Boga caminaba lentamente a no más de cinco metros del hombre al que seguía desde hacía más de una hora. Sonrió mostrando varios dientes de oro, tenía un aspecto feroz, no era demasiado corpulento pero se notaba que era fuerte, sus casi uno ochenta metros de altura eran suficientes para amedrentar a cualquiera.
Tenía mucha fuerza y por eso utilizaba ese apodo en turco, porque "boga" significaba "toro", no recordaba a nadie que lo hubiera vencido en una lucha a mano limpia, o con cuchillo. Era un experto con casi cualquier tipo de armas y era también sumamente ágil en cada situación, podía pasar desapercibido y matar silenciosamente si era necesario.
Por eso había podido matar a la mujer que le habían encargado un par de semanas atrás, en realidad había sido muy fácil y eso que, según le habían dicho, ella era muy diestra con las armas, pero la había sorprendido en la cama de su hotel, se echó sobre ella y aunque luchó con fuerza finalmente la sofocó con cierta facilidad. Salió de la oscura habitación por la ventana, como había entrado.
El hombre al que seguía tomó una calle que se dirigía a las afueras del pueblo.
«¡Tanto mejor! -se dijo a sí mismo»
Había pensado liquidarlo con una certera puñalada en la espalda, con la que lo dejaría inmóvil el tiempo suficiente para liquidarlo después, pero ahora sería más fácil, un simple disparo con su pistola, a la que tenía acoplado un silenciador, apenas estuviera fuera de la vista de cualquier mirón inoportuno.
Hasta se daría el lujo de llamarlo y dejar que se volteara mientras lo apuntaba, así vería el miedo en los ojos del sujeto. Sí, se podía decir que Boga era un sujeto sádico que se solazaba en el sufrimiento de los demás, hasta pensó en herirlo primero para luego disfrutar antes de rematarlo.
Pronto llegaron a un camino de piedras, era la salida de la ciudad de Ingiris hacia la población siguiente, no habían muchas personas circulando por allí, era fin de semana y pocas personas tomaban ese camino, normalmente salían por la calle principal que iba hacia la carretera que conducía a la capital de Georgia, pero estaba más cerca de las montañas del Cáucaso.
Boga caminaba como un gato y el sujeto que iba adelante no se había dado cuenta de que lo seguía, volvió a sonreír, ya no había nadie a la vista, sacó su arma y apuntó a la espalda del sujeto, pensó en herirlo en la baja espalda, eso le dolería. Quitó el seguro de la pistola y cuando iba presionar el gatillo sucedieron en rápida sucesión varias cosas.
Primero el sujeto que iba adelante dio la impresión de encogerse, porque se había vuelto más pequeño y eso que era más o menos del mismo alto de Boga, Segundo, el sujeto tenía un arma en la mano que no se dió cuenta de dónde la había sacado, si él le había visto las manos vacías hasta el último segundo, Tercero, sintió un leve golpe, como un pinchazo en el estómago, y Cuarto, sus brazos se aflojaron, haciendo que el arma cayera de sus manos sin haber podido apretar el gatillo de su arma.
Boga fue perdiendo fuerzas paulatinamente, cayó de rodillas y sintió como algo caliente le corría por el abdomen, puso una mano sobre su estómago y al retirarla la vio completamente llena de sangre.
Boga no entendía cómo había sucedido esto, miraba con incredulidad la sangre en sus manos y también al sujeto que se acercaba a él, sin mostrar odio o animadversión alguna, aún tenía una pistola calibre .380 en sus manos y le apuntaba con ella. Luego recogió su arma y lo empujó para que cayera de espaldas.
Se vio arrastrado hasta dentro del bosque que rodeaba la carretera por donde habían caminado. cuando estuvieron fuera de la vista de la carretera el sujeto lo miró desde arriba.
-El temible Boga -dijo con una voz suave y sin acento notorio- parece que te has vuelto lento, mi amigo. Lástima que tenga que liquidarte, porque me gustaría enviar un mensaje al que te envió.
Boga trató de hablar pero solo le salió un ruido gutural y una espuma sanguinolenta le subió a los labios.
-Es mejor que no hables, creo que no te diste cuenta que disparé dos veces -le dijo con toda la tranquilidad del mundo- Pero tenía que asegurarme de romper tu arteria aorta, así te quitaría toda la energía de una vez y no tendría que matarte de golpe. Como no puedes hablar yo te haré un par de preguntas y tú sentirás o negarás, ¿De acuerdo?
Boga asintió, aunque el dolor que tenía ahora se estaba volviendo insoportable.
-Bien, me alegro -le dijo con calma- Porque después de responderme entonces te haré el favor de librarte de tu sufrimiento rápidamente, ¿De acuerdo?
Una vez más Boga asintió rápidamente, sabía que se estaba muriendo poco a poco y dolorosamente así que prefería morir de una vez.
-¿Tú mataste a la chica en el hotel Blitz? -le preguntó y hubo un rápido asentimiento por parte de Boga.
-¿El que te envió a matarla es el mismo que te envió por mí? -nuevo asentimiento de Boga.
El sujeto asintió a su vez y preguntó de nuevo.
-¿Es el jefe Kadir quien te envió? -Un nuevo asentimiento de Boga.
-Gracias, Boga -le dijo mientras le apuntaba a la frente- Lo malo para tí es que a Velkan "la sombra" es difícil de matar. -Y diciendo esto puso una bala en el medio de la frente de Boga, quien dejó de sufrir de inmediato.
Velkan Rottemberg se irguió cuán alto era y le quitó el silenciador a su arma antes de colocarla de nuevo en la funda que tenía en la cintura, a la altura de su estómago. Tenía otra igual para su magnum 357 de cañón corto que llevaba en la cintura pero esta casi estaba a la mitad de la espalda.
Estaba tan acostumbrado a desenfundarlas con tal rapidez que casi nadie se daba cuenta de cuando tenía el arma en la mano, por eso era considerado uno de los mejores en todos los lugares por donde había dejado huellas.
Había trabajado años para varios contratantes como mercenario, se había enfrentado a grupos de Kurdos, a rebeldes en Afganistán y a cuanto enemigo le asignaran en su trabajo, pero luego había sido contratado para trabajos especiales por algunos "jefes" de la mafia, desde la madre Rusia, pasando por sus satélites e incluido en Turquía y Europa.
Llegó a ser conocido como "La Sombra" porque era capaz de realizar un trabajo y desaparecer como si nunca hubiera estado allí.
Pero ahora, tal como sospechaba, la mafia turca, de manos de Kadir Yildirim había puesto precio a su cabeza, y lo peor de todo esto era que no podría pedir ayuda a nadie. Ninguno de sus antiguos asociados estaría dispuesto a enfrentarse a esa organización criminal que tenía vínculos con los rusos y varios de sus satélites.
No le quedaba otro camino que buscar la manera de equiparar fuerzas, él solo no podría contra toda una organización, tenían que buscar la manera de conseguir un lugar donde ocultarse y llevarse con él a Tatiana, el amor de su vida.
Ella era la luz de su vida, por ella estaba dispuesto a todo, la amaba con locura. Se habían conocido hacía poco más de un año, él había estado trabajando para la mafia rusa y lo habían mandado a conseguir unos papeles que comprometían a los jefes de la mafia. Allí se conocieron e inevitablemente se enamoraron.
Un año atrás...
Eran tantos los años de haber servido para diferentes grupos, países y diversos grupos secretos, que parecía que había vivido su vida a salto de mata, sin poder tener un hogar, hijos y por supuesto, sin una mujer. La imagen de Tatiana cayendo al río herida de muerte le atormentaba con bastante frecuencia, eso no habría tenido que suceder.
En su cómodo apartamento en Londres tenía todas las comodidades, tantas que le abrumaba, pero no hubiera podido negarse a vivir una vida tranquila,tenía casi todo lo que podía necesitar, al menos de las cosas materiales, había ahorrado bastante dinero desde joven, pensando siempre en el retiro. Su peligrosa profesión no dejaba espacio para los errores y el retiro no era algo que alcanzaba casi ninguno.
Pero él se había esforzado por ser el mejor entre los mejores y lo había demostrado en todo momento. Ahora a sus cuarenta y ocho años se encontraba en buena forma, podía correr a toda velocidad mucho más de un centenar de metros sin agotarse en exceso, hacía pesas y ejercicios a diario. Y era muy saludable.
Pero el vacío de su vida era difícil de llenar, por supuesto que tenía a sus amigos, Robert Landford y su esposa Mary. También al "griego", Basile Karagiannis, con quién compartía noches de bolos y cervezas. Y su ahijado, el hijo de los Landford, le daba una gran alegría, ocupaba el lugar de ese nieto que nunca había tenido y lo disfrutaba.
Pero su corazón era solitario, nunca había buscado el amor, un mercenario no tenía tiempo de enamorarse, eso le decían siempre sus maestros en el arte del combate, y a su vez él lo repetía a quienes apadrinaba; hasta que conoció a Tatiana. Era prima de Zurab Bairamov, quien a su vez era su contacto en Georgia y El Cáucaso. Él lo visitaba con frecuencia debido a su última misión.
Diez años antes...
Velkan estaba trabajando para los británicos, en una investigación sobre unos documentos que habían sido robados del gobierno Geogiano, donde aparecían involucrados una serie de peces gordos del partido de gobierno y otros personajes menos conocidos. Los documentos trataban sobre un cargamento de oro ilegal y secreto que se habían robado al gobierno para traficar con la mafia y eso se había llevado a cabo con la anuencia de muchas personas.
Si eso se llegaba a saber serían muchas las cabezas que caerían en las altas esferas del gobierno y además se ganarían una serie de sanciones que no serían agradables para los involucrados por apoyar a las mafias.
Por esa razón estaba Velkan aquí en el Cáucaso, según los informes que le habían llegado a través del jefe de la mafia rusa, Nikoloz Gasamov, quien a su vez estaba de acuerdo con los británicos en la consecución y puesta a buen recaudo de ellos.
Gasanov era un hombre conocido de Velkan de hace varios años, podría decirse que eran casi amigos, pero realmente a él no le gustaba Gasanov para nada, lo conocía como un hombre cruel a quien solo lo movían sus intereses personales, aún por encima de su "fidelidad" a su país.
Fue él quien le recomendó a Velkan al buen hombre de Zurab Bairamov, para que fuera su contacto en el Cáucaso, debía trabajar con él en la búsqueda y rescate de los documentos peligrosos. Por eso siempre lo visitaba, Velkan se hacía pasar por un cazador de osos, sus pieles eran muy apreciadas, era la mejor manera de disimular sus constantes visitas.
Fue en una de esas visitas que conoció a Tatiana, Velkan llegó al pueblo y se dirigió a la tienda de Zurab para hacer unas compras y enterarse de los últimos acontecimientos de la jornada. Cuando entró a la tienda, como siempre, lo hizo llamando a Zurab para bromear con él, pero Zurab no estaba en el mostrador esa mañana.
En su lugar estaba una hermosa y alta mujer, casi de su tamaño, Velkan no era un hombre bajo, casi llegaba a 1,80 metros y ella le llegaba al menos a la barbilla. Vestía con un atuendo sencillo de la zona, que resaltaba sus formas suaves y esbeltas; hombros firmes, busto generoso y armoniosas caderas.
Pero lo que más impresionó a Velkan fueron su cabello negro y sus ojos azul piscina que parecían un pozo sin fondo. Un hombre era capaz de perderse en sus misteriosas profundidades si se le quedaba mirando por mucho tiempo. Velkan se obligó a cerrar la boca.
-¿Desea algo? -se escuchó su voz de timbre fuerte pero delicado, era una voz realmente hermosa y estremecedora.
Velkan se obligó a regresar del mundo de ensueños dónde había caído.
-Lo siento -dijo, tratando de organizar sus ideas- ¿Zurab no está?
-No, mi primo tuvo que salir, pero regresará pronto -Velkan solo podía mirar como se movían sus labios al modular las palabras.
«¡Despierta Velkan!» -se recriminó a sí mismo- «¿Qué rayos te está pasando?»
Él nunca había sido del tipo enamoradizo y jamás se había interesado particularmente por ninguna mujer. Sexo no le faltaba, era un hombre apuesto y decidido; pero se allí a tener una relación estable estaba muy lejos, ¡Si ni siquiera tenía amantes fijas!
Pero ahora, esa chica ejercía una rara influencia en él, lo hacía descuidar y embotar sus sentidos y eso, en su profesión era sumamente peligroso. Se obligó de nuevo a centrarse en lo importante.
-¿Y tardará mucho en venir? -lo dijo con amabilidad, pero temía que su cara fuera la de un tonto de remate. La chica tenía una risa burlona aflorando en sus labios, eso le decía que estaba haciendo un papelón delante de ella.
-¿Le pasa algo? -le preguntó antes de contestar la pregunta que le había hecho, y como el denegó con la cabeza siguió hablando- Zurab ya debería estar de regreso.
-Entonces lo esperaré, si no le molesta -le dijo tratando de parecer normal.
-Por mi no hay problema, se ve que ustedes se conocen y usted debe ser un buen cliente de él, ¿No es así? -la pregunta la hizo con una mirada interrogadora.
-Así es, somos conocidos y también soy su cliente más frecuente -dijo ésto sin pensar mucho. Con la cabeza más fría se hubiera preguntado si ella quería sonsacarle alguna información.
Hubo un rato de silencio donde se dirigían miradas tímidas pero cargadas de curiosidad, la admiración era mutua; eso lo vería cualquiera que presenciara la escena. Parecían un par de niños que acababan de conocerse.
-¿Eres cazador? -preguntó ella, con un leve rubor en sus hermosas mejillas. Se notaba que no estaba acostumbrada a esos impulsos.
-Sí, le respondió -sonriendo tontamente como un colegial pillado en falta.
Ambos se miraron a los ojos y soltaron una risa espontánea que siguió y siguió hasta que se convirtió en una franca carcajada. Estuvieron riéndose un buen rato hasta que la puerta se abrió de nuevo y entró Zurab.
-¡Caramba! Pero, ¿Qué está pasando aquí? -preguntó con una sonrisa en la cara, pero con genuina curiosidad- ¿El serio y estirado Velkan riéndose con la "estirada" prima que no trata a nadie? ¡Si me lo hubieran contado no lo creería! -dijo con toda sinceridad.
Tan pronto como se habían puesto a reír se volvieron se volvieron a poner serios. Sus caras se veían cómicas, Velkan con su cara como si lo hubieran regañado y ella con el rubor encendido en las mejillas.
-Pero, ¿qué les pasa? ¿Se traen algo entre manos que yo no sepa?
-No pasa nada -dijo Velkan, quien fue el primero en reponerse y contestar- Sólo reíamos.
-¡Eso es precisamente lo que me extraña!
El sonido del teléfono repicando en la mesa de noche al lado de su cama sacó a Velkan de sus recuerdos.
Levantó la bocina... Era Robert Landford quien le llamaba.
-¿Robert? -contestó mientras miraba el reloj sobre su mesita, eran las 5:30 de la madrugada, ¿para qué lo llamaba a esa hora?
-Hola Velkan, disculpa que te moleste a ésta hora, pero no podía dormir y me dediqué a entretenerme un rato en el internet y encontré una noticia que, creo que te interesará -terminó diciendo.
-Muy amable -la respuesta irónica de Velkan no molestó a Robert- Veamos, ¿De qué se trata?
-Se trata de Nikolos Gasanov -dijo escuetamente
Nikolos Gasanov, el nombre vino a terminar de desencadenar los recuerdos de Velkan, el hombre fuerte del servicio secreto Geotgiano, quien había sido su enlace en el caso de los documentos del gobierno y alguien en quien no confiaba completamente, por no decir que no confiaba en nada.
-¿Qué le sucedió al viejo Nikolos, lo nombraron presidente de la confederación rusa? -preguntó en tono irónico
-No exactamente, pero al menos tiene la aspiración
Ésta sencilla declaración de Robert lo puso en sobreaviso, ¿Era lo que había escuchado o estaba equivocado?
-¿Puedes ser más claro? -le dijo, ésta vez sin ironía alguna
-Al hombre lo están candidateando para ser el próximo premier de Georgia -dijo simplemente.
Al escuchar esto el cuerpo de Velkan se envaró automáticamente, su cerebro se puso en actividad frenética considerando las posibilidades. No, en definitiva no eran buenas noticias.
-La cosa se va a poner buena entonces -dijo
-Eso parece -respondió Robert.
-Ajá, tendremos que buscar a los viejos amigos, a los antiguos contactos.
-Bien, te esperamos para desayunar.
-Allí estaré -lacónico.
Ambos colgaron los receptores, y Velkan se recostó de nuevo en la cama, aunque el sueño había huido de sus ojos. Ésta noticia cambiaba todas las cosas, significaba que su relativa tranquilidad podía desaparecer.
Sus recuerdos volvieron al momento en que fue interrumpido por la llamada de Robert....
Zurab estaba en verdad sorprendido de la reacción de Velkan así como la de su muy seria prima Tatiana
-En serio, ¿Qué les pasa? -dijo con un gesto de extrañeza - Cuando llegué se veían tan divertidos y ahora parecen chicos sorprendidos en una travesura.
-Ya déjalo, Zurab -dijo Tatiana, con su suave voz de terciopelo- A veces eres molesto, ¿sabes?
El sorprendido Zurab se quedó callado por unos largos minutos y luego muy elegantemente cambió de tema.
-¿Cómo estuvo la cacería, Velkan? -preguntó, dejando espacio a su prima.
-No estuvo mal, aunque el clima está empeorando -hablaba a Zurab, pero su mirada se escapaba hacia Tatiana a cada momento.
-Y por cierto, ¿De dónde la conoces? -le preguntó señalando a su prima
-Nos acabamos de conocer aquí, Zurab. ¡No seas tan metiche! -El tono molesto de Tatiana lo sorprendió, de pronto se escuchó un portazo al salir ella por una puerta detrás del mostrador que daba al interior de la casa, que estaba pegada al local donde trabajaba Zurab.
-Lo siento, Velkan -dijo éste- ¡A veces es impredecible!
-No te preocupes -dijo riendo- ¡A mí me parece genial!
Luego se dedicaron a hablar de las cosas que ambos estaban investigando, las cosas aún no estaban claras, les faltaba bastante que investigar y no era sencillo descubrir alguna pista sobre los dichosos documentos.
Mientras seguían las investigaciones y escudriñaban cuánta pista e indicio descubrieran, Velkan seguía yendo a reunirse con Zurab en su local, lo que propiciaba también un acercamiento con la hermosa Tatiana, con el correr del tiempo le quedó claro a Velkan que se estaba enamorando perdidamente de la chica.
Ella también había descubierto ese sentimiento al experimentar una súbita alegría cuando escuchaba que Velkan llegaba a la tienda de su primo. En ocasiones escuchaba con atención a través de la puerta de comunicación entre la casa y el local para saber si había llegado, lo extrañaba cuando en ocasiones duraba hasta una semana cazando.
Definitivamente se estaban enamorando el uno del otro. Velkan sabía que una de las reglas más importantes que tenía un mercenario era que no debería tener puntos débiles y una mujer de la que se estaba enamorando era uno, y uno bastante grande; pero no quería evitarlo.
Cuánto se había arrepentido de no haber tenido sentido común, de no haber hecho caso de los años de experiencia de otros y de él mismo, que le decían que no dejará que eso pasara... quizás ella estuviera viva, y él también... cuando murió Tatiana, una parte dentro de sí mismo había muerto también...
El sonido del reloj despertador lo trajo de nuevo al presente, se levantó y luego de hacer sus ejercicios se dirigió al baño a tomar una buena ducha... el estar en forma era una premisa necesaria para cualquiera de su profesión, de la buena forma y los reflejos, físicos y mentales, dependía que siguieras vivo o no.
Luego de ducharse se vistió y salió hacia el estacionamiento del edificio donde vivía. Ahora tenía un hermoso deportivo para desplazarse, ya no estaba en las estepas y se había alejado un poco más del pasado. Aunque ni por asomo se sentía viejo o cansado, se mantenía en buena forma y se esforzaba por estarlo. Sus reflejos estaban intactos y sus habilidades físicas y mentales estaban en excelente forma.
Incluso se había enfrentado a un grupo de asaltantes en un barrio bajo de las afueras de Londres después de haberse perdido en los primeros días de haberse mudado. Al principio vivía con Robert y Mary, pero luego se sintió mejor viviendo solo.... Porque eso era, un solitario.
El recuerdo de los jóvenes asaltantes lo tenía bastante fresco en la mente. Recordaba que recién había ido con Mary a una agencia de autos deportivos de gama alta, duraron bastante rato probando los diferentes autos hasta que se decidió por el Porsche 911 Carrera.
Cuando supo el precio del carro casi le da un infarto y se negaba a que ella gastara semejante cantidad de dinero en un carro, y menos para él. Pero Mary era dura como el pedernal y a fuerza de ruegos y amenazas al fin aceptó...
Cuando más o menos se acostumbró a la ciudad y se había aprendido los caminos básicos a dónde quería ir, decidió salir solo de allí en adelante, igual era andar solo, el griego lo acompañaba a veces pero éste sabía menos que él de la ciudad.
Un día se equivocó en una salida de la autopista y terminó en un barrio que era bastante peligroso por las pandillas y el tráfico de drogas y de blancas. Todos los habitantes del sector lo miraban con algo de asombro, no todos los días se veía un auto como ese por los contornos, a menos que estuviese escoltado por un montón de matones.
Un Porsche de lujo conducido por un solo hombre, y éste ya de edad era algo muy poco común por estos bajos fondos. Velkan dio varias vueltas tratando de orientarse pero le ganó la ciudad. Decidió detenerse frente a una especie de cafetería de aspecto gastado y sucio para preguntar.
Por supuesto que no dejaron de acercarse un grupo de jóvenes y de no tan jóvenes vagabundos que rodearon su auto mientras él se acercó al mostrador donde pedía instrucciones a la señora, ésta trataba de orientarlo con indicaciones verbales y señas. De pronto Velkan notó las nerviosas miradas que la señora lanzaba por encima de su hombro. Decidió volverse en el momento que uno de los malvivientes subía a su auto como si fuera a probarlo.
Velkan agradeció a la señora y se volvió para ir a su auto, no dejo de escuchar la advertencia que la señora, con preocupación, le daba.
-Tenga mucho cuidado señor, esa banda es muy peligrosa, no los enfrente...
Se volvió lentamente para agradecerle.
-No se preocupe, señora. Sólo razonaré un poco con ellos -le dijo y siguió su camino hacia su auto.
Eran seis sujetos, dos parecían muy jóvenes de 19 años o menos y los demás parecían tener entre 22 y 28 años, menos el que parecía el jefe, que en ese momento revolvía cuánto podía del coche, éste aparentaba unos 39 o 40 años y aparentemente se veía peligroso.
Al acercarse Velkan los sujetos lo rodearon de inmediato, y uno de ellos lo apuntó con un revólver 38, otro tenía una automática y los demás sacaron sendos cuchillos de sus ropas. El "jefe" bajó del coche y se le acercó, poniendo su cara a milímetros de la de Velkan para amenazar.
-Muy bien, viejo -dijo con petulancia- éste es el momento en que me entregas las llaves del coche y todo lo que llevas encima, incluyendo esos elegantes zapatos.
Velkan dejó que una sonrisa se dibujara en su rostro, lo miró con atención al mismo tiempo que media la distancia y probabilidades de ataque.
-No, -le dijo en voz alta- Realmente éste es el momento que tú y la cuerda de imberbes que te siguen desaparecen de mi vista.
Todos se echaron a reír a carcajadas y el jefe creyendo descuidado a Velkan sacó un largo puñal para herirlo. Lo que sucedió después fue algo que se contó por todo el lugar, porque había bastantes testigos, y fue algo asombroso.
En segundos el jefe estaba en el suelo retorciéndose del dolor con el brazo fracturado en un extraño ángulo, los dos sujetos que estaban armados con pistola y revólver se vieron heridos en sus manos en segundos.
Velkan tenía su pistola en la mano y veía atentamente a los demás chicos, estos se miraron entre sí y a continuación se alejaron a toda carrera de aquel peligroso sujeto.
Subió tranquilamente a su coche y se marchó sin otro problema, dirigiéndose rápidamente por donde le había dicho la amable señora.