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Amor de cristal

Amor de cristal

Autor: : M. T
Género: Romance
Helena Hamilton es una chica tierna e inteligente. Sin embargo odia la vida social a la que está sujeta por ser hija de un conde. Aprender a tocar instrumentos musicales, hablar otros idiomas, asistir a bailes es la tortura de cada día. La llegada de una carta puede empeorar su situación, el rey busca esposa y la elegida puede ser su hermana, Jane. Ella es más hermosa, más refinada y educada, sin embargo el rey tiene en mente otros planes. Él busca una mujer que sea digna de ocupar el puesto de una buena reina que sea capaz de sonreír con sinceridad en vez de una sonrisa forzada. Helena es elegida, pero con su nuevo título puede sacar a la luz las envidias, resentimientos y nuevos enemigos. Poco a poco comienza a sentir algo por el hombre que duerme con ella, pero tiene miedo de rebelar sus emociones sabiendo que su matrimonio fue arreglado y que ninguno de los dos sentía algo el uno por el otro.

Capítulo 1 Prefacio

Desde lo alto del recinto se introducía el sol del medio día, reclamos y protestas inundaban la sala, el parlamento contra la corte, hermano contra hermano, Athoniense contra Athoniense.

-¡Estupideces!

Gritaban sin llegar a ningún acuerdo. El rumor de un levantamiento de armas amenazaba con destruir la poca estabilidad del reino.

-Los altos impuestos han provocado que cientos de miles vivan en la pobreza-impugnó el representante de la corte.

-Es la nobleza-gritaron al fondo-ellos no están dispuestos a sacrificar sus privilegios por el bien del reino.

-¡La única culpable es la monarquía y su deplorable capacidad para gobernar!

Las voces se intensificaron cuando la reina madre se levantó de su asiento, tomando el derecho para expresar su opinión sobre las acusaciones.

-¡Ingratos!-alzo una voz-la familia real se ha sacrificado por la prosperidad del reino entero desde hace más de cien años y así agradecen nuestro esfuerzo, lanzando injurias en nuestra contra cuando son ustedes los culpables. El poder los corrompió y ahora que el pueblo, exige sus derechos, ustedes vienen aquí y alzan la voz eludiendo su responsabilidad, incriminándonos de sus delitos. ¡Malditos! ¿Cómo osan venir a la morada del rey y levantarse contra él?

-¡Basta!-impugné. El recinto se quedó en silencio, nadie se atrevió a decir nada mientras me acercaba a mi madre, le di un beso en la mejilla para agradecerle sus palabras, su coraje para enfrentar a los traidores y su sagacidad para defender nuestro linaje. Se apartó dándome el derecho de palabra-¿Ustedes desean condenar al reino?

El silencio permaneció y miré a los presentes con gran indignación.

-Mi vida-expresé-siempre ha estado ligada al reino y a mis súbditos desde el día de mi nacimiento, fui coronado por ustedes y acepte mis obligaciones para con mi pueblo, la amenaza de un levantamiento de armas es motivo de alarma para quienes temen perder sus privilegios, pero para mí es la representación tangible de las decisiones equivocadas que tomaron algunos. Una solución fue lo que me solicitaron porque en su criterio soy el único responsable de la inmoralidad y de la corrupción de la sociedad. Como su rey, ofrezco como enmienda la corona a una nueva reina.

Los presentes se mostraron desconcertados, no daban crédito a mis palabras, supe cuáles eran las dudas que rondaban por sus pequeñas mentes. ¿Cómo una reina cambiaria el destino del reino?

-Un matrimonio que reafirme mi poder, que una naciones y disuelva la hambruna de nuestra gente es mi solución.

El silencio fue quebrantado por un mar de susurros, el viento era menos escandaloso que las personas frente a mí, hombres que sirvieron a mi padre y estuvieron a punto de traicionarlo por su ineficacia como gobernante. Sin duda alguna no confió en ellos, no obstante, no tengo otro remedio más que trabajar con ellos con toda las medidas para poder resolver y servir bajo mis propias reglas. Por esa razón necesito una reina.

Un aplauso fue precedido por una ovación de pies, las alabanzas no se hicieron esperar fue entonces que realizaron una reverencia ante mí. Señal que debía marcharme.

El silencio del pasillo disipo mi ansiedad, pero enseguida fue interrumpido por el sonido de unos tacones apresurados. Era mi madre

-William-su voz reflejaba preocupación-¿Estás menospreciándome? ¿Tú, mi hijo?

-Por supuesto que no, madre.

-¿Puedes explicar tu decisión?

-Fue una decisión precipitada, pero es la oportunidad perfecta para demostrarles a esos aristócratas hipócritas que son ellos los que se equivocan.

-Si tratas de utilizar esta oportunidad para desposar a esa maldita princesa cromeniana estás muy equivocado si crees que lo permitiré-advirtió severamente.

-No me casaré con ella, ni con ninguna otra princesa, desposaré a una mujer de nuestro reino, les daré una lección a la corte y al parlamento, para que entiendan que la prosperidad de Athos no está allá afuera sino aquí.

-Entiendo que desees castigar a esos imbéciles, pero esta decisión realmente puede afectar al reino.

-Una reina inocente e ingenua nos dará la ventaja para exponer a quienes nos traicionaron y que intentan derrocar a nuestro linaje, ese absurdo rumor de una revolución es una estela de humo, personas muy poderosas están detrás de todo esto y no dudaran en utilizar a una reina con esas cualidades para cumplir con su cometido.

-¿Y si ella también te traiciona?

-Por esa razón elegiré con cuidado a mi compañera de vida. Una mujer que merezca ser llamada la reina y señora de este palacio- aclare para desvanecer su preocupación-perdóname, mi propósito no era desestimarte, te adoro y admiro todo lo que has hecho por el reino, pero es momento de que descanses de esas preocupaciones, mi reina y yo nos encargaremos de proteger este reino. Solo te pido que no te interpongas en mi decisión ni tampoco en mi relación con mi próxima reina.

Capítulo 2 El comienzo

Al mirar por la ventana, logre ver un hermoso paisaje, el cielo estaba despejado y las flores, a pesar del próximo otoño, lucían hermosas. No habia ningún indicio de lluvia o alguna brisa que arruinara la tarde. Era el clima perfecto para pasear por los alrededores y disfrutar de los últimos días cálidos del año, pero para mí mala suerte, estaba recluida en contra de mi voluntad y todo por una tonta costumbre de tomar el té.

Suspire al escuchar el repicar del reloj del vestíbulo, el tiempo no dudo en recodarme que acababa de pasar otra hora de mi vida que jamás volvería. En los últimos siete años habia pasado más tiempo en ese saloncito que en cualquier otro lugar de la casa, además de mi habitación. A pesar del tiempo no lograba acostumbrarme a las largas conversaciones, al cotilleo o al té, pero habia aprendido a ser paciente por el bien emocional de mi madre y hermana, mi único problema era ese maldito reloj.

Mi madre me retenía todas las tardes, según ella, porque necesitaba aprender los modales que toda señorita de mi edad debe saber para poder desenvolverse en la sociedad, pero la verdad era que no lograba entender como el bordado o clases del cómo usar el abanico podían ayudarme en la vida. Siempre habia pensado que su insistencia por mantenerme a su lado era por la soledad, no era fácil olvidar lo que abandonamos en Sacris, la capital del reino, para salvarnos de caer en la ruina.

-Aquí tienes-dijo mi hermana Jane en un tono suave y gentil acercándome una pequeña taza de té de finos detalles floreados

Al momento de tomarla entre mis manos percibí el aroma dulce que emanaba del contenido, una diminuta flor rosada adornaba el brebaje y seguramente una buena cucharada de miel lo dulcificaba.

-El aniversario de la familia Schwarz será este fin de semana-informó mientras leía su correspondencia-ofrecerán un baile.

Jane y yo dirigimos nuestra atención hacia nuestra madre quien se encontraba sentada cerca de la ventana donde entraba la luz de un hermoso atardecer porque ahí, según su criterio, nuestro padre podía admirarla mejor si él llegase a entrar, lo que pocas veces habia ocurrido desde que llegamos aquí, porque mi padre consideraba este lugar como territorio de damas en el que no debía meter las narices si no quería ser retenido para tomar el té

No nos dirigió la mirada, leyó detenidamente una carta en sus manos, al parecer enviada por su queridísima amiga Katherine Schwarz. Mi hermana, inmediatamente sonrío encantada por la noticia, hacía mucho tiempo que no recibíamos una invitación a un baile porque normalmente no somos bienvenidos a ese tipo de eventos, nuestra reputación nos precedía.

Mantuvimos silencio, expectantes a cualquier palabra que emitieran sus labios y mientras avanzaba con su lectura comencé a sospechar que algo habia captado su interés, las expresiones de su rostro me lo advertían

-Escuchen esto- se dignó a pronunciar una vez terminada su lectura.

El regocijo en su rostro me alarmo, parecía ser la mujer más feliz del reino, pero no comprendí la razón de su alegría hasta que alzo la voz:

Mi estimada Elizabeth.

Desde que tu familia marcho lejos de Sacris, la ciudad perdió un poco de su brillo, estos siete años han sido una completa agonía para mi sin tu buena compañía y es por esa razón que te escribo.

Pronto será mi aniversario de bodas y desde luego ofreceré un baile como todos los años, ambas sabemos que no hace falta que tu familia reciba una invitación, porque ustedes siempre serán bienvenidos en mi hogar ya que, sin tu intercesión, hoy en día yo no podría gozar de la felicidad de haber contraído matrimonio con mi amado Archer, a pesar de la aflicción que mi deseo te ocasiono, desde aquel entonces siempre me he sentido en deuda contigo y creo que, con la llegada de esta carta a tu poder, finalmente puedo retribuir tu apoyo.

El verdadero motivo por el que te dirijo estas líneas es para anunciarte cierto asunto de gran importancia no solo para mi familia, sino también para el reino entero. Como sabrás, mi hermano, el rey, es quien se ha hecho cargo desde que mi padre fue asesinado y yo abdique a mis derechos y responsabilidades como princesa del reino de Athos. Dadas las circunstancias que pesan sobre los hombros de mi hermano, mi progenitora, la reina madre, junto con la aprobación de la corte y la aceptación del parlamento han tomado la decisión de enlazar al rey con una noble dama del reino lo más pronto posible. Esta apresurada decisión se dio por causas políticas que pueden llegar a afectar a muchos y por supuesto por la avanzada edad de mi madre, la actual reina, quien se ve obligada a abandonar sus deberes reales para cuidar de su salud.

Mi anhelo es que tu hija mayor, Jane, sea la compañera de vida de mi querido hermano Fitzwilliam, espero sepas disculpar mi apresurada sugerencia, pero creo sin lugar a dudas que su belleza podrá cautivar los ojos del rey y claramente, esta unión podrá disipar todo prejuicio en contra de tu familia y como prueba de buena fe, me he tomado la molestia de hacerle la invitación personalmente a mi hermano, quien acepto gustoso de poder acompañarme en esta fecha tan especial para mí.

Me gustaría saber qué piensas al respecto y por supuesto también me gustaría conocer la opinión de tu hija.

En espera de tu respuesta, Katherine Schwarz

Un extraño silencio se creó en el pequeño saloncito, entre la perplejidad y la confusión. La idea me pareció una locura, pero al parecer todas teníamos una opinión diferente. Mi madre se levantó de su asiento con una sonrisa en sus labios mostrándose orgullosa, casi al punto de las lágrimas mientras que Jane intento sonreír, pero por algún motivo la felicidad que siempre acompañaba a mi hermana habia desaparecido en ese instante, la idea de portar la corona no pareció agradarle, pero tampoco lo rechazo, en vez de eso dejo que nuestra madre la abrazara y felicitara como si la posesión de la corona ya fuese un hecho.

El hermoso tono verde del vestido de mi madre resalto ante mis ojos, al igual que las perlas de su cuello y los pendientes que hacían juego, su cabello castaño estaba adornado y peinado con un elegante tocado plateado que le daban un aspecto armonioso.

- Jane, hija - balbuceo, las palabras no lograron salir de sus labios en seguida, hizo una pausa y sus ojos cristalinos la contemplaron como si fuese su más grande tesoro- ¿Qué piensas mi niña?

- Mama, yo no sé qué decir-respondió. Su hermoso rostro enrojeció enseguida, le daba cierta belleza, después de unos segundos logro mantener una ligera sonrisa y al igual que mi madre no encontró las palabras para expresar su sentir- no creo que sea prudente darnos esperanzas de esto, Madre.

-Pienso lo mismo, no hay garantía de que algo así pueda suceder, tan solo son los deseos de Lady Schwarz-proteste enseguida.

-¿Acaso no confías en la belleza de tu hermana, Helena?

-No es que no confié en su belleza, pero estamos hablando del rey. ¿Acaso un hombre como él no debería pretender a una mujer con poder en otro reino?

Los ojos marrones de mi madre se posaron en mí, su molestia era evidente, pero al mismo tiempo pareció reflexionar.

- Helena tiene razón, será mejor que le preguntemos a Lady Schwarz nuestras dudas, quizás ella podrá explicarnos mejor que es lo que tiene en mente- la serenidad de mi hermana logro apaciguar las intranquilidades de mi madre y con eso su molestia se desvaneció, al menos durante el tiempo que permanecimos hablando del baile hasta que fue la hora de la cena.

Al anochecer, ya muy entrada la noche, un diminuto sonido me alarmo, no podía dormir, observaba las figuras en la oscuridad formadas por la luz de la luna, solamente de esa forma lograba conciliar el sueño. Me levante buscando el origen de aquel ruido y enseguida observe una figura blanca parada cerca de mi cama, al principio creí que estaba viendo la aparición de un espíritu, pero al escuchar pasos aproximarse y al fijar aún más la mirada supe que se trataba de Jane.

-¿No puedes dormir, Helena? -dijo después de unos segundos. Se aproximo a mi cama y levanto las cobijas, colocando gentilmente su figura junto a la mía.

-Me asustaste. ¿Acaso no puedes tocar la puerta como una persona normal?

-Perdón-dijo encogiéndose de hombros o al menos eso me pareció-sigo pensando en lo de esta tarde.

-¿Sobre la carta?

-¿Crees que sea malo que considere la idea?

-No-dude, realmente no sabía que responderle, ni siquiera creí que ella, quien era más sensata que yo reflexionaría la posibilidad de un asunto tan ridículo como ese, en mi opinión casi imposible de realizar.

-Helena tú me conoces mejor que nadie y sabes que no soy del tipo de persona que suele expresar como se siente-giro en mi dirección

-Supongo que si-dije para después quedarme en silencio y reflexionar sus palabras. Si, ella era así, cerrada a confiar lo que sentía en alguien más que no fuese yo.

-La carta me dio esperanzas que habia perdido hace mucho tiempo, pero no quise decir nada porque sé que no tengo ninguna oportunidad.

-¿Esperanzas de que? -cuestione confundida

-De ser feliz.

-Jane...-me detuve. Quería decirle que no necesitaba casarse con el rey para ser feliz, pero no supe cómo hacerlo

-¿Crees que nuestra madre este despierta?-pregunto acurrucándose sobre nuestra almohada

Solté una pequeña risita. Ambas conocíamos los alcances de nuestra madre, no se quedaría tranquila hasta saber si podía meter sus manos en el asunto.

-Seguro que ahora mismo no puede dormir pensando en ello-bromeé para calmar las inseguridades de mi hermana, me pareció lo más adecuado al ver que estaba tomando este asunto con seriedad y yo no quería desilusionarla, supuse que el tiempo se encargaría de poner sus pies en la tierra cuando la realidad golpeara a su puerta.

-Tal vez-soltó una risita ahogada, suponiendo que tal vez ella podía escucharnos desde su habitación.

-No sé cómo lo haces, pero siempre me siento mejor cuando hablo contigo.

-Exageras-dije sintiéndome decepcionada de mí misma

-Perdón, a veces parece que eres tú la mayor y no yo-dijo casi en tono avergonzado-sea como sea, me alegra de tenerte como hermana.

Me envolvió en sus brazos para agradecerme, aunque me estaba dando demasiado crédito, lo único que hacía por ella era prestar atención y escucharla, nada extraordinario que otra persona no pudiera hacer, pero ese era el problema nadie más la escuchaba, yo era lo más cercano que tenia de una amiga.

Su abrazo consterno mi frágil corazón, por lo que me vi forzada a guardar silencio. No podía decirle lo que pensaba acerca de esa carta, no quería ser yo quien rompiera sus esperanzas. Correspondí a su abrazo y gracias al calor de su cuerpo en algún momento de la noche me quedé dormida.

Por la mañana, vi a mi padre en el comedor, observaba como todos los días el periódico con una taza de café cargado sin endulzar frente a él, qué por lo general no tocaba hasta terminar con su lectura. La sonrisa en su rostro me recordaba esas mañanas de mi infancia en las que, al bajar a desayunar, un hombre alto y buen mozo tomaba mi diminuto cuerpo para sentarme sobre sus piernas solo para darme probadas de café amargo y reírse de mis muecas, con el tiempo aprendí a huir, pero cuando crecí me di cuenta de lo mucho que extrañaba a ese padre amoroso y relajado.

Como siempre su cabello estaba peinado hacia atrás con una esencia que le daba una apariencia grasosa, pero con un agradable olor a limón, sus patillas canosas eran prueba de lo difícil que era vivir rodeado de mujeres y el estrés de tratar de con todos sus caprichos.

-Buenos días papá-me acerque colocando sobre su mejilla un pequeño beso. La piel de su rostro se había oscurecido por el sol estos últimos años, el tener que ir y venir debido al trabajo había hecho estragos que quizás solo yo notaba.

-Buenos días mi tesoro. ¿Cómo amaneciste? - respondió levantando sus ojos marrones, muestra de que él me los había heredado, para dedicarme una sonrisa dejando a un lado las hojas grises en sus manos.

-Un poco cansada, Jane volvió a dormir en mi habitación-me queje tomando asiento junto a él mientras nuestra única sirvienta me servía el desayuno, sin embargo, me sorprendió ver los dos asientos frente a mí vacíos.

-Desayunaron rápido, lo único que mencionaron fue que enviarían una carta-advirtió mi padre antes de que me atreviera a preguntar.

-No importa papá, al menos hoy puedo disfrutar de un desayuno tranquilo.

Alzo las cejas y sonrió, era extraño desayunar sin los reclamos de mi madre, pero era una oportunidad que no se repetía constantemente y debía aprovecharla.

Conversamos, algo que no pasaba todos los días, puesto que su jornada comenzaba desde el alba hasta el anochecer y a veces me era imposible verlo. Hablamos sobre sus desventuras con su caballo, un pobre y viejo animal que lo llevaba de aquí para allá, pero que a pesar de su edad siempre lo traía de regreso a casa, En algún momento de la conversación salió a relucir las quejas que mi madre le daba sobre mí, a veces mis pensamientos me llevaban a creer que entre sus dos hijas había favoritismo, por supuesto a mí solo me dejaba su rigor, mientras que Jane era merecedora de todo su afecto. En cambio, mi padre era quien consentía y perdonaba todas mis faltas, quizás él veía la diferencia de cariño que mi madre nos daba.

Mi padre se levantó de la mesa un segundo después de terminar de desayunar, alegando que ya debía irse, así que me quede sola un rato y al levantarme la curiosidad me llevo hasta la oficina de mi padre donde sospeche que mi madre y Jane debía estar, pero llegar vi la puerta entre abierta no me atreví a entrar, sin embargo, observe a mi madre sellando un sobre con el anillo del escudo familiar.

-¿Nerviosa? - le pregunto a Jane.

-Un poco- contesto ella con las mejillas sonrojadas

-No te preocupes mi niña, haremos lo que esté a nuestro alcance-aseguro frotando sus brazos para reconfortarla.

Me aleje de la puerta al ver nuevamente esas falsas ilusiones que mi madre insistía en alimentar, pero quizás eso era algo bueno, les daba algo en que pensar y de esa forma olvidarían un momento la miseria, según mi madre, en la que vivimos. Jane por su parte era cauta, pero a pesar de todo sabía que debía extrañar su vida en Sacris y lo que éramos antes de venir aquí.

Me pase el resto del día sentada bajo la sombra de un gran árbol, leyendo mi libro favorito. La brisa del campo era refrescante y a veces me ayudaba a pasar a la siguiente página, no podía imaginar mi vida lejos de este lugar, lejos de tanto ruido y tan apartada de lo que mi madre suele llamar una vida social.

Capítulo 3 Decepción

Mi madre encargo elegantes vestidos a una modista local, a pesar del poco presupuesto del que disponíamos, ella creía en ese dicho popular "La apariencia es lo que cuenta" y es que presentarse ante el rey no era cualquier cosa, debíamos vernos dignas ante los ojos de nuestro monarca o al menos esa era su opinión.

En cuanto a mí, por supuesto no era de mi agrado el tener que asistir, pero secretamente agradecí la oportunidad de ser testigo de la primera impresión que el rey tendría de mi hermana, quería saber si aquel encuentro seria como jane y mi madre lo soñaban, si con una mirada y una sonrisa bastaría para que el rey decidiera tomarla por esposa o finalmente descubrirían que sus sueños no eran más que una necedad al intentar conquistar a un hombre fuera de su alcance, aunque también rondaba por mi cabeza la idea de que tal vez para la realeza el amor era una nimiedad al momento de elegir esposa y quizás Jane si tenia una oportunidad, cual fuese el caso quería estar ahí en caso de que Jane me necesitara, para felicitarla o para consolarla.

Eso era lo que más me preocupaba, el que Jane estuviera dispuesta a cualquier cosa con tal de conseguir la corona, pero al final sus sueños y deseos cayeran sin remedio a un abismo del cual nunca saldrían. Después de darle vueltas al asunto, decidí hablar con ella, para saber cuáles eran sus motivos para seguir con ese juego absurdo y si de verdad estaba preparada para afrontar las contrariedades que vendrían si lograba su cometido.

- ¿Melanie? - alce la voz y me asome por el pasillo justo afuera de mi habitación. Ella apareció doblando la esquina, me miró dulcemente con esos hermosos ojos color avellana, luciendo el vestido azul oscuro de mangas y cuello largo que caracterizaba a la servidumbre que aún nos sirve.

- ¿En dónde estabas?

-Disculpe señorita, pero la señora me ordeno ayudar en la cocina- explicó con una media sonrisa en el rostro. Avanzo hacia mi mostrándose preocupada por mi actitud ansiosa, pero en ese instante no tenía tiempo para poder explicarle el porqué de mi inquietud.

Melanie había sido contratada para servirme única y exclusivamente a mí, no obstante, por los problemas económicos que sufríamos también debía desempeñar algunas otras tareas de la casa para evitar ser despedida y no solo ella, también los demás empleados de la casa que en total eran cinco, sin embargo, no podía hacer nada para ayudarla ya que eran ordenes de mi madre.

- ¿Mi hermana está en su habitación?

-Así es, la vi entrar hace media hora y no ha salido.

-Perfecto. ¿Crees que puedes llevarnos un poco de té a su habitación?

Si de una cosa estaba segura era del como entretener a mi hermana y eso era el té, además de una buena conversación que lo acompañara. Camine hasta su habitación y al estar frente a su puerta dude en si debía tocar o podía entrar sin previo aviso como lo hace ella, lo que me hizo darme cuenta de que estaba nerviosa.

- ¿Puedo pasar? - pregunte después de llamar a la puerta.

-Adelante-emitió gentilmente.

Al adentrarme observe la figura femenina de mi hermana sentada sobre un taburete frente a su tocador mientras, delicadamente, cepillaba sus hermosos risos dorados, la luz que provenía de la ventana, se introducía con sutileza hasta tocar su piel, le daba un brillo esplendoroso que realzaba su belleza, parecía una hermosa y delicada muñeca de porcelana.

La habitación de Jane era pequeña, pero era la que mejor estaba decorada, ella tenía la habilidad de convertir algo simple en algo hermoso y su habitación no era una excepción, la cama estaba situada en medio de la habitación y sobre ella caía un mosquitero que la cubría desde el techo, a los lados se encontraban dos pequeños mueblecitos en donde estaban dos candelabros de pie sobre ellos. Debajo había una preciosa alfombra blanca que nuestro padre nos había obsequiado a cada una al venir aquí, supuse que ese obsequio era para motivarnos a seguir con nuestras vidas a pesar de la situación, Jane parecía no llevar su vida muy diferente de lo que era antes, su habitación era prueba de ello. Justo a un lado de su tocador estaba un armario de enorme proporción y un baúl del mismo color, era de suponerse que ahí guardaba su ropa y sus zapatos.

-Helena ven, mira lo que me dio nuestra madre-indico al verme mostrando en sus labios una sonrisa dichosa. Curiosa por saber que era lo que le provocaba sonreír de esa manera me acerque hasta lograr ver una cajita azul, un par de guantes y una peineta de plata frente a ella.

Al abrir la cajita vi un hermoso collar de perlas con unos zarcillos que hacían juego. No me cabía la menor duda de que era auténticos y de que mi madre era demasiado permisiva con ella al dárselos.

-¿Por qué te los dio?

-Eran de la abuela, dijo que puedo usarlos en el baile

-Son hermosos, lucirán bien con tu vestido nuevo- admití al darme cuenta de que los detalles del collar eran muy parecidos al encaje de su vestido.

-Lo sé, lo mismo pensé yo.

Mientras Melanie llegaba con el té, Jane y yo hablamos de nuestros vestidos, el suyo era de un encantador tono rosado con finos bordados dorados sobre la tela y hermosos encajes largos sobre las mangas, la modista había tardado mucho tiempo en confeccionarlo y por ello resulto ser el más costoso. Por el contrario, el mío era un modelo común, las mangas eran cortas así que debía usar guantes largos, los cuales llevaban bordados exquisitos de flores en los costados, pero sentí envidia al saber que Jane usaría el nuevo estilo de guantes cortos con puntos cruzados que todas las jóvenes de hoy en día usaban. El color del vestido era de un tono verde claro, la tela era preciosa, pero en comparación al de mi hermana, se veía muy simple, además debía usar un chal que estaba pasado de moda y por si fuera poco tenía que usar un abanico prestado, uno de mi madre, combinaba con el vestido, pero no era lo que yo quería, de hecho me inclinaba más por esos bonitos modelos con grabados de flores o paisajes, sin embargo quien debía sobresalir era mi hermana y no yo, así que, lo quisiera o no, debía conformarme con ello.

-¿No son hermosos? -alardeo mostrándome como lucían los guantes en sus manos.

-Si, lo son-exprese harta de escucharla hablar de sí misma.

-¿Crees que el rey note lo hermosos que lucen en mí?

Vi la oportunidad perfecta para poder hablar sobre el hombre del cual mi hermana ya estaba casi perdidamente enamorada o más bien de su corona.

-Por cierto. ¿Sabes cómo es él?

-¿Quién? ¿El rey? - giro en mi dirección alzando las cejas, se acercó a la cama y se sentó junto a mí.

-Solo lo he visto una vez, hace un par de años-reveló enseguida mientras se retiraba los guantes. No podía decir que me quedaba tranquila, pero al menos ella tenía una idea de cómo era su apariencia, aunque necesitaba saber más.

-Cuéntame. ¿Qué estas esperando? -exigí saber.

-Está bien, te cuento. Lo vi en el festival de las flores de marzo, no tenía mucho tiempo de haber sido coronado.

-No lo recuerdo-declare, de hecho, ni siquiera recordaba nada del año de la coronación, era muy joven en ese entonces.

Aunque de entre todas las festividades y después de navidad, el festival de las flores era mi celebración favorita, porque era el único día en que las grandes ciudades decoraban los balcones, las puertas y ventanas con hermosos adornos florales, las personas competían por tener las más hermosas flores y entre más grandes fuesen los adornos era mejor. Según la costumbre, se adorna de esa manera para recibir las bendiciones que trae consigo la primavera y el rey y la reina, caminan por hermosas alfombras de aserrín de muchos colores hasta llegar a la catedral principal de la capital donde llevan a bendecir semillas que obsequian a los campesinos para consagrar las cosechas de ese año. Después de eso, hay fiestas en las calles, música y baile hasta el amanecer, una celebración pagana que se mezcló con la religión.

-Fue el año en que enfermaste de viruela.

-Oh ya veo-expresé con pereza, tenía nueve años en ese entonces, fue el primer festival de las flores al cual no pude asistir porque estaba en casa intentando no morir de la comezón-bueno, ya dime como es él.

-Él es...-se giró sobre su sitio para mirarme- atractivo.

Y una hermosa sonrisa se dibujó en sus labios, así como un ligero rubor ilumino sus mejillas.

-¿De verdad?

-Si, es todo un Adonis y además es joven, nuestra madre dice que este año cumplirá veintiséis así que entre él y yo no hay mucha diferencia de edad. Estoy segura que él es justo el tipo de hombre que busco para compartir mi vida.

Abrí los labios para expresar mi sorpresa, no sabía que consideraba al hombre como el ejemplar perfecto de hombre que necesitaba en su vida

-¿Estas escuchando lo que dices?-cuestione dudando de su racionalidad- ni siquiera lo conoces, que tal si es un hombre malo, que tal si te maltrata. No debes guiarte solo por las apariencias ni tampoco por lo que puede ofrecerte.

-Te lo agradezco hermana, pero aun eres muy joven para comprender que el amor no lo es todo en la vida, antes que nada, debes pensar en tu bienestar económico.

-¿Y tú bienestar emocional? ¿Acaso no te importa?

-Claro, pero en estos momentos antepondré mis intereses antes que otra cosa para salir de este lugar.

-¿Lugar?¿A que te refieres con eso? -cuestione levantándome de mi lugar sin poder comprender lo que Jane habia pronunciado.

- A esta casa no se le puede decir hogar, es vieja, sucia y está muy lejos de la sociedad a la que pertenecemos.

-Entiendo que te disgusta vivir en esta casa- impugne afligida por sus palabras, al parecer nuestra idea de bienestar era más diferente de lo que yo creía- pero este lugar es lo único que nos queda.

-Es por eso que debo casarme con el rey. ¿Acaso no lo entiendes?

-¿Sabes lo estúpido que se escucha eso viniendo de ti?-refute apartándome para mirarla cara a cara y enfrentarla, hacerla entender que no quería que su corazón no saliera lastimado en su búsqueda de su felicidad soñada.

-No sabes de lo que hablas Helena y por lo visto tampoco me conoces bien

-Sé muy bien de lo que hablo y parece que en esta casa soy la única persona cuerda que sabe cuan baja es la probabilidad de que tú, mi querida hermana seas la futura reina-expuse cansada de su actitud petulante.

-Yo no pedí tu opinión y tampoco tu permiso Helena, así que puedes volver por donde viniste y llevarte tus prejuicios a otra parte- refuto señalando la puerta, estaba echándome.

-¡Solo quiero protegerte, no quiero que salgas herida cuando las cosas no resulten como las planeas!

-Vete Helena.

Molesta de su actitud, hice lo que me pidió, salí de la habitación, aunque no pude evitar azotar la puerta detrás de mí. En el camino de vuelta a mi habitación me encontré con Melanie, quien sostenía en sus manos una bandeja con un juego de té y algunos bocadillos, debido a nuestra discusion no había más remedio que tomar el té sola.

Aquello fue inesperado, mi hermana y yo habíamos peleado muchas otras veces, pero en esta ocasión algo había sido diferente. Sentí que la gentil y dulce hermana que yo adoraba, había sido reemplazada por una mujer hipócrita que solo pensaba en sus propios intereses. Aunque los matrimonios en nuestra sociedad no eran muy diferentes de la idea de un matrimonio arreglado, sabia muy bien que ninguno de nuestros padres nos obligaría a contraer nupcias con un completo desconocido, incluso si se tratara del rey, pero Jane se empeñaba a realizar ese sueño absurdo.

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