Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Fantasía > Amante Fatal, Justicia Inevitable
Amante Fatal, Justicia Inevitable

Amante Fatal, Justicia Inevitable

Autor: : Gavin
Género: Fantasía
Mi hermana Iara murió por insuficiencia renal. Su única esperanza era un trasplante, pero el riñón que necesitaba se lo robaron para dárselo a Pilar Muñoz, la esposa del millonario que años atrás mató a mi mentor. Decidí vengarme. Me convertí en la amante de su esposo, Lázaro, y lo usé para humillarla públicamente en una gala benéfica, donde él gastó una fortuna en un brazalete para mí, ignorándola por completo. La respuesta de Pilar fue salvaje. No solo me mandó a golpear, sino que tomó el collar con las cenizas de mi hermana y las esparció en la calle. "Ups, se me cayó" , se burló. En ese momento, mi mundo se tiñó de rojo. El dolor se convirtió en un odio que me consumió. Cuando pensé que todo estaba perdido, su propio hermano, Heriberto, me rescató. Me dio el poder para transformarme, enviándome lejos para convertirme en alguien intocable. Un año después, regresé como una artista de renombre internacional, lista para la última jugada. Y esta vez, no habría piedad.

Capítulo 1

Mi hermana Iara murió por insuficiencia renal. Su única esperanza era un trasplante, pero el riñón que necesitaba se lo robaron para dárselo a Pilar Muñoz, la esposa del millonario que años atrás mató a mi mentor.

Decidí vengarme. Me convertí en la amante de su esposo, Lázaro, y lo usé para humillarla públicamente en una gala benéfica, donde él gastó una fortuna en un brazalete para mí, ignorándola por completo.

La respuesta de Pilar fue salvaje. No solo me mandó a golpear, sino que tomó el collar con las cenizas de mi hermana y las esparció en la calle.

"Ups, se me cayó" , se burló.

En ese momento, mi mundo se tiñó de rojo. El dolor se convirtió en un odio que me consumió.

Cuando pensé que todo estaba perdido, su propio hermano, Heriberto, me rescató. Me dio el poder para transformarme, enviándome lejos para convertirme en alguien intocable.

Un año después, regresé como una artista de renombre internacional, lista para la última jugada. Y esta vez, no habría piedad.

Capítulo 1

Natalia POV:

Mi hermana Iara tosía, un sonido seco y doloroso que me perforaba el alma. El hospital olía a desinfectante y a desesperación. Ella estaba conectada a máquinas, su piel antes vibrante, ahora pálida y translúcida.

La pantalla de su monitor cardíaco parpadeaba con una regularidad agonizante. Cada latido era un recordatorio de un tiempo limitado. Me dolía verla así.

Tenía un talento enorme, Iara. Sus lienzos, llenos de vida y color, colgaban en las paredes de nuestra pequeña casa. Ahora, sus manos de artista temblaban.

La enfermedad renal terminal había llegado sin avisar. Un trasplante era su única esperanza.

Una mañana, un mensaje anónimo llegó a mi teléfono. Un video. En él, Pilar Muñoz, la esposa de Lázaro Morales, cerraba un trato. Un riñón. El riñón de Iara.

Mi sangre se heló. El dolor se convirtió en una rabia líquida. ¿Cómo podía alguien ser tan cruel?

Pilar Muñoz. Su nombre se grabó a fuego en mi mente.

Años atrás, Lázaro Morales, el magnate, había causado un accidente. Él conducía imprudentemente. Eladio, mi mentor, mi segundo padre, murió. Lázaro nunca lo olvidó. Su culpa era palpable.

Siempre me decía que mi ira era como un fuego purificador. Ahora, ese fuego ardía en mí.

Eladio me enseñó todo sobre la orfebrería. Mi taller era mi refugio. En cada pieza, sentía su presencia.

Recordaba a Eladio, sus manos fuertes y expertas, guiando las mías. Su risa resonaba en el taller. Una risa que se apagó por la imprudencia de un hombre poderoso.

Lázaro Morales era el esposo de Pilar. El hombre que había matado a mi mentor. El hombre que ahora, sin saberlo, se convertiría en mi arma.

Pilar anhelaba ser madre. Su obsesión con Lázaro era enfermiza. No era amor. Eran posesiones.

Lázaro no la amaba. Era un matrimonio de conveniencia. Él la veía superficial. Ella lo veía como un trofeo.

Sus vidas eran una farsa. Un castillo de naipes. Yo iba a derribarlo.

Lázaro buscaba la redención, un fantasma que lo perseguía. Intentaba expiar su culpa con proyectos conmemorativos.

Yo era la orfebre más talentosa de Eladio. La única que podía replicar su estilo. Mi arte sería mi entrada. Mi venganza.

Lázaro, ahogando sus penas en alcohol, tropezó en el bar de su mansión. Su voz, ronca, pedía ayuda.

Era mi oportunidad. La culpa de Lázaro me abría la puerta. La sed de venganza me empujaba.

Me detuve frente a la mansión. Las luces parpadeaban. Este lugar, tan lleno de lujo, tan lleno de secretos. Eladio, su recuerdo, me dio la fuerza para entrar.

Lo encontré en el suelo de su estudio. Botellas vacías rodeaban su figura. Su respiración era pesada.

Me acerqué. Su mirada se encontró con la mía. Había sorpresa, reconocimiento, y algo más, algo que no pude descifrar.

A pesar de su estado, su presencia era imponente. Un hombre roto, pero aún con el aura de poder.

Un camarero se acercó, sus ojos curiosos, casi como si esperara ver una chispa entre Lázaro y yo. Luego, se retiró, con una sonrisa disimulada.

Lo ayudé a levantarse. Su cuerpo, pesado y cálido, se apoyó en mí.

-Déjame ayudarte -dije, mi voz suave, casi inaudible.

Sus manos se aferraron a mi cintura. Su aliento caliente rozó mi cuello.

-No sé cómo llegué aquí -murmuró.

Mis dedos se deslizaron por su cabello. Podía sentir la tensión en su cuerpo.

Un gemido escapó de sus labios. Su piel ardió bajo mi toque.

-¿Estás bien? -pregunté, mi voz teñida de una falsa preocupación.

Me miró. Sus ojos, antes nublados, ahora tenían un brillo diferente. Una mezcla de deseo y confusión.

Se inclinó. Sus labios buscaron los míos. Elardio. Murmuró un nombre. Pero no era el mío.

Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios. Elardio, sí. Mi venganza estaba en camino.

Lo aparté suavemente.

-Lázaro, no -dije, mi voz apenas un susurro.

Él parpadeó, un destello de conciencia en sus ojos. Me miró, confundido.

Entonces, la puerta del estudio se abrió de golpe.

Capítulo 2

Natalia POV:

Un escalofrío me recorrió la espalda. Pilar.

Aparté la mano de Lázaro con rapidez. Mi corazón latía con fuerza.

-Pilar está aquí -susurré, mi voz tensa.

Lázaro parpadeó. El alcohol se disipó un poco de su mente. La vergüenza se apoderó de él.

Retiró la mano de golpe. Estaba desorientado.

-Vete, Natalia -dijo Lázaro, su voz áspera. Se frotó la frente.

Negué con la cabeza. No podía irme. No ahora.

Tomé su mano. Mis ojos, llenos de un miedo fingido, lo miraron.

-No me dejes sola con ella -rogué. -Me hará daño. Me culpará.

La palabra "daño" resonó en Lázaro. Su rostro se tensó.

Miró a su alrededor, buscando un lugar donde esconderme. Su mirada se detuvo en un biombo antiguo.

Me empujó detrás de él. Justo a tiempo.

Pilar entró en la habitación. Vestía un deslumbrante vestido de noche. Su cabello rubio estaba perfectamente peinado.

-Mi amor, ¿qué haces aquí abajo? -dijo Pilar, su voz melosa. Se acercó a Lázaro, una sonrisa radiante en su rostro. Lo abrazó.

Pilar no me vio. Sus ojos solo estaban puestos en Lázaro.

Me encogí detrás del biombo. Mi cuerpo pegado al de Lázaro.

Podía sentir su aliento en mi cuello. Su calor. Su tensión.

Una sonrisa cruel se formó en mis labios. Voy a arruinar tu noche, Pilar.

Pilar se veía perfecta. Demasiado perfecta. Una muñeca de porcelana.

La miré con desdén. Qué desperdicio de mujer.

Mis dedos rozaron la espalda de Lázaro. Lo sentí estremecerse.

Su cuerpo se tensó aún más. Un gemido ahogado escapó de sus labios.

Pilar se separó de él, frunciendo el ceño.

-¿Estás bien, querido? Pareces... agitado.

Lázaro le dio la espalda. Su voz era fría.

-Vete, Pilar. No estoy de humor para tus juegos.

Las lágrimas brotaron en los ojos de Pilar. Su maquillaje se corrió.

-Pero, Lázaro... ¿Por qué eres tan cruel? -sollozó.

Lázaro suspiró, su paciencia agotada.

-¿Qué quieres? ¿Más dinero? ¿Más joyas? Siempre es lo mismo contigo. Eres una mujer codiciosa.

Pilar endureció la mirada. Su voz se alzó.

-¿Codiciosa? ¡Soy tu esposa! ¡Quiero un hijo! ¡Una familia!

Mi mirada se volvió gélida. ¿Un hijo? Tú no te mereces ni el aire que respiras.

Fingí un temblor. Me aferré a Lázaro.

Mis dedos se deslizaron por el abdomen de Lázaro. Sentí su cuerpo vibrar.

Un gemido, más audible esta vez, escapó de Lázaro.

Pilar se quedó helada. Sus ojos se fijaron en Lázaro. En su expresión de placer.

Ella lo entendió. Su rostro se descompuso. La ira y la humillación la invadieron.

Una oleada de satisfacción me recorrió. Lo logré.

Moví mi cuerpo ligeramente. No quería que el espectáculo terminara tan rápido.

Pilar me vio. Su mirada, llena de furia, se posó en mí.

-¡Tú! -gritó, abalanzándose hacia el biombo.

Capítulo 3

Natalia POV:

Lázaro se interpuso en el camino de Pilar, sus ojos llenos de una rabia fría.

-¡Basta, Pilar! ¡No me obligues a aborrecerte más de lo que ya lo hago! -Su voz era un rugido.

Pilar se detuvo en seco, el shock congeló su rostro. Sus ojos se abrieron de par en par, llenos de ira y humillación. Las palabras de Lázaro la habían herido más que cualquier golpe.

Se dio la vuelta, sus hombros temblaban. Caminó hacia la puerta.

Pero antes de salir, se giró. Su mirada me atravesó.

-Esto no ha terminado -siseó. -Te arrepentirás de haber nacido.

La puerta se cerró con un golpe.

Esperé hasta que el sonido de sus tacones desapareció en la distancia. Me separé de Lázaro. Una ligera decepción me invadió. Quería más.

Pero el juego apenas comenzaba. Habría muchas más sorpresas.

Lázaro se levantó de golpe, alejándose de mí como si le quemara.

Yo también me puse de pie, mi cuerpo aún temblaba.

Lázaro me dio la espalda. Su voz era un gruñido bajo.

-No eres más que una... orfebre. No te confundas.

Huí de la habitación, las palabras de Lázaro resonando en mis oídos. Era parte del plan.

Lázaro frunció el ceño. Mi huida lo había descolocado.

Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. Qué mujer tan extraña.

El aire frío de la noche me golpeó. Estaba en la calle, sola. De repente, un coche negro se detuvo a mi lado. Dos hombres corpulentos salieron.

-¿Qué quieren? -pregunté, mi voz temblaba a pesar de mí misma.

Uno de ellos se rió. Una risa hueca y cruel.

-La señora Muñoz quiere hablar contigo.

Mi corazón se apretó. Pilar. Fui muy estúpida. Había subestimado su furia.

Subí al coche. La venganza era un camino peligroso. Y yo acababa de cometer un error.

Me llevaron a un café elegante. Pilar estaba sentada en una mesa, con una expresión de superioridad en su rostro.

-Siéntate -ordenó, señalando la silla frente a ella.

Me miró de arriba abajo, sus ojos llenos de desprecio.

Dudé. Una extraña sensación de desafío me invadió.

Uno de los hombres me empujó. Caí en la silla.

Pilar soltó una risa ligera y fría. Luego, tomó un sorbo de café, su postura impecable.

-Aléjate de Lázaro -dijo, su voz tan dulce como el veneno.

Sacó una tarjeta de crédito de su bolso. La deslizó por la mesa hacia mí.

-Esto es para que te vayas muy lejos. Y lo olvides.

Sentí una punzada de ira. Pero mis músculos se mantuvieron relajados.

-No hay nada entre Lázaro y yo. Solo soy su empleada -dije, mi voz tranquila.

Aún no está lo suficientemente atrapado, pero pronto lo estará.

Pilar levantó la tarjeta y me golpeó en la mejilla con ella. El impacto fue fuerte. Dejó una marca roja.

Sentí un ardor quemante en mi piel. Una oleada de ira me ahogó.

-No te hagas la inocente. Sé lo que eres. Una trepadora -escupió Pilar. -Toma el dinero y desaparece. Quinientos mil pesos.

Pilar alzó la voz, asegurándose de que todos en el café la escucharan.

Las risitas a mi alrededor me apuñalaron.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022