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Adiós, Tía: Mi Vida Cambia Ahora

Adiós, Tía: Mi Vida Cambia Ahora

Autor: : Mu Hui Xin
Género: Adulto Joven
Cuando abrí los ojos, el horrible olor a camarón podrido y el ardor en mi garganta eran tan reales que me atraganté, luchando por respirar. Pero no había caldo, ni hinchazón, ni muerte; solo estaba sentada en mi habitación de Oaxaca, frente al formulario de solicitud de la universidad, como si nada hubiera pasado. Mi tía Yolanda entró como siempre, dictando mi futuro con una voz azucarada que ocultaba su control: "Lina, la Universidad Autónoma de Oaxaca. Es buena, está cerca, no necesitas ir a otra parte". En mi vida pasada, esta escena fue el inicio de mi infierno, una espiral de abuso psicológico que me hundió en una depresión terrible. A pesar de mis súplicas, ella me obligó a comer un caldo de camarón, sabiendo que soy alérgica. Fui arrastrada hasta la muerte en el suelo sucio de ese cuarto, mientras ella me miraba con una fría satisfacción. Recuerdo su voz burlona: "No seas dramática, cómetelo". Y el terror de mi garganta cerrándose. ¿Cómo pudieron mis propios padres dejarme a su merced? ¿Por qué nadie vio su verdadera cara? Pero esta vez, he vuelto. He renacido en el momento justo, y juro que esta vez no solo me liberaré yo, sino que también rescataré a mi padre de sus garras.

Introducción

Cuando abrí los ojos, el horrible olor a camarón podrido y el ardor en mi garganta eran tan reales que me atraganté, luchando por respirar.

Pero no había caldo, ni hinchazón, ni muerte; solo estaba sentada en mi habitación de Oaxaca, frente al formulario de solicitud de la universidad, como si nada hubiera pasado.

Mi tía Yolanda entró como siempre, dictando mi futuro con una voz azucarada que ocultaba su control: "Lina, la Universidad Autónoma de Oaxaca. Es buena, está cerca, no necesitas ir a otra parte".

En mi vida pasada, esta escena fue el inicio de mi infierno, una espiral de abuso psicológico que me hundió en una depresión terrible.

A pesar de mis súplicas, ella me obligó a comer un caldo de camarón, sabiendo que soy alérgica. Fui arrastrada hasta la muerte en el suelo sucio de ese cuarto, mientras ella me miraba con una fría satisfacción.

Recuerdo su voz burlona: "No seas dramática, cómetelo". Y el terror de mi garganta cerrándose. ¿Cómo pudieron mis propios padres dejarme a su merced? ¿Por qué nadie vio su verdadera cara?

Pero esta vez, he vuelto. He renacido en el momento justo, y juro que esta vez no solo me liberaré yo, sino que también rescataré a mi padre de sus garras.

Capítulo 1

Cuando abrí los ojos, el olor a camarón podrido y el ardor en mi garganta eran tan reales que me ahogué, luchando por respirar.

Pero no había ningún caldo, ninguna hinchazón, ninguna muerte.

Estaba sentada en mi habitación en Oaxaca, frente al formulario de solicitud del COMIPEMS. El cursor parpadeaba en la pantalla, esperando mi elección.

Mi tía Yolanda entró sin tocar, como siempre.

"Lina, ¿ya terminaste? Recuerda, la Universidad Autónoma de Oaxaca. Es una buena escuela, está cerca de casa. No necesitas ir a ningún otro lado."

Su voz era la misma, llena de una dulzura falsa que no lograba ocultar su control.

En mi vida pasada, esta era la escena que precedió a mi muerte.

Luché. Cambié en secreto mi elección a la ENCRyM en la Ciudad de México con la ayuda de mi padre. Ella lo descubrió, vendió su pequeña tienda y me siguió hasta allá, alquilando un cuartucho miserable para continuar su vigilancia.

Su constante abuso psicológico me hundió en una depresión tan profunda que apenas podía levantarme de la cama.

El final llegó un día lluvioso.

"Estás muy caprichosa, Lina. Te falta hierro," dijo, poniendo un plato humeante frente a mí. "Te preparé un caldo de camarón especial, para que te cures."

Sabía de mi alergia mortal a los mariscos. Se lo había dicho mil veces, se lo había rogado. Mi padre también.

"Tía, sabes que no puedo comer esto. Me voy a morir."

"No seas dramática," se burló. "Son solo ideas tuyas para llamar la atención. Cómelo."

Ese día, estaba tan cansada de luchar, tan vacía, que simplemente obedecí. Comí el caldo. Mi garganta se cerró, mi cuerpo se convulsionó y morí en el suelo sucio de ese cuarto, mientras ella me miraba con una expresión de fría satisfacción.

Pero ahora, he vuelto.

He renacido en el momento justo.

La miré, a esta mujer que se casó con el hombre que amaba su propia hermana, mi madre, solo por despecho. Esta mujer que me veía no como su sobrina, sino como una herramienta para atormentar a mi padre.

Esta vez, las cosas serían diferentes.

"Sí, tía," dije, con una sonrisa sumisa. "Tienes razón. Oaxaca es lo mejor para mí."

Mi padre, Roy, entró en ese momento con un vaso de agua. Al escucharme, su rostro se llenó de una preocupación que solo yo podía entender. Él era un chef increíble que había renunciado a sus sueños por este matrimonio forzado, todo para protegerme.

Yolanda sonrió, triunfante.

"Ves, Roy, tu hija no es tonta. Sabe lo que le conviene."

Se fue, dejándonos solos. Mi padre se acercó, su mirada llena de dolor.

"Hija, ¿estás segura? Tu sueño..."

Tomé su mano, una mano fuerte y callosa por años de trabajo en la cocina.

"Papá, confía en mí," susurré. "Tengo un plan. Esta vez, no solo me voy a liberar yo. Nos vamos a liberar los dos."

Capítulo 2

En los días siguientes, me convertí en la sobrina perfecta.

Obediente, callada, sumisa. Acepté la elección de la universidad local sin rechistar. Yolanda estaba encantada. Me compró ropa nueva, me preparaba mis comidas favoritas (las que no me mataban) y hablaba sin parar de lo orgullosa que estaba de mí.

"Ves, Roy, así es como debe ser una familia. En armonía," decía en la cena, lanzándole a mi padre una mirada de superioridad.

Mi padre solo asentía, pero sus ojos me buscaban, llenos de una ansiedad que me partía el corazón. Cada noche, cuando Yolanda se iba a dormir, yo iba a la cocina.

"Papá, todo está bien," le aseguraba en voz baja. "Solo necesito un poco más de tiempo."

Mientras tanto, mi plan estaba en marcha.

Con el dinero que mi padre me había estado dando en secreto para mis materiales de arte, compré dos cámaras espía diminutas y una grabadora de audio del tamaño de un pulgar.

Instalé una cámara en la esquina de la sala, oculta en una maceta de barro negro. La otra, en mi habitación, pegada debajo de mi escritorio, con una vista clara de la puerta y la mayor parte del cuarto. La grabadora de audio la llevaba siempre conmigo, en el bolsillo de mi pantalón o de mi sudadera.

El último día para cambiar la opción de universidad llegó.

Fingí tener una cita con mi consejero escolar para revisar unos "detalles" de la solicitud. Yolanda, confiada, ni siquiera se molestó en acompañarme.

"Claro, ve. Pero no se te ocurra cambiar nada," me advirtió.

En la oficina del consejero, le expliqué mi situación. Le conté de mi sueño de estudiar en la ENCRyM y de la presión de mi tía. Él ya conocía mi talento por varios concursos de arte escolares.

"Lina, tienes el potencial para ir a donde quieras," me dijo, con amabilidad. "Hagamos el cambio."

Con unos pocos clics, mi futuro cambió de rumbo. La solicitud fue enviada. La ENCRyM era ahora mi primera y única opción.

Volví a casa con una calma que desconcertó a mi padre.

"¿Lo hiciste?" preguntó, mientras lavaba los platos.

Asentí.

"Ahora solo tenemos que esperar, papá. Y estar listos."

Encendí las cámaras. Comencé a grabar. La trampa estaba puesta.

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