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Amor, Ambición y traición

Amor, Ambición y traición

Autor: : DaniM
Género: Romance
Sinopsis: Tras escapar de casa y vivir en las calles, un joven de 19 años, desesperado por encontrar una salida, termina revisando la basura de una lujosa mansión en busca de algo de valor. Descubierto por el mayordomo del millonario dueño de la casa, es llevado ante él, donde se le ofrece una oportunidad única: cambiar su vida para siempre, pero a un precio que jamás imaginó. Para convertirse en alguien poderoso y millonario, debe pasar una prueba decisiva que lo obliga a enfrentar sus propios límites morales. Eliminar a otro joven de su misma edad es el costo de su ascenso, y aunque lo hace, el peso de su decisión lo perseguirá. En medio de su nuevo mundo de lujos y poder, conoce a Clara, la hija del millonario, una joven de espíritu libre que parece ser lo único puro en su vida. A medida que su relación crece, comienza a cuestionar las decisiones que ha tomado y el oscuro camino en el que está atrapado. Clara se convierte en su refugio, pero el amor entre ellos estará marcado por secretos, traiciones y el temor de que, si ella descubre la verdad, lo perderá todo. ¿Podrá el joven mantener su vida de riquezas y poder sin perder lo único que realmente le importa? ¿O su oscuro pasado destruirá el amor que intenta proteger? Una historia donde las decisiones siempre tienen consecuencias y el precio a pagar puede ser el amor de tu vida.

Capítulo 1 Prologo

El viento nocturno era frío, y las luces de la ciudad apenas iluminaban los callejones más oscuros. Allí, agazapado junto a los enormes contenedores de basura de una lujosa mansión, un joven de 19 años revolvía entre desechos en busca de algo que le permitiera sobrevivir un día más. Había escapado de casa hacía meses, buscando algo mejor, pero todo lo que había encontrado hasta ahora eran puertas cerradas y miradas de desprecio.

De repente, sintió una sombra sobre él. Al levantar la vista, vio al mayordomo de la mansión, un hombre alto y serio, con los ojos fijos en él. Antes de que el joven pudiera huir, el mayordomo habló con voz calmada pero firme.

-Ven conmigo.

El joven, acorralado y sin opciones, asintió en silencio y siguió al mayordomo hasta el interior de la mansión. Lo condujo a una sala elegante, donde un hombre de aspecto imponente, vestido con un impecable traje negro, lo esperaba sentado tras un gran escritorio de madera oscura.

-Así que... buscabas algo de valor en mi basura -dijo el millonario, con una leve sonrisa que no alcanzaba sus ojos-. Tal vez has encontrado más de lo que esperabas.

El joven no dijo nada, su corazón latía rápido. El millonario se levantó y caminó lentamente hacia él.

-Te ofrezco una oportunidad -continuó el hombre-. La oportunidad de cambiar tu vida, de dejar atrás lo que eres ahora. Pero debo advertirte: cualquier decisión que tomes a partir de este momento tendrá consecuencias. ¿Estás dispuesto a pagar ese precio?

El silencio llenó la habitación mientras el joven se debatía entre el miedo y la tentación de un futuro diferente.

El joven tragó saliva, sintiendo cómo el peso de las palabras del millonario se cernía sobre él. Nunca había tenido oportunidades reales en la vida, y ahora, en el momento más desesperado, una puerta parecía abrirse, aunque no podía ver qué había detrás de ella.

-¿Qué... qué clase de oportunidades? -preguntó con la voz rota, intentando sonar más seguro de lo que realmente estaba.

El millonario sonrió, esta vez con un destello de interés en sus ojos.

-Las que tú elijas. Podría ofrecerte un trabajo aquí, podrías aprender de mis negocios, incluso podrías ascender mucho más rápido de lo que imaginas. Pero, como dije, no todo es gratis. Cada elección que hagas te llevará por un camino distinto. Un camino del que quizás no puedas regresar.

El joven se mantuvo en silencio. Sabía que no había llegado hasta allí para tener otra vida de miseria. Si aceptaba, tal vez tendría que pagar un precio más alto del que imaginaba, pero ¿qué opciones tenía?

-Si rechazo tu oferta... -empezó a decir, su voz casi un susurro-. ¿Qué me pasará?

El millonario miró al mayordomo, quien se mantenía firme y en silencio cerca de la puerta, y luego regresó su mirada al joven.

-Vuelves a la calle -respondió sin emoción-. Vuelves a esa vida que ya conoces. Pero si aceptas... podrías cambiar todo.

Un torbellino de pensamientos atravesaba la mente del joven. Sabía lo que era vivir en las sombras, buscando en la basura, sobreviviendo de sobras y sin un futuro claro. Y aunque esta oferta parecía arriesgada, lo atraía la posibilidad de algo diferente.

-Acepto -dijo finalmente, su voz firme aunque sentía el temblor en su cuerpo.

El millonario asintió lentamente, como si hubiera esperado esa respuesta desde el principio. Luego, con un tono que indicaba que todo ya estaba decidido, dijo:

-Bien. A partir de ahora, trabajarás para mí. Pero antes de comenzar, hay algo que debes hacer. Una prueba, si quieres llamarla así.

El joven frunció el ceño, sintiendo un escalofrío.

-¿Qué clase de prueba? -preguntó, dudando si debía haber aceptado tan rápido.

El millonario se acercó y le tendió una pequeña llave dorada.

-Detrás de esta puerta -dijo, señalando una entrada oculta al otro lado de la habitación-, hay algo que necesito que recojas. Cuando regreses, discutiremos tu futuro.

El joven tomó la llave, sintiendo su peso en la mano. No sabía lo que le esperaba al otro lado de esa puerta, pero algo en la manera en que el millonario lo observaba le dejó claro que su decisión ya había sido tomada.

El camino hacia su nueva vida acababa de comenzar, y no había vuelta atrás.

El joven avanzó hacia la puerta con la llave en la mano, el eco de sus pasos resonando en la sala. Cada vez que se acercaba más, sentía una tensión indescriptible. ¿Qué podía haber al otro lado? ¿Qué clase de prueba le había preparado el millonario?

Al abrir la puerta, encontró una habitación vacía, salvo por una silla en el centro. En ella estaba sentado otro joven, de la misma edad que él. La mirada del joven sentado era tranquila, pero había algo en sus ojos, como si entendiera perfectamente lo que estaba ocurriendo. En una pequeña mesa junto a la silla, había una pistola.

El corazón del joven comenzó a latir con fuerza. La prueba era clara, brutal y definitiva: si quería cambiar su vida de pobre a millonario, tendría que eliminar a ese otro joven.

-¿Esto es una broma? -susurró, pero ya sabía la respuesta. El millonario había sido claro, toda decisión tendría consecuencias, y esta era la más decisiva de todas.

El joven en la silla lo miraba sin moverse, sin decir una palabra. ¿Quién era? ¿Cómo había terminado allí? Ninguna de esas preguntas parecía importar en ese momento. Lo único que estaba claro era que para tomar la vida que deseaba, tendría que arrebatar la de otra persona.

El joven se quedó paralizado un momento, su mente luchando contra la moral que había conocido toda su vida. Él no era un asesino, nunca había pensado en quitarle la vida a nadie. Pero entonces, como un veneno en su interior, comenzó a recordar las palabras del millonario. Las promesas de riqueza, poder, una vida que nunca podría imaginar mientras siguiera siendo el joven desesperado que escarbaba en la basura.

Se acercó lentamente a la mesa, sus manos temblando mientras tomaba la pistola. El metal frío contra su piel lo despertó a la cruda realidad de lo que estaba a punto de hacer. Miró al joven en la silla por última vez, buscando una señal, una razón para detenerse. Pero no había nada. Ninguna palabra, ningún gesto. Solo silencio.

-Lo siento -murmuró, apenas capaz de pronunciar las palabras.

Cerró los ojos y, tras un momento de vacilación, apretó el gatillo. Un fuerte "bang" resonó en la habitación, sacudiéndolo hasta lo más profundo de su ser. El eco del disparo fue todo lo que pudo escuchar por un momento.

Cuando abrió los ojos, el joven en la silla estaba inmóvil, su vida extinguida en un instante. Y con ese simple y devastador acto, todo cambió.

El joven dejó caer la pistola, sintiendo el peso de lo que acababa de hacer. Sabía que nunca sería el mismo, que esa acción había sellado su destino. Pero, al mismo tiempo, sabía que había cruzado un umbral. No había marcha atrás.

El millonario apareció en la puerta, observándolo con una leve sonrisa de satisfacción.

-Felicidades -dijo, su tono calmado, como si el joven acabara de completar una simple tarea-. Acabas de cambiar tu vida para siempre.

El joven, aún en shock, solo pudo asentir.

-Recuerda -continuó el millonario-, cada elección tiene un precio. Ahora, prepárate, porque este es solo el principio.

Capítulo 2 Un año después

Un año había pasado desde aquella noche en la que el destino de Daniel cambió para siempre. Las luces de la ciudad, que alguna vez habían sido un recordatorio constante de lo que no podía tener, ahora lo iluminaban desde las ventanas de su ático. La riqueza, el poder y el estatus eran suyos, pero todo tenía un precio, y el peso de ese precio lo aplastaba cada día.

Daniel se encontraba en la sala de entrenamiento, con el cuerpo empapado en sudor después de una intensa sesión de combate. Maximus Blackwell, el millonario que lo había tomado bajo su ala, lo había convertido en mucho más que un simple hombre de negocios. Le enseñó sobre inversiones, estrategias empresariales, y también sobre cómo sobrevivir en un mundo donde los débiles eran eliminados sin piedad. Pero no importa cuánto entrenara, no podía borrar el recuerdo de la noche en que apretó el gatillo.

El disparo que acabó con la vida de Joshua Blackwell, el hijo de Maximus.

Daniel aún recordaba la expresión vacía en los ojos de Joshua cuando lo vio por primera vez, sentado en esa silla. Joshua había sido un joven brillante, con todo a su favor, pero el peso de su propio apellido lo había arrastrado al abismo de las drogas. Maximus, incapaz de ver a su hijo destruirse lentamente, había tomado una decisión que ningún padre debería tomar. Si Daniel quería convertirse en alguien en el mundo de los poderosos, tenía que empezar eliminando al mayor símbolo de fracaso para Maximus: su propio hijo.

La puerta de la sala se abrió suavemente, y Maximus entró, impecablemente vestido como siempre, con una expresión serena que nunca revelaba sus verdaderos pensamientos. Aunque su presencia imponía respeto, Daniel no podía dejar de sentir una profunda incomodidad cada vez que lo veía.

-Veo que sigues entrenando -dijo Maximus, su voz firme pero calmada-. Es bueno. Necesitas estar preparado para lo que viene.

Daniel asintió, guardando silencio. No importaba cuántas veces hablara con él, el nudo en su estómago siempre estaba presente. ¿Cómo era posible que este hombre, que lo había moldeado en lo que era ahora, pudiera haber ordenado la muerte de su propio hijo? Y más perturbador aún, ¿cómo había logrado Daniel cumplir con esa tarea?

Maximus se acercó, observando los guantes de combate de Daniel.

-Joshua... -empezó a decir, su tono más suave que de costumbre-. No pasa un día en que no piense en él. Pero no me arrepiento de la decisión que tomé. Era necesario. Él no habría sobrevivido en este mundo, no como lo estás haciendo tú.

Las palabras de Maximus eran directas, como si hubiera justificado una y otra vez en su mente la razón de la muerte de su hijo. Pero para Daniel, no era tan simple. Cada noche soñaba con el disparo, con la vida que había arrebatado, y no podía evitar preguntarse si todo lo que había ganado valía ese precio.

-Lo sé -respondió Daniel, su voz apenas un susurro.

Maximus lo miró con atención, como si intentara leer sus pensamientos.

-Lo que te pedí fue lo más difícil que alguien podría hacer, Daniel. Pero sobreviviste, y eso es lo que importa. Ahora, te estás acercando a algo más grande. Algo por lo que Joshua nunca habría podido luchar.

Daniel sabía que no podía retroceder. Había entrado en este mundo de poder y riqueza, y salir de él no era una opción. Pero la pregunta que lo carcomía era si algún día podría vivir consigo mismo por lo que había hecho.

-¿Cuál es el siguiente paso? -preguntó, intentando cambiar el tema, queriendo escapar de esa oscura conversación.

Maximus sonrió levemente.

-Tenemos una cena esta noche con algunos inversores importantes. Será tu primera gran aparición como mi protegido. Es hora de que el mundo te conozca, no como el chico que alguna vez revolvió en la basura, sino como Daniel Mercer, el hombre que va a conquistar este imperio.

Daniel asintió, sabiendo que debía cumplir su papel. Sin embargo, al salir de la sala, no pudo evitar que sus pensamientos volvieran a Clara, la hermana menor de Joshua. Desde el momento en que la conoció, se sintió atraído por su bondad y calidez, algo tan ajeno a todo lo que rodeaba a Maximus. Lo único que lo aterraba más que el recuerdo de lo que había hecho era la posibilidad de que Clara descubriera la verdad. ¿Podría ella algún día perdonarlo por lo que había hecho a su familia?

Mientras se preparaba para la cena, una cosa era clara: aunque el mundo veía a Daniel como el próximo gran magnate, dentro de él, seguía siendo el mismo joven atormentado por las decisiones que había tomado. Y el pasado, aunque oculto, siempre estaba al acecho, esperando el momento para destruirlo.

Daniel se quedó solo en la sala de entrenamiento, viendo la figura de Maximus desaparecer por la puerta. Respiró hondo, sintiendo la presión en su pecho que parecía nunca abandonarlo. Un año había pasado, pero el recuerdo seguía fresco en su mente. Las noches eran las peores; en sus sueños, siempre se repetía ese momento. El sonido del disparo, el cuerpo de Joshua desplomándose en la silla, la mirada impasible de Maximus cuando todo terminó.

Se quitó los guantes de combate con manos temblorosas. Aún podía recordar el peso de la pistola en sus manos y la voz de Maximus resonando en su mente: "Él no tenía futuro. Si no lo hacías tú, alguien más lo haría. No había otra opción." Y Daniel, desesperado por una salida, había cumplido con la tarea. No por odio, sino por sobrevivir. Pero eso no cambiaba la realidad. Había matado a un hombre. Peor aún, había matado al hijo de Maximus Blackwell, su mentor, el hombre que lo había sacado de la miseria.

Daniel se levantó del banco, con el sudor corriéndole por la frente, y se dirigió a las duchas. Mientras el agua caliente caía sobre su cuerpo, intentaba calmarse, borrar esos pensamientos, pero no lo conseguía. La verdad era simple: nunca dejaría de cargar con esa culpa. Y aunque Maximus no parecía afectado por la muerte de su hijo, Daniel sabía que la historia era mucho más complicada. Joshua no solo había sido un drogadicto; había sido un joven perdido, alguien que había fallado bajo el peso de las expectativas. Daniel se preguntaba si, de haber conocido a Joshua en otras circunstancias, podrían haber sido amigos.

Terminó de ducharse y se vistió. La cena de esa noche con los inversores no sería solo una simple reunión de negocios. Era el gran debut de Daniel como la mano derecha de Maximus. Las expectativas eran enormes, y él debía estar a la altura. Maximus lo había entrenado en todo, desde cómo hablar con los poderosos hasta cómo manipular una situación para obtener lo que quería. Daniel había aprendido rápido, pero la duda aún lo perseguía. ¿Qué sucedería si alguien descubría la verdad detrás de la desaparición de Joshua? La versión oficial era que Joshua había muerto en un accidente relacionado con drogas, una verdad a medias que encajaba perfectamente en el mundo de los ricos y poderosos. Nadie hacía preguntas. Nadie sospechaba. Pero Daniel sabía que no podría esconder esa verdad para siempre.

Mientras se abrochaba los gemelos, su mente no pudo evitar pensar en Clara. Clara Blackwell era todo lo que su hermano Joshua no había sido: fuerte, decidida, llena de vida. Desde que la conoció, había algo en ella que lo atraía. Su sonrisa, su risa, la forma en que veía el mundo con esperanza, a pesar de las sombras que rodeaban a su familia. Daniel se había prometido mantenerse alejado, pero cada vez era más difícil. Clara lo veía como un aliado, alguien en quien podía confiar, alguien diferente a los hombres de negocios fríos que su padre frecuentaba. Para Daniel, era más que una simple atracción. Clara representaba la única chispa de luz en un mundo que se sentía cada vez más oscuro.

Pero ese amor, si es que podía llamarlo así, era un callejón sin salida. Clara no sabía la verdad. No sabía que Daniel había sido el verdugo de su hermano, que todo lo que Maximus le había contado era una fachada cuidadosamente diseñada para proteger su legado. ¿Qué sucedería si alguna vez lo descubría? Esa pregunta lo aterrorizaba. Perderla sería inevitable, y el solo pensamiento lo desgarraba por dentro.

Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos. Era uno de los sirvientes de la mansión.

-Señor Mercer, el señor Blackwell lo espera en el vestíbulo. El coche está listo.

Daniel asintió en silencio y se dirigió hacia la puerta. Mientras descendía por las escaleras de mármol de la mansión, se recordó a sí mismo lo que Maximus le había enseñado: en este mundo, solo los fuertes sobreviven. Los débiles, los que dudan, caen en el olvido. Daniel ya había tomado su decisión un año atrás. No podía flaquear ahora.

Maximus lo esperaba en la entrada, ajustando su reloj de pulsera con la precisión de un hombre que controlaba cada aspecto de su vida. Cuando vio a Daniel, esbozó una sonrisa aprobatoria.

-Perfecto -dijo Maximus-. Recuerda, esta noche no es solo una cena. Es una declaración de poder. Tú eres mi heredero. Quiero que el mundo lo sepa.

Daniel asintió, su rostro imperturbable. Maximus lo había entrenado bien, pero dentro de él, las dudas persistían. Había logrado llegar hasta aquí, había obtenido lo que siempre había deseado: una vida de riqueza y privilegios. Pero en el proceso, había perdido algo mucho más valioso: su alma.

Subió al coche junto a Maximus, y mientras las luces de la ciudad pasaban rápidamente por la ventana, una sola imagen seguía grabada en su mente: la sonrisa de Clara. Sabía que esa sonrisa desaparecería el día que la verdad saliera a la luz, y cuando eso sucediera, todo lo que había construido se derrumbaría, llevándoselo a él junto con ello.

Capítulo 3 El debut de Daniel

El coche negro se deslizaba por las calles de la ciudad, iluminada por las luces que brillaban desde los altos rascacielos. Daniel observaba el reflejo de su propio rostro en la ventana, perdido en sus pensamientos. Esta noche era su primera gran prueba, la oportunidad que Maximus había preparado durante meses. No era solo una cena, como Maximus le había recordado, sino su introducción oficial al mundo de los magnates. Él ya no era solo el joven desconocido que había salido de la nada. Era Daniel Mercer, el futuro del imperio Blackwell.

-Recuerda -dijo Maximus desde el asiento del coche, su tono sereno-, esta noche es tu oportunidad. Los hombres con los que cenarás te verán como un rival. Van a sonreír, a estrecharte la mano, pero detrás de esas sonrisas estarán calculando cómo aprovecharse de tu inexperiencia. Quieren lo que nosotros tenemos. No te equivoques. Les gusta el dinero más de lo que les gusta ganar.

Daniel asintió, su rostro serio, pero sin rastros de miedo. Desde que Maximus lo tomó bajo su ala, había aprendido a ocultar cualquier signo de debilidad. Había perfeccionado el arte de mantener una fachada de confianza, incluso cuando internamente las dudas lo carcomían.

El coche finalmente se detuvo frente al restaurante más exclusivo de la ciudad, una joya oculta donde solo las personas más poderosas se reunían para hacer negocios en la oscuridad. Daniel ajustó su chaqueta, respiró hondo y siguió a Maximus al interior.

Dentro, el ambiente era tan lujoso como se esperaba: techos altos, candelabros colgando sobre las mesas, y un sutil aroma a vino caro impregnando el aire. Las voces de los invitados eran un murmullo discreto, cargado de poder. Ningún extraño se aventuraría en ese lugar; cada persona en la sala había hecho su fortuna dominando el arte del control.

Un mayordomo impecablemente vestido los condujo hasta la mesa reservada, donde ya esperaban varios hombres de negocios. Eran figuras imponentes, hombres que habían construido imperios con las mismas manos con las que ahora levantaban copas de champán. Daniel reconoció a algunos de ellos por las investigaciones previas que había realizado. Sabía quiénes eran y lo que buscaban. Y también sabía que esta noche intentarían usar su juventud y falta de experiencia en su contra.

-Maximus, qué gusto verte -dijo uno de los hombres, levantándose de la mesa para estrechar la mano del anfitrión-. Y tú debes ser el famoso Daniel Mercer. He oído hablar mucho de ti.

El hombre tenía una sonrisa afable, pero sus ojos fríos no dejaban lugar a dudas de sus intenciones. Se llamaba Lawrence Preston, un magnate de bienes raíces que había pasado décadas acumulando riqueza de manera implacable.

-Es un placer conocerte, Lawrence -dijo Daniel con una sonrisa cortés, estrechándole la mano. Sentía la fuerza de su apretón, como si fuera una prueba.

-Maximus me ha hablado mucho de ti. Espero que podamos hacer grandes cosas juntos -continuó Preston, aún midiendo a Daniel.

-Yo también lo espero -respondió Daniel, manteniendo su voz firme.

Maximus se sentó en la cabecera de la mesa, pero antes de que Daniel pudiera tomar su lugar a su lado, Maximus lo detuvo con un gesto discreto.

-Esta noche es tu noche, Daniel -le dijo en un susurro, apenas audible para los demás-. Te encargarás de todo.

Daniel entendió de inmediato. Maximus lo había entrenado para esto, para que se enfrentara solo a los lobos. Era su manera de mostrarle al mundo que Daniel Mercer no era un simple protegido; era alguien que debía tomarse en serio.

Los otros hombres en la mesa intercambiaron miradas, todos conscientes de la prueba que Daniel estaba a punto de enfrentar. Pensaban que podrían aprovecharse de su juventud y de su aparente inexperiencia, y Daniel lo sabía. Pero lo que no entendían era que él estaba listo. Más que listo.

La cena comenzó con cortesías, conversaciones superficiales sobre el clima y los últimos movimientos en la bolsa. Daniel participaba en la charla con calma, sonriendo en los momentos apropiados, pero siempre observando, midiendo. Luego, llegó el momento de la negociación, el verdadero motivo por el que todos estaban allí.

-Daniel -dijo Preston, inclinándose ligeramente hacia él-, hemos estado siguiendo de cerca las inversiones del Grupo Blackwell. Tenía algunas ideas sobre cómo podríamos trabajar juntos en un nuevo proyecto inmobiliario en la costa. Con mi experiencia y la reputación de Maximus, podríamos lograr algo increíble. Sería una alianza rentable para todos.

Daniel lo escuchó, asintiendo lentamente. Sabía que este era solo el comienzo.

-Suena interesante, Lawrence. ¿Qué propones exactamente? -preguntó, dejando que el hombre pensara que lo tenía donde quería.

Preston desplegó su plan con rapidez, como un cazador que había estado esperando el momento perfecto para atacar. Era un proyecto de gran envergadura, pero Daniel detectó los fallos en la propuesta de inmediato. El plan estaba diseñado para beneficiarse de la infraestructura del Grupo Blackwell, pero con riesgos que, de salir mal, provocarían pérdidas considerables para la compañía. Un movimiento arriesgado que Preston pensaba que Daniel no entendería.

-El contrato sería simple -continuó Preston-. Inversión compartida, riesgo compartido. Con tu apoyo, podríamos hacer de esta inversión algo único en el mercado.

Los otros hombres en la mesa asentían, como si el acuerdo ya estuviera cerrado. Para ellos, Daniel era solo un joven ambicioso que podría ser manipulado con promesas de éxito rápido.

-Lo entiendo -respondió Daniel con una sonrisa leve, observando a los otros hombres en la mesa-. Pero veo algunos problemas con tu propuesta.

Preston levantó una ceja, sorprendido.

-¿Problemas? -preguntó, con un tono que dejaba ver su incredulidad.

-Sí. El contrato que propones coloca a Blackwell en una posición extremadamente vulnerable. De hecho, parece diseñado para que, si las cosas no salen como planeas, nosotros absorbamos todas las pérdidas mientras tú te llevas la ganancia. No puedo aceptar eso.

La mesa quedó en silencio. Preston, claramente sorprendido, intentó mantener la compostura.

-Daniel, me parece que no entiendes del todo cómo funciona este tipo de inversión. Todos asumimos riesgos.

Daniel lo miró directamente a los ojos, sin flaquear.

-Sé perfectamente cómo funcionan las inversiones, Lawrence. Y sé cuando alguien intenta jugar con cartas marcadas. No me interesa un acuerdo donde solo uno de los lados tenga las de ganar. Si quieres un trato con Blackwell, tendrá que ser uno justo.

La tensión en la mesa creció. Lawrence Preston no estaba acostumbrado a que lo desafiaran de esa manera, y mucho menos un joven como Daniel. Pero antes de que pudiera responder, Daniel se inclinó hacia delante, con una sonrisa calculada.

-De hecho, Lawrence -continuó Daniel-, tengo una propuesta mejor. Estoy interesado en tu empresa inmobiliaria, pero no para asociarme contigo. Estoy interesado en comprarla. Ahora mismo.

La sorpresa fue visible en los ojos de Preston. Los otros hombres en la mesa intercambiaron miradas, sin saber si Daniel estaba hablando en serio. Pero la calma en su tono dejaba claro que no era una broma.

-¿Comprarla? -repitió Preston, con una risa forzada-. Eso no está en discusión.

Daniel se encogió de hombros.

-Claro que está en discusión. De hecho, ya he hablado con algunos de tus accionistas. Están interesados en vender. Me temo que esta noche, Lawrence, no solo estás perdiendo un trato. Estás perdiendo tu empresa.

El color desapareció del rostro de Preston. Daniel había jugado sus cartas perfectamente. Mientras todos pensaban que era un novato, él había estado un paso por delante. Había investigado, se había preparado, y ahora, con una sola jugada, acababa de dejar claro quién tenía el control.

Maximus, quien había permanecido en silencio durante toda la negociación, esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción. Sabía que Daniel tenía potencial, pero verlo manejar a esos tiburones con tanta destreza era más de lo que esperaba.

Preston, incapaz de responder, simplemente apretó los puños, sabiendo que no había nada que pudiera hacer. Había subestimado a Daniel, y ahora estaba pagando el precio.

-Bien hecho, Daniel -dijo Maximus en voz baja mientras salían del restaurante más tarde esa noche-. No esperaba menos de ti.

Daniel asintió, pero por dentro, algo se agitaba en su interior. Había ganado, sí, pero la sensación de vacío seguía allí, recordándole que el precio por el poder siempre era alto. Mientras tanto, el juego no había hecho más que empezar.

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