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Abandonada y Embarazada [#1 Trilogía Bebés]

Abandonada y Embarazada [#1 Trilogía Bebés]

Autor: : LissyEscritora
Género: Romance
La vida de Bella Graze da un giro drástico y radical para sorprenderla con una nueva personita que crece en su vientre. El supuesto mejor día de su existencia marcará el inicio de una ruta inesperada. Un camino pedregoso y lleno de espinas fijará en su horizonte una sola meta: salir adelante. Bella no solo deberá tomar las riendas de su vida, también deberá estar preparada porque una mala decisión puede marcarla para siempre. En medio de secretos, verdades y grandes enemigos, luchará por superar cada obstáculo, y, por encontrar su verdadero lugar en el mundo. ¿Podrá mostrarle al destino que la fuerza de una mujer aguerrida vale más que mil desafíos? ¿Qué tan grande es el poder del amor? ¿Podrá contra el viento que la acecha o se dejará arrastrar por la fuerte corriente? Una historia dramática, con toques de comedia, pero, sobre todo, dulce y romántica. Una historia que el destino puede escribir en la vida de cualquiera.

Capítulo 1 01

-Diez minutos más -supliqué con voz ronca y el corazón pendiendo de un hilo. Tenía un nudo en la garganta, sentía como un hormigueo recorría cada centímetro de mi piel y la angustia se apoderaba de mi cuerpo con cada segundo que transcurría.

Los presentes me observaban con gran expectativa y en algunos rostros notaba una pizca de comprensión. La expresión de mi rostro definitivamente no era la mejor ni la más cordial, mis músculos tensados, mis mejillas empapadas en lágrimas y mi mirada puesta en la entrada delataba mi espera por un milagro.

Ahí estaba yo, en el supuesto mejor día de mi vida, con el vestido más hermoso que pude haber elegido con la ayuda de mi mejor amiga: ceñido al cuerpo en la parte alta; en la baja una radiante caída esponjada que contrastaba con el encaje blanco; la cinta ataba mi cintura y moldeaba mi figura. Era realmente hermoso, desde el primer instante que lo vi, me enamoré y supe que sería el que usaría para unir mi vida a la de mi amado novio.

-Creo que debemos irnos -replicó mi mamá en un gruñido impaciente, interrumpiendo el silencio abrumador que empezaba a apoderarse de la estancia.

Me giré con rapidez. Mi mamá no podía estar insinuando terminar todo tan rápido.

-¡No! -grité alarmada y al mismo tiempo llamando la atención de los invitados. Los observé mientras negaba con la cabeza y con voz ahogada agregué-: Tal vez se le hizo tarde o no sé, seguro le salió un imprevisto.

Cerré los ojos tratando de buscar una excusa lo suficientemente válida para justificarlo, aunque dentro de mí sabía que James era un idiota, el más grande de todos.

-¿No te das cuenta el espectáculo que estamos haciendo? -susurró mi padre esbozando una leve sonrisa nerviosa de lado hacia el público para disimular.

-Pero... no puedo irme, papá. James no pudo haberme hecho esto -murmuré, casi a punto de llorar. En el fondo, algo dentro de mí decía que podía ser posible, pero me negaba a aceptarlo en su totalidad, no después de los cinco años a su lado-. Solo está retrasado. No puede dejarme aquí y...

-Cálmate, vamos a llamarlo una vez más -interrumpió Angie, mi hermana, con voz pausada y un inexpresivo semblante, porque, aunque James no fuese de su total agrado, sabía que yo lo amaba y estaba sufriendo en ese momento.

Tomó su celular y lo desbloqueó, un tierno gatito apareció en la pantalla, luego buscó entre los contactos hasta encontrar el de James. Llamó, pero no obtuvo respuesta. Suspiró y negó con la cabeza, luego llamó una vez más, una más, otra más y otra. Negó con la cabeza y me dedicó una mirada de compasión que entendí al instante.

Todo había acabado.

-Bella, creo que es mejor terminar con esto. No podemos seguir aquí parados con este espectáculo -sentenció mi mamá secando con un pañuelo blanco las lágrimas que ya empezaban a brotar de mis ojos.

Me limité al silencio, ese que duele. Pero en mi mente repetía una y otra vez. «Va a llegar, James va a llegar» haciéndole entender a mi cabeza que sí llegaría, que todo era una terrible confusión y que seguramente en unas horas estaría riéndome por pensar que todo había acabado.

Bajé mi vista y miré el ramo de flores que tenía en mis manos, sus colores eran mis favoritos, pero en este momento ni siquiera eso lograba alegrar mi vista y muchísimo menos mi corazón que en ese momento se encontraba resquebrajado como una copa de cristal.

Lágrimas rodaban por mis mejillas cayendo en mi pecho adornado con el collar que James me había regalado el día que anunció la compra de nuestro apartamento. Mi corazón empezaba impacientarse y mi angustia crecía al notar que mis seguridades se desvanecían.

Escuchaba murmullos y voces por todos lados, todos tenían la vista puesta en mí; querían ver mi reacción y al parecer, disfrutaban verme sufrir parada frente al altar sola y abandonada esperando por un hombre que alguna vez prometió compartir su vida conmigo.

Observé mi celular una vez más, ya mis manos sudadas eran testigo del tiempo que llevaba pendiente por si vibraba o si entraba una llamada, los números del reloj aparecieron en la pantalla y suspiré con dolor al notar que ya había transcurrido exactamente una hora. Una hora y ni un mensaje, ni una llamada. ¡Nada! No había rastro de James.

¿Dónde se había metido?

Se suponía que había quedado en llegar al hotel donde celebraríamos la boda. No lo veía desde hacía dos días, porque con todo el tema de la boda, el tiempo era lo que más se nos agotaba. Pero nos escribíamos por WhatsApp y se suponía que todo estaba bien entre nosotros ¿o no?

Mis pies cansados pedían consideración, una hora de pie con esos zapatos altos ya me hacían sentir un hueco en mis talones, el peinado ya empezaba a molestarme, los cabellos sueltos me provocaban escozor y el vestido ya no me parecía tan hermoso; las pestañas falsas comenzaban a pesar y aquellas flores ya no eran las más bonitas.

Una vez más el abogado se acercó a nosotros con expresión cansina y a grandes zancadas, en su rostro podía notar su impaciencia.

-Disculpen, tengo un compromiso en media hora y debo irme cuanto antes -masculló con seriedad mirando su reloj-. Siento mucho todo esto, pero debo irme.

-Señor, a usted le pagan por esto ¿verdad? -gruñó Mell impaciente y es que la paciencia no era precisamente una de sus virtudes.

El señor de barba asintió y enarcó una ceja, estaba confundido y se notaba en aquella mirada desconcertada.

-¡Entonces quédese en su bendito lugar! ¡Al fin y al cabo le van a pagar! -exclamó mi amiga haciéndolo sobresaltar debido al tono de sus palabras.

Todos la miraron sorprendidos, incluso el mismo abogado, sin embargo, el señor asintió y cabizbajo, de seguro pensando improperios y malas palabras, regresó hasta su lugar sin dejar de observar con rabia a mi amiga.

Eché un vistazo a mi alrededor y la nostalgia arrancó un gemido de mi interior al ver todo lo que me rodeaba: la decoración era hermosa, mi amiga y mi hermana se habían dedicado en tiempo y alma a ella. Los ramos de flores rosadas con turquesa bailaban con el viento que entraba por las ventanas. Los centros de mesa tenían una preciosa "B y J" en el medio, decorado con lindas rosas rojas, de las cuales emanaba un dulce aroma. Las ventanas decoradas con seda de las que pendían flores naturales de diferentes colores, dando un toque silvestre.

Mis ojos no podían más, empezaron a derramar lágrimas, una tras otra. Todo había sido en vano, todo había acabado y lo que más me dolía eran esos cinco años de mi vida.

El abogado planchó su saco negro con las manos y se acercó con expresión molesta. Esta vez aclaró su voz para decir con su tono más grave:

-Debo irme -se dirigió a mi papá-. La boda que se supone que oficiaré empezó hace diez minutos y usted sabe cómo es el tráfico de esta ciudad, además, es la boda de un influyente hombre de negoc...

-Cinco minutos más -rogó mi mamá, mirándome de reojo, pero casi suplicando al abogado.

Estaba a punto de tomar una decisión que marcaría mi vida, el nudo que había en mi garganta se enredaba más a medida que pensaba en lo que iba a hacer, pero no había de otra. No había de otra.

-Sí, Pedro. Unos cinco mi... -suplicó esta vez mi padre.

-No -interrumpí con toda la seguridad que pude reunir en ese momento. Sequé mis lágrimas y aclaré mi voz tratando de tragarme mis miedos y mi dolor. Todos me miraron asombrados, me quité el recogido que llevaba en mi cabello y lo dejé suelto para aplacar un poco el dolor que carcomía mi cabeza-. Creo que ya es hora de irnos -agregué resignada, pero con fuerza, intentando ahogar el llanto que deseaba salir de lo más profundo de mis entrañas.

-Pero herma... -trató de decir Angie con su voz dulce, pero la silencié con una mirada que denotaba seguridad.

-¿Estás segura, Bella? -cuestionó mi mejor amiga observándome con detenimiento. A ella no podía mentirle, Mell era de las pocas personas que podían descifrarme con tan solo una mirada.

La miré por unos segundos y tuve ganas de abrazarla, de dejar escapar mi dolor y llorar. Pero mi corazón rugió de fuerza y asentí como si fuera la decisión menos difícil del mundo.

-Ya he esperado lo suficiente, creo que es evidente que no llegará-confirmé con voz temblorosa y terminé de secar mis lágrimas con las manos que también temblaban a causa del impacto que ese acontecimiento estaba teniendo en mi ser.

-¿Estás segura? -preguntó dudosa mi mamá acercándose y examinando mi repentina reacción, algo que ni yo misma me creía aún.

El silencio reinaba en aquel salón de hotel, estaba más que claro que James era un idiota, pero ya había llorado mucho frente a toda esa gente que alguna vez nos vio besándonos o jurándonos amor eterno, tenía que recoger las pocas partículas que aún quedaban de mi dignidad y largarme de ese lugar.

-Sí -repetí convencida.

Mis padres se miraron y luego de unos asentimientos y miradas de compasión y desconcierto, terminaron por suspirar en modo de resignación.

-Queridos invitados, lamentablemente la boda se cancela... -informó mi papá frente al público, pero no pude quedarme a escuchar todo su discurso de disculpas. Necesitaba salir de ese lugar lo más rápido posible o iba a romper en llanto frente a todos.

Así que caminé a paso rápido hacia la salida, escondiendo mi rostro para evitar miradas curiosas, iba agarrando mi pesado y esponjado vestido entre mis dedos temblorosos. Necesitaba aire pronto, más bien, necesitaba más que eso. Necesitaba olvidar esa pesadilla, necesitaba borrar ese dolor, necesitaba no haber amado a James, no haberlo conocido.

Escuché pasos acercarse, ese no era el mejor momento para tener compañía. Me giré y de la manera más amable interrumpí a mi mamá, mi hermana y mi amiga que se aproximaban con notable preocupación.

-Gracias, pero necesito estar sola -zanjé con voz firme-. En serio, espero lo entiendan. -Les dediqué una última sonrisa triste antes de girarme y seguir caminando.

Salí a paso rápido por la enorme puerta que se abrió en dos y de inmediato el aire fresco inundó mis fosas nasales y me hizo renovar aquel que recorría mis pulmones.

El sol estaba perfecto, el viento pegaba en mi rostro maquillado, las aves cantaban, las hojas danzaban en un vaivén dejándose llevar por la melodía del viento.

¡Hubiese sido el día perfecto!

Miré a mi alrededor y sin pensarlo me despojé del par de zapatos que me torturaban. Mis pies sintieron la humedad de la hierba y a paso lento caminé hasta el pequeño lago que estaba en la parte de atrás del hotel. Mi vestido se arrastraba y emitía un sonido al hacer fricción con el suelo húmedo y rociado.

Me dejé caer en una banca de madera justo frente al lago, tiré el ramo de flores al piso con toda la rabia que invadía mi cuerpo. Sin darme cuenta empecé a llorar. La impotencia y la decepción me estaban comiendo por dentro y mi corazón ya empezaba a desahogarse frente a aquel paisaje frente a mí.

El viento movía el agua del lago y los recuerdos mi corazón remontándome a aquel día, el que se suponía daría pie al mejor día de mi vida.

-Esta noche es muy especial -murmuró con voz dulce y luego depositó un beso en mi mejilla.

-¿James, ¿qué haces? -cuestioné perpleja al ver que se separaba de mí y sacaba una pequeña caja envuelta con un lazo rojo de su bolsillo.

No dijo nada más, pero se arrodilló frente a mí para luego abrir la pequeña caja y mostrarme un precioso anillo reluciente.

-Bella, ¿quieres ser mi esposa? -preguntó, acompañado de una sonrisa.

Había estado esperando ese momento hacía algún tiempo y era lo que anhelaba. No dudé en arrojarme a sus brazos. Lo amaba. Amaba a ese hombre que me abrazaba con ternura. Luego de unos segundos, me separé y mirándolo a los ojos asentí sonriendo.

-Te amo, James -murmuré antes de besarlo. Estaba muy emocionada, no había imaginado que en mi realidad el día que tanto había soñado, llegaría para cumplir mi sueño de la mano de James Carter, el hombre al que amaba.

-¿Te parece si nos casamos en seis meses? -cuestionó minutos después, mientras ambos admirábamos el anillo en mi dedo.

-Por supuesto, mi amor. ¡Mi madre se va a morir de la felicidad! -exclamé alegre y sonreí al imaginar su reacción cuando le dijera que su hija se casaría con el yerno que tanto quería.

Escuché la música sonar y volví al presente en un solo minuto. Ahora todo eran recuerdos.

Mi mente solo se sumergía en las posibilidades de regresar el tiempo y quedarme en esos recuerdos dulces y no sentir el dolor que me estaba matando poco a poco.

De fondo sonaba una canción en género salsa, de seguro los invitados estaban en el salón disfrutando de la fiesta de la boda que no se realizó. Mis padres habían invertido mucho en esa "fiesta" al igual que los de James. Pero al final todo había sido una farsa, una más de sus mentiras.

El sol empezaba a ocultarse entre las nubes y mi mente no podía dejar de pensar qué había hecho mal. ¿Por qué James no había llegado? ¿Cuál era la causa de su arrepentimiento?

Se suponía que todo estaba bien entre nosotros, incluso ya en nuestro apartamento estaban parte de las cosas que habíamos comprado, la luna de miel estaba pagada, la fiesta se había organizado hacía meses y teníamos un lugar donde vivir. Aun recordaba la alegría de aquel día cuando me invitó a comer y me anunció que ya había comprado un apartamento para los dos, que era nuestro hogar. ¿Entonces qué había pasado? ¿Cómo podía cambiar una persona de opinión en apenas dos días?

Y la pregunta más temible dentro de mí era ¿me había dejado de amar?

Sabía que estaba joven para casarme, pero mi corazón sentía que hacía lo correcto. Lo amaba y deseaba pasar mis días junto a él, despertar a su lado cada amanecer y recostarme en su pecho en las madrugadas, quería vivir mi propia historia de amor, pero junto a él y ahora, ahora estaba sola.

A cada pensamiento, una punzada en lo más profundo de mi corazón. James Carter era el amor de mi vida, el hombre que ponía mi mundo se cabeza, el que me ponía nerviosa con solo tenerlo cerca, al que le había regalado cinco años de mi vida, con quién ya tenía un futuro planeado, el que sería el padre de mis hijos, el pensamiento de mi futuro y mi presente, la mano que quería ver envejecida junto a la mía.

¿Por qué me estaba haciendo eso? ¿Por qué me hacía sufrir de esa forma tan dolorosa?

¿Dolía? Sí, de una manera inexplicable. Mi corazón estaba pasando una fuerte conmoción; mi alma también lo sabía y mi cuerpo empezaba a desfallecer agobiado por la tristeza de amar sin ser amada lo suficiente.

Asimilar que había perdido esta vez, me estaba costando tanto, porque no solo había perdido mis planes, mis deseos, mis anhelos, también había perdido cada día de los últimos cinco años de mi vida, amando a quien tal vez nunca lo mereció.

Había sido un doloroso capítulo de mi vida. ¿Qué más podía empeorarlo?

Capítulo 2 02

Los días siguientes no fueron los mejores, no fueron muy distintos a aquel doloroso momento que viví frente al altar. Me costaba despertar un día más; un cansino y repetitivo día más. Superar aquella decepción me estaba costando muchas noches sin dormir, días sin vivir y mucha angustia y dolor.

Aquella mañana no era la excepción de una rutina segura a la que ya venía viviendo desde hacía un par de semanas. Ni sabía qué hora era imposible seguir durmiendo oyendo las voces al otro lado de la puerta. Abrí mis ojos con lentitud y fastidio. Ya me imaginaba la escena de todos los días; era predecible lo que estaba a punto de ocurrir.

-¡Bella! ¡Abre la puerta! -clamó mi mamá, tocando con sus nudillos la madera dura de la puerta.

Justo ese era el episodio matutino de mis días, ya había olvidado las veces que pasaba lo mismo cada mañana.

-¡Quiero estar sola! -grité molesta y cubrí mi rostro con la almohada. Luego lo destapé para agregar-: ¡Mamá entiende que no quiero salir, no quiero hacer nada más que dormir!

Acto seguido escuché un bufido al otro lado, seguido de otro toque a mi puerta.

-Por favor, Bella Graze, ¡no es el fin del mundo! -gritó furiosa y pude escuchar como dejó caer con fuerza la canasta de la ropa.

Resoplé y negué con la cabeza. Nadie me entendía. Para nadie era lo suficientemente doloroso lo que había vivido, más que para mí.

-No puedes seguir así -dijo con voz pausada, algunos segundos después-. Te haces daño, Bella.

Contuve un gemido y cerré mis ojos. Sabía que mi mamá tenía razón, pero necesitaba vivir mi dolor hasta dejarlo ir, disiparlo hasta olvidarlo, aunque costaba porque cada noche que lograba dormir soñaba con ese duro momento, cada madrugada en la que conciliaba el sueño, aquella escena que quise vivir, aquel si acepto, aquel hasta que la muerte los separe, aquel beso de amor, tomaban forma en mis sueños y al despertar el vacío se hacía cada vez más profundo, más intenso, más doloroso.

-Abre, Mell vino a verte.

Abrí mis ojos de golpe y me levanté de un salto; las palabras de mi mamá actuaron como una dosis de adrenalina. Si algo necesitaba era hablar con Mell, mi mejor amiga, la única que sabía mis secretos y confidencias. La única que me podía entenderme.

-¡Cariño! -exclamó con efusividad y se abalanzó sobre mí apenas abrí la puerta-. ¡Me has hecho tanta falta!

Sonreí con tristeza y la abracé, aquel refugio en sus brazos me impidió contenerme, aquel calor que tanta falta me hacía fue el detonante y rompí a llorar sobre su hombro.

-Voy por el desayuno -replicó mi mamá con voz maternal y salió de la habitación dejándonos inmersas en un abrazo de lamentos y sollozos.

-Bella, cálmate -pidió Mell, al verme tan deshecha-. En serio nena, por favor cálmate. Necesitamos hablar.

-Me dejó... me abandonó -balbuceé entre sollozos que salían de lo más profundo de mi ser-. Mell, él se fue y me dejó ahí, sola después de tanto...

-¡Lo sé! -exclamó con rabia-. Es un patán, un idiota, es un tarado, un...

-Mell, no puedo con este dolor -interrumpí en un gemido, antes de que dijera alguna mala palabra, porque ella era experta en decir groserías-. Me siento terrible, me duele en lo más profundo de mi corazón. Han sido días horribles, a veces siento que no puedo seguir y...

-Cariño, lo sé y lo entiendo -murmuró con dulzura y se sentó en mi cama-. Pero no puedes seguir así -prosiguió y señaló mi habitación con su mano.

Realmente no me enorgullecía mi habitación en esos momentos. Era un total desorden: ropa sucia por todos lados; mi cama desordenada; las cortinas cerradas; todo estaba oscuro y sombrío; álbumes de fotos esparcidos por el piso; algunas fotografías rotas; vidrios de cuadros quebrados; libros esparcidos a los pies de la cama; restos de comida; envases de helado vacíos y películas esparcidas por toda la habitación. Era un total y completísimo desorden.

-Aquí está -resonó la voz mi mamá en la oscura habitación. Solo vislumbramos su sombra en la puerta porque la oscuridad no permitía ver más allá.

Mell se aproximó con rapidez a ayudarla con la bandeja de desayuno. Pero al intentar acercarse a una mesa, mi mamá se tropezó con uno de los álbumes de fotos. Afortunadamente en ese instante estaba pasándole la bandeja a Mell y esto hizo que pudiera sujetarse de ella para no caer.

-¡No puedo con esto! ¡Estoy harta! -gritó enojada-. ¡Esto es un basurero! ¡No pareces una persona! -exclamó y salió dando un portazo.

Resoplé y negué con la cabeza, pero me topé con los ojos de Mell que brillaban en la oscuridad y supe que ella estaba de acuerdo con mi madre. Se levantó y depositó la bandeja en uno de los muebles no sin antes hacer espacio para poder acomodarla.

Encendí la lámpara que había a un lado y al hacerlo distinguí tostadas, pan con mantequilla de maní -mi favorita-, huevos revueltos, dos rebanadas de queso para cada una y dos vasos de jugo de naranja.

Mell se aproximó a la ventana y corrió la cortina, de forma inmediata los rayos traspasaron por el vidrio, dando luz a toda la habitación. Mis ojos se encandilaron al sentir la luz de lleno en mi demacrado rostro.

-Parece que hace mucho que no ves la luz ¿verdad? -interrogó luego de un chasquido de lengua al notar mi reacción.

-No me he sentido bien -dije rápidamente para justificarme-. Creo que pesqué un resfriado y...

-Ajá, un resfriado llamado James -interrumpió con sarcasmo y rodó los ojos-. Aunque creo que ni el Covid es tan maligno como ese idiota.

Me rasqué la nariz y froté mis ojos, estar expuesta a la luz solar me hacía sentir incomoda después de varios días a oscuras.

-Pareces un vampiro aquí, encerrada en la oscuridad y entre tanta basura -reprendió molesta.

Nuestras miradas chocaron y en sus ojos vi tristeza, decepción y compasión. Su presencia me inspiró confianza y no pude evitar decirle la verdad, el porqué de mi tristeza y de mi encierro como si estuviese en cuarentena.

-No puedo hacerlo -confesé en un hilo de voz-. No puedo salir, enfrentar mis problemas, enfrentar esta decepción ante los demás, dar distintas versiones de lo que pasó solo para no ser juzgada. Me da miedo dar la cara, explicar lo que ni yo misma sé explicarme. Tengo miedo de seguir con mi vida sabiendo que amé y me entregué por completo a alguien que no lo valoró, a alguien que me olvidó, a alguien que quizás nunca me amó.

Las lágrimas corrían por mis mejillas y nuevamente empezaba a sentir ese hueco en mi pecho que me atormentaba en las noches cada vez que pensaba en lo que sucedería cuando tomara la decisión de salir de aquellas cuatro paredes y enfrentarme a mi nueva realidad.

Suspiró y se acercó. Extendió sus manos y tomó las mías.

-Bella, te entiendo, créeme. Pero han pasado dos semanas, no puedes seguir en éstas condiciones. Ya no comes, no sales, no te ríes y por lo que más quieras ¡Mírate! Pareces un monstruo. Discúlpame, pero te ves horrible.

Gruñí molesta por su sinceridad, pero sabía que tenía razón. Estaba espantosa, las ojeras casi llegaban más abajo de mis pómulos, mi cabello enredado, reseco y hecho un asco, mi piel pedía a gritos una crema hidratante y mis uñas estaban sin brillo, además de que llevaba un pijama viejo y desgastado de corazoncitos rojos que ya eran casi blancos y ni qué decir de mi higiene personal, tal vez el ultimo baño había sido hacía un par de días.

-Mell, yo no puedo... simplemente mi vida se acabó -musité sin ánimos, dejándome caer sobre mi desordenada cama.

-¡¿Estás loca?! -exclamó alarmada y abrió los ojos casi como platos-. ¿Estoy hablando con un cadáver o qué? Hello, nena. -Hizo un gesto con sus manos y agregó-: Tienes veintidós años, estás joven, tienes una vida por delante, falta mucho por hacer y conocer.

-James era todo, era mi mundo- interrumpí con un suspiro de decepción.

Abrió su boca en una perfecta o y luego me tomó por los hombros y me zarandeo un poco.

-¿Y tú? ¿Y tú familia? ¿Y tus amigos? ¿Y yo? -preguntó dolida-. ¿En serio crees que el mundo se reduce a una sola persona? ¿No te das cuenta que a tu alrededor hay más personas que ese imbécil poco hombre? ¿Tienes idea de lo mucho que estamos sufriendo por esto? ¿Acaso sabes lo mucho que he llorado imaginando lo que sientes?

La miré y contuve un gemido. Mell estaba hablándome en un tono bastante serio y preocupado, pero a la vez me estaba reprendiendo y eso me dolía.

-Sí, lo sé.

-Es obvio que no lo sabes. No tienes idea de lo mucho que nos afecta ver cómo te estás muriendo, literalmente, por culpa de un idiota. No tienes idea de cómo a mí me afecta verte en ese estado y de ver cómo has apagado tu brillo.

-Lo siento. -Suspiré-. Tienes razón, no lo sé. Pero entiende que no estaba preparada para sufrir esta decepción, no era algo que yo había planeado vivir, me tomó por sorpresa tanto dolor y no sé cómo manejar esta situación.

-A todos nos tomó por sorpresa Bella, así como la muerte de alguien querido. Pero si te pones a ver, estás viva, tienes una vida entera por recorrer, por disfrutar... un muerto no puede hacerlo. Tienes una ventaja muy grande...

-Uf, si... estar viva sin sentirte viva no es vida- repuse de inmediato.

-No es vida si cada vez te tiras más a la muerte, a la tristeza, al abismo. ¿Te has puesto a pensar qué a veces las cosas pasan por alguna razón? Tal vez por algo no sucedió. No podemos forzar el destino, no podemos, Bella. Tienes que entender que hay una razón porque hoy no estés unida a ese tipo que no vale la pena.

-¿Puedes decirme cuál es? -cuestioné con sarcasmo y dejé escapar un suspiro-. Porque llevo quince días buscando esa maldita razón y sigo sin encontrarla.

Mell titubeó un poco, pero se limitó al silencio. Luego se acercó y me dio un abrazo, permanecimos unos minutos así, en silencio y unidas. Luego nos separamos y Mell se acercó a la bandeja que había llevado mi mamá con el desayuno y tomó una rebanada de pan con mantequilla.

-¡Wao, esto está exquisito!

Mi estómago rugió de hambre. Se me había olvidado la última vez que había comido. Siempre decía "después como" y el después no llegaba. Los últimos diez días mi dieta se había basado en helados de todos los sabores, donas rellenas de chocolate, sobras de pizza y muchas barras de chocolate.

Tomé una rebanada de pan y comí, la saboreé como si fuese la última vez.

-Aún hay cosas por hacer y por comer -dijo Mell con la boca llena, no entendía como nunca se le había quitado esa costumbre.

Rato después terminamos de comer. A regañadientes y obligada por Mell me puse a limpiar mi cochinero. Algo inusual en mi vida normal, porque me encantaba mantener mi habitación ordenada, pero aquel desequilibrio también afectaba mi personalidad.

-Esto era una verdadera cochinada, Bella -regañó Mell mirando con satisfacción la nueva habitación reluciente y aspirando con gusto el aroma a cloro, lavanda y aromatizante de rosas.

-Bueno, en mi defensa puedo argumentar y asegurar que tengo derecho a alguna vez hacerlo. -Me encogí de hombros-. Nunca lo hago y creo que a veces se necesita un poco de desorden.

-¿Un poco? ¡Esto era muchísimo! - exclamó asombrada-. Ahora sí, cada cosa en su lugar y cada basura en el suyo -agregó y tomó los álbumes de fotos y recuerdos para tirarlos a la basura.

-¡No! -exclamé-, eso no, por favor -supliqué y me apresuré a quitárselos de las manos.

Se detuvo en seco y rodó los ojos con fastidio. Me observó con su típica mirada de regaño y negó con la cabeza rotundamente.

-Bella, por favor, eso solo te hace daño -intervino luego de fruncir los labios con fuerza para contenerse lo que realmente quería decir.

-Quiero conservarlos- susurré con firmeza y los guardé en un cajón-. Son recuerdos.

-¿Recuerdos? -inquirió enarcando una ceja-. Son malas experiencias, Bella, y sí, serán recuerdos, pero no creo que se los quieras contar a tus nietos, no creo que quieran saber la historia de cómo un poco hombre hizo sufrir a su abuela al punto de que no quiso seguir viviendo.

-¡Son cinco años! -exclamé dolida y sin darme cuenta se me quebró la voz-. Quizás no se los quiera contar a mis nietos, pero no puedo borrar lo que ya viví y fueron cinco años, Mell...

-Ya, vamos nena. No llores, no quiero verte mal- pidió arrepentida. Se acercó y me abrazó-. Tampoco es para tanto.

Sus palabras calaron en mis huesos y la rabia se apoderó de mí de inmediato. Fue imposible contenerme.

-¿No es para tanto? -Me separé y la miré ofendida─. ¡Me dejó plantada en pleno altar! Todos me miraban, ¡todos! Teníamos todo planeado, nuestro apartamento, la luna de miel, nuestros planes. Cinco años a su lado, cinco años Mell, mi primer novio, mi primera vez ¡¿Y dices que no es para tanto?! -terminé casi gritando.

Mell se quedó en silencio, no decía nada, pero su mirada lo decía todo.

-Por supuesto, para ti es muy fácil decirlo. A ti tu novio no te dejó en el altar vestida y alborotada, no te dejó con el corazón roto y el alma pendiendo en un hilo, no te miraban y señalaban. ¡Todo salió perfecto en tu boda! ¡Tienes un esposo que te ama y que no te hizo semejante humillación! -proseguí en el mismo tono con las lágrimas casi rozando mi cuello, quería mucho a mi mejor amiga, pero no me comprendía y ya estaba harta de que todo el mundo minimizara mi dolor.

-¿Terminaste? -preguntó con paciencia y respirando de forma pausada.

-Sí -respondí en un hilo de voz y me eché a llorar otra vez como todos los días-. Discúlpame Mell, he sido muy dura contigo -agregué entre sollozos.

-¿No te ha llamado? -preguntó de forma tímida y jugando con su cabello como disimulando la intención de su interrogante.

Negué con la cabeza mientras sacudía mi nariz con una toalla desechable. Qué más hubiese querido que me llamara y me explicara por qué lo hizo, que me diera una razón para entender su desplante. Pero no, el muy cobarde ni se había manifestado, me había bloqueado de sus redes sociales y cambiado de número telefónico.

-¿No quieres buscarlo? -interrogó en un hilo de voz y su pregunta me asombró mucho, viniendo de ella era lo que menos me hubiese podido esperar.

-¿Para qué querría buscarlo? -cuestioné confundida.

-Para matarlo -sugirió con una sonrisa pícara.

Suspiré y me dejé caer en la cama.

-Ya Bella, era una broma -murmuró-, pero no me enojo si es lo que quieres hacer.

Negué con la cabeza y cerré los ojos. Era imposible hablar con ella.

-Ya en serio, si quieres buscarlo yo te apoyaré ya sea para matarlo, para vengarte o... para pedirle una explicación-dijo con seriedad- pero no te dejaré sola.

Me limité al silencio. No sabía qué rumbo iba a darle a mi vida, no sabía qué hacer con ella, no sabía cómo continuar, mucho menos sabía que iba a hacer después de aquel giro traumático y decepcionante a causa de James, y claro estaba, tampoco sabía si quería una explicación o si quería acabar con él. Lo único que sabía era que Mell había prometido estar conmigo, y que si me dejaba influenciar por ella lo más seguro era que fuese la segunda opción.

Capítulo 3 03

-¡Esto es una locura! -farfulló Mell por décima vez-. No sé qué hacemos aquí.

-Ahhh... ¿ahora no sabes? -repliqué de inmediato-. Tú me diste la idea -susurré en mi defensa─. Fue tu idea, tu plan, tu culpa.

Resopló de forma dramática y asintió no muy convencida.

-Bueno sí, pero ya me arrepentí -murmuró insegura y rodó los ojos, cosa que hacía muy seguido en esos minutos que llevábamos escondidas-. Recuérdame una razón para estar aquí.

-Descubrir lo que oculta James y luego hacerle lo mismo que me hizo -respondí para convencerla. Realmente era un plan que me daba curiosidad y me atraía llevarlo a cabo. La influencia de mi mejor amiga había resultado un éxito.

-Todo sea por no cometer un crimen por mis propias manos -susurró divertida-. Bueno, dejemos el chisme para después, que ahora el deber nos llama. Entrando al papel de espías en tres... dos... uno. Listo.

Sonreí, parecíamos expertas de la CIA o del FBI, ambas vestidas de negro, espiando afuera del banco donde trabajaba James. Todas unas detectives, unas espías, unas agentes 007.

-¿Estás segura que entra a esta hora? -cuestionó Mell, comiendo sus uñas con notable nerviosismo.

─Sí, estoy segura -respondí, recordando nuestras conversaciones antes de él entrar a trabajar y yo a la universidad. Y fue imposible sacar su voz de mi mente, sus "te amo", sus "siempre juntos", ahora se resumían a solo a recuerdos de lo que en algún tiempo hubo entre nosotros. Esos siempre juntos los hizo morir aquel día en que lloré esperando por él bajo aquel muérdago en el altar.

Mell notó mi mirada ausente y rápidamente trató de buscar la forma de alegrarme:

-Pregunta solo para inteligentes -anuncio en un susurro, pero con voz de comercial-. ¿Qué le dijo un jaguar a otro jaguar?

La miré por unos segundos y vi como contenía la risa. Negué con la cabeza y encogí los hombros.

-Pues obvio, seguro le dijo "Miau" -respondí con obviedad.

Negó con la cabeza y emocionada se aclaró la voz.

-Le dijo: jaguar you -relató divertida y estalló en carcajadas.

No pude evitar sonreír ante el mal chiste de mi amiga. Realmente Mell estaba loca, pero así la amaba.

El sol radiante de aquel día quemaba nuestros cuerpos, debido al negro intenso de nuestros vestuarios y más aún por el tipo de tela, pero no podíamos dejar nuestra misión a medias.

Se suponía que el plan era buscar alguna prueba o detalle extraño que pudiera justificar su desplante y como había dicho Mell, debía prepararme para lo peor, pero vengarme también era parte del plan. De modo que, la intención de nuestro macabro plan era vengarme de James haciéndole lo mismo que él había hecho, o bueno, con que sufriera un poco me conformaba.

Seguíamos inmersas en nuestra labor de espías, que sin darnos cuenta ya habían transcurrido algunos minutos y no pasaba nada; o bueno, eso creímos, hasta que el temor nos acechó.

-¿Necesitan algo? -inquirió una voz masculina a nuestras espaldas. Fue tanto el susto, que nos hizo pegar un pequeño salto de sorpresa y temor a la vez.

Mell me tomó de la mano y sentí su nerviosismo. Esa voz provocaba miedo, era gruesa e intimidante, pero a la vez era interesante y apacible, tierna y dulce. Era como una mezcla de emociones, el solo escucharla despertaba sentimientos, encontrados por supuesto.

¿Y si había llegado el FBI? ¿Y si los de la CIA nos habían creído parte de ellos? ¿Y si eran secuestradores y nos llevaban para pedir rescate? ¿Y si los delincuentes nos mataban o nos chantajeaban para que hiciéramos algo indebido? ¿Y si creían que éramos parte de alguna pandilla o de algún tipo de mafia?

¡Ay! Tantas preguntas pasaron por mi mente y empecé a imaginarme torturada para dar información del FBI que ni siquiera yo misma sabía.

Pero... no podíamos salir corriendo, mejor era dar la cara y enfrentar lo que viniera. Si nos habíamos metido en un lío por querer jugar a las espías, ahora debíamos responder.

Tomé la mano de Mell y miré su rostro, las gotas perladas de sudor brillaban en su frente y su expresión de temor me hacían dudar si dar la cara era lo correcto. No quería arriesgar a mi amiga por una idea tonta, quizás hasta podíamos ir a la cárcel por estar fuera de un banco espiando como si fuésemos delincuentes, que obvio no éramos, pero ¿quién convencería a la policía de que era así?

Mi amiga asintió levemente y ambas tomamos aire para prepararnos para lo peor. Incluso me visualice en cámara lenta, me sentía parte de un delito. Nos giramos lentamente, esperando lo peor, pero quedamos frente a... ¿un chico?... sí, un chico de más o menos nuestra misma edad. Era alto, contextura media, algo musculoso, pero sin exagerar, llevaba su cabello bien peinado y su uniforme planchado y pulcro, además sus zapatos brillaban y el olor de su perfume se hizo presente para terminar de volverlo aún más atractivo. Porque eso sí, era sumamente guapo, sus ojos azules como el mar, tenían un destello especial que me hacían estremecer con tan solo verlos.

-¿Necesitan algo? -volvió a preguntar, pero sonriendo esta vez y un pequeño hoyuelo se formó en su mejilla, lo que lo hizo ver aún más guapo-. ¿Puedo ayudarles a encontrar lo que han perdido?

-Emm... -intentaba decir Mell entre tartamudeos, porque yo no podía quitar mis ojos de encima de ese chico, tenía algo que me atraía y me impedía concentrarme en lo que decía-. Bueno yo, eh... nosotras...

Mi amiga apretó mi mano con fuerza para que le ayudara a inventar una excusa bastante lógica, lo cual me hizo reaccionar de pronto y sacar las palabras atascadas en mi garganta.

-Umm... sí, lo que sucede es que... - inicié, pero me quedé pausada sin saber qué decir o inventar, hasta que se me encendió el bombillo-, bueno, verás, nosotras estábamos viendo el diseño del banco, sus paredes son muy fuertes y de un material muy resistente... supongo que está construido de cemento o ladrillos ¿cierto? Claro, porque esos son los métodos de construcción que son utilizados por los constructores cuando construyen construcciones.

Mell se esforzaba por no reírse, aunque sus facciones se ensanchaban dejando entrever que le provocaba gracia lo que estaba diciendo, ya que yo no sabía ni pizca de arquitectura, aunque me esforzara. Yo sabía de cualquier otra cosa, menos de eso. Y si, era más que obvio que había hecho el ridículo.

El chico arqueó una ceja al escucharme y frunció el ceño, mostraba una clara confusión y su desconcierto se notaba.

-¡Ah! ¿Son arquitectas? -preguntó interesado, aunque un poco confundido por la redundante explicación que le había dado, y la sonrisa volvió a adornar su rostro.

-No... -respondió Mell de forma rotunda y negando con la cabeza.

-Tienes razón, no somos arquitectas -interrumpí al instante y la miré en señal de advertencia, si Mell decía algo, nos llevarían a la cárcel por espiar afuera de un banco y posibles cargos nos esperarían-. Somos diseñadoras de interiores.

Mell apretó con fuerza mi mano enterrándome sus uñas en la piel hasta casi hacerme sangrar.

-¿Ah sí? ¿Entonces qué hacen aquí afuera? -cuestionó nuevamente el chico, con interés, y volvió a enarcar una ceja, aunque su expresión era divertida, como si disfrutara aquel momento y verme pasar el oso de mi vida-. Deberían estar adentro, digo, porque ese es el método de decoración que es utilizado por los decoradores de interiores cuando decoran interiores.

A esas alturas fue imposible que Mell contuviera una carcajada. El chico se estaba aprovechando de mi situación incómoda para burlarse. Mis mejillas se sonrojaron al instante en que comprendí que me estaba vacilando.

-Lo siento, pregunto porque es extraño que estén inspeccionando el exterior, si son profesionales decorando interiores -comentó en un tono de disculpas.

-Umm... quizás sea algo que no entienda muy bien, pero el exterior dice mucho del interior -repliqué y toqué las paredes para darle más realismo a mis palabras-. Ambos son puntos clave para nuestra profesión.

El chico no quitaba sus ojos de mí y hasta parece que se divertía de la situación, la curiosidad empezaba a notarse y sus facciones lo dejaban entrever.

-¿Ah sí? -interrogó.

-Así es, estimado guardia de seguridad- respondí, intentaba mantener un tono cordial y formal, pero me costaba porque sus ojos calaban tanto en mi mirada que sentía que mis mentiras iban a ser descubiertas-. Además, el diseño de este edificio es un poco moderno, pero tiene un toque de Renacimiento -proseguí, tratando de aparentar que sí sabía de lo que estaba hablando-, esto es cultura, es como si se mezclaran dos movimientos artísticos.

Mell ya no pudo contener la risa. Rio por lo bajo y trató de confundirlo con una tos seca, pero no le salió bien y terminó pareciendo una foca con gripe.

-Entonces les invito que pasen adelante y hablen con el señor Cooper, el encargado del mantenimiento del banco -concluyó segundos después de observarme con fijeza-. ¡Ah! Mucho gusto. -Extendió su mano-. Soy Alex Queen, el jefe de seguridad.

Sentí mis mejillas arder, había estado hablando con el jefe de seguridad del banco en el que me estaba comportando como una delincuente.

-Soy Bella Graze -me presenté con cordialidad y estreché su mano-. Y ella es la licenciada Mell Rush, una de las mejores diseñadoras de interiores de la ciudad.

Mi amiga abrió sus ojos tanto como pudo, pero le dedique una sonrisa forzada que la hizo callar cualquier reproche.

-Bienvenidas -agregó el chico, con una sonrisa, y se aproximó a la entrada para abrirnos la puerta.

-¿Cómo que licenciada? ¿Y la mejor? -protestó Mell en un susurro-. ¡¿No se te pudo ocurrir otra cosa?!

No le hice caso y caminamos siguiéndole los pasos a Alex, quien caminaba de forma elegante y masculina. Algunos centímetros atrás, Mell me apretaba el brazo mientras intentaba convencerme en susurros que entrar no era lo mejor y que nos regresáramos corriendo al auto y escapáramos del país.

Alex se hizo a un lado para darnos paso y Mell fue la primera en entrar, aunque sus pasos denotaban temor y su mirada terror. Yo fui la segunda en entrar y caminé lo más firme que pude, no iba a dejar intimidar después de la vergüenza que había pasado, bueno, al menos eso creí, hasta que un susurro a mi lado me hizo estremecer.

-Por cierto, señorita Graze, el diseño es de la arquitectura funcionalista.

Esbocé una sonrisa nerviosa y seguí a Mell a paso rápido, este chico me provocaba nervios y una sensación cálida en el pecho, aunque la verdad es que me estaba muriendo de la vergüenza por mi error.

-No estoy de acuerdo con esto, pero al parecer sí sabes algo sobre arquitectura y diseño de interiores -susurró mi amiga apenas llegué a su lado -. Creo que, si te creyó, así que algo has de saber -agregó y señaló a Alex, quien nos miraba y sostenía una linda sonrisa.

-Por supuesto- murmuré en un tono sarcástico apenas audible, que creo que Mell no llego a escuchar.

***

Quince minutos después nos encontrábamos sentadas frente al señor Cooper, un hombre de quizás cuarenta y tantos años, algo canoso y de piel morena. La amabilidad era una de sus cualidades más visibles y su sonrisa cordial era como el testigo perfecto de su bondad.

-Mucho gusto, señor Cooper -me presenté al sentarme y extendí mi mano.

-Mucho gusto, me informan que ustedes son decoradoras -contestó y estrechó ambas manos, la de Mell y la mía.

-Sí... sí, así es, las mejores -afirmé con seriedad. Mell me miró enojada, pero le sonreí con nerviosismo-. Estamos buscando oportunidades de trabajo, somos recién graduadas -proseguí, justificando nuestra joven apariencia-. Y nos ha parecido bien este banco para hacer uso de nuestros conocimientos -propuse y recibí un pisotón de Mell por debajo de la mesa.

-Eso es fabuloso. Nos cae como anillo al dedo, justo queríamos cambiar el diseño, ya se ha vuelto aburrido y monótono, porque tomando en cuenta que tenemos clientes frecuentes que vienen todas las semanas o cada dos días a depositar dinero de las planillas de trabajadores públicos y privados, nos gustaría ofrecerles un espacio único, cómodo y atractivo mientras esperan su turno. Hace ya algunos meses habíamos planteado esa posibilidad, sin embargo, no se había llevado a cabo porque...

En realidad, no me interesaba seguir escuchando por qué no se había llevado a cabo. Estaba preocupada por ver o encontrar a James, necesitaba cumplir mi verdadero objetivo de aquella visita al banco, necesitaba llegar al fondo de aquel misterio. Mi atención se dirigió a los demás cubículos en busca de alguna pista de James. Pero nada, no había nada que me hiciera reconocerlo o que me diera un indicio de qué había pasado entre nosotros.

-Así que cuando quieran pueden empezar -terminó el señor Cooper con una sonrisa cordial y me hizo girarme casi por completo para quedar nuevamente frente a él.

-Disculpe, ¿qué estilo me dijo? -pregunté con voz nerviosa, porque ni atención le había puesto a esa parte.

-Queremos algo sencillo, cómodo, practico, confortable, pero que conserve el estilo arquitectónico del banco, el Funcionalismo. Deseamos un diseño que combine con el formato y diseño externo, pero que esté a la vanguardia-repitió en tono serio-. El proyecto ya lo teníamos pensado, sin embargo, habrá que hacerle unos cuantos ajustes porque los revestimientos en las paredes ya fueron hechos hace poco, las luminarias fueron instaladas hace unos meses, pero quizás se deba revisar por si se ajusta al diseño pensado, y también el espacio se deberá ampliar un poco más ahora que estaremos contratando más personal para el departamento de préstamos y finanzas.

Mell me observaba con expresión desconcertada y podía entender en sus ojos que en silencio me gritaba ¿qué rayos es Funcionalismo?

-Revisaremos el proyecto, arreglaremos detalles, haremos las gestiones necesarias, la lista de mobiliario y de equipos y cuando estén listos, les avisaremos y firmamos el contrato -propuso tomando el teléfono para comunicarse con su secretaria-. Jennifer, por favor, busque en los archivos el proyecto de diseño de interiores y comuníqueme con el gerente.

Diez minutos más tarde estábamos saliendo del banco, con un proyecto de diseño a cuestas, un proyecto del que no teníamos ni la más remota idea.

-Estás loca, Bella -refunfuñó Mell-. ¡No sabemos hacer nada de eso! -farfulló mientras subíamos a su auto-. ¿Puedes explicarme qué es el Funcionalista? ¿Qué es eso? ¿Acaso la secuela de El Mentalista? ¿Cómo pretendes hacer ese proyecto si ni siquiera sabes qué es una corriente filosófica?

-Es Funcionalismo, no funcionalista y es una corriente arquitectónica- corregí luego de buscar en Wikipedia qué era el Funcionalismo-. Lo acepto, no lo sé, pero podemos aprender ¿no?

-Un minuto, ¿harás todo eso solo para estar cerca de James? -resopló enojada y cerró su puerta de golpe-. Eso no era parte del plan.

-Lo sé, y no es para estar cerca de él como piensas, bueno si, pero no en ese sentido. Quiero entender por qué me abandonó, quiero saber qué pasó, qué lo hizo cambiar de opinión, quizás en su trabajo sea el lugar en donde más información pueda encontrar, al fin y al cabo, es uno de los lugares que más frecuenta- comenté y miré por la ventana, ya era medio día y no había visto a James llegar.

-Estás más loca que una cabra -rechistó encendiendo el auto-. Se supone que era para salir lo más pronto de esto, no para meternos de cabeza a este asunto.

-Anímate, así podrás decorar tu casa. A Javi le gustará, estoy segura de eso -repliqué haciendo un gesto con la mano.

Resopló una vez más y pegó su cabeza al volante. Mientras yo recordaba y ella se arrepentía de lo que acababa de pasar.

Levantó su rostro y resignada dijo:

-Voy a hacerlo por ti y porque me parece una buena opción para que salgas de casa. Pero debe ser pronto, las clases comienzan en mes y medio y es nuestro último semestre. Además, no te voy a negar que emociona que un día llegue Javi y todo esté decorado por mí. -Sonrió al mencionar esa parte. Ella amaba a su esposo. -

-Por eso te quiero -murmuré y le tiré una pequeña almohada que llevaba en el sillón del auto.

-Pero... prométeme que apenas sepas de James vamos a dejar todo esto de decoradoras -pronunció e hizo énfasis en la última palabra.

-Te lo prometo. Ahora vamos, necesitamos encontrar alguna escuela o academia donde enseñen a decorar, por fortuna estamos a principios de año y tal vez podemos encontrar alguna -propuse emocionada. En realidad, no solo me emocionaba entender la razón por la que James se había comportado como un idiota, también sabía que aprender una nueva habilidad me haría bien y me ayudaría a canalizar mi tristeza.

Mi amiga puso el auto en marcha por aquella transitada calle, ya que estábamos en plena hora de almuerzo y las calles se saturaba de personas y autos. Me puse cómoda en el respaldar del sillón, y miré por la ventana antes de alejarnos del banco. Alex se encontraba sentado en una de las mesas del restaurante de al lado, tenía la vista puesta en un libro, pero cuando escuchó el motor del auto, levantó la mirada y me pareció ver que una sonrisa se esbozó en sus labios, o tal vez solo fueron ilusiones mías.

Lo que si no eran ilusiones había sido la vergüenza que había pasado aquel día. Tenía que aprender a investigar más antes de hablar de un tema.

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