-No puedo creer que mi vida se haya vuelto tan miserable, todo está patas arriba -se quejaba Morgana por la videollamada con su mejor amiga Lorena, mientras estaba varada en el tráfico a las cinco de la tarde en la ciudad, lo que era normal para un día trabajo.
La fila de vehículos era interminable, el sol implacable eran finales de julio. A pesar de que tenía encendido el aire acondicionado, sentía como su blusa de seda se adhería a su espalda por sudor. ¡Lo que le faltaba! Estar sudada como un pollo.
-Solo porque así lo quieres -le contestó esta-. Tú lo único que tienes que hacer es mirarlo a la cara y decirle de una vez por todas que se puede ir al mismo infierno. Que solo ha sido el peor error de tu vida, y no te atrevas a negarlo, Morgana.
«¡Suena tan fácil decirlo!», pensó entornando los ojos agradeciendo que Lorena no la viera.
-No es tan sencillo como piensas -le dio dos golpecitos al volante para hacer sonar el claxon, y negando con la cabeza agregó: -Acabo de intentarlo, y el muy idiota me ha amenazado. ¿Puedes suponer tal cosa? ¡Esto es estúpido! -espetó furiosa- ¡Como si yo no supiera que todo lo que alega es una mentira! -negó con la cabeza- ¡Está más loco que una cabra!
-¡¿Cómo que te ha amenazado?! -preguntó Lorena espantada- ¿Por qué demonios no me habías comentado nada? ¿Cómo has soportado tanto? ¡Necesito que me expliques ahora mismo!
-La verdad es que no quise agobiarte con mis problemas, ya tienes suficiente con la enfermedad de tu madre, la presión en la oficina -ella se excusó, y luego agregó: -Además, que pensé que podía solucionarlo por mi cuenta.
-Lo que dices es absurdo, Morgana -le reprochó su amiga-. Es cierto que he estado un poco preocupada por la salud de mi mamá, pero eso no significa que no estaré allí para ti, en caso de que me necesites -hizo una pausa-. Todavía estoy esperando la respuesta a lo que te he preguntado con qué te amenaza el idiota de Joe.
«¡Termina de decirlo!»
Ella lo pensó por un momento, a pesar de que había estado viviendo ese calvario durante hacía tres meses, le daba vergüenza comentarlo. Ya que de cierto modo era algo estúpido, pero en ese instante estaba tan desesperada que no le importaba mucho. Se sentía ahogada, al punto de una crisis nerviosa que le había comenzado a pasar factura. Además de que Lorena era su amiga, y su confidente. Se suponía que no debían tener secretos entre ambas.
-Es algo un poco delicado -dijo muy bajito, todavía pensando en si debía decirle o no-, también bochornoso.
-¿Qué puede ser? -Lorena se estaba exasperando y exclamó, casi que gritando: -¡No me digas! ¿Tiene fotos de ti desnuda? ¡Qué descarado!
-¡Santo cielo! -chillo Morgana-¡Por supuesto que no!
-¡¿Entonces?! -le presionó.
-Le debo algo de dinero -terminó de decir por fin.
-¿Desde cuándo? -Lorena estaba alarmada, pues ni siquiera se imaginaba que ella tuviera ese problema-. ¿Por qué lo has callado?
-Hace un par de meses -Morgana sabía que la respuesta no le iba a gustar a su amiga.
-¿De cuánto dinero estamos hablando? -necesitaba toda la información.
-Siete mil setecientos dólares -ella respondió después de un suspiro-, por ahora.
-¡Joder! ¿Le debías más? -exclamó con exasperación Lorena-. Perdona que te pregunte, pero por qué tanto dinero. Es que no entiendo el porqué no lo conversaste primero conmigo, pudimos haber hecho algo.
-En realidad yo no se lo pedí -se defendió Morgana-, fue un maldito malentendido.
-¿Y entonces? Explícate, porque no entiendo una mierda. No estamos hablando de dinero para comprar golosinas.
-¿Recuerdas el infarto que le dio a mi padre hace meses? -inquirió ella.
-Por supuesto.
-Pues... Joe estaba conmigo cuando solicité al banco el préstamo, y sin decirme nada depositó la cantidad que necesitaba para los gastos médicos... y yo... bueno...
-Pensaste que era del banco, y el muy idiota no te aviso. ¿Es eso?
-Sí, y lo peor fue que lo utilicé enseguida. A los dos días me enteré por la llamada de un ejecutivo diciéndome que la solicitud del crédito fue negada -hizo una pausa-. Le comenté y me dijo que era un regalo, que no me preocupara, que para eso era mi pareja, para apoyarme y estar conmigo en las malas y buenas -se encogió de hombros-. Ya no podía hacer nada, me había gastado el dinero.
-¡Genial! -bufó ella-. La muestra de un perfecto caballero, ayudando a damiselas en apuros ¡Qué hombre tan ridículo!
-No todo fue tan malo...
-¡Ni te atrevas a justificarlo, Morgana! -Lorena dijo cortante-. Fue bueno y espléndido contigo, mientras estuvieron juntos -dio un suspiro-. Sabes muy bien que ese tipo no te convenía, y lo sabes es un...
-¿Idiota? ¿Miserable? ¿Maniaco? -terminó por ella.
-Todo eso y más, pero ahora qué es lo que quiere de ti. Lo he visto con otras chicas, y no en plan de amigos precisamente.
-Aparte de joderme la existencia -inquirió con burla, y encogiéndose de hombros-, me quiere de vuelta o su dinero.
-¡Es un cabrón! -expresó la joven al otro lado de la línea casi gritando- ¿Qué piensas hacer?
-Pagarle su mierda, por supuesto. Pero mientras eso pasa, tengo que soportarlo.
-Eso no es justo...
-Me dio un plazo, y él afirma que si no hago lo que dice... dirá en la oficina que soy una zorra estafadora.
-Los que te conocemos, sabemos que no lo eres. Además, que le has estado pagando, así que has reconocido la deuda.
-Gracias, pero ahora lo importante es conseguirme un trabajo extra o ganarme la lotería para pagar todas mis deudas.
-Verás que si lo encontrarás -le animó Lorena-. Ahora tengo que colgar, estoy en el consultorio del médico con mi madre -agregó bajito: -Me está mirando con ganas de matarme y los demás como si me hubiera vuelto loca.
Soltó una carcajada contagiosa.
-De acuerdo, gracias por escucharme y dejar que te agobie con mis problemas. Con tanto que tienes encima.
-Morgana...
-¿Sí?
-Sabes que para mí no es ningún problema escucharte, incluso darte una mano en caso de que lo necesites. Yo siempre estaré para ti, solo quiero que recuerdes una cosa: así le tengas muchas cosas que agradecer a ese hombre... No es tu dueño, y no le debes nada... creo que ni el dinero, porque nadie le mandó a jugar, a ser el superhéroe de la historia, solo con la finalidad de amarrarte a él.
-Ya lo sé -manifestó ella, después de soltar una carcajada.
-Lo digo en serio, Morgana. Tu relación con él fue tóxica, y hasta destructiva.
-No me lo recuerdes...
-Te causó muchos problemas, te hizo perder clientes potenciales por sus escenas de celos. Discutiste con muchos compañeros de trabajo por su actitud desquiciada, casi te botan del trabajo por eso. La semana pasada, estuviste en urgencias porque te enfermaste de los nervios, no le des la importancia que no tiene. Joe no tiene, ni tendrá poder sobre ti, al menos que tú misma se la des.
-Ya lo sé...
-No te estoy criticando, ni reprochando nada. Pues solo te doy mi punto de vista.
-No te preocupes por mí.
Después de decir aquello, ambas finalizaron la llamada.
Morgana apretó más fuerte el volante, y dio una larga respiración. No podía decirle a su amiga que nunca había existido una relación con Joe, jamás fueron novios. Solo salían a fiestas, la pasaban bien y ya. Era solo un rumor, que él alimentaba día a día. Porque aún continuaba diciendo, cosa que le molestaba mucho cuando le preguntaban si tenían algo.
Realmente ese fue el problema entre ellos, que Joe quería algo que no podía darle. Jamás dejaría su trabajo, su estilo de vida por ningún hombre, y el que quisiera estar con ella... Pues tenía que ajustarse, porque no había de otra. No se ganó su puesto de trabajo en la lotto de todos los domingos. Todo lo que poseía era con mérito propio.
Había trabajado muy duro durante años, había empezado desde cero. Estaba muy orgullosa de sus logros. Por eso estaba negada a permitir a que, por un desliz, una mala decisión al escoger a un compañero de juegos todo por lo que luchó se fuera a la mierda. No lo aceptaría ni en ese momento, ni nunca.
Iba a encender la radio del auto, pues los autos comenzaban a moverse. Cuando en ese instante repicó su teléfono celular. Masculló una maldición al ver el identificador de llamada. Sin pensarlo dos veces, la desvió. Casi instantáneamente de hacerlo recibió un mensaje de voz, aunque se estaba muriendo de la curiosidad, no lo escuchó.
Cada una de las palabras que le había dicho antes de salir del restaurante en donde la había citado minutos antes, resonaban en su cabeza.
«No creas que te puedes esconder de mí, Morgana. Eres una completa zorra, cómo no pude darme cuenta antes. Pero no te preocupes, voy a acabar contigo en un abrir y cerrar de ojos».
La rabia la invadió, y le dio con los puños cerrados y con todas sus fuerzas un par de golpes al volante.
-¡¿Cómo pude ser tan estúpida?! -se cuestionó en voz alta y quebrada, la desesperación la iba a hacer llorar una vez más -¡¿Cómo permití que esto llegara a tanto?!
Trató de calmarse buscando una botella de agua en su bolso, para que el nudo en su garganta se deshiciera. Luego de dar un largo trago, miró su reflejo por el retrovisor.
-Haré lo que sea con tal de salir de ti, Joe.
Morgana se encontraba abriendo la puerta de su modesta oficina, le provocaba quitarse los zapatos de tacón aguja y caminar descalza por aquel suelo cómodo de madera, su escritorio moderno y liviano de aluminio pintado en negro y gris plomo, resaltaba en medio de las paredes de color blancas. A través del gran ventanal la luz del día se hacía presente para iluminar y darle la energía que necesitaba para trabajar. Al mismo tiempo que activaba su creatividad, mientras que por las noches las luces de la ciudad le daban el toque mágico.
Su sillón completamente moderno, y ergonómico, le daba comodidad para pasar horas enteras sin que le doliera la espalda.
Dos sillones de dos puestos, con tapizado de rayas de colores cítricos, le daban vida y color a la oficina. Eso sin contar la calidez, por eso muchas de las presentaciones las hacía ahí mismo. Lograba que el cliente se relajara, y podía bombardearlo con su lluvia de ideas sin que se sintiera presionado.
Dio una respiración profunda, y cerró los ojos al acomodarse en su asiento. Apena unos minutos atrás había terminado su presentación en la sala de juntas. Estaba conforme, pues todo salió mejor de lo planificado, aunque por un momento pensó que no lo lograría. Ya que no había podido dormir la noche anterior, las palabras ofensivas de Joe Carson continuaban resonando en su cabeza, acabando con su poca paz mental.
Sin embargo; convirtió su ansiedad y desasosiego en algo productivo que le dejó buenos frutos. Como siempre estaba acostumbrada a hacer. El toque suave en la puerta la sacó de sus pensamientos.
«¡¿Hasta cuando estaré en esta situación?!»
«¡No veo el día en que se aburra de mí y no me moleste más!»
-¡Por fin es viernes! -Lorena exclamó al entrar, y de manera inmediata se sentó en una de las sillas de visita que estaba frente a su escritorio- Pensé que nunca llegaría, esta semana fue muy larga para mí.
-Sí, no voy a negar que estaba deseosa porque llegará el fin de semana -hizo gesto con la boca-. La verdad es que estoy un poco cansada, no sabes como anhelo llegar a casa, darme una ducha en la tina acompañada de una buena copa de vino. Luego pedir una pizza y ver una buena película desde la comodidad de mi cálido y esponjoso sofá.
«Y tener satisfacción sexual por mí misma para drenar este jodido estrés»
Morgana pensó, pero no se lo comentó a Lorena. Aunque no tenía nada de malo, estaba segura de que le diría que tener sexo con una buena compañía, era uno de los placeres de la vida, y que no sabía de lo que se estaba perdiendo. No quería tener ese tipo de conversación en ese momento.
-Estás bromeando, ¿cierto? ¿Ese es tu plan para hoy? -cuestionó la recién llegada y alzando una ceja le dijo: -Júrame que no te convertirás en la loca de los gatos. ¿Desde cuándo eres tan aburrida? Pensé que me acompañarías esta noche.
-¿A dónde? -Morgana frunció el ceño, por la cara de desilusión que había puesto su amiga, ya que pensaba que no era para tanto.
-Hoy es el evento de la empresa del señor Aydin -entrecerró los ojos, y la señaló con el dedo- Prometiste que irías, Morgana -negó con la cabeza y con voz de fingida de ofendida agregó-: ¿Eres mi amiga? ¡No puedo creer que lo olvidaras!
Ella aguardó silencio, pues eso mismo había ocurrido. Lo olvidó por completo, con tantas cosas en su cabeza, perturbándola. En los últimos dos meses no tenía muchas ganas de salir, pero debía ir. Ya se lo había prometido desde hacía dos semanas antes. Ladeó la cabeza reflexionando un poco, tal vez no era tan mal plan después de todo, porque quizá pensó que asistir a ese evento le ayudaría a despejarse un poco. Al mismo tiempo que cumplía con la empresa y con su amiga.
Últimamente, padecía de insomnio y de un fuerte dolor en el cuello producido por el estrés que mantenía. Entre el trabajo y sus discusiones con su ex a veces le daban ganas de salir corriendo. De hecho, en la oficina le habían llamado un par de veces la atención por no encender el aparato telefónico durante más de cuatro días seguidos. Desconectarse le hacía bien, y era lo que justamente lo necesitaba.
-Está bien, iré contigo -dijo al final entornando los ojos-, ahora cambia esa cara.
-Perfecto... -Lorena aplaudió como si fuera una chiquilla de cinco años emocionada y le guiñó un ojo antes de decir: -Recuerda, que es un evento en donde asistirán muchos empresarios. Me tomé la molestia de renovar la lista de invitados -le sonrió de oreja a oreja-. Invité a los representantes de los sectores empresariales más fuertes de todo el estado.
-¡¿Así que es formal?! -inquirió abriendo mucho los ojos, estaba feliz por ella-. ¡Vas por todo!
Lorena respondió con un inocente asentimiento de cabeza, luego le guiñó un ojo.
-Lo siento, pensé que era una presentación regular -Morgana, por estar sumergida en sus propios asuntos no se dio cuenta de todo el empeño de su amiga, solo sabía qué había pasado horas preparando el proyecto.
-¡No! -exclamó-. Es la renovación completa de la marca, así que debes ir deslumbrante, no sabemos a qué podamos pescar por ahí -ella soltó una risita-. Tal vez un nuevo cliente, con un nuevo contrato que solucione el problema que tienes con tu ex o un novio que espante a ese indeseable de Joe.
-No tienes idea de cómo me divierte lo que me acabas de decir -entornó los ojos-, pero creo que conseguirme un novio con todo esto que estoy viviendo... No está en mis planes.
-¡Por Dios, Morgana! Sé que no te gusta asistir a este tipo de eventos, porque no te gusta lidiar con gente que no está ubicada en tiempo real. Pero de vez en cuando hace crecer la autoestima. Además, esto es parte fundamental de tu trabajo. ¿Para qué fuiste a la universidad a estudiar esta carrera?
-¡Está bien! -alzó las manos en redición- Tienes un poder de convencimiento que asombra -terminó diciendo esbozando una sonrisa.
-Así me gusta -se burló Lorena-, como dice el refrán: «Al mal tiempo, buena cara».
Morgana le hizo un mohín, pues a veces el entusiasmo de su amiga la agobiaba un poco.
-Siempre tienes que salirte con la tuya, ¿cierto? Ya no diré nada más -se levantó de y silla y recogió su bolso-, me iré ahora mismo a un centro comercial, a ver si encuentro un vestido acorde a ese dichoso evento. Para estar a la altura de tus invitados.
Pasó a un lado de su mejor amiga, y le dio un beso en la mejilla.
-Te llamaré media hora antes de pasar por ti -le dijo esta.
-De acuerdo... -salió prácticamente corriendo antes de que ella dijera algo más.
Enseguida tomó el ascensor, para dirigirse al sótano de las instalaciones en donde se encontraba el estacionamiento, aceleró el paso al dirigirse a su auto cuando vio una escena que no esperaba, y que le hizo tener sentimientos encontrados como impotencia y rabia. Sin embargo; la usaría a su beneficio. Sacó su teléfono celular y tomó un par de fotos.
La pareja, que estaba a pocos metros de ella, estaba tan sumergida en aquel beso tan apasionado, que no se dieron cuenta de su presencia y de lo que había hecho. Mucho menos de quién era la persona que había subido al auto. Por tal motivo, Morgana trató de ser todo lo más discreta que pudo. No quería bajo ningún concepto que la pillaran.
Arrancó su Mazda3, y miró por el espejo retrovisor con curiosidad. Pero afortunadamente todo salió bien. Por alguna razón extraña su humor había cambiado, se mezcló en el tráfico de la ciudad, esa vez no le importaba si era hora pico o no. Se dirigió al centro comercial más cerca de donde vivía. Comenzó a tararear una canción antes de encender la radio.
Una hora y media después observaba las vidrieras de las boutiques, con tres bolsas en la mano. Agradeció que minutos antes de la compra, Lorena le llamó, para recordarle de que el evento se realizaría en uno de los sitios nocturnos de moda de la ciudad. Hasta ella misma estaba sorprendida de lo rápido que fue su elección, porque cuando giró la cabeza tenía el vestido perfecto en frente. Se preguntó si la ocasión ameritaba, que excediera el límite de su tarjeta de crédito.
«No me queda de otra de gastar el bono que gané hoy con el cierre del proyecto por adelantado», pensó y se encogió de hombros.
Dio un largo suspiro, mientras caminaba hasta el vehículo. Estaba meditando en como la vida cambiaba en solo segundos, ya que estaba sorprendida, que a pesar de que su día anterior había sido completamente una mierda. Todo había sido perfecto desde que abrió los ojos en la mañana. Durante tan solo unos minutos la duda se hizo presente, porque algo le decía que todo estaba a punto de cambiar. Lo que no sabía era que sí era para bien o para mal, con tal que sacara a Joe definitivamente de su vida.
Sacudió la cabeza, mientras encendía su automóvil, y se fue directamente a su casa. Estaba a unos escasos siete minutos. Morgana vivía en un ático en una muy buena zona de la ciudad, cortesía del hermano de su madre. Quien había muerto hacía tres años en un accidente laboral, se sorprendió cuando fue llamada por la empresa aseguradora y le dijo que el hombre le había dejado como beneficiaria del seguro de vida. Pero que por cuestiones de papeleo e impuestos, solo le había quedado el cincuenta y cinco porciento del monto total de la póliza, el cual administró sabiamente.
Con ese dinero, le había comprado una casa a sus padres y a su hermano pequeño, de nueve años, llamado Xavier en honor a su tío. También había solicitado un préstamo para la compra de su vivienda actual, y por su puesto adquirió su amado Mazda3. En realidad, económicamente todo le había ido muy bien. Hasta que su padre enfermó y sus reservas se las había llevado la intervención quirúrgica que le habían hecho. Pero la situación lo ameritaba, ya que era dejarlo morir o ponerle un marcapasos. Por supuesto que tomó la última opción.
En cuanto a las cosas del amor, Morgana pensaba que no las entendería nunca. Quizá era que tampoco se había enamorado, y el ejemplo que tenía acerca de relaciones amorosas era el matrimonio de sus padres. Puesto que habían tenido un divorcio traumático, cuando apenas tenía diez años. La situación fue tan desastrosa que los primeros meses del proceso que su tío Xavier tuvo que intervenir, y ayudar a su madre, llevándolas a vivir con él. Cambiando de golpe todo su entorno, y teniendo que empezar de cero por haberse mudado a otro condado.
Pero aquel idilio de amor no quedó ahí. Luego, después de muchos años, específicamente el día en que Morgana cumplió diecinueve años después de su fiesta, que coincidió con la de su graduación. Se encontró con que sus progenitores habían tenido una noche de pasión, tragos y sexo como si fueran universitarios. De ese desliz el resultado fue su hermano, que en realidad era lo único bueno de aquel desastre entre dos personas que se supone eran adultas.
La impresión que se llevó fue tan fuerte, por no decir que aquella escena le quemó los ojos. Por esa razón, en silencio fue hasta su habitación y llamó a su tío. Que al notarla en aquel estado le propuso ir a estudiar en una escuela de negocios en Miami. Morgana no se lo pensó mucho y lo aceptó casi de manera inmediata. Ninguno de sus padres le dijo una palabra al día siguiente, al contrario, sintió que en ese instante les estorbaba. Así que preparó su pequeño equipaje y esa misma mañana se marchó para iniciar una nueva vida.
Durante los primeros días, su madre le había llamado constantemente para que regresara a casa. Aún no se disculpaba, simplemente se justificaba diciéndole que el corazón no decidías de quien se enamoraba, y que por más que la lucha sea fuerte, si el amor es verdadero, cederá. Morgana decidió pasar la página con aquella experiencia, a ningún hijo le gustaba saber con detalles lo que ocurría con sus padres a la hora de tener sexo, y ella, por muy madura que fuera, no iba a ser la excepción.
El beneficio de poner distancia entre sus padres y ella, fue que la relación entre los tres mejoró mucho. En el fondo se alegraba por ambos, y esperaba que esa vez hicieran mejor las cosas. Pero no todo quedó ahí, porque fue protagonista de otra escena surrealista. Al punto que la hizo actuar como si entre los tres, ella fuera la persona adulta y sus padres, un par de adolescentes con las hormonas revueltas. El fin de semana que llegó de visita a casa después de meses. Se encontró con que su madre estaba embarazada, y que sus progenitores se habían vuelto casar.
No se dio la oportunidad de desempacar, sino que de nuevo llamó a su tío. Con quien también tuvo unas palabras, porque estaba al tanto de la situación. Sin embargo; era muy poco lo que Xavier podía hacer, ya que él trabajaba en las plataformas petroleras en medio de la nada, y solo era el hermano de su madre.
La calmó diciéndole que también había quedado tan sorprendido como ella, pero que el amor tenía maneras muy extrañas de manifestarse. Que al parecer la pareja se quería lo suficiente, como para sobrellevar los obstáculos, y hacer florecer su relación con otro hijo.
«Yo nunca tuve esa clase de relación, así que supongo que no conozco y el amor. Y ya a estas alturas de mi vida y nunca lo haré, tal vez por eso estoy solo».
Mientras iba en el elevador, recordó las palabras que le dijo su tío ese día, después que había vivido aquel episodio con Joe, pensaba que iba a seguir el mismo camino que él.
Sacudió la cabeza, y al abrir la puerta de su apartamento se encontró con Sultana, su perra salchicha. Se la había regalado Sergio, un amigo muy especial para ella en Navidad.
«Al menos ya tienes quien te reciba a casa cuando llegues», le había dicho y desde entonces la cachorra había sido su compañera de piso.
Al encender la luz, enseguida hizo acto de presencia gimoteando y moviendo la cola para saludarla. Ella era la razón por la cual regresaba temprano a casa.
-Eres lo más dulce de mi vida -le hizo cariño-, la única compañía que necesito.
«Por ahora», pensó dando un suspiro.
Llevó todos los paquetes que traía en su habitación, luego fue hasta la cocina a servirle un poco de comida a Sultana, y destapar la botella de vino que suponía se tomaría esa misma noche en compañía de su amiga soledad.
Se sirvió una copa, y dando dos sorbos a su bebida, preparó su ducha y minutos después se sumergió en la cómoda tina. Negó con la cabeza, cuando a su mente vinieron los recuerdos de su relación con Joe. Usando una balanza, pesaban más los momentos de peleas y de insulto que los buenos recuerdos. Movió la mano tratando de atrapar la espuma. Entendió en ese momento lo poderoso y peligroso permitir que el pasado llegara de golpe, creó en ella un completo sentimiento de impotencia, por no haberse dado cuenta a tiempo.
-¡¿Cómo pude haber sido tan idiota?! -se recriminó.
Lo conoció en una presentación de una empresa cuyo rubro era la venta de neumáticos, ella había se había encargado de todo. Desde el marketing, publicidad, logística y cada detalle del evento que incluía comida, bebida y hasta el tipo de música que se escucharía. Lo cual era su trabajo desde hacía más de cinco años, y le encantaba lo que hacía.
Joe era sobrino del dueño de Carson & Co, una empresa de publicidad en la cual Morgana había sido reclutada mucho antes de egresar de la escuela de negocios de Miami. Desde que se conocieron hubo mucha química entre ellos, pero ella no estaba buscando una relación en ese momento. Estaba concentrada en su trabajo, ya que por ser nueva le estaba exigiendo el cien porciento. Sin embargo; él insistió tanto que no supo en qué momento la envolvió, y cuando se dio cuenta estaba en una supuesta relación que la asfixiaba completamente.
No obstante, decidió dejarlo correr, porque en el fondo el hombre le gustaba. Todo marchaba de manera natural entre ellos, hasta que Joe comenzó a tener actitudes muy extrañas que la desconcertaban día a día. Lo primero que hizo fue pedirle empleo al señor Carson, para poder estar más cerca de ella. Luego vinieron las escenas de celos, delante de todos los compañeros de trabajo, y a veces ante los clientes. Lo último que pudo soportar fue su falta de respeto con ofensas, de las cuales estaba cansada.
Su relación comenzaba a causar confusión, puesto que nadie sabía exactamente que era lo que pasaba entre ellos. Porque por más que Joe hiciera alarde de que estaban juntos, Morgana siempre lo negaba a quien le preguntaba. Incluso delante del mismo Joe y eso era algo que ponía al hombre de mal humor. Hasta que su padre se enfermó y él creó un vínculo entre ellos llamado: "deuda".
La situación se volvió tan insoportable, que no aguantaba más, y ella misma le había pedido a su jefe una semana de vacaciones con la excusa de que tenía que cuidar a su padre. Pero lo cierto era que necesitaba un respiro de Joe, así él no la buscara, el solo saber que estaba en las mismas instalaciones de la empresa la ponía de mal humor y con dolor de cabeza. Estuvo a punto de renunciar, si las facturas médicas no fueran muchas, ya hubiera renunciado.
Morgana sabía que él era un encantador, y completo mujeriego. Cada vez que se enteraba de sus aventuras lo ponía como excusas para que la dejara de molestar, y poner distancia entre ellos. Pero no tenía resultados favorables, sino todo lo contrario. Joe afirmaba que ella era la infiel, y se hacía la víctima. Fue tanta la presión que hacía unas pocas semanas atrás había colapsado, al punto que llegó a urgencias por un desmayo, y los médicos que la trataron le advirtieron que tenía que bajar su ritmo de trabajo,
Terminó su baño, y minutos después comenzó a vestirse. Se había comprado un mini vestido de color n3gr0, ceñido al cuerpo, resaltando su figura curvilínea. Con encaje floral, diseño de purpurina con los hombros descubiertos, que dejaba a la imaginación lo redondo y firmes que eran sus pechos.
Utilizó unas sandalias negras altas, con una pequeña plataforma con comodidad para caminar, y un tacón de más de diez centímetros de tiras cruzadas y con el detalle en el tobillo también de purpurina. Acompañó su atuendo con unas argollas medianas de color plata, al igual que la sencilla cadena que adornaba su pecho, y sus pies con anillos diminutos en cada uno de sus dedos medios. Un detalle coqueto que usaba desde que tenía dieciséis años.
Se maquilló los ojos de una manera que hiciera resaltar sus ojos, color ámbar, y sus largas pestañas. Empleó solo un poco de blush en sus mejillas, y los labios con un tono que pareciera natural. Al mirar su reflejo en el espejo quedó complacida con el resultado. Estaba haciendo morisquetas cuando su teléfono celular sonó en su mano.
-Ya estás lista, ¿verdad? -fue el saludo de Lorena, quería corroborar que no se echara para atrás en último momento, ya que lo hizo un par de veces.
-Sí, lo estoy -respondió con una risita.
-Estamos abajo.
-Voy enseguida, solo deja que le deje un poco de comida y agua a Sultana y ya estoy ahí.
-Perfecto.
La llamada finalizó, y Morgana fue por un poco de su perfume para terminar con su vestimenta. Fue hasta la cocina, todo lo rápido que le permitían sus zapatos.
-¡Sultana, ven aquí! -exclamó un tanto apurada.
La perrita fue corriendo hasta donde se encontraba su dueña. Morgana se inclinó hacia ella para acariciarla, enseguida aquella noble mascota le dio su manifestación de afecto acariciando con su hocico la mano.
-Esta noche me voy de fiesta -le dijo a la cachorra que se alejó por un momento de ella, para disfrutar de su comida, mientras continuaba acariciándola-. Eso quiere decir que estás a cargo de la casa, no creas que puedes hacer fiestas en mi ausencia y sobre todo no invites a chicos sexis mientras no estoy -con tono juguetón agregó: -Sabes que me daré cuenta de inmediato.
En ese instante la mascota ladró como si le hubiera entendido perfectamente, y ella sonrió complacida de que al menos había alguien que la entendía. Sin la necesidad de dar muchas explicaciones que a veces era cansino.
-¡Buena chica! -le dijo Morgana, levantándose y lanzándole un beso, tomó su pequeño bolso encima del desayunador, y caminó hasta la salida.
Al cerrar la puerta dio una respiración profunda, nada podía salir mal esa noche. Joe no podía molestarla más, con las fotos que le había tomado esa tarde en el estacionamiento de la empresa estaba segura de que cuando se las mostrara no giraría las tornas como siempre hacía.
-¡Esta noche vas a brillar, Morgana! -se dio ánimos- ¡Así que sonríe!
Irradiando alegría, fue en busca de su amiga. Una camioneta Pathfinder de color vino tinto estaba estacionada en frente del edificio, le pareció un poco extraño. Ella se paró en seco, y miró a los lados frunciendo el ceño, ya que no veía a nadie conocido.
-Aquí -Lorena bajó el vidrio de la ventana trasera, para sacar el brazo y agitarlo.
-Wooa -dijo Morgana en el instante en que se abrió la puerta- ¿Esto no me lo esperaba?
-Conoce a mi amigo Albert -en los ojos de Lorena se podía notar la emoción.
Morgana la miró con más sorpresa aún, pues ella no le había hablado del hombre.
-Mucho gusto -ella extendió la mano, pero algo en él no le gustó, tal vez era porque se le veía la arrogancia que viene el poder y el dinero.
-Lore me ha hablado mucho de ti.
La voz baja del hombre le hizo sentir que estaba coqueteando con ella.
-¡Genial! -fue todo lo que ella dijo, mientras el chofer le cerraba la puerta.
-Estás muy guapa esta noche -intervino Lorena-. Solo espero que el idiota no esté ahí.
-¿De qué idiota hablan? -quiso saber Albert con tono de curiosidad.
-Un tipo que no vale una mierda -respondió Lorena con desdén.
-¡Basta, Lore! -exclamó Morgana-. No voy a permitir que la sombra de ese individuo arruine mi noche.
-Aunque no conozco a la persona, estoy de acuerdo con Morgana -Albert les dijo a ambas mujeres con una sonrisa, pero que perfectamente indicaba que el tema ya estaba cerrado.