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Amar Sin Limites

Amar Sin Limites

Autor: : Ana_Navarro
Género: Romance
Armando y Alejandra se habían visto solo una vez en la vida; y sin embargo cuando coincidieron de nuevo sintieron una increíble conexión. Los dos traen cosas buenas a la vida del otro; pero a diferencia de lo que se podía pensar su hermana menor a tenido una vida más difícil que el y su pasado amenaza con arrastrarlos a todos. Muy a su pesar su mejor amigo; Cristian, también entra en la ecuación enamorándose de su hermana; así que los dos se dan a la tarea de protegerla incluso de ella misma; aprendiendo que la felicidad no puede durar por siempre y que las pérdidas están a la vuelta de la esquina.

Capítulo 1 1 MI HIJO, UN HOMBRE MUY IMPORTANTE

Ahí estaba de nuevo; consolando a su hermana; había sufrido mucho en esos años, la pérdida de su hijo; la muerte de su esposo; su enfermedad; malas noticias una tras otra; empezaba a creerle lo que decía, que para ella no existía la felicidad; la veía luchar cada día por mantener ese equilibrio en su vida, pero como siempre, la felicidad se les esfumaba de las manos y él no podía hacer nada.

"Ale, por favor, está muerto" le apretaba el hombro tratando de no lastimarla, no sabía si estaba herida, pero se aferraba al hombre entre sus brazos.

"No, él no puede estar muerto; ¡me oíste!, ¡tú debes estar bien!, ¡las niñas te necesitan, mi familia te necesita!" lo apretaba con fuerza, debía encontrar la forma de salvarlo.

Él se perdió en sus pensamientos, quería darle paz a su hermana, pero no podía, no podía darle paz; esa paz que prometió darle cuando cruzaron sus vidas años atrás, el conocerla les trajo muchas cosas buenas a ambos, pero parecía todo se obstinaba en quitárselas.

Tiempo atrás.

Armando Álvarez estaba feliz de que la compañía en la que trabajaba mudara su sede a México, seguiría viajando, pero podría pasar más tiempo con su madre, tenía meses sin verla, aunque hablaba casi a diario con ella se sentía inquieto, aun por teléfono la notaba cansada y sabía que, aunque le mandaba dinero, no lo gastaría y seguiría viviendo de forma humilde; era parte de ella y no podía hacer nada estando lejos, así que a partir de ese momento se enfocaría en darle la vida que se merecía.

Su vuelo aterrizo en el aeropuerto de la Ciudad de México a las doce del día; por la hora, cuando llegara, su madre estaría preparando la comida o apunto de comer, así que se despidió rápidamente de su mejor amigo y tomo un taxi hacia la dirección que a pesar de los años recordaba a la perfección; entro a la vecindad y camino hasta el fondo, un poco incómodo ya que había insistido a su madre comprar una casa o departamento y mudarse, pero ella no quiso moverse de ahí, estimaba a las vecinas y no quería sentirse sola en un nuevo lugar, no le molestaba esa forma de vida, después de todo el nació y creció ahí, lo que no le gustaba era que su madre se aferrara; él quería que disfrutara lo que gracias a ella había conseguido; llamo a la puerta un par de veces, pero nadie le abrió.

Espero un par de minutos sin respuesta, recordó que su madre dejaba una llave bajo una de las macetas en caso de necesitarse, la tomo; entro a esa casa de la que salió diecisiete años atrás con la esperanza de darle a su madre una mejor vida; no se molestó en volver, cuando por fin tuvo las posibilidades económicas intento se fuera con él, después que se mudara pero se resignó a que le dijera solo mejoraría las condiciones de su casa, sin embargo, lo que tenía enfrente distaba mucho de lo que imagino; todo se veía desordenado y viejo, sintió una punzada, su madre lo visitaba, le decía que todo iba de maravilla en su vida, no entendía como para ella eso estaba bien; mandaba dinero cada mes para que comprará cosas para ella, la casa, no tuviera ninguna carencia; simplemente no había explicación para ese descuido.

Silvia; era una mujer que no permitiría ese desorden a menos que algo serio pasará, además, al vivir sola, no había motivo para que todo luciera así; dejo sus cosas, entro a la recamara, cuando la vio, un escalofrío recorrió su cuerpo, estaba delgada, a punto de los huesos, ni siquiera se había percatado de su presencia; parecía no verlo, contrastaba totalmente con la mujer que vio meses antes; se desconcertó más al darse cuenta que su madre estaba ciega.

Con un nudo en la garganta la llamo.

-¡Mamá!, estoy en casa-. Su voz se quebraba; era increíble que siempre había sido un hombre serio y hasta frío, era muy difícil que algo doblegara su carácter, en ese momento le dolía ver las condiciones en las que se encontraba su madre.

Silvia rápidamente intento levantarse de la cama, quiso disimular su ceguera, pero fue imposible, si bien, conocía su habitación a la perfección no sabía adonde dirigirse para abrazar a su hijo, sin contar que sus piernas tardaban en responderle, era inútil esforzarse más en ocultar su condición.

-¡Hijo!, ¡ven!, dame un abrazo, ¿porque no me avisaste que vendrías? - se sentó en la orilla de la cama y abrió los brazos, en el fondo la invadía una emoción mayor. sintió que su último deseo si podría ser cumplido.

Armando se acercó, la abrazo y respondió con lágrimas en los ojos.

-quería darte una sorpresa, pero el sorprendido fui yo, ¿porque ha pasado esto?, no debí dejarte sola, de haber estado aquí, tú no estarías- Ni siquiera encontró las palabras para decirlo, debió ser firme al pedirle que viviera con él, pudo haber evitado lo que fuera que le pasara.

-No seas tonto, esto pasaría sola o a tu lado, no quise alarmarte, tienes muchas cosas de las cuales ocuparte, ven, siéntate junto a mí" lo guio a su lado al escuchar que no articulaba palabra alguna decidió explicarle lo que pasaba; "hace unos años enferme, no quise decir nada porque sabría que querías regresar de inmediato, no podía permitir que truncaras tu futuro; sabes que no me gustan los doctores, así que me ha atendido Juanita, la yerbera del mercado, pero, mis achaques van de mal en peor desde la última vez que fui a verte; solo esperaba resistir a que volvieras para decirte algunas cosas y ahora sí, podré descansar en paz- estaba consciente de lo que esas palabras provocarían en su hijo, tambien de que el final estaba cerca para ella, debía ser directa.

Armando se enojó, su madre era terca, pero desde su punto de vista el que decayera su salud podría haberse evitado; cuando no quiso pasar las fiestas con el diciéndole quería acompañar a una amiga que estaba sola, quiso entenderla; creyó que al mandarle suficiente dinero su madre estaría bien-¡Vamos ahora mismo a un hospital!, no puedo quedarme viéndote así-pagaría lo que fuera porque su madre recuperara la salud, agradeció después de todo que tenía los medios económicos necesarios para cubrir cualquier gasto que se presentara pero al ver su reacción se desconcertó más, tenía una enorme sonrisa en el rostro.

-Hagamos un trato, comamos juntos, hablemos, mañana voy contigo a dónde quieras- estaba segura su hijo no le negaría nada, además, necesitaba cumplir su propósito considerando lo dejaría solo.

Armando hizo una mueca, quería objetar, pero no quería disgustarla, no sabía que tan mal estaba su salud, el mínimo enojo podría provocar un declive con lo frágil que lucía; acepto, ella tomo el teléfono junto a su cama y emocionada llamo un taxi, se levantó alisándose el vestido, lo tomo del brazo para salir del lugar.

En cuanto alguien la saludaba Silvia respondía emocionada-Buenas tardes, este es mi hijo, es un hombre muy importante y guapo- a pesar de no poder verlo, recordaba a la perfección los rasgos de su hijo; era alto, su piel de un tono moreno claro le daba un toque de elegancia a sus facciones, sus ojos eran color café obscuro; además como de adolescente hizo trabajos pesados tenía una complexión fuerte, estaba segura su presencia imponía.

Armando solo hacia un gesto, veía que todos en los alrededores sabían de la ceguera de su madre, los niños corrían a apoyarla a llegar al taxi, despejaban el camino para ella, se sintió el peor de los hijos por permitir algo como eso, subieron al auto, el hombre saludo y Silvia repitió lo mismo que a los vecinos, el taxista expreso lo que todos sabían; que él trabajaba duro para salir adelante con su madre; aun siendo reservada en cuanto a gastar para ella, era generosa con las personas que veía lo necesitaban, debido a ellos tenían una mejor calidad de vida por lo dadivosa de la mujer; el hombre condujo atento contándole a Armando como era la vida en el barrio y lo mucho que su madre ayudaba.

Armando seguía entre sorprendido y apenado, todos trataban a su madre con naturalidad a su ceguera, hasta los muchachos de fuera de la fonda corrieron a ayudarle en cuanto los vieron llegar; se veía que tenían tiempo con esta situación y sin embargo el apenas se iba enterando, se repetía en la mente si la última vez que la vio ya presentaba esa condición y por el ajetreo de su vida en Texas simplemente no se dio cuenta.

Terminaron de comer entre risas, por unos minutos ambos olvidaron lo que les aquejaba, pero Silvia tenía un propósito y lo cumpliría, necesitaba hablar con su hijo respecto a su padre.

Capítulo 2 2 ESTA CONVERSACIÓN NO ME GUSTA

Aun sintiéndose feliz de ver a su madre y escucharla reír, el remordimiento que sentía no permitía que disfrutara completamente ese momento; de repente la vio ponerse seria lo que lo alerto de inmediato.

-Hijo, sé que lo que diré ahora no te gustará, te pido me dejes terminar; me queda poco tiempo, pero estoy tranquila porque mi propósito en la vida fue cumplido; eres un hombre de bien, importante y tienes un gran corazón, lo único que me pesa en el alma es que al no estar yo, te quedarás solo, ya que no encontraste una buena mujer aún; sé que tú padre sigue vivo- estaba segura el objetaría ante su mención, por eso se detuvo.

Armando quiso responder con coraje, para el ese hombre estaba muy lejos de ser su padre, pero el gesto de su madre le arranco una sonrisa ya que aun sin verlo sabía exactamente como reaccionaria.

-Mama, esta conversación no me gusta, parece una despedida- trataba de ser comprensivo, pero, entre el tema y lo que significaba esa conversación le estaba costando mucho conservar la calma.

-Te pedí no interrumpas, obviamente no te pediré que lo busques, tú sabrás en que momento el merecerá tu afecto o perdón, pero recuerda que tuvo más hijos, ellos son tus hermanos, no les guardes rencor, igual que tú sufrieron el abandono de un padre, si, estuvieron más con él, pero estoy segura que fue tan irresponsable como contigo, creo que serán un gran apoyo, tanto tu para ellos, como ellos para ti, así que quiero que en este momento me prometas que intentarás acercarte a ellos y llevar una relación de hermanos.- No quería se quedará solo después de su muerte, desde que era niño esa siempre fue su mayor preocupación, esperaba no equivocarse y encontrara en ellos el amor y apoyo que ella ya no podría darle.

Armando no sabía que decir, en realidad si, le daba curiosidad saber sobre sus hermanos, la última y única vez que recordaba hablo con su hermana, se acababa de ir a Estados Unidos a probar suerte, de repente tenía información de ellos por su abuela, después de que murió perdió todo contacto.

-Está bien mamá, pero, iremos juntos a buscarlos, no digas que te queda poco tiempo, aún tienes muchas cosas que hacer aquí, ya voy a trabajar desde México, así que, busquemos una casa y veamos que te mejores; después, localicemos a mis hermanos; no tengo ni la menor idea de dónde empezar, pero los encontrare solo porque tú lo pides- no quería acercarse a la familia de su padre; eran personas difíciles que no tenía intención de frecuentar.

-Es simple; inicia en la casa de tu abuela, la familia Álvarez debe saber dónde encontrarlos- Silvia sonreía, la palabra de su hijo era suficiente; el cumpliría esa promesa, podía recibir el final sin ninguna mortificación; unos minutos después le pidió volver a su hogar.

Hablaron toda la tarde, recordaron muchas cosas de su infancia y rieron, su madre le dijo que en el ropero estaba una maleta con la mayor parte del dinero que había enviado a lo largo de esos años, Armando se molestó, pero no quiso reprocharle, después de todo a partir de ese día se encargaría de darle la vida que merecía y ante eso no recibiría objeciones de su parte.

Aunque quería seguir hablando, Silvia comenzó a sentirse muy cansada así que le pidió a su hijo la acompañara a recostarse; él le dio un beso en la frente y salió del cuarto, tomo su celular y se dispuso a buscar el mejor hospital de la ciudad para llevarla, llamo e hizo una cita, por la hora le fue difícil pero insistió tanto que al final lo consiguió; estaba ansioso y se repetía que haría hasta lo imposible porque su madre estuviera bien; no pudo dormir así que apenas amanecía y él ya estaba dándose un baño, era un día muy importante; salió a la tienda a comprar, después de tantos años que no caminaba por ahí, todo le parecía pequeño; pero algo prevalecía a pesar del tiempo, su deseo de darle una mejor vida a esa mujer que no solo le dio la vida, si no que hizo siempre todo a su alcance para que el estuviera bien; entusiasmado se dispuso a preparar el desayuno, intento ordenar y preparo la mesa, entro a la recamara y la llamo, se acercó pensando que dormía; tomo su mano con cariño para despertarla.

-Mamá, levántate, el desayuno está listo, tenemos cita en un hospital muy cerca de aquí; después quiero que almorcemos con Cristian, tiene ganas de verte y consentirte- a pesar de que una parte dentro de él sabía exactamente lo que ocurría, otra lo negaba, no podía ser que las cosas ocurrieran de esa forma.

-Por favor; mamita, es hora de irnos - la tomo entre sus brazos; en ese instante lo acepto, su madre había muerto mientras dormía, la apretó con fuerza y lloro, se sentía furioso con si mismo por permitir que su madre acabará así sus días; no supo cuánto tiempo paso aferrado a ella pero hizo todo por contener esas lagrimas que salían incontrolablemente de él y la acomodo de nuevo como la encontró; después llamo a una ambulancia pero nada pudieron hacer, todos los vecinos se conmocionaron ante la muerte de Silvia, aunque ella lo había anticipado y dejado instrucciones para que su hijo no tuviera más mortificaciones; no evito fuera duro para todos; una mujer y su esposo le informaron a Armando lo dispuesto para el velorio; el parecía seguir en shock, solo pidió no escatimaran en gastos; cuando todo estuvo listo informo a su mejor amigo; que más que eso era un hermano para él.

Cristian no tardó mucho en llegar esperaba su llamada para ir con ellos pero jamás imagino encontrarse con esa situación, observo unos minutos a Armando parado junto al ataúd, su cuerpo estaba ahí pero su mente parecía divagar, nunca había visto ese semblante en él y no tenía idea de cómo manejarlo; se acercó a darle un abrazo, fue ahí cuando Armando se desmoronó, se sentía un idiota al dejar pasar tanto tiempo, culpable por poner todo antes de volver a asegurarse que su madre estuviera bien, simplemente lo abrazo y dejo que sacara todo eso que lo estaba desmoronando.

Una mujer mayor se puso frente a ellos.

-Me permites decirte unas palabras- entendía era duro para él, posiblemente no la recordaba pues era un adolescente la última vez que lo vio, pero eso no evitaba ella si lo tuviera presente, un hijo devoto y que siempre demostraba el gran amor que tenía por su madre.

Armando solo asintió mientras Cristian lo ayudaba a levantarse.

-Me da gusto ver que eres el hombre que tu madre siempre quiso; ella anticipo este momento y quería que supieras que fue feliz cada día desde que supo nacerías; después a lo largo de estos años la lleno de orgullo y satisfacción el hombre en que te convertiste; tal vez estés molesto porque continuo aquí, pero ella era feliz con esa decisión, porque el motor de su vida eras tú y mejor hijo no pudiste ser. - estaba segura en ese momento sus palabras no lo confortarían, pero cumplía la palabra a su amiga.

-Gracias, no solo por esto, si no por estar para ella cuando yo no estuve- una sonrisa casi imperceptible modifico un poco su semblante; entendía que eso venia de su madre, pero no evitaba la culpa que sentía.

-Tal vez no estabas físicamente, pero siempre estuviste junto a ella, así como de aquí en adelante ella siempre estará junto a ti- apretó su mano y se retiró.

La velaron esa noche y al siguiente día muy temprano fue el entierro; después de mucho insistir Cristian logro que fueran a comer algo, sabía que esté golpe sería muy difícil de superar para Armando ya que su madre lo era todo para él; a grandes rasgos durante la noche le conto sobre su petición, lo veía jugar con la comida en el plato así que después de un rato pregunto lo inevitable.

-¿Los buscaras? - tenía diecisiete años de conocerlo, era parte de su familia, no se imaginaba que él tuviera más parientes, era muy hermético en ese sentido.

-Se lo prometí a mi madre, ¿Cómo podría dejar de hacerlo?, pero, no creo que sea una buena idea, esa familia nunca me ha gustado-recordaba algunas cosas de su niñez y no era agradable.

-Es tu familia, llevas su apellido, sabes que cuentas conmigo para lo que necesites, aunque igual que tú madre creo es una buena idea reencontrarte con tus raíces-dudaba, pero quería mostrarle su apoyo.

-Te equivocas en eso, mis raíces sería mi padre, ese hombre ya no tiene nada que ver con mi vida, mis hermanos, bueno, no sé cómo serán, solo espero que no sean igual de egoístas que el -le guardaba mucho rencor, las pocas veces que lo vio y que recordaba, siempre humillo a su madre, a él lo trataba con desprecio pues decía nada le aseguraba fuera su hijo.

-¿Dónde te quedarás? - era obvio lo delicado de ese tema, no lo irritaría más; solo respaldaría el cómo quisiera hacer las cosas.

- Quiero estar donde estuvo mi madre, al menos eso me permitirá sentirla cerca- debía lidiar con su perdida, pero no tenía idea de cómo hacerlo.

-Es buena idea; yo me hice de un departamento, mi hermanita vendrá a vivir conmigo, mis padres siguen de viaje, pero sabes que esa también es tu casa, ya hay una habitación dispuesta para ti; igual en la casa de mis padres. - La familia de Cristian veía a Armando como un miembro más, todos se conmocionaron por la muerte de Silvia, pero tenían que cerrar sus asuntos en Texas, aun así, en la distancia sabia estarían apoyándolo.

-Gracias hermano- agradecía todas las consideraciones de la familia de su mejor amigo, pero en ese momento debía cumplir lo que prometió, tenía que buscar a sus hermanos.

Capítulo 3 3 SUENAS COMO MIS HERMANAS

Esa noche por más que Armando intentaba dormir no le era posible; no se explicaba como a solo unos días de haber vuelto su vida cambiara tanto; comenzó a buscar entre las cosas de la casa y encontró un viejo álbum de fotos, eran de su niñez; su madre siempre sonreía, eso le arranco una sonrisa; observando las fotos encontró una que llamo su atención, tenía aproximadamente cinco años; estaba con su padre, pero había algo más; dos niños, una que parecía de su edad y otro más pequeño; eran sus hermanos, no tenía duda de ello; no se explicaba en que momento había convivido con ellos pero lo import

ante es que lo veía como una señal más de que debía cumplir su cometido.

Siguió buscando, tal vez podría haber más fotos, quizá paso más tiempo con ellos y simplemente no lo recordaba, pero era la única; encendió su computadora, no tenía idea de a quien buscar, ni siquiera recordaba bien sus nombres así que su búsqueda en redes sociales resulto inútil, cuando se dio cuenta ya amanecía así que trato de descansar un poco.

Dedico los siguientes dos días a ordenar todo en la casa; encontró la maleta con dinero volvió a sentirse culpable, era evidente su madre no había gastado casi nada de lo que él enviaba, estaba seguro que lo poco que tomo era lo que daba a los vecinos y probablemente ella como cuando joven se mantenía de las composturas de ropa que hacia; las vecinas organizaron rosarios; salía cada noche a sentir el afecto hacía su madre; pensó que eso le daría consuelo pero no funcionaba; aunque Cristian lo acompañaba se daba cuenta lo que su madre imagino, se sentía completamente solo.

-Encontré un sobre donde está la dirección de mi abuela; mañana iré a buscar información- se lo dijo a Cristian mientras servía un caballito de tequila.

-¿Quieres que vaya contigo? - aun manteniéndose al margen de ese tema veía el sufrimiento en los ojos de su amigo, eran momentos difíciles y no tenía idea de cómo apoyarlo.

-No quiero darte más molestias, tu deberías estar iniciando una nueva vida aquí en México, lejos de todo lo que paso en Texas, y yo no deje que lo hicieras- habían dicho que sería un reinicio en la vida de ambos, nunca imagino que de esa forma.

-Suenas como mis hermanas; sabes que esa no es opción para mí, yo vine a trabajar, no me interesa socializar como pretenden, además, tu eres mi hermano, eres mi familia y estoy aquí para apoyarte - si por el fuera ya estarían trabajando, pero a todos en la empresa se les dieron vacaciones antes de iniciar de nuevo con los proyectos en esa nueva sede.

-Bien, pues siendo así; mañana iremos a cumplir esa promesa- aun contando con él para cualquier cosa que decidiera no podía dejar de sentir ese vacío que había traído la pérdida de su madre.

En la mañana se levantó temprano, no sabía muy bien como era el tráfico de la ciudad, pero imagino que al ser viernes no podría evitarlo; paso por Cristian y juntos se dirigieron al lugar que entre más se acercaban más recuerdos le traía.

-No puedo entrar por esta calle, hay una escuela; los puedo dejar aquí, es a la vuelta la dirección que buscan- el taxista veía por el retrovisor esperando una decisión, era justo la hora de entrada a las escuelas y el tráfico era más pesado.

-Está bien, aquí bajamos- Cristian saco su cartera y pago el taxi; Armando parecía perdido en sus pensamientos -anda, tenemos que bajar aquí, según el GPS solo falta una calle- le palmeo el brazo, entendía que debía ser difícil volver a ese lugar, considerando nunca lo menciono, imagino no tenía ni un buen recuerdo.

-Perdón, si, bajemos aquí- se le hacía increíble todo lo que guardaba en su memoria, los recuerdos comenzaron a aparecer como si nunca hubiera dejado de pensar en ellos.

Caminaron entre el bullicio que se hacía por la entrada de los niños a la escuela; Cristian se había quedado unos metros atrás atendiendo una llamada; al llegar a la esquina pudo ver la casa, estaba parado justo frente a la puerta de la escuela; pasaban muchos niños junto a él, pero seguía inmerso en sus recuerdos de ese lugar; no eran agradables; nunca fue bien recibido, había suplicado a su madre no volviera a llevarlo y ahora él estaba ahí por su propia voluntad; definitivamente la vida daba muchas vueltas.

La casa ubicada justo en medio de esa calle se veía deteriorada y parecía se caería; sabía quiénes vivían ahí tenían posibilidades económicas, las dudas comenzaban a crecer en él; ¿porque no la arreglaban?; ¿Por qué dejarla deteriorarse a ese punto si era su patrimonio?; seguía aturdido con sus pensamientos cuando de pronto una niña choco con él.

Era una pequeña regordeta con una expresión muy graciosa, otra niña que venía junto a ella la reprendió.

-¡Alexa fíjate!; ¡Siempre vienes distraída! - no presto atención a la persona con quien su hermana había chocado.

-No importa, todo está bien- levanto la lonchera que se le había caído a la pequeña y se la entrego, algo en los ojos de ambas niñas llamo su atención; pero no entendía que; la más grande se veía mandona; la pequeña se puso roja; se acercó una mujer que venía tras ellas, el supuso era su madre, solo sonrió apenada y pidió disculpas pero apenas y lo volteo a ver, estaba más enfocada en la puerta de la escuela que estaba por cerrarse, efectivamente la niña se veía despistada, las vio despedirse en la puerta.

-¿Qué ocurrió? - Cristian alcanzo a observar a la pequeña que no dejaba de ver a Armando, sus mejillas chapeadas por la pena también llamaron su atención.

-Una niña choco conmigo, fue extraño- no entendía que había pasado, por un momento olvido lo abrumado que estaba con todo lo ocurrido y sintió un poco de paz.

Siguió caminando, no tenía tiempo para distractores; llego a la puerta de la casa y después de dudarlo un par de segundos toco; se abrió la puerta; salió su tío Fabián; era un hombre extraño; sabia no era hijo de su abuela, pero lo crio como uno; parecía tener algún tipo de retraso mental, estaba convencido de que si le hubieran dado la guía correcta tal vez tendría una vida normal, lamentablemente nació en una época difícil para su condición y por eso ya no se podía hacer nada.

-Si jóvenes, díganme; ¿a quién buscan? - no veía bien, aun así, observo con curiosidad a esos dos hombres parados frente a él; conocía a todas las personas que vivían en esa colonia así que de inmediato noto ellos no eran de ahí.

Armando no pudo evitar sonreír; era de las pocas personas en esa casa que le agradaban, siempre lo había tratado bien, aunque en ese lugar con él fuera todo lo contrario.

-Jajajaja, ¿no me digas que no te acuerdas de mí? - era lógico que no lo recordara, independiente a su condición, la última vez que Armando estuvo en esa casa tenía doce o trece años, sin duda había cambiado, al hablar con él por alguna razón de nuevo se sintió como un niño.

-No joven, pero dígame, para que soy bueno- Tenia curiosidad de que insinuara lo conocía, veía algo familiar en el pero no podía decir que era.

-Soy- se detuvo, de nuevo lo invadió la duda de ser buena idea el involucrarse con la familia de su padre. -no importa; ¿hay alguien más en casa? - si le decía que no se marcharía.

-Solo estoy yo, pero si vienen a vender o cobrar algo, mi hermana esta mañana sábado después del medio día- cerro un poco la puerta, lo regañarían si vieran la confianza con la que trato a esos desconocidos.

-Gracias, volvemos después- como si le leyera el pensamiento Cristian supuso lo que pensaba Armando, no lo dejaría no cumplir, romper esa promesa simplemente lo pondría peor de ánimo.

-No sé si quiero volver- Armando lo dijo en cuanto estuvieron a unos metros de la casa.

-Debes hacerlo, nunca has roto una promesa, así que, aquí estaremos mañana- le palmeo la espalda a su amigo, iba a decirle algo más, pero una mujer que paso junto a ellos llamó su atención, tenía mucho que no le ocurría, además, era la misma que estaba tras las niñas que vio con Armando.

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