"¡Ah!".
Un grito desgarrador rompió la tranquila atmósfera de la mansión de la familia Kameron.
Hoy era el octogésimo cumpleaños de Rena Kameron, y los invitados se habían reunido en el salón, charlando alegremente. Sin embargo, todos se pusieron alerta al oír el grito.
Al pie de la escalera, Cassidy Bradley estaba hecha un ovillo, retorciéndose de dolor. Tenía los brazos y las piernas llenos de moratones, que resaltaban sobre su impecable piel. Incluso tenía un labio roto y le corría sangre por la barbilla.
Asombrada y conmocionada, la multitud miró hacia la escalera, donde había una mujer con el rostro inexpresivo.
¿Belinda Fletcher?
Enseguida, los invitados intercambiaron miradas de complicidad, pues podían adivinar a grandes rasgos lo sucedido, y empezaron a reñir a Belinda sin descanso. "¡Debió hablar primero con Russell en lugar de amedrentar a esta mujer!".
"¡Claro que sí! Una mujer madura no recurriría a la violencia, ni siquiera cuando se trata de otra mujer. Más bien, ¡debió aprender a domar a su marido!".
Belinda cerró los puños con fuerza. Estaba tan furiosa que no encontró palabras para replicar en ese momento.
Aquellos curiosos no tenían ningún interés en averiguar la verdad. Estaban demasiado ocupados señalando con el dedo a Belinda con desprecio y sorna.
Aunque Belinda y Russell Kameron estaban casados, todos en Eimbury sabían que Belinda prácticamente arrebató a Russell de Cassidy.
Esta última tuvo la gentileza de no vengarse de aquella rompehogares, pero Belinda, por su parte, no dejó de complicarle la vida a la pobre muchacha desde entonces.
En ese momento, Russell salió de entre la multitud en silencio, frunciendo el cejo ante la escena que tenía delante.
Al ver su expresión de disgusto, alguien no pudo evitar deleitarse con el picante incidente. "Russell, por fin llegaste. ¡Tu esposa no ha hecho más que abusar de esta pobre mujer!".
Al oír este comentario fuera de lugar, Russell arrugó el entrecejo.
Se dirigió presuroso al lado de Cassidy, con los ojos llenos de preocupación. "¿Te encuentras bien, Cassidy? ¿Qué sucedió?".
"Estoy bien... No es culpa de Belinda, ella no lo hizo a propósito. En realidad soy yo. Es que fui un poco torpe...", tartamudeó Cassidy con voz débil.
¿No fue culpa suya?
Russell conocía a su esposa demasiado bien, y sabía que haría lo que fuera con tal de conseguir sus objetivos.
Russell montó en cólera y actuó por impulso en cuanto oyó la versión de Cassidy. Subió corriendo las escaleras y siseó a Belinda: "¡Discúlpate con Cassidy ahora mismo!".
Su voz sonó tan fría e indiferente, que casi parecía que estuviera dando órdenes a una humilde esclava en lugar de a su esposa. Belinda sintió que se le revolvía en el estómago.
¿Disculparse?
Ni su propio esposo se molestó en escuchar su versión de los hechos y prefirió creer sin rechistar el relato de Cassidy. ¡Qué ironía!
Con una sonrisa amarga, Belinda levantó la barbilla con obstinación y replicó: "Yo no hice nada malo, ¿por qué debería disculparme con ella?".
"¿Ah, sí? ¡¿Estás diciendo que Cassidy se cayó por las escaleras por su propia culpa?!", bramó el chico.
"Eso es justo lo que pasó. ¡Quiere que todo el mundo crea que yo la empujé por las escaleras!".
Al oír esa excusa tan poco convincente, los invitados estallaron en carcajadas y señalaron a Belinda con gesto de desprecio.
¿Cómo podía alguien ser tan estúpido como para lanzarse por las escaleras por su propia voluntad?
¿Quién arriesgaría su propia vida para tenderle una trampa a otra persona?
¡Nadie creería una historia tan disparatada!
Ni siquiera Russell.
Con el rostro fruncido, agarró a Belinda sin previo aviso y la arrastró escaleras abajo. Al ser tomada con la guardia baja, Belinda perdió el equilibrio y su frente se golpeó contra la barandilla y se le hinchó de inmediato.
Pero Russell no se apiadó de ella en absoluto. Al contrario, dijo sarcásticamente: "¡Bravo! ¡Te lo mereces! Ahora, ¡discúlpate con Cassidy!".
"No. Yo no hice nada malo". Belinda negó con la cabeza con obstinación.
¡Era cierto! ¡No había hecho nada malo!
¡¿Cómo iba a disculparse por algo que no hizo?!
"Russell, no te preocupes por mí, estoy bien. No quiero que te pelees con tu mujer por culpa mía".
En ese momento, Cassidy, que se encontraba sentada en el suelo, frotándose los moratones con expresión de dolor, intentó mediar en la situación.
Sin embargo, su actitud solo sirvió para enfurecer aún más al chico. Miró a Belinda con furia indisimulada, preguntándose cómo una mujer podía ser tan despiadada.
Agarró a Belinda por la barbilla y gruñó con los dientes apretados: "Discúlpate o nos divorciamos. Elige".
A Belinda le sorprendió su actitud decidida. De inmediato, la multitud se deshizo en murmullos, cotilleando acaloradamente sobre la pareja que tenían delante. Ella, en cambio, solo se quedó en silencio.
"¡Te dije que una mujer como ella no merece entrar en nuestra familia!", dijo en voz alta Lydia Kameron, la madre de Russell.
Teresa Kameron, la hermana de Russell, que había estado observando la situación en silencio, al final, intervino diciendo: "Mamá tiene razón, Russell. ¡Divórciate de una vez!".
Al oír sus odiosos comentarios, Belinda no pudo evitar reírse de sí misma con amargura.
Ella y Russell llevaban casados tres años, y a lo largo de ese tiempo siempre hizo lo que los Kameron le pidieron, pero... ¡a cambio solo recibió desprecio y duras críticas!
Ni siquiera se molestaron en escucharla.
¡Maldita ironía!
En ese mismo instante, alguien tomó su mano y la estrechó con fuerza. Ella levantó la vista, sorprendida, y vio que se trataba de Rena. La matriarca de los Kameron acudió en su ayuda, mirando a todos con rabia.
"¡Bella nunca haría algo así!", espetó.
Sus firmes palabras demostraron de qué lado se encontraba.
De repente, a Belinda se le hizo un nudo en la garganta.
Rena era la única persona en esta miserable familia que la había tratado bien.
Después de decir eso, la mayor estaba a punto de llevársela cuando Teresa las detuvo de repente.
"¡Abuela, no puedes decir eso así como así! Está claro que Belinda empujó a Cassidy por las escaleras. ¡Todo el mundo lo vio!".
Teresa señaló con el pulgar a Cassidy, que seguía sentada en el suelo sin poder hacer nada. "¡Mira lo malherida que está Cassidy! Si no fuera tan amable, ya habríamos llamado a la policía. Abuela, ¡no puedes fiarte de la palabra de Belinda!".
"¡Fuera de mi camino!", exclamó Rena con rabia. Mientras hablaba, miró a Cassidy, que contemplaba su reacción con atención.
Aquella mujer nunca le había caído bien, y se negaba a creer que Bella fuera capaz de hacer algo así como herir a los demás.
Pero Teresa hizo oídos sordos a las órdenes de su abuela y continuó criticando duramente a la muchacha. "Russell tan solo quiere una disculpa. Belinda le hizo daño a Cassidy y aun así se niega a pedir perdón. ¡Es indignante! ¡No puedes solo protegerla sin más!".
Pasando por alto a Rena, Teresa empujó a Belinda con fuerza. "¿Me estás escuchando siquiera? ¡Discúlpate con Cassidy ahora mismo o no te dejaré ir!".
Sorprendida, Belinda perdió el equilibrio al recibir el empujón.
Rena estiró la mano para intentar sujetarla, pero de repente sintió un mareo abrumador, y cayó desmayada al suelo en un segundo.
"¡Abuela!".
"¡Mamá!".
"¡Señora Kameron!".
Estalló el caos. En un estado de pánico, todo el mundo se cernió alrededor de la matriarca Kameron en un esfuerzo por echar una mano.
Mientras tanto, Belinda, que fue arrojada a un lado como basura, luchaba impotente por ponerse de pie mientras la sangre rezumaba del corte en su frente. Se sentía tan mareada y agotada que, incluso después de varios intentos, no consiguió levantarse.
Al final, no pudo hacer nada más que ver cómo se llevaban a Rena en una camilla. El sonido ensordecedor de la sirena de una ambulancia sonó hasta que se desvaneció a lo lejos.
Al segundo siguiente, un par de zapatos de cuero aparecieron frente a ella y, antes de que Belinda pudiera siquiera levantar la cabeza, escuchó la voz indiferente de quien era su esposo. "¡Nunca serás tan buena como Cassidy!".
¿Qué? ¿Que ella nunca estaría al nivel de Cassidy?
Tras decir eso, Russell se marchó sin darle la oportunidad de responder.
Un dolor terrible se apoderó de su alma.
Sí, ella no era rival para esa chica...
No era ni despiadada ni astuta, a diferencia de Cassidy.
Precisamente por eso acabó así.
Todo el mundo compadecía a la otra mientras la despreciaban a ella gracias a sus artimañas.
La sangre no dejaba de brotar del corte que Belinda tenía en la frente, mezclándose con las lágrimas que rodaban por sus mejillas.
Estaba tumbada en el suelo sin poder hacer nada y miraba a su alrededor, aturdida. ¿Por qué demonios se empeñó en seguir casada?
"¡Muévete y déjanos hacer nuestro trabajo!".
"Tenemos que fregar el piso, ¡apresúrate y sal del camino!".
"Mírala. ¿Cómo pudo la nuera de los Kameron dejarse llevar así? Ja, ja, ja...".
Las burlas de los criados zumbaban en sus oídos, provocándole náuseas.
Belinda se esforzó por levantar la cabeza y se les quedó viendo. Tenía la vista borrosa y hablaba con voz ronca. "Ayúdenme... Llamen a una ambulancia...".
Cuando Belinda se despertó, ya había amanecido.
De pronto se encontró con que todavía estaba tirada en el suelo de la sala de estar.
Al pensar en eso, sonrió con amargura y sacudió la cabeza con frustración.
En esa familia ella era tan insignificante, que hasta los propios sirvientes la menospreciaban.
¿Qué sentido tenía quedarse allí?
¿Tanta humillación solo para devolverle el favor a una persona?
De repente, Belinda escuchó unos pasos acercándose. Incluso antes de levantar la vista, sabía ya quién era.
Tratando de hacer un último esfuerzo, soportó toda la incomodidad y luchó por sentarse.
"Russell...".
"¡Levántate y ven conmigo! ¡Tienes que disculparte con Cassidy ahora mismo!".
Tan pronto como él comenzó a hablar, la última esperanza que tenía Belinda se esfumó de inmediato.
Por lo visto no había ido a ayudarla, sino a obligarla a disculparse.
¡Qué estúpida se sintió al esperar que él estuviera allí por ella y no por Cassidy!
¡Russell era el hombre al que había amado durante más de ocho años! Sin embargo, todo ese tiempo, solo una mujer ocupó su corazón y jamás fue ella.
En ese momento, Belinda finalmente tomó una decisión definitiva: renunciar al hombre que nunca se preocupó por ella en absoluto.
Apretó los dientes y se puso de pie, mostrando una mueca de dolor. Cuando ambos se miraron a los ojos, no había ningún tipo de afecto en su mirada, sino más bien un sentimiento hostil y distante.
Se dice que cuando una mujer decide renunciar a su hombre, se muestra más decidida y resuelta que un general en plena batalla.
Belinda miró a Russell fijamente y habló con calma, acentuando cada palabra con precisión.
"Fue Cassidy quien se lanzó ella misma por las escaleras. Yo nunca la empujé. Si no me crees, pregúntales a los invitados. ¿Alguno de ellos te dijo que me vio empujarla?".
Su voz era serena e incluso desafiante, como si no fuera la acusada.
Al escuchar eso, Russell estaba tan molesto que la miró indignado. Al ver esto, Belinda sonrió con burla y dijo de la nada: "Russell, divorciémonos".
El rostro del hombre cambió instantáneamente.
En su mente, él creía que su esposa finalmente se arrepentiría de su error y se disculparía con Cassidy.
¡Ocurrió todo lo contrario! ¡Su mujer quería divorciarse de él!
¿Acaso no fue ella quien le suplicó que se casaran?
¿Ahora quería divorciarse?
¿Quién le daba el derecho de abandonarlo primero?
Cuando la vio alejarse, el corazón de Russell se llenó de odio. Con un tono peligrosamente bajo, la amenazó.
"Sales por esa puerta y jamás podrás volver".
La sonrisa de Belinda se agrandó al escuchar eso.
¡Era lo que más había esperado!
Desde el momento en que supo que debía divorciarse de él, ¡nunca pensó en volver!
¡No quería volver a ese maldito lugar ni por error!
Después de salir de la sala, Belinda se tambaleó y cayó al suelo, agotada.
Se frotó las sienes adoloridas y sacó su celular para hacer una llamada.
Después de colgar, imprimió dos copias de los documentos de divorcio, empacó sus pertenencias personales y luego esperó en silencio en la entrada.
Mientras esperaba allí, no pudo evitar pensar en su vida pasada. Cuando estuvo en el último año de secundaria, la familia Lindfield aún no la había encontrado ni se la habían llevado a casa. Su padre adoptivo era un adicto al juego, que a menudo iba a la escuela solo para causarle problemas, por lo que sus compañeros de clase siempre la acosaban.
Ella había sido muy miserable hasta el momento en que Russell entró en su vida. Él siempre la había defendido y protegido. Si no fuera por ese hombre, Belinda dudaba que lo hubiera logrado sola.
Al pensar en el pasado, no pudo evitar reírse amargamente de sí misma.
¿Cómo pudo haber sido tan estúpida como para enamorarse de un hombre tan frío y despreciable?
¡Estaba loca!
Mientras permanecía ensimismada, un Maserati descapotable color rojo brillante se detuvo justo en frente de ella. El conductor vestía de manera informal y le silbó desde adentro del auto.
"Belinda, ¿por qué...? ¡Dios! ¿Qué rayos te pasó? ¿Qué fue lo que sucedió? ¡Estás herida! ¿Chocaste contra un árbol por accidente o algo así?".
De repente, la mirada juguetona del hombre desapareció cuando bajó del vehículo para revisar su herida.
Belinda pensó rápido y lo esquivó hábilmente.
"No es gran cosa. Vamos. Llévame al hospital y mejor deja que sean las enfermeras las que revisen mis lesiones".
"¿Cómo puedes ser tan descuidada, Belinda?", la regañó él.
A pesar de eso, Calvin Merrick trotó con consideración y le abrió la puerta del pasajero.
Belinda no pudo evitar comparar su preocupación y amabilidad con la indiferencia y el maltrato de Russell.
¡Incluso un amigo estaba más preocupado por su herida, que su propio esposo!
En fin... ¡Russell nunca se preocupó por ella!