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Adiós al Viejo Amor

Adiós al Viejo Amor

Autor: : Chen Muer
Género: Urban romance
La noche en que mi última película se estrenó, el éxito me envolvía, pero la emoción se congeló cuando unas risas obscenas rompieron la oscuridad. Un grupo de hombres, de la nada, me rodeó, sus manos sucias rasgando mi vestido, mi dignidad. Los flashes de sus celulares me cegaron, capturando cada fragmento de mi humillación, fotos que en segundos incendiaron internet. Cuando pensé que el horror había terminado, uno de ellos me miró con una lujuria animal, y lo que siguió me arrancó el alma. Me violaron, una y otra vez, dejándome rota en un bosque cercano, mi cuerpo un mapa de dolor y mi mente un vacío. nnEl escándalo explotó, titulando mi nombre con motes crueles: "Actriz sucia" , "Zorra de Hollywood" . Me encerré, el mundo exterior una herida abierta, solo Ricardo, mi novio y jefe, mi roca, me mantenía a flote. Él me consolaba, prometía que todo estaría bien, que superaríamos esto juntos. Una noche, su teléfono vibró, una notificación de un chat grupal que desató mi curiosidad. Lo que leí me dejó sin aliento, una puñalada helada en el corazón: "El plan funcionó a la perfección. Elena está acabada, el papel en 'Luz de Luna' es tuyo, Manuela." El mensaje era de Ricardo, y Manuela, mi mayor rival. Él no solo sabía del ataque, lo había orquestado todo. Mi humillación, mi violación, el fin de mi carrera, todo para que ella obtuviera un papel.nEn ese instante, una avalancha de recuerdos ajenos, de otra vida, me golpeó. Ricardo no solo me había traicionado en esta existencia, sino que me había sacrificado por Manuela en un ciclo de traición que trascendía el tiempo. Él había reencarnado no para estar conmigo, sino para corregir su "error" pasado, para tener a Manuela a cualquier costo. Y una vez más, el costo era yo. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude amarlo a través de vidas, para que él repitiera el mismo patrón de crueldad? El dolor se transformó en una rabia fría y cortante, sin lágrimas. Sólo una resolución de acero me impulsó. No más. Me levanté. Si él quería un papel, se lo daría. Pero sería el papel de mi renacimiento, lejos de él y de la pesadilla que había creado.

Introducción

La noche en que mi última película se estrenó, el éxito me envolvía, pero la emoción se congeló cuando unas risas obscenas rompieron la oscuridad. Un grupo de hombres, de la nada, me rodeó, sus manos sucias rasgando mi vestido, mi dignidad.

Los flashes de sus celulares me cegaron, capturando cada fragmento de mi humillación, fotos que en segundos incendiaron internet. Cuando pensé que el horror había terminado, uno de ellos me miró con una lujuria animal, y lo que siguió me arrancó el alma. Me violaron, una y otra vez, dejándome rota en un bosque cercano, mi cuerpo un mapa de dolor y mi mente un vacío.

nnEl escándalo explotó, titulando mi nombre con motes crueles: "Actriz sucia" , "Zorra de Hollywood" . Me encerré, el mundo exterior una herida abierta, solo Ricardo, mi novio y jefe, mi roca, me mantenía a flote. Él me consolaba, prometía que todo estaría bien, que superaríamos esto juntos. Una noche, su teléfono vibró, una notificación de un chat grupal que desató mi curiosidad. Lo que leí me dejó sin aliento, una puñalada helada en el corazón: "El plan funcionó a la perfección. Elena está acabada, el papel en 'Luz de Luna' es tuyo, Manuela."

El mensaje era de Ricardo, y Manuela, mi mayor rival. Él no solo sabía del ataque, lo había orquestado todo. Mi humillación, mi violación, el fin de mi carrera, todo para que ella obtuviera un papel.\n\nEn ese instante, una avalancha de recuerdos ajenos, de otra vida, me golpeó.

Ricardo no solo me había traicionado en esta existencia, sino que me había sacrificado por Manuela en un ciclo de traición que trascendía el tiempo. Él había reencarnado no para estar conmigo, sino para corregir su "error" pasado, para tener a Manuela a cualquier costo.

Y una vez más, el costo era yo. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pude amarlo a través de vidas, para que él repitiera el mismo patrón de crueldad? El dolor se transformó en una rabia fría y cortante, sin lágrimas. Sólo una resolución de acero me impulsó. No más. Me levanté. Si él quería un papel, se lo daría. Pero sería el papel de mi renacimiento, lejos de él y de la pesadilla que había creado.

Capítulo 1

La noche en que terminó la filmación de su última película, Elena esperaba sola el auto que la llevaría a casa, el aire frío de la noche le calaba los huesos, pero la emoción del éxito la mantenía cálida. De repente, la oscuridad del callejón fue rota por las risas soeces de un grupo de hombres borrachos que la rodearon como lobos a una oveja. El olor a alcohol barato le revolvió el estómago.

"Miren qué tenemos aquí, una estrellita de cine," dijo uno de ellos, arrastrando las palabras.

Elena intentó mantener la calma, apretando la correa de su bolso. "Por favor, déjenme en paz."

Pero sus súplicas fueron ignoradas, uno de los hombres le arrebató el bolso mientras otro le rasgaba el vestido de diseñador. El flash de un celular la cegó, una y otra vez, mientras la despojaban de su ropa, dejándola expuesta y humillada. Las fotos, supo después, subieron a internet en cuestión de segundos.

Cuando pensó que la pesadilla había terminado, que la dejarían ir con su vergüenza, uno de los hombres la miró con una lujuria animal en los ojos. "Qué desperdicio dejarla ir así."

El terror puro la paralizó, y lo que siguió fue una brutalidad que le arrancó el alma. La violaron, uno tras otro, hasta que su cuerpo fue un mapa de dolor y su mente un vacío. La abandonaron en el bosque cercano, como un objeto roto.

Las fotos se hicieron virales, un incendio forestal que consumió su carrera. "Actriz sucia" , "Zorra de Hollywood" , los titulares eran crueles y despiadados. Se encerró en su departamento, un capullo de dolor del que no quería salir. Su novio y jefe, Ricardo, el hombre que amaba, se convirtió en su única conexión con el mundo, su roca, su protector. Él la cuidaba, la consolaba, le prometía que todo estaría bien.

Una noche, mientras Ricardo dormía, su teléfono vibró en la mesita de noche. Una notificación de un chat grupal. La curiosidad, o quizás un instinto de supervivencia, la hizo tomar el teléfono. Lo que leyó la dejó sin aliento.

"El plan funcionó a la perfección. Elena está acabada, el papel en 'Luz de Luna' es tuyo, Manuela."

El mensaje era de Ricardo.

Y la destinataria era Manuela, su mayor rival.

Ricardo no solo sabía del asalto, él lo había orquestado todo. La humillación, la violación, el fin de su carrera. Todo para que Manuela, la mujer que siempre había codiciado, consiguiera un papel.

En ese instante, un torrente de recuerdos ajenos, de otra vida, la inundó. Vio imágenes borrosas, sensaciones de un pasado que no era suyo, o quizás sí. Vio a Ricardo, a Manuela, y a ella misma, en un triángulo de amor y traición que trascendía el tiempo. Se dio cuenta de que habían reencarnado. Ricardo no solo la había traicionado en esta vida, la había sacrificado por Manuela, repitiendo un patrón de otra existencia.

Sintió una ráfaga de imágenes. En su vida anterior, ella había sido una actriz aún más famosa, casada con Ricardo, el amor de su vida. Eran la pareja dorada, el epítome del éxito y la felicidad. Recordó la sensación del sol en su piel en una villa italiana, la risa de Ricardo mientras le colocaba un collar de diamantes, el peso de un premio importante en sus manos.

Luego, la tragedia. Ricardo murió en un accidente de coche. El dolor fue tan inmenso, tan devorador, que ella no pudo soportarlo. Se quitó la vida, esperando reunirse con él en la otra vida.

Pero la revelación más dolorosa vino después. Justo antes de saltar, encontró el diario secreto de Ricardo. Página tras página, no había declaraciones de amor por ella, sino una obsesión enfermiza por Manuela, una actriz novata en ese entonces. Ricardo la había usado, su matrimonio había sido una farsa para mantener las apariencias mientras su corazón le pertenecía a otra.

El impacto de esa revelación en su vida pasada la había destrozado. Y ahora, en esta nueva vida, el ciclo se repetía. Ricardo había reencarnado no para estar con ella, sino para corregir su "error" pasado, para tener a Manuela, sin importar el costo. Y el costo, una vez más, era ella.

El dolor se transformó en una rabia fría y cortante. Ya no había lágrimas. Solo una resolución de acero. Se levantó de la cama, mirando al hombre que dormía pacíficamente, el monstruo que había destruido dos de sus vidas.

Al día siguiente, cuando Ricardo le llevó el desayuno a la cama con una sonrisa compasiva, ella lo miró con ojos vacíos.

"Me llamaron de Hollywood," dijo ella, su voz plana, sin emoción. "Me ofrecieron una audición."

Ricardo frunció el ceño. "Elena, no estás en condiciones. Deberías descansar."

"Iré," dijo ella, y en su voz había una finalidad que lo desconcertó. Era la primera vez que no seguía su consejo.

La decisión estaba tomada, no por un papel, sino por una oportunidad de escapar, de empezar de cero, lejos de él y de la mujer por la que la había sacrificado.

Capítulo 2

El estudio de audiciones en Hollywood era un hervidero de actrices nerviosas, todas compitiendo por el papel protagónico en "Luz de Luna" , una producción de alto perfil. Elena se sentía fuera de lugar, los susurros y las miradas la seguían como sombras, el escándalo de las fotos era una mancha que no podía lavar. Pero se aferró a la oportunidad, contactó a un famoso director de casting de Hollywood, el señor Collins, a quien había conocido en un festival de cine años atrás.

Collins la recibió con una ceja arqueada. "Elena, tu nombre está en todos los tabloides. Esto es un riesgo."

"Solo necesito una oportunidad para leer el guion," suplicó Elena, "demostrar que mi talento es más grande que cualquier escándalo."

Impresionado por su tenacidad, Collins accedió. Cuando Elena leyó las líneas, el dolor y la traición que sentía se canalizaron en una actuación cruda y poderosa que silenció la habitación. Collins asintió lentamente. "Tienes la audición."

El día de la prueba final, mientras esperaba su turno, la puerta del estudio se abrió y entraron Ricardo y Manuela. La presencia de ambos le revolvió el estómago. Manuela caminaba con un aire de superioridad, aferrada al brazo de Ricardo, y llevaba en sus manos una copia del guion de "Luz de Luna" , lleno de anotaciones meticulosas que Elena reconoció al instante como la letra de Ricardo.

Ricardo se acercó a ella, su rostro una máscara de falsa preocupación. "Elena, ¿qué haces aquí? Deberías estar en casa. Esto no es bueno para ti."

"Estoy aquí para trabajar, Ricardo," respondió ella, su voz más firme de lo que se sentía.

La mirada de Ricardo se endureció. "Vete. Manuela es la elección perfecta para este papel. No tienes ninguna oportunidad." Luego, su vista se posó en el pequeño amuleto de jade que colgaba de su cuello, una herencia de su abuela, su único vínculo tangible con un pasado feliz. "Además, ese amuleto... Manuela lo necesita para el personaje. Dáselo."

Elena se llevó una mano al pecho, protegiendo el amuleto. "No. Es de mi abuela."

Manuela se acercó con una sonrisa burlona. "Oh, vamos, Elena. Es solo una baratija. Ricardo puede comprarte diez mejores." Estiró la mano, como si fuera a arrancárselo. En el forcejeo, el amuleto cayó al suelo y se partió en dos.

"¡Ups, qué torpe soy!" dijo Manuela, pero sus ojos brillaban de malicia. Luego se inclinó hacia Elena y susurró, para que solo ella la oyera: "Sucia."

La palabra la golpeó como una bofetada. El dolor por el amuleto roto se mezcló con la humillación. Miró a Ricardo, esperando, suplicando con la mirada que la defendiera. Pero Ricardo solo puso un brazo protector alrededor de los hombros de Manuela.

"Fue un accidente, Elena. No hagas una escena," dijo él, su voz fría y distante.

Fue entonces cuando Elena se dio cuenta de la magnitud de la conspiración. Al mirar alrededor, reconoció varias caras en el equipo de producción. Eran primos, tíos y socios de la familia Quiroga, la poderosa familia de Ricardo. Él no solo había traído a Manuela, había llenado el estudio con su gente para asegurarse de que ella obtuviera el papel. La sensación de impotencia era abrumadora.

"Señorita Elena, es su turno," la llamó el director.

Con el corazón hecho pedazos y el amuleto roto en la mano, Elena entró al set. Todos esperaban que fracasara, que se derrumbara. El director, un hombre contratado por los Quiroga, le dijo con desdén: "La escena requiere un objeto personal. Use... eso," dijo, señalando los fragmentos de jade en su mano.

Elena respiró hondo. Miró los pedazos rotos, un símbolo perfecto de su vida destrozada. Y en lugar de recitar las líneas del guion, improvisó. Habló de la pérdida, de la traición, de cómo algo hermoso puede ser destruido en un instante por la crueldad de otros. Usó el amuleto roto como una metáfora de su propio corazón, y sus palabras, cargadas de un dolor real y palpable, llenaron el silencio del estudio.

Cuando terminó, había lágrimas en los ojos de algunos miembros del equipo que no eran de la familia Quiroga. Incluso el señor Collins, que observaba desde un rincón, estaba visiblemente conmovido. A pesar de los esfuerzos de Ricardo, el talento puro de Elena era innegable.

Esa tarde, recibió la llamada. Había conseguido el papel. Una pequeña victoria en una guerra que apenas comenzaba.

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