Creta
"Tiseo", nombre que le ha puesto Gera a su hijo en honor a su compañera y leal amiga Tisea (muerta en combate a manos de Nehtur). "El niño" se lo denomina así por su edad, aunque ya no es tan pequeño. Es más, se ha desarrollado de una forma insólita. Quien lo viera, supondría que se trata de un joven que recién ha dejado la adolescencia. Su desarrollo físico es algo fuera de lo común para un ser humano. Obviamente, él no es un humano común, es hijo de Gera y Alfenón; lo que lo hace mitad humano y mitad ser celeste. Cualidad única, por la cual más que previsible saldría a aflorar en su desarrollo.
Todo este largo tiempo transcurrido sin ningún peligro para los tres en la tranquila y apacible isla griega de Creta, ha servido para que Tiseo se desarrolle sano y fuerte. Desde que fue capaz de entender las cosas, Gera le hizo saber la verdad sobre su procedencia (quién es ella, quién es su padre y muchos otros detalles de su naturaleza y origen). En un inicio, cuando Tiseo era muy pequeño, fueron juegos los que su madre se inventaba para pasar los días con su amado hijo. Estos entretenimientos que ella se ingeniaba, siempre fueron con una intención, "la de desarrollar en el niño habilidades y destrezas que le serian útiles en el futuro". Aunque para el niño, que aún no comprendía las verdaderas intenciones de su madre, todo aquello era solamente diversión y entretenimiento.
Pero de a poco, al ir creciendo, los juegos fueron transformándose y se empezó a tomar armas, las cuales en su inicio fueron de madera. Luego, al transcurrir el tiempo, se convirtieron en prácticas diarias de combate, las cuales recibía tanto de su madre Gera, como de Argos (el legionario asignado para cuidarlos y proporcionarles ayuda en lo que fuese necesario). Argos y Tiseo en estos más de cinco años juntos, han desarrollado una afinidad más allá de la amistad. Tiseo lo ama, ya que el legionario es lo más parecido a un padre que ha conocido y ha sido su única guía masculina que ha tenido en su corta vida hasta ahora. Para Argos, la misión de acompañar, proteger y de brindarles apoyo en lo que necesiten madre e hijo, le fue impuesta. No obstante, siempre lo hizo de muy buena predisposición; pues como todos sus ausentes compañeros, aprecia a Gera. Luego, al ir creciendo el pequeño a su lado, lo fue amando como a un hijo por el que daría su vida si fuese necesario.
En la tranquila isla griega, el hastío en el niño con apariencia de joven es cada vez mayor. Su tierno espíritu aventurero (naturaleza heredada de su padre Alfenón), lo hace anhelar salir de aquel lugar; pues desea conocer otras tierras. Imagina que en otras regiones lejos de la isla, existe un mundo lleno de sorpresas y aventuras para él. Ni siquiera los intensos entrenamientos diarios de lucha que recibe lo llenan, ¡quiere algo más!...
En estos últimos días, el joven Tiseo por las tardes se aleja de la cabaña construida a escasos metros de la playa y camuflada entre los árboles; para evitar ser divisados por algún navío que pudiese pasar cerca. Solo sus compañeros que años atrás los dejaron, saben de la presencia de los tres en aquella solitaria isla. Su madre, con extrañeza, ha empezado a notar su ausencia. «¿A dónde irá?», se pregunta intrigada, aunque sin seguirlo; puesto que siempre ha respetado su privacidad y también porque ahora se encuentra agobiada por otro asunto...
Han pasado más de cinco años sin saber nada de sus compañeros de lucha, los cuales partieron a Grecia en busca de Hydes y sus tropas.
Para Gera, el dilatado tiempo transcurrido sin tener noticias de Zeum y sus leales compañeros la han ido minando. Primero fue la expectativa de ver en el horizonte las naves de sus compañeros aproximarse en busca de ellos; después, esta espera se convirtió en algo angustiante; luego al transcurrir el tiempo, poco a poco fue decayendo en ella las esperanzas de volver a verlos.
«¿Habrán conseguido vencer a Hydes y sus tropas? Si es así; ¿por qué no han vuelto por nosotros? ¿Se han olvidado o ya no les importamos? No..., no lo creo; es imposible, Zeum y Hermys jamás nos harían algo así. Es absurdo pensar en la posibilidad de que no les importamos y nos han abandonado. Algo les tuvo que haber sucedido para que hasta ahora no hayan regresado por nosotros», se pregunta y se responde a sí misma con mucha preocupación estos últimos días.
Pese a toda la paz, tranquilidad, la compañía de su amado hijo y de Argos; aun así, no puede evitar sentirse sola y desprotegida en aquella solitaria isla. «Si han fracasado y Hydes ha vencido. ¡Dios..., no quiero imaginarlo! Sería algo terrible; sobre todo para nosotros tres aquí solos. Ese malvado, vendría por nuestras cabezas más temprano que tarde. Ya que seriamos los únicos que se interpondrían a sus nefastos propósitos, ¿cómo podría yo prácticamente sola, defender a mi amado hijo? Él es aún muy joven para enfrentarse a esos asesinos. Para Hydes, tener la oportunidad de matar a Tiseo, sería una satisfacción. Pero antes..., tendrá que pasar sobre mí; cosa que no le será nada fácil», especula en silencio, dispuesta a dar su vida por su hijo.
Una madre es peligrosa como una leona cuando de proteger a su hijo se trata. ¡Mucho más Gera, con todo su poder y furia con la que está dispuesta a defender a su vástago! Desde que nació Tiseo, este se ha convertido en toda la razón de su existencia. Para la encantadora, aunque contradictoriamente temible guerrera, estos años transcurridos le han parecido una eternidad, aunque en su aspecto físico da la impresión que el tiempo se hubiese detenido, pues no se le han manifestado casi en nada el paso de los años; continúa igual de bella y poderosa como hace más de cinco años atrás.
Es probable que a los seres celestes, el paso de los años no les afecte o tengan otra media de vida más alta muy diferente a la de los humanos. Este temor e incertidumbre en que se encuentra inmersa, ha hecho que poco a poco vaya en ella madurando la idea de salir de la isla, para marchar en busca de sus compañeros de lucha. Ya no puede seguir esperando el regreso de estos, sin hacer nada más que adiestrar a su hijo y de paso, entrenarse ella misma y así mantenerse en forma. Por lo cual, esa noche durante la cena, decide hacerles saber su decisión a Tiseo y a Argos.
-He tomado una decisión con respecto a nuestra situación aquí y quiero escuchar de ambos lo que opinan. No podemos seguir en esta isla esperando resignadamente a que regresen nuestros compañeros. Ha pasado mucho tiempo; demasiado diría yo. Hemos sido muy pacientes, pero ha llegado el momento que hagamos algo. ¿Qué dicen? Díganme lo que piensan, deseo escucharlos.
-Si dependiera de mí... ¡Saldríamos en este momento! -responde exaltado por la emoción el joven Tiseo, ya que se encuentra desesperado por salir de aquel lugar, el cual ha sido su único entorno en su corta vida.
-¡Ya es momento de que tengamos acción, pero de verdad!, a mí también me agrada la idea. Y si esperan mi opinión... ¡Sí!, quiero salir a buscar a nuestros compañeros. Me emociona la idea, aunque no lo demuestre con el mismo entusiasmo que el muchacho -ratifica Argos, haciendo alusión a la indisimulada euforia manifestada por Tiseo.
Ambos se ríen del entusiasmo demostrado por el muchacho, ante la ingenua e inocente mirada de este. Luego de unos momentos de buen ánimo, Gera determina los pasos a seguir.
-Ya que estamos de acuerdo en marcharnos debemos trabajar en ello. Desde mañana muy temprano empezaremos a construir un buen navío para navegar en mar abierto. Ustedes buscarán la mejor madera, mientras yo fabricaré las amarras.
Argos aprueba la determinación de Gera, pero no así Tiseo; quien al parecer tiene algo para confesarles...
-Madre... Uf, no sé por dónde empezar a decirte esto -expresa nervioso el joven ante la inquisitiva mirada de la guerrera.
La indecisión de Tiseo consigue atraer el interés de Gera y de Argos, los cuales intuyen que tiene algo importante qué confesarles. El joven Tiseo se arma de valor y les revela:
-No es necesario buscar la madera, porque ya me encargué de eso. La tengo escondida no muy lejos de aquí, cerca de la playa; se encuentra a menos de una hora caminando. Si lo desean los puedo llevar para que la vean. Les aseguro que es la mejor madera de la isla.
Su astuta madre ese momento se da cuenta dónde y porqué este se perdía por las tardes.
-¿Cómo es que tienes esa madera? ¿La encontraste así por así o fuiste recolectándola todas esas tardes que te desaparecías? Dime si planeabas marcharte y abandonarnos. Responde con la verdad, sabes que no puedes engañarme -muy resentida lo increpa.
El joven se da cuenta que se ha delatado, por lo cual no tiene más remedio que confesar.
-Es cierto, madre... Todo este tiempo estuve construyendo una barca para los tres. Pero si te lo confesaba te ibas a enfadar conmigo y te negarías a que continuara el trabajo. Es por ello que decidí construirla solo. Tenía la intención de mostrártela cuando haya estado terminada, luego trataría de convencerlos para marcharnos los tres. Jamás tuve la intención de salir solo. Debes de creerme, madre, es la verdad.
Gera conoce muy bien a su hijo (para ella, todavía su pequeño). Sabe que Tiseo es sincero en sus palabras, pero le molesta en demasía el solo hecho de imaginar que se marche de su lado y la abandone. Entiende que no puede descartar del todo dicha posibilidad. El muchacho ha heredado de su padre Alfenón esa determinación, temeridad e imprudencia que lo caracterizaba; y que tantas veces puso en riesgo su vida. En especial, cuando temerario e imprudente, tuvo la osadía de enfrentarse al poderoso Zeum, en cuyo combate; de no ser por la oportuna intervención de la guerrera, hubiese perdido la vida. Cada vez descubre más rasgos en Tiseo, ya sean físicos o de personalidad; que la hacen recordar con nostalgia a su amado Alfenón.
Es por ello que teme por su intrépido y precipitado hijo. Sabe que a su corta edad aún le falta mucho por aprender de la vida y de los muchos peligros que allá afuera le esperan. En su inocente corazón, aún no ha tenido la experiencia de conocer la maldad, la traición y muchas otras decepciones que existen y que vendrán. Las cuales, sin su guía y protección, sería fácilmente engañado o lo peor, asesinado; pero la tiene a ella para guiarlo y protegerlo de todo.
-Está bien hijo..., mañana muy temprano iremos y veremos lo que tienes. Por ahora debemos descansar; puesto que al amanecer tendremos bastante trabajo por hacer.
Dicho esto, dan por concluida la reunión familiar. Apagan la pequeña fogata que ha servido para asar la cena y se retiran a descansar. Antes de que termine de despuntar el alba, Gera se despierta, sus agudos oídos escuchan un sonido no usual o al menos no habitual a esa hora. Toma su espada y se dirige para ver de qué se trata... Se sorprende al ver a Tiseo en la playa con el torso al descubierto, transpirando debido al intenso ejercicio. Al parecer lleva rato ejercitándose solo. El joven, ignorando que está siendo observado, espada en mano practica y perfecciona sus movimientos de defensa y ataque, aprendidos de su madre. Gera sonríe al contemplar a su hijo practicar con tanta vehemencia. Lentamente se aproxima, intrigada por el interés y fervor de este por aprender más.
-¿A qué se debe ese entusiasmo por perfeccionar tus habilidades? Vamos..., dime, nadie como yo para entenderte y ayudarte.
-¡Sí, madre...! Si vamos a salir de esta isla, no deseo ser una carga o preocupación para ti. Es más, quiero ser yo quien te cuide no al revés. Te demostraré que ya no soy un niño. Ahora puedo cuidarme, también defenderlos a Argos y a ti; ya lo verás.
Al escucharlo, descubre que está empezando a florecer en él justamente lo que más teme, pues cada vez son más evidentes los temerarios rasgos heredados de su padre. Esa imprudente audacia que recuerda con nostalgia, del hombre que había amado tanto o que quizás aún esté en su corazón. Sin embargo, estas cualidades de la personalidad de su hijo la asustan, porque sabe las consecuencias que este temperamento le podría traer al joven. Por lo cual, entiende que es algo que aún debe moldear en Tiseo, o al menos moderar un poco esa naturaleza; para dar lugar a la prudencia y sensatez. Pero es muy joven, aún hay tiempo, deduce dentro de sí. El leal Argos, alarmado, también ha salido de su tienda y ha estado escuchando la conversación. Sonriendo mueve la cabeza negativamente, manifestando resignación en su rostro.
-Sé lo que estás pensando. No me interesan tus comentarios, así que guarda silencio -le dice Gera al verlo sonriendo con cara de burla.
Argos, también conoció a Alfenón, al igual que Gera ha captado los cada vez más evidentes rasgos que lo asemejan a su padre. Por ello entiende la preocupación de Gera para con el muchacho.
-Continúa practicando. Yo haré el desayuno, mientras Argos se encarga de preparar las herramientas y víveres que llevaremos -determina la guerrera, proporcionándole al legionario la tarea más pesada en represalia por la mofa de este a su preocupación.
Luego de consumir alimentos, marchan guiados por el entusiasmado Tiseo. Al cabo de casi una hora llegan a un bosque, alejado solamente a unos cien metros de la playa, en cuyo lugar y ocultos bajo unos matorrales, se encuentran los tablones de madera simétricamente muy bien cortados. Tiseo jamás había visto un barco, por lo cual no tiene conocimiento de cómo es uno de ellos. No obstante, por pura intuición e imaginación, solamente guiado por las respuestas de Gera y de Argos a sus muchas curiosas preguntas; fue que empezó a preparar estas maderas. Su inteligencia e instinto sobrenatural le valieron de mucho para avanzar en la preparación de aquello. Y... ¡vaya que iba muy bien! Resultado que comprueban sus compañeros al observar y evaluar su trabajo.
-¡Realmente me has sorprendido, hijo mío! Jamás imaginé que fueras capaz de algo así. Con esto nos ahorras al menos un par de semanas de trabajo. ¿Qué opinas, Argos?
-¡Uf...! El muchacho sí que tenía ganas de marcharse de aquí -ratifica imprudentemente el legionario, sin darse cuenta de la molestia que ocasiona en Gera su comentario.
Esta hace como si no le afectara en lo absoluto y decide observar minuciosamente la fina madera, ciertamente sorprendida por la habilidad de su hijo a tan corta edad. Sin embargo, por encima de su sorpresa se encuentra molesta y decepcionada de la actitud de Tiseo. Mira a los ojos a su hijo, como queriendo indagar en él cuál fue su verdadero objetivo para realizar semejante trabajo y a escondidas. Tiseo, al captar la inquisitiva mirada de su madre, exclama:
-¡Madre...! ¿Otra vez lo mismo? Ya te he explicado cuáles eran mis intenciones. ¿Cómo puedes pensar que me iría sin ustedes? ¿A dónde iría? No conozco nada del mundo exterior. ¿Crees que sería tan tonto e imprudente para atreverme a marcharme solo a una aventura así?
Al escuchar al muchacho, Gera y Argos se miran, y ambos mueven la cabeza afirmando; dándole a entender que sí lo hallan capaz de semejante imprudencia, puesto que comprenden la genética de temerario al extremo que lleva en sus venas. Argos y Tiseo siempre han sido cómplices en las travesuras del muchacho. Pero esta vez el legionario decide hacerse a un lado para permitir que la conversación sea solamente entre madre e hijo. Además, se siente decepcionado, pues si Tiseo hubiese confiado en él y le hubiese comentado; quizás hasta le hubiese ayudado. Luego de unos momentos de intensa tensión para el muchacho, provocado por la penetrante mirada de su madre, esta decide dar por terminado el asunto y empieza a dar las instrucciones para continuar la labor de su hijo.
-No hay tiempo que perder, llevemos los troncos, hay que medirlos apropiadamente. Ustedes se encargarán de ese trabajo, mientras yo fabricaré lianas y conseguiré resina para evitar las filtraciones.
De esa manera se enfrascan en la afanosa tarea de la construcción del navío que los sacará de la isla. Los trabajos son arduos, de sol a sol para los tres, empujados por la mejor de las motivaciones, como es salir de aquel tedioso lugar para encontrar a sus añorados compañeros.
Al cabo de una semana de intenso trabajo la embarcación ya casi se encuentra terminada, solo faltan algunos pequeños detalles; los cuales estarán subsanados en uno o dos días como máximo. Esa última noche, Gera decide definir los últimos detalles para el viaje.
-Muy de madrugada partiremos con rumbo al norte, hacia una de las islas griegas. Espero que tengamos ya a bordo todas las provisiones que necesitaremos para el largo viaje.
-No te preocupes por ello. El muchacho se ha encargado incluso de lo más mínimo para nuestro viaje; no hay detalle que se le haya escapado -ratifica Argos.
Gera sonríe, pues sabe que es cierto. De los tres, el que más entusiasmo ha demostrado en esta última semana de intenso trabajo, fue Tiseo. Para el muchacho no hubo cansancio ni fatiga, con tal de terminar cuanto antes la fabricación del navío que los sacará de aquella isla. Finalmente llega el ansiado momento de partir. Abordan el pequeño navío y sueltan las amarras. Empiezan la travesía hacia el norte con rumbo hacia una de las islas griegas.
Competencias
En Sumer, los años han transcurrido pacíficamente en medio de una imperturbable tranquilidad para todos sus habitantes. El pueblo sumerio, gobernado desde hace más de cinco años por el rey Alfenón, ha progresado bastante. Esta vez, en mutua cooperación con quienes en el pasado fueron sus grandes enemigos, "los acadios". Ahora la asistencia y colaboración es solidaria y recíproca entre ambos pueblos vecinos. Para reforzar sus lazos de amistad, desde hace tres años se vienen realizando las competencias anuales entre ambos reinos. Siendo variadas disciplinas las que se disputan cada año, ya sean de lucha, fuerza, velocidad y muchas otras más.
Con medio año de anticipación, cada pueblo propone dos nuevos tipos de competencia. De manera que entran en disputa cuatro nuevas disciplinas, haciendo el evento cada año más interesante. El primer año había sido ganado ampliamente por los acadios. El segundo también, aunque esa vez con escaso margen. El tercer año fue el primero en el que dominaron los sumerios. Este año, los acadios se han preparado de la mejor manera, con intenciones de reafirmar su hegemonía. Sin embargo, no sospechan que ahora los sumerios cuentan con un as bajo la manga en el cual se encuentran depositadas todas sus esperanzas de triunfo.
¡El joven príncipe "Heracles", quien al igual que Tiseo, su desarrollo ha sido extraordinariamente sobrenatural. Fue criado por Alfenón como hijo suyo. Es hijo de Almea, pero engendrado por el poderoso líder celeste "Zeum". Esta extraordinaria y ventajosa genética muy pronto empezó a aflorar en él. Ahora cuenta con poco más de cinco años, pero su aspecto físico es el de un joven de dieciséis a diecisiete años: alto, fuerte y además muy apuesto. En las prácticas deportivas ya sobresale con mucho entre los demás jóvenes, siendo insuperable en todas las competencias. Las veces que le ha tocado participar en algún evento deportivo, todo el pueblo se hacía presente para verlo competir.
El joven príncipe, en su corta edad, sobre todo en este último año, en todo su pueblo se ha ganado más fama y respeto que aprecio. Porque entre los soldados y jóvenes de Sumer, ha llegado a ser poco estimado pese a que nunca demostró aires de abusivo ni de bravucón. No obstante, el poco afecto que le tienen los demás jóvenes es debido a su petulancia y fanfarronería que demuestra en sus victorias. Alfenón, con mucha rigidez y disciplina, se ha encargado de frenar y moldear hasta ahora ese impulsivo carácter del muchacho, pero no así su fanfarronería y presunción.
El rey sumerio jamás le ha confesado quién es su verdadero progenitor. Lo ha visto crecer a su lado y lo ama como si fuese hijo suyo, por lo cual siempre consideró que esto es lo único que debería interesar. El rey personalmente se ha encargado de enseñarle y adiestrarle en todas las artes de luchas y competencias. Con bastante asombro ha comprobado el rápido progreso del joven, no obstante Alfenón sabe el motivo del sorprendente progreso del muchacho, aunque no solo él...
-Es un muchacho extraordinario -afirma Apolinum, al observarlo ganar fácilmente las competencias de velocidad en la que se encuentra practicando con el resto de atletas sumerios.
-Así es, pero ambos sabemos el porqué, lo cual espero no nos traiga problemas en el futuro.
-¿Qué es lo que te preocupa? Si estás pensando que podría heredar la conducta de ese ser, eres un tonto. Hasta ahora no te has dado cuenta de que el muchacho te respeta y te ama tanto como a su madre. Además, es muy noble -le asegura Apolinum, tratando de quitarle a su amigo la inquietud que empieza a nacerle.
Alfenón le da la razón y cambia de tema. Además, hay bastante trabajo por hacer, pues deben organizar la fiesta de bienvenida a los acadios que muy pronto llegarán. Llega el día. Empiezan a arribar los primeros barcos acadios transportando a sus atletas para llevar a cabo los cuartos juegos o competencias deportivas. Al arribar al puerto de Ur, son recibidos en medio de una gran fiesta que se ha armado en el mismo muelle. En el último navío desembarca el rey acadio "Murabi", acompañado de su consorte; una hermosa mujer muy elegante y distinguida. Digna de lo que ella es "una reina". Ambos son recibidos por Alfenón y su hermosa esposa, Almea.
-¡Sean bienvenidos, hermanos acadios! Siéntanse en casa. Es un honor para nosotros tenerlos como invitados. Confíen sus pertenencias a mis siervos, ellos se encargarán de todo. Luego les mostraré sus habitaciones para que puedan descansar, porque ahora, amigos míos, deseo que compartamos esta celebración, la cual fue preparada por su grata visita. ¡Vamos..., acompáñenme!
El rey acadio y su esposa acceden complacidos ante la amabilidad de su anfitrión. Al llegar a los principales asientos preparados para los dos soberanos y sus esposas, el líder acadio se encuentra con un apuesto joven sentado en uno de los asientos principales. Por unos segundos queda observándolo sorprendido e intrigado.
-Disculpas mi descuido. No te he presentado a mi hijo el príncipe "Heracles". Él participará mañana en algunas de las competencias.
El joven se incorpora de inmediato y con amabilidad extiende el brazo para saludar al recién llegado.
-Creo que no me recuerda. El pasado año acompañé a mi padre a Akkad, pero todavía no participaba en ninguna competencia; este año sí lo haré. Es un honor para mí saludarte, gran rey acadio -manifiesta Heracles, tomándole del brazo con un "recio saludo", el cual raya en lo descortés.
El rey acadio experimenta la férrea presión sobre su brazo. No obstante, hace como si nada pasara mientras le corresponde de la misma forma, al tiempo que lo observa de pies a cabeza con mucho interés sin salir de su asombro. Alfenón ha captado la descortesía de su hijo para con su invitado, por lo que, con una fulminante mirada, lo pone en su sitio. El muchacho afloja la presión sobre el brazo del acadio y baja la mirada con sumisión. El soberano acadio tiene su atención puesta en el joven y en su "saludo", por lo cual no ha percibido la reprimenda. Sin embargo, mira a Alfenón dispuesto a salir de su interrogante.
-¡Espera...! Recuerdo que a Akkad, llevaste y me presentaste como tu hijo a casi un niño. Pero hoy... me presentas a un joven y..., al parecer muy fuerte. ¿Estamos hablando de la misma persona? ¿No me digas que es él de quién tanto hablan con orgullo los sumerios y hace temer a mis atletas? -pregunta sorprendido el soberano acadio.
Era de imaginar tal sorpresa, puesto que el pasado año Heracles era poco más que un niño. Sin embargo, ahora es un imponente joven fuerte, alto y por si fuera poco, guapo. El acadio, en sus deducciones, no sospecha la posibilidad del origen celeste del joven. Asume que se trata de un humano como todos ellos, es por ello su total asombro.
-Los jóvenes crecen, a veces sin que nos demos cuenta. Eso pasó con mi muchacho, del cual nos encontramos muy orgullosos. Con respecto a sus habilidades, te aseguro que este año tus atletas, si quieren vencerlo, deberán estar mejor preparados que los anteriores años -responde inteligentemente el orgulloso Alfenón, desviando la conversación hacia otro asunto.
Lo cierto es que no tiene ni existen argumentos creíbles o naturales, para explicar tal desarrollo de su hijo adoptivo; "solo la verdad". Y eso es algo que no está dispuesto a hacérsela saber al acadio y menos a su hijo, aunque es consciente de que se trata de un tema que tarde o temprano deberá conversarlo y hacérselo saber al muchacho. ¡Pero ello no será hoy!
-Espero verte mañana en la arena para corroborar toda la fama que te precede. Por ahora, espero que nos acompañes al menos unos momentos, aunque por supuesto, siempre y cuando tu padre lo permita -sugiere el acadio, demostrándole al muchacho, mayor amabilidad a la recibida de este.
El joven se encuentra contento con la invitación de Murabi, por lo que acepta al instante. Al parecer, la inteligente amabilidad del acadio ha doblegado a la inicial descortesía del muchacho.
-¡Por supuesto!, para mí será un honor poder conversar contigo.
En seguida, con sumisión y respeto, pide la autorización de su padre, porque sabe que Alfenón se ha dado cuenta de su inicial descortesía con el soberano acadio.
-¿Padre, me permites acompañarlos?
El rey sumerio mira a su esposa Almea, como pidiéndole colaboración para frenar alguna nueva indiscreción de su hijo.
-Puedes quedarte, pero solamente por unos momentos. Recuerda que debes descansar; puesto que mañana tendrás mucho trabajo y te necesito en la mejor de tus condiciones.
De tal forma que las dos parejas reales más el príncipe Heracles, se acomodan en los asientos principales. Heracles tiene deseos de conversar sobre muchos temas con el soberano acadio. Desea averiguar sobre la vida en Akkad y las otras zonas aledañas, puesto que en su corta existencia todo su mundo ha girado en torno a Sumer, por lo que desea conocer más. El muchacho, disimulando su entusiasmo, toma asiento a uno de los lados del soberano acadio. Con interés y bastante curiosidad empieza a preguntarle todas sus interrogantes, las cuales son respondidas con gusto por el paciente Murabi. Luego de poco más de una hora, Alfenón prudentemente interviene.
-Hijo..., es momento de que te retires, debes descansar para mañana. Mi invitado y yo tenemos importantes asuntos qué conversar.
El muchacho, obedeciendo a su padre, se levanta de su asiento.
-Fue un placer conocerte, gran rey. Y..., disculpa si en algún momento fui torpe y grosero; espero me comprendas y sepas perdonarme -expresa el joven príncipe, arrepentido de su inicial mala actitud.
El rey Murabi sonríe, manifestándole con ello que no pasó nada. Acto seguido, el joven se despide de los presentes y se marcha a su aposento.
-Deben perdonar tantas preguntas de mi hijo, es muy joven y desea conocer el mundo. En su corta vida no ha salido más que cuando fuimos a visitarlos; por ello espero lo entiendan y nos disculpen sus tantas preguntas.
-Al contrario, tienes un hijo excepcional y muy inteligente. Fue todo un gusto poder responder a sus inquietudes. Así que no te preocupes y disfrutemos de la velada, puesto que nosotros no tenemos que competir mañana en nada.
Ambos soberanos disfrutan la magnífica velada acompañados de sus hermosas esposas. En una sana fiesta llena de celebración, amistad y sobre todo, bastante agasajo para los recién llegados. El licor se convida solamente entre los altos mandos y los invitados de honor que no tienen que participar de las competencias del siguiente día. Se encuentra prohibido para los atletas de ambos pueblos. Aunque como suele suceder, resulta imposible cumplir a cabalidad tal norma; puesto que nunca falta un avivado que logra por ahí hacerse de "una o dos copas". Antes de la llegada de la media noche, Alfenón ordena a su primer capitán Apolinum, despachar a descansar a los atletas de ambos pueblos, el cual, al momento hace cumplir la orden del rey.
-¡Para todos los que deben competir mañana...! ¡La fiesta ha terminado! Por lo tanto, síganme, les mostraré sus habitaciones que han sido apropiadamente preparadas. Les comunico que luego ambos grupos de atletas tienen prohibido salir de sus dormitorios. Lo harán solo cuando se los convoque para la comida de la mañana.
Algunos atletas acadios, sobre todo los más avezados, los que habían conseguido de algún modo hacerse de algunas copas de licor; miran a su rey, quizás esperando obtener de este algún permiso extra para permanecer unos momentos más en la velada; ya que empezaba a ponerse de lo más interesante y divertida. Sin embargo, el rey acadio, con una severa mirada les hace entender que deben obedecer y retirarse. De manera que, no teniendo más remedio, obedecen y se retiran siguiendo a Apolinum.
Al siguiente día, en el campo de competencias se encuentran todos reunidos. Se ha construido un anfiteatro para la inauguración de las cuartas competencias anuales entre los dos pueblos hermanos. En las improvisadas graderías se encuentra gran parte de la población sumeria, quienes esperan con entusiasmo ver en acción a su atleta favorito derrotar a los acadios. Este año todas las esperanzas de triunfo se encuentran depositadas en el joven Heracles, el cual se encuentra formando junto al grupo de compañeros atletas.
En la tarima principal se encuentran los dos reyes con sus esposas; también están presentes los capitanes de Sumer; como algunos invitados de jerarquía que arribaron con Murabi desde Akkad. ¡Suena la trompeta!, por lo que todos los presentes, tanto deportistas como espectadores, guardan silencio. Alfenón se levanta para dirigir la palabra.
-¡Es un honor para nuestro pueblo, ser los organizadores de estas cuartas competencias anuales! ¡La principal intención de estas justas, es la de enlazar aún más los lazos de amistad entre nuestros pueblos! ¡La gloria... será para los vencedores! ¡Para los que no competimos..., la alegría será el haber convivido estos días con nuestros hermanos vecinos! ¡Por lo cual..., espero que las competencias se desarrollen con honor, lealtad, pero, sobre todo con hermandad entre rivales! ¡Quién no lo entienda y actúe en forma deshonesta; será expulsado para siempre de toda competencia! ¡¿Han entendido?!
-¡¡¡Sí, señor!!! -responden casi al unísono todos los participantes.
-¡Dicho esto...! ¡Que comiencen los juegos!
Las primeras competencias serán las de velocidad, en la cual se han seleccionado los cuatro mejores atletas de ambos pueblos. Cada uno en un carril, intercalados sumerios con acadios completando los ocho carriles. La meta se encuentra a doscientos codos (aproximadamente cien metros). El joven Heracles se encuentra entre los cuatro atletas que representan a Sumer y está situado en uno de los carriles del centro. Todas las expectativas de los presentes se encuentran centradas en él.
El juez observa que todos los atletas se encuentren correctamente alineados, para que ninguno trate de sacar una inicial ventaja y... ¡Da la orden de largada...! ¡El joven Heracles, en medio de una gran ovación!, con grandes y veloces zancadas va dejando atrás a sus adversarios, ganando cómodamente esta primera competencia. Sus rivales han quedado perplejos ante la asombrosa velocidad demostrada por el joven y la facilidad con la que fueron derrotados. Ahora saben que se encuentran ante un extraordinario rival, contra el cual entienden que si pretenden vencerlo, tendrán que esforzarse mucho en las siguientes disciplinas.
El joven príncipe solamente levanta la mano en señal de victoria, frenando su particular petulancia ante sus derrotados rivales. Heracles ha sido severamente advertido por sus padres, sobre todo por Almea, quien le ha hecho prometer que en ningún momento deberá manifestar engreimiento y arrogancia en sus victorias. El rey acadio Murabi, asombrado, mira a su homologo sumerio, el cual, con una débil sonrisa, le manifiesta su satisfacción y orgullo por su hijo. Luego se da inicio a las competencias de fuerza y potencia, en las cuales hacen su aparición los representantes acadios; son atletas gigantes y de impresionantes musculaturas, los cuales en apariencia se los ve más fuertes que los sumerios.
La competencia consiste "en lanzar una bola de acero con un peso aproximado de unos siete kilogramos". Quien logre lanzarla a mayor distancia será el ganador. En este duelo, son tres los representantes de cada pueblo. En estos enfrentamientos, Alfenón ha dispuesto que Heracles no participe, aunque el engreído muchacho ya en los entrenamientos anteriores entre sumerios, había demostrado ser el más fuerte. El rey sumerio ha tomado esta decisión para hacer más parejos los duelos, pero, sobre todo, para no despertar sospechas y dudas sobre la naturaleza y origen del muchacho. Entiende que sería absurdo que un chico con el físico todavía en desarrollo, pueda vencer a semejantes gigantes acadios.
Inteligentemente lo ha puesto para que participe solamente en las justas de velocidad, resistencia y habilidad, pero no así en las de fuerza y potencia. En tal caso, ha calculado que con esto alcanzará ampliamente para ganar los juegos. Los gigantes acadios en esta disciplina, sin muchos inconvenientes se llevan la victoria. La siguiente disputa será la carrera de largo aliento con postas por el campo, en la que cada pueblo ha elegido a sus cuatro representantes. Cada atleta deberá correr una legua y entregar la posta a su compañero. Quien llegue primero a la meta será el ganador.
En esta disputa, ambos pueblos estratégicamente colocan al más resistente y veloz para la última posta. Y... ¿quién más que Heracles para que reciba la posta e intente sacar diferencia en la última legua? ¡Se da inicio a la carrera...! Tal como lo habían previsto, los acadios poco a poco van sacando ventaja hasta el penúltimo corredor. Al entregar la posta al último atleta, han conseguido distanciarse poco menos de cuatrocientos codos (unos doscientos metros) de ventaja.
Pero ahora le toca al joven príncipe, el cual toma la posta y empieza a correr con un impresionante ritmo, tratando de darle alcance al resistente acadio. El atleta rival mira hacia atrás y sonríe para sus adentros, seguro de que el ritmo asumido por el sumerio muy pronto lo fundirá. De manera que decide no cambiar de velocidad y permitir que el rival se aproxime; suponiendo que ya lo tiene.
Ya han recorrido casi la mitad de la legua. Heracles ha conseguido superar a dos de sus rivales y ahora se encuentra a unos ciento cincuenta codos (casi setenta metros) del puntero. El acadio que lleva la delantera, es un atleta muy resistente; el mejor de Akkad, el cual aún con aire decide dar fin a su rival, por lo que aumenta el ritmo buscando que el sumerio, en su intención por alcanzarlo, acelere y se funda o termine por resignarse, y baje ya ese ritmo que comienza a serle muy desgastante...
Luego de un par de minutos, el acadio mira hacia atrás y contempla ahora más cerca a su rival. El gran atleta acadio empieza a sentir que el aire y sus fuerzas se le están agotando. Sin embargo, da su último esfuerzo con esperanzas de que su rival termine abatido por el cansancio. Pero..., no tiene idea contra quién está compitiendo: "Un ser con poderes sobrenaturales muy superiores a los humanos y ante esto no tiene cómo competir".
Faltan poco menos de quinientos metros y es inevitablemente alcanzado por el príncipe sumerio. Trata de mantener el ritmo de Heracles, pero sus fuerzas lo abandonan. Sin poder evitarlo, ve hacerse con la victoria al sumerio. Otra victoria de Sumer, otra vez de manos del príncipe Heracles, quien ahora muestra respeto ante sus derrotados rivales. Al parecer, está aprendiendo a ser humilde ante la victoria. Puede ser que debido a su naturaleza sobrehumana, su cuerpo se haya desarrollado antes que su carácter. O quizás, las continuas reprimendas de sus padres es lo que lo está amoldando. Lo cierto es que este cambio de actitud en su personalidad, hace que ahora su gente y sus compañeros atletas, ya no sientan solo respeto y admiración hacia él; sino que ahora hasta empieza a ser apreciado por todos ellos.
De esta manera van transcurriendo los cuartos juegos o competencias entre los dos pueblos, con el extraordinario joven príncipe llevando a la victoria a su pueblo. Con la culminación de los juegos, ahora se encuentran parejos; dos años ganados para cada pueblo. En la última noche se ha preparado una gran celebración por la finalización de los cuartos juegos. Esta vez, "sin las odiosas restricciones de licor" para los atletas, la cual de entrada "es bien aprovechada por estos". El rey acadio, durante la fiesta de despedida y como era de suponer al igual que en la fiesta de bienvenida, se encuentra sentado al lado de Alfenón. Aunque esta vez sin las preguntas del joven príncipe, el cual se encuentra festejando al lado de sus compañeros atletas. El acadio ha quedado impresionado por las habilidades del príncipe y decide hacérselo saber a su anfitrión sumerio.
-Tu hijo me ha sorprendido en demasía. Ya había escuchado lo gran atleta que es, pero, a decir verdad, no imaginé que fuese tan impresionante; jamás pensé que tendríamos al frente a un rival tan extraordinario. ¿Recuerdas a esos extraños guerreros? Aún no sé cómo fue que aparecieron por nuestras tierras, pero a lo que deseo llegar es que las habilidades de tu hijo me hicieron recordarlo por su agilidad y todo lo demostrado.
El soberano sumerio calla por unos instantes, buscando las palabras adecuadas para responderle, pero cuando pretende hacerlo es interrumpido por el complemento del acadio en su deducción.
-Luego, me puse a analizar y... es lógico todo ello, pues viene de ti, un gran guerrero. Te confieso que hasta ahora sigo sorprendido y me pregunto ¿cómo fuiste capaz de vencer a nuestro invencible Ursus y después a nuestro anterior rey? La verdad, no se podía esperar menos de tu heredero. Lo que te voy a confesar, espero quede entre nosotros. Te digo con sinceridad: tengo envidia por el extraordinario hijo que tienes. Cuánto daría por tener un heredero así. Es una sana envidia, mi amigo -le confiesa en voz muy baja, casi al oído.
Alfenón, que le ha escuchado con interés, más que complacido, se siente tranquilo al saber que el acadio no tiene la más remota idea sobre la verdadera descendencia del muchacho.
-¡Ja, ja, ja...! Pierde cuidado y te agradezco por tus halagadoras palabras. Pero, todo es cuestión de mucho entrenamiento y disciplina; nada más que eso. Ah..., y una adecuada dirección y control sobre el muchacho.
Al decir estas últimas palabras, Alfenón busca con la mirada a su hijo y lo encuentra de lo más ameno, compartiendo y tomando licor con sus compañeros atletas. Si bien en porte ya es más alto que muchos de ellos, no obstante, en edad es mucho menor. Por ello el rey llama a Apolinum, quien se encuentra cerca y acude al momento, y le habla al oído dándole el encargo... El capitán sonríe moviendo la cabeza en señal de aceptación y dispuesto a cumplir el pedido de su rey. Apolinum se aproxima a la mesa donde se encuentra el príncipe y sus compañeros atletas. Todos, incluso Heracles, al verlo parado junto a su mesa, se incorporan de inmediato demostrando su total respeto.
-¡Tío...! ¿Puedes compartir una copa con nosotros? -le pide el príncipe totalmente ebrio, alcanzándole su copa.
Apolinum sabe que es la primera vez que el muchacho bebe licor, por lo que comprende su estado. Y también es la primera vez que sus compañeros comparten con él. Además, siempre ha sido cómplice y confidente del joven, por lo que acepta la copa y brinda con todos los de la mesa. Pero, luego de compartir por unos momentos con ellos, toma por los hombros al joven.
-¡Ustedes... pueden seguir compartiendo! Pero mi sobrino y yo tenemos que hablar un asunto importante, por lo cual nos retiramos.
Dócilmente Heracles se deja llevar por el capitán. En toda Sumer, el joven príncipe ha demostrado total sumisión y respeto solamente a tres personas: Alfenón, Almea y a Apolinum (a quien ha conocido siempre como su tío; debido a la afinidad de hermanos con su padre).
Al siguiente día, aún con los síntomas de la intensa velada de la noche anterior, los acadios se despiden de Sumer, marchándose hacia su tierra Akkad.
Reencuentro
Muy lejos de Sumer, al noroeste, navegando por el mediterráneo, Zeum y sus legionarios celestes han partido rumbo a "Tesalia". Continuando su implacable persecución a Hydes y sus malvadas huestes. No piensan claudicar en su esfuerzo. Son conscientes de que Hydes y sus tropas son un peligro para la humanidad; ya que por donde han pasado, han propagado el abuso y el terror. Y..., quién sabe de qué más son capaces estos malvados seres celestes.
Anteriormente, con los extraordinarios dones de búsqueda y rastreo con los que cuenta Hermys, habían logrado localizarlos en las tierras de Pilos a orillas del mar Jónico; donde habían tratado de sorprenderlos, pero fueron descubiertos y repelidos en varias ocasiones por enormes rocas lanzadas desde poderosas catapultas que amenazaron con hundir sus embarcaciones, haciendo imposible la intención de desembarcar para enfrentarlos en tierra.
Luego de muchos intentos fallidos a través del mar jónico, decidieron cambiar de estrategia, con la cual por fin se logró penetrar en la península a través del golfo de Mesenia. Logrando con esto y por primera vez en años, enfrentarse al ejército de Hydes. Aunque en desventaja, ya que estos siempre los esperaron bien parapetados en su fortaleza construida especialmente para enfrentarlos. Cuando al fin habían conseguido penetrar en la fortaleza, Hydes ya les llevaba bastante distancia, pues había escapado más al norte, hacia las tierras de Arcadia.
En las poblaciones por donde habían hecho su paso, Hydes y sus fuerzas, cometieron una serie de abusos sobre la inocente población griega. Los cuales, con espanto, llegaron a experimentar y sufrir todo tipo de atropellos. Pero ahora..., han llegado o al menos viene alguien que podría frenar y castigar todas aquellas iniquidades. Cuando Zeum y sus fuerzas navegaron hacia Arcadia, al llegar a las afueras de la localidad se encontraron con una población muy atemorizada de verlos, pues pensaron que se trataba de otro poderoso grupo de seres malvados, como el de Hydes y sus perversos soldados.
Los habitantes de Arcadia escaparon asustados, al divisar a este segundo grupo de imponentes seres celestes arribando a sus tierras. Zeum y sus legionarios trataron de calmarlos, de hacerles entender que no eran enemigos ni buscaban realizar ningún tipo de abusos sobre estos indefensos humanos. No obstante, muchas veces no lograron convencer a los aterrorizados pobladores, aunque en pocas ocasiones pudieron conseguir que algunos perdieran en parte el temor y les proporcionaran información hacia dónde se habían marchado Hydes y sus fuerzas.
Lo cierto es que el muy astuto Hydes siempre había tenido todo bien calculado, ya que además de poderoso, es muy sagaz y no se le pasa por alto ningún detalle. Esto ha hecho que a las fuerzas de Zeum, todo este tiempo les haya sido imposible darles caza, aunque la obstinada persistencia de Zeum y sus legiones es infinita. En varias ocasiones estuvieron a punto de lograr su cometido, sin embargo, siempre ocurrió alguna providencia o eventualidad que se los impidió. Ahora, aprovechando los dones de Hermys, se han enterado de que el enemigo se ha marchado aún más al norte, pasando a través del istmo de Corinto; esta vez para establecerse en Tesalia, no sin antes pasar por localidades como Atenas y Tebas, realizando un sin fin de atropellos y abusos en dichas poblaciones.
Ahora que tienen nuevamente la pista de hacia dónde ha escapado, determinan continuar la cacería, esta vez por otro lado. Por lo que deciden regresar para embarcarse navegando por el golfo de Mesenia, con el fin de dar vuelta a la gran península. No van a claudicar jamás en su intento de perseguirlos y darles caza. Sumidos en esta peligrosa persecución, es que no habían tenido la oportunidad de marchar en busca de Gera y sus dos compañeros.
En muchas ocasiones, el líder celeste estuvo a punto de enviar a Hermys a buscarla para traerla consigo, pero siempre que estaba a punto de dar la orden, había ocurrido algo o lo necesitaba para guiar el rumbo hacia el enemigo. Ahora, en esta nueva travesía de persecución, en el barco que navega adelante se encuentran unos pocos legionarios comandados por Zeum y secundados por Hermys.
Esta noche los dos líderes se encuentran en la proa, pensativos. Por unos segundos, como leyéndose la mente, se miran en silencio. Ambos conocen la zona por la que se encuentran navegando (acaban de salir del golfo de Mesenia y se han internado en el mar de Creta). En estos cinco años, es lo más cercano que han navegado de las islas de Creta, por lo que el vigía rompe el silencio.
-Estamos cerca de Creta. ¿No crees que se podría aprovechar esta oportunidad para pasar en busca de Gera? Demasiados años la hemos abandonado. La verdad, no debimos haberla dejado tanto tiempo prácticamente sola. Sabes que aparte de extrañarla, la necesitamos, puesto que solo tú posees poderes superiores a los de ella. ¿Te imaginas tenerla en nuestras filas? Cuanto nos facilitaría las cosas en estos momentos -asegura el noble Hermys, esperanzado de convencerlo para desviar el rumbo y navegar hacia Creta.
Pero el líder celeste se encuentra indeciso sobre tal determinación.
-Siempre he confiado en tu intuición y prudencia, hoy no será la excepción. Si me convences de que hacerlo es lo más conveniente, desviaremos para buscarla, pero... ten en cuenta que tiene un hijo. El niño quizás solo nos retrase. Con ellos a nuestro lado, es probable que ella o nosotros, en el afán de protegerlo; cometamos errores que nos pueda costar la vida o la de muchos de nuestros soldados. ¿Has tomado en cuenta todo aquello?
Zeum tiene razón en su indecisión y Hermys lo sabe, por ello, en silencio le escucha, aunque siempre buscando las palabras adecuadas para convencerlo; pero el líder celeste aún no ha terminado.
-No creas que el hecho de navegar por estas aguas me es indiferente. Te aseguro que también se me ha cruzado la idea de ir por ella. Pero, como te expresé antes, me tiene indeciso todas esas probables circunstancias que tendríamos que pasar con ella a nuestro lado. Sin embargo, te he dado la oportunidad para que con palabras y argumentos sabios me convenzas de tomar la determinación de ir por ellos. Hazlo, dime por qué no correríamos mayores peligros. Ese argumento es el que espero, pero dímelo con la cabeza y no con el corazón. Convénceme e inmediatamente desviamos el rumbo hacia la isla. Sabes que todos la echamos de menos -demanda Zeum, tratando de escuchar las sabias y prudentes palabras de su capitán.
Hermys es muy hábil para persuadir, hoy ha buscado los mejores argumentos para ello y sabe cómo empezar. Por lo tanto, comienza con una pregunta al líder celeste.
-¿Recuerdas cuando Gera estaba esperando al niño?
-Claro que lo recuerdo y... ¿qué con eso?
-¿Recuerdas cómo creció de rápido su vientre? ¿Recuerdas el tan poco tiempo que transcurrió desde que fue engendrado hasta que nació ese niño...? Yo mismo te respondo; fue menos de la mitad del tiempo de un humano. Han transcurrido más de cinco años. Siguiendo esa lógica de su gestación, ¿no crees que ese pequeño... quizás ahora no sea tan niño? Por mi parte, estoy convencido de que no lo es; pues debe ser un muchacho o quizás ya un joven. Te digo más, conociendo a Gera, estoy seguro de que ella no dejaría que pase un solo día sin adiestrarlo. Posee un rigor y una disciplina inigualable. Mucho más por alguien que de seguro ama por encima de su propia existencia. Por consiguiente, ese muchacho, entrenado como me imagino que se encuentra, a lo mejor se ha convertido en un soldado que puede ser muy valioso para nosotros. En todo caso piensa un poco: ¿Qué perdemos en ir por ellos? Han pasado más de cinco años de esta interminable persecución. ¿Qué más da perder unos días? Gera no se merece tanto abandono de parte nuestra. ¿No crees? Al conocer a su hijo saldremos de dudas. Si me he equivocado en mis deducciones en cuanto al muchacho, no tendremos más remedio que dejarlos un periodo más, pero al menos ya los habremos visto y sabremos con certeza cómo se encuentran. Además, les daremos esperanza a los tres, que de seguro ya la deben haber perdido. ¡Vamos..., anímate, vamos por ellos! -insiste el persuasivo Hermys, entusiasmado porque ha captado en el rostro de Zeum que ha conseguido convencerlo.
-Siempre encuentras las palabras para convencerme, y hoy más que nunca tienes razón en lo que dices. ¡No se hable más del asunto! ¡Vamos hacia Creta a buscar a nuestra comandante! ¡Dales la señal de cambio de rumbo al otro barco! -ordena Zeum totalmente decidido.
Hermys, emocionado, se apresura a cumplir la orden. Con una tea hacen la señal, mientras su barco lentamente cambia de rumbo al tiempo que disminuyen la velocidad; esperando que les de alcance el otro navío. En unos momentos consigue aproximarse el barco que los sigue, en el cual sus tripulantes se encuentran sorprendidos por el repentino cambio de dirección; por lo que se aproximan a estribor para saber el motivo de dicha acción. Hermys les grita:
-¡¡¡Cambio de planes..., nos dirigiremos hacia Creta en busca de nuestros compañeros; sígannos sin retrasarse demasiado!!!
En la otra embarcación, por unos instantes todos se miran sorprendidos por este repentino cambio de planes, pero luego al saber el motivo, reaccionan...
-¡¡¡Gera, Gera, Gera!!! -gritan todos felices por la decisión tomada, puesto que no existe un solo soldado que no recuerde con nostalgia y cariño a la extraordinaria guerrera.
De esa manera, parten en busca de sus compañeros abandonados en la solitaria isla. El barco que transporta al resto de eufóricos legionarios, lejos de rezagarse, casi empujan al navío en el que se encuentran Zeum y Hermys, los cuales observan hacia atrás satisfechos; aunque también con cierta susceptibilidad, por la proximidad con la que avanza el barco de sus entusiasmados soldados.
Los acontecimientos no habían sucedido como Gera había supuesto o imaginado, sus compañeros no la habían olvidado. Es más, se encuentran ansiosos de volver a verla; aunque jamás hubo el momento oportuno de ir por ella. Hasta hoy. ¡No imaginan que la sorpresa les llegará a ambos mucho antes de lo previsto...! Antes de que despunte el alba, el vigía ubicado sobre el mástil principal, divisa un pequeño navío que avanza directamente hacia ellos y da la alarma.
-¡¡¡Se aproxima una embarcación!!!
Zeum, al escuchar la alerta, ordena:
-¡Rápido..., apaguen las antorchas; no quiero una sola luz que nos delate! ¡Hermys, aborda el otro barco y aléjate de nosotros...! Los sorprenderemos desde dos frentes, pero no ataques hasta que veas mi señal. No sabemos si se tratan de enemigos o de inocentes humanos. ¡Deprisa, vete!
Este obedece al momento. Aborda el otro navío y se aleja hacia uno de los costados; aunque sin dejar de avanzar hacia adelante. Al frente, en el pequeño navío, sus tripulantes tarde se dan cuenta de la proximidad de los dos enormes barcos, ya que sobre su pequeño mástil es imposible llevar a alguien de vigía. ¡Con temor divisan el gran barco que se aproxima con gran velocidad hacia ellos y de frente! ¡Luego observan a un segundo que lo hace por uno de sus costados! Gera se da cuenta de que inevitablemente serán alcanzados, por lo que ordena a sus dos acompañantes:
-¡No hay tiempo para esquivarlos a ambos! Pero podemos, al menos por unos momentos, eludir a uno de ellos... ¡Hacia la izquierda, rápido! Los dos, al perseguirnos, se van a obstaculizar el paso. Así, al menos tendremos algo más de tiempo para hacerle frente a solamente uno de ellos.
De manera que, a todo lo que dan sus fuerzas emprenden la huida, sin embargo, resulta imposible escapar, pues los barcos legionarios son mucho más grandes y veloces y ahora se encuentra a punto de darles alcance. En el barco comandado por Hermys sucede lo esperado. Este, con su extraordinaria intuición y quizás guiado por su olfato, cambia de actitud. Su rostro, el cual en un inicio se mostraba tenso, se va transformando y dibujando en él una sonrisa de satisfacción.
-¡Enciendan las antorchas, deprisa!...
Pero al ver que sus indecisos legionarios le miran sorprendidos por la inusual orden; insiste.
-¿¡No me escucharon!? ¡Háganlo!
Sus soldados reaccionan intrigados, pero... al ver la alegría en su rostro se dan cuenta del porqué y obedecen rápidamente. En el barco de Zeum aún no se han dado cuenta a quién se encuentran persiguiendo.
-¡Mi señor!, ¡mira! Nuestros compañeros han encendido sus lumbres y han disminuido el ritmo; es una señal. ¿Qué hacemos? -pregunta uno de sus soldados.
Zeum mira hacia su costado, luego a la pequeña embarcación, la cual desesperadamente trata de escapar. El líder por unos segundos delibera y... ¡al fin comprende!
-¡Enciendan las antorchas! -exclama ordenando con gran voz a sus sorprendidos legionarios, los cuales obedecen, aunque sin comprender aún; mientras disminuyen la veloz persecución.
El barco de Hermys que se ha abierto hacia un costado, desde allí cubre y destapa sus antorchas; repitiendo esta acción una y otra vez. Dando una señal de luz intermitente que significa auxilio o en este caso, ¡no agresión! Desde el barco de Zeum, al observar esta acción, hacen lo mismo, enviándoles ambos navíos la señal de no agresión a la pequeña embarcación.
-¡Madre, mira...! Han dejado de perseguirnos; ahora nos hacen señas para que nos detengamos. ¿Qué hacemos? ¿Obedecemos o seguimos escapando?
Gera observa por unos instantes y determina.
-Si intentamos escapar de todas formas nos alcanzarán. Por lo tanto, es mejor obedecer, pero debemos estar alertas y listos para luchar. Veamos de qué se trata todo esto.
Con temor, pero prestos a combatir y defenderse, se detienen esperando la aproximación de los dos enormes navíos. Tanto Gera como Argos observan al joven Tiseo, el cual, espada en mano, manifiesta toda esa tensión en su rostro. Es la primera vez que se encuentra realmente en peligro. No obstante, a pesar de su corta edad no se muestra para nada amilanado; al contrario, demuestra su temple y valor; dispuesto a pelear con toda su inexperiencia al lado de ellos.
Gera, sin decirle nada, se encuentra orgullosa por el carácter de su hijo. Sabe que la valentía es algo que no le va a faltar nunca. Lo lleva en sus genes y no solo por ella... Lentamente se aproxima a ellos el enorme navío. En seguida hace su aparición el otro barco bajo el mando de Hermys, en el cual todo es algarabía. Los legionarios que navegan con Zeum, se contagian al comprender el motivo de felicidad en sus compañeros.
-¿¡Será posible, madre!? Son nuestros compañeros; al menos eso parece, ya que nos encontramos a su distancia de tiro y solo se observa celebración en los dos barcos.
-¡Sí, hijo mío..., son ellos! Al parecer, ¡al fin vienen por nosotros! -afirma la guerrera con una sonrisa dibujada en su bello rostro, la cual delata su inmensa felicidad al encontrarse por fin con sus compañeros.
-¡¡¡Viva Gera, viva Gera!!! -gritan sin parar los eufóricos legionarios desde ambos barcos, llenos de júbilo y felicidad al tener por fin a su añorada comandante.
Amarran el pequeño navío al de Zeum. Inmediatamente los tres abordan, siendo recibidos con todo el cariño que les tienen. No es para menos, pues es tanto el tiempo que llevaban distanciados.
-¡Sean bienvenidos compañeros! No se imaginan la inmensa alegría que nos da encontrarlos sanos y salvos. No sabes cuánta falta nos has hecho. ¡Pero...! ¡¿Y este muchacho?! ¡¿No me digas que es tu hijo?!
Se sorprende el líder celeste al contemplar a Tiseo, con un porte similar al de muchos de sus legionarios; aunque aún de estatura menos que él. Contempla detenidamente de pies a cabeza al joven, impresionado por el parecido físico del muchacho con su padre Alfenón. Luego mira para todos lados buscando a Hermys, queriendo escuchar su opinión, pero el leal capitán ya se acerca hacia ellos con una amplia sonrisa dibujada en su rostro; manifestando su inmensa alegría de verlos a los tres sanos y salvos.
-¿Aceptas que siempre tengo razón? -le dice al paso a Zeum palmeándole el pecho, aunque sin mirarlo; puesto que su atención se encuentra al frente.
Sin esperar respuesta de su líder, se acerca a Gera y la abraza efusivamente expresándole su inmenso cariño.
-¡Gracias al Supremo que están nuevamente entre nosotros! ¡Espero que nos permita estar siempre juntos de ahora en adelante!
Luego suelta a la guerrera para contemplar de pies a cabeza al joven Tiseo. Lo toma por los hombros para expresarle la inmensa sorpresa que ha causado en todos ellos su increíble cambio en tan pocos años, aunque siempre haciéndolo con su acostumbrada ironía.
-¿Te ha comentado tu madre que fui yo el que te trajo al mundo? Si no supiera que fueron tres los que dejamos en esa isla, jamás habría imaginado que seas el hijo de nuestra comandante. Vamos muchacho..., dinos cómo te llamas. Tu madre jamás nos quiso decir tu nombre -pregunta Hermys, rodeado de los entusiasmados y curiosos soldados celestes.
-Mi nombre es Tiseo. Mi madre dice que llevo este nombre en honor a su compañera Tisea. También me ha dicho que mi padre es Alfenón, un rey sumerio que...
-Ya habrá tiempo para conversar de todo eso, muchacho. Ahora es momento para que descansen y se alimenten. Al lado de nosotros debes sentirte en casa, puesto que aquí todos nos cuidamos unos a otros y, de ser necesario, entregamos la vida por el compañero. Te aseguro que nunca antes estuviste tan seguro -interviene Zeum, evitando que se hable del rey sumerio.
El muchacho mueve la cabeza aceptando, sorprendido por encontrarse ante el poderoso líder celeste; en especial, por el recibimiento que este le brinda. En seguida Zeum ordena:
-Preparen las mejores literas para los tres. Deben descansar que bastante falta les hace. Luego tendremos todo el tiempo para conversar con ellos.
Sus soldados obedecen, incluso Hermys y Zeum les ceden sus propios camarotes, los cuales son los más amplios y cómodos. No obstante, ya está muy cerca el alba, pues en el horizonte ya se empiezan a pintar las primeras luces del nuevo día. Les queda muy poco tiempo para descansar a los tripulantes de ambas embarcaciones. Aunque, obviamente, esta vez los únicos con derecho a hacerlo son los recién llegados.
-¡Retomemos nuestro rumbo! ¡Hermys..., regresa a la otra embarcación! Luego habrá tiempo de más para que podamos preguntar y conversar -ordena el líder celeste, reanudando el rumbo hacia Tesalia en busca de sus enemigos.
En unos momentos, todos se encuentran realizando sus tareas cotidianas, ansiosos, esperando a que despierten y salgan de sus camarotes Gera y sus dos compañeros; para escucharlos y saber de lo acontecido en todo este tiempo transcurrido sin estar al corriente de ellos. Sobre todo, desean conocer más al joven Tiseo, puesto que esperaban encontrarse con un niño; jamás se habrían imaginado toparse con un alto y gallardo joven. Pero por ahora, su curiosidad deberá esperar.
Por su parte, la guerrera en su cómoda habitación no ha logrado pegar un ojo pensando y analizando todo lo sucedido, al fin se encuentran con sus compañeros; algo tanto tiempo esperado para sentirse al fin a salvo. Sin embargo, ahora al encontrarse con ellos no se siente del todo segura. Su intuición le indica que no es tan así, le advierte que vendrán días difíciles; especialmente para ella y su hijo. Por último, ha captado como Zeum, aunque amablemente, cortó el tema cuando su hijo empezaba a hablar de su padre Alfenón. «No, no..., solo son suposiciones mías nada más. Tantos años solos en esa isla me han hecho demasiada desconfiada de todo. No debo temer a nada ahora que estamos todos juntos», se dice para sus adentros, tratando de infundirse confianza. Cerca del mediodía, los tres son llamados a cubierta.
-¡Se los espera para compartir la comida! -anuncia un legionario tocando sus puertas.
-Madre, creo que mi hambre no aguanta más. Apresurémonos, no los hagamos esperar más, tanto a ellos como a nuestros estómagos.
Ella le responde con una sonrisa y salen del camarote. En cubierta, todos se encuentran sentados aguardándolos con impaciencia, aunque no está claro si es por el hambre o por escuchar de los tres todo lo que tienen para relatarles. A decir verdad, la curiosidad de todos se encuentra centrada en el joven Tiseo. Algo obvio, ya que hace poco más de cinco años habían dejado en Creta a un bebe recién nacido al lado de su madre. Ahora esta ha subido con un alto y gallardo joven.
Conocieron muy bien a su padre Alfenón: Un humano sorprendente, el cual fue capaz de ganarse el respeto y la admiración de todos ellos. Pero sobre todo conocen a Gera, su extraordinaria comandante. Por todo ello, es que se encuentran muy interesados en conocer al muchacho, están convencidos de que no es un ser cualquiera; sino que se trata de alguien excepcional. Además, nunca habían visto a alguien ¡mitad humano y mitad ser celeste! Al llegar los tres a la gran mesa, algunos ceden sus lugares, mientras que otros se apresuran a servirles los suculentos alimentos. Lo cierto es que la amabilidad y gentileza sobra hacia ellos, haciéndoles sentirse muy a gusto; sobre todo al joven Tiseo, el cual, con mucho apetito, devora todo lo que le ponen en frente, causando asombro y risas a sus nuevos compañeros.
-No se admiren por su voracidad. En la isla siempre comió más que Argos y yo. Al parecer, su rápido crecimiento es lo que le provoca tanto apetito. Lo bueno es que estos últimos dos años nos hizo todo más fácil, pues era él mismo el que se encargaba de buscarse sus alimentos. Pero aquí, de seguir así, nos dejará a todos sin provisiones -manifiesta Gera, ante el asombro de todos sus compañeros.
-¡Ja, ja, ja! De ser así, debemos atracar en la primera isla que encontremos para buscar más provisiones. Y ahora que sabemos, será con él adelante para que se encargue de buscar su propio menú -declaran burlándose algunos legionarios, divertidos por la voracidad del muchacho.
Lo cierto es que todos, aparte de encontrarse contentos con ellos, también están sorprendidos por la voracidad del joven.
-Tienen razón, hijo. Debes frenar tu apetito, al menos mientras nos encontremos en alta mar.
-Madre, solo será por hoy. Sabes cómo me tenías restringido en nuestra pequeña barcaza. Además, nunca había comido un alimento como el de hoy, es realmente delicioso; pero te prometo que desde mañana no comeré tanto, ¿sí?
-Tranquilo, muchacho, come hasta saciarte; te entendemos. No tienes por qué sentirte avergonzado. Aún tenemos provisiones de sobra para todos. Debes sentirte entre hermanos; con esto te pido que te expreses sin miedo y con confianza hacia todos nosotros -le afirma Zeum, tratando de ganarse su confianza.
Luego de que se ha ganado la confianza del joven, pregunta:
-¿Te ha preparado tu madre para combatir? Me refiero a si... sabes luchar con armas de verdad.
Todos los comensales quedan en silencio, aguardando con expectativa la respuesta del joven, quien ante la pregunta mira a Gera y a Argos, enseguida sonríe y con seguridad responde:
-Desde muy pequeño, todos los días recibía de mi madre y de Argos, adiestramiento en las artes de lucha y el manejo de diferentes armas. Pierdan cuidado que sé cuidarme solo. Les aseguro que no seré un estorbo o atraso en nuestros planes. Digo así, porque de ahora en adelante también son los míos.
-Ya he visto antes tanta seguridad y temeridad, aunque tú sí debes escucharme y obedecerme. Pido esto por tu propio bien y el de todos nosotros. ¿Me entiendes? -le recomienda Zeum mirando a Gera, la cual ha captado el mensaje; sobre todo, a quién se ha referido cuando habló de temeridad...
El muchacho, con inocencia y ajeno a todo lo pasado entre Zeum y su padre, responde:
-Pierde cuidado, tú eres el líder. Te aseguro que de mi parte nada se hará sin tu consentimiento. Solo te pido que compruebes mi nivel para luchar y me enseñes aún más, porque mi deseo es convertirme en un guerrero muy útil para nuestra causa.
Tanto Zeum como Gera quedan sorprendidos por la petición del joven. Al ir transcurriendo el almuerzo en medio de total camaradería, entre legionarios y el sorprendido muchacho por la atención que recibe, sin que los demás se den cuenta, el líder celeste, con admiración observa detenidamente al muchacho. Ya antes había visto y captado tanta osadía en su padre Alfenón. «¡Tienen tanto parecido y..., no es solamente en lo físico!», razona en silencio.
Recuerda con admiración a Alfenón, sobre todo, por el combate con este y lo no fácil que le resultó vencerlo. Siempre entendió que el rey sumerio no es un humano cualquiera. Es más, sabe bien que es un hombre excepcional. Ahora, al contemplar al muchacho, presume que muy pronto se convertirá en un extraordinario guerrero, pues genéticamente posee todos los atributos para ello. Tanto por el lado del padre, pero, sobre todo, por ser hijo de su compañera de batallas; la hermosa pero temible en combate, Gera.
Jamás existió ni existirá un rival que le haga temer enfrentarlo. Sin embargo, ahora, al observar a Tiseo; espera no llegar nunca a tal situación con el muchacho, pues en las pocas horas que lo conoce le ha llegado a estimar. Tanto por la docilidad del muchacho para con él, como también por tratarse del hijo de Gera, a quien siempre ha apreciado de sobremanera en sus filas. Por todo ello, espera que el joven le sea siempre leal y útil en sus filas, y más con todo lo que está dispuesto a enseñarle al inocente joven.
Sumido en estos pensamientos, le asalta con nostalgia el recuerdo de Almea y de su hijo. «¿Cómo será? ¿Cómo estará su hijo? O mejor dicho... mi hijo. ¿Sera impetuoso y gallardo al igual que este joven?», piensa en silencio el poderoso Zeum. Gera, que no pierde jamás un detalle, se ha dado cuenta cómo su líder ha contemplado de pies a cabeza a Tiseo; circunstancia que la inquieta un poco. La guerrera, además de la inspección analítica hacia su hijo, también ha notado la mirada nostálgica de su líder; por lo que casi puede adivinar lo que pasa por su mente. También ella ya antes se había imaginado e idealizado, cómo será el hijo de Zeum con Almea. Este, intuitivamente mira a Gera y le lanza una pequeña sonrisa al darse cuenta de que está siendo observado por la guerrera. Está seguro de que ella adivina lo que está pensando.
-¿Podemos conversar en privado más tarde? -le pide Zeum, en un tono más de respeto que de imponencia; algo poco habitual en él.
-Por supuesto, yo también tengo muchas preguntas que hacerte -responde la guerrera, ansiosa por saber a detalle todo lo ocurrido estos años de obligada ausencia.
Tiseo, algo sorprendido mira a Argos, el cual le responde encogiéndose de hombros con una pequeña sonrisa; manifestándole que no hay por qué preocuparse. Por lo cual ambos continúan tranquilos con el banquete. Más tarde, tal como lo había previsto, Zeum entra en la habitación de la guerrera, la cual se encuentra en compañía de Tiseo.
-Espero que se encuentren cómodos, pues es lo mejor que tenemos.
Ambos le expresan su satisfacción. No obstante, Zeum no ha entrado solo para averiguar cómo se encuentran.
-¿Me permites conversar en privado con tu madre?
-Por supuesto. Debes tener mucho qué explicarle por tantos años que hemos estado aguardando tu llegada. Madre, estaré afuera para cualquier requerimiento tuyo -afirma obedeciendo el joven, parándose frente al poderoso líder; notando el gran porte de Zeum.
Seguidamente el muchacho se retira y Zeum, sin decirle nada, le deja hacerlo. Al quedar solos, Zeum procede a relatarle todo lo ocurrido estos últimos años y los motivos de la tardanza en ir por ellos. Gera también le narra todo lo acontecido en Creta, aunque de parte de ella no existe mucho que relatar; solamente el intenso entrenamiento al que había sometido a su primogénito todos estos años y la capacidad de este para asimilar, aprender y superarse día tras día.
-¡Es increíble cómo ha crecido! Hermys lo predijo. Ah..., sé que notaste cómo lo observaba durante la cena; tú sabes el motivo. Nunca más tuve noticias de ellos. Te prometí y me prometí a mí mismo, dejarlos vivir en paz y he cumplido, aunque no te puedo mentir. Al ver a tu hijo me asaltó una tristeza y ganas de saber cómo se encuentra mi hijo, quisiera verlo. Ojalá tenga la gallardía que tiene el tuyo. ¿Crees que así será?
-¿Por qué lo dudas? Tienes la misma naturaleza que yo. Además, su madre es una mujer muy bella, por lo cual, de seguro es un joven alto, fuerte y muy guapo. Las dos primeras de seguro las ha heredado de ti -responde con una juguetona ironía, provocando en él una nostálgica sonrisa.
Luego el melancólico líder continúa.
-Esos dos humanos nos marcaron para siempre. ¿No crees? ¿Tú..., aún lo recuerdas?
-Si lo que no te atreves a decirme es que aún no has olvidado a Almea, yo sí te soy sincera; jamás pude olvidarme de Alfenón. Fue y siempre será mi gran e imposible amor, puesto que juntos pasamos momentos que me son imposibles de olvidar. Ahora tengo un hijo de él. Cada día, al verlo, me lo recuerda. Pero es algo con lo que debo vivir y así aprendí a hacerlo. El tiempo que pasó, si bien no me ayudó a olvidarlo, al menos me enseñó a vivir resignada -confiesa con sinceridad la hermosa guerrera.
Al hablar de Alfenón, con nostalgia le vienen a su mente todos aquellos bellos momentos compartidos con el sumerio. Zeum, que la ha escuchado con atención, se da cuenta de la melancolía que refleja el rostro de la bella guerrera.
-Te comprendo más de lo que crees, puesto que jamás me pude sacar de la cabeza a esa sumeria. Siempre me pregunte, ¿qué tanta influencia son capaces los humanos de ejercer sobre nosotros? ¿Recuerdas las locuras que fuimos capaces de cometer por ellos? Ahora, analizándolo bien, de los dos tú fuiste la más tonta. Al menos yo no arriesgué la vida como lo hiciste tú, ¿no crees? Vamos..., dame la razón. Pretendo alguna vez quedar de menos tonto entre los dos -expresa bromeando, tratando de convencerse así mismo de que esta vez tiene la razón.
Ambos sonríen recordando sus anécdotas pasadas. Luego de pasados unos momentos, Zeum desea saber qué influencia podría tener Alfenón sobre su comandante, ante un hipotético encuentro entre ambos.
-Si lo volvieras a ver, ¿seguirías fiel a nuestra causa o te irías con él? Respóndeme con sinceridad, necesito saber hasta dónde puedo contar contigo, porque eres mi más valiosa guerrera y te necesito totalmente comprometida con nuestro objetivo; así que dímelo.
-No te preocupes por eso, pues aprendí a vivir sin él. Mi hijo y nuestra causa son mis únicas razones. Ahora que estamos juntos, no debemos descansar hasta dar con Hydes y eliminarlo junto con sus tropas.
Gera le ha respondido con sinceridad, no obstante, también siente la misma preocupación por el líder celeste.
-¿Y tú, tienes el mismo compromiso? ¿Si la ves, no cometerás las tonterías que antes hiciste? Responde..., sabes que más que aliados; hemos sido cómplices y podemos decirnos las cosas sin temores -lo interroga, consciente de que este nunca tuvo la misma determinación y voluntad que ella.
Zeum la mira por unos segundos, y ante la mirada indagadora de la guerrera decide responder:
-Maldita sea, tú sí sabes dar donde más duele. Lo único que te puedo asegurar es que para mí nada ni nadie es más importante que nuestro objetivo. Después de eso, no te puedo garantizar más nada -responde, dejando en ella cierta preocupación.
Gera comprende lo que esto puede significar en un futuro, ante un hipotético encuentro entre su líder y la sumeria; o en el peor de los casos, con el rey sumerio Alfenón. Pero por el momento estas son solo hipótesis y ya llegará su momento para pensar en esas cosas. Ahora existen asuntos más reales y apremiantes que atender; "como la persecución a sus enemigos".