Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Amor & Castigo
Amor & Castigo

Amor & Castigo

Autor: : Rocio Verdun
Género: Romance
Rubí killer es una chica de 20 años, que tiene un oscuro pasado el cuál ella deja todo atrás. Y decide empezar de nuevo con su vida en otro país, donde nadie la conoce, como también nadie sabrá su secreto. Acompañada con su familia, ella sigue adelante con su vida, tratando de llevar una vida de lo mas normal posible Pero lo que ella no sabe es que muy pronto el curso de su vida y las que la rodea tomarán un curso muy diferente a los que ella imaginaba. Muy pronto se vera sacudida por la presencia de un hombre poderoso, quien no la dejara irse de su vida, el amor y la obcecación de tenerla será mas fuerte que la propia razón. ¿Acaso ella aceptará los cambios en su vida? ¿ Aceptará ella este amor? Sólo nos queda averiguarlo...

Capítulo 1 Prólogo

He leído muchos libros de amor a lo largo de mi vida. Y, aunque nunca he creído en ese sentimiento apasionado, siempre me ha fascinado leerlos. Desde temprana edad, he visto la vida desde una perspectiva diferente cuando se trata del amor. Para mí, el "amor verdadero" no es más que una idea romántica escrita en papel, una ilusión que otros viven, pero que nunca he sentido realmente. Tal vez es solo mi experiencia, pero en mi mundo, ese tipo de amor simplemente no existe. Afortunadamente, he aprendido a encontrar satisfacción en mi soledad, libre de las complicaciones que trae el enamorarse.

Junto a mi hermana, Juliana, hemos cambiado de país, de apartamento en apartamento, buscando estabilidad. Ella, a diferencia de mí, encontró el amor en medio de nuestro caos. Y de ese amor nació mi adorada sobrina, Victoria, una niña caprichosa, hermosa y tierna que ilumina nuestros días. A pesar de todo lo que hemos vivido, no puedo imaginar una vida lejos de ellas. Son mi familia, mi refugio en un mundo que ha sido cualquier cosa menos amable.

Nuestros padres, bueno... Ellos nunca estuvieron realmente presentes en nuestras vidas. Desde que tengo memoria, Juliana y yo nos tuvimos la una a la otra para enfrentar el mundo. Los recuerdos que guardo de nuestros padres no son agradables; más bien, están llenos de sombras y amargura. Mi padre era un hombre involucrado en negocios oscuros, rodeado de armas y problemas. Era un fantasma en nuestras vidas, ausente tanto en cuerpo como en espíritu. Mi madre, por su parte, trabajaba incansablemente en un hotel durante la semana y en una cafetería los fines de semana. Su tiempo para nosotras era escaso, y aunque la recuerdo con ternura, su presencia también se desvanecía entre las responsabilidades.

Mi madre era una mujer de belleza etérea, casi como una figura sacada de un cuento. De estatura mediana, con un cuerpo esbelto y elegante, su rostro irradiaba una calidez angelical. Tenía una piel tersa, unos ojos grandes y redondeados de color avellana, y una nariz delicadamente respingada. En el lado derecho de su rostro tenía un lunar pequeño, un detalle que la hacía aún más especial. Su cabello negro le caía en cascada hasta la cintura, convirtiéndose en uno de los pocos recuerdos visuales que conservo intactos.

Pero todo cambió aquel día fatídico. Esa jornada se llevó lo único que teníamos: a nuestra madre. Recuerdo vívidamente la imagen de su cuerpo tirado en el suelo de nuestra sala, rodeada por un charco de sangre. Juliana, destrozada, estaba sentada a su lado, abrazando sus piernas y llorando desconsoladamente. En el suelo, junto a ella, había un reloj antiguo con un nombre grabado al reverso, unas iniciales que nunca olvidaré: A.M.

Desde entonces, nuestra vida fue un constante ir y venir, mudándonos de un lugar a otro, siempre huyendo, siempre en movimiento. Finalmente, llegamos a Nueva York con la esperanza de un nuevo comienzo, pero en realidad, nuestra pesadilla *p*n*s comenzaba. Con un padre que era sicario, la seguridad y la normalidad eran conceptos ajenos para nosotras. La paz nunca fue una opción. Años más tarde, nuestro padre murió, un ajuste de cuentas, decían algunos. Aunque los noticieros reportaron que se había suicidado, nosotras sabíamos la verdad: alguien más se encargó de silenciarlo.

Con la muerte de ambos padres, fuimos enviadas a una casa hogar donde, al menos en teoría, estaríamos a salvo. Pero los recuerdos de esos días oscuros siguen vivos en mi memoria. Han pasado catorce años desde que tuvimos que escondernos de los hombres que mataron a nuestros padres. Cuando mi hermana alcanzó la mayoría de edad, se independizó y se fue de la casa hogar, llevándome con ella. Afortunadamente, la directora de la casa hogar me permitió vivir con Juliana, aunque las cicatrices emocionales seguían ahí, profundas e imborrables.

Desde ese día, he guardado en mi corazón un odio que se ha convertido en mi motor. Si alguna vez encuentro al hombre detrás del reloj, al responsable de nuestra desgracia, juro que lo mataré como al perro miserable que es. Algunos dicen que el odio consume el alma, pero en mi caso, es lo único que me ha mantenido viva todos estos años.

Hay un dicho que mi madre solía repetir: "Lo que no te mata, te hace más fuerte". Quizás por eso no he encontrado el verdadero amor, o tal vez lo encontré y ni siquiera me di cuenta. En todo caso, no estoy interesada en buscarlo. ¿Para qué? Solo para que la vida lo arranque de mis brazos. Lo único que deseo es cumplir la promesa que me hice años atrás: vengar a mi madre, restaurar lo que la vida me arrebató.

Esta es mi historia, una historia que aún no ha llegado a su final. Todavía tengo capítulos por escribir, caminos por recorrer y, tal vez, un destino que me espera en la encrucijada entre el amor que siento por mi pequeña familia y el odio que alimenta mi existencia. Mi vida es un relato de amor y venganza, de pérdida y supervivencia. Y aunque no sé qué me deparará el futuro, sé que mi historia aún no está concluida.

Capítulo 2 Hoy bailaremos

Estaba sentada detrás de la barra, mirando pasar a la gente; algunas caminan tan deprisa, como si sus vidas dependieran de su rapidez para llegar a su destino. Otros simplemente iban acompañados conversando, y algunos concentrados mirando la pantalla de sus móviles.

En fin, estoy tan metida en mis pensamientos que, no escucho cuando me llaman de la mesa del fondo, a lo cual mi amigo fiel y tan alegre compañero Anthony Ferrar, me saca de mis pensamientos.

-¡Oye, Rubí! Te están solicitando en la mesa ocho. -Lo miro sorprendida, agarro el cuaderno y mi lápiz, para dirigirme a la mesa.

Al llegar veo a las dos personas que esperan ser atendidas.

-Disculpen la tardanza. ¿Puedo tomar su orden?

-Mmm... Yo pediré el menú del día -ordena la joven, asiento en su dirección y anoto en mi libreta.

-¿Y usted que pedirá? -le pregunto al joven.

Tras observar el menú un momento responde:

-A mí me traes una Milanesa con una ensalada mixta y una jarra de agua de frutas,

por favor.

-De acuerdo, enseguida les traigo su orden-menciono antes de retirarme.

Camino hasta la barra del chef y le entrego la nota, después anoto los pedidos en una planilla para llevar el conteo de mi servicio y regreso a mi lugar habitual para esperar la orden de la mesa. Mi móvil vibra, por lo que leo el mensaje que ha llegado de mi hermana:

«¡Hola, enana! ¿Vendrás a comer? Recuerda que Victoria espera por ti».

Respondo de inmediato:

«Por supuesto que sí».

Luego de guardar mi móvil, escucho la voz de Anthony decirme:

-¡Ya está lista la orden de la mesa ocho! -Recojo los platos y los cubiertos, y los llevo a la mesa ocho. Los coloco ante ellos y suelto una frase amable.

-¡Qué lo disfruten!

-Gracias -me agradecen.

Mientras que voy de regreso a mi lugar, cobro las otras mesas. De pronto, escucho el tintineo de la campana de la puerta y me fijo quién ha ingresado... veo que es mi compañera de trabajo

-¡Hola, Katia! -la saludo, y la beso en la mejilla.

-Hola, hermosa -me responde a la vez que me regresa el saludo. De nuevo corroboro la hora en mi móvil y me dispongo a ir a colgar mi uniforme, mi turno ha concluido.

-Nos vemos mañana, chicos -me despido de mis compañeros.

Salgo y me voy caminando por las calles de Nueva York, no hace más de tres años que me mudé aquí, tenía que dejar mi pasado tan oscuro en ese lugar e iniciar de nuevo en esta otra ciudad. Al recordar esos momentos me pone tan triste que se me resbalan unas lágrimas rebeldes por las mejillas, sin darme cuenta.

Llego al edificio donde vive mi hermana y subo por las escaleras; ya que veo que el ascensor está en reparación. Subo hasta el tercer piso, llego hasta la puerta y doy unos golpes y espero a que me abran. Un Minuto después veo que quien abre es Victoria que cuando ella me mira, grita:

-¡Tía! -Y luego, me abraza, la alzo para que nuestros rostros queden a la misma altura para decirle con ternura:

-¿Cómo estás mi pioja? -Victoria sonríe. Entro al departamento con ella en mis brazos todavía hasta donde se encuentra mi hermana. La miro y bajo a Victoria mientras que le digo -: Bien, Victoria déjame saludar a tu madre porque nos regañará otra vez. -Juliana mi hermana solamente ríe, la saludo.

-¿Cómo estuvo tu día? -me pregunta.

-Estuvo bien -respondo, entonces ella se pone en pie.

-Es hora de comer. Serviré...

-Está bien. ¿Te ayudo? -pregunto.

-Deja yo lo hago, tú descansa. -En ese momento veo ingresar a mi cuñado.

-¡Vaya! ¡La desaparecida ha vuelto! -bromea y sonríe.

-¡Oye, no seas malo! -le reclamo y lo saludo con un beso en la mejilla, seguido de esto, nos disponemos a comer entre risas y ocurrencias de Victoria.

Ya han pasado varias horas, por lo que verifico mi reloj de muñeca, y luego veo hacia la ventana está por oscurecer. Por lo que me despido y les digo que volveré otro día, salgo del edificio y me dirijo a mi departamento.

Al llegar a mi departamento abro la puerta dejo mis cosas sobre la mesa y me dispongo a recostarme en el sofá cuando escucho el timbre, no verifico quién está detrás de la puerta simplemente abro; y veo a Katia.

-¿Qué pasa? -pregunto sorprendida.

-¡Tú, arréglate y ponte s*xy que hoy nos vamos a bailar!

-¿Yo bailar? No me apetece, muchas gracias -le digo.

-Nada de eso, me la debes, recuerda que me habías dejado plantada.

- Está bien... Iré a darme un baño. -Ella tenía razón por lo que me veo obligada a aceptar.

Luego de bañarme encuentro a Katia revisando mi armario, toma un vestido negro con detalles de encaje y otro de color rojo:

-El negro -le ordeno. Katia me lo pasa y entro al baño nuevamente para vestirme.

Cuando salgo del baño ya vestida, ella me observa detenidamente para después decirme: ¡Por Dios! ¡Qué hermosa estás, amiga!

-Eres una exagerada-le respondo. Salimos de mi departamento y nos vamos, ninguna tiene auto por lo que nos subimos en un taxi, para llegar a la sofisticada discoteca, llamada: Disco London.

-¿Cómo entraremos? -pregunto a Katia al percatarme de que hay demasiada gente esperando entrar.

-No te preocupes ya lo tengo resuelto.

La miro sorprendida y veo que se acerca al guardia y le dice algo al oído, él la mira y la analiza, lo cual me pone un tanto nerviosa, después la veo que me llama y me acerco:

-¡Pasen! -ordena el hombre.

Yo solo asiento y luego miro a Katia, que simplemente sonríe, luego entramos al lugar. Estaba lleno hasta el punto que era imposible caminar sin dejar de chocar con la gente.

Cuando por fin llegamos a la barra. Pido una bebida y el joven barman me ofrece un vodka a las rocas, no me pareció mala idea, ya que estaba sedienta, cuando giro a buscar a Katia ya no la veo y me digo «¡Genial! Me invita y me deja sola».

Pido otra bebida y la botella la cual me la llevo conmigo junto con mi vaso, voy en busca de un asiento. Cuando estoy por rendirme encuentro un asiento vacío y me dispongo a sentarme para seguir con mis tragos. Busco con la mirada a Katia y no la veo por ningún lado, pero en ese momento choco mi mirada con la de un joven que me estaba observando lo cual ignoro su mirada.

Minutos después veo a Katia con un joven atractivo, de beso en beso lo cual no me parece y meneo la cabeza de un lado a otro en desaprobación al verla así. Ella deja de besar al chico para girar su rostro y mirarme. Katia se acerca a mí.

-Te presentaré a alguien -me dice.

-Rubí, te presento a James. Y James, te presento a Rubí-Nos saludamos con cortesía y luego ella me dice:

-¿No te molesta si te dejo un rato sola?

-No... No me molesta siempre que no te tardes- Le digo mientras ella solamente asiente, para después verla retirarse con su nuevo amor de unas horas.

Capítulo 3 Una noche de placer

Han pasado dos horas, supongo que... todavía estoy sentada aquí, después de beber y sin rastro de Katia. Decido volver al bar, para pedir una botella de vino y simplemente sentarme a degustarla. El chico de la barra me mira desde el otro lado y se acerca en cuanto se desocupa con un cliente:

-Creo que tu amiga te ha dejado.

-¡Sí, creo que sí! -contesto -¿Me puedes dar otro vaso de la misma bebida?

-¡Por supuesto, ya vuelvo!

Lo veo alejarse. Unos minutos más tarde, regresa con la botella.

-¡Mi nombre es Cristóbal! ¿Cuál es tu nombre? -No veía nada de malo presentarme.

-Me llamo Rubí.

Él me sonrió en respuesta.

-¡Lindo nombre!

Después de esto, comienzo a beber y a seguir recordando mi pasado, una completa tortura. Pero, de repente siento una mirada puesta sobre mí. Giro la cabeza lo más disimuladamente que puedo y veo a un chico mirándome. Él está inclinado hacia la barra, sentado a mi lado, pidiendo whisky en las rocas, obviamente, todavía mirándome. No sé si coqueteo con él porque estaba bajo el efecto del alcohol o porque es muy guapo. Sin embargo, su actitud es un poco misteriosa, tal vez eso fue lo que me atrajo de él. Se me acerca un poco más con esa mirada seductora que tienen los hombres decididos.

-¿Estás bien?

Mi respuesta es -¿Porque no lo estaría? -Seguida de una sonrisa. ¡Este chico es tan guapo!

-¿Te gusta bailar?

-Sí.

-¿Quieres bailar?

Así que bajamos a la pista de baile y nos ponemos a bailar. Para ser honesta, tengo que decir que baila muy bien. Bailamos durante mucho tiempo, entre risas y miradas coquetas y hasta curiosas. De repente, suena una balada, él sin pedir permiso me agarra y me pega más hacia él. Siento su cuerpo completamente y eso me incomoda un poco al principio. Y luego... su mirada me encierra en un mundo en el que solo estamos nosotros dos bailando, como si nos conociéramos de mucho tiempo, como si fuéramos una pareja de amantes. Sonrío por mi tonta imaginación.

Cuando vuelvo de mis pensamientos mi cara ligeramente hacia la suya, se acerca a mi oído y susurra:

-¡Vamos a un lugar más tranquilo!

-Si me ayudas, voy contigo. Porque si me dejas ir, me puedo caer aquí mismo.

-¡Claro que te ayudo! -me responde con una sonrisa ladeada. Creo que él también está pasado de copas.

Llegamos a su carro, claro yo con mucha ayuda. Me mete en él y se dispone a conducir. Siento que me da vueltas la cabeza, sin embargo, no digo nada. Cuando el auto se detiene miro por la ventanilla, es un hotel. Sigo manteniéndome en completo silencio. Él me ayuda a bajar y caminamos hacia las dobles puertas, empuja y entramos.

Él me conduce hasta la recepcionista. Pide una habitación y luego de pagar y recibir la llave me conduce al elevador. Ahí me mantiene todavía firme, luego salimos de la caja metálica y pronto encontramos nuestra habitación. Abre y luego de que entramos, cierra la puerta con un pie, pues creo que teme soltarme. En esta posición puedo oler su rico aroma. Todo lo que quiero hacer es estar entre sus brazos y enterrar mi rostro en su pecho. Pero luego noto que acerca su rostro al mío. Pronto sus labios tocan los míos. El comienza a besarme con tanta pasión que no puedo resistirme a su avance. El beso es tan rápido e intenso que un calor comienza a invadir todo mi cuerpo. Solo nos separamos un momento y eso por la falta de oxígeno, luego continuamos con el beso.

Para cuando me doy cuenta de lo que pasa, ya estoy semidesnuda en la cama, porque vamos estoy un poco ebria y hay momentos en los que mi mente se pierde, es cuando me percato que él me ha soltado, levanto la mirada para verlo desnudarse. No soy capaz de articular palabra alguna. Él simplemente es hermoso con su cuerpo escultural. Ni siquiera soy capaz de decir nada cuando se coloca sobre mí.

-¡Me gustas desde el primer momento en que te vi! -dice mientras que se acomoda y... No respondo a ninguno de sus comentarios y cuando lo siento dentro de mí recuerdo que aún era virgen. Al parecer él también lo nota porque se detiene, se levanta un poco y mirándome a los ojos me pregunta entre sorprendido y horrorizado:

-¡¿Eres virgen?!

Dicho esto, solo atino a asentir con la cabeza. Pues el dolor agudo que me sacude en el bajo vientre no me deja decir nada. Cierro mis ojos mientras que tomo con mis manos las sábanas y las aprieto.

-¡No te preocupes, lo haré lentamente para que no sufras tanto! -Al primer movimiento que hace, vuelvo a sentir el mismo dolor que antes. Me hace gemir, y arquear el cuerpo. Este movimiento lo aprovecha para besar mi cuello. Poco a poco, con cada movimiento que hace el dolor disminuye y pronto pasa de mí. No sé si ha sido por la ternura con la que me ha tratado, por sus besos apasionados o sus caricias licenciosas.

-¡Es mi turno! -le digo, luego de que nos hago girar dejándolo debajo de mí. Al parecer, el alcohol me hace ser osada. Me mira con cara de sorpresa. Pero lo ignoro y comienzo a moverme.

-¡No puedo resistir más! -Se queja, por lo que comienzo a moverme más rápido. Por un lado, sabía que esto estaba realmente mal, pero por otro él me hace perder mis sentidos.

- ¡Hagámoslo juntos!

Cuando todo termina me recuesto a su lado y me quedo totalmente dormida.

Al día siguiente me despierto con un dolor de cabeza, de esos que ni siquiera se puede uno mover. Cuando levantó las sábanas y me veo desnuda, mis ojos se abren como platos, empiezo a recordar todo y no sé si maldecirme por estúpida o felicitarme por el hombre que dejé que me hiciera esto.

-¡Por Dios, ¿qué he hecho?! - No puedo creer lo que había hecho. Yo le había dado lo único que era precioso para mí que era mi virginidad y lo peor que a un hombre que ni siquiera sé su nombre, me visto y salgo de la habitación. Me dirijo a la recepción.

-¿Cuánto es lo que debo por una noche? -mientras que rebusco en mi bolsa mi cartera para pagar.

-¡Lo siento, señorita, el hombre ya pagó antes de retirarse, pero le dejó esta tarjeta! -Me pasa un sobre, la agarro y sin leer el remitente o ver lo que tenía dentro, me retiro. Más por vergüenza que por mala educación.

Al salir del hotel busco un taxi, subo y doy la dirección de mi casa. Al llegar, tomo mis llaves de la bolsa y abro la puerta. Al entrar a mi departamento, me dirijo directamente hacia la ducha. Todavía no he asimilado la locura que hice la noche anterior, luego me voy a trabajar sin tomar primero un analgésico para que pase este dolor de cabeza.

Llego al trabajo y comienzo mi día como todos los días, pasan las horas, solo espero que termine mi jornada ya que no me siento bien. Hoy comenzaría mi curso de defensa personal, cuando termine aquí me iré a descansar para poder estar bien de cara, al curso. Faltando unos minutos para terminar mi trabajo, llega Katia

-¡Fui a buscarte y ya no te encontré!¿Qué pasó? -La miro y en silencio quiero responderle: «¡Si supieras lo que he hecho!».

-Te cuento los detalles otro día ya me voy a descansar ya que estoy agotada. -Dicho esto, me retiro a mi apartamento, entro y me voy directamente a dormir, solo quiero dormir y recuperarme de mi aventura.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022