Abro mis ojos desorientada, con nauseas y dolor de cabeza. He aceptado varias cosas en mi vida que en unos días anteriores no hubiese aceptado ni aunque estuviera loca. Pero solo tengo que cumplir lo que me han encomendado y volveré a casa para prepararme e irme a la estudiar a la universidad a tener una vida normal.
Me levanto sin equilibrio haciendo que me sienta rara. Miro lo que son mis manos y me encuentro con unas patas de diferentes tonalidades. Niego varias veces, creyendo que aún estoy durmiendo por lo que mi bisabuela me dio de tomar la anoche.
-¡No puede ser! - camino hacia el agua para ver mi reflejo. -¡Ah! - grito escondiendome de mi propio reflejo en el agua critalina, pero de mi hocico solo sale un chillido agudo.
¡Ya no tengo un rostro plano! Observo que mi rostro está inundado de pelo de diferentes tonalidades. Mis orejas se mueve hacia al frente y hacia atrás ya que me asusto de mi reflejo pero a la vez se ve curioso.
-Mm ¿Qué pasa? - escucho como los presentes inquieren al escuchar mi aullido.
-¡¿Qué pasa?! - les contesto con otra pregunta. -¿Quieren saberlo? - estos asienten rascando sus ojos sin verme, ya que los he despertado. -¡Soy una loba!
Pasado:
Las flores de primavera se hacen ver por el valle, nunca había visto tantas flores en mi corta vida. La manada de mi familia hablan amenamente, todo está en paz. Es la primera vez que estaré tan cerca de la manada. Observo como los cachorros corren en su forma lobuna jugando mientras los adultos hablan entre ellos en su forma humana.
-Iris. - alzo mi mirada hacia la procedencia de la voz que ha dicho mi nombre.
No me siento confiada al estar tan cerca de la que se supone sea mi manada. Solo estan la familia de mi madre y ellos dan miedo. Me pego más a la persona que está a mi lado y aprieto su mano que está entrelazada junto a la mía.
-Dime mami.
Por alguna razón mis padres no permitieron que me acercara mucho a mi manada cuando era más pequeña. No recuerdo por qué pero siento que hice algo como para que ahora quieran que me acerca a ella o más bien que saque al lobo que tengo dentro.
-Obsérvalos con detenimiento tal vez así aprendas a sacar a tu lobo interior.
Otra vez lo mismo, giro mis ojos para luego cerrarlos buscando por lo menos una pizca de un lobo en mí. Pero no encuentro nada, solo un vacío en mi corazón como si algo en mi mente faltara. Me quedo en silencio para que no vea que no encuentro nada y para no tener más presión sobre ese tema. A lo lejos observo como una niña con el pelo negro se acerca a nosotros emocionada.
-¡Killa! - grito contenta por ver a mi prima mayor en la manada.
Los ojos oscuros de Killa brillan al verme y alza su mano saludándome. Le devuelvo el saludo con emoción y soltando la mano de mi madre corro hacia donde ella, pero unas manos se interponen. Alzo la mirada para ver a la abuela de Killa, Anastasia, deteniéndome.
-Iris, tienes que convertirte en loba para que juegues con los niños. - sus ojos negros emiten una aurora oscura como si quisiera saber si puedo convertirme en loba o no.
-No quiero. - le contesto frunciendo mi ceño e ignorándola.
Mi madre toca mi hombro y niega decepcionada de mí. Me siento mal al verla tan triste, no sé qué he hecho para que esté tan decepcionada. Killa llega donde nos encontramos agitada y sus padres acarician su cabello oscuro con cariño.
-Madre deja que juegue con Iris, es la primera vez que está tan cerca de la manada. - dice la madre de Killa a Anastasia sonriendo y mi prima asiente poniendo carita de cachorro suplicante.
-Yo quiero jugar con ella abuelita. - Killa toma mi mano y la hala sin importarle lo que su abuela diga. -Vamos Iris.
Corremos por el monte buscando al grupo de cachorros lobos. Estos me miran extrañados moviendo su cabeza de un lado a otro ya que soy nueva. Killa me presenta y sus colas se mueven de la emoción. Hay muchos lobos de diferentes tonalidades en su pelaje, tamaños, clase, etc.
-Iris tienes que contar y buscarnos. - dicen estos poniendo su pose de juegos y dando vueltas.
Asiento algo tímida caminando hacia un árbol para contar. Killa se convierte en una loba blanca y se esconde junto a los otros. Escucho como todos empiezan a correr para esconderse haciendo que sonría de lado.
-Uno, dos... - empiezo a contar mientras agudizo mi oído y olfato. -Veinte. ¡Ya los voy a buscar! -grito a todo pulmón.
Empiezo a caminar por el monte y olfateo el lugar. Desde que tengo memoria tengo un buen sentido de olfato, audición y presentir la presencia de otros seres cerca. También los animales me ayudan cuando salen de su hábitat gracias a que haya sido tomada por otro ser.
-Ay no te metas este es mi lugar. - escucho a lo lejos como se quejan unos cachorros.
-Los encontré. - digo viendo por un agujero que hay en el suelo y riendo.
Los cachorros chichan y empiezan a pelear culpándose uno al otro. Encuentro a unos cuantos y sigo buscando, muevo mis manos y unos ratones salen corriendo de un matorral. Me acerco, escucho una respiración y la presencia de otro cachorro.
-Sé que estás ahí, sal. - notificó al lobo que está escondido en el matorral.
-Es trampa Iris. - dice el lobo saliendo del matorral. -Tienes que ser una loba para jugar. - observo como otros cachorros se acercan.
-No lo es, además sus sentidos se agudizan si son lobos sería más fácil para mi encontrarlos. - expongo haciendo que sus hocicos se cierren al ver que es verdad.
-Pero de todos modos tienes que sacar a tu loba, te ves fuera de lugar como humana y más con ese traje blanco.
Giro mis ojos al escuchar siempre lo mismo "Tienes que ser loba...". Miro mi traje blanco que me lo hizo mi bisabuela de parte de padre. Nunca la he visto pero en realidad es muy lindo y lo aprecio.
-Es un traje lindo, no le veo nada de malo. - trato de alejar el tema de ser una loba, pero me gano gruñidos de su parte. -Ok...- frunzo mi ceño ya algo enojada. -No necesito transformarme en loba para ser mejor que ustedes, además tener a un lobo es de tontos.
Sus orejas se van hacia atrás por el asombro de escuchar eso de mi parte y yo le saco la lengua. Ya me tienen cansada con lo mismo y sus cosas de lobos. No necesito a ningún lobo, les demostraré que puedo ser más que ellos.
-Tener un lobo es lo más importante, si no tienes uno no eres parte de la manada. - giro mi cabeza ignorando sus comentarios.
-Yo no quiero ser parte de la manada. - comento haciendo que estos se asombren más. Escucho como todos empiezan a gruñir y cuando noto que están poniendo pose de atacar... -¡Ah!- grito y salgo corriendo a toda velocidad por el monte tratando de no ensuciar el traje.
-Pues no puedes estar con nosotros.
Aprieto mi mandíbula al ver que se acercan a mí. Alzo mis manos y del suelo salen unas raíces atrapando a unos cuantos por sus pequeñas patas. Se supone que nunca demuestre estas cosas según mis padres, pero no lo puedo evitar y más cuando unos lobos me están siguiendo.
-¡Iris! - escucho como otros me llaman enojados.
-No entienden... nada. - ahora si me estoy enojando. Siento como una presencia se acerca mucho a mí ambos caímos en el suelo. Miro el traje que ahora está algo sucio gracias a la tierra y luego al lobo culpable de esto. - ¡Yo no tengo nada de loba!
Un aura azul sale mi brazo y del suelo aparecen más raíces que enrollan al cachorro poco a poco. Siento como otra presencia se acerca, una que es opuesta a la mía.
-¡Iris! - me detengo al ver a mi prima preocupada por mí. -Prima, suéltalo.
La mordida del cachorro lobo se debilita mientras más las raíces lo aprietan. No quiero ser un monstruo, si la manada se entera me... Trato de alejar las raíces del lobo pero no puedo.
-No puedo. - trato de arrancarlas con mis propias manos haciendo que Killa gruña un poco.
-Entonces lo haré yo. - Killa empieza a aullar y las raíces se alejan poco a poco haciendo que el lobo empieza a respirar.
-Iris... - me llama Killa acercándose a mí con precaución.
Debo de irme antes de los otros vengan, no pueden saber que soy esto. Me giro y choco con alguien, unos ojos oscuros me miran con reproche pero a la vez asombro. Me vana a encerrar en una jaula como a un perro que se ha portado mal.
-Tu... - Anastasia trata de tomarme del brazo pero lo esquivo rápido. -No te acerques Killa, puede hacerte daño no está bendecida por la Luna.
Doy un paso hacia atrás, es lo mismo que he escuchado de parte de mi madre cuando habla con mi padre. Siento como quiero llorar, así que decido salir corriendo alejándome de la posibilidad de que mi madre y padre lleguen con caras decepcionadas.
-¡Iris, espera! - escucho como grita Killa, pero escucho como sus pisadas se detienen.
No es mi culpa nacer defectuosa, no tener un lobo dentro de mí. Lo busco y no lo encuentro, no tengo alma de lobo. Escucho como las olas chocan contra la arena y sigo corriendo hasta encontrarme con un mar azul. Me detengo y respiro con dificultad, toco mi estómago que ahora me arde. Camino poco a poco hasta la orilla mojando mi vestido blanco e inhalo hondo limpiando mis pulmones.
-Tonta., tonta, tonta... - sigo diciéndome mientras me doy en la cabeza.
Mis ojos se llenan lágrimas y observo en el reflejo del mar como mis ojos han cambiado, ahora son coloridos. Me arrodillo dejando que el agua me arrope hasta las caderas. Observo como detrás de mí sale una imagen de un lobo colorido haciendo que me sorprenda, lo he visto en algún lado. Me giro pero me sorprendo aún más cuando veo quien realmente es.
-Alfa. - me levanto limpiando mis lágrimas y esta me mira seria por decirle así. -Mamá. - le digo a la loba blanca que está delante de mí, mi bisabuela materna.
Esta me toma del cuello del traje con su gran hocico y me lleva a la orilla otra vez, no me había dado cuenta que seguía adentrándome al mar. Al sentarnos en el suelo escucho como hace su transformación tomándome ahora con sus brazos. Alzo mi mirada encontrándome con sus ojos azules, los comparo con la luz que producen las estrellas.
-¿Por qué lloras? - pregunta sentándome en su falda mientras observo como las olas suaves se forman.
-No fui bendecida por la Luna, mamá. - le notifico y siento como se pone rígida. -No tengo a ningún lobo dentro de mí.
Mi alfa hace un sonido para que me calle y lo hago sin pensarlo dos veces. Nos quedamos horas calladas ahí, ella pensando y yo observando como el color del cielo cambia hasta la noche.
-Sabes... - alzo mi cabeza observando su rostro tranquilo y perfecto. - No me interesa si no te bendijo la Luna. - me sorprendo al escuchar eso ya que ella es una luna. -No eres un error por si piensas eso. Creo que tienes algo más grande en ti, algo más grande que una luna como yo. - esta me mira con profundidad. -Lucha Iris, aunque tengas que ir contra la misma Luna.
Miro el cielo estrellado que está acompañado por la luna. Siento como mi bisabuela acaricia mi cabello mientras trato de comprender lo que me ha dicho. ¿Algo más grande que la...?
-Luna. - menciono con respeto.
-Te entrenare, Iris. - me toma el rostro y hace que mire sus ojos azules brillantes. -Mi querida bisnieta, serás algo grande en un futuro. - me sonríe haciendo que me sienta más confiada.. -Todo estará bien.
Presente:
Eso creía, que todo estaría bien. No todo pasó como ella quería, muchas cosas sucedieron... Entre esas cosas mi corazón se cerró por completo y junto a ella se esfumaron los recuerdos de esos años. Haciendo que le dé la espalda por completo a este mundo lleno de anormales. Ignorando el hecho de que tengo una familia de licántropos, que existen vampiros y otros seres en mi mundo. Ignorando que en realidad tengo algo que no se puede ignorar por completo... Una cosa que no tengo idea que existe.
Diez años después:
Mientras estudio física, golpeo varias veces el libro con el lápiz. Estiro mi cuello y mi espalda después de horas sentada. Mis ojos se desvían hacia el recipiente donde he preparado mi nuevo experimento. Sonrío, preguntándome quién será mi próxima víctima. Tengo más de una opción en esta casa.
Tomo un trozo de carne del plato y dejo caer mi mano, esperando a que llegue la presa. Pocos minutos después, escucho cómo alguien abre la puerta de mi habitación sin hacer mucho ruido. El olfateo inconfundible de un cachorro en su forma humana persigue el olor de la carne.
Suelto el lápiz disimuladamente y agarro mi experimento. Siento cómo la presa se acerca más y más. En un instante de acción, giro mi silla y... ¡pam!
-Ay, Iris -mi hermano menor se queja mientras tomo su brazo-. -Suéltame, duele -trata de zafarse de mi agarre, pero no puede.
-Quieto, Peter, solo necesito tu ayuda para algo -suplico, forcejeando con él.
Sin darle tiempo a escapar, lo inmovilizo y, sin pensarlo dos veces, rocío lo que hay dentro de la botella sobre él. Un hedor asqueroso llena la habitación en segundos. Peter comienza a chillar como si lo estuviera torturando. Lo suelto y salimos corriendo del cuarto, ambos nos dirigimos a diferentes baños.
Entro al baño y, sin pensarlo dos veces, me inclino sobre el inodoro y vomito sin poder evitarlo. Después de unos minutos, me relajo un poco apoyando mi cabeza sobre la tapa fría, jadeando.
-Maldición, olvidé que también soy parte perro -murmuro, limpiándome.
Desde el primer piso, escucho gritos de queja de mi familia.
-¿¡Qué es ese maldito olor!? -cuestiona mi hermano mayor, Zack.
-¡Iris experimentó conmigo otra vez! -lloriquea Peter desde el baño contiguo.
Giro los ojos al escuchar sus quejas.
-¡Iris! ¿Cuántas veces te he dicho que no experimentes con tu hermano? -También eres una loba parte de la manada central -me reprende mi madre desde abajo.
-Otra vez con lo mismo... -respondo entre dientes, para que no me oiga.
Tiro de la cadena, me lavo la boca y paso por mi habitación, cerrando la puerta de un portazo. Casi puedo ver el aire verde por el olor que dejé atrás.
-Bueno- suspiro, cruzándome de brazos-, al menos confirmé que el olfato de un licántropo es extremadamente sensible.
Voy hacia el otro baño y encuentro a mi hermanito tirado en el suelo como si estuviera moribundo.
-Oye, levántate ya -lo empujo con el pie.
-Eres un lobo de la manada central, no deberías ser tan dramática-añado, recibiendo solo un chillido débil.
Suspiro para luego tomarlo de la camisa y lo arrastro fuera del baño.
-Te dejo mi carne. Deja de hacer un teatro.
En cuanto menciono la carne, Peter se transforma en un rayo de luz y baja corriendo las escaleras hacia la cocina.
-¡La carne de Iris es mía! -grita a todo pulmón.
Sonrío al ver que ya no cojea, valió la pena vomitar un poco. Es tan único mi hermano menor. Sigo sus pasos y llego a la cocina, donde veo a mi familia reunida en la mesa. Peter toma la carne de mi plato y comienza a comer sin problemas. Me siento en la silla, sintiendo la mirada seria de mi madre sobre mí. Como un poco de la comida y, al seguir sintiendo su mirada, dejo el tenedor en el plato.
-¿Qué? -pregunto.
-Nada... -contesta, encogiéndose de hombros.
-Ok -respondo, encogiéndome también de hombros.
Frustrando sus intentos de llamar mi atención. Sé que no ha terminado.
-Ay, Iris... ¿cuándo serás como tus primas? -pregunta, resignada -. Ya patrullan el territorio y se están alistando para encontrar a su otra mitad -se queja, y yo giro los ojos. -Podrías al menos luchar por ser alfa...
-Seré alfa -afirmo, tragando la comida, y ella se alegra rápidamente-. Pero no pienso tener a ningún macho dominándome ni quiero ser un perro sarnoso como ellos -añado, viendo cómo mi madre cambia su expresión a una seria. -Y excluyo a las viejas sabias de la manada- apunto, para asegurarme de cubrir todas las bases-. Aunque igual son unas chismosas, apuesto a que por eso sacas este tema. Mi madre gira los ojos. Sigo comiendo con calma. -Además, nunca me convertiré en loba - sentencio.
La veo reflexionar sobre mis palabras. Por un instante pensé que había ganado esta disputa sobre si volveré a ser parte de la manada o no. Desde lo que sucedió con mi bisabuela, me alejé totalmente de ella.
-Ok... -me atraganto con la comida al escuchar eso de su parte-. Pero - añade, como si no fuera suficiente-, tienes que ir a entrenar. Toso varias veces, nunca pensé que estaría de acuerdo. -Ah, y hoy vendrá varias de tus viejas sabias a visitarnos. Espero que te comportes.
Los chillidos de risa de mis hermanos llenan la cocina, haciendo que los mire mal.
-¿De qué se ríen? -pregunto enojada, y ellos se callan en menos de un segundo.
Mi madre sigue comiendo feliz. Mi padre apenas logra contener la risa por la situación que acaba de presenciar. En lo que me he metido... estoy jodida. Al terminar de comer, subo a mi habitación, cubriéndome la nariz con un paño para no oler el intenso olor de mi experimento.
-Qué peste -me quejo mientras rocío ambientador por toda mi habitación.
Mientras limpio, una idea se forma en mi cabeza y sonrío con malicia.
-La próxima vez usaré esencia de vampiro... tal vez sea menos irritante el olor, pero sí alarmante -murmurando, dejándome caer en la cama.
Tomo mis notas de física. Estoy en el cuarto año de la escuela superior de mi pueblo, lejos de mi familia canina. Todavía recuerdo cómo reaccionó mi madre cuando le pedí cambiarme de escuela. Claro, no lo aceptó a la primera. Así que convencí a mi padre de que me cambiara antes de decírselo a ella. Casi se divorcian por esa situación; tengo que admitir que, gracias a que son almas gemelas, no sucedió lo del divorcio.
Mientras estudio, siento el olor de un alfa acercándose a mi hogar. No viene sola, como había dicho mi madre.
-Iris, baja, amor. Llegaron tus tías favoritas -grita mi madre con sarcasmo, como le gusta molestarme.
-¿Tías?- murmuro-. Eso suena en plural, con razón me llegan otros olores. No recuerdo haber pedido un circo hoy.
Tomo el frasco mi experimento, por si acaso. Bajo las escaleras llenando mis pulmones de aire y diciéndome a mí misma: "No pierdas los estribos, Iris." Mientras camino hacia las escaleras, observo cómo una loba blanca camina por el patio de mi casa. Esta trata de mirar por la ventana para ver si estoy.
-¿Así que piensas ir a la escuela este sábado? -pregunta uno de las sabias.
-Así es -contesta mi madre, algo tensa ante la presencia de la alfa.
Aprieto los puños. Odio que todos le tengan algún tipo de miedo a ella. Siento cómo algo en mí empieza a encenderse, recordándome que debo controlarme.
-Hola, tías -saludo sin emoción.
-Escuché que quieres entrenar, Iris. Eso sí que es una sorpresa, desde que Anastasia es alfa, no has entrenado -habla nuevamente la misma sabia.
-Sí que lo es, espero que el sábado pueda empezar -concuerda otra de las sabias.
"Ahora sé que casi todas las sabias han venido a mi casa." Las viejas sabias son hermanas de la alfa de la manada central, Anastasia. Cada manada tiene sus viejas sabias; la mayoría de las veces son familiares de los alfas. A diferencia de los demás licántropos, estos no se convierten en lobos por decisión propia, por lo tanto, envejecen como un humano normal.
-Espero que seas una gran loba, Iris; es una gran responsabilidad -añade la alfa, Anastasia -.Nunca te he visto convertida, aunque no creo que puedas... -siento cómo ya empieza a jugar con mi paciencia, haciendo que la ira suba por mi pecho. -Espero que sigas las reglas de la manada -sus ojos intimidantes, según ella, me miran desafiantes.
Es la loba que menos soporto, la que se cree que va por encima de todos y la que a veces aparece en mis pesadillas. Aprieto mis manos formando puños al verla como si nada, pero debo ignorar lo que siento. Miro el reloj, siento como si hubieran pasado horas y ni siquiera han pasado cinco minutos.
-Ya lo veremos el sábado -respondo, sosteniendo su mirada desafiante.
Anastasia sonríe de lado. Nos odiamos mutuamente, y ni nos molestamos en ocultarlo. Si no estuvieran todos aquí, creo que nos lanzaríamos la una sobre la otra. Observo cómo mi prima asoma la cabeza por la ventana. Su pelaje uniforme de color blanco brilla bajo la luz del día. Me mira y sus ojos negros le brillan.
-Ve a buscar algo de beber -ordena la muy descarada de mi alfa.
-Sí, alfa -contesto, apretando los dientes, no soporto que me mande.
Mientras le doy la espalda, escucho cómo gruñe. Voy a la cocina, sirvo dos vasos de agua, uno normal y al otro le echo sal. "Espero que se dé cuenta y..." sigo hablando en mi mente mientras llevo el vaso hacia mi tía. Le doy el vaso de agua con sal a mi alfa y veo cómo mis hermanos se convierten y juegan con mi prima Killa afuera. Ignoro lo que hacen, no me interesa ese mundo anormal. Escucho cómo mi alfa tose y mira el vaso de agua rara, lo que me hace sonreír, aguantando las ganas de reír.
-Bueno, Iris, sé que no vas a ser gran cosa, pero quiero decirte que el entrenamiento es arduo -comenta Anastasia, siguiendo con el tema de la escuela licántropo. -Y qué... -sigue hablando como cotorra por media hora.
Ignoro a mi alfa, sentándome en un sillón libre y mirando la pared, pensando en las clases y exámenes que me esperan. Espero que este año sea tranquilo y que siga con mis excelentes calificaciones. "Debo seguir estudiando, no estar aquí escuchando estupideces de anormales." Sin avisar, me levanto y subo a mi cuarto.
-¡Oye, te estoy hablando! -dice mi alfa, levantándose enojada y media peluda.
Mi madre se levanta de su asiento gruñendo y camina hasta posicionarse delante de mí, como protegiéndome. Observo cómo todos están rígidos. Me sorprende ver que el instinto salvaje de mi madre todavía me protege. Mi padre se acerca a la sala para ver qué sucede, lo cual no es una buena noticia, ya que no es bien visto ante la alfa o las viejas sabias.
-No me interesa lo que estás diciendo -comento seria.
La alfa gruñe enojada y camina hacia donde nosotras, enojada, retando la protección que mi madre me está dando. Tomo el frasco de mi gran experimento y lo alzo. Mi alfa me mira sin saber qué hacer, ella le teme a lo que puedo hacer con solo mover un poco el frasco. Mi madre camina hacia atrás y mi padre se va, sabiendo lo que puede causar este olor. Sonrío y rocío un poco en la sala. Mi madre se tapa la nariz rápidamente y todos se asquean, incluyendo a mi víctima principal, Anastasia.
-Bueno, sí que sirve como ataque. - digo feliz escuchando cómo mi alfa aguanta las ganas de vomitar-. Me largo a estudiar.
Me giro sin decir más, sonriendo. Antes de subir las escaleras, observo cómo mi padre pasa por el pasillo. Este me mira y me guiña el ojo junto a una sonrisa, pude leer sus labios diciendo "Bien hecho". Sonrió de oreja a oreja y subo la escalera llena de energía. Ya he ganado el primer punto de hoy contra la alfa.
Después de desafiar a mi alfa y jugar un poco con mis habilidades, subo las escaleras hacia mi habitación, sintiendo la satisfacción de haber tomado la delantera en nuestro pequeño juego de poder. Mis pasos son ligeros, llenos de determinación y un toque de triunfo. Cierro la puerta detrás de mí y me dejo caer en mi cama, repasando mentalmente los eventos del día.
Es increíble cómo una simple interacción puede encender la chispa de rebelión en mi interior. Pero no puedo evitarlo. Estoy cansada de seguir las reglas de una sociedad que parece estar más preocupada por mantener el status quo que por permitirnos ser quienes realmente somos.
Me sumerjo en mis libros, dejando que las palabras me envuelvan y me lleven lejos de este mundo de lobos y jerarquías. En las páginas de mis libros, encuentro la libertad que anhelo, donde no hay alfas ni betas, solo historias que me transportan a lugares desconocidos y a una vida normal.
El tiempo pasa volando mientras me sumerjo en el mundo académico, y cuando finalmente levanto la mirada del libro, me doy cuenta de que la noche ha caído sobre la casa. Pero no me importa. Aquí, en mi santuario de palabras, soy libre para ser quien soy realmente, lejos de las expectativas y las presiones de la manada.
Con una sonrisa en los labios, me acomodo entre las sábanas y dejo que el sueño me envuelva, llevándome a tierras lejanas donde no hay lugar para los lobos ni sus complejas jerarquías. Mañana será otro día, y estoy lista para crear mi próximo experimento... solo espero interactuar bien con un vampiro.