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Amarte es mi carrera

Amarte es mi carrera

Autor: : Liz
Género: Romance
El matrimonio de tres años no la dejó más que desesperación. Ella se vio obligada a firmar los papeles de divorcio cuando quedó embarazada. El arrepentimiento llenó su corazón al ver lo despiadado que era su supuesto marido. No fue hasta que ella se marchó cuando él se dio cuenta de que esa mujer era a quien realmente amaba. ¿Podría él encontrar alguna manera de sanar un corazón roto? ¿De verdad está dispuesto a darle a ella su amor ilimitado e incondicional?

Capítulo 1 Quiero el divorcio

¡Ring!

De pronto, el sonido del aparato rompió el silencio de la habitación. Patricia Sampson giró la cabeza y contempló su celular con una expresión confusa, entonces vio el nombre en la pantalla y respondió de inmediato, pues no quería que la llamada se cortara. "H- hola...", ella no pudo evitar tartamudear al hablar, sintiéndose nerviosa.

Siempre que recibía una llamada de ese número se inquietaba. y aunque la otra persona no podía verla, ella alisó su suave cabellera con las manos.

"Hoy vuelvo a casa", respondió un hombre del otro lado de la línea.

El corazón de Patricia dio un vuelco y pasaron unos segundos antes de que pudiera volver a la realidad: "¿Necesitas que haga algo? ¿Se te antoja algo en especial de comer? ¿Debo preparar algo más para...?".

"No". El hombre pronunció esto con tanto desinterés que cualquiera pensaría que estaba hablando con un extraño y no con su esposa.

Aunque estaban casados, él siempre la había tratado así, por lo que Patricia estaba acostumbrada a su desdén.

"Oye... necesito hablar contigo", mientras tocaba su vientre, ella se mordió el labio inferior y decidió contarle la noticia, "Yo... podría ser que yo...".

"Tengo que dejarte".

Luego de esto, el hombre terminó la llamada abruptamente.

Con el celular en la mano, Patricia sonrió amargamente y murmuró para sí misma: "Podría estar embarazada".

Patricia y Zac Reynolds llevaban tres años de casados, sin embargo, ella vivía con su familia mientras que él vivía solo en la villa Oakleaf. Durante todo ese tiempo, la única vez que habían dormido juntos fue hace aproximadamente un mes, cuando Zac estaba demasiado borracho y regresó a la casa de la familia Reynolds, no obstante, Patricia sabía que probablemente lo había olvidado debido al exceso de alcohol en su sangre.

Justo cuando comenzaba a sentirse cada vez más inútil en esa familia, ella se enteró de que estaba embarazada.

Estaba dudosa por la reacción que tendría su marido al saberlo.

Después de un par de minutos, Patricia sacudió la cabeza y decidió dejar de pensar en eso, al final de cuentas, su sueño siempre había sido casarse con Zac y eso era todo lo que importaba.

Ella suspiró y se levantó de la cama para ir a preparar el desayuno, pues no quería que el hombre llegara y la tomara por sorpresa.

A pesar de que la joven estuvo cocinando por más de dos horas y se encontró a cada uno de los miembros de la familia Reynolds, su esposo jamás llegó.

Ella decidió mantenerse ocupada durante el resto del día y se quedó limpiando el comedor mientras le echaba un vistazo a la puerta de vez en cuando.

"Pareces ansiosa, ¿acaso Zac volverá a casa?", Tina Ridge, quien estaba sentada en la sala de estar viendo la televisión, preguntó con curiosidad.

"Sí", Patricia pronunció casualmente.

Tina frunció el ceño y exclamó: "¡Qué grosera eres! ¿No sabes cómo dirigirte a mí? Sé que no soy la madre biológica de Zac pero, ¿no crees que deberías hablarme con respeto?".

Para evitar una discusión, la joven simplemente bajó la cabeza y continuó limpiando la mesa del comedor, ya que Tina había sido la persona más difícil de tratar durante todo el tiempo que llevaba casada con un miembro de la familia Reynolds. Con el fin de prevenir una guerra interminable, ella había aprendido a ignorar las constantes provocaciones de la mujer.

"Estoy hablando contigo. ¿Estás sorda o qué?". La otra comenzó a enfurecerse y levantó la voz.

"Tú y tu marido llevan tres años de matrimonio. Él casi no viene a esta casa, ¿no has pensado que quizás hay algo malo en ti?". Tina se acercó a Patricia y la miró de la cabeza a los pies, "¡Eres una buena para nada! ¿De verdad crees que Zac se hubiera casado contigo si tu familia no fuera poderosa?".

Aunque su sangre hervía de coraje, la chica apretó los puños y continuó limpiando en silencio.

Los sirvientes la miraron y sintieron pena por ella, pero por desgracia no había nada que pudieran hacer.

Al no lograr su objetivo, Tina se enojó aún más y gritó: "¡Qué buena actriz eres! Generalmente te levantas hasta después del mediodía. ¿Estás fingiendo ser una buena esposa sólo porque hoy viene tu marido?".

Patricia arrugó un poco el entrecejo pero permaneció callada.

No le había contado a nadie sobre su embarazo porque quería contarle esa buena noticia a su esposo primero, y era cierto que se había despertado tarde últimamente, pero quizás se debía a su estado de gestación.

"¡Ja! ¡Será mejor que disfrutes tus días aquí antes de que Zac te eche! Él es un hombre temperamental y tú eres una mala mujer. ¡Su relación no tiene futuro!", después de decir esto, Tina se tapó la boca ocultando una sonrisa burlona.

Fue entonces cuando los sirvientes saludaron a alguien respetuosamente y la cara de la mujer cambió de repente.

Tina giró lentamente la cabeza para mirar hacia la puerta, y cuando vio a Zac, su piel perdió el color por completo, entonces recobró el sentido y corrió hacia el segundo piso a toda prisa.

Patricia la observó mientras huía y después se acercó hacia el hombre en la entrada.

"Me alegra que estés de vuelta. ¿Estás cansado? ¿Quieres comer algo?". Ella le quitó el abrigo cortésmente, ya que era su deber como esposa. Aunque era raro que Zac fuera a esa casa, Patricia se encargaba de tratarlo bien cada vez que eso sucedía.

Sin embargo, el hombre se quedó inmóvil en la puerta con una expresión impasible, por lo que era difícil saber si estaba feliz o enojado.

Si bien era un hombre indiferente y nunca le había gustado que Patricia lo mimara, ella pudo sentir que hoy había algo diferente en su comportamiento.

"¿Qué ocurre?", la joven levantó un poco la cabeza y observó su perfecto rostro, con la intención de adivinar lo que pasaba por su mente. "Te sientes agotado, ¿verdad? ¿Qué te parece si vamos arriba? Prepararé la tina para que puedas darte un baño relajante".

Zac no respondió y ni siquiera la miró, pasaron algunos minutos hasta que finalmente abrió la boca y dio un paso adelante: "Vamos a la habitación, tengo algo que decirte".

Patricia tragó saliva y un mal presentimiento le erizó la piel. De hecho, se había sentido incómoda desde que hablaron por el celular esa mañana, pero era un nerviosismo diferente al de adolescente enamorada que solía sentir cada vez que lo veía.

La chica estuvo fuera de sí por un largo rato hasta que se armó de valor y subió las escaleras.

La puerta del dormitorio estaba abierta y Zac estaba en frente de la ventana, de espaldas a su esposa.

Era un hombre alto y sus rasgos parecían los de un Dios griego o del príncipe perfecto que mencionaban los cuentos de hadas occidentales. A menudo, Patricia sentía que esto era un sueño, pero al mismo tiempo, no podía evitar sentirse emocionada y orgullosa.

"Preparé la cena para ti, deberías comer algo. Son tus platillos favoritos". Ella sonrió levemente y entró con una bandeja.

Al escuchar su voz, Zac se dio la vuelta y miró su dulce rostro: "¿Sabes? He estado pensando en algo y hoy finalmente he tomado una decisión".

Ella evitó que sus ojos se encontraran y dijo con una sonrisa: "Primero comamos".

Su mirada revelaba los nervios que carcomían sus entrañas, ya que tenía miedo de lo que su marido fuera a decir.

De pronto, Zac se acercó a ella, sus pasos eran tan firmes que resonaron en toda la habitación.

Patricia dejó la bandeja rápidamente y se dio la vuelta para irse:

"Come antes de que se enfríe, te traeré un vaso de agua".

Ella trató de escapar, pero Zac la detuvo con unas palabras tan afiladas como un puñal: "Quiero el divorcio".

Luego de escucharlo, Patricia sintió como si el tiempo y el espacio se congelaran a su alrededor.

Ella salió de su trance después de unos instantes y pretendió salir del lugar como si nada estuviera pasando: "Voy a bajar a buscar algo".

Capítulo 2 Indemnización

En cuanto Patricia comenzó a hablar, se dio cuenta de que no sería capaz de ocultar sus emociones, pues su voz temblaba mientras andaba a trompicones.

"Ya está listo el acuerdo de divorcio. Te daré todo lo que debo darte como compensación por los últimos tres años". Antes de que pudiera irse, Zac puso el documento sobre la mesa, frente a él.

Patricia quería correr escaleras abajo, pero sus pies parecían estar clavados en ese lugar.

Sabía que él igual se divorciaría de ella tanto si fingía no escucharlo, como si lo aceptaba obedientemente, pues él siempre había sido así. En cuanto se decidía a hacer algo, definitivamente lo hacía.

Ya habían pasado tres años desde el día que, repentinamente, llegó a la casa de la familia Sampson para pedirles, firmemente, su mano en matrimonio. Se había sentido tan feliz al pensar que el hombre al que había amado en secreto durante años finalmente correspondía sus sentimientos y quería casarse con ella, solo para descubrir, en su noche de bodas, que su único propósito era aprovechar el poder de la familia Sampson para escalar rápidamente a la cima de la ciudad de Flando.

Sin embargo, incluso después de conocer el motivo por el que se había casado con ella, Patricia nunca se había arrepentido. Estaba dispuesta a ser su esposa y, además, ser el trampolín que él necesitaba para su carrera. En ese entonces, se había preguntado si le pediría el divorcio una vez que hubiese logrado su objetivo, y se había consolado a sí misma pensando en que, tal vez, él podría enamorarse de ella para entonces, pero para su desgracia, ni siquiera le había dado una oportunidad. Así que pese a haberse preparado para esa posibilidad, nunca hubiese pensado que pudiera ser tan pronto.

Dándole la espalda, Patricia estaba sumida en sus pensamientos. Después de un largo rato, tartamudeó: "¿Puedes... ¿Puedes pensarlo un poco más?".

"Ya he tomado una decisión. Solo fírmalo", respondió Zac con impaciencia. "Te daré diez millones de yuanes como indemnización, y una casa nueva con valor de seis millones en el Distrito del Este".

¿Indemnización?

Patricia no podía creer lo que escuchaba.

Finalmente se dio la vuelta y levantó la cabeza para encontrarse con los ojos de su esposo, que era mucho más alto que ella. "¿Indemnización?", repitió con incredulidad.

¿Acaso tenían una relación de empleador y empleado? ¿Cómo podía llamarlo indemnización? Era grosero de su parte el usar esa palabra.

"El día de nuestra boda te dije el motivo por el que quería que nos casáramos. Este no es un matrimonio real, es más apropiado decir que nuestra relación es estrictamente laboral. Así que te pagaré una remuneración por los últimos tres años. Después de eso, terminamos con esto". El hombre alto y apuesto frente a ella la miraba directamente, con apatía. Sus profundos ojos negros estaban desprovistos de emoción, pero parecían ser capaces de absorberla.

"¿Remuneración?", murmuró Patricia para sí misma. "Tienes razón. Simplemente tenemos una relación de empleador y empleado".

Le sonrió con amargura, pero Zac no respondió en absoluto.

Caminó lentamente hacia él, se sentó en el sofá, tomó el documento y lo leyó cuidadosamente.

Al ver que estaba leyendo el convenio de divorcio sin protestar, el hombre finalmente se relajó y se sentó frente a ella. "Todo está muy claro, pero si quieres algo más, dímelo y te lo daré".

El alivio en su rostro cuando la mujer aceptó el acuerdo no pasó desapercibido para Patricia, y su sonrisa irónica se hizo más profunda.

Sin decir una palabra más, tachó la parte del convenio que implicaba la entrega de bienes y rápidamente firmó con su nombre.

"No tienes que indemnizarme. Estamos oficialmente divorciados", dijo mientras deslizaba cortésmente el documento hacia él.

Zac echó un vistazo a la parte del acuerdo que había sido tachada y arqueó ligeramente las cejas. Había imaginado ese escenario desarrollándose de muchas formas diferentes, pero que Patricia rechazara los bienes no era una de ellas.

"¿Estás segura?". Sus ojos se llenaron de incredulidad mientras miraba a la muchacha que ya se estaba poniendo de pie.

Ella se dio la vuelta y caminó hacia el armario mientras respondía: "A la familia Sampson no le falta dinero. Dado que me casé contigo voluntariamente, no aceptaré la indemnización".

Después de todo, si ella lo aceptaba, sería como admitir que solo habían tenido una relación de empleador y empleado durante los últimos tres años.

Preferiría renunciar a todas las cosas materiales del mundo si eso significaba poder aferrarse a la idea de que durante algún tiempo habían sido marido y mujer.

Sentado en el sofá, Zac la vio empacar sus cosas sin decir nada.

Patricia dobló cuidadosamente toda su ropa del armario y la metió en su maleta, junto con el resto de sus escasas pertenencias de la habitación.

Estaba empacando muy lentamente a propósito, pues quería quedarse ahí un poco más. Había vivido sola en aquella habitación durante casi tres años. Al principio la soledad hizo que se sintiera incómoda, pero conforme los años pasaban, se había acostumbrado lo suficiente como para que le gustase, así que ahora se sentía reacia a irse. Pero, sin importar qué tan despacio empacara, no tendría más remedio que hacerlo.

Cuando finalmente terminó, se puso de pie con su maleta en la mano y se dio la vuelta para irse sin decir una palabra más, sin siquiera mirarlo.

"Déjame llevarte a casa". Zac, que había estado esperando pacientemente a que terminara, habló de repente.

"No, gracias. Todavía tengo dinero como para tomar un taxi a casa", dijo Patricia con un tono sarcástico. Cada vez que se sentía asustada, intentaba mostrar serenidad para protegerse, pese a que eso terminara hiriéndola, y esta vez no fue diferente.

Bajó las escaleras con la maleta en la mano, que era tan grande que le costaba levantarla por sí sola, pero se negó a pedir ayuda. El ruido que hacía mientras bajaba atrajo la atención de todos los demás en la casa.

"Patty, ¿a dónde vas? Ya es muy tarde", preguntó Johnny Reynolds, inclinándose sobre el barandal de la escalera en pijama.

Patricia levantó la cabeza para mirar al padre de Zac, le sonrió y dijo: "Johnny, por favor, vuelva a dormir. Se está haciendo tarde".

"Pero, ¿qué pasa? ¿A dónde vas?". El hombre se sorprendió al escucharla, ya que normalmente lo llamaba papá. Corrió escaleras abajo, pero Tina lo detuvo.

La joven siguió bajando su equipaje sin responderle.

Tres años atrás, cuando se casó y se volvió miembro de la familia Reynolds, había practicado muchas veces antes de reunir el valor para llamarlo 'papá'. De entre todos los miembros de esa familia, tenía una mejor relación con el padre de Zac, así que, naturalmente, lo extrañaría más que a cualquiera.

Con mucha dificultad, Patricia finalmente salió de la casa con su equipaje, bajo la confusa mirada de los sirvientes.

Su ex, que todavía estaba sentado en la habitación de arriba, escuchó su conversación con claridad, pero permaneció inexpresivo.

Esa habitación siempre había estado algo vacía, pero ahora que Patricia se había llevado sus cosas, lo parecía aún más. Llevó su mirada al rededor del enorme cuarto y se sintió inexplicablemente molesto.

Durante mucho tiempo, había dudado en sacar a colación el tema del divorcio, pues había pensado que ella iba a molestarlo y le suplicaría que no se separaran, pero para su sorpresa, lo había aceptado sin oponer resistencia. Sin embargo, por alguna razón, esa respuesta le hizo sentirse perdido e incómodo. No sabía qué hacer.

Durante los últimos tres años, se había quedado en esa habitación no más de cinco noches. Nunca había tenido relaciones sexuales con Patricia y apenas se conocían. Entonces, ¿por qué no se sentía más relajado ahora? En cambio, no podía evitar pensar en su noche de bodas, cuando tuvieron que dormir en la misma cama, y seguía recordando todas esas veces en las que Patricia se había apresurado a ir a su casa en la villa Oakleaf para ordenar personalmente su habitación después del trabajo.

Cuanto más recordaba todos esos momentos, más irritado se sentía, pero no podía detenerlos. El rostro de Patricia seguía rondando en su mente.

En un ataque de frustración, se puso de pie y pateó la mesa redonda de madera, pero las palpitaciones de su corazón no se disiparon.

Era medianoche cuando Patricia llegó a su casa y todos los miembros de la familia Sampson estaban profundamente dormidos.

Capítulo 3 Regresaste sin nada

Cuando finalmente llegó a casa, Patricia arrastró suavemente su equipaje por las escaleras, pero como eran demasiadas, se sintió exhausta, entonces hizo la maleta a un lado y subió con un profundo suspiro.

Al llegar a su alcoba, la chica se aventó en la cama y se mordió el labio mientras sus ojos se tornaban vidriosos.

Ella dio vueltas durante mucho tiempo pero no pudo conciliar el sueño. Todo lo que había vivido en su estancia en la casa de la familia Reynolds y los recuerdos de Zac pasaron en su mente como una película.

Cuando Patricia era niña, alguien la había empujado a una piscina, si Zac no hubiera extendido su mano para salvarla en ese momento, ella no se habría enamorado y tampoco se hubiera casado con él. ¡Sencillamente las cosas serían muy diferentes!

Pero él hubiera no existe y las cosas estaban hechas, lo peor era que Patricia estaba embarazada.

Al recordar al bebé en su vientre, la joven no pudo evitar reírse de sí misma.

Ella sabía que si hubiera usado al niño como chantaje para pedirle a Zac que se quedara a su lado, él la habría llevado de inmediato al hospital para que abortara y no era tan tonta como para obligarlo a hacer algo que no quería pues no hubiera funcionado.

Él jamás cedería ante ello, además de que Patricia tampoco se rebajaría como para atarlo de por vida con un hijo.

Con la cabeza hecha un caos, ella no se durmió hasta que comenzó a amanecer.

Aproximadamente treinta minutos después, una áspera voz masculina resonó en sus oídos:

"¿Qué haces aquí? ¿Por qué trajiste tanto equipaje?".

Patricia tenía tanto sueño que ni siquiera abrió los ojos para responder: "Zac y yo hemos decidido divorciarnos".

Esto sorprendió tanto a Sullivan Sampson que no pudo evitar quedarse inmóvil durante unos segundos para luego estallar en ira: "¿Acaso escuché mal? ¿Por qué se divorciaron? ¡Explícamelo ahora mismo!".

El enojado hombre le quito la colcha a Patricia y la arrojó al suelo, por lo que ella abrió los ojos y tembló cuando el frío rozó su piel.

"¡Levántate! Te espero abajo, ¡no tardes!", Este estaba tan molesto que ni siquiera esperó a que su hija respondiera.

La mujer solamente pudo suspirar resignada ya que sabía que eso iba a suceder, entonces se levantó de la cama, se puso un abrigo delgado y bajó las escaleras.

Su padre, su madrastra Yolanda Riley, y su hermanastra Lyndsy Sampson estaban presentes en la sala de estar.

Antes de que Patricia estuviera lo suficientemente cerca, el hombre rugió: "Dime, ¿qué demonios pasó entre tú y Zac? ¿Quién pidió el divorcio primero?".

La chica agachó la cabeza con la mirada perdida y estaba a punto de responder cuando Yolanda intervino: "No parecía haber ningún problema entre ustedes, ¿cómo pudieron divorciarse tan de repente? ¡Eso es un poco extraño!".

Las palabras de su esposa hicieron reflexionar a Sullivan, quien después de varios minutos, preguntó: "Fue Zac el que te pidió el divorcio... ¿verdad?". El hombre recordaba que hacía tres años, cuando Zac había acudido a él para pedirle la mano de Patricia en matrimonio, su hija estaba muy ilusionada, su amor era tan evidente que era absurdo que ella hubiera tomado la decisión de separarse.

Patricia se acercó a su padre y declaró con seriedad: "Eso es lo de menos, el hecho es que ahora estamos divorciados".

Fue en ese momento cuando una sensación de decepción y tristeza se apoderó de su ser. ¿Por qué su padre no podía tratar de consolarla en lugar de interrogarla por su ruptura? ¿Realmente era tan importante? ¡A ella no le interesaba en absoluto!

Sullivan suspiró y negó con la cabeza, aunque de pronto, algo se le vino a la mente y exclamó: "¿Qué hay con los bienes? ¿Cómo los dividieron? La carrera de Zac se elevó como la espuma en estos últimos tres años, ¡creo que su riqueza es ahora varias veces mayor que la de nuestra familia!".

Mientras hablaba de eso, el padre entrecerró los ojos pensativamente, ¡al parecer su yerno era más inteligente de lo que había imaginado! Cuando Zac expresó su deseo de casarse con Patricia, Sullivan pensó que era un chico muy astuto y ambicioso, aunque había logrado más cosas de lo que él esperaba. En solo tres años, Zac no solo consiguió establecerse firmemente en la ciudad de Flando, sino que también había hecho crecer al Grupo Reynolds para convertirse en el conglomerado más grande de los alrededores, por si fuera poco, también había creado sucursales en el extranjero.

Patricia agachó la mirada y permaneció en silencio.

Yolanda y su hija intercambiaron miradas y sonrieron con desdén. "¿Entonces renunciaste a todos tus bienes y regresaste sin nada?", Lyndsy preguntó con un rastro de burla en su voz.

Sullivan frunció el ceño al oírla y dijo en voz alta: "¿Eso es cierto?".

"Sí", Patricia miró a su padre y asintió.

El hombre la contempló hasta que pudo asimilar su respuesta y explotó en cólera: "¿Qué diablos estabas pensando? ¿Cómo rayos pudiste renunciar a todos tus bienes?".

Él se levantó del sofá y corrió hacia Patricia: "¿Le hiciste algo malo a la familia Reynolds? ¡No hay otra explicación para que hayas desistido de tu patrimonio!".

"Zac me ofreció el dinero, pero yo no lo quise", la joven respondió mirando firmemente los ojos de su padre.

Ninguno de los presentes la había intimidado en absoluto pues ella estaba acostumbrada a decepcionar a Sullivan, ¡todos en esa familia siempre la habían menospreciado por ser demasiado humilde!

El padre estaba tan enfurecido que quiso cachetear a su hija, aunque logró tranquilizarse y respiró hondo: "¿Cuánto te ofreció?".

El hombre no se anduvo por las ramas y fue directo al grano. "Dieciséis millones de yuanes", replicó Patricia.

La furia de Sullivan se disparó cuando escuchó a su hija y después se dejó caer en el sofá lleno de impotencia: "¿Por qué tan poco dinero? ¿Acaso te considera una pordiosera?".

Yolanda notó la rabia de su esposo y aprovechó la oportunidad para echarle más leña al fuego: "El Grupo Reynolds tiene un valor de setenta y ocho mil millones, y aunque esa es la riqueza colectiva de la familia Reynolds, Zac debe tener al menos mil millones de yuanes en sus manos. Él obtuvo todo ese dinero después de casarse con Patricia, ¡tienen que dividirlo en partes iguales! De hecho, la cantidad que le ofreció es...".

La mujer no continuó con su oración, sin embargo, cualquiera podría saber a lo que se refería.

Lyndsy se estaba aguantando las ganas de preguntar algo hasta que no pudo más: "Mamá, ¿de verdad Zac es tan millonario?".

Tres años antes, Zac había vuelto del extranjero y su pequeña empresa costaba solamente tres millones, ¡en muy poco tiempo había hecho una fortuna!

Yolanda ignoró a su hija, miró a Patricia y a Sullivan y añadió: "Pero como ya se han divorciado y Patty es la que rechazó el dinero, no hay nada más que decir...".

"¡Por supuesto que no! Mi hija ha trabajado como una sirvienta para la familia Reynolds durante tres años, ¿y Zac tiene el atrevimiento de divorciarse de ella sin darle un maldito centavo? ¡Debe estar loco para pensar que se saldrá con la suya! Incluso si contratara una criada y después la despidiera, ¡tiene que pagar una indemnización!", resopló este.

Las palabras de su padre le provocaron a Patricia un profundo dolor, parecía que toda la gente que tenía a su alrededor sólo buscaba sacarle provecho, como si ella fuera un títere para ayudarlos a lograr sus objetivos.

La joven tenía conocimiento de ello y ni siquiera las acciones de su ex marido la habían lastimado tanto, ¿pero cómo podría tratarla así su propio padre?

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