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Amor Mio. Eres Indomable

Amor Mio. Eres Indomable

Autor: : JA Martinez
Género: Romance
Cuando Julianne Smith decidió vengarse de su ex esposo infiel, no pensó que acabaría destrozando el coche de William Covington, un guapo y rudo desconocido de aspecto peligroso y tatuajes por doquier que le promete hacer su vida de cuadritos producto de su error. Esperando no volver a encontrarse, su pequeño hijo llega a casa con su nueva amiga de escuela, sin imaginar ni esperar que aquella niña fuese hija del mismo hombre que le había vuelto la vida un completo caos. Enfrascados en la amistad desbordante de sus hijos, William y Julianne se ven obligados a pasar más tiempo juntos, sin esperar que hubiesen más hilos conectados entre ellos de los que imaginaban, y que los llevarían poco a poco a desarrollar una intensa atracción imposible de evitar, aun cuando eran completamente diferentes.

Capítulo 1 1

Acaricié las teclas con energía, mirando a través de mis gafas de lectura. Sonreí satisfecha, inspirada y muy entusiasta. La escritura estaba quedando perfecta. Me acerqué la copa de vino blanco y bebí, dándome suficientes energías para continuar, imaginando la escena perfectamente bien en mi cabeza mientras escuchaba una canción de George Michael.

" Arthur caminó hacia ella, sujetando el cinturón que hace sólo segundos se había quitado. Martha lo miraba, vestida sólo con su diminuto conjunto de noche, ofreciéndole los manjares de su cuerpo, húmedo y caliente. Él observó cada pequeño detalle de sus curvas, los detalles de su piel juvenil y morena, que hacía un complemento ideal con sus cabellos rizados, negros y frondosos.

La mandíbula de Arthur se encontraba tensa y su cuerpo poco a poco fue transformándose en un rígido espectro masculino y viril, manejado sólo por su espíritu fuerte y concebido para el calor. Quería hacerla suya, poder penetrar en su interior y deshacerla en los placeres que sus cuerpos podían concretar. Deseaba oír el sonido de sus cuerpos chocar, sentir el poder de sus manos en torno a sus muslos llenos y el roce de su masculinidad entre sus paredes irresolutas, calientes y fuertes.

- Quiero sentirte, Arthur -gimió Martha, cerrando las piernas y luego abriéndolas para él-. Quiero que me... "

¿Qué quiere Martha?

Me quité los anteojos y bufé, pasándome la mano por la frente.

Vamos, ¿qué quiere?, pensé, mirando hacia el fondo de mi estudio.

Me acomodé en la silla y me acerqué a la pantalla de mi laptop, dispuesta a terminar a como diera lugar.

"- Quiero que me hagas el... "

Borré la frase y entonces seguí, apretando aún más las teclas.

"- Quiero que me pen... "

-Hola, mami.

Cerré la laptop y tiré de mi silla hacia atrás.

Era Fred, mi precioso hijo de... Uf... ya tenía 6 años. Estaba tan grande.

-¿Qué haces?

Enarqué una ceja y me apoyé en la máquina, haciéndome la tonta.

-Sólo estoy haciendo informes para la universidad.

Me sonrió, elevando sus mejillas regordetas.

Como madre soltera desde los 23, mi mayor compañía había sido siempre mi hijo. Ahora que lo miraba, con su cabello castaño y ondulado y sus ojos inmensos de color chocolate, no dejaba de pensar en lo mucho que nos parecíamos.

Éramos uña y carne.

En ese instante entró mi madre, que cuidaba de mi hijo cuando debía trabajar.

Elena me vio, dispuesta a escribir, y enseguida se rio.

-¿Qué? -inquirí, cruzándome de piernas.

-Así que te has puesto a escribir nuevamente, ¡eso es perfecto!

-¿Qué escribes, mami? -me preguntó mi pequeño, apuntándome con su redonda nariz.

Suspiré y le tomé la mano para acariciársela. Él me la besó en el momento y yo le sonreí. Veía el amor en sus ojos, el que siempre sacaba a relucir cuando estábamos juntos.

Fred no era como todos los niños, lo supe cuando nació antes de tiempo. Todavía me costaba dimensionar lo que significó en su momento, pues no dejaba de ser esa misma jovencilla de 23, crédula e inmadura, que tuvo a su pequeño prematuro contra viento y marea.

Había costado tanto poder llevarlo a la vida, creí que no estaría conmigo y que sólo nos conoceríamos por unos días hasta que su corazoncito inmaduro no soportase más. Nunca había tenido tanto miedo desde que lo vi en la incubadora y me dijeron que sus pulmones no funcionaban bien y que, además, sus pequeños intestinos tampoco. Creí que sólo debía resignarme, pero lo intenté, y aquí estaba, sólo que a pesar de que ahora estaba conmigo, las cicatrices de aquel episodio seguían mermando en nosotros.

-Mmm... me has pillado con las manos en el pastel -murmuré-. Sí, estoy escribiendo otro relato erótico para mi público.

Mi madre sonrió y se sentó en la silla del frente. Puso sus manos bajo su barbilla y me quedó mirando, siempre admirada de mi trabajo. Bueno, nuestra confianza era suficiente y verdadera, la que me había inculcado desde que tuve noción de mi realidad.

-¿Y?

Rodé los ojos.

-¡Sabes que no puedo! -Bufé-. ¿Puedes creer que no avanzo del párrafo?

-Con esa música cursi de George Michael es imposible que tengas inspiración, cariño.

-¿Y qué sugieres, mamá? Llevo un año sin publicar mi libro y mi editora está sedienta, ni te imaginas mis lectoras. -Me llevé el dedo pulgar a los labios, nerviosa ante la idea-. ¿Crees que ellas estén expectantes luego de todo este tiempo?

-Julianne, eres una de las genias del erotismo desde que tienes 25, ¿de verdad crees que no será así? Además, una periodista increíblemente destacada. La gente te conoce y te adora.

Me mordí el labio inferior y le apreté la mejilla a Fred, que me miraba atento a todos mis movimientos.

-Bien, buscaré la forma de inspirarme porque de momento esto es imposible -bufé.

-Podrías comenzar dejando de escuchar a George Michael, eso estaba de moda en mi época. Actualízate, cariño. Ni yo con Stan podemos hacer el amor así, ¡tiene que ser algo sucio, algo... !

Le di una mala mirada y ella me quitó a Fred de los brazos para llevárselo hacia la puerta mientras se reía.

-Vamos a ver una película con Fred, ¿qué te parece? Te haría bien.

-¡Sí! Vamos, mami -me insistió mi pequeño.

Nunca podía resistirme a él.

-Por supuesto que sí, mi amor -exclamé, levantándome de la silla y corriendo hacia él-. Y tú, mamá, por favor, deja de narrarme las vivencias que tienes con ese pobre hombre al que apenas dejas respirar.

Me mostró la lengua y se fue moviendo las caderas, muy feliz.

Capítulo 2 2

2

Ya estaba por mi tercera copa de vino blanco y las ideas se disipaban como el humo. A este paso iba a ponerme ebria.

-¡Y sin ideas a la palestra! -grité, dejando los anteojos de lectura en cualquier parte del estudio.

En el momento sonó el timbre, encontrándome con la bata a medio poner. Me la acomodé con rapidez y corrí hacia la puerta. Al momento de abrirla, encontré a una mujer rubia, alta y guapa con cara nerviosa.

-No vas a poder creer de lo que me he enterado -exclamó Jenna, mi vieja amiga de la universidad.

Vivía a dos casas más allá.

-Hola... ¿Qué ocurrió ahora?

Siempre venía con los chismes.

-Esto amerita una taza de café cargado -espetó entrando de un movimiento a mi casa.

-Bien, puedes entrar -dije irónica.

Una vez que hube preparado café, lo dejé caer el café en la taza. Jenna la apretó con fuerza, haciendo chocar sus uñas postizas contra la porcelana. Mi amiga me seguía hacia todas las direcciones y eso me ponía nerviosa.

-¿Y? -insistí, sentándome y bebiendo.

-Jason va a casarse -me soltó.

Expulsé el café de mi boca hacia diferentes direcciones.

-¿¡Qué!?

Ella apretó los labios y abrió sus ojos azules como dos platos inmensos.

-¡No quería decirte, pero el estúpido me lo contó tan feliz que sentí mucha rabia, y bueno, pensé que no era justo que tú estuvieras pensando aún en él cuando el maldito te engañó con todas esas mujeres y, en realidad, tampoco es justo que no sepas que se casará con una chica mucho más joven que tú... !

-¿¡Qué!?

Jenna respiró hondo.

-¿Más joven que yo? -espeté, levantándome de la silla y recorriendo la cocina como león enjaulado-. ¿Cuántos años?

-No creo que sea necesario...

-¿¡Cuántos años!? -grité.

Jenna dio un respingo.

Abrí la boca, anonadada y a los segundos gruñí como leona salvaje.

-Ese maldito... ¡Con una nena! ¡Ni siquiera le ha contado a su hijo! Me escuchará, ya lo verás.

Corrí hacia la habitación para ponerme algo de ropa e ir directamente al negocio de Jason Blythe.

-¡No, no, no, no, no, no! ¿Qué haces? ¿Estás loca? -me preguntó Jenna mientras me seguía entre brinquitos-. ¡Vas a exponerte como una despechada! ¡Recuerda! ¡Dignidad!

Paré de ponerme el vestido y me quedé con la ceja enarcada y con media pierna metida en el vestido.

-Tienes razón -susurré, pasando a la calma-, debo buscar la manera de asesinarlo de forma planeada.

-Amiga, calma -insistió la rubia-. Robert me contó algo.

Robert Cooper Jr. era su esposo y el mejor amigo de Jason desde que todos íbamos a la universidad. Todos los chismes de Jason, mi ex esposo infiel, los sabía gracias a ellos.

-¿¡QUÉ!?

Jenna pestañeó ante mi grito y me acomodé el cabello para generar ambiente.

-Mañana planea venir a hablar con su hijo, ahí podrás sacar más información. No actúes como si lo supieras, ¿bien? Porque Robert me matará.

Me apoyé en la isla de la cocina y apreté el filo de ésta con mis manos. Tenía tanta rabia ahora mismo que podía ir a gritarle unas cuantas verdades. Pero entonces pensé en mi hijo y toda revolución vengativa se fue al carajo. Fred no querría ver a su madre actuando de esa manera, no con el hombre que asumió una paternidad cuando él era sólo un nene de dos años.

-¿Estás segura que vendrá? -inquirí, respirando con más tranquilidad.

-Te lo juro por mi perro -sentenció.

Puse los ojos en blanco y me senté, tranquilizándome. Su poodle raquítico era lo más importante para ella; estaba diciendo la verdad.

-Bueno, y dentro de los demás chismes, tengo algo del barrio -siguió diciendo Jenna, apoyando sus grandes senos sobre mi encimera-. ¿Supiste que la casona cerca del bosque tiene nuevos moradores...?

Fui salvada de otra sarta de chismes en el instante en que sonó mi móvil.

Era precisamente Jason.

-Contigo quería hablar -proferí.

Jenna se levantó de la silla y comenzó a hacerme gestos para que me quedara callada.

-Primero, hola querida Julianne, ¿qué tal tu mañana?

Entrecerré mis ojos.

-No actuemos como mejores amigos divorciados, sabemos que eso no existe ni podrá existir entre los dos.

Lo escuché suspirar, bastante cansado.

-Bueno, ¿querías hablar conmigo?

-Sí. No has hablado con Fred en días, ¿trabajo muy ocupado? -Mi tono de voz era de evidente sarcasmo. Jason sólo trabajaba 3 horas en su negocio, una discoteca de buen renombre, y el resto de su bendito tiempo era estar de vago con sus malditos amigos, entre esos el tonto de Robert Cooper Jr.

-Sé que he estado desaparecido, pero vengo llegando de un viaje espectacular en Tahití y recién me he puesto a tono con mi vida. Siento tener una vida.

Hice una mueca mientras me ponía una mano en la cadera. Yo también tenía una vida, la que postergué muchísimo por él.

-¿Y para hablar de nuestro hijo me has llamado? -pregunté como quien no quiere la cosa.

-Sí, bueno, tengo algo importante que contarles a ambos y me gustaría verlos mañana. ¿Qué te parece a las 6?

-Tengo una cátedra en la universidad.

-¿A las 7?

-Fred estará con mi madre.

Lo escuché gruñir y por poco me puse a reír, dichosa de verlo en aprietos cada vez que podía. Que algo le costara, ¿no? Porque mientras mi pequeño estaba en el hospital producto de otra bronquitis, él disfrutaba de la playa de Tahití con los ahorros que tanto le costó gastar conmigo.

-A las 8 está bien. No esperes una cena.

-Ni siquiera pensé en ello, ya te conozco, Julianne. A las 8 está bien.

Cuando corté, me quedé mirando el aparato mientras rechinaba los dientes.

-Viene mañana, tal como me dijiste.

Jenna se quitó el cabello de los hombros y me levantó las cejas, triunfante.

-Te lo dije.

-Punto para ti, Jenna.

Capítulo 3 3

3

Miré mi reflejo, esperando que todo estuviera perfecto. No quería desentonar y hoy era el momento para no perderme ningún detalle, por más mínimo que fuera.

Cuando sentí la puerta, el estómago se me fue a los pies.

-¡Hola, papi! -exclamó Fred, quien se había encargado de abrirle la puerta.

Oí sentada en el sofá mientras intentaba actuar con naturalidad.

-¡Pero qué niño tan lindo! -añadió una voz femenina.

Yo levanté mi oreja como una leona.

Era ella.

Apreté la mandíbula y me levanté, imponiendo la altura que solo unos fuertes tacones podían darme. Cuando Fred vio que yo me acercaba, vi su inquietud y confusión.

-Hola, Jason -saludé de forma hosca, mirando al hombre que había sido mi esposo por tres largos años.

En efecto, venía con la chica de la que Jenna había hablado. Tenía un aspecto adorable. Era pequeñita, preciosa y muy encantadora a simple vista. Enseguida la odié.

¿Cómo se le ocurría traer así como así a la chica? Con Fred sin entender nada. Era tan bruto.

-Disculpa la sorpresa -me dijo Jason al verme llegar-, pero necesitaba venir a explicarles todo antes que llegaran con el chisme.

Ja, pensé, cruzándome de brazos mientras sonreía de manera cínica.

-Nos has tomado por sorpresa -exclamé.

Jason abrazó a la mujer, quien nos miraba expectante y un tanto nerviosa.

-Julianne, Fred, quiero presentarles a alguien muy especial. Se llama Amanda Covington.

Apreté las manos y tomé a mi hijo entre mis brazos.

Él seguía curioso e incómodo, siempre le costaban los cambios, en especial desde que Jason se marchó de la casa y eso alteró su comportamiento. Era complejo y cansador.

Miré a Jason y noté que también estaba nervioso, alternando la mirada en la chica, mi hijo y yo. Bueno, me lo imaginaba, si antes que se fuera de viaje él me buscó, esperando que le diera una oportunidad. Qué estúpida fui. Lo peor fue que lo logró, porque acabamos en la cama de un maldito hotel. Sólo unos días antes de irse de viaje me prometía todo y ahora de regreso parecía amar a otra mujer, dispuesto incluso a casarse.

-Mucho gusto -saludó la chica, sonriendo con sinceridad-. Tú debes ser el pequeño Fred, ¿no?

Mi hijo sonrió.

-No soy tan pequeño. Mi maestra nueva dice que soy el más grande.

Todos se rieron y yo tuve que obligarme a seguir a la masa para no parecer una amargada, aunque sí lo era.

Amanda se llevó las manos al pecho, muy alegre. Parecía entusiasta por ver a mi hijo. Yo me quedé un buen rato mirando la interacción, sorprendida de que Fred respondiera tan bien a una desconocida.

A los segundos ella me miró a través de unos bonitos ojos azules y yo apreté la mandíbula.

-Y tú debes ser...

-Julianne Smith -respondí de inmediato, más seria de lo que esperaba-. La ex esposa.

Ella hizo una mueca y miró al imbécil de Jason, que parecía tenso ante mi imponente presencia. No los culpaba, podía ser un verdadero grano en el trasero, de los grandes, para ser exacta.

-Jason me ha hablado de ti -destacó mientras me estrechaba la mano.

Enarqué una ceja, preguntándome si había sido capaz de decirle que antes de su puto viaje él me prometió el cielo, el mar y la tierra.

-Me lo imaginaba. ¿Algo especial? Como cuando le lancé un plato por la cabeza. -Sonreí, cínica.

Estaba claro que Jason había hablado de mí, pero no cosas buenas.

-En realidad, cuando me contó que la gran Julianne Smith fue su esposa, yo no pude más de mi emoción. He leído tus libros, tus reportajes y... eres francamente increíble. Soy una gran admiradora de tu trabajo.

Espera. ¿Qué? ¿Admiradora? No esperaba tal recibimiento.

Jason levantó las cejas, mientras que yo me encontraba paralizada.

-Es periodista, como tú -me explicó él, con una mueca difícil de distinguir.

-Vaya, una colega.

Jason sabía lo que estaba pensando y de inmediato bajó la mirada, incómodo.

-Bien, campeón, ella es Amanda y... la amo. -Se dirigió a mi hijo, que miraba sin entender.

-¿La amas como amas a mamá? -inquirió de forma inocente.

Tuve que desviar la cara para que no notaran mi evidente estado de descomposición.

-A tu mamá la quiero mucho, pero... a veces nosotros los adultos sentimos cosas muy especiales por otras personas, lo que no significa que deje de quererte a ti. Eres la persona más importante en mi vida, Fred -explicó él, acercándose a mi pequeño y por consiguiente a mí.

Yo suspiré y lo miré, conectándome con la persona que más me conocía en este mundo, mi cable a tierra, mi hijo.

-Papá aún nos quiere, sólo... se ha enamorado -susurré, manteniendo la compostura, cuando la verdad es que quería correrlo de aquí por ser un imbécil.

Mi ex esposo apretó los labios y se unió a Amanda nuevamente.

-Amanda y yo nos conocimos en el viaje, fue amor a primera vista -me explicó, tomándola de la cintura-. Y tenemos algo muy importante que contarles.

La pareja se miró a los ojos, muy sonrientes y enamorados. Yo nunca lo había visto así, ¡nunca! La situación me revolvió el estómago de rabia, pues sabía que yo nunca había significado lo que pensé para él. Bueno, nadie que te quiere es capaz de engañarte durante un año con la mujer que cuidaba de tu hijo por las tardes.

Aún tenía esa imagen en la cabeza.

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