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Amarte entre letras

Amarte entre letras

Autor: : Lacie M.
Género: Romance
¿Qué pasaría si un escritor se enamora de su asistente personal temporal? Quien también es su editora. Esto le ocurre a Destan Paz, un joven escritor que se oculta tras un seudónimo femenino buscando pasar por desapercibido en la sociedad; el cual también es el heredero de un grupo empresarial multimillonario. Posterior a una infancia complicada y a una adolescencia llena de tragedias que corona con el principio de su etapa adulta, sumergido en una relación tóxica que casi acaba con él. Conoce a Thea Castillo, la "hermana mayor" de su mejor amiga y manager, quien la propone para que sea su asistente temporal mientras se encuentra por reposo debido a que está embarazada; quien también resulta ser quien se convertirá en su editora. Destan sin darse cuenta se enamora de Thea y afortunadamente es correspondido. Más, todo no es color de rosa, pues el pasado vuelve para complicar las cosas, sobre todo cuando el nombre de Solomon, el difunto hermano de Destan, se hace presente. ¿Podrá el romance de Destan y Thea superar todos los obstáculos? O ¿El pasado podrá más que ellos?

Capítulo 1 Despedidas.

En un pueblo, oculto entre las montañas que daba a la costa, había una quinta de amplios jardines, de dos plantas, con paredes rústicas pintadas de azul, rejas negras y un patio interno.

Sucedía el primer acto de despedida.

Frente a sí mismo estaba todo lo que en algún momento había deseado con toda su alma, por más tiempo del que posiblemente fuera sano. Y por más que lo intentaba no dejaba de anhelarlo, sin embargo, la realidad es que en los instantes actuales; pese a sus más fervientes deseos, era algo que no podría nunca tener.

El amor de la mujer, que a sus ojos era la más hermosa y perfecta del mundo; algo que estaba fuera de su alcance y más ahora, con la reunión que se daba. Como siempre que ella se acercaba cuando nadie más estaba, por petición suya, principalmente, en el jardín interior de su casa familiar; era una desgarradora despedida de lo que pudo ser.

Pues el tiempo que le jugaba en contra; no dejaba de recordarle que el final se acercaba.

Su oscura cabellera, cuál cielo nocturno, contrastaba con la palidez de su hermosa piel. Acentuando sus mejillas con un leve tono rojizo que siempre le pareció adorable, una belleza aún no reconocida. Sosteniendo en sus brazos aquel hermoso ser; que era un pedazo de ella, el cual apenas tenía un par de meses de nacido.

Como quisiera que las cosas hubieran sido distintas, si fuera así; el bebe que ella cargaba sería también suyo. Y entonces todo se vería brillante.

Solomon podía solo preguntarse, si más allá de la muerte podría seguir amándola como lo hacía en ese preciso segundo. La respuesta era clara para él y su mente soñadora que intentaba ver lo positivo dentro de toda la mierda que lo rodeaba.

Él nunca dejaría de amarla, después de todo ella era su luz. Que lo había iluminado por tanto tiempo, y en sus momentos más oscuros; alejándolo de la oscuridad que buscaba consumirlo.

- Esta será la última vez que nos veamos. - Declaro Solomon, con la voz ahogada en tristeza.

Delante de él, la reciente madre solo levanto la mirada, viéndolo como un animal asustado, mientras aquellos ojos que iban siempre protegidos por dicho regalo que el mismo le había hecho y que los había unido, se iban llenando de lágrimas, casi aferrándose a la silla donde se encontraba sentada, atino únicamente a ahogar un jadeo lleno de sorpresa.

- Solomon... - Comenzó a decir ella mientras intentaba manejar las emociones que la estaban dominando.

Qué escena tan desgarradora. ¿Por qué la vida tenía que ser tan miserable para enfermarlo de esa manera? Justo cuando finalmente estaba venciendo a sus demonios. Más, no había más opción.

Era un día demasiado precioso, para dar una noticia de tal magnitud. Sin embargo, por más cruel que pareciera, así era la vida. Sonriendo de manera cálida, Solomon se levantó y sin pensarlo mucho acuno la mejilla femenina en su diestra.

- El tiempo se acaba y no deseo que me veas peor de lo que ya estoy; quiero que vivas por los dos y sigas adelante; recordándome cuando aún tenía fuerza, cuando aun la vida me pertenecía en este juego, ¿me lo prometes? - Arrullaba el hombre de afilados ojos miel.

Bajo su tacto la mujer luchaba por no quebrarse, Solomon no podía más que reflexionar.

«Sea como fuera, las despedidas siempre dolerán; ojalá pudiera ahorrarte esto, pero no puedo irme de este mundo sin verte una vez más, sin avisarte que pronto me iré. Pero te lo prometo: Nos volveremos a encontrar, mi luz...»

Ella no respondió, no porque no quisiera, era incapaz de hacerlo y él lo entendía. De esa manera permanecieron; mientras el recién nacido dormía placidamente ajeno a la terrible despedida que estaba viviendo su madre.

Arropados por las flores de bugambilia blancas que llenaban todo el jardín interno de la casa de Solomon.

Y sin que notaran el paso del tiempo, el momento de decir adiós llego. Solomon, contrario a las órdenes de su doctor de cabecera, se mantuvo de pie todo el tiempo que su cuerpo le permitió; siendo él quien atendió hasta el último momento a aquella mujer.

Sumergiéndose en la fantasía de que era el esposo de su musa y el padre de su bebe. Solo por un segundo, después de todo, se le podía dar ese gusto a un moribundo, ¿no?.

Y acompañándola hasta la entrada de la casa; donde la vio subirse a su auto después de meter al recién nacido en su silla, entregándole una caja con todos los recuerdos que tenían en común, como las llaves del apartamento en la ciudad donde solían verse, al igual que las escrituras de este. Donde se ocultaba una parte de su vida hasta que llegara el momento indicado.

- Ve con cuidado... No lo olvides, nos veremos en la próxima vida. - Dijo Solomon apoyado en la puerta del carro.

Callando como siempre la última parte de su frase "Y no olvides que te amo y siempre te amaré."

Nunca fue capaz de decirle a la mujer frente a sí cuanto la amaba, y el cómo daría la vida por ella; razón por la que ella terminó en brazos de otro.

Solomon no espero que ella respondiera, una vez estuvo seguro todo estaba listo, ella tenía la caja con sus memorias más preciadas; cerro la puerta y sonriendo, se despidió con la mano antes de darse la media vuelta, entrando a la casa.

Segundos después, el motor del auto sonó y supo que ella se había ido. El comienzo del final había llegado.

~...~

La silueta de dos individuos reposa una junto a la otra, está a punto de amanecer. Todo era tan calmado y tranquilo como era normal en aquel pueblo, era una de las cosas que extrañaría Solomon definitivamente.

Habían pasado unos días desde la despedida que tuvo con el amor de su vida y ahora sentado en el tejado de su casa, estaba junto a una de las personas más confiables que conocía, pues la lealtad que mostraba hacia su querido hermano, la había vuelto la persona perfecta para esa labor.

Egoístamente, Solomon le daría a aquella chica, la tarea de cuidar a su segundo gran tesoro, su hermano Destan. Y tumbándose, se preparó para la conversación que vendría, disfrutando momentáneamente de lo que sería su última visita al tejado de la casa.

Quetzalli Díaz era el nombre de la elegida, quien a pesar de su expresión tranquila y medio adormilada, se siente completamente asustada, sus ojos no se despegan en ningún momento de la figura tirada a su lado; que miraba soñador las estrellas que aún se lograban ver en el cielo.

- Solomon, no entiendo... No comprendo la razón que te motivo a esperar tanto tiempo...- Musito la muchacha.

- Aunque intente explicar, la verdad es que no puedo... ¿Sabes? Quizás fue... Porque tengo miedo, por egoísmo... Pero eso ya no importa.- Dijo Solomon, cerrando sus ojos, dando la imagen de alguien que estaba completamente en paz.

Una mentira cruel y palpable, era lo menos que sentía el joven adulto que cargaba con algo mucho más grande de lo que podía. Solomon, un hombre que a sus 26 años aproximadamente está listo para despedirse de la vida, de cabello castaño muy claro, ojos color miel; su tez tenía un tono blanquecino, poco saludable.

- Zalli, necesito que me hagas un favor, es importante que me digas que sí- Comenzó a decir mientras sus ojos ámbares se clavaban, llenos de súplica en la mujer a su lado.- Él aún es un niño, necesito que lo cuides, y seas tú quien sea la guardiana de la herencia y de la empresa. Maneja tu el dinero una vez que yo... No este más entre los vivos, al menos hasta que él tenga 30, considero que para ese entonces él podrá realmente tomar sus propias decisiones y hacerse cargo de todo lo que es suyo por derecho.

-Tu hermano me va a odiar por eso... Sabes bien que no puedo negarme-Respondió la chica de apenas 22 años, huyendo de la mirada contraria- ¿Cuánto tiempo te queda?

- La verdad es que quizás un año, o unos meses... Es incierto Zalli- Musito en respuesta Solomon, levantándose y abrazando a su amiga- Prométeme que nunca lo abandonaras.

-Lo prometo... ahora suelta y vamos para adentro antes que Theo y Des, se levanten- Gruño, la chica, más, a pesar de sus palabras, solo podía acurrucarse aún más en ese abrazo.

Que para su tristeza, fue el último que Solomon le dio estando de pie y el siguiente año, fue el más doloroso para todos los involucrados.

Capítulo 2 El inicio de un nuevo borrador.

~11 AÑOS Y MEDIO DESPUÉS~

«Espero que esto sea realmente una buena idea.»

Reflexionaba Quetzalli, mientras detenía el auto en frente de un modesto edificio de seis pisos; de fachada común de un soso color crema. Suspirando, al apagar el motor, se preparó para salir del auto, eran casi las dos de la tarde.

La mujer chasqueó la lengua al ver el cielo completamente despejado; de un hermoso color celeste con el sol brillando, sería un buen domingo, si no tuviera que ver a cierta persona.

Solo le quedaba esperar que esa cierta persona,estuviera de un humor similar al del clima; es decir, bueno, de lo contrario ardería Troya; sin darle más largas a ese asunto, bajo, del auto y se encaminó hacia el interior del edificio.

El resonar de sus pasos, era lo único que se escuchaba por los pasillos de la construcción, cuando llego al cuarto piso se detuvo en la puerta de uno de los dos apartamentos que había en aquella planta. Sin pensarlo mucho, saco de su cartera las llaves antes de ingresar. Entretanto, recordaba en la reunión que había tenido la noche anterior con su mellizo.

~Inicio flashback~

Sentados uno al lado del otro se encontraban los mellizos Díaz, en la barra de la cocina del apartamento de Quetzalli; la mayor por tan solo un minuto. El silencio se había establecido entre ambos mientras Theodore intentaba comprender las palabras de su hermana; la cual había decidido que era el momento de confesarle un gran secreto, solo para pedirle un favor.

De no estar embarazada, seguramente ya la hubiese matado; bueno, quizás no de manera literal, pero sí sentía ganas de ahorcarla; ya que no sabía cómo reaccionar. El mundo era pequeño y la vida daba demasiadas vueltas.

Theodoro, mejor conocido como Theo; era un hombre de contextura media y un físico bastante atlético, con el cabello negro ligeramente ondulado, largo hasta la barbilla; el cual tenía amarrado en una media cola y de grandes ojos verdes con sutiles betas grises.

- ¿Me puedes repetir todo lo que acabas de decir? - Pidió de manera amable Theo. - Es que sinceramente, cuando me has llamado, pensé que era por otra cosa como decirme finalmente el sexo de tu bebe.

Y, es que Quetzalli frente a él hacía gala de una simpática pancita, de unos orgullosos cuatro meses de embarazo; en los que se negaba a soltar información más allá de un "Todo va bien" la embarazada soltó una ligera risa comprendiendo a su hermano y encogiéndose de hombros sonrió de lado, previo a agarrar otra de las galletas que había en colocadas en frente de ella.

- Pues, veamos te dije que Destan, nuestro amigo de toda la vida, está en la ciudad desde hace dos años y que es Jessica Lira; que yo soy su asistente y manager; luego te doy los detalles del cómo termine en toda esta situación . - Comenzó a decir Zalli, encogiéndose de hombros ante la mirada acusadora de su hermano. - No lo tomes a mal hermanito, era importante mantener todo muy hermético, fue petición de Des. Y tú y yo sabemos quién es el más chismoso de los dos. - Agrego sonriendo de manera inocente.

A lo que Theo, solo pudo asentir dándole un punto en aquella conversación. Dejando así que su hermana prosiguiera con la repetición.

- Lo otro que te dije es que necesito contactar a Thea, ya que, después de mucho análisis... Creo que ella es la persona indicada para hacer de mi reemplazo, pues debido a mi embarazo, pues tarde o temprano tendré que tomar un reposo y pues se que ella es la persona más confiable del mundo. ── Finalizo Quetzalli con una sonrisa brillando en su rostro. ── ¿Puedes o no hacer el contacto con la osa?

- Mierda... - Soltó Theo al escuchar la repetición y chasqueando la lengua, tomo una galleta también del plato frente a él. - Después quiero contexto de cómo Destan termino siendo escritor de romance y con seudónimo femenino. - Dijo antes de darle un mordisco a la galleta. ── Puedo, pero, estás clara que no haré nada más, yo a la ira de Thea no me enfrento por voluntad propia y se que se va a enojar por alguna razón.

Mordiendo también su galleta Zalli, cerro los ojos esperando a lo que su hermano tenía para decir.

- Aunque no entiendo, ¿Por qué no simplemente llegas a su casa? - Indago, Theo. - Después de todo ella es tan amiga tuya como mía... si lo vemos de manera técnica porque ambos sabemos que ella es nuestra familia ── Argumento ── ¿Aún no te disculpas por el incidente del manuscrito?

Frente a las palabras de su hermano Zalli, meneo la cabeza, pensando en que decir para no tener que darle directamente la razón a su hermano con respecto a la última pregunta.

- Porque, no lo haré como Zalli, lo haré como la manager de Jessica Lira; además que quiero también reunirme con Joel para hablar de negocios. - Comento la pelirroja, viendo cómo su hermano iba a hablar, se adelantó. - Y, si Theodoro, no me he disculpado por eso y se que me va a jalar la oreja de manera monumental.

Rodando los ojos, Quetzalli pateo la espinilla de su hermano, al oírlo reír frente a la confesión dada, después de un rato de las interminables carcajadas del menor de los mellizos. Theo volvió a sus cabales.

── Está bien, hablaré con Joel para que se reúnan mañana a primera hora, para que él hable con Thea. ── Respondió finalmente Theo. ── Dios, ese regaño no me lo voy a perder por nada del mundo.

~ Fin del Flashback~

Después de entrar al departamento, encontró hojas en el suelo, un par de envases de sopa instantánea en la barra; pero, ni un solo cabello del dueño del apartamento. Por lo que aprovechando, organizo un poco, mientras hacía café, el café a menudo era una buena ofrenda de paz.

Luego de la reunión con Joel, se dio cuenta de que quizás no era tan buena el poner a aquella mujer como niñera de Destan. Sin embargo, se sentía acorralada, pues no tenía muchas opciones.

~...~

En el cuarto principal del apartamento, envuelto en las sabanas de color negro, con las cortinas completamente cerradas y el aire acondicionado; se encontraba un hombre, despertando debido al aroma del café que había llegado hasta su nariz.

Rondando los 28 años, Destan Paz, abrió los ojos con pereza mientras que se estiraba cuál felino en la cama, antes de ponerse las pantuflas saliendo del cuarto a duras penas. Se había ido a dormir casi a las seis de la mañana, luego de una noche frustrante, intentando escribir sin conseguir nada realmente bueno.

Al salir por el pasillo, Destan se dio cuenta de que todas las persianas estaban levantadas y que al parecer habían limpiado el desastre de la noche anterior, cualquiera hubiera entrado en pánico ante eso, pero, él no, ya que sabía de quién se trataba. Pasando una mano por su cabello, levanto la mirada para posarla en su invitada.

- Zalli... ¿Qué haces aquí? - Pregunto el joven con una voz ronca, usualmente Quetzalli solo iba a su casa de lunes a sábados.

Destan Paz, era un hombre apuesto, facciones varoniles, pero, nada toscas, hombros anchos y un cuerpo completamente definido; melena desigual de un color castaño claro que combinaba perfectamente con sus ojos miel, que por momentos parecían dorados. Una sonrisa cálida; pero hasta allí llegaba todo, su terrible carácter opacaba su belleza física.

Quetzalli, dejo lo que estaba haciendo para encontrarse con el joven. Riendo ligeramente ante las pantuflas de patas de León que Theo había tenido el detalle de regalarle a Destan la última Navidad que pasaron juntos.

- Necesito hablar contigo, creo que he encontrado a quien pueda ser mi reemplazo temporal durante el reposo pre y postparto - Comunicó con tono tranquilo la pelirroja.

Al escuchar las palabras de Zalli; Destan chasqueo la lengua caminando hasta la barra de la cocina, sentándose con expresión ligeramente inquieta. Pese a que no le gustaba mucho la idea, no podía negarse, después de todo; Quetzalli era todo lo que tenía en ese mundo, ella y su familia.

Además, confiaba ciegamente las decisiones que la falsa pelirroja tomaba después de todo, tenían casi dieciocho años siendo amigos y nunca le había fallado, muy contrario a cómo él se comportó en un punto dado.

- Ilústrame... -Dijo entonces Destan.

Aquello fue la señal que necesitaba Zalli, colocando una taza de café frente al castaño. La futura madre comenzó a hablar. El terror se fue marcando en el rostro de Destan a medida que escuchaba a su amiga hablar y comenzando a negar, se levantó, señalando con un dedo a la pelirroja artificial.

- Estás loca Quetzalli - Bramo Destan. - No, me niego.

Al escuchar la negativa, Zalli se cruzó de brazos frunciendo el ceño.

- ¿Por qué? - Pregunto de manera tajante.

Destan, tuvo que tomar aire antes de hacer un puchero. Y pasándose nuevamente las manos por la cabeza, dio una vuelta por la sala antes de responder.

- Me estás hablando, que piensas ponerme de niñera a una de las mejores editoras de la ciudad. - Decía Destan. - Vamos a ver, esa mujer me va a matar por muy amiga tuya que sea.

- Ay, Destan eres dramático. - Siseo Zalli, sin querer darle la razón al escritor. Aunque tenía razón, después de todo se necesitaba tener carácter y paciencia para tratar con Destan. - Thea es una persona maravillosa, además es la persona más confiable que conozco, ella no dirá que eres Jessica Lira. - Agregaba la mujer tranquila. - Mi hermano y yo la conocemos desde niños, es técnicamente mi hermana mayor... además que he conseguido una reunión con ella mañana en la tarde, ya no podemos negarnos. Porque ella, al igual que tú, es difícil de contactar...

- Te odio...- Murmuró Destan. - Dime la hora... - Accedió suavemente el escritor.

Sintiendo muy dentro de él, que era una pésima idea. Aunque había otra parte que tenía demasiada curiosidad, por conocer a aquella mujer que era toda una leyenda dentro del mundo editorial.

Thea Castillo, la editora de los lentes azules.

Era conocida por ser el pilar de la editorial Ruiseñor, con casi nueve años de trabajo impecable; se decía que si caías en las manos de ella tu libro sería un best seller, pero solo un par de personas habían llegado a verla en persona, fuera del personal de la editorial, puesto que era Joel Jara, director de la editorial el que recibía los manuscritos y se los hacía llegar.

Zalli, se sentía completamente aliviada de que Destan, hubiera accedido sin tanto jaleo. Cuando de pronto, el vibrar de su teléfono la alerto, inmediatamente desbloqueo para ver el mensaje que era de parte de su hermano.

[Theo:

La osa accedió, mañana a las seis, cenaremos en el restaurante que a ella le gusta. Llega un poco antes.]

Al leer el mensaje, una ligera risa escapó de los labios de Zalli antes de posar su mirada en Destan.

- Mañana a las seis, en el restaurante de Wei Wei. ─ Informo.

Capítulo 3 Las reuniones un domingo nunca son una buena noticia… ¿O sí

En un pueblo pintoresco, que daba hacia el mar, rodeado por una cordillera completamente verde, que daba un efecto mágico, que destacaba pequeño destino para todos los que llegaban a visitarlo.

Dentro de una casa, de fachada rústica hacia las afueras del pueblo, de blancas paredes y rejas de color negro. Una casa protegida por arbustos de magnolias y un gran árbol de Mango.

El sol entraba por la ventana del cuarto principal, celebrando un nuevo día con un cielo despejado, con cada oportunidad, en la que las cortinas se levantaban debido a la brisa marina que entraba por las ventanas abiertas. Acostada boca abajo, se encontraba una mujer de largo cabello negro, completamente enmarañado.

A su lado, en la mesa de noche, junto a un manuscrito y un resaltador, reposaban unos lentes, azul eléctrico; la calma era lo que predominaba en aquella habitación, hasta qué pasos se escucharon por el pasillo y luego la puerta de la habitación se abría de manera agresiva. Despertando de esa manera a la dueña.

En esa habitación reposaba Thea Castillo, la conocida editora de los lentes azules; que había optado por vivir en la sombra del misterio al negar verse con sus clientes, usando a Joel Jara, amigo y jefe como canal para recibir los trabajos.

Un par de segundos tardó Thea en comprender lo que había pasado; justo en el momento que su hija se lanzaba a la cama. Gruñendo por lo bajo, la editora se pasó una mano por la cara antes de sentarse mirando a su hija con ojos bizcos, más dormida que despierta.

- Mamá, ha llamado mi tío Joel. - Informó, con tono burlón, la joven de unos 12 años aproximadamente.

Agatha la hija de Thea, al igual que su madre, llevaba el cabello largo, solo que este tenía un tono castaño y era ligeramente ondulado. Los ojos de la joven pasaban por la figura de su madre, de manera divertida, mientras que el tono gris de estos adquiría un brillo travieso.

- Dice que necesitas que estés en la editorial antes de las dos de la tarde, ha salido una reunión de imprevisto, es posible que necesites quedarte en la ciudad un par de días. - Agrego Agatha viendo cómo su madre estaba cada vez más despierta. - No te preocupes, ya he hablado con mi papá, para quedarme con él esos días, puedo aprovechar de visitar a la abuela, ya que estoy de vacaciones.

Suspirando Thea, intentaba comprender toda la información que su adorada hija soltaba, sin ningún tipo de contemplación con su pobre alma. Finalmente asintiendo la mujer, gateo por la cama buscando su teléfono a tientas, al encontrarlo se sentó agarrando los lentes para ver la hora.

«Siete de la mañana... Es que los mato, tan solo alcance a dormir dos horas.» Pensaba Thea suspirando de manera lenta.

~... ~

Casi unas cuatro horas después, Thea acompañada de su hija; detenían el auto frente a un edificio de grandes ventanales, y sobre la puerta principal se encontraba un letrero que decía "Editorial Ruiseñor, donde la melodía de tu alma se convierte en un libro al alcance de todos."

Apoyados en el marco de la puerta se encontraban dos hombres; uno era Joel Jara, director ejecutivo de la editorial. Un hombre de tez morena, ojos de color chocolate y rizado cabello negro, con sutiles canas regadas por toda la cabeza; de unos aproximados treinta y siete años, el cual tenía una expresión de estrés para nada sutil, de contextura media.

Al lado de Joel, se encontraba Caín Baez, principal ilustrador y diseñador gráfico de la editorial, además de ser el exesposo de Thea y padre de Agatha. Un hombre también rondando los 37 años; de tez clara, cabello marrón, largo hasta un poco más abajo, de los hombros, atado en una coleta baja, barba cuidada, también marrón, que comenzaba a tener canas, ojos de color negro y una expresión divertida.

La primera en salir fue Agatha, la cual corrió directamente a su padre abrazándolo de manera efusiva antes de sacarle la lengua a Joel. En lo que Thea bajaba del auto con expresión desconfiada y se aproximaba a ellos.

- Que bueno que llegaron. - Saludo Joel levantando una mano - Vamos Thea no me mires así, tengo café para ti. - Agrego con tono de súplica a la mujer que se acercaba.

-Más vale que valga la pena...- Gruño Thea antes de mirar a Caín. - Hola, tú. - Saludo antes de entrar en el edificio sin dar tiempo a respuesta alguna.

Agatha simplemente sonrió antes de entrar detrás de su madre, entretanto Joel y Caín compartían una mirada, previo a seguir a las dos femeninas.

── Si mueres lamentare tu pérdida, amigo.── Dijo Caín mientras avanzaban.

~...~

Sentados en el salón de juntas se encontraban Caín, Joel y Thea; Agatha se había quedado en la oficina de su padre jugando en la computadora, decisión inteligente de su parte; el silencio reinaba el lugar y aquello estaba desesperando a Thea.

Sin embargo, quien realmente estaba desesperado era Joel; no sabía en qué momento había accedido a la grandiosa idea de su cuñada y esposo, tenía que definitivamente amar a Theodore Díaz para sacar a la osa con mal de rabia de su casa un domingo; lo único que lo relajaba era tener a Caín con él, ya que entre los dos podían calmar a la mujer o eso inocentemente pensaba, y es que meter a Thea en otro contrato en este punto era casi suicida, tenía tanto trabajo que no se estaba dando abasto.

Thea Castillo, era la editora en jefe de la compañía; si te guiabas de su apariencia, nunca te imaginarías el pésimo carácter del que hacía gala.

De piel pálida y lechosa, con pegas regadas por la nariz y hombros, larga melena color negro y unos lentes de montura azul eléctrico; con una altura apenas superior al metro sesenta centímetros y una contextura gruesa sin llegar a ser obesa quizás unos 10 kilos por encima de su peso adecuado. Su rostro, tenía rasgos que la hacían verse completamente tierna y dulce.

Joel conocía a Thea desde la universidad, eran amigos desde ese momento y luego se habían convertido en socios cuando le propuso armar una editorial. Además, que había sido esposa de su mejor amigo, Caín, con cuál estuvo casada unos seis años.

Y, aun así, le tenía pánico a su mal carácter, pero, no era algo para menos, en especial luego de haber recibido un derechazo por parte de ella, si algo tenía Thea era que, era más fuerte de lo que parecía.

- Joel, sinceramente me estoy cansando de esperar. - Espeto Thea. - ¿Qué pasa? Debe ser importante para que me saques de mi hermosa casa un domingo.

Ante las palabras de la editora, Joel no pudo más que suspirar, a sabiendas de que su tiempo se había acabado y no había encontrado algo mejor que seguir el guion que la noche anterior le había armado su esposo.

- Hemos sido contactados por la asistente de Jessica Lira. - Dijo entonces Joel, logrando que Thea bajara la guardia. - Nos informa que a la señorita Lira, le encantaría formar un acuerdo comercial con nosotros, pero, tiene un par de condiciones para que eso se dé. - Informaba mientras jugaba con sus manos algo nervioso.

Ante esa frase, cualquier gesto de alegría en Thea se evaporó como agua en el pavimento un día caluroso.

- ¿De que condiciones estamos hablando? - Pregunto Thea con cautela, cayendo en cuenta del porqué de la presencia de su ex. - Joel...── Murmuro con un ligero tinte de peligro en su voz.

- Quiere trabajar específicamente contigo como editora... Y... - Soltó ante el tono amenazante que había empleado su amiga, quedándose callado a la mitad. Consiguiendo que la pelinegra alzara una ceja de manera impaciente. - Verás la asistente de Jessica está en la dulce espera y bueno, ella te escogió, Jessica, no la asistente, quiere que seas su asistente temporal... Solo así nos va a dar un contrato de exclusividad...

Aquella información le cayó como un balde de agua fría a Thea, quien solo atino a quedarse congelada en su lugar. La mente de la editora, trabajaba a miles de revoluciones en cuestión de segundos.

Era una oportunidad, posiblemente única en su especie; sin embargo, le causaba cierta y notable incomodidad verse envuelta en un trabajo como ese. ¿Y si no lo hacía bien? Ella era muy mala tratando con gente.

Aprovechando el silencio que se había instalado entre ellos, Joel se aclaró la garganta, para agregar algo más, mientras se movía de su silla, solo por prevención.

- Tienes hasta mañana para decidir, puesto que hemos pautado una reunión con la autora y su asistente, en el restaurante de comida cantonesa que está cerca de mi casa. - Informo, a sabiendas, de que era una parcial mentira lo que estaba diciendo. - Aunque bueno es una oportunidad única Thea, tener una escritora como Jessica que constantemente saca obras que se convierten en un best seller ... Se que estás abollada de trabajo pero, piénsalo.

Las palabras de Joel pesaban para Thea quien, finalmente, asintió dando a entender que accedía a lo que se le estaba proponiendo, tantos años trabajando codo a codo, facilitaban ciertas interacciones. Relajando de manera inmediata a Joel que solo bajo la cabeza para avisar a su esposo mediante un mensaje que todo estaba listo para la reunión.

Caín, por su parte, había sido un mero espectador; sin embargo, se sentía completamente curioso de lo que vendría. Y tampoco se quejaba, puesto que la visita de su hija se había adelantado un par de días por aquel suceso, y bueno, tampoco había tenido que hacer gran cosa.

Por otro lado, Thea, se mantenía en silencio, sumida en sus pensamientos. Analizando si aquello realmente era una buena idea, ya que un sentimiento de inquietud la había invadido, apenas escucho lo que Joel decía.

Aunque; no siempre tendrás la oportunidad de conocer a unos de tus autores favoritos, aun siendo parte del mundo editorial, esas cosas no eran tan fáciles, y menos, con alguien como Jessica Lira, un total misterio.

Acababa de divorciarse de Caín cuando leyó el primer libro de Jessica, en ese momento era una autora novata que tenía mucho talento, y pese a que sus relatos no terminaran siempre de manera feliz, la atrapo. El cómo describía las relaciones y la naturaleza humana la habían encantado.

Lo cierto es que fuera de aquella inquietud solo esperaba, de todo corazón, no arrepentirse de haber tomado dicha decisión.

Ajena a que aquello solo era el comienzo, de todo el circo que viviría.

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