Sumer
Han pasado seis años desde aquella feliz llegada al puerto de Sumer, la cual estuvo llena de grandes sorpresas. No obstante, desde ese tiempo hasta ahora, muchas cosas han cambiado... El rey Alfenón y su esposa, la hermosa legionaria Gera; han engendrado una hija llamada Dayanna. La cual, como era de suponer y al igual como sucedió con Tiseo, vendría dotada de una extraordinaria genética, superior a la humana.
Seis años fueron suficientes para que Dayanna, desarrollara su esplendidez y extraordinaria belleza. Si bien aún no alcanza el imponente porte de su madre, ya evidencia los cautivadores rasgos heredados de Gera. No es rubia como su madre, su pelo es de un hermoso tono castaño, el cual combina con sus bellos y cautivadores ojos color miel; los que con su penetrante mirada, ponen en evidencia su fuerte personalidad.
Sin duda que su extraordinaria belleza, hace que le sea imposible pasar desapercibida en toda Sumer. Sin embargo, para ella los pretendientes son escasos por no decir que no existen, probablemente por su seriedad y fuerte temperamento que posee. Por otra parte, la hermosa jovencita solamente se ha interesado en aprender el arte de luchar y nada más. Cerrando las puertas o la posibilidad a algún intrépido galán que pudiese acercársele con intenciones de cortejarla.
En un principio, el rey sumerio Alfenón se había opuesto a que su pequeña aprenda el uso de las armas. Pero luego, poco a poco se fue dando cuenta con resignación, que no se puede luchar contra la herencia de sangre... Dayanna desde muy pequeña y a escondidas de sus padres, se escapaba para aprender y practicar el arte de combatir. Ahora, a sus escasos seis años, se ha convertido en una extraordinaria jovencita: alta, hermosa como ninguna y, además, muy hábil en el uso de las armas.
-¡Vamos, ataca, ataca...! ¡No desaproveches tu ventaja! No debes permitir que tu rival se recupere; ya que podría ser tu fin. -Le enseña Tiseo a la joven luchadora.
El príncipe Tiseo, a escondidas de sus padres, les ha estado enseñando; tanto a su hermana menor Dayanna, como a su hijo Egeo. Con satisfacción y orgullo ha advertido el asombroso avance en ambos muchachos, hasta convertirse en formidables gladiadores. A Egeo (es hijo de Tiseo y Ariana) le habían puesto ese nombre, en honor al padre de la joven griega, el cual fue asesinado en Tebas.
Obviamente y al igual que Dayanna, en estos escasos seis años, Egeo se ha convertido en un joven alto, fuerte y muy guapo; el cual, con su sola presencia hace suspirar a todas las muchachas en el pueblo. Sin embargo, él solamente tiene ojos para una... puesto que estos dos jóvenes sumerios que llevan sangre celeste en sus venas, no son la única atracción de toda Sumer... Leuce (la esclava rescatada en las tierras griegas) ha concebido una hija, engendrada por Heracles (en aquellas interminables noches de pasión entre ambos). "Leyda" es el nombre que Leuce le puso a su hermosa hija.
Leyda también se ha convertido en una jovencita muy bella. Aunque esta, al contrario de los otros dos jóvenes, no se ha inclinado por las armas. Sus principales atributos son: su extraordinaria inteligencia e intuición, cualidades que casi la hacen adivinar lo que está por suceder; además de siempre encontrar la adecuada solución ante cualquier situación. Estos tres muchachos, dotados de extraordinarias facultades, han crecido bajo la protección del rey Alfenón y la reina Gera.
Algo que resultó inevitable viviendo en el palacio, fue el hecho de que entre Leyda y Egeo haya nacido el amor. Los dos poseen sangre celeste, pero también humana, por lo tanto, era de suponer que hubiese nacido la atracción entre ambos. Sin embargo, llevan una relación casi secreta, puesto que hasta ahora la única que lo sabe es Dayanna; quien muchas veces había actuado de cómplice, para los furtivos encuentros entre los enamorados. Para los cuales, cada vez les resulta más complicado mantener en secreto su relación y "sus reservados y efusivos encuentros amorosos". Esta noche él la espera en las afueras del palacio en una cercana cabaña, la cual han convertido en su escondite secreto o mejor dicho; "su nido de amor".
-Amor mío, temí que no pudieras venir.
-Yo también... No sabes todo lo que tuve que ingeniarme para poder salir -responde la jovencita, feliz de encontrarse en sus brazos.
-¿Sospechas que alguien te haya visto salir del palacio?
-No..., no lo creo, pero tengo el presentimiento de que Gera sospecha algo, lo vi en sus ojos, ya que cuando me encontraba recorriendo los pasillos para venir, nos encontramos y me saludó con esa penetrante mirada que te interroga -le comenta con cierta preocupación la muchacha, puesto que nunca se equivoca en sus intuiciones.
-No te preocupes por ello, puesto que va siendo el momento de que les declaremos a todos nuestro amor. Deberán entender que a pesar de nuestra edad; no somos niños y nada nos impide amarnos como lo hacemos -asevera Egeo, tomándola por la cintura y atrayéndola hacia él para darle un apasionado beso. Al que Leyda corresponde con todo su amor y predisposición.
Luego el joven lentamente y sin prisa la va desnudando. Acción a la que ella, dispuesta como siempre, le deja hacer. Ahora que ambos han dejado en el suelo sus vestimentas, dan rienda suelta a sus ansias y deseos que siente el uno por el otro. No saben a qué los llevará todo este frenesí de pasión. A decir verdad, cuando están amándose, eso es lo que menos les importa.
Efectivamente y tal como la muchacha había supuesto, Gera se ha dado cuenta de que Leyda algo oculta, ya que después de su encuentro con la joven en el pasillo, sigilosamente y con bastante prisa la había visto abandonar el palacio. La intuición de Gera es tanta, que casi puede adivinar hacia dónde se ha dirigido la muchacha. Hace bastante tiempo que Gera sospecha de una relación más allá de la amistad entre Leyda y Egeo. Su gran perspicacia la ha hecho percibir algunas disimuladas y furtivas miradas entre ambos. Detalles que solo ella ha apreciado, pero que lo ha mantenido en silencio todo este tiempo.
La hermosa reina de Sumer no puede predecir si esta circunstancia, será motivo para alegrarse o preocuparse. Por una parte, razona que los dos son aún muy jóvenes para afrontar, lo que según y cómo van las cosas, sucederá. Pero también comprende que nada les impide amarse. Por ahora, ha decido guardar silencio sobre sus conjeturas, puesto que son solo sospechas, razona, tratando de engañarse a sí misma. Luego decide no pensar más en el asunto y se dirige a su habitación.
-¿Qué te pasa, sucede algo? Te noto muy pensativa -pregunta Alfenón, al advertir en ella cierta actitud retraída.
La hermosa Gera reacciona evitándole el tema. Lo conoce muy bien y "sabe el modo de distraerlo para sacarlo del tema..." Esta noche los jóvenes no serán los únicos en pasar una gloriosa velada...
Días después en una tranquila mañana, se da la señal de alarma en el puerto, la cual informa sobre la presencia de un par de navíos que se aproximan. Apolinum es el primero de los comandantes en subir a la torre de vigilancia y observa que son barcos acadios. El capitán sumerio se muestra intrigado, puesto que no es temporada de competencias y estos jamás los han visitado fuera de tales fechas. «Sospecho que no deben traer nada bueno», deduce algo preocupado el comandante sumerio.
-¡Permítanles atracar..., son nuestros amigos! -ordena mientras baja para recibirlos.
El rey acadio "Sargón" es el primero en desembarcar (tras la muerte de Murabi, este había tomado el trono de Akkad). El acadio de inmediato es conducido por Apolinum hasta el palacio real, donde es recibido por Alfenón y Gera.
-Dime, amigo mío, a qué se debe esta inesperada pero agradable visita, la cual espero no sea portadora de malas noticias -lo saluda el rey sumerio extrañado por su presencia, mientras le estrecha el brazo en señal de amistad.
-Es cierto y entiendo tu extrañeza por verme en esta época. Tengo tantas cosas que hacer en mis tierras, por las cuales no vendría, si no se tratara de algo tan importante que tengo para confesarte. Pero..., se trata de un asunto el cual quisiera conversarlo en privado; es decir solamente contigo y Gera, si así me lo permites.
Gera y Alfenón se miran intrigados. No obstante, aceptan y ordenan al resto retirarse de la gran sala. Los soberanos de Sumer conocen el fuerte temperamento de Sargón, sobre todo Alfenón, quien lo ha visto luchar al lado de su antiguo rey Hermenón; un líder ambicioso y expansionista. Y..., tal parece que este tiene bastante de aquello, puesto que se trata de un rey prepotente y opresivo.
Se encuentran convencidos de que este rey acadio les finge amistad. Actitud que es influenciada más por el temor, que por el pacto de amistad acordado entre ambos pueblos vecinos. Están convencidos de que Sargón no los ha atacado intentando invadirlos, debido a la presencia de Gera y de Tiseo. Sumado a ello, la afinidad de estos con los poderosos legionarios. Así también, por las nuevas armas y la preparación con las que ahora cuentan los sumerios.
Al encontrarse los tres soberanos solos, Sargón les relata lo ocurrido a sus soldados al explorar (por no decir invadir) las islas de Creta en el mar mediterráneo. Les menciona que toda la patrulla que arribó a aquellas islas, jamás regresó. Por lo que se vio obligado a enviar a un segundo grupo de soldados para buscarlos. Sin embargo, de esta segunda patrulla, solamente lograron regresar con vida tres de sus hombres; los cuales relataron que encontraron las cabezas de sus compañeros clavadas en picas. Posteriormente, ellos también fueron atacados por certeras flechas.
-Estos tres de milagro consiguieron escapar -menciona el acadio concluyendo su relato.
-No pienso igual que tú. Creo que deliberadamente los dejaron escapar para que te entreguen el mensaje -le aclara Gera, sembrando aún más la duda en ambos soberanos.
-Lo que dice Gera tiene sentido. Los tres sabemos que no enviaste a tus soldados a esas islas para explorar, sino para invadir. En tal caso, es probable que te hayas equivocado de víctima. Quizás, algún pueblo cansado de tus abusos y tus planes expansionistas, ahora te quiso enviar un mensaje de advertencia -increpa Alfenón al acadio; amonestándolo por su actitud opresiva de siempre hacia sus vecinos.
-¡¿Cómo puedes decir eso?! ¿Alguna vez te he dado motivos para que me hables de ese modo? ¿Es esa tu hospitalidad? -protesta furioso el temperamental Sargón, levantándose de su asiento.
-¡¿Deseas hospitalidad...?! ¡Aprende a ganártela. Ahora baja el tono y siéntate! -le responde de igual forma Alfenón, parándose frente al acadio.
El impulsivo líder acadio no se amilana, de manera que ambos se miran frente a frente desafiantes. Gera, que hasta ese momento había permanecido sentada y tranquila, no se encuentra con ánimos de escuchar ni presenciar una pelea sin importancia entre estos dos machos cabríos. Además, tiene algo más importante que añadir, por lo que decide intervenir.
-¡Cálmense ambos y escúchenme...! -ordena interponiéndose entre los dos colocando sus afectuosas; pero esta vez poderosas manos sobre el pecho de ambos reyes. Aclarándoles que mientras ella se encuentre, no podrán avanzar ni un centímetro más.
Ambos soberanos miran a Gera y luego se miran entre sí, entendiendo el mensaje; en especial el acadio. De manera que deciden apaciguarse y se sientan, dispuestos a escucharla. Ante lo cual, ella les menciona su razonamiento.
-Es probable que el mensaje, no haya sido destinado solamente para ti. Quizás quienes mataron a tus soldados, lo hicieron sabiendo que vendrías a avisarnos. Es por ello que les pido calma, para que analicemos los acontecimientos.
-Pero... ¿Quién tendría la intención de amenazarnos? Todos estos años hemos vivido en completa paz. La verdad no encuentro sentido en lo que dices -cuestiona Alfenón, escéptico ante aquella posibilidad.
Gera le responde con una mirada de complicidad, dándole a entender que eso es algo que lo deberán conversar en privado. Luego responde dirigiéndose a los dos.
-Aún no lo sabemos. Por lo cual, creo que es el momento de salir para averiguarlo. Puede que se trate de un peligro, el cual nos pueda tomar desprevenidos a ambos pueblos. Por lo que sería mejor averiguarlo a tiempo ¿no creen?
-¡Eso es precisamente lo que busco! Además, sé que nadie como tú para conocer aquellas islas. Entonces ¿están dispuestos a acompañarme?
Ante la propuesta del líder acadio, Gera guarda silencio y mira a su esposo, otorgándole como siempre, la autoridad de soberano para decidir. Aunque en realidad, ambos saben que Alfenón jamás le niega una sugerencia o pedido. Por lo cual, Alfenón mira a Gera y luego a Sargón, para finalmente decidir.
-Navegaremos contigo hacia aquella isla. Veremos qué es lo que existe allí, que pueda resultar una amenaza para nuestros pueblos.
Sargón sonríe satisfecho, puesto que su objetivo de haber navegado hasta Sumer se encuentra cumplido. En tal caso, aunque no le agradan los sumerios, considera que es mejor tenerlos de su lado.
-Entonces no se habla más del asunto, los esperaré en Akkad para que juntos naveguemos a Creta. Estoy complacido de tener la ayuda del pueblo sumerio. Ya verán que les quitaré ese mal concepto que tienen de nosotros o de mí, más propiamente -expresa el líder acadio, sonando ahora más amistoso y conciliador.
Muy temprano, los dos barcos acadios salen del puerto regresando a Akkad. Luego de despedir a los visitantes, Alfenón le pregunta Gera qué es lo que esta sospecha.
-¿Recuerdas a la egipcia Mente? -le pregunta Gera.
-Claro que sí. Pero ¿qué con eso?
-¿También recuerdas que estaba esperando un hijo y quién era el padre? -continúa Gera preguntándole, metiéndolo poco a poco en el asunto.
-Claro que lo recuerdo. Pero... ¿Crees qué...?
Gera simplemente mueve la cabeza afirmando.
-¡Un hijo de Hydes y al mando de un ejército tan poderoso como los egipcios! ¡Dios no..., eso sí que sería muy grave! -manifiesta el rey sumerio con bastante preocupación.
-Así es... Ya has comprobado el poder de nuestros hijos. Por lo cual, te aseguro que si se trata de un guerrero, este no es menos fuerte que Tiseo o Heracles. Y si ese joven ha heredado la maldad de su padre, no quiero ni pensar de lo que sería capaz -asevera Gera muy preocupada.
Alfenón decide reunir a su círculo de mayor confianza. Se hacen presentes: Gera, Apolinum, Tiseo; y por primera vez se incluyen a los jóvenes: Egeo, Dayanna y Leyda. Ambos reyes les manifiestan lo que han decidido.
-Padre... ¿A quién dejarás en tu lugar durante nuestra ausencia?
-A ti...
Tiseo se muestra contrariado con la decisión de Alfenón. ¡Tantos años que han pasado! Hubiese querido regresar al lugar donde vivió su corta infancia, pero es la decisión de su padre, ante la cual, es obediente y comprende los motivos. No obstante, aún faltan por definir otro detalle, el cual es: Gera la que se encarga de determinar.
-Viajaremos solamente con unos cincuenta soldados. El resto se quedará para cuidar a nuestro pueblo de algún posible ataque por sorpresa. Tú quedarás como soberano (dejándole el mando a Tiseo). Egeo, Dayanna y Leyda, te acompañarán y ayudarán en lo que fuese necesario.
En realidad, tanto Gera como Alfenón, no se fían del todo del líder acadio. Es por ello que deciden dejar el grueso del ejército cuidando Sumer. Saben que el más apropiado para comandar y cuidar a la población es Tiseo, quien ha demostrado con creces su capacidad para ello. Además, ha llegado el momento de proporcionarles algunas responsabilidades a los tres jóvenes, los cuales tienen ahora la misma edad de Tiseo; cuando este, obligadamente comenzó a demostrar todo su temple y valor.
Ahora Gera y Alfenón confían en las facultades de los muchachos. Por lo tanto, para ellos ha llegado el momento para demostrar la confianza que le tienen. Ariana se encarga de mitigar la tristeza de su esposo Tiseo, quien tanto hubiese deseado regresar a aquel lugar que le trae tantos recuerdos. No obstante, Dayanna, al igual que su hermano mayor, se siente fastidiada por la decisión de sus padres. Contrariada razona que ¡tanto entrenamiento para qué! Aunque no lo expresa, su rostro lo manifiesta.
En cambio, Egeo y Leyda casi no pueden ocultar su entusiasmo, puesto que ahora tendrán mayor libertad para amarse, sin el temor a ser descubiertos. Al día siguiente empiezan los preparativos para la marcha. Es Apolinum quien selecciona a los cincuenta soldados para este nuevo emprendimiento. Mientras en palacio, Alfenón y Gera, se preparan para la aventura en las islas griegas; bajo la disgustada mirada de su hija Dayanna; la cual, parada en la entrada y de brazos cruzados, no les menciona nada; sin embargo, les hace evidente su fastidio por no haberla incluido. Se miran por unos momentos, pero es Alfenón el primero en acercársele con la intención de consolarla.
-Hija mía..., no te pongas así. Esta decisión es por tu bien. Moriría si algo te llegara a pasar; entiéndeme.
-Es por ello que quiero acompañarlos. Nadie mejor que ustedes dos para cuidarme. Se llenan la boca expresando su amor hacia mí. Pero ahora me están dejando aquí bajo el cuidado de mi hermano. Y yo..., solamente me siento segura estando al lado de ustedes y con nadie más -les reprende, con los ojos vidriosos a punto de llorar.
Para Alfenón, ver llorar a su hija es su mayor debilidad. Dirige su mirada a Gera, como buscando una solución a esta situación que le angustia. Por su parte, Gera conoce mejor que nadie a Dayanna. Advierte que gran parte de esto es una treta, por lo que ya se imagina quién se encuentra detrás de todo esto. Aunque, por otra parte, también entiende que, en cierto modo, la joven princesa tiene razón. Además, deduce que se sentirá mejor teniéndola cerca de ella para cuidarla. Mucho más ahora, que su preciosa hija se ha vuelto tan intrépida y temeraria para el combate.
-Ella tiene razón, debemos llevarla..., es mejor que esté a nuestro lado, ¿no crees?
Alfenón no se encuentra convencido por la propuesta de Gera, puesto que se trata de llevar consigo a su mayor tesoro, a un lugar en el que lo más probable los esté aguardando un gran peligro. Por ello no se decide y vacila por unos instantes. No obstante, la muchacha ha notado su indecisión y percibe que la posibilidad se encuentra a su alcance. En tal caso, sabe cómo convencer a su padre.
-¡Padre amado, sé que no me dejarás...! -le expresa abrazándolo y besándolo en las mejillas.
El enérgico rey sumerio, ante esta conducta de su hija, se muestra desarmado, puesto que le resulta imposible negarle algo a su amada. De manera que, aunque sin estar del todo convencido, mueve la cabeza dando su aprobación.
-¡Gracias padre..., sabía que no me dejarías! -manifiesta feliz la hermosa jovencita, llenándolo de adulos y besos.
Luego la muchacha, llena de felicidad, se retira a prepararse para la gran aventura. Gera mira a Alfenón y sonríe. Ya sabía que este no le podría negar nada a su hija. Dayanna, en su habitación, recibe la visita de Leyda, quien se alegra al verla tan feliz.
-Al parecer, ya estás convencida de que viajarás -expresa Leyda sonriendo, puesto que ella fue quien le enseñó la manera de convencer a su padre.
-Sí..., y todo gracias a tus consejos. Estoy en deuda contigo, amiga mía.
-Te tomaré la palabra y te cobraré el favor cuando llegue el momento -asevera Leyda sonriendo en tono de broma.
Dayanna responde afirmando con la cabeza y una sonrisa en su rostro. La joven princesa ya se imagina cómo será la devolución del favor. Por otra parte, siempre ha admirado a Leyda, pues conoce la gran inteligencia y la astucia de la que está dotada la hija de Heracles.
-Un hombre jamás podría reusarse a un par de lágrimas; y menos un padre a su hija.
Al expresar Leyda esto último, las dos quedan unos instantes en silencio... Dayanna, al observar la melancolía en el rostro de Leyda, no sabe qué expresarle para evitarle aquel mal recuerdo de no haberse criado con su padre, Heracles. Sin embargo, Leyda sí.
-Tranquilízate..., no te sientas mal por mí. Era tu hermano o él. Si hubiese sido Tiseo el que se haya marchado con los legionarios, yo jamás habría conocido al amor de mi vida ¿no lo crees así? -concluye Leyda, tratando de consolarse ella misma con aquel argumento.
Después las dos hermosas muchachas se despiden con un fuerte abrazo, deseándose la mejor de las suertes. La hija de Gera toma su bolso y sale presurosa para reunirse con el resto, los cuales ya se encuentran abordando las dos naves. Al cabo de unos instantes parten rumbo a Akkad, para luego, conjuntamente con los acadios, navegar a las islas de Creta. En el muelle, Tiseo abrazado de su esposa Ariana y acompañado de los jóvenes amantes Egeo y Leyda; contemplan su partida.
Atom
También en Egipto, más propiamente en Menfis, muchas cosas han cambiado en estos últimos años, sobre todo, desde la muerte del bondadoso rey egipcio. El anciano soberano, al encontrarse muy enfermo y sabiendo que su muerte estaba cerca, había nombrado como su sucesor a su primogénito "Menes" (hermano mayor de la princesa Mente).
Sin embargo, tras la muerte de su padre, el príncipe Menes ascendió al trono por muy corto tiempo; porque fue derrocado por su sobrino, el cruel "Atom". El joven Atom es hijo de la princesa Mente, engendrado por el maligno Hydes. El hijo de Hydes, luego de derrocar a su tío y hacerse con el poder, para aparentar ser magnánimo y piadoso ante su gente, no mató a su tío y solamente lo desterró; para que este regente una lejana provincia ubicada en las riberas altas del caudaloso río Iteru.
La princesa Mente, si bien había sido advertida por Gera, sobre el crecimiento inusual y rápido de su hijo, jamás imaginó que fuese así tan deprisa. Por otra parte, siempre siguió los consejos de Gera, sobre inculcarle y enseñarle buenos valores como la bondad y la justicia. Pero y pese a perseverar en tal intento, a veces es imposible luchar contra los genes y la inclinación hacia la maldad. Y eso es precisamente lo que sucedió con el joven Atom.
En un principio, no solamente la princesa sino todo el círculo cercano a ella, habían notado el inusual y rápido crecimiento del niño hasta convertirse en un joven. También habían observado asombrosas hazañas que este realizaba. Por lo que, por muchos, era considerado algo así como una deidad; a la cual, primero admiraron y respetaron, pero luego, al ir creciendo le fueron temiendo. Mucho más, cuando este comenzó a demostrar su extraordinario poder y fuerza sobrenatural.
Ahora, su sola presencia les atemoriza, ya que si a sus casi dos metros y medio de estatura, le sumamos ese carácter fuerte y opresivo que posee; es obvio el temor que este les infunde. Mente en un principio había observado con angustia, la conducta y los abusivos actos de su amado hijo. Ahora lo hace con resignación e impotencia, porque este gobierna a su antojo en base a la tiranía y el terror. Ahora, con el joven en el poder, nadie se siente a salvo, incluso, su madre le ha llegado a temer.
Hace poco menos de dos años que Atom no le obedece, es más, la ignora por completo. La reina madre lo ama como toda madre a su hijo, pero hasta hoy en día ha llegado a ser mayor su temor; tanto es así, que en lo posible prefiere evitarlo. Asunto que a Atom no le interesa en lo más mínimo. Mente se pone a recordar y a comparar. Razona que, inclusive Hydes en toda su maldad, había tenido momentos de disfrazada bondad, los cuales, aunque fueron fingidos; de todas formas le demostró más aprecio que su propio hijo.
«Por todos los dioses ¿qué he engendrado? ¿Un monstruo? ¿En qué he fallado?», se pregunta en silencio, llorando algunas veces. También recuerda a Gera, sobre todo, en cuánto le hubiera ayudado la presencia de esta cuando su hijo era todavía un niño. Ahora sabe que ya es demasiado tarde... Gera le había prometido visitarla algún día, y ese día nunca llegó. Ahora espera que nunca lo haga, puesto que inevitablemente sería una guerra, en la cual, no sabe de qué lado estaría ella.
Atom, siendo todavía un niño, se enteró de quién fue su padre; también de toda la pasada, la negra historia del líder rebelde. Este conocimiento tuvo un efecto decisivo y crucial en él, puesto que fue el punto de quiebre para inclinar su carácter hacia el lado obscuro. En este último tiempo y debido a las continuas expediciones que realiza su hijo, Mente sabe que llegará el momento en que Atom se encuentre cara a cara; ya sea con los legionarios al mando de Heracles o con los sumerios al mando de Alfenón y Gera.
En este último año, su hijo se ha encargado de formar el ejército más grande que el mundo haya visto. Y por si fuese poco, ha fabricado nuevas y mortíferas armas. No obstante, la egipcia conoce el increíble poder de Gera, Heracles y el resto de sus legionarios. Por ello, no desea ni imaginar tal enfrentamiento, porque comprende que dicha situación sería un desastre para ambos bandos.
Sin embargo, y debido a ciertas conversaciones de su hijo con sus comandantes, las cuales a escondidas había logrado escuchar, es que no le queda la menor duda de que dicho momento llegará más temprano que tarde. Sabe que su hijo los está llevando hacia una guerra que no tiene razón de ser. Además, contra unos enemigos que desconocen, los cuales, obviamente, se defenderán y matarán a muchos egipcios. Pero y pese a su angustia, nada puede hacer para evitarlo, ya que la única voz con autoridad es la de Atom; puesto que al soberano, en todo Menfis nadie se atreve a enfrentarlo o poner un alto a sus atropellos. Por lo que todo el numeroso ejército le obedece con total mansedumbre.
Además, este es hábil para gobernarlos. Primero, amenaza y cumple con rigurosos castigos a quienes se oponen a sus decisiones. Pero luego premia de sobremanera cuando estas se cumplen. Es sagaz y astuto como su padre. Entiende que, para mantener a su inmenso ejército siempre fiel a él, es necesario tener de su lado a sus comandantes; el resto solo los seguirá. Es por ello que los premia con riquezas y también con continuas orgías, para las cuales siempre elige a las mejores esclavas llegadas de muchos lugares; ya sean de la parte sur de África o de otras partes del mundo.
El joven y poderoso monarca tiene deseos expansionistas, por lo que pretende dominar todo el mundo conocido y tenerlo bajo sus pies. Pero..., su mayor y más inmediato objetivo es "vengar a su padre". Aún no sabe el paradero de aquellos que mataron a su progenitor. No obstante, sabe cómo atraer su atención para hacer que sean estos quienes vengan hacia él. Es consciente a quienes planea enfrentarse. Ha escuchado de los poderes sobrenaturales que estos ostentan, sin embargo, él también los posee; puesto que se ha convertido en un ser increíblemente poderoso.
Durante todo este tiempo ha estado preparando sus malvados planes. Reclutando mercenarios de todas partes, hasta conformar un descomunal ejército de casi cien mil soldados muy bien armados y entrenados; listos para luchar y arrasar a cualquier enemigo que se le ponga en frente. Ahora que ha culminado su primer objetivo, el cual fue conformar un ejército imbatible, la segunda parte de su objetivo se encuentra en ejecución.
Es por ello que, con pequeños grupos de mercenarios seleccionados por él, en variadas ocasiones ha navegado al norte hacia los mares y tierras griegas, realizando esporádicas incursiones en las poblaciones griegas sembrando el terror. Esto, con el objetivo de atraer la atención de Heracles y sus legionarios, con la idea de enfrentarlos con un número mayor de efectivos; los cuales se apostaron en las islas de Creta, muy bien armados y prestos para acudir ante el llamado de su rey.
Sus planes o, en otras palabras, sus señuelos, aún no le han dado resultados. Sin embargo, en la última ocasión, al regresar a las islas de Creta, se encontraron con un pequeño número de soldados acadios. Los cuales fueron abatidos, pero permitieron escapar a tres de ellos, con el propósito de que estos, al regresar Akkad, puedan informar y así atraer a sus enemigos hacia él.
Pero si el plan de atraer a Heracles o a los acadios y sumerios hacia los territorios griegos no da resultado, tiene contemplada una segunda opción, que es la de arrasar las tierras sumerias para matar a Gera y Alfenón; pero sobre todo a "Tiseo"; el cual es uno de sus dos máximos objetivos. Sin embargo, entiende que movilizar a un ejército como el suyo, cruzando el largo camino por las desérticas tierras de Thamud, sería un suicidio para muchos de sus hombres. Es por ello que esta segunda opción, la ha dejado para analizarla después con mayor detenimiento.
No obstante, es calculador y astuto. Sabe que, haber matado a esos acadios en Creta, le puede proporcionar una nueva coyuntura favorable, ya que con tal acción; probablemente consiga atraer a los acadios y con ellos a los sumerios. Entiende que ambos ejércitos, aunque unidos, no son rivales para el suyo, puesto que juntos no alcanzan a conformar ni siquiera la décima parte del suyo.
Por consiguiente, ha decidido aguardar las noticias que les puedan traer sus espías que ha dejado en varias zonas griegas. Sobre todo, los que se encuentran apostados en las islas de Creta. Mientras tanto hoy, tiene importantes asuntos que decidir... Le ha llegado una nueva partida de esclavos y desea echarles un vistazo, para seleccionar a algunos que le puedan ser útiles en su ejército. Aunque hoy, su principal intención está centrada en un asunto más allá de reclutar guerreros. Esta vez, desea seleccionar algunas de las esclavas recién llegadas, para incluirlas en la orgía programada para esta noche con sus leales comandantes.
Los nuevos esclavos se encuentran formando una larga fila: primero los hombres, luego las mujeres y por último las niñas. Atom se hace presente. Su extraordinaria e imponente estampa, provoca que todos los esclavos retrocedan ante su presencia. No obstante, el gigante, acostumbrado a percibir el temor que su estatura causa, no da mayor importancia a este hecho; por lo que simplemente contempla a sus nuevas adquisiciones. Luego de una breve inspección, llama a dos de sus comandantes, los cuales acuden de inmediato.
-Tú, lleva a las niñas con las sirvientas; ellas ya saben qué hacer. Y tú, vete con los esclavos y selecciona los que puedan ser útiles para nuestro ejército. Yo voy a elegir las esclavas que nos puedan servir para esta noche.
Ambos comandantes obedecen de inmediato, mientras él se aproxima a la fila de las esclavas. Se trata de prisioneras llegadas de todas las regiones: algunas rubias, presumiblemente de los pueblos nórdicos; otras, piel de ébano traídas del sur de África; y un par de hermosas jóvenes de ojos rasgados, llegadas de las lejanas tierras de Catay. A todas se les ha bajado la parte superior de su vestimenta, con el propósito de que, al pasar el soberano, este las pueda "examinar de una manera más exhaustiva"; para así poder elegir a las adecuadas. Las desafortunadas y semidesnudas esclavas, se estremecen ante la gran estampa del poderoso ser, quien, al pasar ante cada una de ellas, las hace temblar con su penetrante mirada; excepto a una...
-¿De dónde vienes? -pregunta intrigado, aunque también un poco confundido, por la rara sensación que esta esclava ha provocado en él.
Se trata de una hermosa y espléndida muchacha de piel canela, la cual hace evidente la combinación de raza mulata con blanca que lleva en su sangre. Es la más alta de todas las esclavas. También, es la única que aparentemente no le ha manifestado temor; sino al contrario, lo mira fijamente a los ojos. Al parecer, también ella ha sentido esa extraña sensación ante la presencia del soberano egipcio. Es la primera en darse cuenta de que se encuentra ante un ser, el cual y al igual que ella, es alguien distinto; pues porta genes celestes en sus venas. Y..., los de este soberano, al parecer pertenecen a alguien muy especial. Por su parte, Atom no está habituado a tratar con seres semejantes a él, por lo cual ignora lo que sucede; de manera que se encuentra confundido. Pero, luego de unos instantes de perplejidad, reacciona.
-Te hice una pregunta... ¿No piensas responderme?
La hermosa y espléndida morena, manteniendo su altivez, se decide a hablar.
-Vengo del norte de Grecia. Allí, fui tomada prisionera para luego ser vendida a tus hombres -responde mintiéndole, pues no desea indicarle que viene de Akkad.
La muchacha, desesperada por la ausencia de su padre (el noble legionario Bartos, asesinado por Hydes), al no saber nada de Bartos; había marchado a buscarlo. Pero en el trayecto, navegando por el mar mediterráneo, fue interceptada por un barco mercante dedicado al comercio de esclavos, por el que fue tomada prisionera. Aquella vez nada había podido hacer para defenderse, puesto que se encontraba sola y sus captores fueron demasiados.
Estos esclavistas, al darse cuenta que la morena no solo era hermosa, sino que también era muy hábil para luchar (dos de ellos lo comprobaron con un par de costillas rotas y varios dientes en el suelo), decidieron emplearla en los circos griegos de exhibiciones y combates; ganando con ella bastante dinero. Le habían prometido su libertad a cambio de pelear para ellos por apuestas, pero cuando no le cumplieron, esta se negó a luchar más; dejando de ser lucrativa. Por lo cual, al darse la oportunidad, fue vendida a los soldados de Atom que casualmente exploraban por aquellos lugares.
Por suerte para ella, había sido adquirida casi al precio de una esclava común. Los soldados egipcios nunca la vieron pelear, por lo que la adquirieron solamente por tratarse de una esclava espléndida y muy hermosa. La infeliz esclava nunca pudo averiguar nada sobre el paradero de su padre Bartos, ni lo que le sucedió. Ahora, no se imagina que se encuentra ante el hijo del asesino de su padre. Aunque, obviamente, Atom tampoco sabe de aquel acontecimiento. El soberano egipcio, intrigado le da una vuelta completa, observándola sorprendido y extrañado ante la naturaleza de esta extraña esclava. La cual le transmite algo raro, es decir, una sensación que no había sentido por nadie en su corta vida.
-¿Cuál es tu nombre? Pero, dime tu nombre con el que naciste, ya que no me interesa tu nombre de esclava. Vamos... ¡Habla! -le exige tomándola del brazo.
-¡No me toques! -contesta la esclava, tratando de zafarse de las férreas manos que la sujetan.
Atom, sorprendido por la inesperada reacción, la sujeta con mayor fuerza, tanta, que ninguna mujer se podría liberar. Sin embargo, esta no es una mujer corriente. De manera que, con bastante esfuerzo, logra liberarse de las manos que como tenazas la sujetaban. El soberano de Menfis se siente asombrado por la actitud para nada dócil, pero, sobre todo, por la fuerza que esta fue capaz de manifestar para liberarse de él. Tal situación lo ha tomado desprevenido, por lo que queda inmóvil por unos instantes sin saber cómo actuar. La esclava, pese a sentirse liberada de aquellas poderosas manos, decide responder.
-Mi nombre es Baltia, y estoy buscando a mi padre. Él es un hombre muy fuerte, tanto como tú. Estoy segura de que si lo has visto, lo debes de recordar.
-Ahora te encuentras bajo mis dominios y harás lo que yo ordene. Te aseguro que es lo mejor para ti. Espero que entiendas lo que te quiero decir. Si me sirves, es posible que ganes tu libertad y quien sabe, hasta te podría ayudar a encontrar a tu padre.
Los ojos de la inocente Baltia brillan llenos de emoción, percibiendo una luz de esperanza, por lo que mueve la cabeza afirmativamente en señal de asentimiento. Atom alcanza a manifestar una débil sonrisa de satisfacción, expresión que casi nunca se le ha observado hacerla por nadie. Después de interrogar o, mejor dicho, conversar con la hermosa morena, decide continuar su labor de seleccionar a las "esclavas adecuadas" para la fiesta privada que por la noche tendrá con sus comandantes. Ha seleccionado a seis hermosas muchachas. Incluso, tuvo el esmero de hacerlo variando para todos los gustos: tres esplendidas mulatas, una de ojos rasgados y dos rubias. Llama a uno de sus comandantes y le ordena.
-¡Lleva a estas esclavas al harén, ordena que las preparen para esta noche!
-Mi señor ¿qué hacemos con ella? -consulta el indeciso comandante (refiriéndose a Baltia). Puesto que esta no fue seleccionada entre las seis para la fiesta y tampoco se encuentra entre el resto de las esclavas.
-Yo definiré qué hacer con ella... Todos ustedes tienen prohibido acercársele. Quien se atreva a desobedecerme pagará con su vida, porque si no los mata ella, lo haré yo. ¿He sido claro?
Todos, demostrando su total sumisión, bajan la cabeza en señal de asentimiento. También Baltia se encuentra sorprendida por la decisión de este extraño ser. No sabe qué le deparará el destino en estas extrañas tierras. Por otra parte, se encuentra cansada de ser esclava, ya que durante todo este tiempo que salió de su hogar, todo fue desventuras y sufrimientos. Y si ha logrado sobrevivir, ha sido por su carácter fuerte e indomable. Por el cual, ha conseguido que hasta ahora, nadie le haya puesto la mano encima; a pesar de haber sido esclava.
Sin embargo, se encuentra cansada de luchar por respeto y por su libertad. Ahora, es la primera vez que encuentra algo de esperanza. Por la noche, durante la gran fiesta u orgía preparada de forma exclusiva para la cúpula mayor del ejército, Atom no se encuentra tan entusiasmado como en otras ocasiones. Esa esbelta morena lo ha dejado pensativo. Ha percibido en ella algo que no puede explicarse; es una sensación que va más allá del deseo sexual. Este nuevo efecto lo tiene confundido y distraído durante la fiesta, en la que sus generales se encuentran celebrando de lo más entusiasmados.
-Mi señor, esperamos que te unas a la fiesta. Ninguno de nosotros ha elegido esclava alguna hasta que te decidas por alguna de ellas -le alienta uno de sus comandantes, ansioso de obtener para él, a una de las hermosas esclavas que su rey descarte.
-Todas son suyas..., los dejo para que las disfruten. Yo... tengo otros asuntos qué resolver en estos momentos.
De inmediato se retira ante la perpleja mirada de sus comandantes, los cuales se muestran desconcertados por la actitud de su líder; pues este jamás antes había rechazado a una nueva hembra, ya que su fogosidad siempre fue una de las particularidades que lo distinguen. Pero hoy algo extraño le sucede... No obstante, ese es un asunto netamente de su líder. Y en tal caso, ellos ahora tienen luz verde para elegir a cualquiera de las hermosas nuevas esclavas. Licencia que no la piensan desaprovechar...
El comandante que había solicitado el permiso, es el primero en sentar en su regazo a la esclava de ojos rasgados. El resto de sus compañeros, al darse cuenta de la licencia otorgada, hacen lo mismo con las demás. Las hermosas esclavas comprenden su situación y el motivo de su presencia en la fiesta. De manera que, unas resignadas a su suerte; mientras otras animadas por el alcohol, les dejan hacerlo. Por lo tanto, ante la casi nula resistencia de parte de estas, empieza realmente la orgia como tal.
Atom se ha retirado del jolgorio y ahora se dirige a la habitación, que previamente había ordenado se le prepare con exclusividad para Baltia. Llega a la puerta donde, como siempre sin pedir consentimiento, ingresa. Para su sorpresa, encuentra a la espléndida y hermosa Baltia, saliendo del agua totalmente desnuda, dejando al descubierto toda su virginal belleza. Baltia, instintivamente, con una mano toma un pequeño paño y tapa sus partes íntimas, mientras con la otra cubre ocultando parte de sus firmes y hermosos senos.
-¡Fuera de aquí!
-Tranquilízate..., no vengo por lo que estás imaginando. Solo deseo conversar contigo -declara Atom, tratando de calmarla.
Baltia, un poco más calmada ante las tranquilizadoras palabras de Atom, se aparta hacia un lugar algo más privado para vestirse, mientras Atom permanece inmóvil permitiéndole hacerlo. En breve, ya con su vestimenta encima, sale dispuesta a escucharle.
-¡Dime qué es lo que quieres de mí!
-Quiero saber quién eres. Y te advierto que no intentes mentirme. Ambos sabemos que tú y yo no somos humanos comunes. Así que respóndeme con la verdad -le pide enfáticamente Atom, deseoso de conocer la verdad de labios de su hasta hoy prisionera.
Baltia comprende que ante él será inútil seguir mintiendo, por lo tanto, decide sincerarse.
-Mi madre fue una esclava, la cual fue rescatada por mi padre, quien al igual que el tuyo, no es humano. Es un ser poderoso, pero también muy noble.
Atom le cree, pero necesita saber más sobre ella, por lo cual continúa preguntando.
-¿Cómo se llama tu padre?
-Bartos... ¿Y el tuyo?
-Mi padre se llamaba Hydes... Fue asesinado a traición por un par de cobardes, por lo que no voy a descansar hasta dar con ellos para vengar su muerte.
La hermosa Baltia se sorprende al escuchar dicho nombre. Sin embargo, lo disimula muy bien, porque comprende que manifestar una actitud negativa por dicho nombre, le podría acarrear graves consecuencias y quién sabe hasta qué extremo.
-¿Conoces a otros guerreros semejantes a ti? -pregunta Baltia, desviando hábilmente el tema.
-¡No...! ¿Y tú?
-Al único que conocí fue a mi padre, pero él siempre se negó a confesarme su origen y muchas otras preguntas que yo le hacía. Mi padre siempre mantuvo la esperanza de que me transforme en una humana normal. Por lo que consideraba que mientras menos sepa, más probable seria aquello. Siempre vivimos escondidos, aunque nunca supe de qué ni por qué.
Atom queda pensativo unos momentos por lo que acaba de escuchar. La observa detenidamente de pies a cabeza, pero al final decide dejarla tranquila por ahora.
-Ahora descansa. Pero mañana tú y yo continuaremos conversando con mayores detalles -determina Atom y se retira de la habitación de la joven.
Baltia, al quedar sola en su habitación, queda pensando en lo conversado con Atom; sobre todo, por la inesperada actitud de este hacia ella. Presume que tanta amabilidad por parte del soberano y como todo en su vida, no será a cambio de nada. Luego de meditarlo, decide intentar escapar y sale de su habitación. Camina por los pasillos sin saber hacia dónde dirigirse. Lo único que tiene claro es que debe salir del palacio, cruzar gran parte de la población y saltar la enorme muralla. Lo demás, será para analizarlo conforme se vaya presentando la situación.
Acayo, un gigante llegado de las tierras libias, es uno de los más poderosos mercenarios reclutados por Atom. Este guerrero ha conseguido sobresalir y hacerse de un lugar de liderazgo a costa del poder de su espada. Se trata de un asesino sanguinario e implacable, alguien al gusto de Atom. Tal es así, que es uno de los pocos extranjeros a cargo de una importante unidad en el ejército egipcio. El mercenario libio, luego de la orgia, se dirige a su habitación, pero casualmente sucede lo que había estado deseando desde ayer...
-Esta sí que es una feliz coincidencia. Hasta me atrevo a creer que tú lo planeaste ¿o no es así? -manifiesta el gigante, con tono acosador hacia su futura víctima. La hermosa Baltia se muestra fastidiada por la inoportuna intromisión y trata de hacerse a un lado, pero es frenada por el insistente asedio del guerrero; quien al parecer, luego de la orgia ha quedado con sabor a poco.
-¡Déjame pasar! ¡No me hagas hacerte arrepentir de tus intenciones! -le pide la espléndida morena, tratando de persuadirlo de sus propósitos al testarudo gigante.
Pero este desde que la vio la tiene entre ceja y ceja. Y, probablemente, a causa del licor o el hecho de tenerla tan cerca, le hacen suponer que la tiene a su merced. Por lo que en este instante el miedo hacia Atom, es menor que sus deseos hacia esta hermosa morena.
-Nunca has estado ante un hombre. Yo te puedo hacer sentir lo que es uno de verdad. ¿O tienes miedo de que te guste? -le dice el gigante cerrándole el paso. La hermosa morena ya está acostumbrada a tales proposiciones, pero en esta ocasión intenta salir del paso sin recurrir a la violencia; aunque siéndole enérgica.
-¡He conocido a más hombres que tú y ninguno me ha impresionado! ¡Así que déjame en paz y déjame pasar!
Pero el obstinado guerrero no está dispuesto a darse por vencido, por la simple exhortación de la hermosa Baltia.
-No entiendo qué tan especial puedes ser para Atom, pues lo tienes hechizado; hasta podría asegurar que te respeta más de lo debido. Dime por qué eres diferente a las demás -continúa insistiendo el gigante, aunque ahora la toma por los brazos tratando de aprisionarla y acercarla hacia él.
-¡Suéltame o haré que me sueltes! ¡Te aseguro que la segunda opción no será la mejor para ti!
-¡Me gustan las hembras que no han sido domadas! -declara el salvaje guerrero con malicia y lujuria, tratando de abrazarla y tomarla entre sus brazos.
Baltia comprende que ya no puede soportar tanto acoso, por lo que decide actuar como sabe hacerlo... Aplica su extraordinaria fuerza y se libera. Acto seguido, con habilidad toma de las muñecas a su opresor y lo aprieta con brutal presión invirtiendo los papeles, puesto que el abusador se ha convertido en la victima. El desconcertado agresor siente dolor por la férrea presión sobre sus antebrazos, los cuales empiezan a crujir. El gran guerrero ahora cae de rodillas pidiendo indulgencia.
-¡Basta..., te lo pido, suéltame...! ¡Ya no te molestaré, suéltame...! Pero Baltia ahora no escucha súplicas y aumenta la presión cada vez más.
-¡Suéltalo!... ¿¡Qué es lo que está sucediendo aquí!? -ordena impetuoso Atom, quien casualmente había escuchado y ha acudido a la escena. La guerrera, al escuchar la orden, afloja la férrea presión sobre los antebrazos del guerrero y lo libera.
-¡Si deseas saber lo que sucede, pregúntaselo a él!
Luego intenta marcharse a su aposento, pero es tomada del brazo por Atom.
-Espera un momento...
Atom, impresionado, observa a su capitán, el cual muy abochornado y lastimado de sus muñecas, de a poco se va poniendo de pie. Aunque no está claro si su vergüenza es por haber sido fácilmente vencido por una mujer o por la aparición de su líder.
-¡Dice que te pregunte a ti! ¿Podrás explicarme lo ocurrido? -interroga Atom a su lastimado capitán.
-Mi señor..., no fue nada. Solo se trató de un malentendido sin importancia y nada más.
Atom, sorprendido por lo que acaba de presenciar, dictamina.
-Si para ti simplemente se trató de un malentendido, no creo que tengas algún inconveniente en una lucha a muerte el día de mañana contra ella.
El mercenario es un guerrero acostumbrado a tales retos, mucho más, si una victoria como esta le podría proporcionar mayores réditos; aunque se trate de una mujer a la que ahora se enfrentará. Y esta vez, lo hará con las armas con las que siempre venció a sus oponentes.
-¡Si tú lo decides, no tengo ningún inconveniente a tal desafío! -responde Acayo, ya repuesto y confiado en sus habilidades.
Atom sonríe mirando a Baltia, esperando de esta su confirmación para la lucha. Baltia mira con aire de suficiencia a su agresor y acepta el reto. Atom se muestra complacido, puesto que ya tuvo la oportunidad de experimentar la extraordinaria fuerza que esta posee. Por lo que ahora desea conocer, lo que esta esbelta morena es capaz de exhibir en combate. Su intuición le indica que se encuentra ante una excepcional guerrera. Luego, da por concluido el asunto y ordena retirarse a los dos.
En su habitación, Baltia se encuentra fastidiada por el inoportuno inconveniente con el testarudo libio. Por otra parte, se siente aliviada porque Atom no preguntó el motivo de su presencia a esa hora en aquellos pasillos. No obstante, está segura de que este detalle es algo que no se le va a pasar por alto al astuto líder egipcio. Por lo cual, entiende que debe inventarse una buena excusa para justificar su presencia en aquel lugar. Sumida en sus inquietudes, se mantiene despierta hasta muy cerca del alba.
Recuerda a su madre, a la que dejó abandonada por salir en busca de su padre; de quien hasta ahora no tiene ninguna noticia, pese a que ha recorrido por tantos lugares. En realidad, piensa en todo, menos en la pelea que tendrá en unas pocas horas más, pues el libio en estos momentos es lo que menos la preocupa. Hasta que al final cae vencida por el sueño, aunque no por mucho tiempo... A media mañana llaman a su puerta. Despierta y vuelve a su realidad, recordando el compromiso que tiene por cumplir...
Baltia es conducida a la arena de combates, donde un inmenso número de soldados y comandantes se han hecho presente, abarrotando el anfiteatro; ansiosos por presenciar el singular combate. Baltia, sin hacer caso al bullicio del numeroso público presente, camina hacia el centro de la arena; donde le proporcionan una espada y un escudo. La guerrera toma las armas, las observa y comprueba el filo y el peso; mientras aguarda la presencia de su rival.
Atom y algunos de sus comandantes se miran entre ellos, al contemplar la forma de tomar y de moverse con las armas que tiene esta guerrera; porque aún sin verla luchar, se dan cuenta de que no están presenciando a una guerrera cualquiera. En pocos minutos el gigante libio hace su aparición caminando hacia el centro de la arena. Lo hace con su acostumbrada presunción de creerse o tratar de parecer invencible. Levanta sus manos en señal de confianza y suficiencia, ante esta rival en teoría inferior a él.
Los rivales se encuentran frente a frente en el centro de la arena. Pero el combate no puede iniciarse, hasta que el soberano dé la orden. El bullicio del público cesa esperando la aprobación de Atom, el cual da una ojeada a todo el coliseo y, con satisfacción, observa la gran expectativa por este combate. Levanta su mano dando la autorización y el cuerno suena, anunciando la orden para que empiece el combate. El gigante, al escuchar la orden, se abalanza sobre su contendiente dispuesto a darle fin. Pero Baltia no es cualquier rival, por lo que con agiles movimientos esquiva las constantes arremetidas del poderoso libio, una y otra vez.
Hasta ahora, solamente ha demostrado que sabe esquivar muy bien los ataques del gigante, el cual, al sentirse burlado, ataca inclemente una y otra vez; tratando de alcanzarla y herirla de alguna manera. Ella entiende que si demuestra todo lo que es capaz de hacer, será desenmascarada, por lo que intenta fingir una estrategia hasta ahora, netamente defensiva.
Sin embargo, el ataque del gigante es fuerte e inclemente, por lo cual, no le queda otra que dejar de esconder lo que sabe; y así lo hace... Por primera vez arremete haciéndolo de forma rigurosa y sin pausas. El gigante tapona con su escudo y como puede, las mortales acometidas. Pero ante tanto asedio, no puede evitar dejar desprotegidos sus miembros inferiores. Acción que es aprovechada por la hábil guerrera, para patearle en las pantorrillas, haciéndolo perder el equilibrio y caer pesadamente.
Acayo se levanta e intenta responder, pero Baltia lo elude, y con el codo le propina un poderoso golpe en todo el rostro; derribándolo por segunda vez. El libio apoya su mano en el suelo tratando de incorporarse, pero recibe una patada en el brazo de apoyo, haciéndolo que vuelva a morder el polvo. El público reacciona con efervescencia y asombro ante lo que están presenciando. La guerrera, como disfrutando de la ovación hacia ella y manifestando un aire de suficiencia, le da la espalda, permitiendo que su rival se incorpore.
El gigante libio, con el rostro sucio, lleno de tierra y sangre, con mucha ira y sed de venganza, trata de responder para acabar con la guerrera y arremete. Pero su intención solo queda en eso... porque Baltia, que se encontraba de espaldas, intuye el ataque y, con una magistral media vuelta, salta y lo patea en la cabeza. Acayo cae fuera de combate unos tres metros más atrás, perdiendo el casco, soltando su espada y su escudo.
-¡Muerte! ¡Muerte! -grita el extasiado público, pidiendo la sangre del derrotado guerrero.
La guerrera, al ver que su rival se encuentra fuera de combate, sin hacer caso al insistente pedido del público, arroja al suelo su espada y escudo. La rechifla de los espectadores es ensordecedora, pero a ella no le interesa y se marcha. Atom, por su parte, se encuentra maravillado por lo que acaba de presenciar. Ya tenía la intuición de que Baltia era una buena guerrera. No obstante, hasta antes de este combate, jamás imaginó que fuera tan extraordinaria gladiadora. De manera que, haciendo caso omiso al pedido del público, se retira con la intención de seguirla y la intercepta casi en la entrada de su habitación.
-¡Tú y yo tenemos que hablar! ¡Creo que no has sido del todo sincera conmigo! -la cuestiona el soberano egipcio, dispuesto a saber todo sobre esta enigmática guerrera.
-¿Qué más deseas saber de mí? ¿O qué crees que te he ocultado?
-No lo sé; dímelo tú... Debo saber todo sobre la guerrera a la que pretendo ofrecerle un puesto de jerarquía en mis filas. Así que habla, te escucho.
Baltia se encuentra sorprendida ante la proposición del rey egipcio. Hasta hace unos momentos, jamás se le había pasado por su mente formar parte de aquel poderoso ejército, a decir verdad jamás había pensado ser parte de alguno; puesto que, hasta hoy su único objetivo siempre fue encontrar a su padre (Bartos) y nada más. Sin embargo, entiende que esta nueva coyuntura que se le está presentando puede serle de utilidad en sus propósitos. Pero, antes debe saber hasta qué punto este ofrecimiento le puede ser de utilidad.
-¿Estás pidiéndome que me enfile en tus tropas? ¿Bajo qué condiciones o qué es lo que ofreces?
Atom sonríe al darse cuenta de la ingenuidad de la guerrera, ya que esta aún no comprende que no se trata de una propuesta...
-Deseo que luches a mi lado. Ocuparás el cargo de ese inútil que venciste hace un momento, también...
-Yo no vengo a luchar. Mi única intención es encontrar a mi padre y nada más -lo interrumpe Baltia enfáticamente.
-Creo que aún no te has dado cuenta de las reducidas opciones que tienes. Te recuerdo que eres mi esclava y puedo hacer contigo lo que me diese en gana. Pero..., no es eso lo que busco contigo. Es probable que a mi lado salgas más favorecida de lo que te imaginas, porque puedo proporcionarte muchas riquezas y quien sabe, hasta te podría ayudar a encontrar a tu padre. Me pesaría tenerte como una simple esclava, la cual solo sirva para proporcionar placer; ya sea a mí o a mis sucios comandantes. Te aseguro que tengo el poder para domarte y someterte para lo que desee... Esta noche descansa tranquila, pero analiza mi propuesta. Mañana temprano búscame y dame tu respuesta. Recuerda que se encuentra en tus manos tu destino -le expone sus opciones el intimidante y poderoso Atom. Luego se retira para que, sola, medite el ofrecimiento.
La infeliz muchacha entiende que Atom tiene razón, se encuentra en sus manos. Oponerse solo le podría acarrear mucho sufrimiento y lo más probable, su muerte. En cambio, aceptar le proporcionará respeto y seguridad; además de una circunstancia favorable para poder encontrar a su padre. En conclusiones, se da cuenta de que tiene una sola alternativa. Al siguiente día, muy temprano, se dirige en busca de Atom. Llega a la puerta principal del palacio, donde se encuentran dos guardias que custodian la entrada.
-Dile a tu señor que deseo hablar con él.
-Sígueme..., él te está esperando.
Sorprendida por la facilidad que tuvo para su audiencia con el rey, sigue al guardia. Es de suponer que Atom la esté esperando, porque este ya presume cuál es su decisión, razona mientras camina a paso firme. Ingresa al gran y lujoso salón, donde encuentra a Atom esperándola al lado de una enorme mesa llena de ricos manjares. Al parecer, el soberano egipcio se aprestaba a desayunar.
-Ven, siéntate conmigo. Puedes servirte lo que desees, ya que todo esto ha sido preparado especialmente para ti -manifiesta con una amabilidad que no es para nada característica en él.
Incluso, sus sirvientes se sorprenden por la inusual actitud de su amo. Sin embargo, no lo manifiestan, simplemente permanecen en silencio, prestos a cualquier requerimiento de su rey. Luego de que Baltia se ha sentado, Atom mira a sus sirvientes y ordena.
-Retírense.
Ahora, solos en el enorme salón, el soberano egipcio se acomoda al frente de la intranquila pero hambrienta guerrera.
-Debes acostumbrarte, puesto que así será de ahora en adelante tu vida aquí; porque, supongo que vienes a decirme que aceptas mi oferta -expresa Atom, con un tono que demuestra algo de muchas cosas como amabilidad, seguridad; aunque también cierta advertencia...
Obviamente esto Baltia lo entiende, ya que tanta amabilidad, de seguro será a cambio de algo; sin embargo, sabe que no tiene otra opción. Es por ello que, decidida, se ha hecho presente; por lo cual lo aborda.
-Dime qué es lo que esperas que haga en tu ejército. Porque la verdad yo..., nunca he ordenado a nadie; mucho menos comandar y dirigir soldados. Mi padre me enseñó a luchar para defenderme y nada más. Por ello es que no sé cómo podría serte de utilidad. Si me quieres en tus filas, tendrás que enseñarme muchas cosas.
El soberano egipcio la mira muy serio por unos momentos, provocando que esta se incomode. Por un breve instante, ambos experimentan una extraña he inexplicable sensación de afinidad. Pero es Atom quien rompe el incómodo momento, manifestando una amplia sonrisa de satisfacción.
-Ja, ja, ja. No te preocupes por ello. Es más, creo que te subestimas demasiado, porque posees la fuerza y el temple que se necesita. Ya verás que te resultará más fácil de lo que imaginas. Además, en presencia de todos, te nombraré mi comandante. Verás que una determinación mía, es una orden que no se discute; ¡solo se cumple!
Ante las alentadoras palabras del soberano egipcio, la guerrera mueve la cabeza en señal de aprobación. Esa misma tarde, Baltia es presentada como comandante de una gran división del numeroso ejército egipcio. Los demás capitanes y soldados, entre ellos "Acayo", no tienen más remedio que expresar su sometimiento ante ella. Mente, la madre de Atom, con curiosidad se ha acercado a observar quién es aquella guerrera de la que todos en Menfis comentan. Al verla, su corazón se acelera asustada por la impresión...