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Adicto

Adicto

Autor: : Xiomara
Género: Romance
Amelia es una niña joven y pobre. Su madre se quitó la vida cuando todavía era una niña. Su madrastra es cruel con ella, pero aún, su novio fue robado por su hermana. Luego conoció a Lucian, rico y exitoso, y aceptó tener un matrimonio con él basándose en un contrato, solo con el propósito de olvidar a su despiadado novio. Para su sorpresa, Lucian realmente la amaba y era muy considerada. Ella también se enamoró de él y obtuvo el amor paternal del padre de Lucian.

Capítulo 1 Lidiando con la traición

"Hoy es un gran día, podemos hacer lo que sea. Nuestros corazones están listos para amar...".

"Ding-dong, ding-dong...".

La alegre canción que Amelia Mo escuchaba en su ipod reflejaba a la perfección su estado de ánimo. De pronto, el timbre sonó y la sacó de su letargo. Con una sonrisa, Amelia caminó hasta la puerta para ver quién era; estaba muy emocionada y su corazón latía con fuerza porque pensaba que era su novio el que estaba del otro lado. ¿Quién más podría ser sino él? Debía estar allí para celebrar su cumpleaños número 25.

El corazón de Amelia saltó de alegría al pensar en que Jasper Gu, su amado novio, había ido a visitarla temprano ese día para hacerla sentir especial en su cumpleaños. Antes de abrir la puerta se aseguró de arreglarse bien la camisa y el pelo para lucir prolija para él. Su rostro se adornó con una sonrisa tierna y dos hoyuelos en sus mejillas. Entonces le quitó el pestillo a la puerta y la abrió. Su felicidad se convirtió en decepción cuando vio a la persona que estaba parada del otro lado, su sonrisa devino en un ceño fruncido cuando preguntó: "¿Qué estás haciendo aquí?".

"Vine a traerte en persona la invitación a mi boda", respondió Yolanda Mo con frialdad mientras miraba con desdén a Amelia. Sus ojos estaban laboriosamente maquillados y unas pestañas postizas revoloteaban de vez en cuando con arrogancia.

"No era necesario que lo hicieras, de todas formas no pensaba ir", arguyó Amelia con la misma indiferencia y frialdad de Yolanda. Dicho eso, se alistó para cerrar la puerta.

Inmediatamente, la mujer afuera se apoyó contra el umbral y tiró con fuerza la tarjeta de invitación roja a través de la rendija antes de que se cerrara. Amelia se quedó pasmada ante semejante gesto invasivo, mientras que, del otro lado, Yolanda esbozaba una sonrisa triunfante. "Asiste, querida, es tiempo de que enfrentes la realidad".

"¿Cuál es tu problema?", inquirió Amelia, mientras abría la puerta y veía cómo la intrusa se daba la vuelta a toda prisa para marcharse. Si Yolanda Mo no hubiese salido despavorida, ella definitivamente se habría liado a golpes con la mujer.

No había nada que pudiera interesarle menos en ese momento que asistir a ese matrimonio.

"Para una chica como ella, acostumbrada a cambiar de novio como cambiar de pantalón, la sola idea del matrimonio suena a chiste. ¡Es ridículo".

Luego de cerrar la puerta, Amelia tiró la invitación y, seguidamente, sus ojos se posaron sobre el gran ramo de lirios que adornaban la mesa. Ante semejante visión, el brillo en sus ojos resplandeció de nuevo y una sonrisa volvió a adornar su rostro. Las palabras de Jasper resonaron en su mente y la pusieron de muy buen humor. Él le había comprado ese ramo de flores por su cumpleaños y le había dicho que su belleza era igual a la de esos lirios; para Amelia nada podía ser más romántico que eso. Entonces agarró el ramo y lo sostuvo contra su pecho, como si pudiera sentir el calor de su amado en ellos.

Pasó una hora, pero nada que Jasper aparecía y la ansiedad en su interior solo crecía más y más. Llegó un momento en el que no pudo seguir soportándolo, así que agarró su teléfono y marcó el número que había memorizado.

Aunque la línea repicó, nadie contestó el teléfono. Ella estaba sorprendida y sintió como si hubiera pasado un siglo. Esperó por largo rato aguantando la respiración pero nada.

"¿Qué estará haciendo? ¿Por qué no me contesta?". Después de un rato de intentos fallidos, Amelia tiró el teléfono con rabia y, accidentalmente, vio la tarjeta de invitación sobre la mesa. Como no tenía nada más que hacer, le echó un vistazo.

Solo la miró muy someramente, revisando los detalles del brocado, los colores y el diseño. No leyó nada porque no le interesaba saber los detalles de dicho evento.

Sin embargo, Amelia no pudo evitar centrar su atención en la foto del novio, la cual estaba junto a la de la novia, ambas enmarcadas con un diseño muy llamativo en la parte izquierda de la tarjeta.

Sus ojos no podían creer lo que veían mientras contemplaba los rostros felices de la futura pareja de esposos, su corazón se desplomó en un segundo.

Amelia agarró con fuerza la invitación y parpadeó un par de veces para ver con claridad.

Finalmente, se atrevió a leer el contenido de la tarjeta para corroborar la información. A pesar de que había sido Yolanda quien había ido en persona hasta su casa para entregarle la invitación a su boda, la foto que aparecía en la tarjeta y el nombre mencionado en ella era el de su novio, Jasper Gu.

Amelia se sintió caer en un trance terrible, ese era el día de su cumpleaños y ella solo estaba esperando que su novio llegara para pasar un día maravilloso y lleno de amor con él.

¿Cómo era posible que ocurriera algo así? La noche anterior, Jasper le había prometido que el pediría matrimonio en su cumpleaños, ¿cómo es que ahora estaba comprometido con Yolanda Mo? Todavía con la tarjeta en la mano, su visión empezó a empañarse por las lágrimas y su corazón empezó a doler como si estuviera siendo pinchado por cientos de agujas. De pronto, Amelia se incorporó y respiró hondo. Necesitaba que alguien le diera una explicación, ¡debía haber un error, eso no podía ser cierto!

Entonces volvió a marcar el número de Jasper, pero él no respondió. Frustrada, siguió llamando y llamando hasta que la dulce voz de la operadora dijo: "Lo siento, pero el número que está marcando se encuentra fuera de servicio".

Completamente desolada, Amelia se dio la vuelta y miró los lirios que estaban sobre la mesa, los ojos le ardían. En un arrebato, agarró su cartera rápidamente y salió corriendo.

Cualquiera que fuese la verdad, ella debía descubrirla con sus propios ojos.

¿Qué rayos significaba esa invitación? A Yolanda siempre le había gustado jugarle bromas pesadas, así que trató de calmarse mientras caminaba hacia la parada de autobús. La gélida brisa invernal la hizo temblar tan pronto como salió de la casa.

Amelia se sentía agotada y se tapó la boca con las manos frías para bostezar. Cuando se montó en el autobús, su teléfono empezó a sonar y ella inmediatamente supuso que era Jasper, así que respondió sin siquiera ver la pantalla: "Querido". No obstante, su voz entusiasmada chocó con una risita del otro lado de la línea. "Oh, Amelia, no tienes que decir esas cosas, parece que estás tan obsesionada con tu enamorado que no revisas antes de contestar, pero no soy tu novio. ¡Solo te llamaba para desearte un feliz cumpleaños!".

"¡Oh! Eres tú, Courtney", respondió Amelia, sin poder ocultar su decepción. "¡Gracias!".

"¿Qué pasa?", preguntó Courtney Lin con preocupación al sentir el dolor en la voz de su amiga.

"Oye, lo siento pero tengo prisa ahora, mejor hablamos luego, ¿vale?". En ese momento, ella estaba a un par de metros de su destino, así que, después de colgar, salió corriendo del bus y caminó directo a la casa de su novio.

Jasper vivía en una lujosa urbanización al oeste de Ciudad A. Como Amelia solía ir a limpiar su casa de vez en cuando, el vigilante del conjunto la reconoció, pero esta vez no la saludó con una sonrisa como solía hacerlo. En vez de eso, se le acercó con una expresión extraña y la interrogó sobre sus motivos para estar allí hoy. Como ella no estaba de humor para dar explicaciones, simplemente calló y entró a la mansión de Jasper.

En ese mismo instante, dentro de la lujosa mansión, una pareja retozaba sobre una gran cama con sábanas de seda. El hombre rugía abajo y ella gemía de placer arriba, ambas voces se entrelazaban mientras sus cuerpos hacían lo mismo.

Amelia supuso que Jasper no estaba en casa, pero cuando llegó a su habitación vio que la puerta estaba entreabierta. Tuvo que respirar hondo para tratar de calmarse, se dijo a sí misma que debía enfrentar la verdad como fuese para no caer de nuevo en las intimidaciones de Yolanda o de lo contrario sería a gran perdedora de nuevo.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una voz coqueta que emergió del interior del cuarto: "¡Vamos, Jasper! ¡Ya estoy adolorida!".

'¿Jasper? ¿Que está adolorida? ¿Qué demonios está pasando allí dentro?'.

"¿No te gusta esta posición? ¿Ya te cansaste o quieres que me venga ya? ¡Me vas a amar por siempre, estoy seguro!", gruñó Jasper conteniendo la voz, aunque se podía entender claramente el tono juguetón en sus palabras. Las mejillas de Amelia se sonrojaron al instante.

"¡Cállate!", respondió la mujer entre risas coquetas y jadeos.

Amelia se quedó completamente pasmada cuando reconoció la voz familiar de aquel hombre, no podía ser otro sino Jasper. Estaba perdida y no sabía qué hacer a continuación. Mientras tanto, desde adentro no dejaban de emanar jadeos y gemidos que harían sonrojar a cualquiera; Amelia estaba furiosa y no podía contenerse, tenía el puño apretado con fuerza mientras trataba de reprimir la rabia en su corazón, pero no se aguantó y abrió la puerta de una patada.

"¿Quien anda ahí?", gritó Jasper, volviéndose para encontrar a Amelia entrando a la habitación.

"¡Yolanda, eres tú!", exclamó la mujer, conmocionada. Mientras iba en el autobús de camino a la mansión, Amelia se había obligado a desmeritar lo que había visto en la tarjeta de invitación, realmente quería creer que era otro de los trucos de Yolanda y por eso había ido hasta allí para demostrarlo. Ella solo quería interrogar a Jasper al respecto, pero lo menos que esperaba era que sus dudas pudieran sellarse de semejante forma. La verdad estaba literalmente desnuda frente a sus ojos.

La pareja que hasta hace unos segundos no podía dejar de gemir de placer, ahora estaba en pánico. Sin un centímetro de tela que les cubriera el cuerpo, ambos habían sido atrapados con las manos en la masa y no había lugar donde pudieran esconder sus rostros ahora. Jasper era el que estaba más conmocionado y sus ojos estaban completamente espabilados y congelados viendo a Amelia. Como estaban tan perdidos en la lujuria, la ropa de ambos estaba esparcida por el suelo, así que, avergonzada, Yolanda le pidió la ayudara a recoger su blusa de la alfombra.

Los ojos de Amelia se fijaron en el cuerpo desnudo de Jasper cuando se levantó de la cama. No se atrevió a abrir la boca por miedo a arrepentirse de sus palabras después, pero sus ojos estaban llenos de ira. No podía soportar el dolor y solo quería gritarle por su infidelidad.

Cuando terminó de vestirse, Jasper se acercó a ella con cara de terror y le preguntó: "¿A qué viniste, Amelia?".

Al contrario de lo que ella pensaba, él no se mostró arrepentido por su adulterio, sino que le habló con desagrado, como si le reclamara.

Amelia estaba horrorizada, entonces levantó la cabeza para mirarlo a los ojos y le preguntó: "¿Me reclamas por arruinarte la diversión?".

Jasper se lamió los labios y miró a Yolanda, quien se había acurrucado en la cama. Luego se volvió de nuevo hacia a Amelia y, con el rostro contorsionado, le dijo: "Bueno, ya lo has visto así que te contaré la verdad. He estado con ella desde hace mucho tiempo. No sabía cómo contártelo, pues, al fin y al cabo es tu hermana...".

¡Zas! Una fuerte cachetada aterrizó en su rostro. De alguna forma Amelia se había atrevido a abofetearlo sin miramientos.

¿Cómo podría soportar su palabrería en ese momento? "Hemos sido novios durante años, Jasper. ¡Eres un idiota!".

Él simplemente se quedó quieto como una estatua, sin un rastro de arrepentimiento en el rostro. Todo era muy extraño, era como si nunca la hubiese amado, como si esos cinco años de relación hubieran sido una gran patraña.

Luego de tanto tiempo juntos, no había hombre en quien ella confiara y a quien amara más que a él, pero aun así la había traicionado tan fácilmente...

"¡Amelia, eres una burda bastarda y nada más!", soltó Yolanda, quien hasta entonces había permanecido acurrucada entre las sábanas.

Sus palabras colmaron la paciencia de Amelia, quien podía soportar cualquier insulto menos que la llamaran "bastarda", eso le atravesaba el corazón como un cuchillo caliente.

"¿Cómo te atreves a mentir de esa forma?", inquirió, mientras veía a su hermanastra con odio. Los padres de Amelia, Iris Liu y Vernon Mo, solían ser una pareja feliz hasta que la madre de Yolanda, Sophia Che, se interpuso en su relación. Luego de eso, tras una severa crisis depresiva, Iris se suicidó con una dosis letal de barbitúricos.

"¿Ah?". Yolanda saltó de la cama vestida con su bata de encaje y soltó: "De verdad que tu madre no ha podido dar a luz a una mujer más tonta. Creo que es hora de que sepas la verdad".

"Yolanda, hoy es el cumpleaños de Amelia, no le cuentes", intervino Jasper. Enseguida, una mirada de profundo pesar apareció en su rostro mientras miraba a Amelia.

Al parecer, él todavía recordaba que era su cumpleaños, pero a esas alturas era demasiado tarde como para preocuparse por sus sentimientos.

"No me importa si es su cumpleaños, ¿o es que acaso todavía sientes algo por ella? No debería importarte tampoco", resopló Yolanda. Luego se volvió hacia Amelia y continuó burlándose de ella: "Oh, querida Amelia, es hora de que sepas la verdad, de no ser por la generosidad de mi madre ni siquiera podrías haber sido sirvienta de la familia Mo. Además, mi padre ya arregló mi matrimonio con Jasper... Has estado mareándolo durante tanto tiempo que era inevitable que terminara cansándose de ti".

"Yolanda, ¿cómo puedes decir eso? Basta, por favor". Con una expresión incómoda, Jasper siguió apretándole el brazo para impedir que siguiera soltando la lengua.

Amelia pronto empezó a sentirse mareada. pero luchó por mantener la calma y resopló suavemente: "Bueno, eso lo dudo, a fin de cuentas, solo Jasper sabe la verdad. De lo que sí estoy segura es que no me voy a estar acostando tan fácilmente con cualquier sujeto que me pase por delante solo para conquistarlo".

Aunque ella no tenía en claro la razón por la cual Jasper había elegido estar con Yolanda, si de algo tenía certeza era que no estaría con dos mujeres a la vez a menos que tuviera una muy buena razón para hacerlo. De todas formas, lo que importaba era que el hombre de quien había estado profundamente enamorada la había traicionado al final.

Yolanda estaba tan enojada que su rostro palideció, así que alzó la mano para propinarle una cachetada a su hermanastra, pero Jasper la atajó en el aire y le suplicó: "Recuerda que estás embarazada, Yolanda, eso le puede hacer daño al bebé".

¡Para completar, ella estaba embarazada!

Amelia sonrió con frialdad y miró a Jasper fijamente, aunque tenía los ojos hinchados, ahora se sentía aliviada.

"Jasper, me has dicho que ni mil Amelias juntas podrían reemplazar a nuestro bebé en tu corazón, ¿entonces qué es lo que estás esperando? ¡Sácala de aquí!", gritó Yolanda, señalando con furia el rostro de su hermanastra.

"Amelia...", suspiró Jasper, con el ceño fruncido.

De alguna forma, Amelia ya no estaba triste; lo que había visto había sido suficiente para asquearla y decepcionarla, así que no había nada que pudiera hacer allí.

"No se moleste, señor Gu, puedo irme sola; pero, dado que Yolanda está embarazada, les recomendaría que controlaran sus impulsos; llegar a cierta edad con impotencia debe ser algo terrible para ambos", arguyó con una sonrisa ladeada..

Jasper se horrorizó al escuchar eso porque él solía ver a Amelia como una mujer sumamente conservadora. De hecho, aunque habían estado juntos durante cinco años, no habían intimado más allá de una agarrada de manos o besos ocasionales. No era de extrañar que sus hormonas lo llevaran a satisfacer sus deseos carnales con Yolanda, pero ahora que estaba embarazada, se veía obligado a casarse con ella.

Ignorando la perplejidad en su rostro, Amelia se volvió hacia su hermanastra y continuó: "Y tú, ahora que estás embarazada no deberías estar dando brincos en la cama, mira que si llegas a tener un aborto espontáneo, ni mil Amelias serán suficientes".

Yolanda se quedó fría al escucharla y luego le gritó, furiosa: "Búrlate todo lo que quieras, te lo permito porque sé que estabas enamorada y ahora estás dolida; pero querida, el próximo lunes es la boda, así que no llores tanto porque debes estar presente como la dama de honor".

La invitación no era más que una orden, como siempre, todo el mundo debía rendirse ante ella como si fueran sus sirvientes. Desafortunadamente, en la familia Mo, Amelia no tenía chances frente a su media hermana, incluso cuando era la hija biológica de Vernon Mo.

"¿Tengo que asistir a la boda?", se burló Amelia mientras la miraba con las cejas arqueadas. Luego añadió con desprecio: "No, claro que no".

Dicho eso, dio media vuelta y se fue de la mansión de Jasper.

Capítulo 2 El hombre perfecto

Tan pronto como salió de la mansión, Amelia fue recibida con una ventisca helada; fue entonces que se dio cuenta de que estaba usando ropa poco abrigada para salir al exterior. Apretó las manos en un puño, se sentía impotente, los ojos hinchados le dolían y pronto una lágrima cayó por el rabillo de sus ojos y le humedeció la cara.

Amelia no se sentía triste por la traición de Jasper sino que le dolía pensar en que los momentos tan preciados que había pasado con él en los últimos cinco años habían sido solo un espejismo.

Después de deambular largo rato sin rumbo, Amelia quiso regresar a su casa, pero de solo pensar en los recuerdos que le esperaban en cada rincón, sus pasos se hicieron demasiado pesados como para moverse en esa dirección. Entonces pensó en su amiga Courtney, así que la llamó para desahogarse con ella.

"¡Vaya, vaya! ¿Pero qué haces llamándome en este día especial? ¿No deberías estar en una cita con Jasper, cómo es que tienes chance de llamarme?", se burló Courtney, apenas conectó la llamada.

"¡Nada de citas, este ha sido el peor cumpleaños que he tenido en toda mi vida!", resopló Amelia sin rodeos. Entre ellas no existían las formalidades, eran muy cercanas, así que no se iban por las ramas si había algo importante que decir.

"¿En serio? ¿Pero qué pasó? ¿Jasper no quiso acostarse contigo".

"¿Desde cuando eres tan vulgar, Courtney? Oye, cancela todo lo que tengas para esta noche y vámonos de copas, ¿te parece?". Amelia fue directo al grano, en ese momento solo quería ahogar sus penas en alcohol para intentar olvidarlas.

"¿Qué dices? ¡Bueno, si estás triste por tu cumpleaños, no hay nada mejor que una noche de copas con tu mejor amiga para arreglar eso!" Courtney no la detuvo sino que la aupó: "¿Qué tal si vamos a Moon Bar? He escuchado que los hombres más guapos de la ciudad suelen estar allí, puede que incluso conozcas a uno mejor que Jasper".

'No creo que sea tan difícil conseguir a uno mejor', reflexionó, entrecerrando los ojos. De hecho, ella no se había cuestionado eso en mucho tiempo, pero ahora lo tenía más claro que nunca.

Muy pronto, la noche cayó sobre la Ciudad A, los postes de luz y los anuncios de neón inundaron con sus colores la zona comercial de la ciudad. Poco a poco, las calles y edificios cobraron vida, era un espectáculo digno de ver.

Esa era la primera vez que Amelia visitaba el Moon Bar, era normal que estuviera nerviosa, pero como solo quería emborracharse, no perdió el tiempo y caminó directo a la barra sin esperar a nadie, cuando se sentó, inmediatamente llamó al camarero y le pidió que le sirviera un trago de vodka seco.

El hombre la miró con sorpresa cuando la escuchó, pues no esperaba que una chica como ella ordenara un trago tan fuerte.

Amelia se acomodó en la barra mientras esperaba que le sirvieran y contempló las luces y el entorno en el bar. Había muchos hombres y mujeres bailando apasionadamente al son de la música que sonaba a todo volumen, se agarraban y manoseaban con lujuria mientras movían sus cuerpos.

Ante semejante escena, Amelia esbozó una leve sonrisa. Se quedó sentada largo rato y, después de beberse su trago de vodka siguió tomando varias copas de vino hasta que sintió que el rostro le ardía y un dolor le halaba el estómago hacia abajo. Evidentemente, como no había comido casi nada en el día y ahora había bebido demasiado, estaba tan ebria que no podía mantenerse ni mantenerse sentada en la barra.

"¿Está bien, señorita?", preguntó amablemente el cantinero cuando la vio trastabillando en su asiento.

Amelia estaba un poco mareada, después perdió la cordura, empujó al camarero y empezó a gritar:

"¡Lárguese, acabo de romper con mi novio y en cinco años de relación ni siquiera perdí la virginidad!".

En ese momento, un hombre alto estaba pasando cerca de ella y se detuvo cuando la escuchó decir eso, una sonrisa desdeñosa se dibujó en sus labios.

"En ese caso, no debería seguir tomando", sugirió el cantinero, mientras trataba de quitarle la copa de vino.

Sin embargo, Amelia le apartó la mano y refutó sus palabras: "¿Que no tome? ¿Y por qué no? ¡La bebida puede ayudarme a disipar el dolor! La verdad es que ahora estoy demasiado frustrada, así que solo sírveme otro trago".

Mientras hablaba, Amelia señalaba torpemente su corazón y al final terminó rompiendo en llanto.

"¿Qué?", preguntó el cantinero sin saber qué hacer ahora.

"Sigue en lo tuyo, yo me encargaré", dijo una voz gélida desde atrás.

"¡Jasper Gu, bastardo! ¡¿Cómo pudiste?!", sollozó Amelia, completamente borracha, confundiendo a aquel hombre con su exnovio. Su llanto se intensificó cuando pensó que Jasper se preocupaba por ella, así que agarró la mano del sujeto con ansiedad y siguió llorando.

Cuando el camarero vio la escena, inmediatamente quiso alejarse del asunto por miedo a meterse en problemas. "Señor, ya que es amigo de esta señorita, ¿podría pagar su cuenta?", dijo respetuosamente.

El hombre misterioso sacó su tarjeta enseguida y, sin decir nada, pagó la cuenta antes de sacar a Amelia del ruidoso bar.

Una vez afuera, la helada brisa nocturna mordió la piel de Amelia, haciéndola temblar. Aunque había tomado mucho, el frío le dio algo de sobriedad, así que miró al hombre frente a ella y le preguntó con voz apagada: "¿No estabas enamorado de Yolanda? ¿Qué estás haciendo aquí entonces?".

Dicho eso, empezó a patear y golpear en el aire para desahogarse.

"¡Quédate tranquila!". Un rastro de impaciencia se dejó sentir en la fría voz del hombre cuando metió a Amelia en su Porsche plateado.

A pesar de su borrachera, ella pudo distinguir que la voz de ese tipo no era la de Jasper; abrió bien los ojos para tratar de reconocer sus rasgos pero estaba oscuro y no podía ver bien. Sin embargo, como le dolía el estómago vacío y se sentía como un gatito abandonado, no tardó en acurrucarse en el asiento del copiloto y empezó a llorar de nuevo.

"Aguanta un rato, ya estamos por llegar". Probablemente por su expresión de sufrimiento, la voz del hombre se suavizó un poco esta vez.

El Porsche plateado se estacionó frente a una exclusiva mansión llamada "SJ Garden" y, tan pronto como el hombre apagó el auto, un mayordomo se acercó a él y dijo: "¡Señor Lucian, el señor Nicolas se enteró de su regreso y le pidió que fuera a la Mansión Zhan esta noche!".

El hombre, quien estaba saliendo en ese momento con Amelia en brazos, frunció el ceño, algo disgustado por las palabras del mayordomo. Sin embargo, cuando su vista bajó al hermoso rostro de la chica en sus brazos, su mal genio desapareció por completo.

"¡Ay, me duele!", gimió Amelia, adolorida.

"¡Darren, por favor anda a buscar al doctor Chen!", le pidió al mayordomo, con una mirada de preocupación.

"Pero el señor Nicolas todavía está esperando por nosotros, señor", tartamudeó torpemente, Darren Fang.

El rostro de Lucian se volvió sombrío y espetó de mala gana: "Muy bien, lo llamaré yo mismo.

Cuando escuchó su respuesta, la mirada nerviosa del mayordomo dio paso a un suspiro de alivio; acto seguido, Darren esbozó una sonrisa cordial y respondió rápidamente: "¡Ahora mismo iré a llamar al doctor Chen!".

Aunque las luces resplandecían fuera y dentro de la mansión, el espacio se sentía gélido porque nadie vivía allí.

Con semejante dolor de estómago, la conciencia de Amelia pendía de un hilillo y vagamente solo llegó a sentir que la abrazaban unos brazos cálidos. Aunque quería comprobar si esa persona era Jasper, sus intenciones se vieron interrumpidas cuando sintió que caía suavemente sobre algo muy suave.

"Todos los hombres son unos bastardos", fue lo único que alcanzó a decir. Lucian Zhan, quien estaba acostándola en la cama en ese momento, la miró directo a la cara cuando ella pronunció esas palabras; sin querer, se detuvo y una sonrisa juguetona se esbozó en su rostro.

"El doctor Chen ya está aquí, señor Lucian", anunció el mayordomo desde la puerta.

"Está bien, déjalo pasar".

Lucian se hizo a un lado y esperó a que el médico revisara a Amelia. Cuando el doctor Chen la examinó, enseguida se le acercó y le preguntó: "¿Cómo se encuentra ella?".

Cuando Darren vio la preocupación en los ojos de Lucian, se quedó estupefacto porque, hasta donde podía recordar, el joven Zhan siempre había sido un tipo demasiado distante y arrogante. Aunque había salido con varias chicas en el pasado, nunca las había llevado a su casa, sino que se encontraba con ellas en habitaciones de hotel. Lo que más sorprendía era que la chica que estaba sobre la cama parecía ser bastante normal e incluso estaba pasada de copas.

"Señor Lucian, todo lo que tiene esta señorita son un par de úlceras por haber bebido demasiado sin haber comido antes, con un poco de agua de miel se le aliviará el malestar.

"¡Entonces hay que darle esa agua cuanto antes!", soltó Lucian tras el informe del médico y luego le hizo un ademán al mayordomo. "A su orden", respondió Darren, saliendo de sus pensamientos.

Cuando el doctor Chen se fue, Lucian regresó a su habitación para cambiarse, pero pronto empezó a escuchar unos ruidos desastrosos desde la habitación de Amelia.

"¿Qué pasó?", preguntó con las cejas fruncidas.

Darren Fang parecía asustado y su rostro estaba pálido. Tan pronto como vio a su amo, corrió directo hacia él y le informó: "Señor Lucian, la señora no quiso cooperar conmigo, le fui a dar el agua con miel pero me tiró el vaso al suelo...".

Luego de ver la mirada de terror del mayordomo, Lucian bufó: "Ni siquiera eres capaz de lidiar con algo tan trivial; anda, ve a traer otro vaso de agua con miel".

"Uh...", musitó Darren, todavía más sorprendido mientras miraba a Amelia. Definitivamente la mujer que yacía sobre la cama debía tener una relación muy cercana con Lucian porque de lo contrario no se explicaba su comportamiento.

Pronto, el mayordomo regresó con el vaso de agua con miel, algo contrariado por el hecho de que no hubiera más sirvientes en SJ Garden.

"Pásame el vaso", pidió Lucian en voz baja.

"Señor, estas cosas deberían hacerlas los sirvientes, pero como usted prefiere un entorno más tranquilo, despedí a todos días antes de su regreso". Darren Fang estaba en medio de un dilema porque no sabía si debía darle de beber el agua a Amelia o dársela a su amo para que lo hiciera él personalmente.

Fastidiado por su presencia, Lucian lo despachó con cortesía: "Darren, ya es tarde, deberías irte a la cama; descuida, yo me encargaré de esto".

El mayordomo le asintió enseguida, pero pronto algo le vino a la cabeza y se volvió, un tanto preocupado. "Señor Lucian, el señor Nicolas está muy enfermo, será mejor que lo visite cuanto antes...".

"Está bien, lo sé", respondió con impaciencia y sus ojos luego se volvieron hacia Amelia.

Cuando el mayordomo se fue, el silencio reinó en la habitación.

Lucian se quitó el saco de su traje y luego se arremangó la camisa para llevarle el agua a su huésped. Respiró hondo antes de coger a Amelia entre sus brazos y, como si tratara de convencer a un niño pequeño, le dijo suavemente: "Vamos, abre la boca".

Amelia se encogió de dolor, para entonces su vista seguía borrosa y alzó la mano a la nada como si intentara agarrar algo.

Afortunadamente, Lucian fue lo suficientemente ágil como para evitar su manotazo y resguardar el vaso.

Ese gesto lo impacientó un poco, así que dejó el vaso sobre la mesa de noche e inmovilizó a Amelia con una mano y le abrió la boca para tratar de verter el líquido con la otra.

Sin embargo, ella parecía estar decidida a no dejar que le diera de beber porque, aunque el vaso rozaba sus labios, ella apretó los dientes para no tragar nada.

Agotado, Lucian se dio por vencido y estuvo a punto de marcharse, pero cuando se dio la vuelta, Amelia lo agarró por el brazo y le dijo: "Oye, es mi cumpleaños, ¿no podrías quedarte conmigo?".

Un rastro de melancolía resaltó en medio de su voz embriagada, eso lo hizo dudar y ahora no estaba seguro de querer irse.

"Muy bien, pero tómate el agua con miel primero". Su voz fría se suavizó, algo completamente inusual en él.

Lucian enseguida se arrepintió de haberse adjuntado tremendo problema.

A pesar de sus palabras, todavía no consiguió su objetivo porque Amelia no se tomó el agua, en vez de eso, empezó a musitar: "Un abrazo tan, pero tan cálido...".

Cuando vio el hermoso rostro de la chica entre sus brazos, la mirada de Lucian se tornó sombría y sintió como si estuviera a punto de colapsar. Aunque quería apartarse de Amelia, había algo en su expresión de tristeza que le daba lástima y no podía.

"Bueno, supongo que me lo busqué", Después de todo, Lucian la había traído hasta su mansión y, por más que se arrepintiera, ya lo hecho estaba hecho.

Capítulo 3 Amor a primera vista

A la mañana siguiente, los rayos del sol entraron a la habitación, limpiando el lugar con su luz. El despertar en la lujosa mansión se vio precipitado por un par de pasos estrepitosos.

"¡Despierte, señor Lucian, señor Lucian, despierte!", exclamó el mayordomo, tratando de despertar a su amo quien todavía estaba sumido en un sueño profundo. Como se había quedado despierto hasta tarde la noche anterior, le costó mucho abrir los ojos, pero cuando finalmente lo hizo, pudo ver la silueta de un hombre de mediana edad sentado sobre una silla de ruedas.

"¿Qué estás haciendo, Lucian?". Una aguda voz femenina rompió el silencio esa mañana y despertó a Amelia, quien ahora tenía una fuerte jaqueca por la resaca.

"¡Dios mío! Me duele mucho la cabeza", exclamó mientras se incorporaba y se sobaba la sien. Lentamente, Amelia fue abriendo los ojos para explorar el entorno desconocido, se quedó pasmada cuando no pudo reconocer dónde se encontraba y peor cuando vio que estaba rodeada por un hombre y una mujer, ambos de mediana edad. "¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo aquí?", preguntó, luego de hacer un esfuerzo para recuperar su voz.

Sus palabras la volvieron el centro de atención en la habitación, al parecer, ellos estaban más sorprendidos que ella.

"¿Quién demonios es esta mujer, Lucian?", preguntó la señora, acercándose a ella y señalándola con una mano adornada de joyas verdes. "¡Te advertí que Shelly es la única mujer para ti, con ella es que te vas a casar!".

Amelia se estremeció al escuchar a la mujer enfurecida y, aunque recordaba haber bebido mucho anoche, no podía rememorar cómo es que había llegado hasta allí. Cuando se volvió para mirar al hombre que estaba junto a ella, se quedó congelada, realmente no se lo esperaba. Por alguna razón, no podía dejar de verlo, se sentía inevitablemente atraída por su hermoso rostro, parecía una escultura digna de un dios. Su presencia era tan imponente que ella no pudo evitar contener el aliento. ¡Era demasiado guapo!

"Por favor, mamá, no sobreactúes, yo solo...".

"¿Y entonces por qué no fuiste a la casa anoche?". Justo cuando intentaba explicarse, Lucian fue interrumpido por el hombre en silla de ruedas.

Con el ceño fruncido, el joven Zhan intentó urdir una explicación, pero no había forma creíble de explicar la situación. Entonces, de la nada agarró a Amelia entre sus brazos y dijo firmemente: "Mi novia se embriagó un poco anoche y no quería que la dejara sola".

Amelia se vio envuelta en un fuerte abrazo que la dejó sin aliento. Como no sabía qué hacer, simplemente dejó que la abrazara aunque no pudo evitar fruncir el ceño y preguntarse por qué ese desconocido la llamaba su novia. ¿O acaso había bebido tanto anoche que ya no se acordaba de nada? ¿Tan ebria estaba que no recordaba haberse hecho novia de ese sujeto?

"No, yo no soy... ehm...". Amelia se aclaró la garganta e intentó negarlo, pero no pudo continuar porque un beso la acalló.

En una fracción de segundo, un relámpago asestó su mente y le dejó la cabeza en blanco. El terror en su interior la hizo estremecer como una gran ola devastadora.

¿Qué demonios le estaba pasando? Aunque siempre había escuchado que la gente advertía sobre las consecuencias de beber demasiado, lo menos que esperaba era que las cosas devinieran en semejante desastre. Mientras Lucian la besaba, trató de morder su lengua para escapar de su agarre.

"Ah...", jadeó él, adolorido y contrariado.

Amelia enseguida lo empujó y exclamó: "¡Imbécil!". Luego se limpió los labios y maldijo en su interior: '¡Qué vergüenza, por Dios santo!".

"Tranquila, cariño; anoche pasé todo el rato cuidando de ti y ahora estoy tan cansado". Dejando a un lado el dolor en su lengua, Lucian se acercó a ella y la atrapó entre sus brazos de nuevo, luego le dijo en voz baja: "Anoche te tomé una foto desvistiéndote, no te atrevas a llevarme la contraria o haré que te arrepientas".

"¡Eres... agh!". De pronto Amelia abrió mucho los ojos y lo agarró por el brazo. "¿Qué demonios pasó anoche? Dime".

Lo único que ella recordaba era haber estado en la barra del bar ahogando sus penas en vino, ¿pero qué había pasado después? Ella no tenía ningún recuerdo en absoluto y, a pesar de que no creía en las palabras de ese desconocido, aun se sentía desconcertada por haber despertado en la cama de un extraño.

"¡Esto es indignante!", exclamó la aristocrática mujer, quien luego se volvió hacia el hombre en silla de ruedas y dijo: "¿Ves, Nicolas? Si sigue por ese camino, nuestra familia estará arruinada".

"Lucian, esta lamentable escena la puedo dejar pasar, pero, como lo sabes, los Zhan hemos hecho un arreglo con la familia An y tú debes casarte con Shelly cuando cumplas los 30. ¡Ahora que estás de regreso, debemos cumplir con esa promesa!", le recordó el hombre en silla de ruedas mientras lo miraba con severidad. Dicho eso, le echó un desdeñoso vistazo a Amelia.

Por su parte, ella todavía estaba completamente perdida y no podía entender lo que estaba pasando; aunque sus ojos reflejaban una inocencia pura, podía sentir que el hombre en silla de ruedas le estaba dando una advertencia con la mirada.

"¡La decisión sobre mi matrimonio reside solo en mí!", respondió Lucian con firmeza mientras sostenía a Amelia por los hombros con más fuerza.

Ahora ella parecía comprender la situación, así que esbozó una sonrisa complaciente y le susurró: "¿Borrarás las fotos si accedo a ayudarte?".

Con las cejas fruncidas, Lucian captó su seña y le asintió.

Como no tenía idea de lo que había pasado la noche anterior, ella sentía que su única oportunidad era cooperar con él. Amelia no era el tipo de chica que se emborrachaba así con frecuencia, así que prefirió seguirle la corriente a Lucian para no meterse en más problemas.

"Señores, su hijo y yo nos amamos mucho, no deberían obligarlo...", suplicó mientras se acercaba a ellos con los ojos llorosos.

Lucian se quedó perplejo y luego posó su mirada sobre Nicolas y Francis con una sonrisa.

"¿Qué? ¿Por qué estás tratando de conquistar a mi hijo?". La mujer estaba histérica, así que agarró la mano de Nicolas y continuó: "Solo aceptaré a Shelly como mi nuera".

"Lamento decepcionarte, mamá", dijo Lucian con el brazo alrededor de los hombros de Amelia. "Pero he decidido casarme con ella, es mejor que dejen de hacerse ilusiones con la hija de la familia An".

Amelia sonrió torpemente cuando vio los delgados dedos de Lucian sobre sus hombros, pero no pudo evitar sentirse mal cuando su mirada se posó sobre los señores que tenía enfrente.

Ella no solía mentir de esa forma y, aunque la mujer frente a ella la trató mal, podía comprender que lo hacía porque estaba preocupada por su hijo.

"¿Desde hace cuánto tiempo conoces a esta mujer? ¿Siquiera la conoces bien? Apenas acabas de regresar hijo, ni siquiera has visto lo bonita que se ha puesto Shelly ahora; estoy segura de que podrías enamorarte de ella con solo verla", siguió parloteando la mujer de mediana edad, tratando de convencerlo. Sus ojos enojados se suavizaban mientras veía a Lucian, pero volvían a encenderse cuando se volvía hacia Amelia.

"Has dicho que 'podría' enamorarme de ella con solo verla, ¿no es así?". Esta vez habló lentamente y luego añadió con un brilló particular en los ojos: " ¡Pero mamá, ya me he enamorado a primera vista y fue de Amelia!".

'Oh, Dios mío, ¿en qué problema me metí?', pensó Amelia al escuchar la declaración de amor de Lucian. ¿De verdad estaba fingiendo? Bueno, si era tan bueno actuando, debería considerar convertirse en actor.

"Francis, Lucian ha crecido y tiene el derecho a tomar las riendas de su destino. No debemos interferir con su decisión, mejor regresemos a casa". Nicolas dio un largo suspiro y luego se volvió hacia el hombre de traje que estaba junto a él. "Llévame de regreso a la Mansión Zhan", le pidió.

"No deberías ser tan liberal con el muchacho, Nicolas, no dejes que se arruine la vida así. ¡Más tarde de arrepentirás!". Dicho eso, a la mujer no le quedó de otra que seguirlo fuera de la habitación.

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