Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Fantasía > Amor Perdido, Sueño Recuperado
Amor Perdido, Sueño Recuperado

Amor Perdido, Sueño Recuperado

Autor: : Jing Yue Liu Guang
Género: Fantasía
El aire de 1985 olía diferente, y mi corazón latía con la esperanza de una segunda oportunidad. Había renacido, dieciocho años otra vez, lista para construir la vida perfecta con Ricardo, mi amor de toda la vida. Pero la sorpresa no fue solo mi regreso, fue él. El Ricardo de esta vida no era el joven conformista que recordaba; sus ojos brillaban con una ambición que nunca le había visto. Esperé ansiosamente su regreso de la universidad, convencida de que él también había renacido y vendría por mí para cumplir su promesa. Sin embargo, mi mundo se desmoronó cuando, frente a todo el pueblo, Ricardo no me miró, sino que le declaró su amor a Laura, mi mejor amiga, la "flor de la fábrica". El dolor me quemaba, me asfixiaba, y cada recuerdo de nuestra vida pasada se retorcía, revelando una verdad brutal: yo nunca fui el amor de su vida, solo un obstáculo, un premio de consolación. ¿Cómo pude amar ciegamente a un hombre que me despreciaba, que me usó y que, en secreto, manipuló mi destino no una, sino dos veces? En otra vida, Ricardo me había dicho que la cuerda más gruesa de mi arpa siempre se rompía, casi como si hubiera sido saboteada. En esta vida, durante mi audición, la misma cuerda se rompió, pero esta vez, en lugar de desmoronarme, saqué mi armónica, toqué con una fuerza que no sabía que tenía y logré ganar un lugar en el Conjunto Folclórico Nacional. Su rostro pálido y sus ojos llenos de culpa confirmaron mi sospecha: él había sido el artífice de mi fracaso en ambas vidas. Cuando me abordó, pidiéndome que renunciara a mi sueño por Laura y revelando que nunca me amó, sólo sentí asco; la última astilla de amor se convirtió en polvo. Ahora, libre de su sombra, inicio un nuevo camino hacia la libertad y la realización personal, donde mi música resonará sin cadenas.

Introducción

El aire de 1985 olía diferente, y mi corazón latía con la esperanza de una segunda oportunidad.

Había renacido, dieciocho años otra vez, lista para construir la vida perfecta con Ricardo, mi amor de toda la vida.

Pero la sorpresa no fue solo mi regreso, fue él. El Ricardo de esta vida no era el joven conformista que recordaba; sus ojos brillaban con una ambición que nunca le había visto.

Esperé ansiosamente su regreso de la universidad, convencida de que él también había renacido y vendría por mí para cumplir su promesa.

Sin embargo, mi mundo se desmoronó cuando, frente a todo el pueblo, Ricardo no me miró, sino que le declaró su amor a Laura, mi mejor amiga, la "flor de la fábrica".

El dolor me quemaba, me asfixiaba, y cada recuerdo de nuestra vida pasada se retorcía, revelando una verdad brutal: yo nunca fui el amor de su vida, solo un obstáculo, un premio de consolación.

¿Cómo pude amar ciegamente a un hombre que me despreciaba, que me usó y que, en secreto, manipuló mi destino no una, sino dos veces?

En otra vida, Ricardo me había dicho que la cuerda más gruesa de mi arpa siempre se rompía, casi como si hubiera sido saboteada.

En esta vida, durante mi audición, la misma cuerda se rompió, pero esta vez, en lugar de desmoronarme, saqué mi armónica, toqué con una fuerza que no sabía que tenía y logré ganar un lugar en el Conjunto Folclórico Nacional.

Su rostro pálido y sus ojos llenos de culpa confirmaron mi sospecha: él había sido el artífice de mi fracaso en ambas vidas.

Cuando me abordó, pidiéndome que renunciara a mi sueño por Laura y revelando que nunca me amó, sólo sentí asco; la última astilla de amor se convirtió en polvo.

Ahora, libre de su sombra, inicio un nuevo camino hacia la libertad y la realización personal, donde mi música resonará sin cadenas.

Capítulo 1

El aire de 1985 se sentía diferente, olía a tierra mojada y a las chimeneas de la fábrica textil que trabajaban sin parar.

Cuando abrí los ojos y vi el calendario colgado en la pared, con la foto de un paisaje que ya no existía, supe que no había sido un sueño.

Había muerto en una cama de hospital, vieja y cansada, y ahora estaba de vuelta.

Tenía dieciocho años otra vez.

Mi cuerpo se sentía ligero, lleno de una energía que había olvidado.

Pero la sorpresa más grande no fue mi propio regreso.

Fue Ricardo.

Poco después de mi renacimiento, lo noté. El Ricardo de esta vida no era el mismo joven conformista y sin ambiciones que conocí a esta edad en mi vida pasada.

Este Ricardo hablaba de ir a la universidad, de salir del barrio, de hacer algo grande.

Sus ojos brillaban con una ambición que nunca antes le había visto.

Solo había una explicación posible.

Él también había renacido.

El corazón se me aceleró con esa idea.

Pensé que el destino nos había dado una segunda oportunidad.

Una oportunidad para hacerlo todo bien esta vez, para construir esa vida perfecta que siempre soñamos.

Mi amor por él, un amor que había durado toda una vida, se reavivó con una fuerza abrumadora.

Así que esperé.

Esperé a que terminara su primer año en la universidad, contando los días para su regreso.

La expectativa era casi insoportable.

Mi mamá me veía caminar de un lado a otro en la pequeña sala de nuestra casa.

"Mija, ¿qué te pasa? Pareces un león enjaulado."

"Nada, mamá. Solo estoy... esperando algo."

Ella me miraba con sus ojos sabios, esos ojos que parecían conocer todos mis secretos, incluso los de una vida que ella no recordaba.

"Lo que sea que esperes, que sea bueno para ti."

Sonreí, tratando de calmar la ansiedad en mi pecho.

Claro que sería bueno.

Era Ricardo.

Mi Ricardo.

En nuestra vida anterior, todos decían que éramos la pareja perfecta.

Él era el esposo modelo, atento, trabajador, siempre a mi lado.

Me llevaba el desayuno a la cama en nuestro aniversario, me sostenía la mano cuando tenía miedo.

Éramos el pilar de nuestra comunidad, el ejemplo a seguir.

Nadie sabía de las pequeñas grietas, de los sueños que sacrifiqué, de las veces que me sentí sola a pesar de tenerlo al lado.

Pero lo amaba. O creía que lo amaba.

El recuerdo de su rostro en mi lecho de muerte era lo que me daba fuerzas.

Sus manos arrugadas sosteniendo las mías, sus ojos llenos de lágrimas.

"Sofía, mi amor," me susurró, con la voz rota. "Si hay otra vida, te juro que te encontraré. Y esta vez, te daré el mundo. No cometeré los mismos errores."

Esa promesa era mi ancla.

Era la razón por la que mi corazón latía con tanta esperanza.

Él había vuelto por mí. Para cumplir su promesa.

Su decisión de ir a la universidad, tan distinta a su vida pasada donde se conformó con un puesto en la fábrica, solo confirmaba mis sospechas.

Estaba cambiando su destino.

Por nosotros.

El día que regresaba de la ciudad era una fiesta en el barrio.

Era el primer joven de nuestra generación en ir a la universidad, un orgullo para todos.

Yo me puse mi mejor vestido, uno que había cosido con la tela más bonita que encontré.

Me peiné con esmero, sintiendo las mariposas en el estómago, como una adolescente enamorada por primera vez.

Y en cierto modo, lo era.

Estaba a punto de empezar de nuevo con el amor de mi vida.

La gente se aglomeró en la entrada de la fábrica para recibirlo.

El camión se detuvo y él bajó.

Se veía diferente.

Más alto, más seguro de sí mismo. El sol le daba en el cabello y parecía brillar.

El director de la fábrica le dio una palmada en la espalda, los vecinos aplaudían.

Él sonreía, una sonrisa amplia y carismática que desarmaba a cualquiera.

"¡Ese es nuestro Ricardo! ¡El futuro de este barrio!", gritaba alguien.

Mi corazón latía con fuerza.

Lo busqué con la mirada, esperando que sus ojos encontraran los míos.

Cruzaríamos miradas y, sin decir una palabra, lo sabríamos todo.

Él empezó a caminar entre la multitud, saludando a la gente.

Se acercaba.

Cada paso que daba hacia mí era una eternidad.

Preparé mi mejor sonrisa, la que sabía que a él le gustaba.

Estaba a solo unos metros.

Mi respiración se detuvo.

Él pasó justo a mi lado.

Ni siquiera me miró.

Sentí un frío recorrer mi espalda.

Siguió caminando, como si yo fuera invisible, como si fuera parte del decorado.

Se detuvo frente a otra persona.

Frente a Laura.

La flor de la fábrica, la chica más bonita del barrio, mi mejor amiga.

Él la miró con una intensidad que yo conocía muy bien, una mirada que creí que me pertenecía solo a mí.

Y entonces, frente a todos, con una voz clara y fuerte que resonó en el silencio que se había formado, dijo las palabras que yo había estado esperando escuchar por meses.

"Laura, desde que te vi supe que eras tú. Te amo. ¿Quieres ser mi novia?"

El mundo se detuvo.

Mi sonrisa se congeló en mi rostro.

El vestido bonito, el peinado, la esperanza.

Todo se hizo cenizas en un instante.

La multitud estalló en vítores y aplausos.

Pero yo solo podía escuchar el sonido de mi corazón rompiéndose en mil pedazos.

Capítulo 2

El griterío de la gente era un ruido sordo y lejano.

Veía sus bocas moverse, pero no entendía las palabras.

Solo podía ver a Ricardo, de pie frente a Laura, sosteniendo sus manos.

Laura, con las mejillas sonrojadas, asintió con la cabeza, incapaz de hablar por la emoción.

La gente los rodeó, felicitándolos, abrazándolos.

Yo me quedé ahí, parada en medio de la nada, completamente sola.

El aire se me fue de los pulmones.

Sentí una presión en el pecho, tan fuerte que creí que me ahogaría.

No podía respirar.

No podía pensar.

Solo podía sentir.

Y lo que sentía era un dolor tan profundo que me quemaba por dentro.

Sin pensarlo, me di la vuelta y empecé a correr.

No sabía a dónde iba, solo necesitaba escapar.

Escapar de sus caras felices, de los aplausos, de la realidad que me había golpeado con la fuerza de un tren.

Corrí hasta que mis piernas no pudieron más y me escondí en el pequeño callejón detrás de la panadería.

Me deslicé por la pared hasta el suelo, abracé mis rodillas y dejé que las lágrimas salieran.

Lloré en silencio, sin hacer ruido, dejando que el dolor fluyera.

Me quedé ahí por horas, hasta que el sol se ocultó y la noche enfrió las calles.

Cuando finalmente regresé a casa, mi mamá me esperaba en la puerta.

Su rostro estaba lleno de preocupación.

"Sofía, ¿dónde estabas? Te busqué por todas partes."

No pude contestarle.

La miré con los ojos hinchados y rojos, y ella entendió.

No preguntó más.

Simplemente me abrazó, y en sus brazos, me permití derrumbarme por completo.

Me encerré en mi cuarto.

No quería ver a nadie, no quería hablar con nadie.

Mi mamá me dejaba la comida en la puerta, y yo apenas la tocaba.

Mi mente era un torbellino de recuerdos y preguntas sin respuesta.

¿Por qué?

¿Por qué Ricardo?

¿No recordaba su promesa? ¿No recordaba nuestra vida juntos?

Entonces, como un relámpago, los recuerdos de mi vida pasada comenzaron a encajar de una manera diferente.

Recordé el día de nuestra boda.

Laura fue mi dama de honor.

Estaba hermosa, y Ricardo bromeó diciendo que casi se equivocaba de novia.

En ese momento, me reí. Ahora, el recuerdo me sabía amargo.

Recordé las fiestas de la fábrica.

Ricardo siempre sacaba a bailar a Laura, "para que su esposo no se ponga celoso", decía él.

Yo lo veía como un gesto de amistad. Ahora veía algo más.

Recordé la vez que Laura enfermó gravemente.

Ricardo movió cielo y tierra para conseguirle el mejor médico de la ciudad, un médico que nunca estuvo a nuestro alcance cuando mi padre enfermó.

Dijo que lo hacía por nuestra amistad.

Ahora, entendía la verdad.

Cada momento importante, cada gesto "noble" de Ricardo en nuestra vida pasada, de alguna manera, estaba conectado con Laura.

Su ambición en esta nueva vida.

Su esfuerzo por ir a la universidad.

No era por nosotros.

Era por ella.

Quería cambiar su destino para poder estar a la altura de Laura, para darle la vida que él creía que ella merecía.

La vida que en el pasado no pudo darle.

Yo no era el amor de su vida.

Era un obstáculo. Un premio de consolación.

La comprensión me golpeó con una brutalidad que me dejó sin aliento.

Toda mi vida anterior, nuestro matrimonio de cincuenta años, había sido una mentira.

Una mentira bien construida, pero una mentira al fin y al cabo.

El llanto se convirtió en una rabia sorda.

Lloré hasta que no me quedaron más lágrimas, hasta que mis ojos ardieron y mi garganta se sintió en carne viva.

Lloré por la joven Sofía que creyó en un amor de cuento de hadas.

Lloré por la mujer vieja que murió aferrada a una promesa falsa.

Cuando el sol salió al tercer día, algo dentro de mí había cambiado.

Me levanté de la cama, me lavé la cara y me miré en el espejo.

La chica que me devolvía la mirada tenía los ojos vacíos, pero había una nueva determinación en su postura.

Abrí la puerta.

Mi mamá estaba sentada en la cocina, con una taza de café en las manos.

Me vio y una pequeña sonrisa de alivio se dibujó en su rostro.

Me senté frente a ella y empecé a comer el desayuno frío que me había dejado.

Comí con hambre, con la necesidad de reponer las fuerzas que había perdido.

No hablamos.

No era necesario.

Su presencia era suficiente.

Cuando volví a la fábrica, el tema de conversación principal seguía siendo la nueva pareja.

Mis compañeras de trabajo hablaban en susurros, pero yo lo escuchaba todo.

"¿Viste el regalo que Ricardo le dio a Laura? Un collar de perlas de verdad. ¡Debe haberle costado una fortuna!"

"Dicen que la va a llevar a la ciudad el fin de semana, a un restaurante elegante."

Cada palabra era un recordatorio de mi estupidez.

Recordé cómo en nuestra vida pasada, Ricardo siempre se quejaba del dinero.

Para nuestro aniversario, me regalaba flores que cortaba del jardín de una vecina.

Cuando le pedí un vestido nuevo para una fiesta, me dijo que no podíamos permitírnoslo.

Pero para Laura, no había límites.

Para ella, la luna y las estrellas.

No era que Ricardo no supiera ser romántico.

No era que no supiera ser generoso.

Simplemente no quería serlo conmigo.

Esa fue la verdad más dolorosa de todas.

La verdad que finalmente me liberó.

Poco a poco, los chismes se apagaron.

La novedad de Ricardo y Laura se convirtió en la rutina del barrio.

Yo dejé de escucharlos.

Dejé de prestarles atención.

Mi corazón, que había estado hecho pedazos, comenzó a cicatrizar.

La herida seguía ahí, profunda y dolorosa, pero ya no sangraba.

Empecé a concentrarme en mi trabajo, en mi música.

En esta vida, no dejaría que mi arpa se llenara de polvo en un rincón.

Tenía un sueño, uno que había abandonado por él.

Y ahora, no había nada ni nadie que me detuviera.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022