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Acorralado por el Destino

Acorralado por el Destino

Autor: : N Chandra.
Género: Fantasía
Rosalie Murdoch quedó destrozada cuando su compañero y el alfa de la manada, Chris Reynolds, la traiciona tomando a alguien más. Con el corazón roto, ella tuvo una aventura de una noche con el alfa visitante, Alex Greyson. Horrorizada por los hechos, intentó escapar, pero fue reclamada por Greyson como su pareja. Sin embargo, Chris, su expareja, la quería de vuelta. Atrapada entre los dos alfas y con una inminente guerra de manadas. ¿Cuál será el destino de Rosalie?

Capítulo 1 Prólogo

"¿Por qué me estás haciendo esto?", grité, sujetándolo por el cuello. Con indiferencia, aquellos ojos que alguna vez me miraron con amor, ahora me devolvían una fría mirada. Eran como unos pozos sin fondo. Esto no podía ser real. ¿Acaso estaba en medio de una pesadilla? ¿Podría despertarme de ese doloroso sueño?

"Lo siento, Rosalie, pero no puedo tomarte como mi pareja. Sabes que no tuve elección en este asunto. Tengo que obedecer al Consejo".

"¡Pero yo soy tu pareja! ¿Cómo es que ellos tienen el derecho a decidir quién puede ser tu cónyuge? ¡Sabes bien que somos el uno para el otro! ¡Tu propio lobo lo sabe!", argumenté, limpiándome las lágrimas. Según las estrictas reglas de la manada, un Alfa solo podía emparejarse con un Alfa, o con un Beta de alto rango si surgía la necesidad. En mi caso, yo era una Omega, y aunque mi padre había sido ascendido a Beta, él todavía era un Omega de nacimiento, y yo también.

Aun así, a pesar de que mis esfuerzos eran inútiles, seguía aferrada a la esperanza de que se hiciera una excepción.

Sin embargo, los hermosos recuerdos y el sueño de una vida feliz junto a mi pareja desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. La escena parecía sacada de una película.

Mi compañero me estaba abandonando. Chris me miraba fijamente sin mostrar emoción alguna.

De pronto, la expresión de su hermoso rostro se suavizó un poco mientras intentaba meterse en mi cabeza.

"¡Deja de tratar de leer mis pensamientos!", espeté.

"No lo estoy haciendo, Riri. Solo estoy tratando de consolarte", susurró acercándose a mí, al tiempo que yo daba un paso atrás para mantener la distancia. No quería que me tocara porque no podría soportarlo.

"Por favor, no me pongas un dedo encima. Te ruego que no hagas esto más difícil". Yo ya estaba lo suficientemente furiosa, herida y destrozada como para aguantar más. "Y por favor, no vuelvas a llamarme Riri nunca más", gruñí.

"Pero todavía te amo", insistió, con dolor y anhelo en su voz. Con esto, dio un paso más para abrazarme. En este punto yo no tenía la energía para resistirme, así que apoyé la cabeza en su pecho y rompí en llanto. Él cerró sus grandes brazos alrededor de mi cuerpo, diciendo:

"Siempre te amaré, Riri, pero no de esa manera. No puedo tomarte como mi pareja. Tendré que rechazarte. Por favor, perdóname", me dijo al oído.

En vista de que mi loba se sometió al Alfa, no podía desafiarlo. Simplemente tenía que aceptar el rechazo incluso si eso significaba que el corazón se me rompería en pedazos.

Acto seguido, sentí sus labios besando mi frente y mis mejillas. Estaba derramando pequeños besos en toda mi cara. Luego, puso su mano en mi cabello y parecía estar a punto de besar mis labios cuando yo me aparté.

"¡No!", exclamé.

Mi reacción lo dejó un poco sorprendido y consternado. "Riri...", comenzó a decir, pero lo detuve.

"¡Dije que no! Ya no soy tuya, no somos pareja. No puedes tocarme, Chris Reynolds". Dicho esto, lo empujé.

"No era mi intención hacerte daño, Riri...".

"Ya has hecho suficiente, señor Alfa. Esto se acabó. Acepto tu rechazo, señor Reynolds", dije con solemnidad, haciendo una reverencia. Él me dedicó una mirada que denotaba no estar esperando esa respuesta.

Por mi parte, corrí hacia el bosque sin mirar atrás. En el camino mi ropa se rasgó mientras cambiaba de forma a mi loba blanco plateado, hasta llegar a la cima del acantilado más alto, en el que aullé en la oscuridad de la noche.

Capítulo 2 Rosalie Murdoch

Rosalie Murdoch, de quince años de edad, abrió los ojos cuando el sol de la tarde entraba por la ventana del auto, y soltó un quejido al tiempo que se frotaba los ojos, pues la siesta no había sido lo suficientemente larga. Al revisar su celular, notó que eran las 2:30 p.m. de un sábado, lo cual significaba que habían estado en la carretera durante unas seis horas ya. Entonces se sentó y estiró sus músculos, los cuales estaban rígidos por la incómoda posición en la que había estado durmiendo.

"¿Dónde estamos, mamá?".

"Estaremos allí en unos veinte minutos. Necesitas despertarte y arreglarte, querida, tu cabello es un desastre total", respondió su madre con una sonrisa mientras la miraba. Amelia Murdoch era una mujer deslumbrante. Tenía rasgos faciales angulosos y un cabello largo y rubio que le llegaba hasta la mitad de la espalda, el cual hacía juego con su tez pálida. A sus treinta y cinco años de edad, tenía el cuerpo de una joven de veinticinco, de hecho no parecía ser mayor que eso.

"Llegaremos en media hora más o menos".

Estaban regresando de unas vacaciones muy necesarias. Scott Murdoch, el Beta recién ascendido de la manada Luna Plateada, era una figura imponente incluso sentado detrás del volante.

Sus casi dos metros de altura apenas cabían el asiento del conductor, pesaba ciento nueve kilos de puros músculos y huesos sólidos, y mantenía su cabello en un corte bastante bajo, casi al estilo militar.

"Sí, papá, ya está. Vamos a asistir a la coronación del nuevo Alfa", dijo ella.

La verdad era que no quería volver tan pronto, pero la ceremonia era extremadamente importante para las manadas.

El Alfa Sullivan había muerto de manera repentina, dejando a Chris, de dieciocho años de edad, como heredero. Rosalie se sonrojó al pensar en este último porque era lindo, de hecho todas las chicas de la manada estaban enamoradas de él. Ahora ella no podía evitar preguntarse quién sería su pareja. Debido a su edad, a ella le tomaría tres años más encontrar a la suya.

Era un protocolo para los hijos e hijas solteros de Alfas y Betas ser llevados a todas las ceremonias, pues eran muy pocos y los apareamientos eran muy importantes para su supervivencia.

**********

Con los ojos fijos en su "presa", Rosalie se agachó para enseguida dar un salto y abalanzársele con los dedos abiertos. Su mejor amiga, Melissa, gritó anonadada a medida rodaban por la pendiente y caían en un charco de barro. Entre risas, se salpicaron de barro la una a la otra como si fuera un día cualquiera en la finca. No obstante, faltaban pocas horas para la ceremonia, pero como estaban algo aburridas, habían decidido jugar un rato.

"¡Oh, no...! Mamá me va a matar", soltó Rosalie al ver su vestido arruinado.

"No te preocupes, vamos a mi casa y te presto uno de mis vestidos", ofreció Melissa.

Ninguna de las dos se dio cuenta de que un par de ojos las habían estado observando desde la distancia.

"¿Quiénes son, Jasper?", preguntó Chris Reynolds con curiosidad mientras que su mirada seguía a las chicas fangosas y risueñas que se alejaban, "Son muy divertidas".

Jasper les dio una mirada escrutadora a las chicas.

"¿Ellas? Rosalie y Melissa. Son Omegas y unas chicas muy traviesas. Siempre están tramando algo", respondió, sacudiendo la cabeza con desaprobación.

"De hecho rompieron la fuente del jardín delantero mientras estaban, adivina qué... jugando al escondite. ¡Esas chicas son una amenaza!", agregó.

Al escuchar eso, Chris resopló. "Ay, por favor. ¡Parecen inofensivas!".

"Sí, tal vez, pero sí que son traviesas", dijo Jasper con una amplia sonrisa para de inmediato agregar: "Debes concentrarte en tu coronación hoy. Te pareces mucho a tu padre, ¿sabes? Todavía recuerdo cuando él se estaba preparando para la suya". La voz de Jasper estaba llena de aprecio.

"Él estaría muy orgulloso de ti, Chris".

El adulado suspiró. "Espero poder liderar la manada como él. Le extraño...".

"Todos lo hacemos", replicó Jasper con un asentimiento.

**********

Amelia empujó a su hija al baño.

"¿Qué voy a hacer contigo, Rosie?", cuestionó mientras le quitaba el vestido rasgado y embarrado y abría el grifo de la bañera.

La mujer estaba visitando a los Carter cuando la desaliñada Melissa Carter regresó a casa con la igualmente desastrosa Rosalie, y como era de esperarse, se puso furiosa y arrastró a su hija fuera de allí ipso facto.

"¡Báñate y arréglate! Es el día de la coronación, ¿y te pusiste a corretear en el barro con el vestido? ¡Por Dios! Date prisa o llegaremos tarde a la ceremonia", exclamó la mujer al tiempo que tiraba la prenda a la basura.

La chica hizo un puchero no bien su madre salió del baño y cerró la puerta, pues eso solo podía significar que no estaría libre hasta que estuviera limpia y lista. Y allí se quedó mirando el agua tibia de la bañera.

"¿Quién quiere asistir a esa aburrida ceremonia de todos modos?", murmuró refunfuñando, pero para olvidar el enojo de su madre, pronto estuvo chapoteando feliz en la bañera.

"¡No pierdas el tiempo jugando, Rosalie Murdoch!", gritó Amelia.

Al escucharla, la chica hizo otro puchero.

"Tu papá acaba de ser ascendido, ¡pero tú no sabes lo que es comportarte! ¿Qué pensaría el Alfa Chris de nuestra familia?", refunfuñó la mujer.

Por mucho que Rosalie odiara que su madre la regañara, tenía razón. ¿Qué pensaría Chris? 'Espero que no me haya visto jugando en el barro', se dijo.

Acto seguido, se puso un poco de champú en el cabello y comenzó a frotarlo. 'Esto apesta', pensó a medida que se enjabonaba el cuerpo con un producto de fragancia dulce. 'Debería lucir presentable para Chris'.

******

Rosalie observó cómo su madre le daba los toques finales a su maquillaje.

"Mamá, no soy una muñeca Barbie", se quejó al tiempo que se retorcía y pasaba sus manos por la tela sedosa de su vestido de color rosa.

"No digas tonterías", respondió Amelia mientras aplicaba brillo labial en sus labios carnosos. Tras observar su reflejo en el espejo por un momento, se sintió satisfecha con el resultado y se volteó para mirar a su hija. "Te ves muy hermosa esta noche, Rosie".

Al escuchar eso, la chica volteó los ojos.

"Voy a salir a tomar un poco de aire fresco", dijo, y sin esperar siquiera a que su madre le respondiera, se retiró.

Al avanzar con sus tacones altos por el pasillo, varios miembros de la manada pasaron junto a ella. Sonrientes, iban hablando sobre la coronación de esa noche, y la verdad era que lucían hermosas y guapos con sus trajes de pingüino y vestidos largos y ceñidos de varios colores.

Tras acelerar el paso, Rosalie bajó corriendo la gran escalera de mármol, emitiendo un fuerte taconeo. Ante eso, se estremeció de vergüenza, pero lo ignoró cuando la abrumadora sensación de ser observada comenzó a ponerla ansiosa.

Ella sabía que no era tan hermosa como esas lobas mayores con curvas ideales y senos grandes. De pronto se preguntó si alguna vez llegaría a tener una belleza tan perfecta como esa.

Habiendo atravesado la puerta principal, bajó apresurada aunque con cautela los cortos escalones, y aunque los tacones la molestaban, siguió caminando hacia ese lugar donde se sentía muy tranquila. Fue directamente al bosque.

Este estaba oscuro y los últimos restos de luz solar no podían atravesar la espesa vegetación, de modo que no la iluminaban nada. Sin embargo, Rosalie podía ver bien tanto de día como de noche sin ningún problema. Un humano normal se habría movido como un ratón ciego con el peligro de ser atrapado por un búho hambriento, pero los sentidos de los hombres lobo mejorados hacían que caminar en la oscuridad fuera fácil para ella. Entonces se echó a correr, sintiendo el viento en su rostro, pero una raíz de árbol salida la hizo perder el equilibrio y cayó al suelo, aterrizando sobre su rostro.

Con un quejido, permaneció inmóvil en el suelo por un momento antes de enderezarse y quitarse la suciedad de su costoso vestido. En ese instante miró con horror que el ruedo se había rasgado.

'Mamá me va a matar', se dijo ansiosa mientras lo examinaba, y suspiró. 'Por eso prefiero correr en mi forma de lobo que disfrazarme como una niña pretenciosa', pensó con vehemencia antes de sentarse en un árbol caído.

Al respirar profundo, se sintió bien puesto que el aire allí estaba muy fresco.

Capítulo 3 Alex Greyson

Rosalie se quitó los tacones cerca de un árbol caído y sintió que su loba se apoderaba de ella. No obstante, no tenía permiso de transformarse sin supervisión.

Dado que los lobos jóvenes podían perder el control con facilidad, no se les permitía cambiar de forma a menos que estuvieran con adultos confiables, pero como loba, Rosalie tenía una velocidad y sentidos mejorados que los de un humano promedio. Teniendo en cuenta la prohibición, respiró hondo de nuevo para calmarse y luego corrió hacia el bosque en su forma humana. Si bien así iba más lento que si estuviese en su forma de lobo, era casi igual de bueno.

Ella podía sentir las ramas delgadas y las hojas muertas y marchitas crujir bajo sus pies mientras corría allí, sin mencionar que le encantaba la sensación del viento frío en su rostro. A cierta distancia, podía escuchar la cascada; ese era su lugar secreto. En ese punto, redujo la velocidad y trepó por una roca desde donde podía ver el arroyo fluyendo hacia una hermosa cascada pequeña. Entonces dio un paso atrás para después saltar alto, por lo que rasgó su vestido de nuevo y maldijo por dentro. 'Ay, no', pensó, 'Ya estoy castigada'. Con eso, voló a través del arroyo para aterrizar en el otro lado.

Totalmente estupefacta, ahogó un grito cuando aterrizó sobre otro cuerpo que estaba sentado con las piernas cruzadas en la roca. Sin embargo, terminó soltando el grito porque ambos cayeron al arroyo con las extremidades entrelazadas.

"¿En qué diablos estabas pensando?", cuestionó una voz masculina cuando resurgieron del agua.

"¿Te volviste loca?", gruñó antes de notar que quien había saltado sobre él era una chica.

"¿Quién eres?", le preguntó el chico.

Rosalie miró al extraño y calculó que tenía alrededor de veintiuno años de edad. Él era unos treinta centímetros más alto que ella, su cuerpo era todo musculoso, su cabello oscuro goteaba agua sobre su hermoso rostro cincelado y sus ojos verdes brillaban de ira. La loba de Rosalie se encogió por dentro enseguida, pues ese chico era un Alfa.

"¿Me preguntas quién soy en nuestro territorio? ¿Tú quién diablos eres?", espetó de todos modos Rosalie. Su madre le había advertido sobre los extraños. '¿Debería alertar a los demás?', se preguntó.

Sin responderle, él chasqueó la lengua con desaprobación. "Por lo visto, causas problemas. ¿No te cansas de andar hiperactiva por ahí?".

"No respondiste a mi pregunta. ¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo en el área de la manada Luna Plateada?".

A pesar de que él frunció el ceño, su rostro se suavizó de inmediato, pues la chica parecía débil y no tenía sentido asustarla.

"Soy Alex Greyson de la manada Cristal Gris. Estoy aquí porque tu Alfa me invitó a asistir a su coronación, así que si planeas alertar a todos sobre una posible intrusión, no te molestes. Además, no estoy interesado en este basurero".

"¡Oh!", murmuró Rosalie con sus ojos abriéndose de par en par por la sorpresa. ¡Ella acababa de insultar y saltar sobre un Alfa visitante!

La manada Luna Plateada había invitado a varias personas importantes como los miembros del Consejo y varios líderes de otras manadas. No solo Alex Greyson era uno de los Alfas más poderosos, sino que su manada era fuerte y formidable, y ahora él le estaba lanzando una mirada un tanto irritada. '¡Mamá me va a matar!', exclamó para sus adentros.

"¡Solo estaba corriendo en el bosque! No sabía que estabas aquí", dijo a la defensiva y comenzó a salir del arroyo.

"¡Aahh!", gritó al tiempo que se resbalaba de nuevo y arrastraba a Alex al agua. No obstante, él fue más rápido esta vez, de modo que la agarró del brazo y la puso de pie.

"¡Eres un desastre! Ten cuidado, pies resbaladizos", dijo sacudiendo la cabeza con frustración para enseguida salir del agua.

Refunfuñando, ella comenzó a seguirlo cuando iba a resbalar por tercera vez, pero él la agarró por su delgada cintura para salvarla, y paralizados, ambos se quedaron mirándose a los ojos.

******

La luz de la luna brillaba en el rostro de la chica, acentuando sus hermosos ojos y la curva de su nariz, y sus perfectos labios se veían muy atractivos. Sin embargo, él la soltó no bien se dio cuenta de que todavía era una adolescente. Ellos estaban mirándose, o mejor dicho, él la había estado mirando todo ese rato, pues su corazón había latido extrañamente cuando tocó su cintura. Esa había sido una sensación muy peculiar y muy familiar. ¿Acaso podría ser que...? No, ella no podía ser su pareja, pero él descubrió que le gustaba eso que había sentido. Entonces buscó a su lobo, quien había estado decaído durante días, y ahora este de repente estaba alerta. No obstante, no estaba ansioso por reclamarla como suya, sino que solo esperaba y observaba... curioso.

"Gracias", murmuró Rosalie a medida que salía del arroyo sin siquiera mirarlo. "Necesito regresar y cambiarme. Este es el segundo vestido que arruino en el día, y mi madre pasó horas buscándolo en Internet", comentó con un suspiro.

De repente, cayó en cuenta de por qué él estaba allí y pensó que de hecho debería haber estado en el salón con los demás.

"Alfa Alex, ¿qué estabas haciendo aquí solo? ¿No se supone que deberías estar con los otros invitados?".

Pese a la interrogante de la chica, él no se movía, en cambio estaba paralizado, mirándola intensamente.

Al verlo así, ella frunció el ceño.

"¿Alex?", lo llamó, "¿Estás bien?". Enseguida lo agarró por la muñeca y lo sacudió para que reaccionara, pero él no se movió.

"Oh, Dios mío, te hice mojarte. ¡Ahora debes estar congelado!", exclamó Rosalie al tiempo que se frotaba las manos para intentar calentar las de él.

"¡Ay, no! ¿Te dio hipotermia? ¡Por favor, no mueras!".

De pronto él la apartó con suavidad. "Estoy bien", dijo con voz ronca.

"Creo que debería irme", agregó y puso una expresión como si recordara algo.

"¿Cuál es tu nombre?".

"Soy Rosalie Murdoch", respondió ella, pero de inmediato lo detuvo. "Espera... ¿Qué estabas haciendo aquí solo, Alex?", le preguntó con curiosidad, aunque después de hacerlo se mordió los labios porque pensó que se había pasado de la raya al interrogar a un Alfa.

"Perdón", dijo rápidamente.

"No, está bien", replicó él. Si bien necesitaba irse, pensó que podría quedarse unos minutos para hablar con ella, la chica que había hecho que su corazón latiera de una manera extraña y feliz.

"Estaba pensando en... cosas", comenzó, y tras una pausa, continuó: "Si no pudiera liderar mi manada como lo hizo mi padre, me preocupa decepcionar a los miembros".

"Lo harás bien", dijo Rosalie con confianza, "¡Estoy segura de que serás el mejor alfa que hayan tenido!". Apenas terminó de hablar, le regaló una enorme sonrisa, pero como todo su cuerpo estaba empapado, sus dientes castañeteaban.

"Gracias por esas palabras", respondió él.

Acto seguido, se volteó a mirarla de nuevo y por fin pareció notar el triste destino del desgarrado vestido de la chica.

"Tu madre se va a enojar cuando se entere del desastre que te volviste", comentó.

"Sí, aunque ya me castigaron de todos modos", dijo ella con cara triste.

"Ven conmigo. Estoy seguro de que Sarah, mi hermana, puede encontrar un vestido para ti".

Con un brillo en los ojos, ella se sonrojó. "Gracias".

Al verla así, él se dio cuenta de que le gustaba ver cómo se le enrojecían las mejillas, y su bello rostro se iluminó con una sonrisa cuando le ofreció la mano como un caballero que invitaba a una chica a un baile. "Vámonos entonces. La coronación comenzará pronto".

*********

Rosalie dio vueltas en el vestido sin mangas del color rosa chicle que llevaba ahora, y Amelia la miró interrogante. "¿De dónde lo sacaste, Rosie?".

"Yo... Ehm, un amigo me lo dio", respondió la chica sin más. Y es que a fin de cuentas no estaba mintiendo. Ella no quería que su madre descubriera que prácticamente había destruido el costoso vestido que ella le había dado.

"Amelia", dijo su esposo al tiempo que deslizaba la mano hacia la espalda de esta.

"Tenemos que irnos ahora", señaló mientras las llevaba a otra área donde los otros lobos estaban sentados en sus respectivos lugares, y una vez allí, sentaron con los otros Betas y sus familias. Era un momento de orgullo para ellos.

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