Este relato se centra en la Sumisión voluntaria.
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Lilith respiró profundamente a través de sus labios ligeramente pintados de rojo mientras presionaba el botón del ascensor.
El portero le informó que el Sr. Rogers la estaba esperando en el último piso. Ella estaba muy emocionada por esta entrevista de trabajo, ya que necesitaba el dinero. Siempre había querido trabajar como asistente personal de un alto ejecutivo corporativo, pero pensar que en realidad la estaban entrevistando para el puesto de asistente del presidente, era más de lo que podía creer.
Subió nerviosamente al ascensor, presionó el botón superior y esperó a que las puertas se cerraran. Al principio, no podía creer que hubiera recibido la llamada tan tarde en la noche; sin embargo, asumió que los ejecutivos debían tener horarios muy agitados y que probablemente por la noche era el único momento práctico para realizar una entrevista.
-Por supuesto, tonta, es por eso que una persona tan ocupada necesita una asistente -se susurró nerviosamente a sí misma.
Cuando el ascensor empezó a subir, se revisó rápidamente para asegurarse de que todo estaba en su lugar. Rápidamente abrió un espejo compacto para comprobar su maquillaje. Se preocupó de mantenerlo ligero, solo lo suficiente para acentuar sus suaves rasgos faciales. Después de un rápido toque de polvo para cubrir un punto brillante, cerró rápidamente el espejo y lo guardó y continuó su inspección.
Frunció el ceño cuando miró hacia abajo y vio sus rodillas asomando justo debajo del dobladillo de su vestido. Rápidamente tiró de los lados para empujar el material un poco más abajo, logrando cubrir sus rodillas. Este vestido no era su primera elección para una entrevista de trabajo, ya que era el que usaba a menudo para ir a la iglesia, pero debido a la poca antelación, era el único que se limpiaba en seco. Respiró hondo, mientras las puertas se abrían lentamente, y se aseguró de que el vestido le quedara bien y salió nerviosa a un pasillo poco iluminado.
El pasillo era corto, decorado con algunas obras de arte muy bonitas y patrones en la pared. Conducía a dos grandes puertas que estaban bien cerradas y no había nadie alrededor. Se acercó sigilosamente a las puertas y dudó en no saber si llamar o entrar. Después de morderse el labio un poco, se enfrentó a la decisión de entrar. Abrió la puerta lentamente. Se sorprendió de lo fácil que era abrir una puerta tan grande.
Ella cantó suavemente:
-¿Hola?
Esperaba encontrar una respuesta tranquilizadora, pero solo recibió silencio. Cuando entró en la habitación, solo pudo ver una luz, que irradiaba directamente hacia abajo casi como un reflector. Era tan brillante que no podía ver más allá del fondo o de los lados de la habitación, que estaban muy oscuros. Avanzó hasta el suelo de mármol y notó que en el centro había un pequeño círculo de unos 4 pies de diámetro. Al acercarse al centro de la habitación, entró en el círculo y en la luz. Podía sentir el calor de la luz directamente sobre ella. Estaba a punto de dar otro paso y volver a llamar, cuando una voz la sorprendió.
-Detente ahí.
No podía ver quién lo dijo; solo sabía que venía de delante de ella. La voz masculina era fuerte, gallarda...
Ella se quedó perfectamente quieta y logró una pequeña sonrisa inocente.
-¿Por qué estás aquí? -Volvió la voz a hablar.
-Estoy aquí por la entrevista de trabajo. -Ella dijo mansamente.
-Mentirosa. -Llegó la respuesta tranquila de la oscuridad.
Ella se movió nerviosamente sin esperar esto. Su mano izquierda llegó a su otro brazo y lo agarró, pero al darse cuenta de esto, rápidamente lo dejó caer a su lado. Ella extendió su currículum y sus referencias.
-Traje esto -profirió en un esfuerzo por demostrar por qué estaba aquí. Se preguntó si había habido algún tipo de error.
-Estás aquí porque estás sola.
Sus palabras fueron seguidas de una larga pausa, durante la cual ella volvió a agarrar su brazo con aprensión otra vez.
-Yo... creo que ha habido algún error...
-¡Cállate! No hablarás a menos que se te haga una pregunta.
Su cuerpo se puso rígido y sintió que la temperatura de su cuerpo se elevaba mientras la ira brillaba en sus ojos.
-¿Perdón? -Exigió levantando las cejas. Después de no recibir respuesta siguió-: No tengo por qué soportar esto. Me voy.
Se giró para irse y se detuvo cuando la voz volvió a hablar.
-¿Quieres el trabajo?
Ella vaciló, pero después de luchar contra la ira y respondió.
-Sí. Sí quiero.
-Entonces quédate donde estás y no hables a menos que te haga una pregunta.
Todo en su interior le dijo que se fuera de allí, pero realmente necesitaba el dinero. Dando la vuelta y mirando hacia adelante se quedó donde estaba. El calor de la luz la sofocaba y empezó a sentir su cuerpo transpirar.
Ella podía percibir el sarcasmo en la voz...
-Mira lo que tenemos aquí. Una dama muy bien vestida. Un vestido tan bonito, y la cara toda maquillada. Apuesto a que eres una buena chica, ¿no es así? Puedo llamarte cariño, ¿no?
Su primer pensamiento fue decir "¡Diablos, no!", pero su mente comenzó a correr salvajemente, preguntándose en qué se había metido. No sabía qué hacer o incluso si debía responder. Sintió que la estaba provocando y decidió permanecer en silencio.
-Responde a la pregunta...
-Umm... sí, supongo que está bien.
-No. Responde a la primera pregunta, ¿eres una buena chica?
Sintió una gota de sudor rodar por su frente.
-Sí, soy una buena chica y la mayoría de la gente que me conoce diría lo mismo.
-¡Cállate! No quiero oír otra palabra a menos que sea para responder a mi pregunta. -Llegó la voz en un tomo más alto.
De nuevo su cuerpo se tensó, pero esta vez ella se recuperó más rápido sin querer mostrar a quien sea que estuviera en las sombras que la intimidó.
La voz volvió a la normalidad:
-Eres una mentirosa. Lo sé todo sobre ti... Sé la verdad... Te lo preguntaré una vez más... ¿Por qué estás aquí?
La pregunta le llegó a la mente. Con el calor de la luz y la voz haciendo la misma pregunta una y otra vez empezó a sentir que el control sobre sus emociones empezaba a resbalar. Se mordió el labio y se golpeó el pie un poco para mantenerse firme.
-¿Qué quieres de mí? -preguntó ella.
-Quiero que respondas a la pregunta. ¿Por qué has venido aquí?
Sabiendo que él no aceptaría la respuesta sobre el trabajo, ella se enfadó y se frustró.
-¡No lo sé! ¡No lo sé! No lo sé... -Su control se aflojó y comenzó a luchar contra las lágrimas. Toda esta situación estaba empezando a asustarla.
-¿Quieres que te muestre por qué estás aquí?
Bajando la cabeza para que el hombre no viera sus ojos mientras se llenaban de lágrimas, ella vio las piernas del hombre acercarse mientras le subía la luz hasta su cintura. Llevaba pantalones de aspecto caro con pliegues perfectos, y zapatos y cinturón caros a juego.
Mientras levantaba los ojos lentamente para ver su cara, la sorprendió con la guardia baja.
¡Plash!
Su fuerte mano apareció de la nada y la atrapó de lleno en la cara, dejándola aturdida y en shock en el suelo.
Su corazón se aceleró y comenzó a correr salvajemente, el miedo se apoderó de ella mientras salía del shock de lo que acababa de pasar. Sintió el dolor de la cachetada y caviló que el rojo se estaba arremolinando en su cara. Intentó levantarse, pero sus manos temblaban mucho y no tenía fuerzas.
-Por eso estás aquí. Porque eres una puta y una mentirosa. Admítelo.
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Ella empezó a llorar abiertamente mientras escondía su cara en sus manos... sin saber qué hacer.
-Admítelo, eres una zorra y una mentirosa. -La voz se elevó esta vez más que la anterior. Excepto que esta vez la voz venía de detrás de ella.
Débilmente comenzó a sacudir su cabeza en negación.
Una mano fuerte se acercó a la luz desde la oscuridad y le agarró el cabello tirando su cabeza hacia atrás para que mirara directamente a la luz. Inmediatamente se quedó ciega y no pudo ver la cara del hombre que estaba encima de ella. Jadeó de dolor por el shock del dolor de su cabeza al ser tirada hacia atrás por su cabello.
¡Plash!
La palma de su mano vino de lado golpeando fuerte contra la otra mejilla de su cara mientras él sujetaba su cabello.
-¡Admítelo!
Ella no pudo responder; su mente estaba entumecida. Todo lo que podía hacer era quedarse suspendida por su cabello llorando y sollozando.
El hombre la tiró al suelo.
-¡Me das asco! Le mientes a todo el mundo, incluso a ti misma. No mereces llevar vestidos bonitos. No eres una dama; ¡eres una zorra! ¡Admítelo! Di: ¡Soy una puta!
No podía decir si estaba mareada o si el hombre estaba dando vueltas a su alrededor mientras acumulaba insulto tras insulto sobre ella, pero no podía decir esas palabras. Todo lo que le enseñaron o aprendió durante su infancia gritaba no... no...
Ella sintió sus manos agarrando sus hombros por detrás, y pudo sentir su aliento caliente en su cuello y en su oído.
-A las putas no se les debería permitir llevar vestidos tan bonitos, ¿verdad? -Y con eso su cuerpo se sacudió y escuchó el desgarro de su vestido mientras era arrancado de su cuerpo.
-Nooooooo -sollozó.
El hombre salió de la luz y volvió a la oscuridad arrastrando su vestido rasgado detrás de él.
-Así que la puta no cree que es una puta, ¿eh? Entonces dime ¿por qué tus bragas están tan empapadas con tus jugos de puta?
Hubo una larga pausa.
-¿Quieres pruebas? Desliza tus dedos en tus bragas y siente lo mojada que estás. Lo mucho que realmente estás disfrutando esto.
Ella vaciló moviendo lentamente la cabeza...
-Dije... Desliza tus dedos por tus bragas y siente lo mojado que está tu coño. ¿O quieres que lo haga yo? -La voz habló más fuerte y se acercó más.
-¡No! ¡No! ¡Lo haré, lo haré! -gritó con una voz asustada.
Lentamente, deslizó su mano por su vientre cavando la punta de sus dedos bajo la banda de la cintura de sus bragas de algodón blanco. Cuando sintió los primeros folículos de vello púbico, sus mejillas se enrojecieron de vergüenza. Su mano temblaba, y no pudo evitar tocar su clítoris mientras deslizaba sus dedos hacia su centro. Su estómago se apretó con fuerza cuando sintió que algo, que nunca había sentido antes, se movía dentro de ella antes dejar de respirar. Rápidamente sacó su mano cubriéndose la boca, horrorizada por la ola de placer que la bañaba. Pudo oler la fragancia de sí misma en la punta de sus dedos y se detuvo... entonces escuchó su risa.
-Lleva la mano de nuevo a tu coño, y siente la prueba, zorra.
Una vez más deslizó su mano por su vientre y en sus bragas, de nuevo deslizándose sobre su clítoris hasta que dos de sus dedos se deslizaron entre sus pliegues interiores. Sus ojos se cerraron al sentirlo y sacó su mano otra vez. Cuando abrió los ojos, sus dedos brillaban con la luz cubiertos por sus jugos... y todo lo que pudo hacer fue mirar fijamente.
Su mente comenzó a divagar rápidamente con miles de preguntas. ¿Cómo puede ser esto? ¿Qué es lo que me pasa? ¿No puede ser verdad?
En ese momento... el tiempo para ella se detuvo. Una puerta apareció en su mente, y detrás de la misma sabía que estaban las respuestas a las preguntas y las dudas que llenaban su mente. Ella se acercó y abrió la puerta... y entonces ocurrió...
Vio por primera vez quién era, o qué era, cada parte de su cuerpo empezó a cosquillear y a arder con un calor febril. Años de deseos reprimidos en su interior comenzaron a bañarla como el agua de una presa rota. De alguna manera parecía ansiar instintivamente el toque de un hombre. Sentir sus fuertes manos agarrándola y ser usada por él para su placer. Quería sentir su dureza dentro de ella, tomándola, poseyéndola. Un sofoco de vergüenza volvió a pasar por su cara ante tal pensamiento. El fuego comenzó a extenderse desde su vientre, hacia afuera... lentamente... Tal vez ya no podía luchar más, o tal vez no quería hacerlo. No importaba, lo único que importaba era el fuego consumidor que se apoderaba de cada parte de su ser.
-Admítelo... Di: soy una puta.
-Yo... soy una puta.
-Admítelo... Di: soy una mentirosa.
-Yo... soy una mentirosa. -Ni siquiera se dio cuenta de que su mano estaba otra vez frotándose lentamente a sí misma a través de sus bragas, su olor ahora llenaba el aire a su alrededor, su cuerpo empezaba a absorber el calor de la luz de arriba y el sudor empezaba a aparecer por toda su suave y lisa piel.
-Admite que quieres una polla dentro de ti... ¡dilo!
La voz de ella se elevó en la pasión cuando sintió que el fuego de sus dedos comenzaba a extenderse de nuevo y su aliento a acortarse:
-¡Oh, necesito una polla dentro de mí! -suplicó.
Cerró los ojos por un momento debido al placer que sentía y cuando los abrió, ante ella estaba su hermosa polla. La fuerza emanaba de cada vena y ondulaba a lo largo de su eje hasta una cabeza gruesa y redondeada. Nunca había visto una polla como esta, tan cerca de su cara, a plena luz para verla. Se frotó la cara contra ella dejando que el calor le quemara las mejillas, primero una y luego la otra. Era tan hermosa, tan asombrosa. Se olvidó de sí misma y la cogió con ambas manos sin preocuparse de que la cubriría con los jugos de las yemas de sus dedos. Abrió la boca y probó un hombre por primera vez en su vida, sabiendo lo malo que era según su fe, pero sin preocuparse por ello. Solo tenía la necesidad de probarlo y quererlo dentro de ella. Sentir su poder. Sus mejillas ya no se enrojecieron de vergüenza sino de pasión al sentir su dureza en su boca.
Él vio como le chupaba con entusiasmo su polla... pero aún no había terminado con ella. Todavía había una cosa más que ella debía aprender antes de que esta noche terminara... agarrando un puñado de su cabello él la alejó de la cabeza de su polla.
-Dime que quieres mi polla... ¡dilo!
-Quiero tu polla -gimió ella.
Sacudió la cabeza de su polla con fuerza mientras ella gritaba de placer...
-¡Dilo más alto añadiendo un señor, puta!
-¡Quiero tu polla! ¡Señor! -Ella gritó.
Forzó la boca de ella en su polla empujándola profundamente en su garganta haciendo que se atragantara y luchara por aire hasta que sus ojos se aguaron y las lágrimas corrieron por su cara. Su rímel corrió por su rostro. Ella sintió el comienzo de un incendio que la bañaba... esta vez diez veces más que antes. Empezó a perderse en la pasión y ahora no existía nada más que este hombre ante el que se arrodilló... Empezó a temblar mientras chupaba su pre-cum que ahora fluía constantemente desde la punta de su hombría.
Ella sintió que la urgencia de la liberación acercándose, y estaba completamente en sintonía con cada parte de su cuerpo. Todo lo que podía hacer era imaginar el sabor agridulce y chupaba salvajemente llevándolo dentro y fuera de su boca más rápido gimoteando y rogando por su liberación...
Cuando sus piernas empezaron a tensarse... él tiró de su cabeza hacia atrás y soltó su esperma caliente sobre su cara. Ella quedó hipnotizada al ver su semen blanco salir una y otra vez, dejando líneas calientes en sus mejillas.
Ella inmediatamente se agarró entre sus piernas en la desesperación por el vacío y la necesidad. Sin saber cómo detener lo que se avecinaba, todo su cuerpo comenzó a temblar incontrolablemente. Intentó furiosamente cerrar la puerta de su orgasmo, pero no pudo; era demasiado tarde. Sintió que algunos de sus jugos gotearon sobre sus labios y probó su bondad salada como un animal en la lujuria, trabajó furiosamente con la punta de sus dedos una y otra vez sobre su clítoris y dentro y fuera de su coño...
Sus ojos se abrieron y gritaron mientras todo su cuerpo se arqueaba hacia afuera. La puerta de su mente se abrió de par en par, como un torrente de éxtasis que desgarraba su pureza e inocencia sin piedad. De rodillas, su espalda se dobló violentamente al ser mecida por olas de pura energía y placer, una y otra vez... sintió que caía... y echó un último vistazo al hombre ante el que se arrodillaba... y luego, tomando un último aliento, se acercó en vano a él, pronunciando en silencio estas palabras...
-Sálvame.
...y luego el silencio.
Él vio su cuerpo caer al suelo inconsciente, y sus bragas tan empapadas con sus jugos que ahora eran transparentes, las cuales dejaban ver su oscuro montículo triangular tan perfectamente.
Caminó hacia adelante, y la levantó suavemente en sus fuertes brazos y caminó hacia la oscuridad fuera del círculo de luz.
Lo último que se escuchó fue la suave y cálida voz del hombre al entrar en la oscuridad:
-Ya eres mía, pequeña.
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Ha pasado una semana completa desde la noche en que su vida cambió en el círculo ardiente de luz. Los eventos de esa noche, cuando el hombre de apellido Rogers tomó su vida, todavía la atormentaban. Ahora la controlaba desde dentro, sin dejar nunca sus pensamientos. Nada de lo que ha intentado le impide ver el contorno de su cuerpo delante de ella y sentir su corazón acelerarse con la emoción y el miedo. Sin embargo, este miedo no es de él, sino de su propio interior, que ahora ha escapado.
Hasta hace una semana había estado viviendo una mentira. Se sentía segura de sí misma y de la dirección que su vida llevaba. Tenía una buena educación y le iba bien trabajando en un bufete de abogados como asistente legal. Sabía que el trabajo no era gran cosa, pero necesitaba la experiencia y eso pagaba las facturas.
Ella estaba ayudando en un caso legal que involucraba a una de las corporaciones más grandes de la ciudad y había hecho gran parte de la investigación para el caso. Debido a la cuidadosa atención de los detalles por parte de la corporación, el caso fue abandonado. Esto fue poco después de que una mujer de la corporación llegó a su escritorio, le entregó una tarjeta y le dijo que el Sr. Rogers estaba buscando una asistente personal. Si ella estaba interesada, debía llamar y hacérselo saber y sería contactada con más detalles. Era una gran oportunidad para convertirse en la asistente personal del presidente de una corporación tan grande como esa. Sonrió al recordar cómo se preparó para la entrevista de su vida, poco sabía que esa entrevista lo cambiaría todo. Se estremeció al recordar la palma de su mano en su cara y la palabra "puta" que resonó en sus oídos y la incredulidad en sus ojos al apartar los dedos de sí misma esa noche para ver lo mojada que estaba por cómo la estaba tratando.
Ella se mueve en su silla mientras el recuerdo parece tan vívido que los labios de su coño se contraen y siente la humedad que comienza a desprenderse. Ella mastica su labio en frustración, aburrida y extremadamente caliente. Se quita un mechón de cabello de los ojos y pone la cabeza en el escritorio sujetando sus pechos debajo de ella. No había nada que hacer más que esperar. Ya había explorado toda la oficina. Era más como un ático con espacios de estar, salas de conferencias y oficinas. Se sentó en su escritorio mirando alrededor de la sala principal buscando en vano algo que hacer, y sus ojos, como siempre lo hicieron, se posaron en el suelo de mármol circular de la sala principal.
Recuerda haberse despertado después de esa noche a la mañana siguiente en una maravillosa cama con la muñeca esposada al cabezal de la cama. Recuerda el miedo que la agarró en el momento al estar esposada y el pensar de lo que este hombre le había hecho mientras estaba desmayada, cuando de repente su voz tranquila le llamó la atención:
-Hay una llave en la mesita de noche cerca de ti. Puedes usarla cuando me haya ido.
Ella miró hacia el fondo de la cama al sonido de su voz. Allí lo vio sentado en la cama de espaldas a ella. Estaba terminando de vestirse mientras se abrochaba los botones de su camisa. Podía ver el cuerpo bien formado en forma de V perfecta desde su cintura hasta sus hombros. Su mirada terminó notando su bien cuidado corte de cabello. Cuando se puso de pie, pudo ver que sus pantalones le quedaban bien sobre su firme trasero, lo que indicaba su confianza en su cuerpo y apariencia. Nunca le dio la oportunidad de ver su cara.
-Felicidades, has conseguido el trabajo. Hay una nota bajo la llave que he dejado para ti. Después de leer la nota, puedes irte o quedarte, la decisión es tuya. Me voy esta mañana a un viaje de negocios a Hong Kong, volveré en una semana. Nadie debe entrar en la oficina mientras estoy fuera. Estarás a salvo aquí. Encontrarás todo lo que necesitas, y los arreglos para la comida ya están hechos. Los detalles de tu trabajo están guardados en una portátil, espero que cuando vuelva los tengas memorizados y estés lista para ayudarme.
Ella observó al hombre cuando empezó a salir y le llamó con una voz temblorosa:
-Por favor, espere... -El hombre se detuvo-. Yo... solo necesito saber si... si...
-¿Si te usé para mi placer mientras estabas inconsciente? -Terminó lo que ella no pudo decir.
-Sí. -Ella respondió mientras su rostro se ponía rojo.
-No. -Él respondió en voz baja y salió de la habitación.
Ella respiró un suspiro de alivio, pero sintió una punzada de asombro por qué no lo había hecho. Después de un momento, se volvió rápidamente a la mesita de noche y cogió la llave de la nota. La introdujo en la cerradura, se torció y escuchó el clic, mientras su muñeca se liberaba. Se dio la vuelta y se sentó en el borde de la cama frotando su brazo para obtener más circulación, pues estuvo esposada sobre su cabeza toda la noche, y luego levantó una sábana sobre sus hombros para cubrir su cuerpo desnudo. Se sentó allí tratando de captar sus pensamientos y sobre lo que pasó, pero todo parecía tan gris y borroso. Ella recordó sus palabras:
-Felicitaciones por haber conseguido el trabajo...
Ella miró y vio la nota que estaba ahí doblada. Tomó la nota y notó que la calidad del papel era inusualmente fina, casi sedosa al tacto. Había un relieve dorado a lo largo de los bordes en un delicado patrón y la inicial R en el centro, en referencia a su apellido. Ella abrió la nota y leyó:
Ahora eres mía y me perteneces. Te doy una semana para que busques en tu mente y en tu corazón para saber que esto es verdad. Junto con las tareas regulares de tu trabajo, harás estas dos cosas todos los días sin falta mientras yo no esté.
1. Cada día te tocarás y llegarás al borde del orgasmo, y luego te detendrás. Bajo ninguna circunstancia se te permite liberarte.
2. Cada noche vendrás a esta habitación, a esta cama, y pondrás tu muñeca en las esposas, esposándote a la cama.
Si no haces estas dos cosas exactamente cómo te he dicho, te despediré a mi regreso. Así que sé una buena chica.
Ten en cuenta que mientras yo esté fuera, tú estarás en mis pensamientos. Tómate esta mañana libre y descansa. Te veré en una semana.
Rogers.
No podía creer lo que estaba leyendo y lo volvió a leer. Luego dejó caer la carta al suelo y se cayó de nuevo en la cama poniendo sus rodillas en posición fetal y lloró en silencio.
Poco después, recordó la primera noche que entró en la habitación, se desnudó y se arrastró hasta la cama. Al principio decidió que no se esposaría ni se tocaría. Pero cuanto más intentaba dormir, más se inquietaba. Empezó a retorcerse bajo la sábana y sus pezones se endurecieron cuando de la sábana los tocaba. Un destello de excitación besó todo su cuerpo. Sus manos cubrieron sus sensibles pezones y el calor de éstas solo aumentó el placer. Tentándose a sí misma los apretó y su espalda se arqueó un poco y un pequeño gemido salió de sus labios. Antes de que se diera cuenta, sus manos estaban frotando su vientre y se había quitado las sábanas a patadas.
Tumbada completamente desnuda en la cama, sus dedos encontraron el suave monte de Venus y se deslizaron por él para encontrar sus labios externos. En su mente dio un paso fuera del borde, y deslizó sus dedos dentro de ella. Jadeó ante lo repentino y congeló sus dedos en su interior. Se sorprendió de lo fácil que se deslizan a través de su humedad. Con los ojos cerrados dejó caer las piernas abiertas y comenzó a cogerse lentamente con los dedos. De vez en cuando, sacaba sus jugos y empapaba su clítoris con ellos, luego los frotaba en círculos escuchando las palabras "ahora me perteneces".
Sintió que la fuerza de su orgasmo se acercaba, pero no quería detenerlo, se sentía tan bien. Sus piernas comenzaron a temblar cuando el sudor de su cuerpo comenzó a gotear y a brillar. Sabía que en cualquier momento vendría, entonces de la nada aparecieron las palabras "te despediré" e inmediatamente apartó sus dedos, respirando con fuerza para detenerlo. Levantó las rodillas y las rodeó con sus brazos, manteniéndolas juntas, meciéndose y repitiendo la frase una y otra vez: "Seré una buena chica, seré una buena chica". Después de unos minutos y de que las olas se alejaran, levantó la mano y la puso en el brazalete.
Click.
Se sintió caliente al hacer lo que le habían dicho y se durmió.
Cada día luchaba menos y menos hasta que después del cuarto día se encontró regresando al dormitorio 3 veces para tocarse. Todo en lo que podía pensar era en él, la carta y su palpitante coño.
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