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Amor Enterno Después de Todo

Amor Enterno Después de Todo

Autor: : Joshua Damiani
Género: Xuanhuan
El video explotó en internet. Marc Solís, mi exnovio e influencer, publicó un video editado cruelmente, diseñando mi humillación pública. Fui retratada como una "trepadora" desesperada, rogando por fama. Los comentarios se desataron: "¡Qué arrastrada!", "Pobre Marc, se quitó un peso de encima". Miles de sus "leones" inundaron mis redes con insultos, memes y amenazas. Mi imagen, símbolo de mujer patética, estaba por todas partes. Mi teléfono no paraba de sonar, mis amigos, colegas, todos preocupados, pidiéndome que lo demandara, que lo desenmascarara, pero no contesté. Miraba la pantalla, una calma inquietante me invadía. Esto no era sorpresa, era una prueba. Después, Marc me llamó por videollamada, arrogante: "¿Disfrutando tus cinco minutos de fama? Tráeme un café de tu cafetería favorita, tienes una hora, transmítelo en vivo, para que mis leones vean tu 'arrepentimiento' ". Asentí, salí, y la transmisión comenzó, la gente se mofaba. Luego, Marc volvió a llamar: "Cambio de planes, quiero que camines descalza desde aquí a la fuente de la Cibeles, para que todos vean tu arrepentimiento". Sin dudar, me quité los zapatos. El dolor era intenso, pero lo soportaba no por Marc, sino por mi propia purificación. Llegué sangrando, exhausta, justo cuando Marc apareció con Ximena, su nueva conquista. Ximena me humilló; Marc la besó, declarándole su "reina". Me quedé sola, descalza, humillada. Pero en mis ojos brilló un triunfo. La prueba se intensificaba, y yo estaba lista. De repente, Ximena fingió un desmayo, y Marc, con una crueldad medieval, me ordenó: "Vas a caminar de rodillas hasta la Basílica de Guadalupe, rezando por la salud de Ximena, para expiar el daño que le has hecho". Mis amigos horrorizados me rogaron que no lo hiciera. "Lo haré" , le respondí con firmeza, "pero no lo haré por ti, ni por ella, lo haré porque es parte de mi propio camino, y cuando llegue, no rezaré por su salud, rezaré por mi propia liberación" . Marc, ignorando mi verdadero propósito, solo vio sumisión. Me arrodillé, el dolor insoportable, pero cada herida era una ofrenda a mi misión secreta. Horas después, al llegar a la Basílica, me desplomé inconsciente. En el hospital, Ximena me atacó, Marc me abofeteó, gritando: "¡Eres violenta y peligrosa! ¡Esto es justicia!". Mi mejilla ardía, pero una extraña alegría me invadió. Sonreí. "Gracias", susurré. Marc, aturdido, se fue. Meses después, Ximena enfermó, necesitando un riñón compatible. Marc apareció: "Quiero que le des tu riñón. Si lo haces, te casarás conmigo". Recordé que fui yo quien lo salvó en un accidente, no Ximena. "No", le dije. Él, creyendo que eran celos, me amenazó: "¡Entonces te haré la vida un infierno!". El acoso se intensificó, pero yo continuaba, esperando el siguiente paso. Entonces, mi destino se reveló en un sueño: la donación del riñón era la culminación de mi ascenso espiritual. Le di mi riñón a Ximena. Durante la cirugía, mi cuerpo se disolvió en luz, mi alma ascendió, y mi conciencia se convirtió en una entidad divina. Marc, sin saberlo, había sido un instrumento en mi liberación. ¿Cómo cambió la vida del arrogante influencer Marc Solís cuando finalmente descubrió la verdad de lo que había hecho? ¿Y qué significado tendría su "amor" cuando ya era demasiado tarde?

Introducción

El video explotó en internet. Marc Solís, mi exnovio e influencer, publicó un video editado cruelmente, diseñando mi humillación pública. Fui retratada como una "trepadora" desesperada, rogando por fama.

Los comentarios se desataron: "¡Qué arrastrada!", "Pobre Marc, se quitó un peso de encima". Miles de sus "leones" inundaron mis redes con insultos, memes y amenazas. Mi imagen, símbolo de mujer patética, estaba por todas partes. Mi teléfono no paraba de sonar, mis amigos, colegas, todos preocupados, pidiéndome que lo demandara, que lo desenmascarara, pero no contesté.

Miraba la pantalla, una calma inquietante me invadía. Esto no era sorpresa, era una prueba. Después, Marc me llamó por videollamada, arrogante: "¿Disfrutando tus cinco minutos de fama? Tráeme un café de tu cafetería favorita, tienes una hora, transmítelo en vivo, para que mis leones vean tu 'arrepentimiento' ". Asentí, salí, y la transmisión comenzó, la gente se mofaba.

Luego, Marc volvió a llamar: "Cambio de planes, quiero que camines descalza desde aquí a la fuente de la Cibeles, para que todos vean tu arrepentimiento". Sin dudar, me quité los zapatos. El dolor era intenso, pero lo soportaba no por Marc, sino por mi propia purificación. Llegué sangrando, exhausta, justo cuando Marc apareció con Ximena, su nueva conquista.

Ximena me humilló; Marc la besó, declarándole su "reina". Me quedé sola, descalza, humillada. Pero en mis ojos brilló un triunfo. La prueba se intensificaba, y yo estaba lista. De repente, Ximena fingió un desmayo, y Marc, con una crueldad medieval, me ordenó: "Vas a caminar de rodillas hasta la Basílica de Guadalupe, rezando por la salud de Ximena, para expiar el daño que le has hecho". Mis amigos horrorizados me rogaron que no lo hiciera.

"Lo haré" , le respondí con firmeza, "pero no lo haré por ti, ni por ella, lo haré porque es parte de mi propio camino, y cuando llegue, no rezaré por su salud, rezaré por mi propia liberación" . Marc, ignorando mi verdadero propósito, solo vio sumisión. Me arrodillé, el dolor insoportable, pero cada herida era una ofrenda a mi misión secreta. Horas después, al llegar a la Basílica, me desplomé inconsciente.

En el hospital, Ximena me atacó, Marc me abofeteó, gritando: "¡Eres violenta y peligrosa! ¡Esto es justicia!". Mi mejilla ardía, pero una extraña alegría me invadió. Sonreí. "Gracias", susurré. Marc, aturdido, se fue. Meses después, Ximena enfermó, necesitando un riñón compatible.

Marc apareció: "Quiero que le des tu riñón. Si lo haces, te casarás conmigo". Recordé que fui yo quien lo salvó en un accidente, no Ximena. "No", le dije. Él, creyendo que eran celos, me amenazó: "¡Entonces te haré la vida un infierno!". El acoso se intensificó, pero yo continuaba, esperando el siguiente paso. Entonces, mi destino se reveló en un sueño: la donación del riñón era la culminación de mi ascenso espiritual. Le di mi riñón a Ximena. Durante la cirugía, mi cuerpo se disolvió en luz, mi alma ascendió, y mi conciencia se convirtió en una entidad divina. Marc, sin saberlo, había sido un instrumento en mi liberación.

¿Cómo cambió la vida del arrogante influencer Marc Solís cuando finalmente descubrió la verdad de lo que había hecho? ¿Y qué significado tendría su "amor" cuando ya era demasiado tarde?

Capítulo 1

El video explotó en internet como una bomba. En menos de una hora, el nombre de Sofía Romero era tendencia en todas las redes sociales, no por su trabajo como activista, sino por la humillación más pública que una persona podría soportar. Marco Antonio "Marc" Solís, su exnovio y uno de los influencers más famosos de México, había subido un video editado con una crueldad milimétrica, cada corte, cada subtítulo, estaba diseñado para destruirla.

En las imágenes, Sofía aparecía en una fiesta de hacía meses, un poco pasada de copas, riendo y hablando cerca de un productor importante, el video estaba manipulado para que pareciera que le rogaba, que se ofrecía, que era una "trepadora" desesperada por conseguir fama a cualquier costo.

Los comentarios eran un veneno que se esparcía sin control, "Qué arrastrada", "Pobre Marc, se quitó un peso de encima", "Todas son iguales, solo buscan dinero y fama", "Mira esa cara de desesperada, qué asco". Miles de seguidores de Marc, sus "leones", como él los llamaba, se lanzaron a las redes de Sofía, inundando sus fotos con insultos, memes y amenazas. Su rostro estaba en todas partes, convertido en el símbolo de la mujer patética y ambiciosa.

El teléfono de Sofía no paraba de sonar, eran sus amigos, sus colegas de la organización humanitaria, todos preocupados, furiosos, pidiéndole que demandara a Marc, que lo expusiera por lo que era, un mentiroso y un manipulador. Pero Sofía no contestaba, miraba la pantalla de su celular con una calma que nadie podría entender, sus ojos fijos en el video que la estaba destrozando públicamente.

Dentro de ella, sin embargo, no había la tormenta que todos esperaban, había una quietud extraña, una resolución fría. Esto no era una sorpresa, era una prueba, la prueba final de un camino que había elegido mucho antes de conocer a Marc. Esto era parte del proceso, un dolor necesario para alcanzar un estado que nadie a su alrededor podía comprender. No buscaba justicia terrenal, su objetivo era mucho más elevado, este sufrimiento era el combustible que necesitaba para su verdadera misión, una que trascendía el odio de miles de desconocidos en internet. Marc, con su ego y su crueldad, solo era una herramienta en su camino, un peón inconsciente en un juego mucho más grande.

De repente, el nombre de Marc apareció en su pantalla, una videollamada. Sofía respiró hondo y aceptó. La cara sonriente y arrogante de Marc llenó la pantalla, estaba en su lujoso departamento, con la ciudad de fondo.

"¿Qué tal, Sofi? ¿Disfrutando de tus cinco minutos de fama?", dijo con una sonrisa burlona.

Sofía no dijo nada, solo lo miró.

"Veo que no has dicho nada, buena chica", continuó Marc, disfrutando su poder. "Sabes que te puedo destruir o te puedo levantar, así que vamos a jugar un poco, para que todos vean lo 'arrepentida' que estás, quiero que vayas ahora mismo a esa cafetería de especialidad que tanto te gusta, la que está al otro lado de la ciudad, y me traigas un café, un latte con leche de avena y dos de azúcar, tienes una hora".

Cualquier otra persona habría gritado, insultado, colgado. Pero Sofía, con esa calma desconcertante, simplemente asintió.

"Está bien, Marc", dijo con voz clara. "Voy para allá".

Marc se quedó un segundo en silencio, sorprendido por la rapidez con la que ella aceptó. Esperaba ruegos, llanto, no esa sumisión inmediata. Sonrió aún más, su ego inflándose.

"Perfecto, y quiero que transmitas en vivo todo el camino, para que mis leones vean tu peregrinaje", añadió. Colgó la llamada, convencido de que la tenía exactamente donde quería.

Sofía se levantó, se puso unos zapatos cómodos y salió de su departamento. En la calle, la gente la reconocía, algunos la señalaban, otros se reían en voz baja. Sus amigos cercanos, que la esperaban abajo, la miraron con incredulidad.

"¿Qué estás haciendo, Sofía? ¿De verdad le vas a seguir el juego?", le suplicó su colega, Elena.

"Es algo que tengo que hacer", respondió Sofía, sin dar más explicaciones.

Sacó su teléfono y comenzó a transmitir en vivo, el contador de espectadores subió a miles en segundos. Los comentarios eran una avalancha de burlas, "La perrita va por el café de su amo", "Qué humillación, no tiene dignidad", "Por un poco de atención hace lo que sea". Sofía no los leyó, su mirada estaba fija en el camino, cada paso una meditación, cada insulto un peldaño más en su ascenso silencioso.

Pero Marc no estaba satisfecho, la humillación no era suficiente. Volvió a llamar.

"Sofi, cambio de planes", dijo, su voz ahora con un filo más cruel. "El café ya no importa, he pensado en algo mejor, algo más... simbólico, quiero que camines descalza desde donde estás hasta la fuente de la Cibeles, es un buen tramo, ¿no? Quiero ver cuánto estás dispuesta a hacer para que te perdone".

El silencio en la transmisión fue total por un segundo, luego los comentarios explotaron con una mezcla de horror y fascinación morbosa. Sus amigos la miraron, esperando que por fin reaccionara, que mandara a Marc al diablo.

Sofía miró la acera sucia y caliente de la Ciudad de México, luego miró a la cámara. Sin una palabra, se agachó, se quitó los zapatos y los dejó en la banqueta. El primer contacto de sus pies con el concreto áspero le envió una sacudida de dolor por todo el cuerpo, pero su rostro no mostró nada, solo una determinación inquebrantable.

Comenzó a caminar, cada paso una tortura, el asfalto quemaba, pequeñas piedras se le clavaban en la piel. La cámara de su teléfono temblaba ligeramente, pero seguía apuntando al frente. El dolor físico era intenso, pero para Sofía, era una purificación, un fuego que quemaba las últimas ataduras que la unían a este mundo de vanidad y ego. Estaba soportando el dolor no por Marc, sino por ella misma, por el objetivo que solo ella conocía.

Llegó a la fuente de la Cibeles casi una hora después, con los pies ensangrentados y sucios, el sudor perlando su frente. Se detuvo, exhausta, mirando el agua de la fuente. Había cumplido. Justo en ese momento, un auto de lujo se detuvo a su lado. De él bajó Marc, pero no venía solo, de la mano traía a Ximena Rojas, otra influencer, su nueva conquista.

Ximena la miró de arriba abajo con desprecio.

"Ay, mi amor, mira a la pobre", le dijo a Marc, con una voz falsamente compasiva. "Todo esto por ti, qué ternura".

Marc sonrió, ignorando por completo a Sofía y sus pies heridos, se inclinó y le dio un beso a Ximena.

"Todo lo que hago, lo hago por ti, reina", dijo Marc, lo suficientemente alto para que Sofía lo escuchara. "Tú eres mi presente y mi futuro".

Se dieron la vuelta y se subieron al coche, arrancando y dejándola sola, descalza y humillada frente a la fuente, mientras miles de personas en línea se reían de su dolor y su aparente estupidez. La recompensa por su sufrimiento había sido entregada a otra, la humillación era total, pero en los ojos de Sofía, por un instante, brilló una luz que no era de derrota, sino de triunfo. La prueba se estaba intensificando, y ella estaba lista.

Capítulo 2

Sofía se quedó de pie junto a la fuente, una figura patética a los ojos del mundo, con el cabello pegado a la cara por el sudor y los pies destrozados sobre el pavimento sucio. El contraste entre su estado y la elegante arquitectura de la glorieta era brutal, los coches de lujo pasaban a su lado, sus conductores desviando la mirada con una mezcla de asco y lástima.

En la transmisión en vivo, que seguía activa, el chat era un torbellino de burlas. "JAJAJAJA la dejaron como una estúpida", "Tanto dolor para nada", "Ximena es la reina, esta es solo una sirvienta", "Marc es un genio, le dio una lección". La humillación era un espectáculo público, y la gente lo devoraba.

Pero detrás de la apariencia de una mujer rota, la mente de Sofía estaba en calma, sus ojos, aunque cansados, estaban limpios, claros. Observaba el agua de la fuente, sintiendo el dolor punzante en sus pies no como un castigo, sino como un ancla a la realidad física que estaba a punto de trascender, cada insulto, cada mirada de desprecio, la fortalecía en su propósito secreto.

De repente, Ximena, que había estado observando desde el auto de Marc a unos metros de distancia, hizo un gesto dramático, se llevó una mano al pecho y se inclinó hacia adelante, como si le faltara el aire.

"¡Ay, mi amor!", exclamó con voz débil, pero lo suficientemente fuerte para que se escuchara. "Creo que la impresión... me siento muy mal, me duele el pecho".

Marc, que estaba a punto de arrancar el coche para irse, giró la cabeza al instante, su rostro lleno de pánico. Saltó del auto y corrió hacia el lado del pasajero, abriendo la puerta con desesperación.

"¡Ximena! ¿Qué tienes, mi vida? ¡Respira!", gritó, su voz llena de una preocupación exagerada. La acunó en sus brazos, mirando a su alrededor como si buscara un médico entre los transeúntes. Era una actuación perfecta, diseñada para la cámara del teléfono de Sofía, que seguía transmitiendo.

Marc levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Sofía, una idea cruel y brillante se formó en su mente. Dejó a Ximena recostada suavemente en el asiento y caminó hacia Sofía, su rostro una máscara de furia y preocupación.

"¿Ves lo que provocas?", le espetó, señalando a Ximena. "Tu presencia, tu energía negativa, la está enfermando, ella es demasiado pura, demasiado buena, y tú la estás contaminando con tu desesperación".

Sofía permaneció en silencio.

"Pero vas a arreglarlo", continuó Marc, su voz bajando a un susurro amenazante. "He oído que la gente hace peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe para pedir milagros por la salud de sus seres queridos, es una prueba de fe, de devoción, bueno, tú vas a hacer una, vas a caminar desde aquí, desde la Cibeles, hasta la Basílica, de rodillas, y vas a rezar por la salud de Ximena, para que se recupere del daño que le has hecho".

La multitud virtual en el chat enloqueció, la propuesta era tan extrema, tan medieval, que superaba cualquier cosa que hubieran imaginado. "¿De rodillas? Se va a destrozar", "Eso es inhumano", escribían algunos, pero la mayoría estaba fascinada, "¡Que lo haga! ¡Que demuestre su arrepentimiento!", "¡Esto es mejor que una telenovela!".

Los amigos de Sofía, que habían llegado en un taxi, la miraron con horror. "Sofía, ya basta, esto es una locura, vámonos", le rogó Elena, tratando de tomarla del brazo.

Sofía apartó suavemente la mano de su amiga, sus ojos nunca dejaron los de Marc. Una pequeña, casi imperceptible sonrisa se dibujó en sus labios. Sabía que este era el siguiente gran paso, el sacrificio que la acercaría a su meta.

"Lo haré", dijo, su voz sorprendentemente firme. Luego, añadió una condición que desconcertó a Marc. "Pero no lo haré por ti, ni por ella, lo haré porque es parte de mi propio camino, y cuando llegue, no rezaré por su salud, rezaré por mi propia liberación".

Marc frunció el ceño, sin entender del todo sus palabras, pero la primera parte de la frase fue suficiente para él, ella había aceptado. Su ego le impidió ver más allá de la aparente sumisión.

"Llámalo como quieras", dijo con desdén. "Pero más te vale que lo hagas, el mundo te está viendo".

Se dio la vuelta y regresó al auto donde Ximena ya se había "recuperado" milagrosamente y lo miraba con una sonrisa de triunfo.

Sofía se giró hacia el norte, en dirección a la Basílica, ignorando los gritos de sus amigos y el dolor agudo de sus pies ensangrentados. Respiró hondo una vez más y, ante la mirada atónita de miles de espectadores en línea, se arrodilló sobre el asfalto.

El primer contacto de sus rodillas con la superficie rugosa fue una agonía, un dolor blanco y cegador que le subió por las piernas, pero ella no emitió ningún sonido. Apoyó las manos en el suelo para mantener el equilibrio y comenzó a avanzar, un movimiento lento, tortuoso, arrastrando su cuerpo sobre el pavimento. La peregrinación más humillante y dolorosa había comenzado.

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