Después de tanto tiempo, tratando de sobrevivir en un mundo de gente cruel y bastante inmunda, Eiza llega al seno de una familia que ya pasó por todos los tropiezos que pueden imaginar y no están dispuestos a ver otra vez, su tranquilidad en peligro.
Sin embargo, muy en contra de sus deseos, Adam, el heredero de la dimensión, aún sin saber qué significa eso, se enreda entre la pasión casi instantánea que despierta la hermosa Eiza en él, y las ganas de descubrir de qué dimensión es heredero. Arrastra con él, a más de uno, en la lucha por la supervivencia y las venganzas. Así como también se pierde en la desesperación que siente por poseer a aquella confusa mujer, que parece escapar de entre sus dedos cada vez que siente que ya la tiene.
Ella por su parte descubrirá, que hay mucho más de lo que pensaba detrás de la muerte de sus padres y de la vida que conoce. Así como tampoco puede mantener su férrea intensión de no ceder ante Adam, que la poseerá incluso antes de tenerla.
La saga continúa...
Más pasión, más erotismo, más intriga y más posesión. Una lucha sin tregua contra el mal, que los guiará hasta la más honda pasión.
Adam y Eiza, no podrán resistirse a su deseo por el otro.
¿Irá todo bien?
Me encontraba allí, en la mansión Carter.
Aquel sitio tenía el mismo poderío, que su dueño. Samuel Carter.
Ese hombre representaba una tremenda amenaza para mí, el día que descubriera que estaba usando a su hija y sus sobrinos para recuperar a mi hermano.
Pero es que todos allí, eran igual de amenazantes.
El padre y el abuelo de Adam me miraban extraño. Tenía la sensación de estar sobre observada. Cada paso que daba sentía que era analizado cuidadosamente... Tal vez solo fuera cosa mía. Pero no podía evitar sentirme así por las razones que me habían traído hasta aquí.
Sin embargo, en el instante que Adam Douglas entró en el salón, abrazado de April, me temblaron las piernas a pesar de estar sentada.
Era un hombre inmenso, aquel traje de ejecutivo, le sentaba de lujo.
Las mangas remangadas hasta los codos, la corbata colgando en su cuello, ya sin chaqueta y los músculos de sus muslos marcándose a través del ajustado pantalón, eran una peligrosa tentación para cualquier mujer y puede que hasta para muchos hombres. Era un hombre exquisito a la vista. Y con un complemento azul en sus ojos, que me convertían en mi propia enemiga, solo por la locura que me representaba la posibilidad de perderme en esos ojos. Por no hablar de su mandíbula cuadrada con una barba bien estudiada de par de días a lo sumo y un porte dominante increíble. Su mirada a pesar de ser tan azul por el color de aquellos ojos, se veía oscura y minuciosa sobre todo lo que notaba fuera de lugar a su alrededor.
- ¿Dónde esta mi madre? - fue lo primero que salió de su boca, esa boca roja de dientes afilados y blancos que mordían ligeramente sus carnosos labios debajo de una nariz perfilada, al chocar su mano con la de su primo Evan. El hermano pequeño de April.
- No empieces tío - lo regañaba el chaval. Sabía que tenía Evans unos cortos diecinueve años.
También conocía perfectamente lo apegado que era Adam a su madre y las broncas que tenía con su padre por esas conductas posesivas con Amaia Douglas. La melliza de la tía de April. Dos mujeres de asombrosa e idéntica belleza.
Estábamos en la zona de la piscina de la casa. Allí sería la cena de nochevieja y ya todos menos él, habían llegado y me habían saludado.
En estos últimos meses había hecho muy buenas migas con sus primas.
Habíamos terminado la carrera juntas y ellas, habían conseguido que empezara a trabajar para el, cosa que aún no le habían comentado. Eran par de románticas que veían en mí, una posible novia para su adorado y peculiar primo.
Victoria era la más tozuda, que se había empecinado en que tuviera un amorío con su primo, sin saber que justo eso necesitaba, para obtener mi fin. Sin embargo, en el fondo, yo no quería llegar tan lejos, porque sabía que ese hombre podía ser un torrente de ilusiones en mi vida y no me sentía dispuesta a convertirme en un escombro sentimental gracias a él. Podía adivinar solo de verlo, además de mis oscuras intenciones, que así sería.
Solo había planeado, tener una relación cercana, amistosa preferiblemente y conseguir la maldita información que Riley me exigía, recuperar a mi hermanito y salir pitando de la vida de estas maravillosas personas que estaba traicionando, aún antes de hacerlo.
Que triste es asumir que soy una patética sombra de un mafioso que solo se mueve por una absurda motivación al enriquecimiento a base de la desdicha de otros.
Mientras yo localiza dentro de mí, un poquito de humanidad, más allá de la que sentía por mi hermano, el hombre en cuestión, fijó su azul e intensa mirada en mí, que me encogí en el asiento en el que cómodamente me encontraba situada.
- Tranquila que no es tan malo. Disimula los nervios - me decía al oído la hermosa Victoria, sin saber que mi nerviosismo tenía más de una interpretación.
- Basta Vicky - me esforzaba por mostrarme tranquila - solo quiero trabajar con él y lo demás son ilusiones tuyas. Tu primo tiene de sobra con quién divertirse como para que me plantee sumarme a su lista - medio mentí descaradamente - yo no estoy interesada.
Mientras ella reía bajito, él se acercaba caminando como un lince, sin perder contacto visual conmigo. Era difícil mantenerle la mirada y no humedecerme por debajo.
¡Dios que hombre!
- ¿Quien coño es esta Vic? - le preguntó a su prima, haciendo un ademán hacia mí. Se veía molesto y con ambas piernas abiertas en postura medio agresiva. Pero las manos dentro de su pantalón le volvía a convertir en un sensual espécimen.
- No seas borde Adam- le decía April, que se sentó a mi lado, sobre el brazo del sofá, colocando una mano sobre mi hombro, empatizando físicamente conmigo - es Eiza, nuestra amiga y tu próxima directora de marketing- ella besó mi hombro. Yo le miré desde abajo, sintiendo como empezaban a sudarme las manos por los nervios de ese primer encuentro con el potente Adam- sexy- Douglas.
Me levanté, alicé mi vestido rojo , que cubría mi cuerpo hasta la altura de las rodillas, pero dejaba mi espalda al completo descubierta, mientras se adhería a mi cuerpo como segunda piel. Le ofrecí mi mano, educadamente y el solo paseó su vista por mi cuerpo sin disimulo alguno.
- Encantada Adam, soy Eiza. Un placer.
Ni una sonrisa. Ni una emoción. Nada. Ni siquiera me devolvió la mano y su primo, le golpeó el hombro, como instandolo a saludarme.
- No me gusta que me toquen los extraños y no me gusta que haya gente que no conozco dentro de de casa de mi familia.¿Por qué coño vas a trabajar para mí y ni siquiera lo sé?
Como un relámpago furioso, soltó su parrafada y en ningún momento apartó su vista de la mía.
Decidida a no darle mucha atención a su falta de educación, bajé mi mano y saqué el pecho, sin querer que su atención fuera allí, pero fue lo que obtuve de todos modos.
- No hace falta que seas tan altanero - a pesar de poner en riesgo mis objetivos no iba a dejarme humillar por él - había una plaza libre y entregué mi currículum, me entrevistaron y eso es todo. Empiezo después de las fiestas.
Aquello lo molestó visiblemente.
Se acercó a mí, con las manos aún en los bolsillos y sin dejarme apartar la vista de la suya. Se detuvo frente a mí, casi rozando nuestras bocas. No cedí. No me podía amedrentar. Mantuve la posición y pude ver, como su primo reía sin disimular.
- Estoy en la casa de mis tíos, con mí familia y puedo ser como me de la gana. Te quiero en dos días a primera hora en mi oficina - se acercó el poquito espacio que pudo y dejándome sentir su aliento me dijo - no debiste aceptar esto nunca. Ahora, asúmeme - no podía dejarle saber que me ponía demasiado nerviosa su actitud y su cercanía - aún estás a tiempo de evitarte mi altanería. Tienes dos días para hacerlo.
Nos miramos y no sé por qué, el resto de los chicos, no decía nada.
Le sonreí en su boca, porque casi nos rozabamos los labios a pesar de la diferencia de altura, pero mis zapatos me ayudaban.
- No tengo opción. Me va a tocar sufrirte.
Solo eso respondí, siendo sincera al menos en este momento.
Tendría que asumir sus conductas intensas, para poder salvar a mi hermano.
Había aprendido todo de este hombre. Un mes entero esperando este momento y aún así, me supo a mucho más de lo que podía esperar. Y tal vez gestionar.
En el tiempo que hacía que conocía a las chicas, nunca me relacioné con ningunos de los tres chicos de la familia. Yo solo quería , o creía que solo quería llevarme bien con las dos, pues eran un amor de mujeres. Nunca pensé que todo eso de haber estudiado a su lado, había sido planificado por el maldito de Riley, para llevarme a esta situación luego.
En fin, que mientras él me seguía mirando, los otros dos primos que faltaban, llegaron y ese fue el momento que aproveché, para quitar mi vista de su poderosa mirada.
- ¿Y está preciosura quien es? - preguntaba el hermano de Vicki, sabía que se llamaba Maxim, que era adoptado y que adoraba a su hermana.
- Una amiguita de tu hermana - dijo el rubio ojazos azules, que seguía mirándome y deambulando sin problemas por mi cuerpo - y ahora es mía. Mantente lejos.
Devolví mi mirada hacia él, completamente asombrada por lo posesivo y absurdo de su comentario.
- ¿Perdona? - me crucé de brazos, y nuevamente me centré en él, que tenía la vista ahora, en mis pechos que se subieron por la postura que adopté - no soy nada tuyo. Ni siquiera me has saludado, así que no reclames nada de mí.¿Quién te crees que eres?
El resto de la familia, estaba ajena a nuestra confrontación. Estaban dentro de la casa en sus cosas y nosotros afuera, discutiendo ahora.
Me tomó de un brazo, haciendo mucha presión y bajo el reclamo de sus primas, que él, ignoró completamente. Pegó nuevamente su rostro al mío y me contraje un poco bajo su fuerza pero no lo demostré.
- No te devolví el saludo porque no me gusta que me toque gente que ni fu ni fa - nos mirábamos demasiado cerca - y por lo otro, despreocúpate que no me interesas, solo no quiero que mi primito se meta en tu coño y me ponga a llorar a una de mis trabajadoras cuando se cansé de usarlo, que es todo lo que eres para mí. No te equivoques guapa, que no me vas.
- ¡¡Adam!! - su madre, hermosa como ya la había visto con anterioridad, lo regañó y él me soltó, soplando en mi oreja, como para joderme. Y se fue con ella.
Me había quedado tan traspuesta, que casi me pongo a llorar de la rabia. Necesitaba hacer esto, por mi hermano; pero estaba más que claro, que no podría soportar mucho tiempo a ese hombre.
No podría ser su amiga y desde luego, no podría soportar seducirlo. Era detestable. Un desgraciado, engreído y malicioso. Un imbécil que se creía dios y al que yo no podía soportar ni estos diez minutos, como para plantearme acercarme más a él.
Hablaría con Riley, cambiaría el plan. Trataría de descubrir lo de la maldita dimensión, a través de sus primas, incluso prefiero seducir a cualquiera de la familia menos a él.
No lo soporto y no lo soportaré nunca, por muy macizo que esté.
Me despedí de las chicas y hasta de los chicos y salí pitando de allí.
Ellos trataron de hacer que me quedara pero no podía, había sido un error empezar esto acercándome a él, justo en un mento familiar, que lo hacía todo más forzado aún de lo que ya era.
Era demasiado para mí. Ese hombre era demasiado y yo no tenía el carácter suficiente como para aguantarlo. Me faltó poco para estamparle un puño en el rostro.
A pesar de la cara de penita, de Vicki y April, cuando me despedí, me había ido.
Estaba en el jardín de la casa, dispuesta a largarme, cuando me sonó el móvil.
- ¿Cómo está James? - era lo primero que preguntaba cada vez que me llamaba Riley.
- Esperando a que te folles a ese imbécil y traigas la información que te pedí - cerré los ojos y me dejé caer de frente contra la puerta del coche, apoyando mis codos en el techo y llevando las manos a mi cabeza, revolviendo mi pelo negro suelto.
- No entiendo porque quieres que me acueste con el. Tiene que haber otra forma de saber lo que quieres Riley. Ese tipo me trató como a una mosca cojonera, no se va a acostar conmigo y desde luego yo no quiero acostarme con él. Averiguaré lo de la puta herencia pero no hace falta que me lo tire - lo escuché resoplar del otro lado de la línea y acto seguido, escuché los gritos y el llanto de mi hermanito, que vociferaba mi nombre y me provocó un llanto desesperante.
- ¡Hijo de puta! - le grité dando un golpe al techo de mi coche. Haciendo que sonara de más por las llaves en mi mano.
- Tú lo has querido. - apreté el móvil contra mi oído - el pequeño James, se quedó sin hablar con su hermanita el último día del año, porque a ella no le apetece follar.
Que maldita escoria era. No entendía su obsesión porque me acostara con Adam.
Cuando sentí la línea en un tono intermitente, supe que me había colgado.
Dejé caer, la frente en el coche y sollocé bajito, tratando de calmarme para irme de allí a pasar el resto de la maldita noche, ahogándome en mis miserias.
Unas manos en mi espalda desnuda me hicieron sobresaltar.
Me sequé las lágrimas con cuidado de mi maquillaje y me dispuse a darme la vuelta, pensando encontrarme a una de las chicas.
La sorpresa me la llevé, cuando el rubio ojazos azules me atrajo hacia él, con una confianza que no pude rechazar, dada mi situación.
- ¿Por qué lloras? - preguntó serio y saboreando el tacto de mi espalda baja con sus dedos, que tenía que dejar que me erizaran la piel, pues no tenía opción. Se sentía cálida y me hacía correr pura descarga sexual por la espina dorsal desnuda. No podía negar que él era demasiado guapo y muy intenso.
- No le importa señor Douglas, déjeme en paz - le respondí, como marcando el respeto que le debía como mi jefe, pues ya no era más que eso. Traté de empujarlo, pero me acercó más a él y el aroma de su perfume era embriagador. Mi pecho se apretó contra el suyo y ambos dejamos escapar un poco de aire entre nuestros labios que conectaban con nuestros ojos. Los suyos con los míos y los míos con los de él.
- Quiero que me respondas ahora - su autoritaria voz era demasiado.
- ¿No que no le gusta que lo toquen los extraños? - le pregunté seductora. Aprovechando la oportunidad.
- Soy yo, quien te está tocando ahora. Yo toco lo que deseo - aquello tenía doble sentido. Sentido que se agudizó mucho más, cuando bajó sus manos a mis nalgas y me acercó más a su duro cuerpo. Y mis pechos contra su torso, se sentían explosivos. Se mordió el labio y quise hincar mis dientes en ellos también.
- No quiero acostarme contigo Adam. Suéltame. No soy una cualquiera, deja de tocarme el culo - volví al tono relajado y usar el tuteo. Se sonrió y lucía hermoso mientras lo hacía. Este hombre podría volverme loca y eso era algo que no podía permitir. Traté de empujarlo y negó, mordiendo sus labios otra vez y una sonrisa también.
- Sé que quieres linda, no mientas que odio eso - redondeó mis nalgas con sus manos y las apretó tanto que salté, pegándome más a él,.teniendo que poner mis manos en sus fuertes brazos - y voy a esperar a que me pidas que te folle. Mucho. Cuando quieras, me dices, que yo también quiero.
Estaba agitada, acalorada y alusinada de ver, como era de pretensioso y yo de permisiva con él.
Lo empujé y en esa ocasión me dejó hacerlo. Pasó su vista por mi cuerpo y casi jadeo cuando lo ví, sacar su lengua y bañar sus labios apetitosos.
- Vamos dentro. No quiero líos con mi tío, y Vicki está muy plasta porque dice que te eché - negué con mi cabeza y el asintió desafiandome. - entra Eiza... camina.
¡Dios, que dominante sonaba todo lo que salía de su boca!
- No pinto nada aquí. Es tu familia y yo solo una amiga de tus primas. No debí venir.
Al menos en esto no estaba mintiendo.
- Tienes razón - dijo llevando sus manos a sus bolsillos, le encantaba el gesto al parecer y le quedaba fantástico. Ahora solo vestía su pantalón y una camisa negra que lo volvían mucho más sexy - no deberías estar aquí, pero lo estás. - nos miramos como interpretando las posturas de ambos - he dicho que entres. ¿Necesitas que te cargue?
Oh dios ayúdame. Es que no lo soporto. Esta situación me obliga a hacer cosas que no quiero. Aceptar conductas que nunca aceptaría y a ser una persona que no soy.
Comencé a caminar resignada y dejando entre ver, que el había ganado un juego que ni siquiera habíamos iniciado.
- Y no olvidaré que no me dijiste porqué llorabas - dijo en mi oído, situandose a mi lado, para caminar hacia la casa.
- Yo tampoco olvidaré que no te gusta que te toquen y que sin embargo, tocas lo que deseas...
Habían venido algunas otras chicas, que hicieron que no me sintiera tan fuera de lugar, a pesar de mis motivos en esta casa. Por supuesto después de la cena, porque la familia no dejaba que nadie entrara a su círculo íntimo. Aún me preguntaba cómo habían permitido que yo sí lo hiciera.
Había mucha gente, pues era una familia muy grande. Y los primos de Adam, habían traído a sus amiguitas, cosa que hizo que hubiese personal para divertirse y decidieron, que nos quedaramos a dormir, en una parte de la propiedad, que estaba reservada solo para nosotros, cuando llegara la media noche. Yo había sido informada de eso con anterioridad por las chicas que habían planeado todo.
Durante la cena, me había sentido a gusto. La madre y la tía de Adam, que aún no sabía cómo podían parecerse tanto esas dos personas, fueron especialmente cálidas conmigo, así como la madre de Vicki aunque, su padre no empatizaba mucho.
Y cuánta razón tenía.
El abuelo de Adam, mostraba una complicidad con su nieto, que me ponía hasta nerviosa, cuando ambos me observaban a intervalos.
Y por otro lado, ver a su padre, casi batallar con él, por la atención de su mamá, era algo que me dió cierta envidia. Se veía que eran una familia hermosa, que todos se querían mucho.
La madre de sus primos también estaba allí, tan rubia como el padre de April y sin embargo, se veía triste en apariencia.
La cena fue un espectáculo que disfruté muchísimo, a pesar de la introducción que tuve.
Cuando llegó la medianoche, todos nos besamos, aunque no entre todos. Solo me besé a modo de felicitación, con la gente joven y con las madres de mis amigas, ni siquiera con Adam, me había besado. Se había mantenido a distancia y eso era algo, que agradecía.
Una hora después, ya había localizado la habitación en la que dormiría y, muy amablemente April, me había llevado para que me cambiara los zapatos que me estaban matando. A fin de cuentas, la idea era seguir festejando el año nuevo, con gente joven, buena música y alguna divertida conversación, un poco más alejados de la imponente familia.
Me había quitado los zapatos y hasta el vestido. Ya pasada la cena y tal, no hacía falta ir tan formal.
Me había traído ropa cómoda para pasar la noche y el siguiente día. Habíamos decidido, pasar un día de piscina en la casa de Vicki, como recibimiento del año, ya que los padres saldrían dos días y nosotras justo en esos dos días, empezábamos a trabajar y esto sería como el final de una etapa.
Al menos para mí, así era. Y así fue.
Estaba solo con mi tanga, cuando la puerta de mi habitación se abrió y el muy fresco de Adam Douglas, se adentró, cerró la puerta y solo me dió tiempo a ponerme un cojín delante, ocultando mi desnudez.
- Vengo por mi beso de año nuevo ...
No sabía cómo reaccionar.
Se supone que tenía que seducirlo. Para eso estaba aquí. Sería demasiado fácil, soltar el cojín y dejarlo que me follara, pero,¿ en qué posición me dejaría eso?
No soy ninguna puta. Además del hecho extraño, que haya dicho que no quiere nada conmigo y ahora esté aquí, deslizando su lasciva mirada por mi cuerpo y saboreando la tensión sexual que ambos habíamos creado.
- Por favor salte - le pedí tan bajito que casi parecía una suplica que ni siquiera creo que haya escuchado.
Caminó hasta mí, intimidandome con su forma de observarme y cuando estuvo, lo suficientemente cerca de mi boca dijo...
- ¡Quiero mi beso!
- No voy a besarte Adam - su nombre me salía tan perfecto de los labios que me encantaba decirlo.
Nos tratabamos con demasiada familiaridad. Era algo inevitable, no sé porqué. Como insólito.
- ¿Sabes lo fácil que sería acostarte en esa cama, sacarte el cojín, abrirte las piernas y correr tu tanga para hundir la polla dentro de tí? - casi gimo cuando dijo eso.
No dejábamos de mirarnos. Se sentía demasiado. Él era demasiado para gestionar.
Lo más complejo de todo, era eso, justo eso. Su actitud.
¿Cuando pasó de no querer nada a querer demasiado?
¿Que había cambiado?
- Te voy a pedir que te salgas, por segunda vez. - dije, tratando de obtener una respuesta positiva de su parte. Y tratando de no dejarme convencer por la desnudez de su torso en ese momento.
Pero no fué así.
Mientras yo me aferraba a mi cojín, el se acercó mucho más y puso sus manos en mi cintura desnuda.
Acarició mi piel con sus dedos, los subió y bajó por la curva de mi espalda, tensó mi cuerpo y lo tentó a la vez, bajó y enrredó uno de ellos dentro de la parte superior de mi tanga, haciendo que se deslizara por el arriba y abajo y se me cortara la respiración.
- ¡Adam por favor! - sentía que me derretía.
No podía cerrar los ojos, porque él asumiría eso como una muestra de deseo y me haría suya sin dudas.
- Quiero que me beses. Que pruebes mi boca y yo la tuya. Quiero que sientas lo que no deberías - mientras hablaba, subía y bajaba su dedo por la costura de mi tanga y rozaba la raja entre mis nalgas y su voz temblaba por momentos - quiero que decidas si de verdad quieres - se pegó tanto, que solté el cojín para empujarlo y ni siquiera cayó al suelo de lo cerca y apretados que estábamos , se quedó entre los dos encajado - porque cuando quieras quiero...
Estaba demasiado involucrada de forma visceral en ese momento, como para analizar lo que resultaría si me dejaba llevar.
En teoría estaba allí para eso. Pero más bien para fingir que me dejaba llevar, sin embargo, lo que me hacía sentir aquel hombre era real... Me había cautivado en dos miradas y me moría por dejarme hacer lo que quisiera.
Tenía la cabeza echa un lío y el cuerpo un mar de ganas.
Pero si algo también tenía claro, era que no podía dejar el balón en su campo. Él era demasiado presuntuoso como para avivar esa cualidad con mi reacción a sus conductas.
- Si tú has cambiado de opinión y ahora quieres que nos toquemos - le dije casi respirando dentro de su boca - tendrás que masturbarte, porque yo no quiero y no pienso follar contigo. Suéltame Adam...ahora.
Su expresión no cambió. Simplemente se mantuvo inmóvil. Con sus manos en mi piel y sus dedos en el borde de mi tanga. Lo sentía probar la tela de ellas en sus dedos y eso me volvía loca.
No era fácil mantener la cordura, pero había que intentarlo o al menos, disimular que lo hacía.
No podía abrirme de piernas así como así, por muy abiertas que las quisiera tener ahora mismo, abrazando su cintura mientras me penetraba con violencia. Lo quería duro y hondo; pero primero que nada, sabía que no debía porque no era ninguna zorra y segundo porque ese movimiento, con él, sería completamente catastrófico. Tenía la cabeza echa un mundo entero de confusión.
No era cualquier hombre.
Era este tío, que estaba como un queso y que encima, sabía tocar, mirar, intimidar y no dudo que echar un buen polvo.
Es que era él. Mi objetivo y a la vez mi problema, era justo él.
- Desde el momento en que te cruzaste en mi vida, estás equivocandote- dijo, sacando sus manos de mi cuerpo y apartándose de mí, provocando que me quedara desnuda frente a él, a fin que el cojín ya estaba en el suelo - no me tengo que hacer ninguna paja, cuando han venido a chuparmela directamente.
Resoplé molesta y me agaché hasta la cama, tomé una almohada y me la puse delante. Pero algo me decía en sus iris intensos, que me había visto sin reservas.
- Perdiste tu oportunidad de acercarte a mí - no me gustó el tono que usó para decir eso - cuida tus pasos Eiza, sobre todo cuando los des al lado de mis primas. No suelo ser benévolo con la gente que me miente. Y tú, tus pezones y tu coño, que desde aquí huelo cuan mojado está, me están mintiendo y no quieres seguir haciéndolo. Te lo prometo.
Me tenía tan intrigada, que no me dí cuenta cuando se acercó y me dió un pico.
- Feliz año nuevo guapa. No me toques más los cojones.
Me quedé en blanco, abrazada a la maldita almohada.
Aquello había sonado a amenaza, a la par de a verdad, pues era cierto que si algo quería ahora mismo, era tirarme encima de aquel hombre y no parar de follarlo hasta que me deshidratara de tanto lubricar.
Frustrada y jodida me dispuse a cambiarme, cuando April entró sin llamar y me empezaba a arrepentir de no poner seguro a la puerta.
- Lindas tetas - bromeó la morena - escucha - dijo tirándose sin pausa a la cama, mientras yo me ponía un sencillo vestido blanco - han llegado unas amiguitas de mis primos. O sea, una manada de zorras calentorras que solo quieren que se las follen, pero resulta - hizo una pausa, cuando me senté sobre la cama a su lado y le dí, toda mi atención - que he pedido refuerzos.
Me comentó que había llamado a varios chicos de la universidad, que no tenían plan más allá de querer pasárselo bien y estaban de camino. Sería una fiesta hasta el amanecer, pues dada la hora a la que llegaban, ya supuse dormirían aquí. Aunque fuera en el agua de la piscina.
El padre de Vicki había montado una escena para que no le llenaran la casa de gente, pero Ashton, el padre de April, había ayudado para que recibieramos el año, con una super fiesta de piscina.
Cómo estábamos usando, una zona apartada de la casa, no tendrían que soportar la algarabía.
La piscina al ser climatizada y bajo techo, nos daba una mejor situación acústica. Todo el bullicio quedaría reducido a ese espacio cerrado.
Pero fue cuando me asomé a la ventana de mi habitación y ví, unas cuantas chicas bien sexis rodeando al objeto de mi fogaje, que decidí cambiar mi atuendo.
Me cambié, por un vestido corto, negro, que solo cubría mis nalgas y con un escote generoso, solté mi pelo caoba, que me llegaba a la cintura, solo para provocar. Estaba demasiado provocadora, pero para la ocasión, iba regia.
Sabía que vendría Alex, un guapo abogado, que siempre me pretendía y con el que tuve algún que otro beso y poco más, pero que sería perfecto para que el rubio intenso, se mantuviera a distancia y confiara en que no quiero ni puedo, acostarme con él.
Vicki, llevaba unos días muy misteriosa. Hablaba con alguien por el móvil constantemente y se negaba a decir de quién se trataba. Así que bajó a la fiesta, pero estaba más bien concentrada en su móvil y escondiéndose del celoso hermano.
April y yo, entramos de la mano y en modo perras.
- Tienes que ayudarme a alejar a esas zorras de mi hermano y mis primos - me pedía, celosa y confusamente, pues me parecía muy infantil de su parte, que sintiera celos de las tías que sus hombres, como ella los llamaba, se tiraban.
- No seas intensa April, déjalos que se acuesten con quién les de la gana - nos detuvimos en una esquina para hablar. Me tomó del brazo y me señaló con un dedo en alto para darme su opinión al respecto. Ella era preciosa, pero tan intensa como el rubio de los benditos ojos azules.
- No pienso dejar que ninguna puta se cuele en mi familia. Tenemos dinero y una buena posición, no quiero a ninguna fursia en mi vida. Aquí se folla con quién yo apruebe - su hermano que la estaba oyendo, venía por detrás haciéndome señas para que no lo delatara.
Evité sonreírme y pretendí que seguía oyendo sus toxicidades familiares.
La abrazó por la cintura y le dijo risueño al oído - actitudes como esa, son las que me hacen confirmar la teoría de mi tía Amaia, de que saliste a tío Aidan.
- Pues que orgullo - se defendía tratando de soltarse de su hermano - mejor ser como él y que nadie se acerque a los que quiero y los lastime. Ojito con lo que haces.
Evan solo río y pasó un brazo por encima de ambas y fue justo ahí, que me sentí nostálgica de mi pequeño hermano.
A pesar de haber nacido cuando yo era casi una mujer, lo amaba y quería tener un día esa misma complicidad que tienen mis amigas con los suyos. Mis padres lo tuvieron ya mayores, pero es algo que siempre les agradeceré, porque amo a ese niño como si fuera mío.
No tuve tiempo de pensar más en él, cuando me dí cuenta, de la intensa mirada de Adam sobre mí.
Evan nos hacía caminar con el bajo su abrazo, y nos reíamos de todas las idioteces que fabricaba en suente por segundo. Era tan divertido como decían que era su padre.
El rubio estaba en la piscina, con una chica colgando de su cuello, pero su mirada estaba en mí, por motivos que desconozco. Era una mirada furibunda que podía llegar a asustar.
De la nada, se quitó a la chica de encima y salió del agua, dejándome con la boca seca cuando pude ver, el inmenso y fabuloso cuerpo que se gastaba el gilipollas.
Mientras lo veía caminar hacia nosotros, Evan me hablaba al oído, cosas que honestamente no oía.
Solo podía mirar aquel cuerpo endiosado, aquellas gotas de agua que resbalaban por sus músculos como bordados en su anatomía perfecta que combinaba con un andar elegante y amenazador que lo hacía lucir delicioso.
Era casi de ciencia ficción la manera en la que todos a mi alrededor desaparecían, quedando solo nosotros dos y nuestro irrompible contacto visual. Maldito Douglas.
- Ve con tu chica Evan - dijo Adam y me tomó del brazo, casi llevándome a rastras por el borde de la piscina, no sabía ni a dónde.
April, estaba con un grupo de sus amigos, justo donde había querido ir yo y que este ser que ahora me empujaba dentro de un baño, me había impedido.
- ¿Que demonios te pasa? - grité enseguida cuando logré que me soltara, ardiendo a pesar de estar medio mojada por su culpa, que chorreaba agua por todo el espléndido cuerpo.
- No te quiero cerca de mis primos - dijo rápido y pegando nuestras bocas sin besarme, pero rozando mis labios como si su furia fuera mayor con él mismo que conmigo - Si vas a follar, que sea con otra gente. Deja a mi familia en paz. No quiero verte abrazando a Evan otra vez...
Este tío estaba mal de la cabeza. Tenía actitudes que eran inexplicables, pues no me conocía, no sabía de mis verdaderas intenciones y no sé porqué, asumía que estaba aquí para acostarme con alguien. Siendo justo lo contrario, lo que me interesaba.
- Deja de meterte en mi vida y de mangonearme - traté de empujarlo pero se pegó más a mí, contra la puerta del baño - el tío al que voy a follarme está por llegar. Así que tranquilo que tus primitos están lejos de mis planes y de mi entrepierna.
Su mirada se oscureció, se coló en el escote de mi vestido y apresó mi cintura con sus manos, apretando con fuerza. Podía jurar que lo había escuchado gruñir como animal salvaje.
- Te dije que no me tocaras los cojones Eiza - sonaba molesto - no voy a dejar que uses la casa de mis tíos de picadero para tus polvos por desesperación.
Eso ya era lo último. Lo abofeteé y empujé con fuerza. Cuando conseguí que se apartara de mí le rugí violenta...
- Eres el tío más imbécil que he tenido la desdicha de conocer. Eres tan estúpido que no te das cuenta que te estoy siguiendo el juego. Si quisiera follar, de seguro estaría haciéndolo con quién me diera la gana y no estaría aquí, aguantando a un idiota que se cree la última gota de agua del desierto. Así que se tú, quién se aleje de mí y no vuelvas a tocarme o no respondo - el solo me miraba asombrado - vete a la mierda. Idiota...
Salí de allí molesta. Con él, conmigo, con Riley, con la puta vida que me había puesto en esta situación, entre las manos de un sujeto que me trataba como a una zorra que solo quiere dejarse follar en cualquier esquina.
¡Joder, que cabreo!
Iba caminando más que molesta hacia la puerta para largarme de allí, incluso de la casa, podía aprovechar ahora que todos estaban distraídos y perderme cuando el sexy abogado me tomó de las caderas y me besó los labios sin dejarme apartar.
Y fue ira, lo que ví en la mirada de Adam que me quedaba delante, por encima del hombro de mi amigo, y justo eso, me provocó devolverle el beso, con más euforia.
- Me encanta el sabor de tu boca nena - dijo Alex justo cuando Adam pasaba por nuestro lado.
El abogado pegó nuestros cuerpos pero no me tocó de más.
- ¿Que haces Alex, de que va ese beso? - pregunté disimulando con el resto. Y en voz baja.
- Me dijo April que necesitabas poner celoso a alguien y yo quiero lo mismo, así que ya ves. Un simple beso entre amigos muy amigos.
Tuve que reírme porque él era así, un cachondo mental y yo lo adoraba. Era un buen amigo, aunque alguna vez hayamos tonteado, no ha sido más que eso. Es un chico muy enamoradizo y en algún momento estuvo enganchado a nuestro tonteo, pero por suerte en ese instante, lo veía en otra órbita.
- ¿Y a quien quieres poner celosa tu? - le pregunté mientras me guiaba hasta una mesa, poniendo su mano en mi cintura y nos sentaba allí, en una silla, yo encima de sus muslos.
- Siéntate aquí, que está mirando - llevó sus manos a mis caderas y me acarició con malicia.
- ¿Te das cuenta de lo idiota que es lo que estás haciendo a tus veinticinco años Alex?
- Joder Eiza, estoy loco por ella y es una niña, tiene poquísimos años para mí y me tiene a sus pies la niñata.
Aquellas palabras me hicieron darme cuenta, de que la única chica de diecisiete años que había aquí, era la prima de Adam, que el llamaba angelito porque se parecía a su madre y se había colado aquí con sus hermanos.
- ¿Estás hablando de Allison? - el asintió abochornado - joder Alex, que los Douglas te van a matar. Es una niña,¿Lo sabe April? - volvió a asentir y yo me levanté de su regazo enseguida.
- Me sedujo hace unos meses en una fiesta de gente de la universidad, la niñata se coló con su hermana que la apoya en todo, ya sabes que April está loca y me dijo que tenía diecinueve y tal - se llevó las manos al pelo y me miró entre los dedos que cubrían su rostro diciendo - me acosté con ella Eiza, esa misma noche y era virgen tía y desde entonces no pude parar, hace solo dos días, supe que era la hermana pequeña de April y la muy cabrona ahora trata de ignorarme porque no quise ni verla cuando lo supe. Estoy hecho un lío y es que soy abogado, se perfectamente todo el lío judicial en el que me puedo meter, pero es que estoy loco por ella. Vine hasta aquí, solo por verla y la tía va y se pone en posturitas con sus primos, cuando sabe que odio que otros la toquen. Estoy enloqueciendo Eiza.
- La verdad es que sí, Alex. Menudo lío, pero tranquilo que son su primos, no dejes que te puedan los celos que lo que deberías es dejarla en paz y lo sabes - el asintió - ¿Pero y entonces como April te ha pedido que ligues conmigo si sabe de su hermana? - le pregunté cada vez más intrigada y hablando bajito entre los dos.
- Porque si no apoyo a mi hermana los cabrones de mis primos no la dejan que se lie con nadie y Alex, me cae bien. - había aparecido de la nada y respondía mi pregunta - además era una apuesta que perdí con ella, tenía que llevarla a la fiesta de la facultad, dónde se enredó con este loco y hasta hace poco lo supe todo y ambos están enamorados, hay que apoyarlos y mi plan a funcionado, mi hermana está esperando en mi habitación por tí - le dijo a Alex - y mi primo no deja de mirar jodido hacia acá. El plan funciona - ella aplaudía divertida.
- ¿Pero tú qué clase de cupido te crees que eres? - le pregunté sentándome sobre otra silla.
- Yo solo quiero que las parejas de mi familia sean guays, no quiero zorras ni putos en el elenco y además tengo el permiso de mi tía Amaia. Le has gustado para su hijo.
- ¿Cómo? - no daba crédito - April, deja de hacer este tipo de cosas y tú no le sigas el juego - regañé a Alex por besarme - que pareces tonto.
Él se fue a ver a su niñata y yo me quedé pensando, que la madre de Adam, estaba equivocada al quererme para su hijo.
Y,¿De qué me conocía para querer nada de mí?
- ¡Hey, que viene Adam! - decía April misteriosa - venga, métete a la piscina que yo tengo que cuidar que no vaya tras Alex y descubra el pastel. Es muy territorial, parece un maldito pitbull cuando se pone así de bestia.
- Tía, la que me has liado. - le dije mientras me levantaba y desnudaba mi cuerpo para meterme al agua - que no quiero nada con tu primo. Déjame en paz.
Ella dejó salir una carcajada, indicando que no me creía una palabra y yo terminé de sacarme el vestido y amarré mi cabello en una cebolla sobre mi cabeza y me encaminé hacia la piscina.
Mientras la música sonaba y la gente compartía muy a gusto entre todos, me dejé llevar.
Dejé de pensar en mi hermano, en el idiota de Adam y en mi razón para estar aquí y ahora.
Bebía mi copa tan tranquila, oyendo la música y aislada del resto, que cuando me quise dar cuenta, estaba en una esquina, sola y con los ojos cerrados relajadamente. Mi cabeza apoyada en el bordillo.
- ¿Dónde esta tu noviete? - la voz de Adam me sacó de mi Nirvana.
- No es mi novio, ni lo ha sido nunca te dije que me dejaras en paz - como yo estaba en una esquina de la piscina, el abrió los brazos y los colocó en cada extremo del mismo bordillo, apresandome entre sus brazos.
- ¿Metes la lengua en cualquier boca? - su comentario me molestó, como casi todo lo que decía. Y tenerlo tan cerca y rozando nuestros cuerpos bajo el.agua no ayudaba a concentrarme en ser creativa a la hora de defenderme de él y su intensidad.
- Para ser la primera vez que nos vemos, estás bastante pendiente de mí - le dije para mosquearlo y en el fondo, tenía razón. Nos retamos con las miradas y ambos estabamos perdidos en los labios del otro.
- Contesta la pregunta - ignoró lo que había dicho y aumentó la intensidad de su voz cuando habló.
- No la meto en cualquier boca. Sino la abría metido en la tuya - me felicité mentalmente al verlo tan descompuesto, cerró los ojos como aguantando el golpe y cuando los abrió tuve que apretar mis manos dónde las tenía para no temblar - pero como no te gusta que te toquen y no me pones nada, no tienes que preocuparte de las bocas en las que meto mi lengua... Porque ninguna es la tuya.
- Me estás cabreando y lo sabes - su tono era como de advertencia a no se que, ni porqué.
- ¿Por qué no me dejas en paz de una vez Adam?
- Porque me intrigas y no me gusta eso. Quiero saber qué coño quieres con mi familia.
Se acercó más a mí y casi podía sentir el agua más caliente.
- Con tus primas no quiero nada que no tenga ya, y contigo solo quiero distancia, pero cada vez estás más cerca.¿A qué se debe eso? - teníamos un jueguito seductor entre los dos, que no era buen idea mantener. Era demasiado intenso y demasiado pronto, como para metermelo entre las piernas. Pero internamente rezaba una plegaria de ayuda porque quería hacerlo desesperadamente... Estaba siendo completamente incongruente.
- A lo que no te importa Eiza - terminó de pegar mi cuerpo al suyo de un tirón que me dió tomando mi nunca y acercó su boca a mi oído, mordió mi lóbulo antes de decir - abre las piernas que quiero tocarte.
¡Madre del amor hermoso!
Este tío es de mucho cuidado.
Estaba tan caliente que me palpitó el clítoris con esa simple frase.
- No voy a follar contigo guapo. Ya te he dicho y demostrado, que tengo de sobra a quien meterme dentro y ese no eres tú.
Bajó su mano a mi cuello y como aún seguía pegado a mi oreja gruñó allí...
- Te dije que no me toques los cojones y no paras de hacerlo - su otra mano se detuvo en mi cintura y apretó haciéndome jadear, desplazandola a la zona de la cadera y haciendo presión dolorosa allí.
- Quizá es que estás soñando despierto conmigo y por eso sientes mi mano en tus huevos, porque no me interesas y no te estoy tocando nada, eres tú el que no puede sacar las manos de mi cuerpo - mordió mi oreja y se sintió delicioso el calor de su lengua y dientes sobre mi piel. Mi cuello seguía entre sus manos y mis ojos en los suyos.
- Estás yendo más allá del límite y estoy a nada de perder el control - arrastró su otra mano por mi piel más al norte y llegó hasta el borde de la parte de arriba de mi bikini, se detuvo y rozó el pezón con su pulgar, sin dejar de mirar lo que hacía.
- ¡Detente Adam! Para ya y deja que me vaya. Es lo mejor y estoy segura que lo sabes - le pedí aún en contra de mis ganas de seguir adelante. Necesitaba que el se detuviera porque yo no iba a hacerlo.
En algún punto me perdería si le dejaba tomarme ahora. Estaba demasiado involucrada como para ser tan estúpida de permitir que me follara y pasara la página, si lo dejaba tenerme ahora,mañana mismo sería estadística en su vida y no podría crear ninguna relación cercana con el, como para averiguar la maldita mierda de la herencia.
Pero cuando su mano subió y se metió dentro de mi bikini, tomando mi pecho al completo entre sus dedos, no pude resistirme más...
- No quiero - dijo mientras guiaba mi cuello con su mano - dame esa boca - pasó la lengua por toda la extensión de mis labios y gemimos juntos - Ahora, abrela para mí que voy a comertela entera...