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Adictos y Perversos.

Adictos y Perversos.

Autor: : Mayra Gisel
Género: Romance
¿Quién les iba a decir que aquel encuentro por pura casualidad los uniría de por vida? Desde el primer momento en el que se vieron, sintieron una atracción tan fuerte que no pudieron evitar darle riendas sueltas a la pasión. Él, un hombre de 40 años que intenta divorsiarse de su esposa de hace 20 años y con un hijo con problemas de adicciones. Ella, una joven de 27 años que intenta encontrar amor propio para poder liberarse de un hombre quien, por más que ame, no la merece, la engaña, humilla y además, le pega. Sola y con un pequeño de a penas meses, debe salir a la vida sin imaginarse que por cosas del destino, terminaría trabajando en la empresa del padre biológico de su pequeño. Desde el momento en el que sus miradas se cruzan y sus cuerpos se rozan, la fuerte atracción sexual se manifiesta y ambos se adentran en un mundo desconocido pero adictivo en cuanto a todo lo que el famoso club swinger les ofrece. Ambos se ven seducidos por los diferentes juego sexuales y no pierden oportunidad de poder experimentar El éxtasis de sus propios sentidos.

Capítulo 1 Tiempo atrás (Parte 1)

Nuevamente, había descubierto a su novio en una infidelidad y como siempre, sus disculpas no borrarían en lo absoluto el dolor que repetidamente le provoca.

¿Y por qué no se separa? Esa es una de las preguntas que no se cansa de escuchar. Lo cierto es que se siente muy enamorada para aceptar que él solo está jugando con sus sentimientos y que lo que alguna vez creyó sentir, no fue lo suficientemente profundo como para guardar fidelidad a su relación.

Érika y Ezequiel se conocieron luego de que Abril, su mejor amiga decidiera viajar a España junto a su hermana. Ambos eran compañeros de trabajo y fue solo verse por primera vez en la recepción de la empresa que sintieron una conexión fuerte el uno por el otro. Su primera cita acabo en la cama de un no tan lujoso hotel y aunque a ella le cueste aceptarlo, quién apostó a la relación desde un primer momento fue ella porque él siempre la engañó.

Esa noche decidió no quedarse en su casa llorando por lo que se fue a bailar para olvidarse de todo y de una vez ser capaz de sacarse a ese maldito cretino de la cabeza y de su corazón.

Le había insistido muchísimo a qué la acompañase su mejor amiga, pero con el tema de ella maternidad Abril estaba enclaustrada en su departamento de dos ambientes en Barracas. Al final, se fue sola a un antro en Puerto Madero y gracias a qué el de seguridad era íntimo amigo de su primo pudo pasar sin problemas. Una hora más tarde estaba pasada en alcohol y bailando como loca en medio de la pista.

Lo que ella no había notado, es que un hombre de unos treinta y tantos no dejaba de observarla mientras bebía un trago del vino más caro del lugar.

Sus caderas se movían de un lado al otro y aunque no lograba distinguir su rostro, aquel meneo lo seducía por completo.

Relamía sus labios una y otra vez deseando poder pasar su boca por su cuello y por sus no tan grandes senos, aunque perfectos que cabrían en toda la palma de sus manos.

De solo pensarse acariciándola podía sentir como su miembro comenzaba a reaccionar a aquel deseo y como si hubiera complicidad del destino, ella giró su cabeza hacia su lado encontrándose con su mirada.

En verdad Érika no podía ser del todo consciente de lo que su presencia le generaba a ese desconocido y por los efectos del alcohol tampoco podía pensar con claridad.

Se fue acercando intentando ser sexi y aunque su caminar realmente provocaría rizas a cualquiera, aquel desconocido la devoraba con sus ojos.

Ella llevaba algo parecido a un top color turquesa, que solo cubría sus pechos dejando al aire mucha piel de su torso. Una minifalda ajustada de color blanca que se subía un poco cuando meneaba sus caderas dejando a su vista una preciosa imagen de la curvatura de sus glúteos. Pero aunque estaba ebria maldecía el haberse puesto esa prenda.

Para los pies se decidió por unas no tan altas sandalias en color blanca y su cabello lo llevaba suelto y alborotado.

En cuanto llegó al sitio donde se encontraba aquel hombre, intento ser lo suficientemente femenina para sentarse junto a él, aunque casi se cae.

- Lo siento. – se disculpa soltando alguna que otra carcajada por los nervios. - ¿Cómo te llamas? – intenta entablar una conversación, pero él solo podía mirar sus labios y la manera en la que ésta le coqueteaba moviendo su melena para un Aldo y para el otro. - ¿Tienes novia? – vuelve a preguntar pero de su parte no recibe respuesta. - ¡Oye! ¡¿Te han comido la lengua los ratones?!- pregunta molesta y como él no le dice nada ella se pone de pie pero al querer retirarse trastabilla y cae sobre el desconocido haciendo que éste la tomé por la cintura atrayendo la hacía su cuerpo y haciendo que quede sentada en su regazo, sintiendo perfectamente la erección del hombre. – Oh. – se le escapa un gemido de su boca al sentir su miembro contra su muslo derecho. – tienes un encendedor muy grande y muy duro. – Habla sin pensar, tan solo se sumerge en sus ojos azules.

- ¿Se encuentra bien, señorita? – le pregunta sin dejar de sujetar su cintura.

- Nunca estuve mejor. – contesta y abraza su cuello para hundir su cabeza entre la comisura de el y su hombro. – ahhh, mañana tendré una resaca de aquellas. – pronuncia en confianza sin ponerse a pensar en que se encuentra sentada y abrazada a un completo desconocido.

Aquel hombre que se había excitado con solo verla menear sus caderas imaginándola sobre su regazo, con su parte prohibida enterrada en ella no era otro que uno de los empresarios más poderosos en la industria del modelaje con un caudal de dinero de € 300.000.000. Si bien tenía su empresa en Italia, había arribado a Buenos Aires con la intención de participar en una asociación con quién fue un hito de la moda hace varios años atrás y que estaba interesado en ayudar a resurgir aquel imperio de la moda. Luna Modells.

Santiago Beltrán, un apuesto caballero de unos 38 años quien llevaba casado casi la mitad de su vida con una mujer que no sólo se había convertido en alguien superficial, materialista y desagradable sino que también estaba inculcando esas actitudes negativas en Sergio, su hijo de 17 años.

Bárbara Beltrán y él se conocieron en la universidad, cuando ambos estudiaban diseñadores de moda pero al quedar ella embarazada Santiago decidió, influenciado por su abuela y su madre, casarse con la joven y terminar su posgrado en administración de empresas, que había dejado a la mitad para incursar en el mundo de la moda.

Se amaron mucho los dos, pero cuando él abrió Natural Charm Models , y comenzó a ganar popularidad entre las grandes empresas, aparecer en los desfiles más importantes se convirtió al cabo de 3 años en una de las agencias más importantes. Los activos empezaron a crecer y ella a olvidarse de su esposo y su hijo.

Santiago no era el típico hombre rico que gasta sus millones en mujeres Y alcohol, porque a pesar de que muchos creyeran lo contrario Beltrán le era fiel a su esposa, aunque ya no la quisiera, no le faltaba el respeto, pero esa noche un par de tragos y una mujer desconocida le dieron vuelta a su mundo y con el, su ética y moral se fue al suelo.

Y allí estaba, en aquel antro bebiendo una copa lo más tranquilo hasta que, entre la muchedumbre la vio. Su outfit le llamó la atención y no pudo resistirse a recortarle con sus ojos y posarse en sus glúteos, que deseaba abrir para enterrar su miembro en el. Sus pechos que, si bien no eran de un gran tamaño podía sentir como se le hacia agua la boca por morder y lamerle esos pezones que claramente podía distinguir encima de la tela.

En cuanto la vio caminar hacia él, una parte suya quiso reír. Es que claramente lo hacía tambaleándose de un lado al otro, pero así mismo no podía dejar de verla sexi y con un inmenso deseo de follarla allí mismo delante de todos.

Cuando se cayó sobre sus piernas, fueron sus glúteos que golpearon con fuerza su miembro, que no se demoró en ponerse duro y desesperarse por penetrarla.

No podía hablar, aunque quisiera, estaba perdido en sus ojos claros y en la manera en la que sus labios se movían cerca suyo.

Lo más gracioso de la noche, fue su comentario sobre el "supuesto encendedor" y aún así no pudo evitar seguir mostrándose deseoso.

- ¿Se encuentra bien, señorita? – vuelve a preguntar conteniendo su deseo de abrazar su cintura. – señorita. – insiste, pero ella sigue con su rostro hundido en su cuello.

- Ummm.. – ese gemido en su oído hizo que se le erice la piel. – la vida es una porquería, mi vida es una basura. – lloriquea recordando que, nuevamente le rompieron el corazón.

Ella estaba cansada de siempre la misma idiota que todo perdonaba. Se cansó de que él le viera la cara de estúpida y que vuelva hacerlo una y otra vez sin piedad.

Erika estaba harta de ser siempre la engañada, esta vez quería ser ella quien lo haga, quería ser ella misma quien disfrute en otros brazos, quién bese otro cuerpo, otra boca y Santiago estaba justamente allí, listo para ser parte de su venganza. Una vendetta contra alguien a quien le importa un demonio si respira o no.

Sin vueltas comenzó a besar su cuello y aunque él moría por sucumbir a la tentación, la tomó de sus hombros y la separó. Ella no dijo nada y sin embargo se le quedó viendo con sus cabellos alborotados, sus mejillas rojas sus ojos completamente dilatados, sus labios hinchados y su pecho que subía y bajaba. Santiago se le quedó mirando y pensando sobre si definitivamente apartarla de sí, o bien tomarla entre sus brazos y sacarla de allí.

- ¡Al demonio! – dijo y tomó con fuerza su cabeza para devorar sus labios.

Sujetó con fuerza su cabeza y pego su boca en la de ella. No se esperó un solo segundo para abrirla y darle paso a su lengua, la misma que se encontró con otra arrebatada que solo buscaba ganar una batalla. Una batalla plagada de lujuria y pasión.

Entre jadeos y gemidos se fueron soltando y las manos de ella, con torpeza, se colaron por debajo de su camisa pudiendo sentir entre sus dedos su torso muy marcado. No obstante, él tenía sus manos, abiertas, aferradas a sus glúteos y acompañando sus movimientos circulares con los que restregaba sobre su miembro a punto de explotar.

- Ahhh, ahhh. – se separa de sus labios y junta su frente con la de él. – quiero que me folles. – le pide con sus ojos cerrados en tanto le respira en el rostro. – quiero que te hundas en mi cuerpo, que me llenes por completa. – le suplica en tanto mueve su cabeza, embriagada de deseo.

Santiago la sujeta de sus cabellos y hace que su rostro se separe del de él para mirarla fijamente y pensar por un segundo si sucumbir a las inmensas ganas que acababa de motivarlo o bien detenerla porque después de todo, estaba ebria y lo que menos quería era aprovecharse de la situación. Pero que quería . . . quería hacerlo.

- Hágame suya. – le vuelve a pedir jadeante.

- No puedo. – dice negando. – estás ebria. – intenta hacerla razonar, pero aun así ella sabe muy bien qué es lo que quiere y ser suya es lo que desea.

Sin más extendió sus brazos y lo abrazo pegando su cabeza a su cuello y comenzando a lamerlo es que intentó seducirlo, convencerlo. Es que Santiago no podía saber cuanto necesitaba ella tenerlo bajo su cuerpo, cuánto deseaba olvidarse de su patética vida al lado de un hombre que solo está jugando con ella y que sólo se queda a su lado por lastima, por compasión porque más de una vez, le suplicó que no la dejara.

- Por favor. – le pide susurrándole al oído. – hágame olvidarme del mundo. – pero él niega – sí, estoy pasada de copas, pero sé bien lo que quiero y a usted dándome tan duro que me haga olvidar mi propia existencia. – entonces duda.

¿qué probabilidades había de que en verdad ella estuviese algo consciente para saber lo que estaba pidiendo. Beltrán era todo un caballero y si bien se dejó llevar por el instinto animal, hacía dos segundos, no quería encontrarse con su imagen en los diarios a la mañana siguiente acusándolo de abusador.

No podía permitir que se expusiera su privacidad y menos, aunque eso le perjudicara su reputación porque después de todo, eso era lo que más le importaba. Dar aquella imagen de hombre decente, pintar las apariencias era todo por lo que él hacía las cosas. Por eso fue fiel por años, por eso jamás se dejó llevar por el instinto sino hasta esa noche en la que esa muchacha, esa desconocida por primera vez en la vida de él, arrebataba todos sus principios y se llevaba por delante su castillo de papel.

Sin más y con toda la fuerza de voluntad, se puso de pie y se alejó sin detenerse, sin mirar atrás sin percatarse de que aquella desconocida lo seguía llevándose por delante a todo aquel que se le cruzara en frente.

El hotel donde se estaba hospedando quedaba a tan solo una cuadra, por lo que en cuanto salió se dirigió caminando e iba tan sumido en su celular, que le había avisado que un mensaje, de su hijo que, nuevamente insistía por viajar a Buenos Aires que quería ser parte del nuevo negocio con Luna Models porque entendía que era el único heredero de Natural Charm Models, por lo que no podía negarse.

Para Santiago ese asunto siempre era una discusión, por lo que acababa por darle dinero, porque esa era su única forma de tapar y desviar sus caprichos sin saber lo mal que le estaba haciendo.

En cuanto llegó al hotel, le pareció extraño que no hubiera nadie en recepción, pero quizás había ocurrido algo con alguno de los huéspedes que los obligo a dejar su puesto de trabajo.

Se encogió de hombros y continuó sin percatarse de que Erika lo siguió.

La habitación que había alquilado se encontraba en el primer piso, por lo que no utilizó el ascensor, y subió directamente por las escaleras, pero en cuanto ingresó por la puerta, el peso de un cuerpo lo apuró al ingresar y al voltearse sus ojos no podían creer lo que veían.

- ¿pero qué? – no pudo continuar la frase que se le abalanzó a besarlo.

Puso las manos en sus brazos e intentó separarla y al empujarla sin querer la luz se enciende logrando verla con claridad.

Castaña de cabello por debajo de los hombros, de ojos claros y unos labios completamente hinchados de tanto que se los ha mordido en las veces que los ha besado. Sus pezones resaltaban sobre la fina tela de color y su pecho no dejaba de subir y bajar gracias a la dificultad que le resultaba poder respirar.

- Esto es acoso. – dice él tratando de controlar sus impulsos de tomarla, arrojarla en la cama, levantarle la falda, abrirle las piernas y entrar en ella.

- Solo quiero ser suya. Tómeme, tómeme y hágame suya, señor – cómo le excitaba que lo tratase con tanta formalidad, pero debía resistir, no podía caer rendido a su tentación.

Cerró sus ojos y negó para luego ponerse firme y exigirle que se retire de su casa, pero Erika tenía bien en claro lo quería y terminar en su cama era su única meta.

De momento a otro él volvió a tomarla del brazo y la arrastró hacia la puerta, pero del lado de afuera para luego cerrársela en la cara y dejar que "el problema" quedara para alguien más.

En cuanto aquel rectángulo de madera quedó en medio de los dos, a Santiago por alguna razón le agarró culpa, mucha culpa por dejar aquella mujer que siquiera sabía su nombre, completamente ebria y a merced de que le suceda algo de lo cual podría arrepentirse después.

- ¡maldita sea! – maldijo antes de abrir la puerta y encontrarla sentada en el suelo con sus zapatos en la mano.

- Sabía que te ibas arrepentir. – dice en cuanto lo tuvo enfrente.

- Ven, levántate. – le dice serio y extiende su mano.

- ¿vamos a follar? – le pregunta con una sonrisa en el rostro.

- No. sólo . . . – pero sus palabras quedan a la mitad, porque ella se abalanza sobre su cuerpo y lo va empujando para quedar dentro de la casa nuevamente, pero él se vuelve a separar.

Con una mano en su cintura y la otra en su cabeza, jalando los mechones de su cuello, es que la mira sin contestarle a su pregunta. "¿Me va a alejar otra vez?" pregunta rosando sus labios y para su sorpresa solo la alza entre sus brazos y hunde su boca en la suya mientras camina directamente a su cuarto.

En cuanto ingresó en el, la recostó en la cama, pero sin despegar su boca y acomodándose encima suyo es que comenzó a recorrerla con su lengua.

- Ahhh – gimió en cuanto sintió la humedad en su cuello y se estremeció en el segundo en el que una de sus manos se coló por debajo del top y tomó su seno para luego apretarlo entre sus dedos. - ¡ay! – su brusquedad le generó una aguda punzada en su entre pierna que no pudo contener. - ¡dios, fólleme! – grita desesperada mientras cruza sus piernas por la espalda de él y jala sus cabellos. – ohh siiiiii –

Erika parecía una fiera. La frustración, la rabia, el odio que estaba sintiendo por su novio la estaba intentando canalizar teniendo sexo duro y salvaje con aquel desconocido, es que ella solo pretendía sentirse la desgraciada a quien no le importa un demonio engañarla una y otra vez. Quería saber qué se siente ser un maldito cretino sin corazón que se acuesta con otro hombre y luego vuelve a su casa como si nada y besa su boca, muerde sus labios, gime su nombre a sabiendas que horas atrás ya traspiró, jadeó, alcanzó el éxtasis en los brazos de otro hombre.

Para Santiago ya no había escapatoria, ya había caído rendido a su seducción y no había marcha atrás.

Deslizó por encima de su cabeza su top y en cuanto vio sus pechos desnudos se mordió tan fuerte los labios que pudo saborear su sangre una vez más. Se inclinó para rosar sus pezones con la boca y sentir en ella cómo cada vez se volvía más y más erecto. Sus ojos se clavaron en ella, sus movimientos, su boca entre abierta, su pecho que subía y bajaba.

Erika estaba excitadísima, no veía la hora de tener su duro miembro entrando y saliendo de su zona íntima, pero adoraba todo ese juego previo que dejaba su cuerpo al rojo vivo.

- ¡ahhh! – gritó en cuanto mordió de nuevo su pezón y le quedó doliendo.

Él no era capaz de decir nada, sus manos la acariciaban por completo y su boca mordía y estiraba sus pezones.

- Eres rica. – confiesa jugando con sus pechos. – muy rica. – la degustaba, la saboreaba.

- Y tu eres salvaje y eso me fascina. – y termina su oración con una carcajada. – baja un poquito. – le pide empujando su cabeza hacia su punto más sensible, pero él se resiste porque lo que deseaba era que sea ella, su voz, que le dijera lo que sabía que quería que le hiciera.

- Dime, qué es lo que quieres. – y ella se muerde el labio, un gesto muy erótico que le deja los pelos de punta.

- Hunde tu lengua en mi vagina y hazme terminar en tu boca. –

Sin más, cumple sus fantasías.

Santiago se sienta en la cama y sonríe antes de abrir sus piernas, acción que hace que su vestido se le suba dejándole una hermosa vista de su tanga azul marina.

- Eres perfecta. – susurra mientras admira su cuerpo. – voy a disfrutarte tanto que no recordaras ni tu nombre mañana. . .

Capítulo 2 Tiempo atrás (Parte 2)

Recostada en su cama, completamente desnuda, Santiago se permite unos segundos para deleitarse con su belleza en tanto con sus manos acarician la suavidad de sus piernas y ella sonríe.

- Me estremece con su tacto. – dice dejando escapar un suave gemido.

En su embriaguez, Erika se daba cuenta que aquel hombre fácilmente podría llevarle unos cuantos años y ese morbo la excitaba todavía un poco más.

Beltrán se inclina y muy lentamente separa sus piernas al mismo tiempo que con total delicadeza comienza a subir por las mismas hasta que finalmente llegó a su vulva.

- Ahhh – la escucha gemir en cuanto su dedo pulgar acarició su clítoris que se miraba realmente hinchado. - ¡DIOS! – exclamó separando aún más sus extremidades.

Sus ojos se mantenían cerrados logrando intensificar aún más la sensación que le provoca su tacto.

De momento a otro, un aire caliente choca su intimidad y acto seguido la humedad de una superficie áspera la moja.

- Ahhhh – deja escapar un gemido justo antes de su lengua comience a danzar sobre su punto más sensible.

Lamía su intimidad dejando en ella un rastro de saliva que a él en particular le volvía loco. Dejar huellas en su cuerpo se convertiría en su hobbie predilecto.

Clavaba sus uñas filosas en sus hombros haciendo que su piel se rasgue y al hacerlo, sangre.

- Mmmm – degustaba su sabor el cual era exquisito, totalmente sabroso.

Separa su boca de su intimidad para utilizar sus dedos y separar sus labios y deleitarse con el rosado de su intimidad, el rojo de su clítoris hinchado y deseoso de que juguetee con el con su lengua.

Sus dedos no pierden tiempo y comienzan a danzar sobre aquel pedacito de carne haciendo que desde lo más profundo de la garganta de la mujer, que siquiera sabía su nombre, le arrancara gemidos de placer.

- Ohhh Dios, no pare por favor, no se detenga. – le suplicaba.

Por primera vez en la vida el hecho de que lo traten con formalidad le generaba una excitación que no había experimentado y que le estaba fascinando.

Mientras chupaba y succionaba su clítoris, hundía dos de sus dedos en ella haciendo que todo su cuerpo se estremezca, que las paredes de su vagina lo encierren provocando que aquella presión mostrara resultado también en su entre pierna, en su miembro que se ponía como un a roca, lista para entrar en ella y destrozarla por completo.

- ¡MÁS ADENTRO, MÉTELOS MÁS ADENTRO! - le grita como perra en celo y a él le gusta.

A Santiago le gusta saber que él está provocando que el demonio de la lujuria la posea que, aunque quizás ella se comporta de dicha manera con otros hombres, tiene el privilegio de ser quien, esa noche y por sobre todo, le arranque gemidos de placer, gritos de suplica a aquella diosa insaciable.

Sin más, Beltrán comenzó acelerar sus movimientos dentro suyo entrando y saliendo una y otra, y otra y otra vez, mientras que con la punta de la lengua jugaba con su hinchado clítoris.

- Ahhh, ahhh ¡DIOS, QUE DELICIA! – exclamo abriendo más sus piernas.

Erika no tenía la menor idea de lo que esa noche le haría a su vida pero aún así, no le importaba pensar en el después, en el mañana, en el cómo va a explicarle a su novio, con el que convive, el que no haya regresado a dormir esa noche. ¡PERO QUÉ VA! Si él no sabe valorarla entonces habrá otro quien sí lo haga, aunque sea en la cama y aunque sea un polvo, ¡UN BUEN POLVO! De una sola noche.

Él se le queda observando y no evita sentirse seducido por toda su expresividad. Esa mujer desnuda que tenía recostada en su cama era realmente preciosa por donde la mires. Su cuerpo parecía haber sido tallado por los dioses y no se refería a un físico cómo las mujeres que ha conocido y con las que ha convivido a lo largo de su profesión. Frente a sus ojos había alguien con un cuerpo normal, con algunas cicatrices las que le llamaron la atención, especialmente las que estaban en sus muslos, pero prefirió no indagar porque además seguramente será tan solo una noche.

- Es hora. – dice justo antes de incorporarse y acomodar sus piernas.

Abre aun más sus piernas para poder arrodillarse entre medio, y sin dejar de mirarla, de recorrerla con sus ojos se comienza a tocar, de pronto ella abre sus ojos y lo mira.

- Déjame hacerlo. – le pide y él no logra comprender a qué se refiere, pero su mirada posada en su entrepierna le da respuestas a sus dudas.

- ¿quieres desnudarme? – pregunta con una sonrisa de lado.

- No, quiero tragarme hasta tu última gota. – y se incorpora.

Santiago no pudo evitar sentir un escalofrío en todo el cuerpo y que inmediatamente el fuego lo envolvió por completo.

Como idiota, se quedó observando sus movimientos con gran detalle. Erika se sentó y tomó su mano para acercarse a su oído.

- Quiero chupártelo hasta que me supliques ¡basta! –

En cuanto le dijo aquello pudo notar cómo el cuerpo de él se sacudió y ante su reacción sólo carcajeo.

- Mientras lo hago, apretaré tus testículos para excitarme con tu dolor. – y al final la oración mordió con fuerza su lóbulo de la oreja haciendo que la tome de los brazos y la separe de su cuerpo.

- ¿te gusta a lo salvaje? – pregunta con una media sonrisa. – porque te recuerdo que sí tú decides serlo, entonces me das la libertad de ser así contigo también. –

Una amenaza como aquella más que asustarla provocó que le nacieran ganas de sentir en su cuerpo la ferocidad de ese hombre.

- Primero yo. – le dice lamiéndose los labios y él, como todo un caballero se lo permitió.

Sus manos le temblaron en cuanto el suave tacto de esa hermosa mujer comenzó a desnudarlo y a dejar delicados besos mojados en su piel.

Recostado en aquella cama, con sus piernas abiertas le permitió que hiciera con su cuerpo lo que quisiera y Erika no iría a perder la oportunidad de degustarlo y disfrutarlo antes de someterse al modo pasional, salvaje y desenfrenado de amar de ese hombre.

En cuanto logró despojarlo de sus ropas se mordió el labio al ver su torso completamente marcado y él lo notó.

- ¿te gusta lo que ves? – indagó con una sonrisa.

- Si. – habló su inconsciente. – la tienes muy grande. – soltó en un suspiro al posar sus ojos en su gran miembro. -¿Cuánto mide? – indaga mirándolo fijamente, él abre sus ojos como platos.

- ¿perdón? – no lo creía.

- Debe medir alrededor de veinte centímetros. – dijo relamiéndose los labios.

Santiago no respondió, lo tomó por sorpresa y aunque su pregunta era un tanto incómoda, no podía negar que su simulada inocencia le excitó de modo tal que todo el tiempo que utilizaron para tocarse, besarse y demás, se hiciera una tortura hasta el momento en el que su polla dura como roca la penetrara sin piedad. Por otra parte, la srta Miller estaba en lo cierto, su miembro medía exactamente esa longitud.

Sonrió y se inclinó hasta su punto sensible y clavando su mirada, sin apartarla por un segundo, es que abrió su boca y sacó su lengua para comenzar a lamer los veinte centímetros.

- Ahhh – esta vez él que gemía era él.

Con una mano sostenía su polla, con la otra masajeaba y apretaba sus testículos en tanto que con su boca envolvía su glande.

- Mmm, mmmm – gemía mientras tenía todo su aparato reproductor en la boca.

Santiago abre sus piernas y sujeta su cabeza hundiéndola, haciendo que sus labios toquen su bajo vientre para darse cuenta cuán profunda, cuán experta era la boca y la garganta de esa chica.

- Ohh sii, ohhh sii. –

Él lo gozaba, ella se lo tragaba completo.

Su cabeza sube y baja mientras lo come entero, mientras sus uñas se clavan en sus testículos y hacen que grite de dolor, pero a la vez le fascina lo que le provoca a su cuerpo.

- ¡Ummm, qué delicia! – exclama en cuanto se saca el miembro de la boca

Él se acomoda para poder deleitarse con la curvatura de sus glúteos mientras le está practicando sexo oral.

Erika clava sus ojos en los de él mientras se menea, mientras sube y baja su cabeza una y otra vez, acelerando los movimientos generándole una vivencia extraordinaria.

- Mmm, mmmm. – degustaba su polla haciendo que se le ponga aún más dura.

Su mano se pone en acción, sube y baja siguiendo la acción de lo que hace con su boca. Cuando ésta baja, su mano, masturbándolo, también lo hace.

- Ahh, ahhh. – gime en tanto todo su cuerpo se estremece.

Ella no se detiene.

Le fascina sentir la dureza en su lengua, sentir como late, cómo de su glande, de aquel pequeño orificio sale un liquido viscoso que le sabe exquisito en la garganta y la motiva a no parar.

Al igual que su mejor amiga Abril, ella tenía fascinación por ese arte y no perdía oportunidad de saborear aquel néctar aún más cuando tiene veinte centímetros para ella sola.

- Ahhh, ahhh me estoy por venir. –

Aquella sensación de frío y calor recorriéndole el cuerpo, sus venas calentando su sangre intensificándose en su punto más débil, provocando que sea más liquido el que sale de él, el que se está tragando poco a poco y lo vuelve loco.

A Beltrán lo vuelve loco ver sus poses, sus expresiones fasciales, cómo le llena la boca con su miembro y cómo de momento a otro, sacudiéndose, alcanzando el orgasmo explota dentro suyo logrando ver con gran fascinación hilos de semen cayendo de las comisuras de sus labios.

- Ahhhh, ahhhh, ohhh siiii, ¡SIIII! – grita tomando con ambas manos sus cabellos y realizando un movimiento ascendente y descendente intensificando aquel magnífico éxtasis.

De momento a otro se detiene, pero no la suelta y con leves movimientos corporales deja salir hasta la última gota de su cuerpo, la misma que se toma y saborea relamiéndose los labios en cuanto puede liberarse de su agarre y liberar su miembro.

- Me mataste. – logra decirle con la respiración agitada.

- ¿está cansado? – indaga coqueta, él sonríe y niega.

- Es mi turno. – concluye para ser él quien se adentre en su interior.

Se incorpora y ahora es Erika quien se deja caer en la cama de espaldas. Abre lo más que puede sus piernas luego de su orden y mientras no quita sus ojos de encima se coloca el preservativo.

- La protección, ante todo. – habla ella con una gran sonrisa.

- Ante todo. – admite del mismo modo él.

Toma sus tobillos para acomodar su enorme polla en su entrada y pidiéndole que tome todo el aire que pueda, sin previo aviso, se enterró en lo más profundo de su sexo.

- ¡AHHHHH, DIOS! –

Por un momento se quedó quieto, sintiendo cómo sus paredes vaginales aprietan con la mayor fuerza que puede su miembro que aún está dentro de, haciendo que le dé escalofrío y quiera no salir nunca de allí.

Con movimientos suaves comienza a entrar y salir de su cuerpo llenándola y completándola una y otra vez, sin parar, pudiendo ver su hermoso rostro de satisfacción y aunque la culpa lo invada por momentos esa desconocía tiene un imán lo cual le es imposible no seguir disfrutando de su espectacular cuerpo.

- Asi, sigue así, no pares. – le pide y él le obedece.

Sus envestidas eran tan fuertes que incluso con los gritos desaforados de los dos se podían oír el ruido los golpes de sus cuerpos encontrándose repetidas veces.

Toma sus manos y clavas sus uñas en sus glúteos logrando que grite tan fuerte como aquellos movimientos con el que está penetrándola.

- ¡DIOS, ERES UNA SALVAJE! – se queja y agarra sus muñecas poniéndolas, cruzándolas primero, sobre su pecho con lo cual se acomodó mejor para seguir penetrándola con fuerza, con muchísima más fuerza. - ¡quieta! – le ordena y de nuevo, sus movimientos la dejan sin aliento.

Sosteniendo sus piernas esta vez a cada lado de su cabeza, y prácticamente arrodillado, comienza a "hacer sentadillas" mientras que tiene una hermosa visión de su gran polla entrando y saliendo de ella.

Lo saca, lo pone.

Lo saca, lo pone.

Lo repite unas cuantas veces y aunque sienta que sus piernas se le quieran acalambrar no se detiene.

Lo saca y lo pone, lo saca y lo pone. Sus gritos golpean su cráneo, haciéndose eco en su cabeza.

Y sigue, no se detiene en tanto ella suplica por más. Le grita que no pare, que siga clavándose así, tan profundo, tan rico hasta que de pronto, sus ojos se ponen en blanco, su cuerpo empieza a reaccionar mediante movimientos involuntarios, sus piernas tiemblan e intentando cerrarlas él se lo prohíbe.

- ¿te estas por venir? - y ante su comportamiento corporal y la ausencia del lenguaje es que usa sus manos para impedirle a ella cerrar sus extremidades inferiores y así poder enterrarse más al fondo.

- Ahhh, ahhhh, me vengo, me vengo. – grita mientras su voz se desarma y Santiago empieza a sentir cómo su miembro resbala y aquel adictivo sonido de sus fluidos mezclándose con el látex de su preservativo hace que más dura se le ponga a pesar de estar a segundos de eyacular.

- Ohhh, si hasta con esta goma en mi polla puedo sentir el calor de tu coño. – y fue solo terminar esa última palabra que ambos explotaron sin imaginar que, un diminuto agujerito en el preservativo en ese momento, les cambiaría la vida un año después.

- - ¡AHHHHHH! – gimieron al unísono.

Capítulo 3 Una invitación interesante.

Un año ha transcurrido de aquel encuentro fortuito con ese desconocido con el que tuvo una noche apasionada que nunca jamás experimentó con nadie. Doce meses transcurrieron de aquella noche en la que le fue infiel a su novio, a un imbécil que no le importó nunca engañarla y que se cansó de perdonar. Esa es ella. Esa es Érika.

Erika vivió 365 días en una mentira, haciéndole creer al mundo su fidelidad y que pese a ser siempre la engañada, aceptó reconstruir la relación con un bebé en camino. Un embarazo que creyó, llegó para hacer que Ezequiel recapacitara y por fin sea consciente de que son una familia y que traer un hijo al mundo no es cualquier cosa, pero falta aclarar dos cosas.

1) Luca, el pequeño, es fruto de aquella noche apasionada con el desconocido.

2) Nadie, excepto Abril, lo saben.

Lo peor de todo es que de igual modo él termino dejándola y yéndose a vivir con una de sus amantes. Después de todo su estúpida idea de retenerlo con un hijo no le funcionó.

Por otro lado, y eso sí hay que destacar, él es un excelente padre y ama a quien cree su hijo y aunque en un principio Érika pensó en decirle la verdad para lastimarlo, se retracto pensando que.

A) Luca lo adora. Con tres meses, casi cuatro, reconoce hasta el sonido de su voz y se calma cuando está en sus brazos. Sería incapaz de lastimar a su pequeño.

B) ¿Qué probabilidades existen de que el destino la cruce con el padre biológico del niño? ¿Una en un millón? Bueno, lo cree más que imposible. Aunque todo puede cambiar en un instante y esta vez, será por una carta que traerá, en minutos, el correo.

- ¿Te encuentras bien, amiga? – pregunta abril golpeando tres veces la puerta del baño.

- ¡Enseguida salgo! – le grita ella al otro lado de la puerta.

Al mes de haber dado a luz a su pequeño, Erika descubre en la cama matrimonial a Ezequiel con su amante y decide ponerle fin a su tormentosa relación y aunque él fingió estar afligido por su actitud, lo cierto es que el mal estar le duró solo unas pocas horas, porque al cerrar la puerta de la que alguna vez fue su casa, fueron ellos quienes se encargaron de hacerle saber al mundo lo muy enamorados que estaban. Desde entonces su vida ha sido un completo infierno.

Abril y Santino se solidarizaron con ella y le permitieron vivir un tiempo en su casa hasta estabilizarse económicamente y desde el abandono eso ha intentado hacer. De hecho, siquiera se dio lugar a poder sentirse mal, a llorar y vivir el duelo de quien ha sido engañada vilmente. Sólo se esmeró por conseguir un trabajo, que aún no ha llegado, y empezar de una vez por todas una nueva vida con su bebé.

- ¿cómo estás? – pregunta Abril quien se acerca para dejarle una taza de café encima de la mesa.

- Extrañándolo. – refiriéndose a Luca que, por primera vez, había pasado la noche lejos de sus brazos y en los de su padre.

- Puedo entenderte. – hace una pausa. – no sabía que mi vida no tenía sentido hasta que mi hija llego a mi vida. – sonríe y dirige su mirada hacia una fotografía que se sacaron junto a Santino y que está pegado en la nevera.

- ¿Quién iba a decir que el tipo más frío del mundo se derretiría de amor ante su hija? – bromea mirando ella también la foto.

- Amiga. – la nombra y hace que ésta le dedique su atención. - ¿algún día le dirás a Ezequiel que no es le padre biológico del niño? – dice tomando su mano. – él siempre te engaño y tu esa noche te sentiste dolida e hiciste las cosas sin pensar. – y esto último hace que se ponga de pie y le de la espalda, confesándole algo que ocultó todo ese tiempo.

- Te equivocas. – menciona y deja soltar un fuerte soplido. – no estaba lo suficientemente ebria cómo para no saber que podría quedar embarazada. – Abril frunce el ceño y se pone de pie.

- ¿cómo dices? – teme creer lo que está pensando.

- Yo sabía que iba a quedar embarazada, porque esa noche fui con la intención de buscar un hijo para retener a Ezequiel. – ella se enoja y esta vez le da la espalda.

- ¿cómo puedes ser tan inconsciente? – cada día reconoce menos a su mejor amiga. - ¿retener a un hombre con un hijo? ¿en qué estabas pensando? –

Y entonces sí, al fin pudo ser capaz de permitirse llorar.

- ¿por qué lloras? – pregunta confusa, aunque estaba enojada, furiosa ¡EN QUÉ CABEZA CABE EMBARAZARSE PARA RETENER A UN HOMBRE, CONDENAR A UN NIÑO A SER UN TROFEO DE GUERRA!

- ¡porque soy una estúpida! ¿tú crees que no sé que he cometido un error? Lo que he hecho no tiene perdón y peor aún, porque amo con toda mi existencia a mi hijo y porque sé que él lo ama tanto como yo y que cuando sepan la verdad los lastimaré tanto que me odiarán. – y rompe en llantos tanto es así que Abril suaviza su enojo y la abraza.

- Siento haberte gritado, pero fue inconsciente lo que hiciste. ¿y si te hubieras contagiado de alguna enfermedad de transmisión sexual? Hubieras condenado la vida de Luca. –

- Lo sé, y te juro que me arrepiento, pero de lo que jamás estaré arrepentida es de haber tenido a mi hijo. Yo lo amor y te juro que en cuanto lo tuve en mis brazos me di cuenta lo mismo que me dijiste "mi vida no tenía sentido hasta que él irrumpió en ella". –

De momento a otro se calma y luego de secarse las lágrimas de sus mejillas vuelve a sentarse para darle un sorbo a su café y volver a esa actitud evasiva respecto a su ex novio y su hijo.

- Sé que no puedes negarle el derecho de conocer su origen, de saber quién es el padre, pero es difícil argumentar que solo lo buscaste por no perder el amor de un hombre. – habla respecto a contarle la verdad algún día al niño. – suelta un fuerte suspiro y le da su punto de vista. – creo que lo mejor es enterrar ese secreto para que nunca jamás nadie sepa de él. -

- ¿ahora entiendes porque no puedo decirles? – y asiente.

- Tienes que rehacer tu vida y dejar de pensar que ese hombre va a regresar y aunque así lo haga, tienes que quererte más y no permitir. – se acerca a ella y la toma de ambos brazos. – nunca más que se burle de ti. –

- ¿pero cómo puedo hacer? Yo aún lo amo. – se sincera, aunque le de hasta vergüenza. – es un maldito cretino, pero lo amo. – entonces frunce el ceño y le dice algo que quizás, no debió haber dicho nunca.

- Entonces, busca nuevas experiencias. – y creo que no fue tan consciente de sus palabas porque en el rostro de la chica se dibujo una sonrisa y Abril se maldijo un millón de veces. - ¡NO! – le gritó leyendo entre líneas, su mirada picara.

- No, ¿qué? Si no te he dicho nada. – y carcajea.

- Eres tan habilidosa para dar vuelta las conversaciones y ponerlas a tu favor que hasta sospecho de tus lágrimas de hace minutos. – dice ofendida.

- Tu misma me lo has dicho, necesito conocer a alguien capaz de darme vuelta la vida y otras cosas. – y guiña un ojo, pero ella se niega. Abril se niega a introducirla en aquella vida donde seguramente, saldrá peor de lastimada.

- Pero no allí, no en el The Climax. – entonces la lleva a los taburetes de la cocina. – escúchame bien, esa vida no es para ti. Esa gente son un montón de ricachones que solo quieren desahogarse con mujeres y hombres con necesidades y para lo único que les sirves es para saciar sus malditos bajos instintos. Sus asquerosas ganas. – dice con bronca recordando especialmente lo sucedido con Gastón.

- Pero tu y Santino. – intenta hacerle ver que quizás podría encontrar el amor como ella, pero su amiga esta completamente negada a llevarla como invitada.

- Lo nuestro fue diferente y es la última vez que voy a decirlo ¡NO VOY A LLEVARTE CONMIGO NI MUCHO MENOS SANTINO! – y se va dejándola sola, justo cuando el timbre suena.

Mientras la ve subir las escaleras al llamado de su pequeña hija, alguien irrumpe en la casa y Abril comete el error de pedirle, a gritos, que fuera quien abra la puerta sin imaginar que detrás de la misma, va a encontrarse con algo que le cambiará la vida.

- ¡YA VOY! – grita en cuanto el tercer timbre suena. Al abrir la puerta se encuentra con un hombre vestido de negro y con anteojos quién solo nombró el apellido de la familia y muerta de curiosidad por el sobre, más bien, por lo que en el sobre decía es que se hizo pasar por Abril.

- ¿la señora Rivas? –

- Soy yo ¿usted quién es? – y le entrega la correspondencia en mano.

- Espero poder verlos a usted y su esposo en la fiesta. – y se va dejándola con algo que en su vida debió llega a sus manos.

Comienza a leer en voz alta.

- "THE MASKS OF DESIRE" – lee lo que en letras doradas dice en la cara del sobre. - ¿qué será?

" Sr. Y Sra. Rivas están formalmente invidatos a "The Masks Of Desire" el tercer evento más importante del año, en el salón principal del ala B de la Mansión "The Clímax" el próximo viernes a las 22hs.

Nota importante: se prohíbe la divulgación de este encuentro y sólo podrán asistir quienes estén en la lista. Con excepción del único invitado que pueden llevar los socios de tarjeta dorada, quien se anunciará para ser registrado en el momento. Pero todos, ABSOLUTAMENTE TODOS, deben ingresar con máscaras.

NO PUEDEN FALTAR A ESTE APASIONADO ENCUENTRO BAJO IDENTIDADES OCULTAS.

Saludos cordiales,

The Clímax. "

Fue sólo leer esto que una sonrisa maliciosa se le dibujo en el rostro justo ene l momento en el que Abril se acercaba para saber quien era.

- ¿y bien? – Erika estira su brazo y le muestra la invitación. - ¿eso? – mira bien el sobre y basta alzar sus ojos para saber cuál es su intención. – estás loca. – dice negando. – ¡ES UN ROTUNDO NO!-

Pero Erika no se daría por vencida.

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