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Amor Clandestino

Amor Clandestino

Autor: : Lu Fabiano
Género: Romance
Amor Clandestino La historia de Jazmín Zabaleta y Rodrigo De la Sierra. La primera vez que morí, tenía 18 años, cuando me enamoré de Rodrigo, el hombre más guapo del mundo, al que le entregué mi vida, mis sueños y mi corazón, pero para él yo fui sólo un juego, el mejor negocio de su vida y lo que es peor... Su amante. El mejor negocio de mi vida fue Jazmín Zabaleta, me sacó de mi situación económica y gracias a ella tuve la vida de rey, de la que soy digno y cuando pensé que nada podía perder en esa negociación, por ella perdí todo, mi matrimonio pero sobre todo mi corazón... Cayendo con ella, en las redes de un amor clandestino.

Capítulo 1 Rodrigo De la Sierra

Capítulo 1

Rodrigo De la Sierra

Sentí como un dolor en el pecho me atravesaba por completo, era una sensación desconocida e incómoda que me avisaba que algo demasiado malo había pasado. Estaba solo en mi casa, mi matrimonio se había acabado por ese trabajo mal habido que acepté y yo sabía en el fondo que había sido lo mejor, aceptar ese trabajo sucio que me ofreció Dora Zabaleta Fernández porque ese trabajo me llevó a conocer lo que es el amor.

–Rodrigo, tienes que abrirme – Mi amigo Enzo tocaba la puerta de mi casa – Por favor, tengo que decirte algo, es urgente.

–Voy, no es para que hagas tanto escándalo.

Abrí la puerta y dejé pasar a mi amigo Enzo y él apenas entró en mi casa, se sentó en la sala y se cubrió su cara con ambas manos, como cuando estaba desesperado o que no sabía cómo decirme algo.

–Dime ¿Qué te pasa amigo? Vienes y montas un escándalo y solo llegas a sentarte a la sala sin decirme nada.

Si esa era su prisa, no le veía la razón de venir a hacer ese escándalo, para quedarse callado como si nada.

–Rodrigo, desgraciadamente ha pasado algo muy malo y no sé cómo decírtelo – la voz de Enzo, se quebró – Se trata de Jazmín.

– ¿De mí Jazmín? – Pregunté alarmado llevándome las manos a la cabeza – Habla ya, amigo que me estoy desesperando.

–Tienes que ser fuerte, ella está en el hospital y eso no es lo peor – Enzo me miraba cabizbajo – Ella se tomó unas pastillas y se quiso quitar la vida y su estado de salud es de pronóstico reservado.

La noticia que mi amigo acababa de darme, no la podía creer. Esto no podía estar pasando y mi Jazmín no podía haber cometido esa tontería. Ella ama vivir y no es cierto que ella quisiera quitarse la vida, eso no es verdad. Yo tenía que ir a la cafetería para verla, aunque sea de lejos, para darme cuenta de que lo que dice Enzo no es cierto. Caminé como un león enjaulado por toda la casa y Enzo, me abrazó como mi mejor amigo que es y que siempre ha sido.

–Esto no puede ser, Enzo. Debe de haber un error y tengo que ir a la cafetería, tengo que verla por un momento, ella debe estar bien.

–No puedes volver allá, si sus padres o sus abuelos o sus socios de la cafetería te ven, entonces serás hombre muerto. Yo me enteré porque Marina, una de las hermanas de Jazmín, es novia de Max, mi hermano y él me lo ha contado todo.

–No Enzo, esto tiene que ser un error – Me negaba a la verdad – Sabes que Jazmín es alegre y ama mucho la vida, tanto que siempre luchó contra el terrible asma que la aqueja, ella no pudo atentar contra ella misma.

Eso era imposible, ella no se pudo haber intentado suicidar, ella valora mucho su vida, esto no es lo que quieren hacer que creamos, yo conozco muy bien a Jazmín.

–Lo ha hecho y lo siento mucho, tenía que venir a decírtelo personalmente porque sé que necesitabas a tu mejor amigo y eso soy.

Me desplomé en uno de los sillones de mi sala y lloré como no había llorado hace mucho tiempo, desde que era niño es que no lloraba. Empecé a sollozar y después a gritar y a maldecir, sin importar que Enzo estuviera dándose cuenta del lamentable estado en el que yo me encontraba. Por mi cabeza volvían y pasaban las escenas mías con Jazmín, abrazándola y besándola y las de esa noche cuando la hice mía, cuando la hice mujer y me entregó su primera vez.

–Siento mucho por lo que estás pasando amigo, pero no puedo dejar de decirte que te lo dije, nunca debiste aceptar ese trabajo tan bajo que te ofreció esa loca de Dora – Enzo era la voz de mi conciencia – Lo siento mucho, pero si ella muere tú serás el culpable.

–No, ella no puede morirse y si se muere yo me quiero morir con ella. Amo a Jazmín, la siento corriendo por mi cuerpo, como si de mi oxígeno se tratara, tú sabes mejor que nadie, que me terminé enamorando de ella, aun cuando no debía.

Cuando todo debía ser un engaño, yo salí enamorado de mi víctima, la empecé a amar sin darme cuenta y ese había sido un gran problema, algo que no debió pasar, pero aquí estaba viviendo en carne propia las consecuencias, Jazmín tratando de acabar con su valiosa vida.

–Lo sé y por eso te dije que mejor dejaras ese trabajo que solo te trajo dos desgracias, el fin de tu matrimonio con Sandra y el haber dañado a Jazmín.

–Tenías razón, nunca debí hacerle caso a esa desquiciada de Dora y mucho menos aceptar un trabajo que ella me ofreciera. No es justo que ahora, por culpa de mi estupidez, la única mujer que he amado esté así.

–Falta que te diga lo peor, ella no pudo soportar tu engaño y lo que le hiciste y por eso se quiso quitar la vida, lo siento mucho en verdad.

Enzo se sentía mal al decirme todo eso, lo podía ver en su mirada derrotada por venir a decirme a mi casa que la única mujer de la que me enamoré completamente se debatía entre la vida y la muerte. Yo no podía ni acercarme para estar con ella, para decirle que, aunque le hice mucho daño, yo la amo y quiero luchar por recuperarla. No podía hacer eso, porque su familia no me va a permitir que yo me acerque a ella. No lo harán y con justa razón.

Enzo estuvo conmigo la mayor parte del día y más tarde me quedé solo, él tenía que ir a atender sus obligaciones. Por ese trabajo lo había perdido todo, a mi esposa, a mi hijo y a la mujer que amo y nada que hiciera me iba a devolver nada de lo perdido. Me acosté con la mirada fija hacia la nada y entonces sonó mi teléfono, el cual tomé de inmediato, esperando estúpidamente un milagro que Jazmín estuviera fuera de peligro y me pidiera hablar, pero la voz que escuché no era la de ella, era la voz que nunca debí escuchar.

–Hola Rodrigo, te llamo para felicitarte – Era Dora – Te veías muy verde al principio de este trabajo, pero te puliste y ahora no solo hundiste a mi querida sobrina en la miseria, estás a punto de mandarla al otro mundo.

En mala hora me tuve que encontrar con esta demente, que solo le ha traído desgracias a mi existencia, jamás debí aceptar este horrible trato.

–Cállate desgraciada, nunca debiste de aparecer en mi vida. Así no hubiera conocido a Jazmín, pero tampoco le habría hecho daño – Le reclamé – Te odio y personas como tú, son las que se merecen la muerte y no solo eso, merecen todo lo peor del mundo.

–Le bajas a tu berrinche Rodrigo, tú aceptaste el trabajo y el dinero que te ofrecí porque lo necesitabas para el parto de tu mujer y ahora, no me vengas con que estás arrepentido – Dora se reía como una demente – Además, nunca te dije que te enamoraras de esa estúpida de mi sobrina.

–Pues lo hice y no me arrepiento de haberla amado, ella es pura, es inocente y es buena y he sido lo peor que pudo pasarle.

No debí aceptar ese trato con esta mujer tan malvada, no sabía la magnitud de las consecuencias, lo que había visto como un dinero fácil, ahora se estaba convirtiendo en mi verdugo, porque me estaba matando en vida.

–Ya, cuando te diga que te depositaré un dinero extra de lo que ya te di por el trabajito, te pondrás feliz ¿Te parecen bien unos cuantos millones de pesos?

Qué mujer tan desgraciada, alegrándose por la situación tan lamentable en la que se encuentra su sobrina, y ofreciéndome más dinero como si yo se lo hubiera pedido, yo no quiero su sucio dinero, por eso es que la mujer que amo está muriendo.

–No quiero nada de ti, Dora, y es más, te voy a devolver todo lo que me pagaste. No quiero nada que me recuerde, que la mujer que amo se está muriendo por mi culpa – Declaré – Tendrás de vuelta, hasta el último peso que me diste.

–De acuerdo, aunque eso no le devolverá la vida a tu amada Jazmín – Me recalcó la muy desgraciada – Ella está muy grave en el hospital y dudo mucho que salga de ese estado. Sí llega a morir, te aviso para que le mandes un ramo de flores.

Corté la llamada con esa desgraciada de Dora y lloré toda la noche, pidiendo a toda la corte celestial que salvara a la mujer que amo, porque yo sin ella me muero y después me puse a recordar, para volver a vivir, todo lo hermoso que viví con Jazmín, desde el día que la conocí.

Capítulo 2 Rodrigo De la Sierra

Capítulo 2

Rodrigo De la Sierra

2 años atrás

Recibí una llamada de un número desconocido, estando dando mis clases de literatura en la Universidad de Guanajuato, ignoré esa llamada y seguí con mis clases con el grupo de alumnos con el que me tocaba enseñar, pero sentía sonar y sonar en repetidas ocasiones el teléfono dentro de mi chamarra que en cuanto terminé de dar mis clases, esperé a que volvieran a llamarme y tomé la llamada. Tenía que saber de una vez por todas, quién me estaba llamando tan insistentemente.

–Sí, diga – Dije al responder – ¿Quién habla?

–La solución a todos tus problemas, bueno no solo a los tuyos, también a los de Sandra. Necesito que me ayudes, necesito que nos veamos, es algo que nos conviene a los dos – Dijo la voz de una mujer – No te vas a arrepentir.

–Sea quién sea usted, señora. Yo no tengo tiempo para este tipo de juegos, tengo muchas cosas en la cabeza y problemas de los que debo ocuparme.

–Lo sé, problemas de dinero y yo te estoy ofreciendo la salida de ellos – La mujer insistía – Dime, ¿Cómo te sentirías con 5 millones de pesos libres de impuestos? Sé por lo que estás pasando, te he investigado y sé que no tienes ni para pagar el parto de tu esposa, por cierto, felicidades. Sé que van a ser padres de un hermoso niño.

No podía creer lo que estaba escuchando, quién quiera que fuera esa mujer sabía muchas cosas de mí y eso era sorprendente lo bien que investigó sobre mi vida, pero también era demasiado aterrador. No me gustaba que nadie supiera tantas cosas sobre mí, tantas que me daban demasiado miedo y no quería que siguiera jugando conmigo, así que decidí jugar yo con ella.

–Dígame un lugar y nos vemos ahí, solo le puedo conceder una hora de mi valioso tiempo – Puse mis condiciones – Si no le parece o no le sirve, dígame para no vernos.

–Nos vemos fuera del Teatro Juárez, hoy a las 4 de la tarde y sea puntual – Me exigió la mujer – No me gusta esperar y créame, usted tampoco quisiera esperar sabiendo el ofrecimiento, qué pienso hacerle, es mucho dinero en juego.

–Eso está por verse, la veo a las 4 de la tarde.

Corté la llamada con quién fuera que sea esa mujer que me dejaba con muchas interrogantes, no sé ni de dónde obtuvo mi número de teléfono y luego me ofrece una cantidad exagerada de dinero, cuando yo ni siquiera la conozco. Me dejaba pensando demasiadas cosas y me ponía en alerta máxima todo ese asunto con ella. Terminé mis clases ese día como pude y me fui a la cita con esa desconocida, esperando que esto no fuera a ser una trampa o un chantaje que me llevara a terminar en una situación peor.

–Buenas tardes, profesor de la Sierra – Me abordó una mujer de unos 50 años aproximadamente – Menos mal que decidió venir a verme, créame que esto le conviene.

–Buenas tardes, no quiero hacer aspavientos aquí, pero quisiera saber quién es usted y lo que quiere de mí – Dije desconfiado – Necesito saberlo urgentemente, de lo contrario, me marcharé, así como he llegado.

No debí exponerme abiertamente, hubiera esperado a que ella llegara primero al lugar acordado para estudiarla bien y luego abórdala yo a ella, no al revés, estaba perdiendo mis facultades intuitivas.

–No puedo hablarle de este asunto tan delicado aquí, tendremos para eso que ir a casa de un amigo mío, está a unas calles ¿Viene?

Ella se separó de mí y se adelantó caminando, iba a no sé dónde y yo sinceramente no quería ni seguirla, pero pudo más mi curiosidad y saber esa mujer quién era y cómo dio conmigo y lo más importante, como sabía de mi esposa Sandra. Tenía muchas preguntas y si quería saber las respuestas, tenía que seguir a esa mujer a su casa. Ella caminaba muy rápido, yo la seguí a su mismo paso hasta llegar a una pequeña entrada de una puerta roja, ahí ella introdujo una llave y abrió la puerta y después, me cedió el paso a mí.

–Después de usted, profesor – Me dijo ella – Adelante, por favor.

–Gracias.

Entré con mucha desconfianza al lugar, no podía confiar en esa mujer para nada y menos sin saber ni su nombre. Ella me invitó a que me sentara y hasta me ofreció algo de tomar, cosa que yo no acepté. Quedamos sentados frente a frente y al fin yo iba a saber lo que quería ella y por lo que me había buscado.

–Sé que tiene muchas preguntas, pero antes que las haga, le quiero mostrar lo que le prometí – Sacó varias maletas con muchos fajos de efectivo – Aquí está lo que le prometo y le daré la mitad por adelantado, quiero saber si eso no significa una motivación, para que usted me haga el trabajito.

Se notaba que esta mujer estaba acostumbrada a hacer este tipo de cosas, se manejaba como pez en el agua, no cabía duda que el dinero que está ofreciéndome para no sé qué, no le importa en lo absoluto.

–Primero quisiera saber, ¿Quién es usted? Y ¿De qué trabajito se trata? Yo no estoy tan tonto para aceptar algo a ciegas, de alguien que no había visto nunca hasta el día de hoy y otra cosa, necesito que se presente con su nombre o no haré nada.

Solo me había metido en la casa de una desconocida, pero la curiosidad me había ganado, ahora esperaba que no quisiera hacerme daño, era una medida de prevención, el no ir a ningún lugar solo con alguien al que no conoces.

–Me llamo, Dora Zabaleta Fernández y necesito, concretamente, que usted me haga un trabajo con una de sus alumnas – La mujer estaba muy metida en su papel – Se llama, Jazmín Zabaleta Villa, su alumna y mi sobrina.

Mi cabeza trabajaba a una velocidad extraordinaria, tratando de pensar en Jazmín, tenía 3 alumnas con ese nombre en los grupos a los que yo les daba clases, de la licenciatura de letras. Entonces vino a mi mente, la imagen de una chica muy hermosa, rubia y de ojos grises, casi de mi estatura que se sienta siempre al fondo de mi clase, es muy tímida y también es muy inteligente.

–Sí, Jazmín es una de mis alumnas – Respondí – Ya la recuerdo, no me diga que me quiere hacer rico a cambio que su sobrina, pase con excelencia mi materia. Ella no lo necesita, es muy inteligente y dedicada.

No tenía que pagar por algo que ya estaba más que comprobado, esta chica es una de las mejores, esta señora me iba a pagar esa suma de dinero en balde, su sobrina no necesitaba que le pusiera buenas notas si ya las tenía.

–Sabía que no me iba a equivocar a elegirlo a usted, profesor De la Sierra, pero no es eso lo que quiero. Sé que va a ser padre y que está apretado de dinero, que vive con su esposa Sandra solo de su sueldo como docente en la Universidad y que ella está a un mes de dar a luz a su primogénito, por lo que usted necesita de este dinero.

Desde luego que era una suma que no se podía dejar pasar, con esto tenía muchos años asegurados, pero yo no era un asesino, no me iba a convertir en uno porque me estuviera ofreciendo ese dinero, yo no iba a matar a nadie.

–No le puedo negar que ese dinero me resolvería mi vida, pero necesita explicarme ¿Qué es exactamente lo que tengo que hacer? Si está pensando por su loca mente que tengo que desaparecer a esa chica, ya puede irlo olvidando.

No me iba a manchar las manos y hasta ir a parar a la cárcel por ese tipo de delitos, tenía a una mujer embarazada a punto de dar a luz y un bebé en puerta, era absurdo meterme en problemas ahora.

–Aprenda a escuchar primero, profesor de la Sierra – Sentenció molesta – Lo que le quiero proponer es muy simple, usted solo debe enamorar a mi sobrina y hacerla que se ilusione con usted, al punto de llevarla a la cama y que sea grabado un video de ese encuentro, en ese momento se termina su misión, ya que me entregue dicho video a mí.

– ¿Para qué quiere que haga eso? Yo me encuentro casado y ¿Cómo se supone que debo enamorarla? Y además soy su profesor – Por supuesto que ella sabía todo eso.

–Ella no sabe que es usted casado y no tiene por qué saberlo. Le daré dinero para que inicie con el plan, 2, 500, 000) para los gastos y todo lo que deba hacer mientras la conquista y la enamora y un anticipo muy generoso y, ya que me entregue el video que le pido, le liquido su parte – Ella sonreía con descaro – ¿Tenemos un trato, profesor De la Sierra?

–Tenemos un trato – Estreché su mano, cerrando aquel trato.

Capítulo 3 Jazmín Zabaleta Villa

Capítulo 3

Jazmín Zabaleta Villa

Tenía poco que había entrado a la Universidad y ya había conocido a mi amor platónico, era él mi profesor de literatura Rodrigo De la Sierra, era alto de cabello negro, tenía un cuerpo muy bien trabajado y unos ojos azules y hermosos como el azul del cielo, me tenía encantada y su materia aún más, era mi asignatura favorita de todas las que llevaba en la licenciatura de letras.

–Jazmín, no puedo creer que te guste el profe y no te atrevas a decirle nada – Me dijo Eva, mi mejor amiga – Se ve que a él también le gustas tú.

Como había sido posible que dejara ver que me gustaba nuestro profesor Rodrigo, estaba segura de que nadie se había dado cuenta de eso, pero me había equivocado y mi amiga se había dado cuenta de mi enamoramiento.

–Eva, amiga mía, estás bien loca y no puedo creer que me digas esas cosas – Me reí – No le puedo decir nada al profesor De la Sierra, no quiero que me corran de la Universidad.

–No te pueden correr, además el profe es un bombón y si yo fuera vista por él de la forma que te ve a ti, yo ya le hubiera dicho algo. Tenlo por seguro.

Eva era muy arriesgada y sé que a ella no le importaría invitar al profesor, pero yo no soy así, aunque me gusta y no lo niego, no me puedo acercar a invitarlo a tener algo conmigo.

–Tú, pero yo vengo a la Universidad a estudiar, no a andar buscando una oportunidad con un hombre que es imposible para mí.

–Mira Jazmín, allá enfrente está tu papá.

Levanté la vista y me di cuenta de que, era cierto lo que dijo Eva. Mi papá estaba en la camioneta de la cafetería, justo enfrente de la escuela, seguramente andaba haciendo algo o entregando algún pedido y me caía muy bien, verlo justamente enfrente de la Universidad, me iba a ahorrar la caminata a la cafetería y me venía excelente, hoy era el día que yo cargaba con más libros.

–Vamos Eva, si mi papá no está muy ocupado hasta te podemos llevar a tu casa – Le ofrecí a mi amiga – ¿Qué me dices?

–Gracias, Jazmín. Hoy tengo que esperar a Sebastián, vamos a ir a comer a su casa y aún no sale de clases, pero ve con tu papá y nos vemos mañana.

–Si quieres, me puedo quedar a esperar a que salga Sebas, no tengo problema y así te acompaño – Dije despreocupada – Y tú no tienes que esperar sola.

–No pasa nada amiga, falta como media hora. Sirve que voy a estudiar algo de mañana en la biblioteca, nos vemos mañana.

–Está bien amiga, hasta mañana.

Me despedí de mi amiga y mi papá nos vio a las dos, levantó la mano para hacernos una señal y me crucé la calle para encontrarme con él, estaba como lo había pensado entregando un pedido de café y cuando se desocupó, nos saludamos con un abrazo. Mi papá y yo, siempre hemos sido muy cercanos y mis hermanas, por eso dicen que soy su hija consentida, pero eso no es verdad. Yo sé que él nos quiere a las 3 por igual.

–Hola, hija, te vi desde que llegué con el pedido, pero no pensé que fueras a querer irte conmigo, estabas ahí con Eva.

–Hola, papá, sí estaba con Eva, pero ella se quedó a esperar a su novio a Sebastián, y pues aquí me tienes – Respondí – Yo pienso aprovechar para que me ahorres la caminata a la cafetería, hoy traigo muchas cosas.

Me caería muy bien que él me llevara, aunque estuviera relativamente cerca, hoy se me hacía más difícil por lo pesado de los libros. Si no me fuera caminando como siempre.

–Claro que sí, mi princesa. Permíteme tus cosas, las pondré atrás – Papá puso mis cosas en la cajuela y abrió la puerta del copiloto para que yo subiera – Vamos, tu mamá está en la cafetería con Sanjuana.

–Qué bueno que mamá esté de nuevo en la cafetería, pensé que seguía sintiéndose mal – Dije preocupada – Porque conociendo como es, seguramente no ha querido que la lleves al doctor.

Mi madre es una mujer muy fuerte y cuando se sentía verdaderamente mal, era que no iba a la cafetería, pero no le gustaba ir al doctor.

–No, no ha querido y ya sabes cómo es tu madre, pero si se sigue sintiendo mal yo no tendré más remedio que llevarla a fuerzas.

–Te las ingeniarás para llevarla papá, ella a ti siempre te hace caso. Mamá te adora con todo su corazón.

–Yo la amo a ella, ahora que recuerdo, yo la conocí a ella poco antes que tuviera tu edad y se parecía muchísimo a ti, así tan hermosa.

–Gracias, papá. Si yo fuera tan hermosa, ya algún chico se hubiera fijado en mí, pero no hay ni quién me haga caso – Dije abatida – Para los chicos soy invisible.

No tenía novio, a los chicos les gustaban otras chicas, menos yo, es lo que me ha pasado toda la vida, es como si no existiera para nadie, soy solo una chica más.

–No es eso hija, para los chicos eres inalcanzable y por eso no se atreven a acercarse a ti – Papá me dio un beso en la mejilla, al bajar de la camioneta en la cafetería – Eres especial hija, no lo olvides y por eso, vales mucho.

–Gracias, papá. Bajaré mis cosas, hoy me han dejado tarea y tengo que trabajar aquí también.

–Ve con tu madre dentro y yo ahorita bajo tus cosas, a esta hora llega mucha gente a la cafetería y será mejor que la ayudes.

–Claro, papá. Me adelanto entonces.

Entré a la cafetería y me di cuenta del movimiento que había, estaba casi todo lleno y en una de las mesas, estaba ese hombre que me tenía cautivada y eso me disparó los latidos del corazón, era él, mi profesor de literatura Rodrigo De la Sierra y yo, no sabía qué hacía él en la cafetería de mi familia, nunca antes lo había visto aquí.

Lo miré detenidamente y me perdí en él, como siempre me pasaba en clases, me dejaba toda embobada, es que no era para menos y estaba segura de que a más de una le gustaba el profesor, cuando de repente sentí una mano que me sujetó el brazo y me asusté.

–Jazmín, te estoy hablando hija – Dijo mamá – Estás en otro mundo, ¿Te sientes mal?

–Hola, mamá, no para nada, es solo que me quedé pensando en algo, no pasa nada – La abracé – Estuve preocupada por ti en la Universidad, ¿Cómo te sientes?

–Me siento un poco mejor, pero me sentiré aún mejor si vienes y te preparas para llevar un café a aquella mesa – Dijo mamá señalando la mesa de mi profesor – Sirve que te echas un taco de ojo, como dijo tu tía Sanjuana.

Mi mamá me estaba mandando a que llevara el pedido justo a la mesa del profesor De la Sierra, esto si era tener suerte, espero no dejarle caer nada encima.

–Mamá, no digas eso – Me reí – Si te escucha mi papá, vas a estar en problemas. Ya ves que siempre ha sido bien celoso.

–Lo sé, pero tu papá no está aquí adentro. Está afuera bajando las cosas de la camioneta.

–Sí, es que yo llegué con él. Estaba frente a la Universidad y aproveché el viaje.

–Ven, vamos a que te prepares para tu turno de trabajo, Jazmín.

–Sí, mamá.

Fui con mi mamá detrás del mostrador y saludé a mi tía Sanjuana, no era mi tía de sangre, pero era como si de verdad lo fuera. Me fui a cambiar mi ropa casual por el uniforme de trabajo, que era el mismo uniforme que usó mi madre cuando llegó a vivir aquí y a trabajar aquí. A mi gusto era un poco anticuado, pero es lo que hay, salí ya cambiada y mamá ya tenía preparado y servido el café del profesor en una charola.

–Hija, ve y lleva el café, por favor – Me insistió mamá – Por favor, Jazmín. Yo iré a ayudar a tu padre, no sé qué tanto hace en la camioneta.

–Claro que sí, mamá.

Tomé la charola con el café del profesor y caminé hacia su mesa, él estaba trabajando, seguramente preparando alguna clase que no se dio cuenta cuando yo llegué a dejarle su café y a mí, hasta pena me dio molestarle, pero tenía la mesa llena de documentos y no había dónde ponerle su café, esto me deba pena, tener que interrumpir su trabajo, pues estaba muy concentrado en lo que hacía.

–Buenas tardes, le he traído su café – Dije en un tono casual – Permiso, por favor.

–Buenas tardes – Él levantó la mirada y me atravesó con ella – ¿Jazmín?

–Sí, soy yo profesor – Respondí tímidamente – Aquí trabajo.

–No lo sabía, muchas gracias – Él despejó la mesa para que yo pudiera dejar su café – Puedes poner el café aquí, por favor.

–Claro que sí.

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