Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Ciencia Ficción > Alma Desencadenada: Mi Verdadera Historia
Alma Desencadenada: Mi Verdadera Historia

Alma Desencadenada: Mi Verdadera Historia

Autor: : Meng Fan Hua
Género: Ciencia Ficción
"Siete días, Catalina," me dijo el doctor, condenándome a la extinción. Como la "personalidad de batalla" de mi hermana gemela, Valeria, he sido la protectora incansable de La Fortaleza, soportando la crueldad del mundo postapocalíptico. Pero para mi amado Máximo y mi primo Roy, yo era solo una herramienta que usar y guardar, mientras idolatraban a la frágil y manipuladora Valeria. En el colmo de la traición, en mi cumpleaños me exigieron que "desapareciera" para que ella viviera "feliz", entregándome a un misterioso doctor para una "extracción de conciencia". Observé, desde la oscuridad de mi mente, cómo Máximo y Valeria consumaban su amor, cómo Roy me regañaba por la "debilidad" de mi propia hermana, y cómo Valeria, cobardemente, me ofrecía como sacrificio final para evitar un simple pinchazo. ¿Cómo era posible que todo lo que había sacrificado me fuera devuelto con semejante desprecio? Mientras mi conciencia se desvanecía ante la aguja de la Fundación, no entendía por qué, justo cuando pensaba que iba a ser libre, el dolor y la humillación se multiplicaban. Hasta que abrí los ojos en un cuerpo que creía ajeno, y la verdad se reveló: nunca fui una segunda personalidad, sino un alma separada, prisionera del miedo de Valeria, y ahora, en los brazos del hombre que me salvó, era por fin, dueña de mí misma.

Introducción

"Siete días, Catalina," me dijo el doctor, condenándome a la extinción.

Como la "personalidad de batalla" de mi hermana gemela, Valeria, he sido la protectora incansable de La Fortaleza, soportando la crueldad del mundo postapocalíptico.

Pero para mi amado Máximo y mi primo Roy, yo era solo una herramienta que usar y guardar, mientras idolatraban a la frágil y manipuladora Valeria.

En el colmo de la traición, en mi cumpleaños me exigieron que "desapareciera" para que ella viviera "feliz", entregándome a un misterioso doctor para una "extracción de conciencia".

Observé, desde la oscuridad de mi mente, cómo Máximo y Valeria consumaban su amor, cómo Roy me regañaba por la "debilidad" de mi propia hermana, y cómo Valeria, cobardemente, me ofrecía como sacrificio final para evitar un simple pinchazo.

¿Cómo era posible que todo lo que había sacrificado me fuera devuelto con semejante desprecio?

Mientras mi conciencia se desvanecía ante la aguja de la Fundación, no entendía por qué, justo cuando pensaba que iba a ser libre, el dolor y la humillación se multiplicaban.

Hasta que abrí los ojos en un cuerpo que creía ajeno, y la verdad se reveló: nunca fui una segunda personalidad, sino un alma separada, prisionera del miedo de Valeria, y ahora, en los brazos del hombre que me salvó, era por fin, dueña de mí misma.

Capítulo 1

"Siete días, Catalina. Es todo lo que te podemos dar."

La voz del Dr. Hewitt era calmada, profesional, pero yo sentía el peso de cada palabra. Siete días para despedirme de una vida que nunca fue mía del todo.

"Es suficiente," respondí, mi voz sonaba firme, sin rastro de la tormenta que se agitaba dentro de mí.

Estábamos en una pequeña sala de comunicaciones, la única conexión de La Fortaleza con el mundo exterior. La pantalla parpadeaba, mostrando el rostro serio del doctor de la Fundación Esperanza. Él era mi única salida.

Acepté su oferta sin dudar. Donaría mi conciencia para su investigación sobre la Plaga. A cambio, me liberarían. Una extracción de conciencia, lo llamaban. Un final definitivo para mí, pero una oportunidad para que mi alma, o lo que quedara de ella, dejara de ser una herramienta.

"No le digas a nadie," me advirtió. "El procedimiento es experimental. Nadie debe saberlo."

"No pensaba hacerlo," dije. "¿A quién podría importarle?"

La llamada terminó. Me quedé mirando la pantalla oscura, mi propio reflejo me devolvía la mirada. Era el rostro de Valeria, mi hermana gemela, pero los ojos eran míos. Cansados, duros, llenos de una soledad que nadie aquí quería ver.

Salí de la sala y el ruido del refugio me golpeó. Risas, conversaciones, el sonido de la vida que yo protegía. Pero para ellos, yo era solo la anomalía, la presencia no deseada que aparecía cuando el peligro acechaba.

Me apoyé contra la pared fría del pasillo. Mi primo Roy y mi novio Máximo solo querían a la "dulce" Valeria. La Valeria que se escondía en lo más profundo de nuestra mente compartida cada vez que el miedo la paralizaba.

Fue por su miedo que yo nací.

Recuerdo el día del colapso. El mundo se vino abajo. Edificios cayendo, gritos, el olor a polvo y sangre. Valeria, con solo quince años, se quedó congelada, un blanco fácil. En ese pánico, en su terror absoluto, emergí yo. Tomé el control, la arrastré fuera de los escombros y la mantuve a salvo.

Encontré este lugar, La Fortaleza. Luché, maté Errantes, aseguré las murallas. Roy y Máximo se unieron a mí, o más bien, a nosotras. Al principio, me admiraban. La luchadora, la superviviente. Máximo se enamoró de mi fuerza. Roy me respetaba por proteger a su prima.

Pero con el tiempo, la seguridad trajo complacencia. Empezaron a extrañar a Valeria. Su risa suave, su falsa inocencia, su manera de hacer que todos se sintieran fuertes y protectores. Mi pragmatismo, mi naturaleza directa, mi incapacidad para las pequeñas mentiras sociales, empezaron a ser una molestia.

Me convertí en la herramienta que sacaban de la caja cuando había problemas y que guardaban con desdén cuando todo estaba en calma.

"¡Cata! ¿Qué haces ahí parada?"

La voz de Roy me sacó de mis pensamientos. Se acercaba con Máximo, ambos con el ceño fruncido.

"Mañana es nuestro cumpleaños," dijo Roy, sin una pizca de celebración en su voz. "Valeria debería poder disfrutarlo. Es su día."

Mi día también, quise gritar. Pero me tragué las palabras.

"Queremos que desaparezcas," continuó Roy, su tono era el de alguien que da una orden, no el de un primo que pide un favor. "Deja que ella tome el control. Se lo merece."

Miré a Máximo, buscando una pizca de apoyo, de amor. No encontré nada.

"Roy tiene razón, Cata," dijo Máximo, evitando mis ojos. "Valeria ha estado muy estresada últimamente. Necesita un día normal, un día feliz. Tu... presencia constante la pone nerviosa."

La ironía me quemó la garganta. Mi presencia constante se debía a que Valeria era demasiado cobarde para enfrentar el mundo. Yo solo existía porque ella se negaba a hacerlo. Recibía las sobras de su miedo, los momentos que ella no quería vivir.

"Está bien," dije, y el sonido de mi propia voz me sonó ajeno, vacío.

El alivio en sus rostros fue inmediato y doloroso. No les importaba mi sacrificio, solo les importaba su comodidad.

"Sabíamos que lo entenderías," dijo Máximo, intentando una sonrisa que no le llegó a los ojos. "Eres la fuerte."

Sí, yo era la fuerte. La que aguantaba, la que luchaba, la que se rompía en silencio para que ellos pudieran vivir su farsa de normalidad.

Mientras se alejaban, planeando la fiesta de cumpleaños de Valeria, una certeza fría se instaló en mi corazón. Mi decisión era la correcta. No había nada aquí para mí. Nadie a quien despedir.

Siete días.

Siete días más y sería libre.

Capítulo 2

Cerré los ojos y me dejé ir.

No luché. Ya no tenía sentido. Durante años, había peleado por cada segundo de control, por cada momento de existencia. Pero ahora, ceder era una liberación.

Me retiré a mi "espacio interior", ese lugar silencioso en nuestra mente desde donde podía observar el mundo a través de los ojos de Valeria sin poder intervenir. Era como ver una película en la que yo era la espectadora fantasma.

Cuando Valeria tomó el control, el cambio fue instantáneo. Los músculos de su rostro se relajaron en una sonrisa dulce y tímida. Su postura se encorvó ligeramente, proyectando una imagen de fragilidad.

"¡Valeria! ¡Feliz cumpleaños!"

Roy la abrazó con una fuerza que nunca usaba conmigo. Máximo la rodeó con sus brazos, besando su frente con una ternura que me robó el aliento.

La llevaron al comedor, que habían decorado con guirnaldas improvisadas y luces tenues. Había un pastel, un lujo casi impensable en este mundo roto. Todos la aclamaban, le cantaban, le ofrecían pequeños regalos hechos a mano.

El afecto que le daban era un torrente, y yo lo sentía como un eco lejano y doloroso. A mí nunca me habían celebrado. A mí me temían, me necesitaban, pero nunca me quisieron.

"Oh, chicos, no teníais que hacer todo esto," dijo Valeria, con una modestia perfectamente ensayada. "Yo no he hecho nada para merecerlo. Es Cata la que trabaja duro."

Escuché las risas incómodas.

"No digas eso, Val," dijo Máximo, acariciando su mejilla. "Tú nos das esperanza. Nos recuerdas por qué luchamos."

Una mentira conveniente. Luchaban porque yo los mantenía vivos.

Roy le sirvió un trozo de pastel. "Cata solo hace lo que tiene que hacer. Pero tú, tú eres el corazón de este lugar."

El corazón. Un órgano frágil que necesitaba protección constante. Esa era yo, la caja torácica que recibía todos los golpes.

Observé cómo Máximo le daba de comer un trozo de pastel, cómo Roy le contaba un chiste y ella reía, una risa cristalina que a mí nunca me salía. Vi la adoración en sus ojos y supe, con una certeza absoluta, que yo sobraba.

En mi espacio interior, sentí un cambio. Algo se estaba desvaneciendo. Miré hacia abajo, a mis manos fantasmales. En mi muñeca, donde una vez estuvo grabado mi nombre en mi propia conciencia, las letras "C-a-t-a-l-i-n-a" empezaban a borrarse.

Quedaban seis días.

La cuenta atrás había comenzado. Y por primera vez, sentí una extraña paz.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022