Sentada en el borde de la cama, acunaba mi vientre incipiente, una sonrisa genuina asomaba en mis labios al imaginar la vida que estaba a punto de formar con el hombre que amaba. Después de quince años de matrimonio con Mateo, mi vida era un sueño tranquilo, la culminación perfecta en este mundo al que había llegado tras una muerte solitaria, huyendo del destino trágico de la villana Sofía.
Pero la felicidad se desvaneció al abrir un diario oculto en el cajón de Mateo. La primera línea heló mi sangre: "Hoy es mi primer día en este nuevo cuerpo. He renacido. Y esta vez, juro que protegeré a Isabella. No dejaré que nadie, especialmente esa mujer, Sofía, le haga daño." Quince años de amor, de cada "te amo", cada caricia, cada sonrisa... todo fue una cruel farsa construida sobre mentiras. Él nunca me amó; solo me usó, una villana a quien controlar para proteger a su "verdadero amor", Isabella.
El mundo se derrumbó. Los fragmentos del diario revelaron la amarga verdad: "Me casé con esta víbora para garantizar la felicidad de mi verdadero amor." Durante esos quince años, mi amor incondicional fue respondido con una vigilancia velada. La culminación de su traición llegó en el hospital; por salvar a Isabella, me empujó, y perdí a nuestro bebé; ese hijo que para él no significaba nada, el fruto de una mentira.
¿Cómo pudo amarla tanto a ella y fingir amarme a mí? ¿Cómo pudo acostarse a mi lado cada noche pensando en otra? El asco, la traición, el dolor me consumieron. ¿Por qué yo, que solo busqué ser buena, merecía esta cruel ironía?
No más. Con el diario en mis manos y mi corazón hecho pedazos, decidí que era hora de que esta obra de teatro llegara a su fin. No era la villana de su historia, pero ahora, me convertiría en la fuerza imparable que desmantelaría su fachada. Era mi turno de escribir mi propio final.
Sentada en el borde de la cama, miré mi reflejo en el espejo de cuerpo completo.
Mis manos acariciaban con suavidad mi vientre, que apenas comenzaba a redondearse.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro, una sonrisa genuina, llena de una felicidad que nunca antes había sentido en ninguna de mis dos vidas.
Por fin, sentía que pertenecía a este lugar.
Este mundo, esta casa, esta familia que estaba a punto de formar con el hombre que amaba.
Tenía un secreto.
No era la Sofía original, la villana de la novela "Amor Predestinado".
Esa Sofía era una mujer malvada y celosa, destinada a atormentar a la protagonista, Isabella, y a tener un final trágico.
Yo era solo un alma de otro mundo que, tras una muerte solitaria, había despertado en el cuerpo de esta villana justo antes de que la historia comenzara.
Conociendo mi terrible destino, tomé una decisión.
No haría nada malo. Evitaría al protagonista masculino, Ricardo, y me alejaría de la protagonista femenina, Isabella.
Pero el destino es curioso.
En un evento social, conocí a Isabella.
No era la heroína perfecta e intocable que describía la novela. Era una chica amable, con una sonrisa tan cáliente que disipaba cualquier sombra.
Nos hicimos amigas, las mejores amigas.
Su amistad fue el primer rayo de sol en mi nueva vida.
A través de ella, conocí a Mateo.
En la novela, Mateo era el segundo protagonista masculino, el amigo gentil y leal de Isabella, que la amaba en silencio pero nunca fue correspondido.
Cuando lo conocí, él fue todo lo que la novela describía y más. Era atento, amable, y su mirada siempre estaba llena de una calidez que me hacía sentir segura.
Nos enamoramos, o eso creía yo.
Nos casamos en una ceremonia pequeña y hermosa. Isabella y su esposo, Ricardo, fueron nuestros testigos.
Durante quince años, mi vida fue perfecta. Fui una buena esposa, una buena amiga. Nunca interferí en la felicidad de Isabella y Ricardo.
Y Mateo... él fue el esposo perfecto. Me colmaba de atenciones, recordaba cada fecha importante, y siempre me decía que yo era lo más importante para él.
Nuestra vida era un sueño tranquilo y feliz.
Y ahora, este pequeño secreto en mi vientre era la culminación de toda esa felicidad.
Un bebé.
Un hijo nuestro.
Sostuve la prueba de embarazo con manos temblorosas de emoción.
Iba a decírselo a Mateo esta noche, cuando volviera del trabajo.
Imaginé su rostro, su sorpresa, su alegría.
Imaginé cómo sus brazos me rodearían, cómo compartiríamos juntos este momento que cambiaría nuestras vidas para siempre.
Me sentía la mujer más afortunada del mundo, sin saber que mi perfecto mundo feliz estaba a punto de hacerse añicos.
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Quería que la sorpresa fuera especial.
No quería simplemente decírselo. Quería crear un recuerdo inolvidable.
Decidí esconder la prueba de embarazo en su estudio, en un lugar donde la encontrara por casualidad.
Mateo tenía una caja de madera vieja en el cajón de su escritorio. Era donde guardaba los recuerdos de nuestra relación: la primera entrada de cine que vimos juntos, una flor seca de mi ramo de novia, pequeñas notas que nos habíamos escrito.
Pensé que sería el lugar perfecto. Un nuevo recuerdo junto a los viejos.
Abrí el cajón de su pesado escritorio de caoba.
La caja estaba allí, como siempre.
Pero al moverla, noté algo más al fondo del cajón, algo que nunca había visto.
Era un diario de cuero negro, con un pequeño candado dorado.
No le di importancia al principio.
Quizás era un diario viejo de su adolescencia.
Luego, una idea romántica cruzó mi mente.
¿Y si era un diario que había estado escribiendo sobre nosotros? ¿Sobre su amor por mí?
Sonreí, sintiendo un cosquilleo de emoción.
Mi esposo era un romántico.
El candado estaba cerrado, pero la pequeña llave estaba pegada con cinta adhesiva en la contraportada. Era como si no quisiera realmente mantenerlo en secreto.
Mi curiosidad me venció.
Con manos torpes, abrí el pequeño candado.
Abrí el diario, esperando encontrar palabras de amor dirigidas a mí.
Pero la primera línea me heló la sangre.
"Hoy es mi primer día en este nuevo cuerpo. He renacido. Y esta vez, juro por mi vida que protegeré a Isabella. No dejaré que nadie, especialmente esa mujer, Sofía, le haga daño."
La fecha era de hace quince años, el día después de que yo llegara a este mundo.
Mi respiración se detuvo.
Las palabras no tenían sentido. ¿Renacido? ¿Proteger a Isabella de mí?
Pasé las páginas con dedos temblorosos.
Cada página era una puñalada en mi corazón.
"Hoy conocí a Sofía. Es exactamente como la recordaba de mi vida pasada. Sus ojos tienen esa misma ambición. Debo tener cuidado."
"Le pedí que fuera mi novia. Fue asqueroso tener que sonreírle y decirle palabras dulces, pero es necesario. Si soy su novio, puedo vigilarla de cerca y asegurarme de que no se acerque a Isabella con malas intenciones."
"Hoy nos casamos. Mientras le ponía el anillo, solo podía pensar en que este era el sacrificio más grande que hacía por Isabella. Atarme a esta víbora para garantizar la felicidad de mi verdadero amor."
"Sofía es una buena ama de casa. Cocina bien, mantiene la casa limpia. Es una actuación convincente. Pero sé quién es en realidad. No bajaré la guardia."
"Hoy Isabella me contó lo feliz que es con Ricardo. Sentí un dolor agudo en el pecho, pero luego vi su sonrisa y supe que mi sacrificio valía la pena. Mi matrimonio falso con Sofía es el precio que pago por su felicidad."
El diario cayó de mis manos.
Todo.
Cada sonrisa, cada caricia, cada "te amo".
Era una farsa.
Quince años de mi vida, de mi amor, de mi entrega... habían sido una mentira.
Él no me amaba.
Nunca me amó.
Solo me estaba usando. Me veía como la villana de la novela, una bomba de tiempo que necesitaba ser controlada.
Y su método de control fue casarse conmigo.
Mi mirada se posó en la prueba de embarazo sobre el escritorio.
El símbolo de nuestra supuesta felicidad.
Ahora se sentía como el fruto de una mentira, una cruel ironía.
Sentí una oleada de náuseas.
No era por el embarazo.
Era por el asco, la traición, el dolor.
Él amaba a Isabella.
Siempre la había amado.
Y yo... yo solo era el obstáculo, la villana a la que tenía que neutralizar.
Las lágrimas que no había derramado en quince años comenzaron a brotar, calientes y amargas.
El amor de mi vida era una mentira. Mi felicidad era una ilusión.
Estaba atrapada en la jaula más perfecta y cruel que se pudiera imaginar.
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