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Amor Muerto, Odio Vivo

Amor Muerto, Odio Vivo

Autor: : Qing Bao
Género: Mafia
Durante cuatro años, he vivido una mentira, siendo el esposo perfecto y el yerno modelo de los poderosos Del Valle. Mi hermano, Mateo, murió en un trágico accidente, y su asesino, Ricardo del Valle, quedó libre, defendido por mi propia prometida. Sofía del Valle, hermana de Ricardo, me "rescató" en mi dolor, casándose conmigo y convirtiéndome en su sombra, una pieza más en su lujoso juego. Pero todo se desmoronó al descubrir un correo escalofriante en su computadora. El corazón de Mateo, ¡mi hermano!, no se perdió en el accidente, sino que fue trasplantado a Ricardo, en una operación orquestada por Sofía y mi ex-prometida, Valentina. La Fundación Renacer, su emblema de caridad, era solo una fachada para un oscuro negocio de tráfico de órganos, donde recolectaban corazones de inocentes. Mi amor, mi vida, mi matrimonio, todo fue una grotesca farsa, una jaula diseñada para protegerme la verdad. ¿Cómo pudieron hacer algo tan monstruoso? ¿Cómo pudieron convertir la tragedia de mi familia en su triunfo personal? La ira me consume, pero la convierto en fría determinación. La fiesta de bienvenida de Ricardo será su juicio público, y yo, el chef traicionado, seré el verdugo.

Introducción

Durante cuatro años, he vivido una mentira, siendo el esposo perfecto y el yerno modelo de los poderosos Del Valle.

Mi hermano, Mateo, murió en un trágico accidente, y su asesino, Ricardo del Valle, quedó libre, defendido por mi propia prometida.

Sofía del Valle, hermana de Ricardo, me "rescató" en mi dolor, casándose conmigo y convirtiéndome en su sombra, una pieza más en su lujoso juego.

Pero todo se desmoronó al descubrir un correo escalofriante en su computadora.

El corazón de Mateo, ¡mi hermano!, no se perdió en el accidente, sino que fue trasplantado a Ricardo, en una operación orquestada por Sofía y mi ex-prometida, Valentina.

La Fundación Renacer, su emblema de caridad, era solo una fachada para un oscuro negocio de tráfico de órganos, donde recolectaban corazones de inocentes.

Mi amor, mi vida, mi matrimonio, todo fue una grotesca farsa, una jaula diseñada para protegerme la verdad.

¿Cómo pudieron hacer algo tan monstruoso?

¿Cómo pudieron convertir la tragedia de mi familia en su triunfo personal?

La ira me consume, pero la convierto en fría determinación.

La fiesta de bienvenida de Ricardo será su juicio público, y yo, el chef traicionado, seré el verdugo.

Capítulo 1

Han pasado cuatro años, cuatro largos años en los que he sido el esposo perfecto, el yerno modelo, el chef que renunció a sus sueños para vivir a la sombra de Sofía del Valle. Todos en Ciudad de México conocen mi historia, o al menos la versión que los Del Valle pagaron para que todos creyeran. Soy Elías Mendoza, el hombre afortunado que se casó con la heredera del imperio hotelero más grande del país.

Cada mañana, le preparo el desayuno. Un omelet con espinacas y queso de cabra, su favorito. Se lo llevo a la cama en una bandeja de plata, con un jugo de naranja recién exprimido y una rosa blanca en un pequeño jarrón. Ella siempre me sonríe, una sonrisa practicada, y me da un beso en la mejilla que no siento.

"Gracias, mi amor. Eres el mejor."

Yo le devuelvo la sonrisa, una máscara que he perfeccionado durante mil cuatrocientos sesenta días.

"Todo por ti, Sofía."

Pero hoy es diferente. Hoy, mientras ella se ducha, su computadora portátil quedó abierta sobre el escritorio de su lujoso estudio. Normalmente, nunca entro aquí sin ella. Es su santuario, el centro de su poder. Pero me pidió que buscara una carpeta con los contratos de un nuevo hotel en Cancún. Una tarea simple, una prueba de su confianza.

Mientras busco la carpeta, la pantalla de la laptop se ilumina con una notificación de correo nuevo. El remitente es "R". Solo hay una "R" en su vida que importa, Ricardo, su adorado hermanastro. El asunto del correo es simple: "Revisión anual".

No debería mirar. Sé que no debería. Pero una fuerza que no puedo controlar guía mis ojos hacia la pantalla. Debajo del nuevo correo, hay una cadena de mensajes más antiguos. Uno de hace casi cuatro años, con el asunto: "Trasplante exitoso".

Mi respiración se detiene. El aire en la habitación se siente pesado, imposible de inhalar. Mis manos tiemblan mientras acerco el cursor y hago clic.

El correo es de Sofía para Ricardo. Las palabras son frías, directas.

"Ricardo, el procedimiento fue un éxito. El corazón de Mateo Mendoza ahora late en tu pecho. Todo salió según el plan. Elías no sospecha nada, cree que su hermano murió en el accidente. La abogada, Valentina, hizo un trabajo impecable, ya eres libre. Ahora me encargaré de Elías. Lo mantendré cerca, controlado. Será mi esposo. Así me aseguraré de que nunca descubra la verdad y no cause problemas. Considéralo el precio final por tu nueva vida."

Leo el correo una vez. Dos veces. Tres.

Las palabras se queman en mi retina. Mateo. Mi hermano. Su corazón. En el pecho del hombre que lo atropelló. El hombre que mi prometida de ese entonces, Valentina Reyes, defendió y liberó.

Todo fue una mentira.

El accidente. La muerte. El juicio. El consuelo de Sofía, que se acercó a mí como una hermana mayor, ofreciéndome su hombro para llorar, prometiéndome justicia mientras por la espalda orquestaba la profanación más grande. Su propuesta de matrimonio no fue un acto de compasión, fue la compra de mi silencio, la construcción de mi jaula.

Un ruido me saca de mi trance. Es el agua de la ducha que se detiene. Sofía saldrá en cualquier momento.

Rápidamente, con un pulso que martillea en mis oídos, reenvío silenciosamente toda la cadena de correos a una dirección anónima que creé hace años, por si acaso. Borro el correo enviado y cierro la ventana. Agarro la primera carpeta que veo sobre el escritorio.

La puerta del estudio se abre. Sofía entra envuelta en una bata de seda blanca, con el cabello húmedo y una sonrisa radiante. El olor de su perfume caro inunda la habitación.

"¿Encontraste la carpeta, amor?"

Levanto la vista y la miro. Miro a la mujer que ha dormido a mi lado durante cuatro años. La mujer que destruyó a mi familia y me convirtió en su trofeo. Siento un hielo expandirse en mi pecho, una calma terrorífica. La sed de venganza, que había mantenido latente, ahora ruge como un infierno.

Le muestro la carpeta y fuerzo la sonrisa que tan bien he practicado.

"Aquí está, Sofía."

Ella se acerca y toma la carpeta. Sus dedos rozan los míos. Su toque me produce náuseas. Pasa una mano por mi cabello, un gesto que antes me parecía tierno y ahora se siente como el toque de una serpiente.

"Te ves pálido, Elías. ¿Te sientes bien?"

Me inclino y apoyo mi frente en su hombro, ocultando mis ojos para que no vea el odio que arde en ellos. Finjo un suspiro tembloroso. Es un truco que he usado antes para parecer vulnerable, el pobre viudo que todavía sufre.

"Solo... solo tuve un mal recuerdo. Sobre Mateo."

La siento tensarse por una fracción de segundo, pero se recupera al instante. Me abraza, su actuación es impecable.

"Oh, mi amor. Lo siento tanto. Sé que todavía duele."

Su voz es un susurro suave y venenoso.

"No te preocupes", dice, acariciando mi espalda. "Ricardo vuelve de Europa la próxima semana, completamente recuperado. Quiero organizar una gran fiesta de bienvenida para él en el hotel. Será bueno para todos celebrar la vida. Necesito que diseñes el menú. Algo espectacular. Quiero que todo el mundo vea lo bien que está mi hermano y lo maravilloso que es mi esposo."

Levanto la cabeza y la miro a los ojos. Ella cree que me está manipulando, usando la celebración de la vida de su hermano para restregarme mi pérdida en la cara. No tiene idea de que me acaba de entregar el escenario perfecto para mi venganza.

Asiento lentamente, componiendo una expresión de dócil aceptación.

"Por supuesto, Sofía. Lo que tú quieras."

Ella sonríe, satisfecha. Cree que ha ganado. Cree que soy suyo.

Pero mientras me sonríe, yo hago una promesa silenciosa a mi hermano Mateo.

Tu corazón todavía late, hermano. Y juro que haré que los Del Valle paguen por cada uno de sus latidos. Su imperio caerá. Sus secretos saldrán a la luz. Y yo estaré allí para verlo todo arder.

La fiesta de bienvenida de Ricardo no será una celebración.

Será el principio de su fin.

Capítulo 2

Durante la siguiente semana, me sumerjo en mi papel de chef estrella. La noticia del regreso de Ricardo del Valle y la fiesta de bienvenida que Sofía está organizando se convierte en el tema de conversación de la élite de la Ciudad de México. Los medios me presentan como el ejemplo de superación, el hombre que, a pesar de la tragedia personal, se ha integrado por completo en la poderosa familia Del Valle y ahora es el pilar culinario de su imperio.

Diseño un menú que es una obra de arte. Cada platillo es una sinfonía de sabores, una exhibición de técnica y creatividad. Sofía está encantada. Me presume con sus amigas, con los socios del hotel, con cualquiera que quiera escuchar.

"Elías es un genio", dice una y otra vez. "Es tan dedicado, tan leal."

Yo solo sonrío y asiento, jugando mi papel a la perfección. Nadie ve el hielo en mis ojos. Nadie siente el veneno que corre por mis venas.

La noche de la fiesta llega. El gran salón del Hotel Del Valle está deslumbrante. Candelabros de cristal, arreglos florales extravagantes, una orquesta tocando música clásica. Lo más selecto de la sociedad mexicana está aquí: empresarios, políticos, celebridades. Todos reunidos para celebrar al hombre que lleva el corazón de mi hermano.

Estoy en la cocina, supervisando los últimos detalles, cuando Laura, la asistente personal de Sofía, se acerca a mí. Su rostro es siempre profesional, impasible. Nadie sabe que es mi única aliada en esta casa. Su hermano era el mejor amigo de Mateo, y ella ha estado esperando este momento tanto como yo.

"Todo está listo, Elías", dice en voz baja. "Las cámaras que pediste están instaladas y transmitiendo a un servidor seguro. Nadie las notará."

Asiento, sin mirarla.

"Gracias, Laura. Ten cuidado."

"Tú también", responde, y se aleja.

Salgo al salón justo a tiempo para la gran entrada. Sofía está en el pequeño escenario, radiante con un vestido rojo sangre. Toma el micrófono.

"Amigos, familia. Gracias por estar aquí esta noche. Hoy es un día muy especial. celebramos un milagro. celebramos la vida. Con ustedes, mi amado hermano, Ricardo del Valle."

Las puertas dobles del salón se abren. Y ahí está él.

Ricardo del Valle. Más arrogante que nunca, con una sonrisa cínica en el rostro. Camina por el salón como si fuera el dueño del mundo. La gente aplaude. Víctores y felicitaciones llenan el aire. Mi estómago se revuelve, pero mi rostro permanece sereno.

Sofía baja del escenario y lo abraza. Es un abrazo largo, demasiado íntimo. Luego, Ricardo me ve. Su sonrisa se ensancha. Camina directamente hacia mí, con Sofía a su lado.

"Elías, cuñado", dice, su voz goteando sarcasmo. "Tanto tiempo. Te ves... bien. La vida de casado te sienta."

"Bienvenido, Ricardo", respondo, mi voz es neutra. "Nos alegra tenerte de vuelta."

Él me mira de arriba abajo, con desprecio. Luego, su mirada se detiene en una mesera que pasa con una bandeja de copas de vino tinto. Con un movimiento rápido y deliberado, choca contra ella.

La mesera pierde el equilibrio y la bandeja entera se vuelca sobre mí.

El vino tinto mancha mi filipina blanca de chef, creando una mancha oscura y grotesca justo sobre mi corazón.

El salón queda en silencio. Todos los ojos están sobre nosotros. La mesera, pálida de miedo, comienza a disculparse profusamente.

Ricardo se ríe. Una risa cruel y sonora.

"¡Qué torpe! Deberías tener más cuidado", le dice a la chica. Luego me mira. "Vaya, Elías. Qué lástima. Arruinó tu traje. Parece que te hubieran disparado."

La ira me sube por la garganta, caliente y amarga. Quiero borrar esa sonrisa de su rostro a golpes. Quiero gritarle que esa mancha no es nada comparada con la sangre de mi hermano en sus manos.

Pero respiro hondo. Calma. Todavía no es el momento.

"No te preocupes", le digo a la mesera, con una voz sorprendentemente tranquila. "Fue un accidente. No pasa nada."

Luego miro a Ricardo. Mis ojos se encuentran con los suyos.

"No te preocupes por la mancha, Ricardo. La ropa se puede lavar. Hay otras manchas que nunca se quitan."

Su sonrisa flaquea por un instante. Ve algo en mis ojos que no esperaba. Pero antes de que pueda responder, Sofía interviene, jugando su papel de pacificadora.

"¡Ricardo, por Dios! discúlpate con Elías", dice, aunque no hay enojo real en su voz. "Amor, ve a cambiarte. No dejes que esto arruine la noche."

Ella me da un beso rápido y se lleva a Ricardo, regañándolo en voz baja como una madre a un niño travieso.

Los observo alejarse. La gente a mi alrededor empieza a susurrar, volviendo a sus conversaciones. Para ellos, solo fue un pequeño incidente incómodo.

Para mí, fue una declaración de guerra.

Y acabo de devolver el primer disparo.

Me dirijo a las cocinas, no para cambiarme, sino para encontrar a Laura. La venganza no solo se sirve fría.

A veces, se sirve en público, frente a todos, en una bandeja de plata. Y el plato principal de esta noche está a punto de comenzar.

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