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Amante Substituto

Amante Substituto

Autor: : Junwen
Género: Romance
Durante doce años, fui la sombra fiel de Isa Montoya, la rica heredera. Por la bodega de mi familia y los costosos tratamientos de mi madre enferma, me sometí a ser su asistente, su confidente y, para mi desgracia, su amante. La muerte de mi madre liberó mis cadenas de chantaje. Cuando Lucas Herrero, el primer amor de Isa, regresó, su obsesión por él me reveló brutalmente lo fácil que era para ella reemplazarme, convirtiéndome en un mero duplicado. Decidí desaparecer. Renuncié, borré cada rastro de mi vida con ella, y mientras huía viajando por Europa, encontré una inesperada paz y una conexión real con Sofía. Pero el pasado me alcanzó: Lucas, cegado por los celos, me secuestró. Para mi asombro, Isa apareció, interponiéndose entre un cuchillo y yo, cayendo gravemente herida por mi culpa. Al verla sangrar, una contradicción insoportable me invadió. Esa mujer, a la que solo había despreciado, ¿realmente había demostrado un amor tan capaz de sacrificar su propia vida? ¿Por qué ahora, justo cuando pensaba que era libre? Mi decisión fue clara: negarme a visitarla en el hospital. Semanas después, su padre me suplicó verla, pues Isa se consumía llamando mi nombre. La encaré, y con una frialdad brutal, le revelé que nuestra relación siempre fue una transacción, sin amor. ¿Podrá Isa, la orgullosa heredera, superar esta demoledora verdad y el fin de nuestra historia?

Introducción

Durante doce años, fui la sombra fiel de Isa Montoya, la rica heredera. Por la bodega de mi familia y los costosos tratamientos de mi madre enferma, me sometí a ser su asistente, su confidente y, para mi desgracia, su amante.

La muerte de mi madre liberó mis cadenas de chantaje. Cuando Lucas Herrero, el primer amor de Isa, regresó, su obsesión por él me reveló brutalmente lo fácil que era para ella reemplazarme, convirtiéndome en un mero duplicado.

Decidí desaparecer. Renuncié, borré cada rastro de mi vida con ella, y mientras huía viajando por Europa, encontré una inesperada paz y una conexión real con Sofía. Pero el pasado me alcanzó: Lucas, cegado por los celos, me secuestró. Para mi asombro, Isa apareció, interponiéndose entre un cuchillo y yo, cayendo gravemente herida por mi culpa.

Al verla sangrar, una contradicción insoportable me invadió. Esa mujer, a la que solo había despreciado, ¿realmente había demostrado un amor tan capaz de sacrificar su propia vida? ¿Por qué ahora, justo cuando pensaba que era libre?

Mi decisión fue clara: negarme a visitarla en el hospital. Semanas después, su padre me suplicó verla, pues Isa se consumía llamando mi nombre. La encaré, y con una frialdad brutal, le revelé que nuestra relación siempre fue una transacción, sin amor. ¿Podrá Isa, la orgullosa heredera, superar esta demoledora verdad y el fin de nuestra historia?

Capítulo 1

La bodega de los Vargas, en La Rioja, se ahogaba.

Ricardo Vargas miró a su hijo, Mateo.

"Isabel Montoya," dijo Ricardo. "La hija del constructor. Necesitas acercarte a ella."

La madre de Mateo estaba enferma.

Los tratamientos eran caros.

Mateo sintió el peso en sus hombros.

Aceptó.

Se convirtió en la sombra de Isa.

Primero, ayudándola con los estudios.

Luego, cubriendo sus líos de adolescente.

Siempre allí.

Los años pasaron rápido.

Mateo era inteligente, discreto.

Indispensable.

Isa creció.

Deslumbrante.

Lo hizo su asistente personal.

Después, su amante.

Su intimidad no conocía límites de lugar: el asiento trasero del coche de lujo, el ascensor privado del ático, incluso la fría sala de juntas de Montoya Corp después de horas.

Cada encuentro era una transacción más para Mateo.

Vivían una vida de lujo.

Fiestas en yates en Ibiza.

Viajes en jet privado a París.

Apartamentos en el Barrio de Salamanca.

Mateo lo manejaba todo.

Sus finanzas.

Sus crisis.

Isa daba por sentada su lealtad.

Su devoción.

Un día, Mateo escuchó la noticia.

Lucas Herrero volvía a España.

El primer amor de Isa.

El idealizado.

Isa estaba loca de alegría.

Esa noche, fue diferente.

Isa lo buscó con una intensidad casi animal.

Desesperada.

Mateo entendió.

Su tiempo como amante principal se acababa.

Isa entró en la suite, radiante.

"Lucas ha vuelto," anunció.

"No puedo vivir sin ti, Mateo, lo sabes."

Pausa.

"Pero las cosas van a cambiar."

Le ofreció dinero.

Una suma importante.

"Para la bodega," dijo Isa. "Un agradecimiento."

Mateo la miró.

Calma helada por fuera.

Por dentro, la decisión estaba tomada.

Isa se fue corriendo.

Una fiesta de bienvenida para Lucas.

Mateo empezó a empacar.

Pocas cosas.

Las suyas.

Llamó a su padre.

"Es la última ayuda," dijo Mateo. "Me voy."

Ricardo gritó.

Amenazó.

"Tu madre..."

"Mamá murió la semana pasada," cortó Mateo, la voz vacía.

El chantaje principal había terminado.

Colgó.

Borró sus huellas de la mansión Montoya.

Las llaves sobre la mesa.

Se fue a su pequeño piso alquilado.

Al día siguiente, en Montoya Corp.

Recursos Humanos.

Presentó su dimisión.

Sorpresa en sus caras.

Tramitaron la solicitud.

Isa la aprobó.

Sin leer.

Estaba demasiado ocupada con Lucas.

Pensando en Lucas.

Mateo limpió el desorden de Isa.

Copas vacías.

Ropa tirada.

Un rastro de su vida superficial.

Lo hizo metódicamente.

Sin emoción.

Como siempre.

Era su forma de decir adiós a esa jaula.

Cogió una pequeña maleta.

Lo esencial.

Nada de valor material.

Solo su libertad.

Su padre volvió a llamar.

La voz de Ricardo era un torbellino de euforia y codicia.

"¡Mateo! ¡Esa chica Montoya! ¡Nos ha salvado! ¡La bodega está a salvo!"

Mateo escuchó en silencio.

"Me voy, padre," dijo Mateo, su voz firme, sin rastro de la sumisión de antes.

"¿Qué dices? ¿Irte? ¿Ahora que todo va bien? ¿Y tu madre? ¿Has pensado en ella?"

"Mamá murió," repitió Mateo. "Y tú lo sabías. Dejaste de pagar sus tratamientos en cuanto Isa empezó a darme 'regalos'."

Silencio al otro lado.

"Ya no te debo nada."

Colgó antes de que Ricardo pudiera replicar.

Recordó cómo empezó todo.

La presión de su padre.

La enfermedad de su madre.

Ricardo había orquestado un encuentro.

Un evento benéfico.

"Solo necesitas que te vea, que se fije en ti," había dicho Ricardo.

Isa era entonces una adolescente rebelde, aburrida.

Mateo era el chico guapo y callado.

Se fijó.

Pronto, él era su "compañero de juegos", su distracción.

El precio de la supervivencia de la bodega.

El precio de las medicinas de su madre.

Isa siempre había estado obsesionada con Lucas Herrero.

Desde que eran casi niños.

Lucas era el artista, el bohemio.

Ella lo idealizaba.

Cuando Lucas se fue al extranjero, Isa quedó destrozada.

Tenía miedo de confesar sus sentimientos.

Miedo al rechazo.

Lucas se fue sin saber, o eso creía Isa.

Una noche, poco después de la partida de Lucas, Isa bebió demasiado.

Estaba en su apartamento, desolada.

Mateo estaba allí, como siempre.

Para recoger los pedazos.

Isa lo miró, los ojos nublados por el alcohol y las lágrimas.

"Lucas..." susurró.

Y lo besó.

Lo confundió con Lucas.

Ese fue el principio de su relación física.

Para Isa, una forma de llenar el vacío.

Para Mateo, una humillación más.

Una parte del trato.

Mateo nunca sintió nada por Isa.

Desprecio, quizás.

Cansancio, seguro.

Cada caricia, cada noche, era una carga.

Sufría en silencio.

La muerte de su madre, aunque dolorosa, fue una liberación.

El último eslabón de su cadena se había roto.

Ahora podía irse.

Ser libre.

En la oficina de Recursos Humanos, la empleada lo miró con extrañeza.

"¿Está seguro, Sr. Vargas? La Srta. Montoya... ella depende mucho de usted."

"Estoy seguro," dijo Mateo. "Siga el procedimiento normal."

Sabía que Isa no se daría cuenta.

No hasta que lo necesitara para algo.

Y para entonces, él estaría lejos.

Capítulo 2

Mateo salió de Montoya Corp.

El aire de Madrid le pareció diferente.

Más ligero.

Isa seguía absorta en Lucas.

No había notado su ausencia.

No aún.

Sonrió con amargura.

Libre.

Llegó a su modesto piso.

Abrió el armario.

Ropa cara.

Regalos de Isa.

Trajes, relojes, zapatos.

Símbolos de su servidumbre.

Los metió en bolsas de basura.

Uno por uno.

Cada objeto, un recuerdo doloroso.

Quería borrarla.

Borrar esos años.

Dejarlo todo atrás.

Su móvil vibró.

Número desconocido.

Un mensaje.

"Aléjate de Isa, perro faldero. No te quiero cerca de ella."

Lucas.

Tan predecible.

Tan patético.

Inmediatamente después, el teléfono sonó.

Isa.

Su voz, eufórica.

"¡Mateo! ¡Ven ahora mismo! ¡Necesito tu ayuda!"

La ironía era casi cómica.

Isa lo esperaba en la puerta de su tienda favorita.

Su comportamiento era el de siempre.

Alegre, despreocupada.

Como si nada hubiera cambiado.

Mateo la observó.

Ahora la veía con otros ojos.

Con distancia.

Con una fría claridad.

Ya no era su carcelera.

Solo una chica caprichosa.

"¡Vamos, vamos!" Isa lo arrastró dentro.

Lo llevó por las secciones de hombre.

Le hizo probarse ropa.

Trajes caros.

Camisas de seda.

"Te queda perfecto," decía.

Luego, la bomba.

"Es para Lucas. Tenéis una talla parecida. Quiero que esté impecable para la fiesta de esta noche."

Humillación.

Otra más.

Incluso ahora, seguía siendo un sustituto.

Un maniquí.

Isa parloteaba sobre Lucas.

Su reencuentro.

Lo maravilloso que era.

Lo feliz que estaba.

Mateo escuchaba.

El mensaje de Lucas resonaba en su cabeza.

"Isa," empezó Mateo, con cuidado. "Este Lucas... ¿estás segura de él?"

Isa se detuvo.

Lo miró, los ojos entornados.

"¿Qué quieres decir?"

"Solo digo que... quizás no sea quien tú crees."

La cara de Isa se endureció.

"¿Estás celoso, Mateo?"

Su voz era fría.

Posesiva.

"No te atrevas a hablar mal de Lucas. Te exijo lealtad. A mí. Y a él."

Una amenaza velada.

Si quería seguir recibiendo el dinero para la bodega, debía callar.

Pero la bodega ya no era su problema.

Mateo suspiró.

Inútil.

"Tienes razón," dijo. "Perdona."

Cumplió.

Ayudó a Isa a elegir los regalos para Lucas.

Pagó con la tarjeta de crédito que Isa le había dado.

La tarjeta que pronto cancelaría.

Soportó su alegría ingenua.

Sus planes.

Su obsesión.

Más tarde, conducía el coche de Isa.

Ella a su lado, parloteando por teléfono con Lucas.

De repente, la voz de Lucas cambió.

Pánico fingido.

"¡Isa! ¡Ayúdame! ¡Me tienen!"

Un secuestro.

Patético.

Isa gritó.

Perdió el control del coche.

Frenazo brusco.

Mateo se golpeó la cabeza contra el salpicadero.

Dolor agudo.

Todo se volvió borroso por un instante.

Isa ya estaba fuera del coche, corriendo hacia un edificio abandonado.

Prioridades.

En la azotea.

Un hombre sujetaba a Lucas.

Un antiguo socio de Montoya padre, arruinado.

Desesperado.

Amenazaba a Lucas con un trozo de metal.

Isa llegó.

Pánico en sus ojos.

Solo un instante.

Luego, una idea cruzó su rostro.

Una idea terrible.

Miró a Mateo, que llegaba tras ella, mareado.

"¡Él es mi novio!" gritó Isa, señalando a Mateo. "¡El verdadero! ¡Suéltalo a él, te daré lo que quieras por Mateo!"

El agresor dudó.

Confundido.

Mateo entendió.

El cebo.

Siempre el cebo.

El agresor se giró hacia Mateo.

En ese instante, Lucas empujó al hombre.

Cayó al vacío.

Gritos.

Silencio.

Mateo sintió un dolor agudo en el brazo.

Un corte profundo.

Sangre.

Isa corrió hacia Lucas, abrazándolo.

"¿Estás bien, mi amor?"

Mateo se quedó solo.

Sangrando.

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