Estaba echado en el sofá. Con mi mano derecha sostenía mi teléfono y con mi mano izquierda me masturbaba apreciativamente mirando el último video que me había enviado mi feminista millonaria con el fin de que fuese utilizado para aquellos sanos menesteres.
El día estaba horrible. Desde mi posición podía presenciar las nubes negras que se iban formando en las alturas producto del temporal que se había anunciado por el espacio meteorológico del noticiario y sentí un poco de lastima pasar aquella lluvia en tan miserable y amarga soledad en mi departamento con terraza ubicado en aquel barrio que, pese a ser antiguo, tenía algo de merecido prestigio social producto de su alta tradición histórica.
Algo debía ocurrir con mi mente, pensaba, puesto que no estaba tan concentrado en lo mío como otras veces, otroras fructíferas jornadas durante las cuales solía esparcir rápidamente un buen chorro de aquel líquido espeso y caliente por los aires, lo cual se llegaba a transformar en un lindo espectáculo audiovisual tras haberlo editado en una aplicación de vídeo que había comprado especialmente para aquello, ya que disfrutaba enormemente cuando mi feminista millonaria me felicitaba por mis performances y por la calidad del material que le enviaba.
Sin embargo me pasaba que durante el transcurso de aquél pausado sube y baja me quedaba pegado en eso de que estaba odiando cada vez más mi trabajo y a consecuencia de eso sentía que lo hacía cada vez más con menos ímpetu.
Decidí terminar lo antes posible. Había decidido desabrocharme el cuello de la camisa y tomé la determinación de acelerar todo aquello, puesto que mi verga estaba asquerosamente dura y ya me estaba doliendo más de la cuenta tanta acumulación de esperma. Estaba a punto de disparar todo aquella ofrenda hacia el imaginario de mi feminista millonaria cuando sonó mi otro celular, ese que estaba puesto en la mesa de centro y que estaba siendo utilizando para registrar toda aquella maniobra con su maravillosa cámara.
- Aló -Dije, soltando un suspiro e intentando simular mi excitación- ¿Con quién tengo el gusto?
Aquel breve silencio lo atribuí a una absurda paranoia que tenía prácticamente desde que tengo uso de razón.
- Deme un minuto - Respondió una voz femenina bastante corriente.
Me costó eso de terminar momentáneamente con aquello y tuve que acomodar mis partes rápidamente, puesto que tenía la estupida manía de imaginarme que cuando me llamaban por teléfono todo lo que hacía era visto por quien me estuviese hablando en ese momento.
- Ahora sí- Respondió una voz que al instante la atribuí como masculina ¿Usted es Bruck, el gigoló? ¿O me equivoco?
No me gustó para nada aquella voz masculina tan exageradamente amanerada que se notaba que estaba siendo hecha a propósito.
- No soy ningún gigoló -Dije-. Retractese de inmediato o corto al instante esta llamada-. Culminé, fingiendo voz de un recepcionista programado o algo así.
Hubo otro breve silencio y yo ya estaba cansado de esos malos tratos. Luego esa voz continuó hablando:
- ¿Entonces como le llamo? ¿O me habré equivocado de número? Aquí dice que hay un servicio de seducciones por encargo ¿Estaré en lo correcto?
- Así es. Está en lo correcto y me gusta más que me hable así ¿Con quién tengo el gusto?
Aquél diálogo parecía sacado de una mala película protagonizada por gente chiflada:
- Aprovecho de mencionarle que es la única contradicción que voy a tolerarle -Dijo, aún más amaneradamente a propósito-. Yo ya sé a lo que usted se dedica y no me costaría mucho dejarlo mal parado en las redes sociales, si es que quiere que le sea sincero desde un principio, así es que bajo esa premisa preferiría que utilice un poco más de respeto para comunicarse conmigo.
Estaba acostumbrado a las amenazas y siempre llegaba hasta ahí cuando decidía defender mi dignidad, puesto solía no haber respeto hacia mí y hacia los de mi rubro, pese a que yo era el mejor de todos y prácticamente ya no tenía competencia en términos de lograr objetivos difíciles en términos de seducción.
- ¿Como anda su nivel de cultura general? Responda rápido, por favor.
No sabía qué contestar para dar la típica impresión de asertividad que se requería en estos casos, a sabiendas de que ese tibio nivel de cultura general que tenía no era ni muy alto ni muy bajo.
- En aumento -Opté por responder- ¿Por qué?
- Necesitaría que estudie algo de historia universal de manera urgente. Ahora necesito que me responda otra pregunta: ¿Por lo menos tiene usted la capacidad de conservar cualquier tema de conversación por lo menos por cinco minutos? Me refiero a conservarla con gente que cuente al menos con un nivel básico de cultura y refinamiento, espero que entiendas.
No entendía a que diablos se refería el tipo ese con esas preguntas tan nivel aleatorio máximo mezclado con una muy poco fina pretenciosidad.
- Hasta el momento ninguna se ha quejado- Respondí, intentando exagerar al máximo mi impresión de sorpresa por aquel tono de voz masculino cada vez más desagradablemente amanerado hecho a propósito.
Suelo recibir trabajos en los cuales tengo que saber cómo infiltrarme o personificarme, pero nunca había recibido una pregunta así de burda y tan poco específica desde un punto de vista profesional y aquel asunto, si ya me había cabreado de entrada, me había cabreado aún más en términos generales, pese a que aún no tenía idea en qué me estaba metiendo exactamente hasta ese momento.
- ¿Historia universal? -Pregunté, lo menos humilde que pude-¿Para qué? ¿De qué sirve eso si tengo la verga que tengo?
Pese a que no me estaba tocando seguía mirando el video de mi feminista millonaria. Casi sentí deseos de reanudar aquello, puesto que las píldoras rojas que me estaba echando solían permitirme estar en dos lados a la vez, cada vez de forma más consciente y segura y eficaz.
Quería continuar, ya que el trabajo ese con mi feminista millonaria era el único que estaba disfrutando hacer durante el último periodo, pero al mismo tiempo no me podía dar el lujo de rechazar una solicitud de trabajo de esas que se notaba de entrada que eran de las grandes, por muy desagradable que esta fuese, puesto que al mismo tiempo me urgía contar con los medios suficientes como para poder estar tranquilo al momento de pedirle matrimonio a mi feminista millonaria si o sí la próxima vez que me viese. El objetivo final era ese, ser millonario y estar a la altura de ella y para eso había que seguir aceptando esos úlltimos cochinos trabajos
- ¿Podemos hacer una video llamada para explicarle mejor?- Me preguntó el tipo ese.
- ¿Para qué?- Pregunté, haciéndome el inocente.
- Solo respóndame un sí, querido. La paga es espectacular.
- ¿Qué tan espectacular?
- Lo suficiente como para hacer un buen negocio que le permita abandonar su vida de mierda, mister Bruck. Si usted se lo propone este podría ser definitivamente su último trabajo final y así ponerle un broche de oro a su carrera, que por lo demás también es una mierda, al igual que su día de mierda.
Aquello despertó por completo mi interés.
Debía ponerme en modo tolerar humillaciones, sin embargo y al mismo tiempo ya estaba harto de eso y no tenía muchos deseos de venderme de aquella forma, por muy necesitado de millones que estuviese.
Sin embargo había descubierto que en el trabajo era uno mismo quien tenía que darse valor. Solo había que rebajarse si es que el asunto realmente valía la pena y aún no me hablaban nada de cifras.
- Mire, señor -Dije, encendiendo un puro- Me interrumpió durante la mejor parte de mi día y de mi carrera de mierda. ¿Podría ser más claro por favor?
- Da igual para qué y para serle sincero, no me siento para nada culpable por haber interrumpido ni su día ni su carrera de mierda. En el momento mismo va a tener que enterarse, es parte del plan. ¿Puede o no puede hacerlo?
- ¿Está seguro?
- ¿Seguro de qué?
- ¿De que esa va a ser su respuesta?
Hubo una risa bastante irónica.
- Yo no estoy aquí para darle respuestas, míster Bruck. Yo estoy aquí para darle otra cosa. ¿Me entiende?
- No se preocupe-Respondí, comprobando con espanto que la erección aún seguía firme y que para aliviarme necesitaba dejar de hablar con ese tipo lo antes posible-. Creo que ya entendí.
Oí una carraspera antes de oír una referencia que estaba siendo la tónica de los últimos tiempos de este asqueroso trabajo.
- Su feminista millonaria es la que me ha recomendado -Dijo, casi sin respirar–. Ahora solo necesito que se ponga cómodo. ¿Entiende ahora a lo que me refiero?
Seguía no inspirándome confianza aquella voz masculina tan fingidamente amanerada, pese a que no se podía identificar del todo a alguna mala persona o algo parecido, considerando también que prácticamente me había gritado en la cara que mi vida era una mierda y que yo era un pobre imbécil producto de mi trabajo de mierda. Por supuesto que entendía a lo qué se refería haciendo uso de esas frases con su tono de voz tan asquerosamente sugerente.
- Si entendí y está muy bien- Le respondí, casi desesperado por cortar-. Lo llamo dentro de 5 minutos.
El tipo ese colgó y consideré enfáticamente que tal vez ya no era prudente seguir en lo mío y lo de mi feminista millonaria, por lo que opté por ir a darme un baño tras tragarme otra píldora roja con el fin de prepararme para lo que se me venía, ya que uno jamás iba a tener la receta exacta para saber a que atenerse en esos casos, por mucha experiencia en el mercado que uno tuviese.
Luego esperé a que me llamaran.
La videollamada apareció en el momento justo en el cual terminaba de vestirme con pantalón de buzo y polera de equipo de fútbol desconocido que me había regalado un supuesto futbolista por yo haber logrado que su mujer se divorciara de él tras haberla grabado mientras se la clavaba por detras en el baño de un restaurant de lujo.
Una vez que acepté la comunicación no me gustó lo que vi. Eran un tipo y dos chicas. El se veía más o menos viejo sin serlo del todo y era calvo y tenía un aspecto de mal oliente que incluso llegaba a percibirse desde el otro extremo de la pantalla. Ellas eran unas jovencitas bastante sexys, quienes cruzaban sus piernas de una manera que se notaba que cuyo único objetivo en la vida consistía en seducir a alguien por encargo al igual que yo.
De todos modos las chicas tenían una sensualidad demasiado natural y de entrada se notaban que eran de las muy buenas, en todo el sentido que abarca aquella frase.
- Buenas tardes, mister Bruck -Dijo el tipo- Yo soy Hugan y la rubia es Clavka. La Morena es Doniv.
Ambas chicas sonrieron a la cámara e hicieron unas señas de saludo muy gentiles y bastante forzadas. Clavka tenía mejores senos que piernas y era más baja, mientras que el atractivo principal de Doniv consistía en sus piernas de longitudes precisas y en su culo, cuyo volumen era preciso y confortable. Luego me quedé mirando mi otro teléfono, ese en donde anteriormente se veía el video de mi feminista millonaria, ese que estaba guardado desde una vez que ella decidió grabarse con su teléfono mientras cogiamos cierta tarde en el jardín de su palacio.
- Le sugiero que salude correctamente, Gigoló miserable- Oí de la nada.
Sonreí con todas mis fuerzas. Recién ahí reparé que era la maldita voz que fingía ser amanerada a propósito la que se dirigía a mí en esos términos tan desagradables en ese momento.
- Muy bien, mister Bruck -Dijo Hugan– Ahora necesito que se vaya desvistiendo.
Lo hice sin ganas, puesto que al menos me hubiese gustado hacerles algunas preguntas antes, como a quien tenía que seducir por encargo y todo eso y cual era finalmente el objeto de aquella llamada, aunque era obvio. No llevaba ni cinco minutos con esa gente y ya me estaba sintiendo asquerosamente acosado y cosificado.
- ¿Y? -Dijo Hugan- Chicas, ¿Qué opinan?
- Me gusta -Dijo Doniv-. Se nota perfectamente correcto que entiende bastante bien eso de hacer el papel de chico cohibido.
- ¿Y tu Clavka? ¿Qué opinas?
Doniv comenzó a lamerse un dedo mientras al mismo tiempo me miraba fijo y se levantaba un poco su falda, exquisitamente ajustada en lo que yo a esas alturas consideraba como un universo paralelo a mi existencia producto de lo enamorado que estaba. De cierta forma se había enterado de lo que me gustaba de ella y se notaba que apreciaba mucho su trabajo y que se esforzaba en hacerlo bien, puesto que tenía una disposición muy perfectamente natural a todo lo que ocurría en ese momento a pesar del saludo forzado.
- Ni idea -Dijo Clavka-. La verdad es que me da lo mismo. Yo solo quiero chupartela, Hugan. Te transformaste en el hombre más rico de la ciudad y no puedo pensar en nada más que en chupartela ¿Me darías permiso para chupartela, Hugan?
- No he entrado a la ducha en tres días, Clavka. No sé si tengas ganas de echarte a la boca una verga que está podrida y hedionda por tanto masturbarse pensando en todos esos tipos a los cuales me gustaría metersela. Además de que tu sabes que he estado enfermo últimamente. La verdad es que queda a tu criterio.
Recordé que una vez conocí a una chica que confesó que le encantaba practicar sus pasiones orales sobre vergas que estaban al borde de un estado puro de putrefacción.
- Tu eres el hombre más millonario de la ciudad -Le dijo Clavka mirándome fijo, así como burlándose de mi no millonaria mirada-. Los millonarios como tú pueden hacer lo que se les antoje con sus vergas. Si te la rociaras con residuos tóxicos me moriría de ganas de chupartela igual.
Acto seguido y sin esperar respuesta Clavka se puso de rodillas en el suelo, subiéndose un poco la falda y posicionándose de espaldas hacia la cámara. Se le veía un buen culo, cuya redondez hacía una especie de contrapunto perfecto con el final de su espalda. Luego se acomodó el cabello y acercó su cabeza a la entrepierna de Hugan, quien se desabrochó el cinturón y se deshizo en el acto de un ridículo y asqueroso pantalón de lana que llevaba puesto por debajo de los jeans. Ella tomó los últimos botones de su camisa y procedió a acariciarle sus ridículos calzoncillos que llevaban botones.
- Bruck, ¿Cierto? -Dijo Doniv.
- Sí -Respondí, intentando no mirar ni a Hugan ni a Clavka.
- ¿Serías tan amable de ponerte de pie e ir quitandote los pantalones?
- Yo aquí estoy atento -Dijo Hugan, hundiendo la cabellera de Clavka en su entrepierna con un brusco manotazo-. No creas que no te estoy mirando fijo, miserable gigoló.
No quería por ningún motivo enfrentarme a esa asquerosa mirada de Hugan, por lo que demoré lo más posible en aquel trámite con la vista fija hacia el suelo. Recordé que rato atrás me habían preguntado por mi nivel de cultura general y me reí burlesca y espontáneamente, por lo que terminé quitándome los pantalones de la forma más vulgar que se me ocurrió en ese momento, así como se los quitan los futbolistas cuando estan en la banca y deben entrar lentamente a la cancha porque el equipo necesita hacer tiempo para conservar el resultado.
- Me encanta -Dijo Doniv-. Te juro que me encanta. El papel de chico tímido te sale exactamente correcto. ¿Qué opinas Hugan?
- Opino que Clavka me la está mamando de una manera muy deliciosa -Dijo-. Lamentablemente de mister Bruck no he mirado nada que valga la pena mirar aún. Ese pecho y esos brazos pueden ser de cualquiera ¿Que crees tú que debería hacer mister Bruck para que yo pueda mirar algo que realmente valga la pena?
- No seas impaciente, dueño mío -Le respondió Doniv, de forma bastante teatral
- Lo importante es que Bruck lo haga cuando esté lo suficientemente estimulado.
En ese momento Clavka hizo un rápido movimiento y en cosa de segundos estaba a cuatro patas sobre el sofá. Más que hacerle sexo oral a Hugan parecía que su juego consistía en escondersela en la boca y exhibir sus senos, puesto que solo movía su cabeza de arriba hacia abajo, de una manera bastante torpe y sin nada de determinación que, al igual que la voz amanerada de Hugan, se notaba bastante que era hecha a propósito.
- Bruck -Dijo Doniv, echándose hacia atras y tocándose suavemente (Había un contraste enorme entre lo que era su forma de hablar y su exquisita técnica para saber provocar tocándose)-. Necesito que te concentres.
Me toqué y no, me daba la impresión de que no se me iba a poner dura con nada por culpa de estar pensando en otra mujer. Lo sentía bastante porque consideraba que la delicada figura de Doniv era evidentemente algo demasiado confortable y conmovedor como para palparla en vivo y en directo y daba bastante pena no hacer justicia con todo eso que ella tenía potencialmente para entregar en una instancia que no fuese la que era virtual.
Acto seguido Doniv comenzó a masturbarse y a gemir teatralmente. En otros tiempos me hubiesen excitado sus tetas qué, si bien no eran tan grandes, lucían tímidas y con personalidad a la vez. Ponía los ojos blancos y era bastante buena en eso de sacarle partido a los sonidos femeninos de placer.
- ¡Haz algo, miserable gigoló!- Gritó Hugan, nuevamente hundiendo la cabeza de Clavka en su entrepierna con un brusco manotazo- ¿Acaso no ves como has dejado a Doniv?
Francamente me parecía absurdo verlos ahí haciendo esas cosas como si nada pasara y sin previo aviso. Simplemente no podía concentrarme. Era asquerosamente evidente que ninguno de ellos disfrutaba de lo que hacía y eso, por muy millonarios que fuesen, me causaba una pena enorme, sobre todo por el hecho de que ellos estaban pagando para vivir eso.
Se me ocurrió aprovechar un momento en el cual nadie me miraba y decidí concentrarme en mi otro teléfono, ese que utilizaba para comunicarme con mi feminista millonaria. Pulse el touch y ahí estaba ella, gozando mientras de ella entraba y salía una verga que no era nada más y nada menos que la mía. Se me puso dura en el acto tras estar realmente consciente de que era yo mismo quien se la clavaba.
- Sácate todo -Dijo Doniv- Hugan quiere ver eso que tienes ahí y yo también.
Sin saber que hacía del todo saqué mi herramienta de trabajo. No era muy difícil disimular lo que hacía al no estar para nada pendiente de lo que hacían ellos para excitarme precisamente, por lo que me bastó mirar el culo a cuatro patas de mi feminista millonaria para despertar toda mi excitación y cerré los ojos y me concentré al máximo, sin reparar en lo que acontecía alrededor. Ultimamente se me daba bastante eso del sexo virtual producto de la pandemia y lo disfrutaba bastante, pese a que no hay nada como el precioso sexo físico. Mi feminista millonaria a cuatro patas y yo entrando y saliendo de ella con una fuerza descomunal era lo mejor de la vida, pensaba, pensando en todos los castigos que ella debia merecerse por mantenerme ahí, tan abandonado durante esa cochina tarde de invierno, en donde los sonidos de placer tanto ajenos como propios se mezclaban y se fusionaban para realizar lo que era la definición perfecta de lo que era una muy bien organizada orgía digital.
- ¡Hermoso! -Decía Doniv, masturbándose por encima de su ropa interior y hablando con ese tonito que era como suplicante en cualquier mujer cuando querían que se la metieran-. ¡Me muero de ganas por chupartela!
- ¿Podrías acercar tu verga más a la camara, maldito imbécil? - Interrumpió Hugan.
Aquello se me hizo un poco más fácil de lo que se me hubiese hecho si es que no hubiese tenido los ojos cerrados todo el tiempo. Aquello significaba lisa y llanamente que podía concentrarme a full en mi feminista millonaria. La tenía más que asquerosamente dura nuevamente y la concentración fluyó un montón al reflexionar la posibilidad de que tal vez mi feminista millonaria me vendría a visitar si hacía las cosas bien y me la imaginé sentada arriba mío, moviendo su pelvis solo como ella lo sabía hacer, lo cual era un deleite absoluto para mis ojos que miraban el momento exacto ese en el cual mi verga entraba y salía por aquel maravilloso agujero.
Sabia que podía conseguirlo. Los ruidos seguían mezclándose por culpa de los dispositivos que había a mi alrededor y ahí estaban, para formar una ensalada de gemidos y sonidos de ambiente, dentro del cual yo intentaba gemir mucho más fuerte.
Todo iba bien hasta que se me ocurrió mirar lo que los demás hacían; Clavka continuaba en lo suyo de una manera que cada vez se superaba más a si misma y Doniv se contorsionaba mirando la nada mientras que Hugan me observaba, así como esperando muy tranquilamente a que yo me dignase a mirarlo.
- Acerquese- Me dijo, con una voz muy amablemente amanerada.
Me acerqué.
- Ahora quiero que lances toda tu esperma y apuntes inmediatamente hacia la cámara y que lo hagas única y exclusivamente para mí. Quiero que te acomodes lo suficientemente bien como para poder ver algo de tu odioso y amable rostro.
Pese a que iba a ser asqueroso mirar lo que podría llegar a hacer Hugan con todo aquello procedi rápidamente. Solo era cosa de volver a cerrar los ojos. Recordé esa primera vez que mi feminista millonaria me masturbó con sus pechos y continue firme, ignorando tanto mis creencias como todo lo que había a mi alrededor. Tomé mi teléfono y lo apunté única y exclusivamente hacia mi verga, eligiendo mi ángulo favorito, uno donde no se me veía la cara pero a cambio se me notaba algo de mi boca y del pecho y gran parte de mi abdomen, absolutamente plano. Me concentré en ella y en mí y aquello no fue tan difícil de conseguir, por lo que fue solo asunto de imaginarme que acababa en la boca de mi feminista millonaria, la cual era demasiado receptiva para aquellas acciones cuando andaba de buenas.
- ¡Oooooooh! - Gritó Doniv, pegada a la escuálida verga de Hugan sin hacer nada con ella, esforzándose en acabar y deslizando sus dedos de manera frenética al mismo tiempo que miraba a la cámara concentradamente.
Vi que Hugan comenzaba a masturbarse y me dió un montón de asco presenciar a Clavka desnuda y echada en el suelo lamiendole torpemente los testículos.
- Acerqueme su esperma, jovencito- Dijo.
Lo hice, cerrando los ojos y no pensando en nada más que todo eso terminara rápidamente y así fue. Luego descubrí que había depositado una enorme mancha en el sofá cubierto de seda que me había comprado recientemente aprovechando una oferta pandémica que pillé por internet.
Luego fui al baño y me pegué una ducha de alrededor de un minuto. Luego me vestí y cuando volví aquel trío digital estaba perfectamente incorporado como si nada hubiese pasado. Daba la impresión de que la videollamada estaba recién comenzando y que todo eso era algo así como una simple reunión de pauta, puesto que las chicas estaban vestidas y el tipo ese ídem.
- Muy buen nivel de virilidad -Dijo Doniv- Creo que es el indicado.
- No estoy tan segura -Dijo Clavka-. Yo no pude ver nada.
- Gracias chicas -Dijo Hugan, sin abandonar en ningún momento su voz asquerosamente amanerada-. Supongo que si opinan de manera diferente es porque soy yo quien va a tener que tomar la decisión.
- ¡No es justo! -Dijo Doniv-. ¡No es justo que la perra de Clavka opine si no vio nada de lo que yo vi!
Hugan se concentró visualmente en ella antes de responderle
- Da igual, Doniv, da igual. Acá en esta pareja de tres se respetan las posturas distintas. Si ella no quiso mirar es por algo y tu y yo tenemos el deber de respetar sus motivos. ¿No te parece?
Hubo un silencio que fue atribuido a un suspenso y tras decirle algo a Clavka al oído Hugan tomó la palabra.
- Se llama Evka y es escritora y es una amante de la historia universal y la literatura y el arte en general. Hoy a la noche se conocerán y tienes que llevartela a la cama esta misma noche.
- ¿Y no será mejor que me des contacto de sus redes sociales y así la investigo un poco más antes de presentarme? ¿No será eso mejor considerando lo primero que preguntaste?
- No me parece muy buena tu idea porque no recuerdo lo que te pregunté -Dijo Hugan, burlescamente-. Acá se hace lo que yo digo y por supuesto que nada de sus redes sociales. En estos precisos momentos Clavka te está transfiriendo cien millones. Si logras que pase la noche en tu departamento Clavka te transferirá cien millones más ¿Estamos de acuerdo?
Casi me desmayo cuando oí aquellas cifras. Con eso era suficiente como para pedirle matrimonio a mi feminista millonaria. Tal vez estaba ante la presencia del último cochino trabajo de mi vida.
- ¿Y no podría darme siete días por lo menos?
- Tiene solo siete horas, Mister Bruck. Por mensaje le he enviado algunas indicaciones básicas y tienes que conseguirte algunos de los libros que ha escrito ella bajo seudónimo, hay unos cuantos por la ciudad. Ya que eres tan habilidoso deberías saber algo sobre su literatura esta misma noche. Buenas tardes, basura asquerosa.
Hugan Colgó.
Me quedé ahí, mirando aquella abundante cantidad de esperma que aún lo manchaba todo. Evka. Su nombre me parecía muy familiar. Luego me tomé una cerveza para descansar un poco y así relajarme algo para curarme de la maldita impresión que me proporcionaban esos cien millones que tardaban bastante en aparecer en mi saldo.
Estaba intentando limpiar aquellas grotescas manchas de semen que habían ensuciado el sofá y el teléfono sonó una vez más durante esa tarde que se hacía cada vez más helada.
Era mi feminista millonaria y ahí sí que terminé de sentirme bien por completo, puesto que tras el acto de mirar la pantalla aparecía una notificación de mi cuenta de banco y sí, por muy absurdo que pareciese me habían transferido mis primeros cien millones y la cochina mancha de semen pasó en absoluto al decimoquinto plano de mi vida.
- ¡Hola, mi preciosa!-Dije, bastante enternecido y entusiasta y sobre todo feliz - ¿Cómo está?
No recordaba haber estado tan feliz en la vida hasta como en ese momento y era bastante extraño sentirse así, cuestión muy distinta a cuando solía soñarlo despierto. Cien millones eran cien millones y daba lo mismo como se consiguiesen.
- Muy bien aquí -Me respondió-, con mis deditos y tus videitos como única compañía ¿Y tú como estás?
Aquel tono de voz tan sexy me derretía por completo y hacía mucho tiempo qué, más que desesperado por volver a metersela, yo iba mucho más allá en mis planes con ella, tomando en cuenta que solía imaginarmela caminando conmigo por el parque público o algo así durante un no muy lejano domingo por la tarde.
- Si tu quisieras podríamos...
-Olvídalo, Bruck -Me interrumpió, tal vez adivinando lo que yo iba a decir-. Tengo demasiado trabajo en esto de vengarme del maldito y cochino patriarcado. Tu sabes muy bien que por ahora no podemos vernos porque es demasiado peligroso exponerme. Por suerte están ahí mis millones para poder ahorrarme un montón de dolores de cabeza.
Mi afición a ella era tal que intentaba apoyarla lo más posible en sus planes, incluso muchas veces recibiendo amenazas provenientes de los sectores conservadores de la ciudad. Yo era lo peor de lo peor de los de mi clase. Simplemente me consideraba un devoto de sus ideales y de ella misma más que nada. Ella continuó hablando:
- ¿Qué te pareció Hugan? ¿Crees que él sea el candidato ideal para casarme y así aumentar mis millones? ¿Crees que puedas ayudarme a cazarlo tomando en cuenta que el viejo ese te desea con toda su lujuria homosexual acumulada y reprimida?
Oír aquello no estaba para nada en mis planes e inmediatamente sentí una profunda depresión que penetró por cada rincón de mi alma.
Me sentía acabado.
- Piénsalo, Bruck -Continuó ella-. Hay un montón de dinero en juego y por fin serías un millonario de verdad y no fingir que lo eres por un poquitito que recien tenés ahorrado.
Me daba lo mismo lidiar con el asqueroso de Hugan, pero que ella quisiera casarse con él era otra cosa y no, definitivamente no era algo que estuviese dispuesto a aceptar ni a tolerar.
- Muy bien por ti -Respondí, simulando una profunda seguridad en mi mismo pese a la adversidad que rodeaban a mis despechados sentimientos-. Lo que es yo no pienso ayudarte porque simplemente no puedo. Vas a tener que buscarte a otro.
Hubo un breve silencio que me puso más nervioso de lo normal.
- ¿Pero en qué habíamos quedado, Bruck? ¿No era que tú eres mi perro y yo soy tu zorra y que estamos en esta vida para apoyarnos en nuestras carreras?
Soy tu cliente además, maldito cochino, aún lo soy. No sólo eres mi perro, aunque me gusta más que seas mi perro.
- Un perro necesita que su zorra lo saque a pasear al parque público de vez en cuando-. Protesté, sufriendo cada una de aquellas palabras de una forma bastante abrupta.
Lo raro de cuando me invadían esas depresiones era que podía hacerme los ánimos como para contrastarla con una buena dosis de carácter que ebullia firmemente de mi en esos momentos de adversidad y si, la felicidad en sí era efímera y tal vez una estafa. La tristeza profunda quedaba reservada para unas cuantas horas más y desde ahí en adelante tal vez ya no iba a haber nadie cerca como para que me sacara de ahí de ese estado tan deplorable al cual me sometía, en base a abundantes cantidades de alcohol y a muchísimas píldoras rojas.
El problema era que andaba demasiado solitario por la vida y prácticamente me aferraba a cualquiera que aceptase mi compañía.
- No seas malo conmigo, Bruck -Me respondió ella, con voz sexy otra vez- ¿Acaso no sabes que esta es una pandemia en la cual no se puede salir mucho de casa?
Luego agregó:
- ¿Por qué crees que te pido estos videitos? ¿Acaso piensas que ya no te deseo, mi perrito delicioso?
No estaba dispuesto a caer en sus garras tan fácilmente. Estaba harto de que me tuviese como juguete.
- ¡Carok suele decirme que te la pasas en el bar clandestino sanitario, justo en esos momentos en que YO NO PUEDO IR! Encuentro insolitas tus declaraciones al respecto, que quieres que te diga.
Ir ganándole un debate a mi feminista millonaria era una de las máximas satisfacciones intelectuales que podía llegar a aspirar en la vida y sentía que estaba en lo correcto con cada una de las palabras que decía:
- No quiero que hablemos de esto por ahora -Me respondió, como siempre evadiendo mis reproches-. Yo solo quería saber cómo te fue hoy. Solo te llamaba para saber eso, porque es en serio que estoy en plan de trabajo.
- ¿Como me fue con qué?
- Con Hugan, por supuesto. Le mostré unos vídeos tuyos y quedó fascinado y me rogó demasiado para que le diera tu contacto. Dijo que estaba dispuesto a pagarte una muy buena cantidad si permitias que el te la chupara. ¿Como se portó contigo ese cabron?
- La verdad es que todo eso da igual. Con la cantidad que me depositó voy a poder abandonar este trabajo de mierda definitivamente una vez terminada esta misión. No me gustaron mucho las condiciones pero no hay mucho por hacer.
- No seas mal agradecido, Bruck. ¿Acaso no recuerdas cómo vivías cuando te conocí? Pensé que el trauma ese se te había quitado. Además de que no me parece justo que no quieras hacer bien tú trabajo, considerando que fui yo quien te recomendé y a un precio que es definitivamente premium ¿Acaso crees que todos los de tu especie ganan lo mismo que tú?
Por supuesto que recordaba las instancias en las cuales la conocí; Durante aquellos años me dedicaba a la prostitución homosexual y gracias a mi feminista millonaria logré retirarme de ese ambiente, una vez que me oyó discutiendo con una ex novia que no aceptaba mi trabajo. Ella continuó:
- Yo solo quiero que triunfes en esta misión, Bruck. ¿Sabías que Edka es la esposa de Hugan y que ya no necesita estar casado con ella para hacer lo que quiere hacer?
- No, no lo sabía -Dije burlescamente-. El problema es que nunca ha sido mi estilo eso de seducir en la primera noche. La verdad es que me apesta hacer eso porque me gusta hacer las cosas más inteligentemente. No sé si se entienda.
- Da lo mismo si se entienda o no se entienda. Tienes que tener claro que tú solo eres un perro que recibe ordenes.
Tras suspirar agregó:
- No sabes cuánto ansío este maldito divorcio.
Ahí casi rompí en cólera.
- ¿Por eso es que me van a pagar tanto? -Pregunté, casi llorando de la rabia- ¿Es por eso que quieres que triunfe en esta misión? ¿Me estás utilizando para casarte con él e indemnizarme en el caso de que te ayude a conseguirlo?
- Calmate, Bruck -Dijo-. Pudiste haber hecho algo para interrumpir esa ambición de matrimonio no aceptando la misión pero no se te ocurrió pensar en eso -Me respondió ella, tranquilamente- ¿No te parece? Ahí se nota que te importa más el dinero que otra cosa. Ya no te creo nada de tus palabras de amor, Bruck. Tus intereses todos giran en torno al dinero.
- ¡Que estupideces dices, maldita zorra! -Grité - ¡Yo antes de hablar con él no tenía idea de que querías casarte con él y eso tú lo sabes!
- Debiste haberlo intuido, perro maldito -Siguió ella en su ritmo asquerosamente calmado que estaba adoptando para hablarme- Deberías saber que Hugan es el hombre más millonario de la ciudad y que cualquier chica querría casarse con él. Ya que tu vida gira en torno al cochino dinero deberías saberlo.
- Giran en torno al dinero porque quiero casarme contigo. ¿Tanto te cuesta entender eso?
- Tu eres mi perro y yo soy tu zorra, Bruck, que no se te olvide. Que yo sepa aún no cumples ninguna de las otras condiciones que te pedí como para que tengas derecho a pedir mi mano.
- Estoy ahorrando muchos millones. Si sigo en este trabajo asqueroso es por ti y eso también lo sabes.
- ¿De qué te sirve estar ahorrando muchos millones si no has hecho nada respecto a lo OTRO que te pedí que hicieras para demostrarme que eres el mejor en lo que haces? Tu sabes que mi máximo deseo es que te retires a lo grande, aunque la verdad es que por mi no permitiría nunca que te retiraras porque de verdad yo amo tu trabajo. Solo por eso no me quiero casar contigo, Bruck, por eso te pedí algo tan imposible. Yo simplemente no quiero que lo consigas, porque si yo acepto te tendrías que retirar del juego, no se si se entiende.
Siempre que llegábamos hasta ese punto de la conversación terminábamos discutiendo progresivamente con mi feminista millonaria hasta que llegaba aquel traumático desenlace inevitable, ya que ella o yo terminabamos cortando la llamada muy enojados y disconformes con nuestras respectivas formas de ser.
- ¿Te refieres a tu hermana esa que es la gobernadora de esta ciudad?- Pregunté, lo más tranquilo que pude.
- Preferiría que te refirieras a ella como mi hermana lesbiana. Mi hermana lesbiana, que no se te olvide. Esa sería nuestra consagración y ahí sí que feliz me caso contigo y donamos toda mi fortuna a la causa, tal cual como te lo prometí. La idea es vivir de la tuya, pero que yo sepa no has estado ni cerca de llevartela a la cama. Si logras llevartela a la cama si o si me caso contigo. No tienes tantos millones como yo quisiera, pero algo podría hacer para ayudarte a incrementar esos números.
- ¿Por qué querrías que me lleve a la cama a tu hermana lesbiana?
- Por muchas cosas que al menos a tí no deberían interesarte. Por ahora conformate con saber que ese debiese ser tu máximo desafío antes de pensar en casarte conmigo.
Siempre me sorprendía esa calma con la cual hablaba. Nunca sabía si lo hacía en serio o simplemente era que se estaba burlando de mí.
- ¿Que me lleve a la cama a tu hermana? Nadie me la ha presentado ¿Como quieres que la conozca si ni siquiera he tenido la oportunidad de verla en persona? No creo que sea buena idea ir a pararme afuera de la gobernación.
-!Ni siquiera te has esforzado en conocerla, maldito! ¡Quieres que una haga todo el trabajo! La idea es que lo logres sin mi ayuda, cabrón.
- No tengo idea cuáles son los lugares que podría frecuentar en tiempos de pandemia y sabes perfectamente que si me he esforzado en conocerla porque me he paseado por todos los putos lugares de la alta sociedad en esta maldita ciudad.
- Ya que tu vida gira en torno al sucio y cochino dinero a estas alturas deberías ya conocerla y saber más o menos bien en que ambientes frecuentas. Al parecer no lo sabes y eso significa que aún no estás preparado.
- ¿Preparado para qué?
- Preparado para triunfar pues, Bruck. Yo pensé que estabas algo más aventajado en el arte de lo que es acceder a nuestros círculos sociales. Por si fuera poco tienes nulas capacidades para seducir lesbianas, por lo que para la misión esa no tienes ninguna posibilidad. Eres un pobre diablo, Bruck, acéptalo. Jamás vas a poder conseguir mi mano porque solo eres un perro que está diseñado para recibir órdenes.
Pese a todos mis esfuerzos no podía hacer mucho. Me sentía cada vez más miserable e indigno y hasta ahí habían llegado mis ambiciones de vencerla, tanto en el debate que rato atrás teníamos como con mis aspiraciones de renunciar a ella.
Simplemente no me atrevía.
- En fin -Dije, intentando cambiar el tema-. ¿Te dijo algo ese Hugan respecto a mí?
- Por supuesto que sí. Me llamó inmediatamente una vez que llegaron a acuerdo. Dijo que te tenía muchísima fe y me prometió que si conseguía ese divorcio gracias a tu buena acción podría llegar a casarse conmigo casi instantáneamente.
Por cada segundo que pasaba el presente se iba volviendo más y más deprimente. Simplemente ya no daba más.
- Le tengo que cortar, amor mío -Dije, otra vez casi llorando y dispuesto a arrancarme antes de terminar peleando con ella.. l.
- ¿Vas a prepararte para la misión con Evka? -Me preguntó, muy tiernamente- Te dejé algo de ayuda antes, los libros de Evka estan en tu biblioteca. Los dejé por ahí aquella vez que se me ocurrió plantearle esto a Hugan para que se pudiese liberar de manera legal de esa chica. Son las portadas rosas.
- Ya no se si quiera hacerlo. En fin. Supongo que es mi último trabajo.
Hubo un silencio que atribuí a algo feo.
- ¿Y qué es lo que puedo hacer yo para que no sea tu último trabajo? -Me preguntó, con voz sexy nuevamente.
- No se si quiero que hagas algo.
- ¿Por qué tienes que ser así, maldito perro? ¿Acaso no te conformas con ser mi amante favorito de aquí a la eternidad?
- Yo me quiero casar contigo.
- Yo quiero un perro, no un dueño.
- Yo quiero dejar de trabajar en esto. ¡Sabes que odio este trabajo!
- Entonces no hay nada más que hablar.
Acto seguido mi feminista millonaria me colgó.
No esperaba para nada aquello y casi perdí el control de mi mismo.
Volví a llamar casi al instante y de una forma bastante dramática y desesperada, puesto que fue lo primero que se le ocurrió a mi pobre e indigno instinto.
Cada segundo que no me contestaba me sentía cada vez más enfermo y tras una espera interminable al fin lo hizo.
- ¿Que es lo que quieres, perro? Pensé que hasta aquí llegábamos.
- Queria decirte que lo siento mucho -Dije, intentando controlarme.
Hubo un corto silencio que se me hizo eterno.
- Demuestrame que lo sientes mucho-Me dijo, poniendo otra vez voz sexy.
Al fin sentí algo de alivio y dije lo primero que se me vino a la mente:
- Logré acabar para el inmundo de Hugan pensando en ti, mirándote a ti. ¡Menos mal que no se dio cuenta que te estaba mirando a tí con el otro celular!
Oí el ruido de una taza que se cayó al suelo al otro lado de la comunicación.
- ¿Que pasó? -Pregunté.
Mi fragilidad mental estaba siendo absolutamente coherente con los asuntos que NO quería que ocurrieran en mi vida.
- ¡Excediste todos los límites, perro maldito! - Me gritó mi feminista millonaria, de la nada.
- ¿Pero qué pasa? -Pregunté- ¿Por qué me gritas?
- ¿Como se te ocurre decirme esas cosas así de sucias? Era para que TÚ la disfrutaras, maldito imbécil, no era para TÚ trabajo ¡Ahora soy yo quien no quiere saber nada más de tí!
Mi feminista millonaria volvió a colgar y ahí sí que me fui al abismo, puesto que durante el último tiempo solía mandarme a cazar mariposas muy a menudo y eso eran síntomas de que ya se estaba cansando de mi.
No me atreví a insistirle.
Por culpa de nuestras discusiones me estaba volviendo cada vez más adicto a las píldoras rojas y a llorar en silencio y en soledad, pensando en que ella era el único motivo por el cual yo sufría por llegar a ser millonario.
En eso sonó mi teléfono y me incorporé violentamente. Era Hugan.
- ¡Miserable Gigoló! - Me dijo, tras soltar una violenta carcajada- Afuera de mi edificio hay un par de mis hombres esperándote por si es que has decidido fallar.
No podía. Simplemente no podía.
- Soy un perro fiel que está a sus órdenes, Mister Hugan- Respondí, con un nudo en la garganta que contradecía enormemente mis ganas de no sentirme cosificado.
- Así me gusta, Bruck. Tu feminista millonaria me dijo que podía confiar en ti. En un par de horas te quiero en el bar clandestino sanitario. Supongo que sabes por qué todas nuestras operaciones se ejecutan allá.
- Supongo que sé.
- Muy bien, miserable gigoló. Ahora tienes que tratar de dormir un rato. Tus ojeras apestan, ¿Lo sabías?
Luego Hugan colgó y me fui casi corriendo a la cama y apagué las luces y todo con el fin de decidir que hacer con mi vida de ahí en adelante.
Solo estaba seguro de las decisiones que NO me atrevía a tomar.