy cuenta que no trae su saco.
─ ¿Qué te pasa? ─ me río tímida.
─ Nada. ¿Quiero saber por qué bebiste tantos tragos del Sr. Amnesia?
─ ¿Así se llama el trago rosa?
─ No. Así se llama el Braman. Le dicen así por qué no hace tragos convencionales, tranquila que ninguno tiene drogas, solo alcohol... Por suerte no tomaste el azul.
─ ¿Qué tiene el azul?
─ Por ese trago le dieron el nombre al braman. Yo lo descubrí por cuenta propia.
─ Algún día tendrás que mostrarme evidencia de eso─ trato de salir de la cama, aunque esta cómoda.
─ Alto, no me respondiste a mi pregunta... ¿Ada, porque bebes tanto? ─ tiene los ojos más endiablados que he visto.
─ Por qué se me da la regalada gana, y punto─ me paro de golpe sin darle tiempo a que me reproche.
─ Deberías tener cuidado al ponerte de pie.
Lo ignoro, me pongo de pie, pero tengo las piernas de fideo. Al segundo intento me incorporo. Él no se ríe ni se burla. Nos miramos fijo, en silencio, parados frente a frente a una distancia bastante abrupta. No siento nada del otro mundo, el corazón no se me sale por la boca, no sudo ni estoy nerviosa. Solo siento tranquilidad. Por primera vez en años, en esta habitación con paredes pintadas de color crema parecidas a las de un hospital, pero en ellas hay miles de cuadros y libros en estanterías que parecen infinitas, con cortinas largas y azules y un cobertor a juego, en esta habitación con este chico despeinado pero sexy al que acabo de conocer, me siento tranquila. No quiero correr, no quiero irme. Me encantan sus ojos azules, sus desarmados rizos oscuros como penumbra de la noche, se acerca lentamente y mis piernas activan modo fideo entrefino. La re puta madre, siento que voy a tierra, pero unos brazos fuertes me agarran por segunda vez esta noche. Nuestros rostros están tan cerca que siento su respiración, sin darnos cuenta acotamos la distancia entre nosotros e interrumpiendo lo que sería sin dudas el beso perfecto, me dan unas terribles náuseas, contengo el vómito pues no quiero vomitarlo todo encima. Codi se da cuenta y me dice que vamos al baño, haciendo con la cabeza llegando en un segundo a la puerta del baño, la cual, por alguna razón del universo, está abierta y desocupado. Ignoré todo a mi alrededor siendo mi única prioridad vomitar. Supongo que él se quedará afuera mientras decoro el inodoro del baño con colores rosados y olor a mierda vomitada, pero no. El señorito entra conmigo, yo por instinto de no aguantar más, me pongo de rodillas activando la vomitada, luego de varios chorros de sustancia apestosa, caigo en conciencia que Codi me está sosteniendo el cabello (a pesar de que todavía llevo una coleta algo desarmada) y me soba la espalda con la otra mano. ¿Por qué es tan gentil conmigo? Seguro solo quiere que nos acostemos y ya, o tal vez sienta esta amarga atracción putrefacta entre ambos...Sí, solo yo pienso en estas cosas mientras vomito como la endemoniada del exorcista.
Luego de un rato mi estómago se calma al igual que mis piernas. Me lavo la cara y enjuago mi boca. Seco mi cara con una toalla de mano que Codi sacó del armario junto a la ducha.
─ Tu vestido está todo...─ me dice señalando el vestidito celeste que me prestó Sofía.
─ Oh, Sofía me va a matar─ al mirarlo esta todo decorado con vómito rosa.
─ Deberíamos ponerlo ya en la lavadora así no se quede manchado─ propone.
─ Mejor me voy, para lavarlo. Seguramente ella no se enoje o no me lo va a decir─ me encojo de hombros mientras bajo las escaleras. Hay música fuerte y se empieza a ver como una verdadera fiesta universitaria.
─ Ven. Vemos, te prestaré algo de ropa y lavamos ya el vestido.
Si no hubiera sido tan lindo conmigo, es más que seguro que le hubiese mandado a rodar por las escaleras por tomarme del brazo y decirme que hacer. En su lugar, lo acompaño de nuevo a su habitación. Saca de la cajonera una remera negra con una gran estampa y me la entrega en la mano.
─ Póntela y dame el vestido así lo meto en la lavadora del sótano.
Asiento con la cabeza, se voltea a buscar algo más y aprovecho para sacarme el vestido para ponerme la remera. Se da vuelta antes de que terminé viendo parte de mi cuerpo desnudo, no me importa mucho pues no me di cuenta hasta que nervioso me dio unos shorts y se fue con el vestido.
La remera me queda bastante larga y ponerme los shorts sería algo divertido de ver. Codi es mucho más alto que yo, bueno cualquiera es más alto que yo, por eso a pesar de que él es delgado, seguramente tiene un gran cuerpo, seguro va al gimnasio ¡basta de pensar en su cuerpo! Su ropa por mucho, me queda como un remeron enorme. Me suelto el cabello, de todos modos, está hecho un lío solo trato de componerlo.
Como toda una idiota pequeña me pongo a husmear en lugar de marcharme de su habitación. Veo que muchos de sus cuadros son diplomas del bachillerato y de la universidad. Me dan curiosidad sus libros, los ojeo sacándolos y devolviéndolos a sus respectivos lugares. ¡Carajo! Que buen gusto que tiene este pringado. En su escritorio tiene un porta retrato de una mujer joven, seguro es su madre, y junto a esa foto un libro de la saga Maze Runner mancado con un señalador improvisado, además de un montón de apuntes desparramados. Codi entra en la habitación, me comunica que el vestido de Sofí está lavándose, me indicó que baje y disfrute la fiesta luego ira él. Este chico es extraño.
Abajo, el ambiente está más movido, todos bailan y beben, todos me miran probablemente sea porque ellos están todos trajeados y yo visto una camiseta enorme, igual nadie me dice una mierda y tampoco me importa. Diviso una conservadora hasta la médula de bebidas, me acerco en busca de algo fresco sin alcohol, pero solo hay cervezas y latas de sidra. No quiero ir a la barra con ese tipo de tragos espantosos y no veo vasos descartables para tomar agua, por lo que pillo una sidra que contiene poco alcohol y está bastante fresca. Camino un poco disfrutando la música, solo conozco a Sofía y bueno ahora a Codi, por lo que no tengo que hacer más que beber algo y disimular mi patética situación.
─ ¿Ada? ¿Sos vos? ─ una chica rellenita se me acerca.
─ Em sí. Así me llamo.
─ Soy yo. Marta. ¿No te acuerdas de mí? ─ Marta, Marta...em no.
─ La verdad es que no te conozco.
─ Claro que sí... Fui compañera de tu hermana Candela durante la secundaria. Iba a tu casa todo el tiempo...cambiaste─ dice mirando mi atuendo.
─ Ah... si ya me acorde. Tú también cambiaste, bastante diría yo─ no voy a dar explicaciones.
─ ¿Cómo está tu mamá? ─ me está cargando la gorda esta.
─ ¿Quieres un trago? Mejor te traigo uno. Me dijeron que el Braman hace unos tragos azules riquísimos.
─ Genial... Nunca los probé. Me dijeron que son geniales.
─ Sí, geniales─ murmuro─ Quédate aquí, ya vuelvo.
Gorda de mierda. ¿Por qué puta pregunta por mi madre? ¿Acaso no se enteró? Puta madre, seguro sabe, por eso su sonrisa sarcástica. Me voy a divertir, una maldad no le hace daño a nadie...
Me acerco a la barra y converso con mi amigo el Sr. Amnesia. Me da un trago todo decorado de color azul, parece un pitufo exprimido, pero huele sabroso. Ni en pedo lo bebo. Paso por la conservadora a agarrar otra lata de sidra cuando escucho todo un espectáculo. El show es en el jardín.
"Come, come, come" se escucha. Normalmente animan a que beban. Tal vez es un concurso de comida, no creo, son muy estirados para eso. De manera pausada llego al lugar en cuestión. Por Dios. Son pura aca estos chetos. Me quedo horrorizada. Ni yo que soy mala puedo hacer lo que ella está haciendo.
Una rubia toda operada dentro de su mini vestido rosa de encaje, está literalmente obligando a Marta, sí, la gorda sin sentimientos, ¡a comer pasto como una vaca! "Eres una vaca, y debes empezar a comer algo que por lo menos sea saludable, gorda" le dice. "Trágate el pastito chanchito" puso su tacón encima de la espalda de Marta. Esto es lo más cruel que vi, le pregunté a una chica que hinchaba porque siga tragando pasto porque se lo hacía, me contesto que la rubia suele hacer eso para "generar conciencia sobre la gordura", pero que asco, es lo más mongólico que escuche salir de la boca de una plástica. Marta se ve mal, parece que se siente fatal, no solo emocionalmente. Y pasó lo que tenía que pasar, Marta vomitó los zapatos de la rubia que seguro son de diseñador y cuestan un chingo de plata. La descerebrada grita a todo pulmón que mancho sus preciosos zapatos de diseñador para luego patear en la cara a la pobre gorda de Marta. Me tengo que meter, no puede salirse con la suya.
─ Discúlpame cara de Barbie mal formada─ le grito mientras me acerco, todavía tengo el trago azul, la lata no.
─ ¿Qué te pasa? ¿Estás del asco? ─ ese tonito fresa irritable.
─ Me importa un pedo como este. Más te vale pedirle perdón a Marta, antes de que te arranque tus preciadas extensiones de pastor alemán─ me acerco a lo bruto.
─ Déjame pensar...em no. No te tengo miedo, te pareces a mi Chihuahua.
─ Mi amor. Que ternura. Me desafías, pero no me conoces.
Le tiro la bebida que por algún macabro motivo aún tenía en la mano, hace un gesto de horror, pues no creo que salga de su ropa fina, igual seguro tiene millones de vestidos iguales a ese. Me empuja como chiquilla y yo la empujo más fuerte haciendo que caiga de culo al pasto. Doy la vuelta para acabar con este espectáculo, pero en ese preciso instante siento que me tiran fuerte del cabello. Me doy vuelta y agarro a la plástica por los pelos y le digo que suelte, da como respuesta una risa estúpida. Me enojo, la cacheteo para luego agarrarla a piñas. La tarada tropieza y caigo encima de ella, rápidamente me acomodo a arcadas sobre la rubia, le inmovilizo los brazos poniéndolos bajo mis muslos, lanzo un puñetazo y luego otro, le parto el labio y comienza a sangrarle la nariz sin embargo no me importa, la sigo golpeando. Se zafa de mi agarre de piernas y trata de golpearme, esquivo solo para agarrarla del cuello comenzando a ahorcarla. Me uña los brazos a no más poder, siento sus garras postizas arrancándome la piel, pero no me importa. Siento mucha rabia y estoy nerviosa. Alguien me toma por el torso intentando separarme de ella, siento que jala y no puede alejarme, luego me suelta. Dejo de ahorcarla, sabiendo que existe la posibilidad de que la mate y no quiero eso. Siento ganas de irme, trato de levantarme y la conchuda vuelve a agarrarme del pelo, creo que es masoquista esta mina. La agarro por la muñeca y hago que me suelte, luego la pateo, la vuelvo a patear. Alguien me toma por el dorso apretándome también los brazos, me levanta y me aleja de la escena.
Me meto dentro de un auto negro y me cierran la puerta del acompañante.
─ ¿Por qué coño hiciste eso? ¿Ada estás loca?
─ Codi solo hice lo correcto, te lo juro─ me mira a los ojos.
─ Te voy a llevar a la escuela.
─ Bueno.
El camino fue silencioso, no hablamos ni una sola palabra. Me miro las manos y tengo sangre en ellas, al igual que algunos arañazos que sangran en mis brazos. Por primera vez en mi vida siento vergüenza por pelear.
Capítulo 3:
Ada.
"Rin Rin Rin"─ un despertador.
Es Domingo y suena un despertador. La hora, siete y media. Ni mierda, yo sigo durmiendo. Agarro el despertador y lo lanzo lejos, choca contra el suelo, pero sigue sonando. Obligada por el sonido tan espantoso, me levanto a apagarlo. Lo tomo en mis manos y lo apago, pero noto algo inusual, el despertador seguro lo puso Sofía, pero ella no está. Tal vez salió más temprano pero su cama está hecha, mi amiga siempre hace la cama luego del desayuno y eso es dentro de media hora. Me dirijo al baño, al abrir la puerta veo manchas de sangre, son pequeñas, pero es sangre. Las pequeñas manchas se dirigen hacia la ducha. Despacio corro la cortina descolorida. Es Sofí. Ella está sentada en la ducha con una hoja de afeitar en su mano derecha, tiene cortes en todo su brazo izquierdo y algunos trazos en sus piernas, el color rojo de su propia sangre decora todo su cuerpo y la bañera. No tengo idea hace cuánto tiempo está aquí, por lo menos está despierta y llorando. Lentamente me acuclillo, la miro a los ojos sin juzgarla para luego quitarle la hoja afilada de sus manos. No protesta ni mezquina, afloja al primer intento. Me levanto con el elemento cortante y lo tiro en el inodoro, tiro la cadena para asegurarme de que no la vuelva a agarrar, tampoco sé de donde carajo la sacó. Tomo la toalla de mano, la que cuelga de un gancho junto al lavado, me acerco y presiono la toalla en las heridas más profundas. Seguimos sin hablar. Al inspeccionar, y con mi poca experiencia en cortadas, logro divisar heridas no profundas. Luego de un rato dejan de sangrar.
Me levanto y busco un toallon lo suficientemente grande para tapar el cuerpo de Sofí. Vuelvo al baño, dejo el toallon en el lavamanos y me acerco a la ducha. La desvisto con delicadeza, pero ella hace gesto de dolor cuando toco sus heridas. Dejo en el piso el vestido manchado de rojo. Abro con cuidado el grifo de abajo y con agua tibia le quito la escena del crimen de encima. Llorisquea por rato, a lo que le hago callar. No la juzgo, nunca lo haría, solo que me duele tanto como a ella, aún sin saber el motivo. Le tomo por las manos para que pueda ponerse de pie, luego la envuelvo con el toallon. Nos dirigimos a la pieza, la siento en su cama y sin decirle nada, ella comienza a secar su desnudo cuerpo. Le paso unas bragas y una remera que seguro es parte de un pijama. Se viste y me siento junto a ella para lograr comprender que mierda paso.
─ ¿Por qué, Sofí?
─No quería...
─Pero─ le digo insistente.
─Willy...─Comienza a llorar despacio.
─ ¿Qué te hizo el infeliz? ─Lo voy a matar.
─Nada.
─ ¿Cómo que nada? ¿Qué hizo? ─Me enojé.
─Quiso que nos acostemos, pero no pude.
─ ¿Qué? ¿Te hizo daño? ─le pregunto.
─No, pero me hizo acordar a, ya sabes...─ se quiebra.
─Sofí, ese mal nacido no puede hacerte daño, y supongo que Willy no tenía esa intención...Sé que pasaste algo muy malo, nadie tiene derecho a hacer lo que te hicieron, pero me dijiste que lo superaste. Y si no es así, te ayudo en lo que pueda. Sabes que te quiero, eres como mi hermana, una de verdad─ me sincero mientras la abrazo.
─Ya sé Ada... Perdón.
─Nada de perdón. Está bien. Sécate esas lágrimas y vamos con Teresa para que te cure. Tranquila que lo vamos a hacer de contrabando, nadie se va a enterar lo que sucedió.
Nos levantamos, ella se terminó de vestir, le recomendé que se pusiera una campera para ocultar las marcas en sus brazos. Lentamente bajamos las escaleras y cambiamos de edificio. Ahora estamos golpeando la puerta de la enfermería, solo espero que Teresa no tenga el día libre. Se abre la puerta.
─Hola, chicas ¿en qué puedo ayudarles? ─Siempre con una sonrisa de oreja a oreja.
─Necesitamos curación con urgencia─ ni siquiera terminé la frase cuando entré dentro de la habitación y coloqué a Sofía en la camilla.
─ ¿Qué sucedió?
─Te voy a pedir un favor. No le cuentes a nadie que estuvimos aquí─ Hago puchero y junto mis palmas para suplicar.
─Está bien─ suspira con sus manos en la cadera.
Sigo sin creer lo que hizo mi amiga. Este es el preciso momento en el que te das cuenta que tan quebrado estas, y ella está quebrada en mil pedazos, ni todo el pegamento del mundo logra pegar sus trozos, ese mal nacido cuando la destrozó se guardó un trozo para evitar que sane, es una herida que siempre sangra a pesar de coserla constantemente y disimular su tamaño... Hace muchos años Sofía sufrió algo imperdonable, un desgraciado desgarro su inocencia y la lastimó de todas las maneras posibles... Su papá la violó.
Un mes luego de conocernos, ella decidió contarme su verdad. En realidad, se auto obligó a contármelo. Ese día también la encontré cortándose los brazos, recuerdo que me asusté mucho, pensé que iba a morir, pero no, solamente necesitaba desahogarse. Traté de curarla o al menos que la sangre cesara, no sé lo que hice para que Sofí se abalanzara sobre mí y empezara a llorar. En medio de todo su llanto me contó que su padre era un alcohólico, su madre siempre trabajaba pues su padre no lo hacía, según ella, tenían dinero suficiente pero su mugroso padre lo tiraba en bebidas alcohólicas y prostitutas. Él bebía hasta perder la conciencia. También se ponía agresivo cuando lo molestaban, golpeaba a su madre y también a ella. Me contó que desde sus ocho años se vio obligada a cuidar de él, pues siempre fueron así los roles. El día de su cumpleaños número once, ella esperaba un gran pastel de cumpleaños y una hermosa pero fingida familia, todos los demás cumpleaños habían sido de ese modo, un gran pastel de chocolate, bonetes coloridos, algunos de sus familiares (pues amigos no tenía) y lo más importante de todo; su padre sobrio y amoroso. Pero no, aquel día fue diferente. Su madre tenía un turno de doce horas seguidas en el hospital, se fue antes de que la pequeña Sofí despertará. Se levantó contenta, llena de vida, al llegar a la cocina solo encontró un solitario cup cake con glaseado de chocolate y chispas de colores, sobre él una pequeña vela rosada con su llama flameante. Se acercó y tomo el pastelillo, arrugó la nariz y pidió un deseo. Si quieren saber cuál fue, pues lo único que quería a sus padres juntos, felices y un pastel de cumpleaños. Pero su padre tenía otros planes para ese momento. Al caer la media tarde, Sofía no dejaba a su soledad, sino que la abrazaba y se acurrucaba junto a ella, lentamente sintió unas grandes y caídas manos, esas mugrosas manos la tomaron por los hombros y jalaron de ella. Sus gritos de desesperación desgarraron cada estrella en penumbra que empezaba a despertar del sueño de día, sin embargo, él no tenía oídos ni conciencia, tampoco poseía humanidad, ni un poco. Jaló de su dorado cabello, ella solo trataba de defenderse inútilmente con sus manos, rascuñó, pero él era más fuerte, siguió tirando del cabello dorado hasta llevarla a una cama con olor a alcohol y cigarrillo. El animal desgarró el vestidito a flores, dejando caer todas las praderas del planeta al abismo. Sus gritos empeoraron, pero no había oídos en ese momento para escuchar, o tal vez se los taparon para no hacerse responsable de la bestia que rondaba a una niña indefensa de tan solo once años. Al parecer la bestia se cansó de los gritos de la pequeña Sofí, con su gran mano tapo su boca, pero ella en modo de defensa lo mordió. En ese momento, el sujeto híbrido y desagradable completo su cruel tarea. La sangre empezó a correr entre medio de las piernas de la inocente criatura, parecía y era una verdadera escena del crimen.
Pasadas las horas, la pequeña se levantó débilmente, caminó a gatas por el pasillo arrastrándose como animal golpeado por su dueño, hasta que llegó a un espejo roto en el suelo. Se auto daba lastima, tenía la cara embarrada en sus propios fluidos, el cabello enredado, su cuerpo desnudo, rasguños decoraban su antigua piel de porcelana, y la sangre... O eso era lo peor, su sangre había dejado un rastro desde el hecho del crimen hasta unirse con su cuerpecito. Miró hacia todos lados, pero no encontró al pervertido. Arrastrándose, volvió a la cama del delito y se durmió profundo. Al despertar, habían pasado tres días y estaba en un hospital sola. Al otro día vio a su madre, pero ella estaba tranquila, como si no hubiese pasado nada en absoluto, ella fue su enfermera y solo le dijo que más tarde un policía iría a verla y que debía de contar toda la verdad, porque su papá ya había contado la suya.
Teresa curó las heridas de mi amiga, aunque también se dio cuenta de los arañazos que yo tenía. Luego de una mini discusión, me desinfectó las heridas, bromeé un pocaso sobre ponerme la antirrábica, uno nunca sabe si la perra con la que pelea tiene rabia. Luego nos fuimos a una heladería que está a dos cuadras del internado.
─No deberíamos hablar de lo que pasó.
─ ¿Por qué no Sofía? ─le pregunto mientras recibo mi cucurucho de helado.
─Porque no hubo razón, mi mente provocó una razón inexistente─ Nos sentamos en un banco fuera de la heladería.
─Está bien.
El helado lo sana casi todo. Mi abuela sabía decir que al crearlo le ponen polvo de hadas obvio que lo creí, pero solo hasta los diez años, que es cuando me di cuenta que las hadas no existen, pero el helado de seguro tiene alguna porquería para hacerte sentir mejor. Posiblemente contenga éxtasis o algo por el estilo, solo es una suposición, heladeros del mundo no me odien, más bien les suplico que me dejen ojear la receta secreta, para saber que corno le ponen. Espero que ayude a que mi amiga se sienta mejor.
Al terminar nuestro aperitivo refrescante, comenzamos a caminar por la plaza hasta llegar a los juegos para niños. A pesar de estar grande me encantan las hamacas, tienen pinta de nostalgia. Mientras nos columpiamos suave en los pequeños columpios Sofía divaga, no dice ni una sola palabra. Le toco el hombro y con mi pulgar trazo círculos. Lo único que susurré fue " Te quiero mi niña fragmentada, a ti y a tus pedacitos".
En respuesta a mi comentario, una lágrima solitaria cae lento por su mejilla y susurra "yo también te quiero, loca desquiciada". Ambas sonreímos pasando por alto que posiblemente estemos locas. Estamos paradas en la fina cuerda llamada locura y se nos tienta a dejarnos caer en el abismo, pero estoy segura que no saltaremos tan fácil.
[...]
─Despierte señorita Cooper.
Abro los ojos y todo el mundo me mira. Los pupitres de escuela no son cómodos para dormir, bueno no están diseñados para cumplir esa función. Sin embargo, los profesores de ésta escuela tampoco están diseñados para enseñar.
Me enderezo, limpio el mar de baba de mi cara, no siento vergüenza, ni un poco. Me acomodo un poco los pelos y le hago una seña a la profesora palo de escoba, indicándole que realice la pregunta que quiera pues estoy dispuesta a contestar. Le digo profesora palo de escoba porque es muy pero muy delgada, tiene como dos metros y su pelo largo y lacio no ayuda a evitar que me mofe de ella.
─ ¿Puede explicar a qué se refiere el autor al decir que su protagonista vomita conejitos? ─pregunta con un libro gigante entre sus brazos.
─Sí puedo─ La desafío echándome en la silla.
─Bueno, adelante señorita Cooper.
─Si hablamos de Cortázar, podemos decir que es una figura retórica o metafórica. Los conejitos no son más que un padecimiento mental que posee el protagonista. Debido a que da a conocer muy pocos síntomas, no sabría decirle con exactitud si se trata de ansiedad, depresión o algún trastorno.
Todos me miran. Los cagué. A la vieja también la mofe.
Luego de esa pregunta no volví a hablar en el resto de las clases... Con el pasar de los días me voy acostumbrando a usar nuevamente el uniforme escolar, sé que me queda como el orto la pollera entablillada estilo escocesa y la camisa con volados grises. Pero si quiero que no me bajen de año es de suma importancia que me ponga esta cagada.
Si preguntan por mi semana, bueno... Fue del asco. El lunes y el martes asistí a clases, sin embargo, llegué tarde, sin uniforme y el lunes se me olvidó llevar la carpeta. Luego de ese comportamiento es claro que acabé en la oficina del director. Me regañó. El miércoles llegue primero que todos y con el puto trajecito de circo. Nadie me dio pelota. Esos tres días almorcé con Sofía; un día fueron fideos con albóndigas, otro sopa y el último no comí. El miércoles justo a la hora del almuerzo, Sofía sufrió un ataque de pánico. Se calmó al cabo de veinte minutos y subimos al cuarto. Le he estado presentando más atención a ella que a los demás. No quiero que vuelva a lastimarse. Ese fue el último día que la vi... Alrededor de las 21 horas su madre la vino a buscar, decidió internarla un par de días en una clínica psiquiátrica, bueno en realidad un centro de ayuda suicida, una estupidez si me preguntan, esa vieja debería hacerse cargo de Sofí como lo merece, no botándola en ese lugar para loquitos. Luego de eso me agarro depresión, pero no se lo dije a nadie. Hoy sábado tengo una fiesta y pienso sacarme la mierda que cargo.
Un par de pantalones negros de tela de jean y sin roturas, zapatillas cualquieras sin lavar, busco una remera, pero no encuentro la que busco. Me fijo por debajo de la cama y encuentro algo, lo saco y es de Sofía, es rosada con la estampa de un conejito pequeño en color gris, la abrazo con fuerzas. Huele a ella. Sin dudar me la pongo. Me queda un poco más larga que a ella, y no me favorece en nada, pero es de ella.
Agarro el móvil y vuelvo a marcar por décima vez en el día.
─ ¿Hola? ─Me atienden por fin.
─Hola, Señora, quería saber cómo se encuentra Sofí─ No llores Ada, no llores
─Ella se encuentra estable, en tratamiento.
─ ¿Cuándo volverá? ¿Puedo verla?
─Mira... en unos días te pasare la dirección. Por el momento no llames seguido hazme el favor.
─Está bien.
Me cortó.
Reprimo mil lágrimas. Tomo de un trago toda mi cerveza y me marcho de nuestro cuarto de escuela.