La ayuda de cámara que tenía dispuesta siempre para ella la señorita Giulia De Verna, se alistó en su habitación del servicio para salir a trabajar un día más, colocando muy bien su moño perfecto, al tiempo alisando su uniforme de hacía años, el cual consistía en un vestido blanco largo con un chaleco negro y un broche distintivo de las demás doncellas de la casona.
Debía estar en un orden ideal para que nadie pudiera llamarle la atención por mucho que quisiera, y de eso se encargaba desde que tenía uso de razón. Su madre también fue servicio, una dama ejemplar como ella sola, así que seguir sus pasos no era tarea pesada.
La chica de cabellos azabaches caminó desde el área del servicio en el sótano de la gran casa hasta las escaleras que conducían a las habitaciones de los señores, en especial la suya, quien de seguro dormía todavía, así que era su deber ir a despertarla para alistarla y que supiera sus actividades ese día.
Al ser una chica de diecisiete años, próxima a cumplir la mayoría de edad, y pronta a graduarse de la secundaria, tenía que acudir todavía a clases en la escuela privada Edimburgo, la cual solo daba calidad, en vez de cantidad a sus alumnos, quienes aplicaban solo si tenían un mínimo de conocimientos adquiridos, los cuales solo eran capaces de saberse habiendo cursado en escuelas igual de costosas con menor edad, así que todos sabían que esa vida no era para cualquiera.
Pasó saludando a una de sus amigas del servicio, ya que ella atendía al padre y señor de la casa, mientras que las demás se ocupaban de sus propios asuntos. La señora no estaba, ya que se encontraba en un retiro espiritual junto a su coach motivacional y de artes marciales, el cual insistió en hacer un viaje de ese estilo para lograr desestresar a todo el que acudiera. Aunque quiso convencer a todos de ir, lo cierto fue que nadie la escuchó, pues todo lo que hablaba parecían ser barbaridades, de modo que preferían hacer oídos sordos ante su presencia parlanchina.
Las chicas del servicio solo podían reír por lo bajo y dar sus propias opiniones cuando estaban a solas en el área de cocina o en sus alcobas, pero jamás admitirían ante ningún superior que eso ocurría. Si tan solo la señora Eisenberg, quien era el ama de llaves, supiera lo que hablaban, les daría un sermón de cinco horas, exigiéndole a todos cumplir mayor trabajo forzado.
La chica en cuestión sonrió para sí misma antes de entrar a la habitación de bonitas puertas francesas que tenía la señorita Giulia.
Una vez estuvo dentro, cerró la puerta tras de sí, yendo directo a abrir las grandes cortinas de la habitación con aires de antaño, pero decoración innovadora. Cuando la luz entró por los grandes ventanales, esta pegó en el rostro de la adolescente que estaba a su cargo.
Giulia tenía un largo y saludable cabello color castaño brillante, el cual era muy sedoso y abundante. Se veía como un ángel durmiendo.
"Si tan solo fuera así cuando está despierta" pensó el servicio, haciendo una mueca al recordar el carácter mimado de su ama.
Pasados unos segundos, la castaña seguía durmiendo como si nada, de modo que le tocó despertarla a la fuerza. Tocó su hombro varias veces, pero su sueño era tan pesado que parecía que ni siquiera una bola de demolición en su oído podía despertarla, así que de nuevo la zarandeó, esta vez más fuerte, siendo que ella apenas y logró salir de su sueño.
Lo primero que hizo su rostro delicado y hermoso fue contraerse, frunciendo el ceño, dañando cualquier belleza que pudiera tener al ser parte de esa familia de procedencia italiana.
Apenas sus orbes oliva se abrieron y la observaron, se quejó como una niña pequeña, volviendo a dormir en una posición que encontró cómoda.
La chica del servicio rodó los ojos y volvió a intentarlo, esta vez con mucho más énfasis.
-Vamos, señorita, se le hará tarde- habló ella, insistiendo -Tiene que bajar a desayunar, ya sabe que su padre se pondrá furioso si no lo hace a tiempo-.
-¿Tarde para qué? ¡Ya déjame dormir!- exigió la más joven desde su cama, siendo que su voz sonó apagada por estar pegado su rostro a la almohada con funda de seda -Mi papá puede comer sin ayuda, todavía no es un fósil-.
-¡Pero llegará tarde al instituto!- dijo la mujer, sin saber qué más hacer para convencerla.
Entonces, pareció haber tocado una tecla invisible, ya que de un momento a otro, la chica sentó en su cama y la miró, aún un poco dormida.
-Bien, ya estoy despierta ¿Dónde está el uniforme?- quiso saber ella, casi de buena manera, pero no dejaba de tener ese tono de superioridad típico de cualquier hija mimada.
Se levantó de allí en su bata larga de lino color azul Francia, la cual tenía un bonito encaje en tono ceniza.
El servicio le señaló el perchero rodante que llevó la noche anterior a su habitación, donde colgaba el uniforme perfectamente planchado.
Giulia asintió y se dirigió al baño para asearse, así que cuando salió se veía aún más radiante.
La señorita pasó a sentarse en la peinadora para que la mujer le hiciera el arreglo del cabello mientras ella trabajaba en su maquillaje.
Una vez que la peinó, ella también terminó su maquillaje, bastante sencillo, ya que no necesitaba mucho. Sus cejas eran prominentes y gruesas, mientras que su perfil era delicado y unos labios con un bonito arco de cupido le hacían la suficiente justicia para llamar la atención de cualquiera.
Pasó a vestirse luego de esto, siendo que el uniforme constaba de una falda color azul marino con detalles en rojo intenso y una camisa blanca manga larga. Tenían también un corbatín color rojo y azul a rayas las mujeres en forma de lazo, y unas medias negras que llegaban casi a la rodilla. Los varones de esa escuela tenían corbatas con la misma combinación.
Los zapatos no eran cosa del otro mundo, ella prefería mocasines oscuros, los que siempre debían estar pulidos y bien cuidados, ya que el cuero siempre fue una tela delicada y muy complicada de cuidar para mantener en buen estado.
Al estar lista, lo primero que hizo fue tomar su bolso, el que ya debía tener todo lo que ella usaba en un día común, hasta eso le ordenaba la chica que la atendía, de la cual no recordaba ni el nombre, pero era buena en lo que hacía.
Se miró en el espejo antes de salir, y este le devolvió un reflejo de chica alta y esbelta con un tono besado por el sol en la piel, cosa que la hacía sentir superior a los demás, pues el uniforme le quedaba como si fuera un maniquí, cualquiera se derretiría por ella.
"Cualquiera, menos Boris" pensó para sí misma, sin embargo, disipó este pensamiento y bajó las escaleras de la mansión, las cuales tenían un bonito color marfil combinado con madera oscura pero brillante, viéndose elegante y muy impecable.
Al llegar al gran comedor para doce, se sentó en el que solía ser su lugar casi siempre, colocando su bolso en una silla a su lado.
Su padre ya se encontraba ahí leyendo el periódico, el cual bajó de su rostro y le miró con expresión seria.
-Hemos estado esperando por ti casi veinte minutos, eso es inaceptable- exclamó el hombre, dejando ver una vena en su frente muy salida, mientras señalaba a sus cinco hermanos y su propio reloj de muñeca.
Pequeño detalle, tenía tres hermanos y dos hermanas, quienes hacían caso en todo al ogro de su padre.
-Lo que es inaceptable es que no me dejen dormir hasta tarde, las escuelas deberían funcionar de noche- comentó ella, sin ningún pudor, mientras veía cómo una chica pelinegra le servía el desayuno.
Ante su comentario, todos parecieron negar con la cabeza, en desacuerdo con ella, no porque no la comprendieran, sino porque siempre era lo mismo, y si llegaban tarde a clase era por su culpa.
Leyla la miró con reproche cruzada de brazos, mientras que Herminia se hallaba en su celular sin prestarle la más mínima atención, solo a postear su vida en las redes sociales e interactuar con sus seguidores.
En el caso de los chicos, quienes eran todos mayores que las chicas, conversaban entre sí sobre videojuegos y algunos temas actuales, al tiempo que repetían de ración en comida, siendo casi un desastre a la hora de comer, pero no dejaban mucho desorden debido a lo que les esperaba si hacían quedar mal a su progenitor, siempre tan perfeccionista.
Dos de ellos eran muy relajados, mientras que el mayor de todos, quien iba la universidad era todo lo contrario, así que miraba su reloj constantemente, irritando a todos, incluyendo al cabecilla de la familia, quien sentía la presión sobre sus hombros de hacer todo de la forma correcta.
Giulia comenzó a degustar su desayuno, el cual constaba de dos tostadas francesas con canela y miel esparcidas por encima, un smoothie de moras, bananas y proteína en polvo, sumándole un vaso de agua, nada de eso podía faltar en su primera comida del día.
Luego siempre tenía la costumbre de tomar una manzana o un durazno para comerlo de camino al instituto. No comía nada allí, ni siquiera en el desayuno, ya que no le gustaba verse vulnerable ante otras personas de su edad. En especial frente a Boris.
Cuando terminaron todos de comer, habían pasado alrededor de quince minutos, por eso, todos iban tarde. No les gustaba la idea, pero era eso o dejar de ir al instituto y universidad, respectivamente.
Cada quien miraba de reojo a su hermana, a excepción del conductor, quien le sonrió por el espejo, como siempre, a modo de saludo. Se trataba de una van grande en la cual cabían todos, incluyendo al padre, y aunque todos tenían distintos compromisos, les gustaba mantener la tradición de ir juntos a la mayoría de los lugares.
El trayecto no era demasiado largo hasta el instituto, pero era desesperante cuando iban tarde, sobre todo para los hermanos mayores y el padre, quienes ya comenzaban a perder la paciencia, solo que todos los días era lo mismo.
Esa mañana llegaron cinco minutos antes del toque de queda para los estudiantes, por eso tuvieron que apurar el paso para no entrar retardados a los salones de clase.
Giulia solo estaba interesada en una cosa, y esa era ver al perfecto de Boris caminar por la entrada justo un minuto antes de que tocaran el moderno timbre, luciendo como modelo de revista.
Boris Falckov era un chico de cabellos estrictamente lisos y rubios, siendo que sus ojos tenían un tono miel hermoso, eso acompaño de un físico de muerte lenta, le daba el plus que le faltaba. Se notaba que se ejercitaba, pero no demasiado, lo que dejaba ver su cuerpo atlético sin exceso de músculos, era más bien menudo, con una altura bastante aceptable.
El uniforme le quedaba a la medida, por eso quizá tenía un aire estético más allá de lo usual, de lo que cualquiera vería en un chico de secundaria.
Él no era muy hablador, pero su tono de voz era profundo, con ligeras notas agudas y agradables al oído, así que dejaba a quien fuera con el habla a medias, como si solo existiera él en el universo y los demás le sirvieran de súbditos y admiradores.
A pesar de ser un chico del que todo el mundo hablaba, no tenía muchos amigos, en realidad, solo se la pasaba con un compañero de clases, con él hacía todo lo respectivo a las tareas, pero jamás mezclaba siquiera un poco de su vida personal con este.
El aura de misterio que le rodeaba era enorme, y por eso un montón de chicas caían a sus pies, sin embargo, no prestaba atención más allá de la necesaria cuando se trataba de hormonas, era un chico serio.
Las pocas palabras que emitía solo eran oraciones necesarias, ya que parecía que no le agradaba malgastar energía en decir lo que sentía.
Esa era la apreciación de la señorita Giulia, quien además de admirarlo, también quedaba anonadada con sus maravillosos modales y maneras de dirigirse a los demás.
La castaña tomó asiento en las bancas de las afueras de la construcción, así que de ahí podía ver a lujo de detalles cuando llegaba el chico, sin ningún compañero, pues él brillaba con luz propia, al menos para sus pupilas.
La mayoría de los otros chicos siempre iban en grupo, pero a él le agradaba ir solo, como si lo que pudieran pensar sobre su persona no contara. Por si fuera poco, los maestros lo adoraban, y casi en cada clase era un modelo perfecto de estudiante, así que no había manera en el mundo de competir contra él.
Una vez que entraron todos y la campana sonó, cada quien se dirigió a su aula con rapidez, como si se tratara de un encanto que se rompe apenas hay un poco de realismo.
En el caso de Giulia, tenía clase de biología, una materia que no odiaba, pero tampoco era su fuerte, solo estaba ahí de relleno en su malla curricular de último año. Agradecía en el alma que ese fuera el periodo que daría por fruto su título para ingresar luego a la universidad.
No estaba para nada convencida de lo que le decía su padre, que era dedicarse a la administración de empresas, no porque ella se pudiera encargar en tal caso del negocio familiar cuando se asentara como adulta, sino porque este sabía que en ella no habían muchas más aspiraciones que ser modelo para alguna marca reconocida, y ese era un grave error, irse por la tangente cuando tenía algo a lo que dedicarse profesionalmente en el ámbito de los negocios, aunque fuera una pequeña parte de estos.
Tendría que compartir con sus hermanos el dominio de una empresa tan grande como lo era De Verna's Company, un lugar especializado en comercio exterior y transporte de carga internacional.
Sabía que su padre trabajaba duro para que ellos pudieran vivir bien, pero esa no era su pasión, y no tenía idea de cómo hacérselo saber sin herirlo aún más, ya que de por sí era una decepción.
No era la primera vez que le decían que no tenía la suficiente madera para enfrentar al mundo, por eso quería demostrar justo lo contrario, algo difícil para una estudiante de su categoría.
El hilo de sus pensamientos se enredó cuando una de sus compañeras, que se hallaba exponiendo sobre algún tema por orden de la profesora Harrington, le preguntó qué opinaba acerca de ello.
Eso era algo que estaba claramente permitido en clase, el debate entre alumnos, pues ayudaba mucho a aprender de buena manera sobre distintos temas, sin embargo, Giulia miró hacia las láminas que se reflejaban en la pared del aula a oscuras y sintió que no sabía nada en ese momento.
Todas las fuerzas que creyó tener se fueron por el desagüe, y lo peor del caso era que Boris compartía esa clase con ella.
Sentía su presencia en la esquina del aula, mirándola pesadamente, al igual que todos allí, esperando a que dijera algo, pero lo cierto fue que solo balbuceó un par de palabras erradas en torno al título que tenía la diapositiva frente a todos.
Las risas por lo bajo y los comentarios negativos hacia ella no se hicieron esperar. Sus mejillas se calentaron más de la cuenta al caer en la realidad de que seguramente estaba muy mal respecto a la materia, aunque sus calificaciones no estuvieran en un punto terrible.
Tragó saliva y volvió a sentarse, sin saber qué más hacer.
La profesora calmó a los alumnos, y le instó a estudiar un poco más duro, ya que los exámenes de admisión a las universidades estaban a la vuelta de la esquina.
Ella no estaba muy segura de cómo podría decirle a sus padres que quería estudiar diseño de modas, sin que se la viera mal por eso.
Tras culminar la clase, pasó pesadamente por el marco de la puerta que separaba el aula del pasillo.
Tyna, su mejor amiga, la miró con aire de desaprobación, acompañándola a la siguiente clase, mientras la guiaba por el camino, ya que la chica se hallaba un tanto indispuesta luego de haber metido la pata hasta el fondo frente a su crush.
-Mira, sé que ha de ser muy feo y todo, pero ¿Quién te manda a no estudiar? Te dije que repasaras el capítulo de ayer, pero una vez más, no me haces caso- dijo la morena de rizos brillantes y sedosos.
-Lo siento, Tyna, de verdad, pero no sabes lo difícil que es concentrarme en los libros mientras solo puedo pensar en él, es un castigo del universo, estoy segura-.
-El único castigo del universo que vas a encontrar si no estudias, es el de no pasar la prueba de admisión que tus padres quieren que presentes el mes próximo- contraatacó la ajena.
-Lo sé, estoy acabada...- exclamó dramáticamente la de apellido De Verna.
-Vamos, no digas esas cosas, que ya hasta me empiezas a contagiar de tus malas vibras- se quejó la mejor amiga.
-Sabes que es verdad, aunque me esfuerce, siempre hay algo que no logro comprender, y hace que todo lo demás se arruine... Solo un milagro podrá hacer que pase esa prueba, cuando en realidad ese no es el futuro que quiero para mí- dijo la castaña.
-Giulia, la única manera de cambiar tu vida es hacerle frente a tus padres... Sé que es difícil, pero ellos no tienen idea de que tienes una motivación, sino que piensan que nada te importa más que tu figura- comentó con razón la chica de ojos oscuros y brillantes.
-En parte es importante mi figura, pero es algo que ninguno en mi familia podría comprender, me detestan-.
-Lo sé, pero ¿Quién puede culparlos? Los haces llegar tarde todos los días- expresó Tyna, soltando una carcajada sonora.
Giulia la miró mal y continuó ella sola su camino hasta la siguiente clase, la cual por suerte no compartía con Boris, ya que no soportaría verlo a la cara luego de quedar en ridículo frente a todos.
Ahora el aula cambiaba a una menos seria, pero igual de vital, la que se encargaba de ayudarlos con su proyecto de graduación. Ella quería hacer una tesis sobre los estudiantes becados y sus diferentes puntos de vista en cuanto a la vida.
Eran una minoría que merecía atención, ya que lo que hacían era increíble para mantener sus promedios.
Allí, en ese espacio, pudo sentirse un poco más cómoda en su propia piel.
El profesor les pidió hacer una entrevista a varias personas importantes para su proyecto, de modo que serían los protagonistas principales de este, de donde se sostendría.
La castaña estaba nerviosa, pues jamás había llevado a cabo algo como eso, pero a la vez se hallaba emocionada. Tendría que ir hasta la dirección para conseguir la lista de los alumnos con apoyo económico, y así poder elegir entre ellos, ya que era información confidencial, solo para conocimiento de los profesores y directivos, cosa que evitaba los roces entre los estudiantes.
Copió con mucha diligencia hasta el más mínimo detalle que pedían para un buen desarrollo de tesis, ya que no podía permitirse ser otra cosa que excepcional en su trabajo de grado.
Miró hacia su mejor amiga, quien se hallaba a unos puestos más allá, junto a una chica transgénero, debido a que su proyecto trataba sobre la inclusión en la institución.
Pidió entonces el permiso del profesor para ir hasta la oficina directiva, cosa que le fue concedida de inmediato.
Una vez que llegó allí, pidió acceso a los archivos de los estudiantes becados, elegiría uno de primer año y otro a punto de graduarse.
Al pasar junto con el encargado hasta el cuarto con las carpetas de cada alumno, este le señaló el único cajón en donde se hallaban los documentos de quienes tenían beneficios.
Ella eligió a una chica de cabellos rojos muy bonitos que se encontraba en primer año, pero al pasar a la lista de carpetas de los de último año, se encontró con un apellido bastante conocido para sí.
Se trataba nada más y nada menos que el de la familia Falckov.
Giulia no dejaba de pensar en lo que había visto aquel día en los archivos del instituto.
¿Cómo era posible que uno de los estudiantes mejor vistos dentro de las instalaciones estuviera becado?
Descartaba todaprobabilidad de que fuera debido solo a su promedio, ya que su desenvolvimiento no era tampoco el de un genio o de los típicos nerds del salón. Siempre estaba muy tranquilo, esa no era la actitud de un chico en términos económicos precarios.
Su crush, la única persona que le había gustado en la vida con esa intensidad era una persona de bajos recursos. Eso sonaba tan imposible como que los cerdos volaran, así que tendría que descubrir el misterio detrás de ese curioso hallazgo.
Entonces ¿Incluso el uniforme que le quedaba a la medida era una mentira por completo?
Tomó un sorbo de su chocolate frío mientras cenaba en compañía de la pequeña cocker spaniel que tenía su familia, la cual era una perrita de un color miel muy hermoso, siempre bien cuidada y en perfectas condiciones.
Era muy bien portada, por supuesto, siempre dispuesta a ofrecer cariño y afecto. Durante las noches en las que se sentía solitaria, lo único que le daba confort era saber que en casa le esperaba una compañera tan fiel.
Tanto su padre como su madre estaban fuera de casa en una fiesta de cumpleaños a la cual fueron invitados, y era muy irrespetuoso no asistir, de modo que no tenían otra opción más que hacerlo y parecer la pareja perfecta, siempre tan correctos que daba la impresión de que no cometían ningún error jamás.
Giulia quería escapar a como diera lugar de esa burbuja tan horrible, pero lo cierto era que las posibilidades que le llevarían a algo así eran muy remotas. Veía tan lejos el día en el cual pudiera tener un poco de paz mental, y además su independencia como siempre la soñó.
Su padre nunca le daría alas para ser autosuficiente, pero ella intentaría por todos los medios serlo, o eso creía, pero recordaba siempre los consejos de su mejor amiga rondarle la cabeza, quien le decía que si no reaccionaba, poco podría conseguir de la vida, así fuera convencer a sus propios padres.
Le costaba admitir que era probable que tuviera razón, sin embargo, su mente siempre le jugaba malas pasadas, haciéndole ver lo débil que era, en cuanto a los pensamientos, y a cualquier cosa en general.
Pero aquella noche no podía parar de pensar en Boris, quien había sido el dueño de sus suspiros desde que lo vio por primera vez en alguna clase del colegio.
Habían estudiado gran parte de la secundaria juntos, por lo que no era extraño que la mayoría de los estudiantes los relacionaran con los más populares, y es que cada uno ya tenía de por sí su propio encanto que dejaba a los demás un tanto bobos.
Por supuesto, en el caso de Giulia era la belleza física, ya que más allá de eso, no era más de lo mismo, pero tenía algo que los demás no podían descifrar, era querida, aunque fuera berrinchuda y una niña mimada.
─No puede ser...─ comentó para sí misma, un poco también para su perrita, aunque esta no pudiera responderle de la manera en que le gustaría.
─¿Qué no puede ser?─ preguntó uno de sus hermanos, quien llevaba por nombre Yosua, y era uno de los más bromistas de la familia, relajado y distraído a más no poder, mientras peinaba con sus dedos las hebras de cabello corto y ondulado color castaño hacia atrás, haciendo que el reflejo en ellas se viera impecable.
Giulia rodó los ojos, puesto que sabía que lo que más disfrutaba su hermano era mofarse de sus desgracias, cuando su padre no estaba, claro. Una sonrisa tonta siempre adornaba su rostro, e incluso era así con el personal de limpieza y orden en la casa.
─Nada que te incumba ¿Acaso no tienes nada más que hacer?─ le respondió la de tez avellana, estando harta de que siempre se entrometieran en su vida, y no de buena manera, o eso creía.
Lo cierto fue que el chico solo ladeó su cabeza y la miró con un brillo de malicia en sus ojos.
─Sí, tengo algo mejor que hacer─ comentó el mayor, y hasta ese momento la chica notó su vestimenta de fiesta ─como ir a esa discoteca en la que cierto Falckov es bartender ¿Cuál era su nombre...?─ habló este, haciéndose el inocente.
A Giulia se le iluminó el rostro, pues creyó que se trataba de Boris, y lo cierto era que se moría por saber qué era lo que hacía, necesitaba saber cómo llegar a su vida, porque definitivamente era su objetivo principal para el proyecto, pero también para su pobre corazón.
─¿Puedo ir contigo?─ preguntó ella, ilusionada con la sola idea de ver al amor de su vida, como pensaba que era el chico de ascendencia rusa.
─¡Para nada! No tienes edad para beber, eso sería muy irresponsable de mi parte─ soltó este, con un tono que quiso sonar serio, pero nada en su boca podía sonarlo, ni siquiera una oración al altísimo, y eso era mucho decir.
─¿Al menos me dirás cuál es ese lugar?─ rogó como último recurso la de ojos color oliva, sin saber qué otra cosa hacer, haciendo un pequeño puchero, como niña pequeña.
─No lo creo─ dijo, para guiñarle el ojo y luego salir por fin por la entrada trasera de la gran casa con ventanales hasta el techo, ya que según él, era menos sencillo verlo desde allí, donde solo transitaba el personal de servicio.
Tras él salió Herminia, quien era la mayor de las hermanas, la cual amaba postear su vida en internet, por eso saldría con Yosua, quien era igual de inquieto que ella, pero no hacía de su vida privada un show para que los demás disfrutaran.
Lo que hizo Giulia a continuación fue levantarse del lugar en donde estaba, con prisa de seguir a sus hermanos tras cambiarse rápidamente, pero al escuchar el motor de uno de los Mercedes, decidió darse por vencida, solo hasta que en el suelo algo brilló.
Ella frunció el ceño a más no poder y se agachó, encontrando en pleno suelo de la sala una tarjeta de invitación a un club que parecía ser de alta gama, ya que el cartón era dorado con letras serias que resaltaban en negro, teniendo de logo un búfalo en la misma tonalidad.
Las letras ponían con claridad "Nostro Bar & Restaurant" y más abajo "Golden Pass".
La chica recobró el color en sus labios antes un poco pálidos por la rabia de sentirse siempre menor, pero para ella no existían imposibles cuando se trataba del becado ¿Debería su mente llamarlo así? Algo en eso no se sentía bien.
Se encogió de hombros y de inmediato llamó a su mejor amiga.
─Tyna, esto es un código rojo, pero en tono pasión─ comentó ella, estando extasiada, sin poder creer que a su hermano pudo habérsele resbalado aquello mientras se mofaba de su nula capacidad para ligar.
─A ver ¿Qué es eso tan importante que ocurre un tranquilo jueves por la noche?─ quiso saber la de piel oscura y rizos de infarto, los cuales tenía recogidos con un pañuelo de seda y varios rollos cual señora del siglo pasado.
─Sucede que encontré una pista gigante sobre lo que hace Boris cuando no está en el instituto ¿No es eso genial? ¡Es bartender, y además a mi tonto hermano Yosua se le cayó una tarjeta del club el cual no quiso decirme dónde quedaba, pero voy a ir y quisiera que tú m-...─ no terminó la frase porque fue interrumpida por la mejor amiga.
─Giulia, sabes que mañana hay clases ¿Acaso quieres que te suspendan? Para ya con estas ideas locas... Lo que te interesa justo ahora es estudiar─ habló la voz de la razón, y aunque la de cabellos castaños lo sabía, tenía algo en su corazón que le impedía decir que no a aquellos impulsos de idiotez.
─Vamos, yo invito... Será divertido. Además ¿Me dejarías ir sola a un club nocturno...?─ suplicó la de melena larga y piernas de infarto, de nuevo usando la artillería pesada como lo era actuar infantil.
La línea se quedó en silencio por un tiempo estimado de un minuto, en el cual Giulia cada vez se ponía más ansiosa, estando desesperada por completo para cuando su mejor amiga se dignó a contestarle.
─Sabes que no puedo hacer eso así quisiera...─ comentó ella, derrotada una vez más por el poder de convencimiento que tenía la de ascendencia italiana ─Pero ¿Estás segura de que vale tu tiempo ir hasta allá? ¿Y si no está qué harás?─preguntó la chica, hablando lo más en serio que se puede en la vida.
─Ya verás que sí va a estar, esto no es una coincidencia, lo sé─ comentó llena de alegría por tener acompañante de aventura en una más.
─Bien, pasaré por ti en veinte... No puedo creer las cosas que me obligas a hacer, cabezota─ le dijo, y entonces cortó la comunicación.
Giulia sonrió hacia su reflejo en el espejo y corrió a buscar ropa, ya que le encantaba elegir cómo combinar las prendas, e incluso si no lo hacían era perfecto mientras mantuviera un buen estilo, o una buena manera de presentarse, nada mejor que la ropa.
Escogió un vestido de varios colores con un diseño minimalista, por ende, los colores que se utilizaron fueron pocos, pero de manera que pudieran realzar su figura y hacer que maravillosamente se viera como la mejor chica de toda la fiesta, cosa que quería lograr con solo una mirada, por lo que el makeup debía lucir increíble, así que buscó muchos modelos por unos minutos hasta encontrar uno con delineador rojo, así que lo usó para los ojos mezclado con un fucsia estridente, siendo una combinación interesante.
La mayoría de las personas dirían que se veía como una diva, pero eso no fue lo que los ojos de Boris vieron esa noche, ya que al estar tan atareado con la barra en el club nocturno, no fue capaz de apreciarla ni darle siquiera una mirada concentrada con fingido interés.
Cuando Tyna pasó por ella, ambas supieron que esa noche algo pasaría, pero no lo pudieron terminar de procesar para cuando todo comenzó a avanzar muy rápido, dejándolas sin poder siquiera negarse a todo lo que se les venía encima.
Lo único que pudo recordar Giulia de esa noche fue a una voz gritándole obscenidades mientras el tiempo se desvanecía a su alrededor hasta oscurecerse por completo.
Giulia no podía creer lo que estaba a punto de hacer, mucho menos Tyna, su mejor amiga, quien comenzaba a hartarse de los planes descabellados de la castaña, y aunque quisiera apoyarla en su posible amorío con Boris, quizá eso iba mucho más allá de cualquier violación a la privacidad.
Se cambió más de tres veces, sin lograr decidirse por un solo outfit que le ayudara a lucir increíble, aunque la mayoría de las veces lo hiciera, ya que su belleza era casi etérea.
Al final se quedó con la idea de un vestido largo y pegado algo escotado, este tenía un diseño un tanto noventero, pero le encantaba, por eso colocó en sus pies unos tacones bajos aguja que quedaban muy bien con el look.
Tomó un pequeño bolso blanco que combinaba con los zapatos y así fue que salió por el mismo lugar que sus hermanos, pero esta vez allí se encontraba la ama de llaves, quien la miró de arriba a abajo con cierto aire de confusión.
─¿Qué hace aquí, señorita? Ya es muy tarde, y sabe que sus padres no le han dado el permiso de salir a ningún lugar─ comentó la mujer, sinceramente preocupada.
─Vamos, Noelle... ¿No puedes dejarme siquiera esta vez?─ suplicó la chica, y es que a pesar de ser la dueña en parte de la propiedad, las reglas que ponía su padre debían cumplirse al pie de la letra en ese lugar.
─Mi nombre es Nadia, señorita... Además, sabe bien que me gustaría dejarla, pero esta vez su padre me ha pedido que mantenga especial atención en su comportamiento, está a prueba desde ya hasta que entre en la universidad...─ comentó la mujer, con las cejas alzadas, como si supiera que le estaba hablando a una pared cuando se trataba de Giulia.
─No es justo, me tienen encerrada en estas cuatro paredes mientras las demás chicas salen y se divierten, incluso mis hermanos ¡Y lo sabes!─ comentó con tristeza la de tez avellana.
─Y usted sabe que ellos son mayores, así que no me ponga en esta situación, se lo pido, ya es bastante difícil todo en esta casa como para sumarle otro peso más... ¿Qué podría hacer en caso tal de que le ocurra algo malo? Me matarían, y al personal entero si se enteran de que la dejé salir de noche...─ habló la mayor, defendiéndose de todo lo que le decía la de apellido De Verna.
En ese momento, se escuchó el claxon de un auto en el portón de la residencia, el cual fue abierto con rapidez, y entonces en un auto color vino tinto descapotable llegó su mejor amiga, quien se hallaba vestida para impactar a cualquier persona en la tierra con solo una mirada.
Estacionó en el parking destinado para tales fines y comenzó a caminar hasta la parte de atrás de la casa, sabiendo el camino que tomaría la castaña.
Una vez que sus tacones de plataforma avisaron que había llegado, Giulia la miró como a su salvadora.
─Tienes que dejarme ir ¡Sabes que no puedes negarle nada a la familia Clark, y su hija está aquí para buscarme!─ se defendió la chica, con una sonrisa victoriosa en la cara, por lo que la cara de Nadia se volvió un poema de los más horribles jamás contados.
Dejar ir a la menor de la familia era simplemente una muy mala decisión, mucho más tomando en cuenta que su comportamiento no era el de una dama de alta sociedad.
A veces podía ser muy impulsiva y además terca, cosas que no concordaban con la descripción de una chica de su edad en el mundo millonario, pero por mucho que habían intentado corregirla, nada había servido.
Tyna sonrió con algo de vergüenza ante el comentario de su amiga, ya que la empleada se hallaba en una posición bastante delicada, y la entendía, pero Giulia no se daba por vencida una vez que comenzaba algo. Era del tipo de personas que se salía con la suya sin importar nada.
─Nadia, prometo que la traeré de vuelta en unas horas ¿Sí? Sus padres no se darán cuenta─ dijo por fin Tyna, y entonces fue que la preocupación bajó un poco en el rostro de la mujer.
─Por favor, no vayan demasiado lejos, no se metan en problemas─ pidió ella, aunque fuera en vano teniendo en cuenta la situación tan absurda que se había formado.
Ambas asintieron y emprendieron camino hacia el club, en el cual Tyna estacionó el auto en el lujoso aparcamiento que tenía, pero esa no era garantía de que les dejarían pasar.
Las chicas bajaron con toda la confianza y caminaron hasta la entrada principal, en la cual le atendieron dos hombres altos en traje de etiqueta, preguntando por sus invitaciones, a lo cual Giulia respondió mostrando el golden pass que obtuvo de su hermano, y aunque no supo si fue por equivocación o porque quiso ayudarla, le estaba siendo de mucha ayuda.
Al mostrar aquello, los hombres se miraron las caras un momento y acto seguido las dejaron entrar sin siquiera mirar los papeles de identificación de las chicas, así que aunque fueran menores de edad, las dejarían pasar al tener un pase de esos.
Lo primero que vieron sus ojos fue un pasillo largo que guiaba a tres puertas, cada una de ellas con seguridad incluida. Tenían nombres y colores distintivos, por lo que una de ellas decía Golden, de modo que allí tenía que entrar, mientras que las demás puertas estaban abiertas, esa era la única que permanecía con el secretismo de que tendría dentro.
Ambas pensaron que sería un lugar cualquiera con una sola sala amplia en la cual había una isla de tragos, pero no se parecía a nada de lo que habían imaginado, dentro de las salas que vieron apenas, había un montón de gente bailando lo que parecía ser tecno. La música retumbaba en las paredes, pero de alguna manera, el pasillo tenía mucho eco.
Mientras avanzaban hacia la puerta señalada, se dieron cuenta de que un chico salió de la primera acompañado por una pareja ebria y entró en la segunda, que decía Silver en letras con relieve, así que los estaba guiando, como si fuera parte del equipo de trabajo.
La de ojos oliva no había captado todavía lo que estaba sucediendo, cuando de repente sintió que el chico olía similar a quien fuera su amor de secundaria.
Tragó saliva, rogando al cielo para que lo fuera, sin embargo, al tener gorra, no se distinguió bien y pasó de largo.
Tyna miró a Giulia, entonces ambas supieron lo que tenían que hacer, y aunque a la primera no se le diera muy bien aquello de andar de fiesta, no podía quejarse, pues ya estaban allí.
Se adentraron en lo que sería la sala plateada, y al hacerlo, supieron que no querían ir a ninguna otra, ya que tenían comunicación desde adentro.
Eso allí era un paraíso completamente, la decoración con estatuas de hielo y además modelos mujeres y hombres pintados de ese color lucían espectaculares en la tarima que era tan larga que iba desde la primera hasta la última sección del club.
Las puertas delanteras eran la manera oficial de adentrarse en aquel mundo, y fue así como ambas chicas localizaron a los personajes anteriores, ya que la pareja ebria hacía mucho ruido, a pesar de que la música estaba a todo dar.
El chico se hallaba explicando algo con mucha seriedad, pero ellos no querían entrar en razón, solo balbuceaban como bebés malcriados.
En eso, un hombre alto se acercó a Tyna, era su tío paterno, por lo que ella se quedó sin habloa cuando le preguntó qué hacía allí. Giulia tembló desde sus adentros, pero fue incapaz de mantenerse en silencio cuando la pareja aquella muy adinerada estaba maltratando a un chico del personal.
Tuvo que decirles su más sincera opinión, así que empezó a gritar también, comenzando una pelea mucho mayor en la cual varios hombres se acercaron a gritarle obscenidades y que no se metiera, que callada se veía más bonita.
Uno de ellos le dio una nalgada y otro se propasó a niveles desmedidos, y para esto, el tío de la chica de rizos se la llevó consigo sin mayor miramiento, pues tenía prohibido estar en ambientes como aquellos.
Giulia se sentía muy mal con su amiga por haberla metido en tal situación, pero en serio estaba desesperada por encontrar a Boris y hablar con él aunque fuera por unos segundos, nunca pensó que todo terminaría así de mal.
De repente, estaba dentro de un círculo de hombres que le gritaban guarradas, mientras que ella solo quería llorar, pues la ansiedad la estaba comiendo viva, quizá sus padres tenían razón en prohibirle salir, ya que la gente puede ser muy mala, y lo estaba corroborando.
Ella solo quería defender al empleado que estaban humillando y malponiendo, no tenía ninguna otra intención más que esa, pero no la comprendieron. Observó al chico con cara de preocupación intentando llegar a ella, pero no se lo permitían, de modo que creyó que ese sería su fin, aquello llegaría a oídos de su familia y sería papilla de hija cuando llegara a casa.
Sintió el terror cuando uno de esos hombres quiso golpearla, cosa que no tenía ningún tipo de justificación, pero parecía que a nadie más aparte del empleado le importaba la situación, así que colocó sus brazos por encima de sus cabellos en un intento de protegerse, pero el golpe nunca llegó.
De pronto, todo se quedó en silencio y una mano la tomó para guiarla lejos de allí, cosa que agradeció, pensando que el chico desconocido era su héroe de la noche, sin embargo, cuando salieron por la puerta de atrás del club, pudo ver cara a cara a quien era el amor de su vida, el mismísimo Boris.
Ella se quedó sin aliento, pues sabía que el chico de adentro no era él.
Pensó que no lo vería en aquella oportunidad, pero se equivocó por completo.
Tragó saliva, y entonces el chico le hizo señas para que caminara consigo al asegurarse de que no tenía ninguna herida.
El trayecto fue silencioso, sin embargo, ella cayó en cuenta de que Boris tenía una mochila y ropa de calle, no el uniforme que tenían los demás, cosa que le sorprendió de verdad.
Se quedó aún más sorprendida cuando vio que la llevaba hasta una pequeña moto parecida en modelo a una vespa, la cual no se veía del año, por supuesto, pero de seguro funcionaba, aunque le hiciera falta alguna que otra mano de pintura.
─¿Se puede saber qué haces aquí?─ preguntó el más alto, haciendo que las piernas de la chica temblaran de anticipación.
─Yo... La verdad es que quería hablar contigo, alguien me dijo que trabajas aquí...─ comentó ella, sin miedo a lo que pudiera responder él.
─¿Y? ¿De qué querías hablar? Porque no tengo mucho tiempo─ le hizo saber, subiendo una de sus cejas, al tiempo que se colocaba un casco.
Ella se quedó sin aliento una vez más, como si le hubiesen robado todas las palabras de la boca.
─Verás... Hay un proyecto que nos enviaron en clase, debes saber de eso...─ dijo ella.
─No te haré ningún trabajo, si eso es lo que piensas, no soy un ratón de biblioteca ni un sirviente ¿Bien?─ expresó, encendiendo la moto, como si la chica no tuviera la mayor importancia.
─No es eso, de verdad─ rogó la de vestido largo.
─¿Entonces?─ quiso saber el de cejas espesas.
Por alguna razón, no fue capaz de decirle algo relacionado con su posición económica, se sentiría muy mal si tuviera que hacerlo, por lo que las palabras no le salieron.
El chico la miró por unos segundos y entonces empezó a acelerar la moto.
─Cuando te decidas a hablar, puedes decirme, pero no tengo tiempo ahora─ fue lo que dijo, y puso en marcha la moto, sin esperar siquiera alguna confirmación de su parte.
Giulia se sintió humillada, como si fuera una niña de diez años suplicando por atención, sin embargo, no se rindió, así que entro de nuevo al club y se emborrachó hasta decir basta.
Lo que pasaría más adelante era un misterio, pero disfrutaría cada segundo de su pequeña libertad, y si Boris no le quería, entonces nadie más tendría que hacerlo, ni siquiera ella misma.