El viernes por la noche a las ocho en punto, se estaba celebrando un banquete en el Four Seasons Garden Hotel. No solo todo allí era lujoso, sino que había un ambiente feliz con las personas brindando y charlando alegremente.
Al mirar la señalización, Nina Lu dijo: "Debe ser aquí".
Sin embargo, no pudo evitar sentir confusión al pensar que no sería fácil entrar en un lugar así sin una invitación. ¿Qué iba a decir en todo caso? Mientras se preguntaba eso, una figura delgada apareció justo frente a ella. Era Isabella Zhang, su compañera de clases.
"Isabella", la llamó saludándola. Como volviendo a la realidad, la chica se dio la vuelta parpadeando sorprendida cuando vio quién era. "¿Qué haces aquí?".
Al acercársele no olió el Perfume de Feromonas que le había dado y cuestionó: "¿Por qué no llevas el perfume?".
"Tengo algo urgente que hacer, por eso no me lo puse". A decir verdad, ella no estaba acostumbrada a usar ningún tipo de fragancia. Entonces miró a la multitud. "Por cierto, ¿podrías ayudarme a entrar?".
"Por supuesto", dijo la joven Zhang con una sonrisa inocente cuando algo brilló en sus ojos.
Enseguida se sacó el perfume del bolsillo y lo roció sobre Nina de arriba a abajo.
Tosiendo, esta se tapó la nariz. "Soy alérgica a este olor", explicó al tiempo que agitaba la mano en el aire.
Sin darle tiempo para pensar, Isabella la llevó al hotel y la empujó hacia el ascensor.
Una vez que la chica desapareció ahí dentro, una sonrisa cruel se dibujó en su compañera, pensando en que afortunadamente llevaba el perfume con ella. La verdad es que este era un invento oportuno, pues sin importar cuán pura o santa era una mujer, ella actuaría de manera provocativa bajo su influencia, e independientemente de lo abstinente que fuera un hombre, él sería seducido por el olor.
Ese día había cientos de hombres en la fiesta. Isabella sonrió y en su mente dijo: 'Buena suerte, Nina. Por tu bien, espero que no te acuestes con alguien muy feo'.
Nina llegó al vigésimo piso, donde únicamente había dos suites VIP. Ella tocó la puerta de la de la izquierda, la cual abrió un sujeto encantador con una mujer coqueta en sus brazos.
Tambaleándose hacia atrás, ella pensó que estaba en la habitación equivocada, y apartando la mirada, se excusó avergonzada: "Lo siento. Pueden continuar".
Tan pronto como se dio la vuelta, él la detuvo. "Espera, ¿estás buscando al señor John?".
Este la miró de los pies a la cabeza, pensando en lo pura que se veía y que tal vez por eso John podría no echarla como lo había hecho en el pasado con otras.
Tan solo unos minutos más temprano James Shi había llamado a John Shi para decirle que planeaba darle una sorpresa, pero no esperaba que la chica llegara tan pronto.
"Él está adentro". Antes de que la joven pudiera entender a lo que este se refería, él la empujó adentro y cerró la puerta.
Nina entró en la suite, tambaleándose hasta casi caerse. Cuando la puerta se cerró detrás de ella, sus ojos inspeccionaron la habitación.
No bien escuchó pasos aproximarse a ella, se dio la vuelta para encontrarse a un hombre alto y apuesto que la sorprendió. A pesar de que había visto a muchos tipos guapos en su vida, ninguno de ellos podía igualar al que se encontraba frente a ella en ese instante.
La parte superior de su cuerpo era muy firme, su piel clara y sus músculos definidos eran extremadamente atractivos, en especial ahora que las gotas de agua caían entre sus abdominales. Ella tragó grueso ante esta imagen.
"¿Te parece bien lo que ves?", preguntó este con frialdad, devolviéndola a la realidad. Al recordar su trabajo, la chica giró la cabeza con brusquedad y se disculpó: "Lo siento. Me parece que entré en la habitación equivocada".
En este mundo solo había dos clases de personas que se equivocarían de habitación: los estúpidos o los manipuladores. Él pensó que ella era de los segundos.
John Shi la miró fijamente. Ella tenía un rostro hermoso con una delicada nariz puntiaguda.
Su piel de porcelana estaba teñida de rosa claro y sus ojos brillantes estaban muy abiertos y llenos de inocencia. Había algo en ella que lo atrajo casi de inmediato y sonrió.
"No, no te equivocaste".
Esta chica debía ser la sorpresa de la que James le había hablado.
Él ya estaba acostumbrado a este tipo de cosas, aunque a las mujeres que el otro le había enviado antes las había sacado de allí. De hecho en un punto ni siquiera se molestaba en mirarlas.
Al ver que esta frente a él tenía alrededor de veinte años, aproximadamente edad de James, sintió que tenía que ser amable con ella.
"¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto?", le preguntó como si estuviera regañando a su sobrino, James.
Con una mirada de desconcierto en su rostro, Nina frunció el ceño. "Es mi primera vez", dijo con sinceridad.
Ella no solía manejar casos que no habían sido discutido en la sala de profesores y esta fue la primera vez que salió a hacer una investigación de campo.
Le había dicho que había dos casos de suicidio que estaban a punto de cerrarse en la comisaría. No obstante, ella tenía el presentimiento de que no era un simple suicidio. Lo cierto es que había ido allí para conectar ambos eventos, puesto que creía que las víctimas estaban conectadas y quería descubrir más pistas que pudieran vincularlas.
La semana anterior ella había estado deambulando por los hoteles cercanos con la esperanza de encontrar algunas pistas para demostrar su punto.
"¿Tu primera vez? ¿Así que todo lo que has aprendido es teoría?", preguntó él sentándose para luego agarrar una copa de vino y tomar un sorbo.
Nina lo miró por accidente y descubrió que no podía quitarle los ojos de encima a este hombre.
"Estudié la parte teórica durante dos años".
"¿Ah, sí?", se burló él como si acabara de escuchar una broma.
'¿De verdad enseñan teoría en este tipo de profesión? ¿Cuáles son sus trabajos de grado, encontrar un hombre con quien practicarlo?'.
"No me menosprecie", espetó la chica. El instante en el que estaba a punto de voltearse para marcharse, escuchó su voz.
"¿Qué te hace pensar que eres digna de respeto? ¿Cuánto te pagaron?", dijo encendiendo un cigarrillo y exhalando una nube de humo. Él no creía que las mujeres hicieran cosas así sin cobrar.
"Nada", replicó ella con frialdad.
¿Nada?
Ella era la chica más hermosa que él jamás había visto, tanto así que en ese círculo podría valer decenas de miles de dólares.
Al ver que esta estaba a punto de irse, John se molestó. "¿Acaso dije que te puedes retirar?".
Nadie podía llegar e irse así como así bajo su techo.
Por su parte, ella se detuvo y su corazón palpitó de ira. "Mire, nuestra profesión no se puede medir con dinero. Debe comprender lo peligroso que es esto, especialmente en casos de este tipo. En un espacio tan cerrado alguien podría morir si no hago bien mi trabajo, así que debería irme ahora".
¿Alguien podría morir?
El hombre bajó la mirada inconscientemente. ¿De verdad era él tan terrible?
Los ojos de Nina se agrandaron, como si de repente se diera cuenta de todo.
Este sujeto debe haberla confundido con...
Entonces se sonrojó.
"¡Es un... sinvergüenza!", exclamó indignada mientras lo señalaba.
Inexpresivo, él se preguntó cómo podía ella llamarlo así si estaba a su servicio esa noche.
"¿Sabes siquiera lo que significa sinvergüenza, niña?". John se puso de pie de repente para arrojar el cigarrillo que sostenía al cenicero, y sin más, se acercó a Nina, quien se veía pequeñita en comparación con su alta figura. Este la rodeaba hasta un rincón, mientras la chica, de puños apretados, contuvo la respiración, sabiendo que ya no había vuelta atrás.
Entonces su cara se puso roja, y mirándolo furiosa, casi rugió: "¡No soy el tipo de persona que cree que soy!".
Cuando él se aproximó a ella, supo que algo andaba mal porque había algo en su fragancia que le hacía no querer alejársele.
Eso había roto todas sus defensas, haciéndolo cambiar su expresión por completo.
Debido al perfume, el cuerpo de Nina también se suavizó ante él. Era como si este los estuviera manipulando a ambos como marionetas.
"¡Es tu olor! ¡Me tendiste una trampa!". Evidentemente conteniendo su ira y sin pensarlo más, él la levantó porque no deseaba nada más que estar cerca de ella.
"¡No! Yo... Mm... ¡Suélteme! Yo... estoy...".
Ella estaba casada.
A pesar de que no sabía quién era su marido ni cómo lucía, ella había firmado el acta de matrimonio.
Sin embargo, John ya no quería escuchar ninguna de sus tonterías, así que solo la besó con todas las ganas que tenía. Tan pronto como lo hizo, su cuerpo se tensó, pues en efecto sus labios tenían un sabor increíblemente dulce.
"Suélteme...", pidió ella sollozando al tiempo que lo golpeaba en el pecho.
Nina era un poco fuerte, pero no más que la fragancia, la cual aumentaba enormemente sus deseos.
En un abrir y cerrar de ojos, ese hombre la estaba devorando por completo.
Por su parte, ella estaba tan asustada que palideció, pero las caricias de él le transmitían una especie de corriente eléctrica a través de todo el cuerpo, dejándola entregarse en silencio.
Un buen rato más tarde comenzó a amanecer.
Todo el cuerpo de la chica estaba adolorido. Parpadeó somnolienta mientras se daba la vuelta. Apenas vio al sujeto a su lado se alarmó.
¡No!
Ahogó un grito. ¡Aquello no podía ser!
Pensando en su estado civil, la mano de la joven tembló al tocar la mesita de noche. Todo lo que ella quería era investigar los casos de suicidio. ¿Cómo demonios iba a saber que entraría a la habitación del diablo?
El canto de los pájaros afuera la calmó en un segundo y la devolvió a la realidad.
Sabiendo que podía poner en peligro su propio matrimonio, se vistió a toda velocidad y se fue sin siquiera mirar al hombre que dormía profundamente a su lado.
Con suerte nunca se volverían a encontrar.
Una vez fuera del hotel pudo ver que no hubo ningún suicidio dada la falta de periodistas y personal corriendo, por lo que suspiró aliviada.
Aturdida, ella regresó a casa, donde pasó toda la mañana lavándose una y otra vez hasta que enrojeció toda su piel.
No era malo haber tenido una noche de pasión con un extraño; ¡el problema era que ella ya estaba casada!
Dos años atrás había firmado un certificado de matrimonio con un hombre que no conocía.
De hecho no sabía su nombre, altura, peso o edad ni nada.
Si no hubiera estado tan desesperada en ese momento, ¡no habría cavado su propia tumba así!
La ansiedad y la angustia la estaban invadiendo.
'¡Maldición!'. Un pensamiento repentino cruzó por su mente, con lo que corrió a sus cajones asustada y sacó un acuerdo.
Temblando de miedo, hojeó las páginas, recordando que había una cláusula relacionada con las infidelidades... Si tenía una aventura mientras el matrimonio aún era válido, ¿cuánto tenía que pagar?
Al encontrarla, se paralizó como si acabara de ser alcanzada por un rayo. "¡¿Veinte millones?!", chilló.
Nina se frotó los ojos para mirar de nuevo. Allí estaba escrito claramente que debía veinte millones de dólares, y para para colmo al final estaban su firma y huella digital.
Maldición.
Ahora no tenía escapatoria.
'Veinte millones'. Con sus manos temblorosas, se derrumbó en el suelo deseando que este se la tragara.
¿De dónde diablos iba a sacar el dinero?
¡No era como si ella hubiera querido engañar a su marido!
Al final tomó una decisión.
Se paró frente al espejo apretando los dientes y entrecerrando los ojos con frialdad, pensando que nunca volvería a ver a ese hombre, y si alguna vez lo hacía, entonces simplemente compraría su silencio.
En caso de que este se negara, ella lo amenazaría hasta más no poder.
Una vez que resolviera ese asunto, arreglaría sus papeles de divorcio porque ya no habría nada más que pudiera hacer.
Para ese entonces al fin obtendría lo que quería: libertad. Después de todo eso podría convertirse en una criminóloga calificada sin un esposo que la retuviera.
Al pensar en ello, la chica exhaló un suspiro de alivio.
A las diez de la mañana un hombre de traje y zapatos de cuero entró en la suite presidencial. Tenía unos veinticuatro años, llevaba lentes de montura dorada y un maletín en la mano.
El hombre era Henry Ye. No hace mucho, él había solicitado ser asistente del CEO del Grupo Time. Aunque consiguió el trabajo, en realidad era la primera vez que veía a su jefe, John Shi.
Este era el hijo menor de la familia Shi, de quien se decía que era muy poderoso e incluso increíblemente despiadado, tanto así que poseía la mitad de Ciudad Lexingport.
No bien su asistente abrió la puerta, vio a un hombre alto vestido con una toalla saliendo del baño. Este miró a Henry con indiferencia. "Ropa".
"Sí, señor John", dijo para enseguida llamar a alguien que le consiguiera un traje.
Mientras veía el sofá desordenado y la ropa desparramada, alcanzó a ver un zapato de mujer. Había finos rasguños rojos en la espalda de su jefe que lo hacían llegar a la conclusión de que este había disfrutado de una noche especial.
Con timidez, el chico se quitó los lentes, y unos segundos más tarde llegó la ropa solicitada.
John se paró frente al espejo con unos pantalones negros rectos hasta los tobillos y una camisa blanca con el cuello desabrochado que revelaba un poco de su piel.
Al subir la mirada, Henry pudo ver un rostro bien tallado y unos fríos ojos oscuros.
Apretando los labios con fuerza, el CEO comenzó a arreglar su cabello. Entonces sonrió satisfecho a su reflejo y procedió a ajustar los detalles pequeños de su ropa uno a la vez.
'Es un hombre increíblemente narcisista', pensó el asistente.
Al ver que su jefe estaba listo, el chico se enderezó. "Señor John, su padre pidió que fuera a casa esta noche".
"Arréglalo".
"De acuerdo. ¿Alguna otra cosa que pueda hacer por usted?", preguntó. 'Por ejemplo, ¿investigar a la mujer de anoche?'.
"Verifique los detalles sobre la mujer que vino anoche. Quiero saber todo sobre ella". John necesitaba descubrir la verdad.
La razón por la que James había enviado a esa chica era por su apariencia, pero recordó que ella mencionó haber recibido formación teórica únicamente.
Dado que él apenas acababa de regresar, necesitaba tener cuidado con esas cosas.
No mucho después Henry al fin había encontrado información sobre Nina, aunque no llenó más de media página.
Frunciendo el ceño, su jefe no podía creer que como un hacker, solo encontró tan poca información.
Cuando este le entregó el documento, tragó grueso con nerviosismo.
Él nunca había estado tan ansioso al averiguar información confidencial.
"Nina tiene 20 años. Es una estudiante de segundo año en el Departamento de Psicología de la Universidad L. No hay información sobre sus padres y parece que es hija única. Además, está casada", informó el asistente.
Si bien había algo en el nombre de la mujer que despertó la curiosidad de Henry, él no sabía qué era.
A John lo sorprendió lo de su estado civil, y pensando en la sangre en las sábanas, no pudo evitar sentirse confundido. '¿Es casada? ¿Acaso su marido es impotente?'.
Cuando no escuchó nada más de su asistente, John levantó la mirada. "¿Eso es todo?".
Asintiendo, Henry confirmó: "La información antes de su ingreso a la universidad está en blanco, así que no pude encontrar nada más".
"¿Ni siquiera tú puedes encontrar nada?", cuestionó el hombre al tiempo que lo miraba incrédulo.
El asistente asintió de nuevo. "Toda su información fue borrada a propósito".
¿Cómo se puede eliminar por completo la información de una persona? Incluso como uno de los mejores hackers del mundo, el chico no podría encontrar nada. Parecía que esta mujer no era como cualquier otra.
En ese momento pensó que tal vez su esposo no era un oponente fácil, y en ese caso, quizás la noche anterior había sido la única vez que podrían encontrarse.
Al ver la expresión pensativa en el rostro de su jefe, el chico sintió que este estaba de veras interesado en esa chica, de lo cual deducía que saber que estaba casada debe haberlo decepcionado.
Era una lástima que fuera así.
"Que no llegue a estar embarazada de mí", dijo el CEO con frialdad mientras se alejaba.
'Parece que no solo es frío, sino implacable', pensó Henry al escucharlo.
A pesar de que había sido una aventura de una noche, ¿cómo podía John ser tan indiferente con esa mujer?
Henry le dio otro vistazo a los datos una vez más.
De repente algo le recordó quién era en realidad Nina.
Ella era...
Entonces se puso rígido.
¡No era de extrañar que la chica se le hiciera increíblemente familiar!
¿No era ella la que se había casado con su jefe en secreto?
De hecho, ni siquiera él mismo sabía que estaba casado.
Parecía que habían coqueteado sin saber que estaban destinados a estar juntos.
"Señor John...", lo llamó Henry para impedir que el hombre entrara en el ascensor.
Este se dio la vuelta para mirarlo, como diciéndole en silencio que si no era importante no debería molestarlo en absoluto.
Una parte del chico no quería decir nada, pero a la otra le asustaba que su jefe se enterara de que él se lo había ocultado, ¡y lo quemara vivo! Ante esto, respiró hondo para tranquilizarse.
"Señor, la señorita Nina en realidad su esposa...".
"Cuando solicitaste ser mi asistente, ¿nadie te dijo que guardaras silencio si yo no te preguntaba nada?", lo interrumpió el hombre con rigor.
Sorprendido por sus duras palabras, el asistente enderezó la espalda e inclinó la cabeza en un asentimiento. "Sí, señor John. No volveré a hacer eso".
"Réstate un mes de salario. Ese será tu castigo", dijo agitando la mano como si fuera un rey ordenando a sus súbditos.
Henry se quedó paralizado por completo al punto en que abrió la boca sin que saliera ninguna palabra.
¡Él había estado trabajando duro por menos de un mes y había sido en vano! ¡Qué demonios!
Si bien estaba muy enojado, no se atrevió a hablar de nuevo.
A las tres p.m.
Nina todavía tenía sueño, sin embargo, respondió a una llamada que le pedía que asistiera a una cena a las seis en punto en el No. 1 de la calle SQ. Ella había accedido sin dudarlo y la verdad es que no podía esperar.
La chica tenía planeado pedir el divorcio ese día, y la oportunidad le llegó justo a tiempo.
En la dirección que le dieron había una casa con una gran terraza. Como era la única que quedaba en toda esa calle, el lugar era muy tranquilo.
Al llegar, tocó su bolso inconscientemente, sabiendo que tenía un acuerdo de divorcio recién escrito.
Tan pronto como entró en el patio frontal, una voz profunda sonó detrás de ella. Era su suegro, quien sonrió ante su llegada.
Sam Shi tenía alrededor de 60 años, por lo que ella supuso que su hijo ya debía tener unos 40.
No obstante, todavía no estaba casado e incluso necesitaba que su padre le encontrara una esposa. Eso solo podía significar que el hombre era feo o tenía una enfermedad mental.
Con eso en consideración, ella se animó aún más a entregar el acuerdo.
"¡Viniste!". El cabello del señor ya era gris y las arrugas de su rostro eran claramente visibles cada vez que sonreía. Aunque parecía viejo, todavía era bastante enérgico.
La chica se le acercó e hizo una pequeña reverencia. "Señor".
La forma en que ella se había dirigido a él no le agradó.
Es decir, ¡era su nuera! ¿Cómo podía hablarle como si fuera cualquier otra persona mayor?
"Creo que te dirigiste a mí de la manera incorrecta", le recordó él amablemente.
De pronto ella se veía incómoda.
"Sigues siendo la esposa de mi hijo.
¿Cómo puedes llamarme señor?".
'Pronto dejaré de ser su nuera'.
La joven se cohibió de decirlo por miedo a asustar al anciano.
¿Pero por qué no acabar con eso de una vez?
Sam había organizado una cena familiar ese día y la persona con la que ella estaba casada definitivamente iría. ¿Y si la veía y luego se negaba a divorciarse?
¡Ella quería cortar todos los lazos de inmediato!
"Señor, de hecho vine aquí hoy para decirle algo". Sin agregar nada más, sacó el acuerdo de divorcio de su bolso.
Dado que lo había impreso ese mismo día, la tinta aún estaba fresca. "Ya lo firmé. Por favor, déselo a...".
¿Cómo se llamaba su esposo?
En ese instante parpadeó sorprendida porque ni siquiera sabía su nombre. Entonces continuó: "Por favor, déselo a mi esposo e insístale en que lo firme".
¿Acuerdo de divorcio?
La expresión de su suegro cambió abruptamente. Este echó un vistazo a los papeles antes de volver a mirar a Nina para analizar su semblante.
Mientras lo hacía, le dio la impresión de que la chica de verdad debía desear que eso sucediera, dado que incluso lo había redactado ella misma.
"¿Te gustaría pensarlo mejor?", preguntó él con gentileza.
El caso era que ella estaba muy decidida y no aceptaría ninguna oferta.
Tal vez si no hubiera engañado a su esposo, no estaría tan ansiosa por divorciarse, pero esos veinte millones de dólares eran demasiado.
Ella no quería que su esposo apareciera en cualquier momento.
¿Y si se enterara de lo de ayer? ¡No quería pagar tanto dinero!
Nina se frotó las sienes al ver la decepción en el rostro de su suegro. "Ya tomé una decisión y estoy dispuesta a ceder todas las propiedades a mi nombre".
"¿De verdad?". ¿No querrá la protección de la familia Shi?
Sam fue la razón de todo eso.
Si él no hubiera borrado toda su información, su pasado la acecharía.
"Sí".
Siempre y cuando no tuviera que pagar los veinte millones, a ella no le importaba nada más.
No era que no pudiera pagarlos, pero no quería estar en problemas.
Además, ella sabía bien cómo esconderse de su familia.
Tras haber pensado en la situación por un rato, el señor se dio cuenta de que la razón por la que la chica quería divorciarse era porque no había visto a su hijo.
"Yo soy el responsable de tu matrimonio y es mi culpa que no se hayan visto", se excusó.
Enseguida sacó una pequeña foto descolorida del bolsillo de su abrigo para entregársela. "Ese es mi hijo menor. Puedes tomar tu decisión una vez que lo hayas visto".
Debido a lo desgastada que estaba, Nina casi no podía ver al chico, pero parecía que este acababa de salir de la universidad y era guapo.
Sin embargo, sería mejor saber cómo lucía actualmente.
"Señor, no quiero hacerlo perder tiempo", dijo, pensando que tampoco quería perder el suyo.
Al ver que ella seguía impasible, Sam tenía que buscar otro plan para hacerse cargo del tema del divorcio.