El dormitorio apenas estaba iluminado y emanaba un aura deprimente. Melissa Sherman cayó al suelo, apretándose el estómago.
Su embarazo le causaba malestar. Los calambres estomacales eran insoportables y tenía la cara tan pálida como el papel. Estaba empapada en sudor frío.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió de golpe y un hombre entró.
Melissa extendió la mano, suplicando en voz débil: "Cariño, ayúdame...".
Sin embargo, un escalofrío le recorrió la espalda cuando se encontró con la mirada fría y distante del hombre.
"Melissa, ¿es esto lo que quieres?", la voz del hombre destilaba repulsión, "Me engañaste para que me acostara contigo. ¿Crees que eso hará que me enamore de ti?".
Melissa y Everett Mayfield estuvieron comprometidos desde la infancia. Finalmente, se casaron por acuerdo de sus padres. Sin embargo, ella no le gustaba a Everett.
Llevaban tres años casados, pero todos sabían que él no sentía nada por ella y que Melissa solo era la señora Mayfield de nombre, pero nada más. Por lo tanto, la ridiculizaron durante todos estos años.
Hacía dos meses, el Grupo Mayfield celebró un banquete, y ella asistió como la mujer de Everett. De forma inesperada, esa noche tuvieron relaciones sexuales.
Por mucho que ella se lo hubiera explicado, Everett pensaba que había sido su complot.
Melissa negó frenéticamente con la cabeza. "No, no fui yo. Aquel día estaba borracha. No sé qué pasó... Por favor, confía en mí...".
Sentía un dolor punzante en el estómago. Estiró la mano y se aferró a los pantalones de Everett con desesperación. "Me duele el estómago. ¿Podrías llevarme al hospital, por favor?".
"¡Cielos! ¿Sigues actuando?", el rostro de Everett se ensombreció ante la mención del hospital, "¿Crees que puedes salir impune de haber empujado a Arielle escaleras abajo y haberle provocado un aborto fingiendo de esta manera?".
Sus palabras fueron como un rayo caído del cielo. Los ojos de Melissa se abrieron de par en par, horrorizada.
No podía creer que Arielle Sherman estuviera embarazada. Eso significaba que el padre del bebé era...
La mandíbula de Everett se tensó. La tenue luz le daba un aspecto regio y majestuoso.
Se puso en cuclillas y agarró a Melissa por la garganta. "¡Melissa Sherman, eres la mujer más repugnante que he conocido!", siseó, enfatizando cada palabra.
Ella apenas podía respirar. Le dio unas palmaditas en la mano y luchó por recuperar el aliento. "Suéltame... Suéltame...", lágrimas corrían por sus mejillas, "Cariño, yo no la empujé. Ella se cayó sola. De hecho, yo también... Yo... Yo también estoy embarazada... El bebé es nuestro...".
Everett se quedó un momento aturdido. Sin embargo, pronto salió de sus cavilaciones y la fulminó con la mirada.
¡No era posible! Tras aquella noche, había comprobado personalmente que Melissa tomaba anticonceptivos. Era imposible que hubiera quedado embarazada.
Supuso que le estaba mintiendo de nuevo.
"Aunque eso fuera cierto, ¿crees que...?", se burló y le lanzó una mirada despectiva. Su voz estaba cargada de sarcasmo cuando prosiguió: "¿Crees que querría a ese bastardo en tu vientre?".
Melissa se quedó de piedra. Lo miró con incredulidad al tiempo que se le helaba la sangre.
Antes de que pudiera reaccionar, Everett la tiró al suelo y ordenó: "¡Saquen de aquí a esta mujer! Ya no forma parte de nuestra familia y no puede continuar en la ciudad de Andeport".
Los guardaespaldas sujetaron inmediatamente a Melissa y la pusieron en pie. Llovía a cántaros, pero no tuvieron piedad. En un abrir y cerrar de ojos, la arrojaron fuera de la villa.
Melissa vestía una pijama holgada. El viento frío y la lluvia intensificaron el dolor en su estómago.
Se protegió de los vendavales y contempló la gigantesca villa que tenía ante sí.
El hombre al que había amado con todo su corazón durante tantos años la había expulsado a patadas de su vida, dejándola en la calle.
Cinco años después, en una carretera de Andeport, Arielle se acomodó en el asiento trasero del auto, apoyada en el hombro de Everett.
"¿Estás seguro de que la doctora que mencionaste realmente puede curarme? ¿Será capaz de operarme?", preguntó ella en voz baja.
Desde muy pequeña, Arielle sufría de un problema cardíaco. A lo largo de los años, Everett se había esforzado mucho para ayudarla a curar su enfermedad.
Días atrás, el Hospital General de Andeport contrató a Melly Sherman, una famosa doctora extranjera. Todos sabían de sus capacidades y de la experiencia que poseía en su campo. Era una joven experta cirujana. De hecho, en el mundo de la medicina, la gente la consideraba como la Cirujana Milagrosa. Realizaba las cirugías más complicadas con tanta facilidad, que presumía de un cien por ciento de éxito en todos los casos.
Everett asintió con mucha confianza. Sin embargo, Arielle se sentía un poco molesta y la duda la agobiaba en ese momento.
"Esa mujer es muy joven", se quejó.
"No sé si tiene suficiente experiencia como para operarme, ¿no crees?".
En realidad, no fue la experiencia ni la edad de la doctora lo que le incomodaba. Fue su nombre lo que hizo que Arielle sintiera náuseas.
Melly Sherman.
Ella recordó inmediatamente a la perra de Melissa Sherman. No pudo evitar preguntarse si era algo más que una simple coincidencia.
Minutos más tarde, salieron de la autopista y se adentraron a una carretera remota. Ambos vieron a lo lejos una villa al pie de la montaña.
"Espera aquí", dijo Everett cuando se detuvieron.
"Iré a echarle un vistazo primero", agregó.
Después de que se marchó, Arielle salió y se paró al lado del auto, esperando a que regresara.
En ese preciso momento, un perro salió de entre los arbustos.
Era un Pomerania. Miró a la chica y luego movió la cola con entusiasmo.
Arielle gritó de miedo y lo pateó con fuerza en la barriga.
"¡Quítate de mi camino, maldito perro!", le espetó.
El cachorro gimió de dolor y corrió rápidamente hacia sus dos jóvenes dueños.
"¡Harley!".
Inesperadamente, un niño salió de un matorral. Debido a que acababa de llover, su cuerpo estaba todo cubierto de barro. Él corrió muy rápido y sostuvo al perro lastimado en sus brazos.
En los brazos de Merrick Sherman, el animal comenzó a vomitar.
Segundos después, apareció también una niña.
"Merrick, ¿qué le pasa a Harley? ¿Ahora qué hacemos?", preguntó ansiosamente.
"El pobre se ve muy mal. ¿Se va a morir?".
Arielle miró a los dos niños frente a ella y tuvo una sensación de familiaridad, como si los conociera de alguna parte.
Antes de que pudiera decir algo, escuchó una fría voz desde atrás.
"¿Qué sucede aquí?".
La mujer inmediatamente corrió hacia Everett y se arrojó a sus brazos.
"¡Everett, al fin llegas! Ese perro me persiguió y quiso morderme".
De inmediato, Merrick, sosteniendo al cachorro, se puso furioso cuando escuchó eso.
"¡Mentira! ¡Usted está mintiendo! ¡Harley jamás muerde! Solo estaba emocionado y moviendo su cola. ¡Esta es nuestra casa! ¡Es una propiedad privada! Nosotros podemos jugar con nuestro perro donde y cuando queramos. ¿Qué derecho tienen para estacionar su auto aquí? ¿Quién les dio permiso?".
El niño apenas tenía unos cuatro años. Su rostro era suave y delicado como un muñeco de porcelana. Sin embargo, en ese momento, sus brillantes ojos ardían de rabia. Hizo un ligero puchero y acarició a su perro, con tristeza. Aunque su voz era infantil, cada una de sus palabras era firme y coherente.
Cuando Everett lo miró, sintió mucha curiosidad.
Extrañamente, al igual que Arielle, le pareció que había visto a esos dos niños antes.
Después de pensar por un tiempo, el hombre volvió en sí y miró a su asistente. Este se adelantó enseguida, se agachó y miró a los dos niños.
"Lo lamento mucho. Fue nuestra culpa. Si me entregas al perro ahora, lo llevaré a un veterinario para que lo revise de inmediato. ¿De acuerdo?".
Merrick se negó rotundamente.
"No es necesario. ¡Esta es nuestra casa! ¡Por favor, váyanse ya!".
Tras ponerse de pie, el asistente miró a Everett con las mejillas encendidas de vergüenza. Ese niño era muy terco.
Everett se aclaró la garganta. "¿Ustedes dos son parientes de la doctora Sherman?".
"¿Por qué están buscando a nuestra mami?", preguntó Lindsey Sherman, ladeando la cabeza.
Everett y su asistente intercambiaron una mirada avergonzada. Habían venido para ver a la doctora Sherman, pero no esperaban ofender a su familia antes de conocerla.
"Mi novia está enferma, así que necesitamos su ayuda", explicó Everett.
Merrick los miró con el ceño fruncido. "Váyanse ahora mismo, ¡porque mi mami no la tratará!".
"Merrick...". La niña hizo un triste puchero y sacudió el brazo de su hermano. "Mami siempre dice que un doctor debe curar a los heridos y rescatar a los moribundos. No podemos guardar rencor a una persona, por muy mala que sea".
Everett sintió que su corazón se derretía mientras observaba sus hermosos rostros infantiles.
Si el hijo de él y Arielle aún estuviera vivo, tendría la misma edad que esos dos niños. Su odio por Melissa aumentaba cada vez que lo recordaba. Deseaba matarla.
Lindsey miró a Everett amablemente. "Mami no está en casa. Ha salido, pero pueden esperarla adentro".
Los dos niños entraron corriendo a la villa con el perro. Everett los siguió lentamente.
En cambio, Arielle estaba furiosa, pero no se atrevía a perder los estribos frente a él.
Una vez que entró a la villa, estaba a punto de sentarse en un sofá cuando el niño la detuvo. "Lo siento, ese es el lugar de mi mami. Solo ella puede sentarse aquí. Por favor, siéntese en otro lugar".
Controlando su rabia, Arielle caminó hacia el otro extremo del sofá, pero Merrick volvió a detenerla. "Aquí nos sentamos mi hermana y yo".
Arielle frunció el ceño y se volvió hacia Everett, esperando que la defendiera. "Everett...".
Estaba tan molesta que dio un pisotón. "¡Los niños de hoy en día son unos maleducados!".
"Sí, tiene razón", contestó Merrick burlonamente. "Mi hermana y yo somos maleducados, pero usted parece ser muy bien educada. ¿Es por eso que pateó a nuestro inocente perro? Además...". La miró de pies a cabeza y agregó: "Ya no es una niña. ¿Le molestaría hablar como un adulto? Ni siquiera mi hermana actúa como una niña mimada como usted. Es repugnante".
Arielle estaba avergonzada.
Negándose a darse por vencida, volvió a mirar a Everett, pero él le hizo un gesto para que se quedara callada.
Luego, se giró hacia su asistente. "Ve a buscar al doctor Wyatt Quinn", ordenó.
"El doctor Quinn es el veterinario más famoso de Andeport", les explicó a los dos niños. "Él examinará a su perro y diagnosticará su condición".
El niño quiso negarse con un resoplido, pero su hermana lo agarró de la mano. "Merrick, mami solo atiende a personas, así que no podrá ayudar a Harley. ¿Y si algo le pasa? No debemos rechazar su ayuda. Deja que el veterinario examine su lesión. Después de todo, nos lo deben".
El rostro de Merrick se suavizó. "Está bien", respondió a regañadientes.
Everett esbozó una sonrisa. Le agradaban esos dos niños.
"¿Cuáles son sus nombres?", preguntó cautelosamente.
"Mi nombre es Lindsey Sherman, y este es mi hermano, Merrick Sherman...".
Antes de que Lindsey pudiera terminar de hablar, el niño le tapó la boca y frunció el ceño. "Lindsey, mami siempre nos pide que no les digamos nuestros nombres a extraños. ¿Y si nos secuestran?".